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Jacques Fradin / La hipótesis destituyente

Traducción de un texto de Jacques Fradin publicado originalmente en lundimatin, núm. 368, 30 de enero de 2023. Se trata de las anotaciones de síntesis que Jacques Fradin mandó a un debate organizado en La Parole Errante, un «espacio autogestionado de experimentación política, cultural y social en Montreuil, Seine-Saint-Denis».

 

La política destituyente o de la destitución, también conocida como política negativa y, más tarde, como comunismo tribunicio, fue introducida en el pensamiento italiano por Agamben, Esposito, Cacciari y Vattimo en torno a las décadas de 1980 y 1990 y desarrollada a partir de las décadas de 2000 y 2010 (véase la bibliografía resumida al final del artículo).
La idea de la política negativa se introdujo a raíz de la derrota de la insurrección operaísta y como reacción a la tesis (demasiado afirmativa) de Negri del «poder constituyente».
Potencia destituyente (Agamben) frente a poder constituyente (Negri).
Cada término requiere un análisis detallado: potencia en lugar de poder, el empuje negativo de la «destrucción» en lugar de la construcción positiva.1

 

Intentaremos aquí una introducción limitada (muy limitada, para más desarrollos véase la nota 1), una introducción a la francesa a esta hipótesis destituyente.
Dado que el tema de la política negativa es de mucho peso y requiere una larga elaboración (véase «PUNK anarchism», nota 1), no podemos hacer más que ofrecer una introducción resumida, por medio de algunos apólogos.

 

La política negativa consiste en la negación (destrucción) del despotismo (podríamos llamar a esta política destituyente «democracia salvaje», comunismo tribunicio).
A partir de Giorgio Agamben: «Hacia una teoría del poder destituyente», lundimatin, núm. 45, 25 de enero de 2016.
Planteemos, siguiendo a Agamben, que el punto de partida de las presentes reflexiones sobre la política destituyente es el análisis crítico de lo que se denomina «democracia» (o «democracia liberal»), un análisis reformulado en términos de DESPOTISMO; lo que Agamben (siguiendo a Benjamin) denomina: el (permanente) estado de excepción.
El régimen político de la economía (llamado antifrásticamente «democracia liberal») es el despotismo, más o menos autoritario (el poder tecnocrático económico del neoliberalismo), el despotismo económico con su sombra permanente, el estado de excepción.
Es en el contexto de este régimen (de excepción permanente) donde la única política posible (si es que queda alguna política que no sea policial) es la política destituyente.
Cualquier (supuesta) «política realista» de construcción alternativa es, en realidad, un ejercicio de policía tecnocrática. Toda construcción «bienintencionada» es «policial».
No hay más política que la política destituyente. Toda política constituyente de nuevas instituciones es «policial», ya que toda institución es una maquinaria de poder, que hay que destruir o deconstruir.
Es necesario empezar desde este vínculo:
Política destituyente >> << despotismo con religión económica de Estado (la teocracia económica).
Con las proposiciones:
El poder es constructivo; toda construcción es un ejercicio de poder (constituyendo la realidad realista);
La potencia es deconstructiva, es siempre la acción negativa de la destrucción (en lo Real).
No hay dialéctica (clásica) de potencia/poder, Real/realidad; sólo hay una eterna gigantomaquia, mientras haya humanos, humanos definidos por esta lucha, pulsión de muerte/principio de placer.

 

La política de destitución corresponde al estado de excepción permanente que llamamos despotismo (autoritarismo).
El tema del despotismo responde a la pregunta:
¿Cuál es el régimen político asociado a la economía?
Respuesta: es el régimen político constituido por la generalización del sistema político empresarial.
Es, por tanto, el despotismo.
Un autoritarismo técnicamente justificado, en términos de eficacia.
Del que el neoliberalismo autoritario actual es sólo una figura posible; la realización del más antiguo sueño fisiócrata.
Aparte del autoritarismo, de geometría variable, del despotismo económico (una extensión del régimen empresarial), la característica esencial de este despotismo es la MENTIRA y, más concretamente, la NEGACIÓN, la mentira institucional («somos demócratas liberales», «la libertad es el valor supremo de Occidente»).
Si, además, analizamos la economía como una religión, la religión de los modernos, con su tejido de creencias mitológicas (lo que hemos llamado negación), entonces el despotismo se presenta siempre como un régimen político religioso, una teocracia económica; de la que deriva el autoritarismo.
Dicho de otro modo, el despotismo es doble o bifronte:

 

1) Se presenta como un sistema técnico, no político: no hay política en la empresa, el despotismo empresarial está técnicamente justificado.
Y justificado como el mejor sistema constructivo posible; la ideología económica liberal del agente emprendedor a la manera de Ayn Rand (volveremos sobre este punto esencial más adelante, el mito del «agente voluntario», agency), esta ideología de la «libertad empresarial» que sirve de explicación (la famosa tesis liberal de la superioridad económica de la propiedad privada — nótese que, para nosotros, comunistas destituyentes, se trata en realidad de rechazar, destruir, la «eficacia», de disolver la economía).
Para los economistas liberales, siempre autoritarios, es obvio que no puede haber construcción sino en «orden», del que la acción empresarial, ordenada por la jerarquía de los éxitos, es el modelo insuperable.
El primer objetivo de la política destituyente debe ser, por tanto, la empresa. Ese núcleo expansivo de todas las corrupciones.
Retomemos esto, utilizando una tesis foucaultiana: el poder es constructor, y sólo el poder es constructor. Con: toda construcción implica o genera despotismo.

 

2) Este supuesto sistema técnico se duplica como un sistema de creencias (la negación), como una religión.
Debemos creer en la economía. Debemos confiar en la acción individual, en la empresa.
El despotismo es un humanismo, la religión del Hombre innovador, basada en la creencia en el ser humano emprendedor, inventivo, creativo (humanismo: el Hombre se pone en el lugar del Dios asesinado; el humanismo se basa por tanto en el asesinato repetitivo, una simple tesis freudiana).
El tema de la economía como religión es esencial para el desarrollo de la política negativa; política negativa (para repetirlo: la única política concebible en tiempos de despotismo) expresada como «ateísmo absoluto» (antihumanismo, tras la muerte de Dios, la muerte del Hombre) o como «nihilismo» posnietzscheano (reírse de las invenciones humanas).
El despotismo económico es una nueva teocracia.
Cuya dimensión religiosa es esencial criticar.
Esto nos permitirá comprender lo que mantiene a flote este despotismo: el conformismo, el legitimismo.
La razón por la que las políticas afirmativas, «realistas», que pretenden ser construcciones «alternativas», son tan bien aceptadas, incluso exigidas («¿cuál es su programa?»), es que se basan, de forma muy conservadora, en el legitimismo.
Hay que creer en el mundo (y en su realidad); hay que creer en la voluntad humana (en la «agencia» creativa).
La servidumbre voluntaria y la colaboración (con obras económicas — u Opus Dei) son características religiosas derivadas de la creencia impuesta (creencia en la democracia liberal asociada a la economía innovadora).
La política negativa tiene tanto que ver con atacar las estructuras, destituir las instituciones, rechazar imaginar «buenas instituciones», que son simplemente imposibles (todas las instituciones están corrompidas), como con atacar los psiquismos pervertidos por el individualismo económico, y la creencia en la voluntad (voluntaria), en la «buena voluntad» (el mito economicista de la agencia).
Y si la política negativa es la expresión de la acción de la potencia humana, la acción destituyente, si esta política es por tanto a-humana (es en lo Real, empujada), puede desplegarse bajo la forma de un gigantesco «programa de pensamiento»: el de la deconstrucción de lo metafísico (de la voluntad o de la conciencia).

