Franco Fortini / Una voz: el comunismo

El combate por el comunismo es el comunismo. Es la posibilidad (elección y riesgo, en nombre de valores no demostrables) de que el mayor número de seres humanos comience a vivir en una contradicción diferente a la actual. El único progreso real consiste y consistirá en un lugar de contradicción más alto y visible, en el cual será posible promover las potencias y las cualidades de cada existencia singular. Su condición es el reconocimiento y la promoción de la lucha de clases, porque todas las victorias singulares tienden a extinguir ese choque en su forma presente para abrir otro frente, otra lucha, al mismo tiempo en que rechazan todas las fábulas de un progreso lineal y sin conflictos.
Tanto menos consciente de sí y tanto más desgarrador y real, el conflicto se da entre clases de individuos que se encuentran dotados de grados desiguales y de una facultad de gestión de sus vidas. Opresores y explotadores (en Occidente, casi todos lo son; y sólo se diferencian por el grado de poder que extraen) se pagan la libertad, ilusoria, de elegir y regular sus existencias con la no-libertad de otros hombres. Los confines de su supuesta “libertad” no son vividos como confines de la condición humana, sino como una negra Nada devoradora. Para removerlos, les sacrifican cuotas cada vez mayores de libertad —es decir, de vida— de otros; y, de modo indirecto, de la suya. Opresores y explotadores (y todos lo somos en alguna medida; diferenciados únicamente por el grado de impotencia que extraemos) viven la incurabilidad y la miseria de una vida incontrolable, que se ha disuelto en la insensatez y la no-libertad. Ni éstos son mejores que aquéllos, se engañan por igual con la esperanza de transformarse en opresores y explotadores. Antes bien, todos comienzan a ser mejores cuando asumen el camino de la lucha por el comunismo; camino que implica dureza y odio hacia todos aquellos que, dentro y fuera de los individuos, se oponen a la gestión supraindividual de las existencias; y flexibilidad y amor hacia todos aquellos que la promueven y hacen florecer.
El comunismo en camino (no existe otro más) es por consiguiente un recorrido que atraviesa también errores y violencias, que son tanto más advertidos como algo intolerable en la medida en que se vuelve más clara la consciencia de qué son los otros, de qué somos nosotros y de cuánto de nosotros constituye también a los otros. El comunismo implicará que los hombres sean usados como medios para un fin que no garantiza nada; en vez de, como ocurre hoy, para un fin que no es nunca su vida. Pero a quien la lucha obligue a usarlos como medios, jamás podrá disfrutar de una buena consciencia o descarga de responsabilidad sobre la necesidad y la historia.
Tendrá que evitar el error de creer en un perfeccionamiento ilimitado; es decir, creer que el hombre puede salir de sus propios límites biológicos y temporales. Ese error puede producir y produjo ya, con las manipulaciones más diversas, subhumanos y sobrehumanos; éstos y aquéllos, por tanto. Heredado de la Ilustración y del cientificismo, depositado en la cultura fáustica de la burguesía victoriosa, ese error optimista estuvo también presente en Marx y Lenin. Hoy en día triunfa bajo la máscara tecnocrática del capital. Un más allá del hombre tan sólo puede ser un más allá del hombre presente, no un más allá de la especie. El comunismo es el rechazo, hoy, de cualquier especie de mutantes, para preservar la capacidad de reconocernos en los pasados y en los próximos.
El comunismo en camino cumple la unidad tendencial tanto entre igualdad y fraternidad como entre saber científico y sabiduría ético-religiosa. La gestión individual, de grupo e internacional de la existencia (con los nexos insuperables de libertad y necesidad, de certeza y riesgo) implica el conocimiento de los límites de la especie humana y de su enfermedad radical (también en el sentido leopardiano). Es una especie que se define por la capacidad de conocerse y dirigirse a sí misma y por tener piedad de sí. La identificación con las miríadas desaparecidas y con aquellas todavía no nacidas consiste en una conmoción amorosa hacia los vecinos y los cercanos, en una alegoría de lo lejano.
El comunismo es el proceso material que apunta a volver sensible e inteligible la materialidad de las cosas llamadas espirituales. Hasta el punto de saber leer e interpretar en el libro de nuestro propio cuerpo todo aquello que los hombres hicieron y fueron bajo la soberanía del tiempo, las huellas del paso de la especie humana sobre una tierra que no dejará ninguna huella.

 


Tomado de la publicación de qui e ora, n° 1, abril de 2017. El texto fue originalmente publicado por Franco Fortini en la revista satírica Cuore en 1989.