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Maurice Blanchot / Fragmentos de “El terrorismo, método de salud pública”

 

Todo gobierno tiene sus satisfechos. Pero el gobierno de Blum, desde la primera hora, ha estado marcado por el número y el celo de los adversarios que lo han celebrado. Contó con la aprobación de los oportunistas y el ímpetu de los tibios. Tuvo el honor de los moderados y el entusiasmo de los pacifistas. Todo lo que hay de mediocre, de inconsistente, de servil en nuestra sociedad le ha hecho el cortejo. Tales son las grandes pasiones que levanta hoy en día este gobierno “revolucionario”. Esta asociación, más o menos secreta, de políticos sin coraje que temen lo peor y de capitalistas sin capacidad nacional que defienden sus ganancias, compone lo esencial del régimen. Vinculados en apariencia para no hacer nada, destinados a neutralizarse por concesiones recíprocas, ellos se apoyan en realidad los unos a los otros para hacer el mal que les compete respectivamente, ellos añaden su propia maleficencia al poder de dañar de sus pretendidos adversarios. De ahí la fuerza de este gobierno de nada que es el gobierno de Blum. De ahí el carácter detestable de aquello que se llama con seriedad la experiencia Blum. Este socialista, teórico sin doctrina, no tocará los sucios privilegios de las congregaciones económicas, pero sí acabará de arruinar la economía nacional a través de un fortalecimiento, por otro lado desordenado e incoherente, del estatismo; sus asociados, los vividores de los grandes comités industriales, no le impedirán, en política exterior, meterse al remolque de todas las Internacionales así como proseguir aventuras catastróficas, pero sí le evitarán, en política interior, emprender la menor reforma social con valor. Bella unión, santa alianza, este conglomerado de intereses soviéticos, judíos, capitalistas. Todo lo que sea antinacional, todo lo que sea antisocial, será utilizado. […]
Esta oposición, obra de unos cuantos y de algunos grupos, que no necesita a muchos ni dinero, pero sí ideas fuertes y justas junto a grandes sentimientos, nosotros creemos que es hoy en día la más necesaria y fecunda. […] Resulta bueno y bello que esas personas que creen tener todo el poder, que usan a su criterio la justicia y las leyes, que aparentan realmente ser los amos de la bella sangre francesa, experimenten a menudo sus debilidades y sean movilizados por el miedo a la razón. Este terror que los muestra momentáneamente con la apariencia de ser ineficaces, es la única reacción saludable que podemos esperar de ellos. Con ese terror bastaría para poner a viva luz los beneficios del terrorismo.
Esta palabra podrá escandalizar a muchos. Y esto no tiene ninguna importancia, ya que precisamente no necesitamos el apoyo de muchos. El método que implica no es un método de propaganda, sino un método de acción que se hace valer por la imposibilidad de actuar de otra manera en un momento en que es necesario actuar y que está justificado por el bien que aporta a esos muchos que lo condenan. Es evidente que si estamos dispuestos a sufrir todo podemos criticar a placer este método. Pero lo cierto es que si reconocemos la necesidad de hacer cualquier cosa en algún momento, debemos estar preparados al mismo tiempo a hacerlo todo, por todos los medios, y ante todo por la violencia. Nosotros no somos de los que juzgan preferible economizar al mínimo una revolución, o que hablan hipócritamente de una revolución espiritual, apacible. Ésa es una esperanza absurda y vil.
Es necesario que ocurra una revolución, porque no se modifica un régimen que lo controla todo, que tiene sus raíces por todos lados, sino que se lo suprime y se lo derriba. Es necesario que esta revolución sea violenta, porque de un pueblo tan débil como el nuestro no se sacan las fuerzas y las pasiones propias de una renovación mediante medidas decentes, sino sólo mediante choques sangrientos, mediante una tormenta que lo perturbará con el fin de despertarlo. Sabemos que esto no trae consigo ningún reposo, mas justamente es porque no hace falta que haya aquí reposo. Es por esto que el terrorismo se nos muestra actualmente como un método de salud pública.

« Le terrorisme, mèthode de salut public », en Combat, no. 7, 1936.