 

La teocracia (de) la economía

 

Podría ser interesante empezar por los adoquines, el bloque, el macizo, formado por la obra de David Graeber.
Desde el viejo:
Toward an Anthropological Theory of Value. The False Coin of Our Own Dreams, 2002;
Que acaba de ser traducido al francés (¡20 años después!).
Luego:
Possibilities. Essays on Hierarchy, Rebellion and Desire, 2008.
Y por último:
The Dawn of Everything. A New History of Humanity, 9 de noviembre de 2021;
Que también acaba de ser traducido al francés (¡más rápidamente!).
¡Sin hablar de todas las demás obras!
¿Cómo resumir las tesis de David Graeber?
No existe un orden social natural.
«La historia de la humanidad» revela un gran número de «posibilidades», o variaciones en el orden «posible» de las sociedades.
El orden social no es natural ni necesario; es «aleatorio», contingente.
Esta tesis no es nueva.
Parece haber sido formulada clara y completamente por primera vez por el principal discípulo de Rousseau, el abate de Mably, durante su polémica con los fisiócratas (y durante el primer ataque a gran escala contra la «economía»).
Reléase: Doutes proposés aux philosophes économistes sur l’ordre naturel des sociétés politiques, 1768.
Por supuesto, esta afirmación de que no existe un orden social natural debía conducir al análisis crítico de las organizaciones sociales.
Es una historia muy larga; una historia que tematiza el socialismo, la sociología, el marxismo y todas las variantes del análisis crítico.
Dos siglos y medio después de Mably (Rousseau), el pensamiento crítico forma un denso bosque.
Del que el macizo de Graeber es un sector burgués.
Pero también sabemos, por la amarga experiencia de las revoluciones fracasadas, que de la afirmación teórica, crítica (pero de lápiz y papel) de que el orden no es natural (sino que es «imaginario» o simbólico) o es puramente accidental no se puede deducir que sea posible cambiar el orden (se haga como se haga, leninista, maoísta, comunalista, etc.).
Que la historia pueda ser analizada (críticamente, y a posteriori) como un campo de múltiples posibilidades, no significa que sea posible modificar «la posibilidad» contingente en la que estamos atrapados.
Esto es bien sabido, y es el destino del pensamiento crítico: el fracaso de las revoluciones (de la Comuna a la Revolución Cultural, etc.). El cinismo económico.
Si bien el pensamiento crítico introduce lo ABIERTO (que queda por analizar), no introduce la APERTURA (que queda por construir).
Y no se trata sólo de la famosa diferencia entre pensamiento (crítico) y práctica (revolucionaria).
Más fundamentalmente, se trata de la cuestión de lo ABIERTO, o del AFUERA.
Cómo pensar la no-naturalidad; esencialmente, que no existe la «naturaleza humana» (que hace trueques o roba, en lo que se busca basar la economía como orden social natural, el orden de los «pícaros» — del greeding process). Y, por tanto, que no se puede confiar en «lo humano» (confiar: creer en él).
Este «límite interno» del pensamiento crítico ha sido analizado (criticado) durante casi cien años. Crítica de la crítica.
Por ejemplo, la «deconstrucción» de Derrida (desde 1960) puede leerse como una crítica de la crítica.
No vamos a intentar contar aquí todas las controversias (con los nombres como puntos de referencia: Foucault, Lacan, hasta Badiou y Žižek).
Nos limitaremos a suponer que ya sabemos lo que pasa.
Y trataremos de situarnos después del análisis crítico del fracaso de las críticas y las revoluciones y de los diversos intentos de «abrir lo posible» (o de reiniciar «caminos olvidados»), todos los cuales han fracasado.
Esto plantea la cuestión de la larga escala temporal de la evolución.
Que concierne a la especie, no a los individuos.
La no naturalidad, la contingencia, la apertura, las posibilidades, etc., remiten a lo Real.
Un resto sin nada que reste, pero que lo determina todo (negativamente).
El resto abismal o el Abismo.
Este resto, lo Real, no es ni subsistente, ni existente, ni persistente, ni permanente, ni sustancial.
Este fondo sin fondo ha sido llamado (desde los griegos) Caos (en griego «abierto» o «apertura»).
La contingencia se refiere a la aleatoriedad de la historia (su no naturalidad).
Y esta contingencia se explica siempre en lo Real.
Una realidad (un orden) es siempre contingente, pero nunca puede ser sustituida (por decisión).
Por lo tanto, existe la necesidad de un pensamiento teórico sobre el tiempo largo (o largo tiempo).
Y aquí, se trata de trastocar el zócalo metafísico; de introducir el pensamiento del Vacío (otro nombre del Caos).
La cuestión fundamental es entonces:
¿Cómo podemos combinar el largo plazo (la relación cambiante con el mundo) y el corto plazo (donde la relación con el mundo es fija)?
El largo plazo.
Salir de lo metafísico: tras la descristianización, la «deseconomización» (el nuevo laicismo).
La deseconomización remite a un clásico: la abolición de la propiedad (y del propietarismo).
Con, por ejemplo, el fin del autor (Foucault).
Necesidad de una larga crítica de Hayek y del libertarianismo.
Para los economistas (liberales libertarios), la propiedad es la única forma «eficaz» de relacionarse con el mundo (apropiarse del mundo, de la naturaleza, de la vida, del pensamiento — los derechos de autor).
La abolición de la propiedad significa la detención del desarrollo económico.
Eso es lo primero en lo que tenemos que pensar: detener el desarrollo (decrecimiento).
Y no olvidemos nunca que la economía, el economicismo, «el egoísmo bribón de la ganancia», es una forma religiosa, una forma ritualizada de comportamiento.
El largo plazo debe combinarse con el corto plazo.
El corto plazo.
Mantener siempre la lucha con el objetivo de la deseconomización.
Pensar las luchas particulares como elementos locales del gran movimiento hacia la deseconomización (utilizando siempre el modelo de la descristianización).
Retomar «el esquema zapatista»: no el «ideal» (necesariamente religioso) de una futura sociedad «más democrática» («neoindígena»), sino el RECORDATORIO permanente del objetivo a largo plazo: SALIR DE LA ECONOMÍA.
La combinación del corto plazo (las luchas locales) y el largo plazo (el nuevo laicismo) debe examinarse caso por caso, pero debe examinarse constantemente (por ejemplo, mediante una crítica del «ecologismo», o la ecología liberal, que mantiene la economía).
Decimos que la economía es religiosa: es una estructuración del comportamiento.
Se trata de cambiar esta estructuración: cualquier lucha local debe verse desde este punto de vista. ¿La lucha permite cambiar los comportamientos?
Aquí es donde entra en juego la contingencia: la estructura metapsicológica no es natural, es el resultado de una larga guerra de colonización o conformación (la conversión).
El largo plazo sigue reapareciendo: contraponer al largo plazo de la conformación/conversión religiosa un largo plazo de deseconomización. ¿Cuánto tardó en desaparecer el cristianismo hegemónico?
La idea de que la estructura metapsicológica de la economía no es natural (sino forzada) remite a la ausencia de naturaleza humana. Esta ausencia es el punto inicial de la crítica de lo metafísico; pero conduce a la disolución de todo voluntarismo (el antihumanismo).
Esta ausencia (de naturaleza humana) ha sido pensada, concretamente, desde hace más de un siglo (el psicoanálisis y el marxismo).
Este pensamiento (y sus consecuencias devastadoras para la «acción», la ausencia de autor, por ejemplo) debe desplegarse sistemáticamente.
Cualquiera que sea el costo psicológico (o «narcisista»).
El empobrecimiento del yo está en la raíz del empobrecimiento ecológico radical.
Y, una vez más, eso no basta: es necesario pero no suficiente (siempre la impotencia del pensamiento crítico, o la impotencia de centrarse en el corto plazo, o incluso en lo inmediato — la cuestión de la EMERGENCIA, que tanto ha perturbado las luchas, al separar el corto plazo, siempre urgente, del largo plazo, más allá de toda emergencia).
Si volvemos al esquema de la lucha antirreligiosa, comprenderemos lo que significa el largo plazo, «más allá de la emergencia» (¡no hay que tener prisa, ni ser eficientes, ni economistas!).
Las luchas locales, a corto plazo, frente a la emergencia (de la devastación), deben inscribirse siempre en un objetivo a largo plazo, que rechaza la urgencia.
Podemos desarrollar una crítica de la ecología «pura», que siempre vira hacia la ecología economicista (liberal) y sigue siendo un reformismo (cuya crítica conocemos desde hace mucho tiempo).
Insistir en esta cuestión permanente (desde hace más de dos siglos) de la emergencia.
La emergencia ecológica no puede abordarse de frente: la emergencia es siempre secundaria y no es más que una coartada para el peor reformismo («realismo»).
Las luchas a corto plazo, inmediatas, de emergencia, son un callejón sin salida: siempre se toparán con el muro de la creencia económica (hasta que ese muro sea derribado).
Esto nos devuelve a la cuestión más antigua del reformismo realista.
Radicalmente, la lucha ecológica debe verse como un «empobrecimiento» (en el sentido más general, el abandono del voluntarismo — eso es lo que implica «bifurcar»).
Es este tema de «la vía pobre» el que hay que anteponer (mucho antes que la defensa de la naturaleza).
En relación con este tema está la cuestión de la desigualdad.
Es imposible pensar la ecología al margen de la cuestión de la desigualdad.
La economía moviliza la desigualdad como fuerza productiva («el deseo de enriquecimiento»); por tanto, es esencial afrontar la cuestión de la desigualdad.

