Giorgio Agamben / Por qué no he firmado el llamado sobre el «ius soli»

Artillería Inmanente traduce este pequeño texto publicado el 19 de octubre de 2017 por Giorgio Agamben en el cual se deslinda de la iniciativa impulsada con el así llamado Appello Ius Soli. Los textos de convocatorias de firmas del 5 de septiembre de 2017 lo incluían falsamente a él entre los «primeros firmantes» junto con Ginevra Bompiani, Goffredo Fofi y Luigi Manconi. Se trata de una iniciativa dirigida a los poderes estatales para dar derecho de ciudadanía por ius soli (derecho de suelo) a 800 000 niños extranjeros para que al fin puedan, con los niños italianos, «jugar juntos». El llamado incluía algunas líneas con aparente estilo de Agamben, pero sólo a medias: «Si mantenemos una actitud de miedo y rechazo, nos espera un mundo de “campos”, oficialmente provisionales, en realidad perpetuos, cerrado por muros que dividen a hombres y mujeres para siempre extranjeros, y nuestros países estarán habitados por desconocidos sin derechos, mortificados e insatisfechos». El nombre de Giorgio Agamben ya ha sido retirado.

 

Aparentemente, aunque yo había declarado expresamente que no pensaba firmar el llamado sobre el ius soli, mi nombre quedó de algún modo incluido ilegítimamente en él. Las razones de mi rechazo no atañen evidentemente al problema social y económico de la condición de los inmigrantes, del cual comprendo toda su importancia y urgencia, sino a la idea misma de ciudadanía. Estamos tan habituados a dar por descontada la existencia de este dispositivo, que ni siquiera nos interrogamos sobre su origen y sobre su significado. Nos parece obvio que cada ser humano al momento del nacimiento deba ser inscrito en un ordenamiento estatal y de este modo verse sujeto a las leyes y al sistema político de un Estado que no ha elegido y del cual ya no puede desvincularse. No es aquí el momento para trazar una historia de este instituto, que ha alcanzado la forma que nos es familiar solamente con los Estados modernos. Estos Estados se llaman también Estados-Nación porque hacen del nacimiento el principio de la inscripción de los seres humanos en su interior. No importa cuál sea el criterio procedimental de esta inscripción, el nacimiento de progenitores ya ciudadanos (ius sanguinis) o el lugar del nacimiento (ius soli). El resultado es en cualquier caso el mismo: un ser humano se ve necesariamente como sujeto de un orden jurídico-político, cualquiera que sea en ese momento: la Alemania nazi o la República italiana, la España falangista o los Estados Unidos de América, y tendrá desde ese momento que respetar las leyes de este orden y recibir los derechos y las obligaciones correspondientes.
Me doy cuenta perfectamente de que la condición de apátridas o de inmigrantes es un problema que no puede ser evitado, pero no estoy seguro de que la ciudadanía sea la mejor solución. En cualquier caso, la ciudadanía no puede ser a mis ojos algo de lo cual enorgullecernos y un bien a compartir. Si fuera posible (pero no lo es), firmaría gustosamente un llamado que invitara a abjurar la ciudadanía propia. Según las palabras del poeta: «la patria existirá cuando todos seamos extranjeros».

 


Tomado de la columna de Giorgio Agamben en la página de la editorial Quodlibet, con el título «Perché non ho firmato l’appello sullo ius soli», 18 de octubre de 2017.