 

¿Institución o destitución? Pensar en la destitución

 

Hoy en día, parece esencial pensar en la destitución o en la política negativa, por oposición a las políticas afirmativas.
¿Por qué hoy? Porque estamos en el campo de las ruinas de esas políticas constituyentes (las ruinas del negrismo, por ejemplo). Porque «campo de ruinas» significa intensificación de la guerra social y de la represión policial.
Y porque no podemos, en este contexto de alta conflictividad, contentarnos con un «llamamiento» a un gran retorno al «animismo» (o a la «convivialidad», o a la «fraternidad»).
Enfrentarse al despotismo autoritario requiere mucho más que «utopías primitivistas» (o un refugio idealista en la fantasía de las buenas instituciones).
Pensar la destitución es un tema vasto y tortuoso. Empezaremos, pues, por resumir salvajemente el tema en una sola dirección: la de la crítica del «positivismo».
Pero esta crítica, aunque muy limitada (y, tal vez, secundaria), obliga por sí misma a explorar numerosos túneles. Por tanto, la exploración seguirá siendo limitada.
Y se limitará a dos cosas: la presentación del espacio del positivismo, y luego la introducción de la idea de «la salida del positivismo» (una de las «salidas» que hay que tomar para «la destitución»).
Para concentrar lo más posible, en un minúsculo recuadro rojo, digamos que el debate se organiza entre, por un lado, la destitución o el comunismo tribunicio, y, por otro, la política constructiva o afirmativa, o el poder instituyente.
Precisamente, se trata de romper la dialéctica «clásica» que se supone musicaliza a la destitución, o más simplemente a la crítica, para acotar todavía más, Y a la reconstrucción. Dialéctica ordinaria de la destitución, del poder destituyente, Y de la institución, del poder instituyente. No puede haber destitución sin reconstitución.
Así pues, «el positivismo» es una expresión de esta dialéctica clásica (en la medida en que Comte puede leerse en términos hegelianos, «progresistas», por ejemplo).
«Salir del positivismo» significa rechazar toda dialéctica del estilo:
Conocer, criticar, esperar >> elaborar escenarios, desarrollar una estrategia, ante la incertidumbre, por ejemplo >> organizar, movilizar,
Con el dogma de que hay que esperar (conocer, criticar) para actuar.
Toda política instituyente plantea el conocimiento, la esperanza, la utopía, ANTES de la lucha, una esperanza que «in-forma» a la lucha; mientras que la política destituyente plantea siempre la lucha ANTES; la acción siempre es ANTES, es IN-DOCTA y sin esperanza.2
También hay que señalar que, desde hace mucho tiempo (desde la última guerra), el pensamiento económico se ha ido alejando del determinismo para acercarse al indeterminismo o aleatoriedad, «las posibilidades», PERO conservando su capacidad de cálculo. Esto queda ilustrado por el papel clave desempeñado por la «teoría de juegos» y la introducción masiva del pensamiento basado en escenarios (hipótesis «probables» o probabilísticas).
Este giro hacia el cálculo estocástico no limita en absoluto la calculabilidad; incluso se considera un progreso de la ingeniería social, «progreso» que ha abierto un inmenso campo de nuevas posibilidades, hacia el cálculo estocástico en la base de la «ingeniería financiera» (ingeniería que es la nueva lógica del mundo).

 

Por supuesto, este positivismo de los ingenieros puede presentarse de varias otras maneras.
Por ejemplo, este positivismo puede presentarse como el análisis histórico «de las tendencias»: el positivismo es un empirismo.
El positivismo está ligado a las «genealogías» (el análisis empírico de las tendencias) y nunca a la «arqueología» (el análisis teórico de las lógicas).
El positivismo es, en el mejor de los casos, un «análisis fino», una descripción empírica detallada, de estas contradicciones. Y, a partir del análisis de estas contradicciones, permite introducir «potencialidades», potencialidades definidas aquí empíricamente como tendencias «posibles».
La cuestión es entonces: ¿cuáles son las «posibilidades» abiertas por el complejo movimiento multiforme (las tendencias)?
Este positivismo (empirismo) circunscribe un campo político de ingeniería social (conocer, predecir, actuar).
Este tipo de política (el positivismo ingenieril) se basa en la eliminación o el rechazo de dos características políticas:

 

a) Nunca se introduce el caos; siempre se reduce a lo probable, a lo posible; lo que autoriza a pensar en escenarios (que nunca es política, sino siempre ingeniería «realista»).
El caos conduce de la imprevisibilidad al erratismo y al desorden, y por tanto a la guerra civil (que es un tema esencial).
Estamos diciendo (en términos heideggerianos) que lo histórico errático (el famoso «riesgo» incalculable) debe ser sustituido, analíticamente, por la historia empírica de las tendencias potenciales.

 

b) El punto de vista de la lucha (de la guerra civil) no se introduce como determinante (en última instancia).
Incluso la versión negrista del operaísmo, que introduce la lucha como determinante, se ciñe a un significado técnico de determinación (sigue siendo el marxismo de tendencias).
La lucha es lo que genera el caos Y lo que determina todos los movimientos («históricos»). Pero determina el caos, es decir, negativamente, por destitución, disolución, destrucción, deconstrucción.
Cualquier descripción «detallada» de lo «posible» (en términos de escenarios o no) debe incluir una introducción a las luchas. Y pensando en lo errático, lo imprevisible («el acontecimiento» al modo de Badiou).
Y esto es en definitiva lo que distingue radicalmente el análisis político (en términos de destitución) del análisis positivista (en términos de afirmaciones constructivas): el lugar de las luchas. ¿Vienen ANTES (sin programa ni proyecto, y como potencias destituyentes) o DESPUÉS (inscritas en un movimiento histórico de posibilidades, de tendencias, y como poder constituyente)?

 

Política negativa

 

El punto de partida (de la política negativa) es, por tanto, el «axioma operaísta»: la lucha siempre está ANTES.
Es posible desplegar este axioma, intentar comprenderlo y desarrollarlo en términos de «ética política» (la ética se sostiene en la lucha) Y/O en términos «analíticos» (no ontológicos).
La gran dificultad consiste en producir una forma de pensar la «resistencia» PERO en la que esta (así llamada) resistencia no sea una reacción o un efecto secundario (como la resistencia a la opresión).
Ésta es la famosa cuestión del análisis operaísta de la dinámica del capitalismo. ¿Es el movimiento del capitalismo endoorganizado (en lugar de autoorganizado) o es el efecto del antagonismo, de la lucha?
En términos economicistas corrientes: ¿responde la economía a un principio de equilibrio o funciona sumida en el caos?
Nótese que la segunda posición (el capitalismo funciona sumido en la crisis) puede requerir un análisis, un análisis «antieconómico» (cuyo objeto es revivir la famosa «crítica de la economía»).
Pero llevamos más de cuarenta años desarrollando esto en detalle; llamémoslo una «reformulación del marxismo» (de la crítica de la economía).
El análisis del funcionamiento sumido en el caos va más allá de la simple crítica «marxista tradicional» de la economía.
Esto se aplica al imaginario (a la utopía) de las comunas autoorganizadas (con, por ejemplo, el espejismo de una moneda «liberada» como el bitcoin — véanse los debates sobre este bitcoin «libertariano»).
Surgen un gran número de dificultades (o un gran número de problemas).
Para resolver estas dificultades, es necesario atravesar un campo analítico complejo y, en resumen, es necesario «superar» la forma dialéctica clásica de pensar (con) «las contradicciones».
El caos es la forma analítica de la contradicción (cuando abandonamos una visión «progresista», hegelo-marxista, de la historia).
Así pues, pasamos de las contradicciones (las fuerzas motrices de la historia, como las luchas de clases) al caos (la fuerza motriz de lo histórico, las luchas o la guerra civil, que mantienen el caos).
Transitamos de una lógica progresista de la historia a una lógica del antagonismo con su desastre repetitivo.
Nótese que este desplazamiento analítico (de la historia a lo histórico) es el único que puede permitirnos ir más allá del «progresismo», sin caer en el reaccionarismo.
Cualquier crítica «ecologista» del «progreso» (desastroso) debe desplegarse dentro de este marco (estamos ofreciendo, por tanto, una forma no filosófica de pensar la lucha ecologista).
Por supuesto, esto requiere mucha elaboración (véase «PUNK anarchism», nota 1).

 

Desde un punto de vista ético (el compromiso militante), la «revolución operaísta», que consiste en poner la lucha ANTES (pensar en términos de antagonismo), significa que tenemos que sumergirnos en el FLUJO CONSTANTE de revueltas, insurrecciones, subversiones, sabotajes, etc., que se resume bajo el nombre de «resistencia», pero que es ante todo una «forma de vida» (que nosotros llamamos «anarquista PUNK»).
En el centro de la política negativa (de destitución) está la revuelta, vista como una «forma de vida» y no como un método (camino) hacia la emancipación. La emancipación no es otra cosa que la revuelta (que sabemos falible y, por el momento, ha fracasado).
Cada cosa, cada afecto, cada deseo, cada impulso amoroso, cada logro monumental (o no), etc., debe mirarse a través de los anteojos del antagonismo.
Por ejemplo, contemplar una catedral («monumento en peligro», al estilo de Stéphane Bern) como un río de desgracias con gárgolas que apestan a sangre (desplegando la crítica del fetichismo).
La ética se basa en una enciclopedia de disturbios y revueltas (una enciclopedia ilimitada).
Lo que nos interesa es lo histórico sumido en el caos (y no la magnífica historia de las armonías futuras; dejemos eso para los economistas liberales).
Lo histórico es lo histórico de las revueltas; analizable en términos de guerra civil permanente (la acumulación primitiva permanente que está en el corazón de la stasis).
Ahora bien, como punto ético fundamental, plantear que las revueltas (etc.) son permanentes, que se retoman constantemente, implica que los «léxicos» utilizados por los que se rebelan, digamos siempre una especie de milenarismo cristiano, son SEGUNDOS.
Hay, en primer lugar, la revuelta (analizada como lo Real determinante y primordial — crítica de la metafísica de los fundamentos arcaicos, lo Real es an-árquico y desestructurante), una revuelta constante (inalienable, insuperable, siempre retomada).
Revueltas que se repiten constantemente Y cuyas «lenguas» (y poemas) importan poco.
La enciclopedia de las revueltas se combina con una enciclopedia de las utopías.
La revuelta genera utopía, no al revés.
Y para pensar «en dualidad», la revuelta aparece (en la realidad, pero no En Lo Real) como un RECHAZO, el GRAN NO.
Que define la política negativa.
Si lo Real es «lo imposible» (un significado complejo de examinar), es también porque la realidad (realizada) es siempre «imposible de soportar» (y remite a una exterioridad que puede imaginarse o mitologizarse como un «más allá» donde estaría la redención).
Lo que importa, y sólo es «ético», es el apoyo prestado a la revuelta. La toma de partido.
Y, llegado el caso, según las circunstancias (o «situaciones»), el «compromiso con la lucha».
Pero el compromiso es tan variable y multiforme como la lucha, esta «difusa acontecimentalidad».
Los revolucionarios profesionales al estilo de los «enviados del Komintern» (los ángeles comunistas) son sólo un ejemplo posible (y a menudo desastroso, véase Jan Valtin, Sans patrie ni frontière, Out of the Night o la menos conocida pero más significativa Ni lumière ni étoile).
El encanto de la revuelta, permanente y constantemente reactivada, por una utopía gloriosa (que promete un «final feliz») es totalmente secundario; y este encanto se revela SIEMPRE DECEPCIONANTE, incluso contraproducente.
Las ilusiones perdidas son peores que los compromisos traicionados: las primeras conducen a los segundos.

 

Así que no debemos interesarnos demasiado por las «construcciones».
La institución es siempre secundaria, limitada e impermanente; sólo la revuelta (del NO) es permanente.
Y la gran cuestión es el poder (o el peso) del «realismo»: ¿por qué hay siempre tantos «constructores»? ¿Por qué siempre hay tantos «agentes» movilizados por constituciones (de instituciones)?
¿Por qué la «riqueza» atrae a más gente que la «pobreza»?
Afirmaciones, proyectos, programas, posibilidades esperadas, etc., no son más que «léxicos» o lenguajes ligados a modas, y siempre temporales (y que no pueden «detener» la lucha).

 

Empecemos, pues, por el orden constituyente (la realidad constituida, que siempre es desastrosa).
El axioma de la desigualdad —todos los humanos son desiguales— es una proposición, una posición impuesta, que es fundamental. Es la norma fundamental ( al estilo de Kelsen); o, si se prefiere, un principio constituyente de la realidad y anterior a cualquier otro.
La desigualdad, impuesta como principio constituyente, permite entonces desplegar todas las reglas del orden social; reglas económicas3 en particular, pero también jurídicas, ya que la desigualdad económica conduce a la desigualdad jurídica:4 según se sea poderoso (rico) o miserable…

 

Para no entrar en el laberinto de la desigualdad cotidiana generalizada5 (el esqueleto del orden republicano), resumiremos esta desigualdad en dos propiedades:

 

La desigualdad se expresa a través del apartheid.

 

El último episodio de la serie de vacaciones sobre la desigualdad introdujo la «racialización» como efecto de la desigualdad, su mantenimiento, su desarrollo colonial y su refuerzo violento (reléase la nota 1).
Podemos insistir en este movimiento afirmando que la desigualdad conduce a una compartimentación extrema de «la» república, una república así dividida.
«Nuestra» república, dentro de la cual «nosotros» estamos encarcelados, pegados, amontonados,6 es un sistema colonial, basado en redes multiplicadas de separaciones, en un apartheid fractal y en la desigualdad jerárquica que este apartheid estratifica.7

 

La república del apartheid, o de la desigualdad, no puede ser «democrática». Salvo diluyendo el significado del término «democrático», «democracia» que implica, como mínimo, la igualdad: la participación igualitaria de todos; que implica, como mínimo, la disolución de la economía y sus cacicazgos.
La democracia igualitaria se basa en una lucha frontal contra los clanes de amiguetes corruptos: el capitalismo de connivencia, los Duponts y Duponds, Brigitte y Saint Louis de Gonzague (François Villeroy de Galhau, Bruno Le Maire, Jacques Massu, Alexandre Arnault, etc.).

 

La desigualdad (y el despotismo que estructura) se basa en la violencia.8

 

En la violencia de la economía, en la colonización interna que siempre debe reanudarse y ampliarse,9 en la acumulación primitiva que siempre debe reiniciarse y desplegarse (como en las privatizaciones).
Una expresión llamativa de esta violencia estructural de la economía es, por supuesto, la violencia represiva: la disciplina; retener, contener, mantener, contrarrestar las erupciones regulares de rebelión igualitarista (léase Saïd Bouamama, véase nota 5).
Erupciones a través de las cuales aparece «la conjura de los iguales», el comunismo de los levantamientos; ese comunismo que sólo existe en y a través de la insurrección.
Por tanto, la república está dividida, parcelada, fracturada, en guerra civil permanente o en conflicto colonial interno. La república se mantiene entonces a la fuerza (y por la fuerza) gracias a las «membranas»: las fronteras interiores apiladas (véase la nota 5).
Divisiones, clasificaciones, estratificaciones, «membranas» (apartheid), que son objeto de la negación más permanente.10

 

Con el mito coreado de la unidad: unidad de la comunidad, de lo común, de lo como-uno de la república (una e indivisible).
Este mito, metafísico o religioso, se realiza en forma de gigantesca prisión o de campo de concentración (¡erradiquemos a los separatistas!).
Para mantener la unidad mítica de la república, hay que reprimir, desde la represión policial hasta la represión psíquica, hay que reprimir la evidencia del apartheid y de sus bantustanes.
Reprimir la evidencia tan violentamente como sea posible, hasta el punto de eliminar la posibilidad misma de pensar en la desigualdad.
Ocultar la desigualdad, negarla, convertirla a la creencia republicana (de democracia donde todos son iguales, excepto los incapaces o incompetentes, los iletrados y los que no saben contar — y los «indígenas» subdesarrollados).
La república ha tenido que construir (recuperar, de hecho) un vasto aparataje religioso de constitución psíquica. Los agentes clasificados, jerárquicamente estratificados. tienen que pensarse, por negación, como «ciudadanos iguales».
Pero es muy difícil romper estos espejos (deformantes); una forma generalizada del síndrome de Estocolmo actúa en todas partes.11
Los ciudadanos encarcelados en el claustro nacional deben considerarse siempre «relegados iguales».

 

Desgraciadamente (porque) somos franceses.
El comunismo es la potencia tribunicia.
Desgraciadamente (porque) somos franceses, sin haberlo elegido nunca (no se puede elegir el nacimiento), el espacio de nuestras «acciones», en el mejor de los casos, si es que hay alguna «acción», este espacio está delimitado por fronteras claramente visibles y muchas otras, invisibles. Fronteras subjetivas; no hablemos de Frontex sino de «valores europeos» (democracia y libertad), valores que se incorporan y que subyugan.
Es inútil desistir. ¿Cuántos voluntarios para Rojava? ¿Cuántos dispuestos, sin preguntar cuáles, a luchar en Ucrania? ¿Cuántos cuerpos, ya que hablamos de cuerpos (de deporte militar)? Por no hablar de la ira teledirigida, desde su sillón, con el control remoto en la mano: «hay que matar a Putin», a los bastardos de los mulás. ¿Por qué tantos «pequeños propietarios» abandonan los suburbios donde nacieron?
Así que no tiene sentido renunciar a una causa (una causa justa) que está tan lejos (y, tal vez, tan cerca) y para la que somos meros espectadores, teleadictos.
No tiene sentido renunciar, cuando la impotencia o las gesticulaciones de sofá, el sofá del claustro nacional, cuando la excitación vacía vuelve ridícula cualquier nueva postura «antiimperialista» (por utilizar este ejemplo clásico).
La nueva postura de Edwy Plenel: eructar en la cara del imperialismo gran ruso, una nueva forma de (por fin) ser reconocido, de ser «agregado». El eterno poder del gregarismo.
Porque, si queremos seguir con el ejemplo antiimperialista, defender a Palestina contra la agresión israelí («el imperialismo israelí»), la causa sagrada por encima de todas las demás, apoyar a Palestina contra la colonización y el deseo de una solución final, defender, apoyar, sólo puede hacerse desde dentro del cerco francés, con toda la ambigüedad que eso significa, incluso para los refugiados políticos (con ciertas reservas).
Estamos enclaustrados o encerrados. Apresados en los desvanes de nuestros pensamientos.
Así que no tiene sentido discutir sobre ello, no tiene sentido desistir (en el imaginario de «nuestra» acción, fantasiosa, y desde «nuestro» sofá):
El antiimperialismo anticapitalista antioccidental debe, «para el resto de nosotros» ( franceses atrapados), desplegarse EN FRANCIA. ¡En la amable Francia de los payasos al más puro estilo Stéphane Bern!
Por tanto, debe desplegarse como «anti-Francia», citando Le Canard Enchaîné.
Es luchando EN FRANCIA, contra el macronismo neoliberal espectral, por ejemplo, como podemos defender «esa causa sagrada por encima de todas las demás», la Palestina invadida, ocupada, destruida y exterminada.
¿Dónde están las «Brigadas Internacionales» por Palestina?
«Nosotros», los enclaustrados, tenemos que luchar desde dentro del claustro, desde las catacumbas de la Macronía (¡sin la esperanza de cambiar Francia! Pero luchar es un deber sin recompensa).
Nos gustaría que los defensores de sofá de Ucrania, atacada por la Rusia imperialista (según Edwy Plenel), hicieran lo mismo por Palestina, exterminada por un Israel que comparte las mismas fantasías que Rusia: volver a los orígenes gloriosos, a la Jerusalén del pasado, Ucrania, el lugar de la Rusia original, cuando la capital de Rusia era Kiev.12
Nos gustaría que los que se excitan en sus sofás (como los vulgares aficionados al fútbol) se analizaran a sí mismos para intentar escapar de la garra ideológica que convierte a estos entusiastas del fútbol en meros loros religiosos.
Rechazar el modelo de civilización occidental, al estilo de la OTAN, tan apreciado por el ladrón Zemlinsky (véanse los Pandora Papers) —como por el ladrón Netanyahu— para nosotros, franceses encarcelados, significa luchar contra esta Francia imperialista, de la que se apropian los ladrones en banda, la casta de la defensa de la economía libre (y colonial).
Lucha contra esta Francia imperialista colonialista, vendida como una «democracia abierta» de «tradición cristiana».13
No hay que olvidar nunca que el capitalismo (francés, de connivencia y corrupción), que su acumulación primitiva se renueva constantemente (como el saqueo a través de las privatizaciones o la destrucción de los servicios públicos), que el desarrollo económico se basa en el racismo colonial más funesto.14
En lugar de «matar a Putin», con el control remoto en mano, ¿por qué no denunciar sin tregua, y con carácter prioritario, el sistema colonial francés (Francáfrica, por ejemplo, pero también, y sobre todo, la relegación de los pobres «racializados»).
Amar a Bolloré y odiar las periferias de la relegación (y a los indígenas de la República): ¿Versalles o Trappes?
Prioridad: la (notoria) cuestión de las banlieues y, más ampliamente, de la vivienda.
Tomemos la «vivienda» como faro. ¿Qué puede haber más desigual que la «vivienda»?
El faro que ilumina toda acción (en particular la acción ecologista): ¿cómo podemos construir o reconstruir para todos? ¿Cómo reconstruir las ciudades rompiendo la división en «distritos»? ¿Qué urbanismo igualitario (y ecológico)?
Así, ¿cómo defendemos la «línea» antiimperialista y antioccidental? ¿Cómo defendemos esta línea desde nuestra catacumba?
Y, una vez más, sin imaginar que las gesticulaciones, desde nuestro silo,15 siempre los magníficos ucranianos luchando para defender el despotismo de los oligarcas caseros, sin imaginar que saltar en el sofá tiene algún significado.
La más vieja moral de la paja y la viga, inflada con los esteroides de la propaganda occidental (libertariana).
Ahora y AQUÍ, la cuestión política para los encarcelados, presos de la economía o fans de la democracia representativa, la cuestión central es la de lo «colectivo», aquí y ahora.

 

Colectivo, unión (si no comunión), solidaridad, comunidad (comunión de nuevo, pero comunión sin unión), «fraternidad», que hay que utilizar en femenino para que nada cambie.
Y detrás de todo ello, la pesada cuestión de la «disciplina» (Badiou): el orden de los reos nacionalizados.
Disciplina es un término espantoso; significa caciquismo, patronazgo, paternalismo, jerarquía y, en última instancia, formación militar.
¿Cómo evitar dar vueltas en círculo?
Cuando en el corazón de la economía está el «individualismo», o incluso el hiperindividualismo, el culto al creador o al ingeniero prometeico (Jancovici).
«Confiar en los individuos para actuar sobre las estructuras» es reaccionario, «libertariano» (al estilo de Ayn Rand).
Salir de la economía significa, entre otras cosas, destruir las banlieues, liquidar el individualismo, el culto al autor creativo, al pequeño dios en su despacho (a los métodos), liquidar el culto al empresario innovador visionario (Steve Jobs el salvador).
El individualismo a ultranza es contra lo que hay que luchar.
Lo colectivo, pues, pero con la lucha interna (por la institución autodestituyente), la lucha contra los cacicazgos «bendecidos por dios» (Emmanuel).
Reforzar la pura ineficacia de la democracia salvaje y la lentitud de la palabrería: todos estos son elementos de la política negativa16 (la única política democrática, la del comunismo tribunicio o destituyente: la «verdadera democracia» reside en la potencia destituyente, la potencia negativa del NO — lo que detiene, lo que frena, lo que ralentiza).
No ceder nunca en la lucha contra el individuo providencial, contra el «agente creador».
Sobre todo porque el enemigo está dentro (del yo vampirizado): el interior egótico del interior nacionalizado (el agente en el sofá que se cree visionario).
Hay un anarquismo individualista, anarcocapitalista, libertariano, de Ayn Rand a David Friedman, pasando por la caricatura, Elon Musk, todo un retrato de familia estadounidense (basado en el culto a «la frontera»).
El libertarianismo es el verdadero enemigo: al interior del interior (el loro ideológico que simula ser un gran pensador, Michel Onfray).
El individualismo egótico, creativo, innovador, «el autor», con derechos de propiedad intelectual, es una creación (una proyección) del capitalismo empresarial (que debe ser destituido). ¿Y es ésta acaso la mayor dificultad en la lucha contra el capitalismo, contra el economicismo, contra la empresa? Radica en esta creencia metafísica en «la voluntad».
El capitalismo, como el colonialismo, es un humanismo, una creencia religiosa en el sujeto creador, en el ingeniero salvador. (El humanismo es el hombre puesto en el lugar de dios; pero el lugar divino se mantiene — la política negativa es necesariamente un antihumanismo, una crítica de la voluntad, del poder de las empresas).
Es hora de desplegar un antihumanismo riguroso; con la muerte del autor (después de la muerte de dios). Eliminar toda ambigüedad sobre el «agente», agency, el agente lleno de buena voluntad, que no es más que el ventrílocuo del orden económico de los creadores (o autores, descubridores).
En Francia, ya que es el único país donde podemos «actuar», o al menos «hablar», tenemos al gran Michel Onfray, como prototipo francés del pequeño empresario libertariano, que se proclama «anarquista» (pero de derecha), Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión (¡nos agarramos las costillas sin mearnos en los pantalones!).
«Confiar en los individuos para actuar sobre las estructuras» es lo que hay que criticar sin tregua.

 

¿Cómo pensar la lucha fuera de los cánones metafísicos de la voluntad?

 

¿Cómo evitar una duplicación del capitalismo (el autor, el actor, el innovador, el creador mismo, la agencia) multiplicando el individualismo (agentes rebeldes o figuras sublevadas)?
¿Cómo salir de la guerra de egos?17
¿Cómo desaparecer?
¿Cómo escapar de la espantosa propaganda al estilo de Paris Match, con sus figuras regias y sus mujeres admirables, al estilo de Olena Zelenska?

 

Reiteramos: salir de la economía implica salir de la metafísica.
Dejar atrás la CREENCIA religiosa en la acción voluntaria. «Lo resistente» está determinado por el NO, por el rechazo (decimos: está En lo Real de la desestructuración, y este Real es a-humano, antes que cualquier voluntad, incluso y sobre todo divina).
Rechazo: de la economía, del creador, del ingeniero, del profeta, del mesías, del autor, del gran escritor.
Lo resistente está determinado, pero nunca es determinante.
Se incorporan siglos (o milenios) de rebelión: el cuerpo (individual) es sólo un momento pasajero en un movimiento permanente (que supera toda incorporación, toda existencia ― «nosotros» nunca seremos contemporáneos de «nuestros» actos).
Por eso «nosotros», los desafortunados franceses enclaustrados, debemos PRIMERO luchar por la anti-Francia, y EN FRANCIA.
Como portadores (locales) de una tradición milenaria de revueltas.
Denunciar el imperialismo estrecho de miras; denunciar el colonialismo y el racismo: hablar de las banlieues  francesas antes de hablar del Donbass; de lo contrario podría parecer manipulación (para ocultar las divisiones).
El comunismo es (el movimiento permanente de) la potencia destituyente.
El comunismo es la potencia tribunicia.
El error más fatal es concebir el comunismo —aunque se considere un «movimiento permanente» y no un «nuevo orden»— como un poder constituyente (guiado o no por una «idea»), como un movimiento para construir «un mundo nuevo».
En resumen, ver el comunismo como una AFIRMACIÓN, un camino, a través de la encrucijada o la maleza, HACIA un estado de reposo, si no un orden o un Estado.
El comunismo es la revolución que no puede detenerse.
La destitución que deconstruye todas las instituciones.

 

Pero en lugar de repetir la teoría de la dualidad, de los dos axiomas necesarios para la expresión del universo pluriversalizado, teoría que hemos expuesto muchas veces y de diversas maneras (cf. por ejemplo «PUNK Anarchism», véase nota 14), vamos a introducir aquí la idea de «movimiento permanente», de revolución permanente e inacabable, completando los desarrollos sobre el gnosticismo generalizado (el gnosticismo generalizado es el comunismo) con una nota sobre el futurismo (ruso) generalizado.

 

El comunismo es el futurismo generalizado.
Siempre En Futuro, sin realización aceptable.
Siempre Hacia Adelante, sin descanso concebible.

 

El futurismo generalizado se obtendría moliendo, machacando y amasando el futurismo ruso histórico.
Cabe señalar que excluimos el futurismo italiano (aunque se originó en el ruso), un prefascismo, y conservamos únicamente el futurismo ruso KOMFUT.
Somos plenamente conscientes del potencial fascista de Marinetti: fuerza, vigor, actividad física, práctica entusiasta, velocidad, energía, aviones, automóviles.
¿Cuándo seremos conscientes del potencial fascista del automovilismo?
Pero este potencial fascista puede desactivarse fácilmente, eliminando lo AFIRMATIVO, lo entusiasta, lo espléndido, lo esperanzador. Eliminando todo afecto de ALEGRÍA (ya sea trémula o religiosa). Eliminando toda referencia al entusiasmo cristiano.
Esta desactivación es paralela a la que llevamos a cabo para generalizar el gnosticismo en el comunismo (cf. anexo, al final).
Al igual que el gnosticismo se ha (más que) secularizado,18 el futurismo se difuminará.
El tema de lo mesiánico se difumina como compromiso comunista «fiel», en movimiento incansable (y sin esperanza: el deber comunista; donde se sitúa la autodisciplina).

 

La entusiasta celebración de las «máquinas», los aviones en particular, por parte del futurismo histórico, especialmente el italiano, debe transponerse a la «paciencia de la lucha», de la lucha eterna.
La violencia física es (también) típica del futurismo italiano prefascista. Debe formar parte del largo proceso de la revuelta. Y del permanente retorno de las insurrecciones (lo Real).
Se trata de construir, de constituir (cf. Constructivismo), pero con la plena conciencia de que toda construcción será inacabada y, en última instancia, mala (axioma gnóstico) y, por tanto, habrá que retomarla una y otra vez. La crítica destituyente debe acompañar siempre a la constitución.
Cualquier institución sólo será provisional; a la espera de destitución; una institución autodestituyente.
Por otra parte, el futurismo se caracterizó por su reflexividad, su segundo grado, la ironía que aportó a sus propias obras (con el dadaísmo como apogeo).
No se trata de «reconciliar» la obra de arte, la comuna y «el mundo moderno», como querrían algunos constructivistas rusos (una vanguardia futurista) —que fracasaron en el mejor de los casos en la Bauhaus, en el peor en la glorificación de las grandes presas soviéticas—, sino de TORPILLAR (¡seamos futuristas!) ese mundo.
Impedir que funcione centrándose en cómo funciona.
Aumentar el caos más allá de cualquier posible planificación gubernamental (la del gobierno sumido en el caos).
Hay que romper, pues, con el futurismo sovietizado o el futurismo incorporado a los planes de desarrollo; ese futurismo que se consideraba a sí mismo como «el cuerpo de los ingenieros del alma» o «el cuerpo de los ingenieros del arte».
La abstracción total, al estilo de Malévich, es la ruptura con la abstracción, ya sea geométrica o económica.

 

Hemos explicado en otro lugar (aquí en el anexo) que el comunismo era un gnosticismo generalizado, una herejía, una secesión.
Tomemos el término SECESIÓN, que recuerda un famoso movimiento artístico vienés.
Por un deslizamiento paralelo al que hicimos para generalizar el gnosticismo, podemos sostener que el comunismo es un futurismo generalizado KOMFUT.
Vamos a realizar con el futurismo la misma operación que hicimos con el gnosticismo (véase el anexo).
Es decir, extraer del futurismo histórico ruso un «núcleo axiomático» capaz de permitir un recomienzo, una refundición de la aleación KOMFUT.

 

Axiomas del futurismo generalizado

 

(Léanse en relación con los axiomas del gnosticismo generalizado).

 

1) El hombre está En Futuro.
Su esencia de ser sin esencia lo hace abierto e indeterminado.
«Detrás de la realidad, hay otra realidad oculta». Lema del simbolismo ruso finisecular.
Hay lo real y la realidad; y la realidad no es real.
Lo único real es el Hombre, una potencia indeterminada.
Rechazo de todo positivismo.

 

Los sentidos, en todos los sentidos, no nos permiten explorar, comprender o asimilar «el mundo empírico» (la realidad deformada por la intuición trabajada). Los sentidos abren espacios inexplorados, esferas invisibles («surrealistas»). Estos sentidos son espirituales e ideales, no materiales, empíricos y positivistas.

 

2) El hombre está en movimiento.
Rechaza y sobrepasa las formas, los marcos y las tradiciones.
Incluidas las formas o tradiciones comunistas.
El comunismo es la superación del comunismo.

 

3) El hombre está En Lucha.
Contra el mundo estable y las realidades (aún) monstruosas.
El futurismo es un gnosticismo.
Rechazo de la realidad: rechazo del arte realista.
Introducción de lo irracional, lo absurdo, el reverso obsceno estabilizador de toda realidad (Kafka).

 

4) El caos de las gobernanzas será convertido en un espacio de libertad.
El caos del mundo no puede superarse: el orden está «en el caos».
Hacer mundo significa extender el caos.
Debemos aprender a vivir en el caos, que es insuperable.
Y no de un modo gubernamental (de la gobernanza por el caos), sino de un modo poético.
Encontrar las singularidades, las catástrofes, las fallas, las grietas, las fisuras de Holloway.
Y regocijarse en todas las fallas (de la construcción por una divinidad fallida, el hombre voluntarioso). Alegrarse de todos los viaductos (de todas las vías) que se derrumban.

 

5) Actuar y no hacer obras; y menos aún, producción o trabajo.

 

La obra futurista, En Futuro, «constructivista», es la explosión de la otra revolución, la revolución permanente, la de la ética política o de la poética.

 

Yo sé que sí
Vendrá
Haré sonar el tambor
Y todo será
Pero ahora mismo
Acechado
En el desván
De mi cabeza
Glorifico las revueltas del mañana.
Doy a la dialéctica de Marx
Motores poéticos
De cien caballos.
Miren
Las filas de los años venideros
Sacudiendo cabezas con la explosión de los pensamientos,
En el estrépito de la artillería de los corazones,
Desde las profundidades del tiempo
OTRA REVOLUCIÓN,
La tercera revolución,
La del espíritu.

 

La obra futurista, la comuna, es la única vía hacia la salvación.
Es un camino, un camino interminable y decepcionante.
Puesto que sólo el Hombre puede salvar al Hombre, sólo lo hará, como Mujer, In-Fame, errando.
Crear una nueva lengua, no pulir las viejas.
Rechazar el bello lenguaje o el gran estilo del Debord academizado.
Glorificar los fracasos y los callejones sin salida, no las realizaciones, que son inestables.
¡Vivan todos los puentes Morandi!
Comprender el papel fundador del error.

 

6) La comuna no es una potencia afirmativa, sino una potencia negadora.
En esto es la única salvación del Hombre por el Hombre.
El comunismo es aquello que dice NO, me rehúso, y se opone obstinadamente.
Herejía, desviación, secesión, separación.
La comunidad comunista será por tanto desastrosa (que funciona hacia el des-astre).
Tal es su potencia tribunicia.
La vida no tiene que ser representada (mímesis) sino reinventada. En vano.
Así que la comuna comunista será una obra.
LEBENSKUNST. TODESKUNST.

 

La creación fallida, del gnosticismo generalizado, a la que apunta el KOMFUT, es «el bombero».
Bombas y circunstancias, aparatos y constricciones, máquinas y torturas.
Delicias y esperanzas.
El En Futuro no es lo por venir.
Sino lo abierto de la constancia negadora.
El Futuro del Hombre por el Hombre. Y, tal vez, a favor del Hombre.

 

Anexo: El gnosticismo generalizado es el comunismo

 

Devenir hereje.
Empecemos por una definición generalizada del gnosticismo (introducción muy breve).
No se trata aquí de producir una historia de la gnosis y de los gnosticismos, sino, a partir de dicha historia, de conceptualizar lo que es posible llamar un «gnosticismo generalizado» (o una definición generalizada de dicho gnosticismo).
La historia de la gnosis es, pues, una cantera, una mina, de la que vamos a extraer términos generales (que definen un gnosticismo generalizado).
La característica importante de estos términos generalizados es que se arrancan de sus contextos históricos y, en particular, filosófico-religiosos, para «secularizarlos» (teorizarlos y hacerlos aptos para su integración en un pensamiento de escisión comunista o herética).
Dicho de otro modo: hay elementos revolucionarios en la gnosis histórica, elementos que hay que arrancar de un magma filosófico-religioso (hoy totalmente mudo).
Los elementos de la definición generalizada, que llamaremos axiomas gnósticos, forman un núcleo mínimo, un núcleo que puede considerarse como el punto de partida de un camino de ruptura de la supuesta unidad del cristianismo europeo.

 

Axiomas gnósticos (del gnosticismo generalizado):

 

1) El Hombre tiene siempre la primacía: centro, comienzo y término del pensamiento; El Hombre determina las entidades anónimas (de la religión, de la filosofía, etc.) sobre las que goza de primacía.

 

2) El Hombre es un Adentro Vacío encerrado en un Afuera Lleno (de riquezas), el Mundo.

 

3) Este Mundo es una creación fallida cuyo fracaso ilimitado no puede medirse en una escala de perfecciones divinas y no puede compararse con ninguna infinitud ontológica.

 

4) El Hombre como Adentro Vacío se define por su inmanencia (una acción-pensamiento radical o inmanente) y no por un estado (de) absoluto (o incluso un estado de naturaleza).

 

5) La acción radical (no absoluta) puede generar una «ciencia del Mundo» (Gnosis en sentido estricto), una ciencia en inmanencia (trascendental, por axiomas), tanto una «ciencia crítica» (economía crítica, por ejemplo) como una «ciencia de la filosofía» (o de las estructuras dualistas del pensamiento metafísico).

 

6) Esta ciencia en inmanencia (trascendental) puede apoyar la acción con vistas a la transformación del Mundo, y constituye la expresión generalizada de la soteriología gnóstica (la Salvación por la Gnosis). Hay pues un objetivo de Salvación del sujeto (subyugado) por El Hombre.

 

El tan debatido tema de lo «mesiánico» se difumina aquí como «mesianicidad inmanente o radical». El mesías que no es más que un portador de maletas.
El objetivo de los axiomas es eliminar las variaciones mitológicas que son el encanto del gnosticismo histórico. Se trata de provocar una transformación que conduzca a una Salida de la economía.

 

Las críticas (violentas) a la gnosis (y a los supuestos gnósticos: Heidegger y Marx), de Vögelin por ejemplo, sólo veían el aspecto religioso o mitológico o místico de esta gnosis. Aquí rompemos con este misticismo malo y vago, para llegar a la Gnosis como ciencia (crítica).19
Tal vez el punto clave de esta ciencia (cf. axioma 1) sea la crítica del fetichismo, en este caso el fetichismo de las abstracciones, sustancias, naturalidades, etc.
Como aplicación, la cuestión de la Salvación (soteriología) o del Salvador se difumina sin piedad: sólo El Hombre en inmanencia es Salvador del sujeto (social) a través de su acción ética política (y esta ética política es «sólo humana», es decir, débil, muy débil).
La generalización de la gnosis, la erradicación de sus desarrollos místico-religiosos sulfurosos, es necesaria para liberar un núcleo gnóstico (aquí axiomatizado) de todas las normalizaciones mundanas o históricas (como pseudocristianismo), para hacer oír finalmente el Grito del Hombre que se ha PERDIDO en el torbellino de la Historia Mundo.
Una vez más, hay que distinguir la Gnosis generalizada de una gnosis histórica religiosa cristiana espiritualista. Lo que está en juego aquí es una especie de pragmática (actuar políticamente por la Salvación significa actuar sin tener en cuenta la Salvación: ¡medios sin fines!).

 

En este marco, podemos repensar el «Adversario Malvado» del Infierno Mundo: la economía y sus circuitos (o Círculos de encarcelamiento), su Panóptico o este Afuera Lleno (de regalos ficticios) en el que estamos presos, atrapados.
Por último, tema esencialmente paraagustiniano, no hay que olvidar el grandioso tema de la creación fallida, del demiurgo loco y perverso (o loco con poder de riqueza, Elon Musk), del fracaso intencionado, la creación del Mundo siendo La Guerra (el pensamiento económico no es más que una empresa de blanqueamiento o de alisado, de pulido, empresa evidentemente contaminada ella misma por el Mal que pretende desterrar).
¿Cómo transformar el Mundo (Marx) en lugar de negarlo? ¿Y por qué hacerlo? ¿Desde cuándo la historia se convierte en lo histórico errático?

 

Por último (para esta breve introducción), la generalización axiomática pretende mostrar el vínculo entre el dualismo metafísico y la duplicidad, la duplicidad del fundamento unitario o incluso totalitario (aquí es donde Vögelin yerra el blanco — una vez más, apunta a una gnosis bastardizada, la que pretendemos sustituir, sólo conoce la gnosis filosófica).
La gnosis no puede expresar en modo alguno una pulsión revolucionaria (o una reacción conservadora que también quiere ser revolucionaria, para una revolución conservadora) si sigue siendo religiosa (mística), si se despliega siempre como una variación sobre el tema de la UNIDAD, del Uno Todo o del Hombre Unificado (también) sujeto (de voluntad), o el de la subjetividad absoluta (incluso modificada al estilo de Deleuze Negri) o el de lo Real como Totalidad.

 

Breve bibliografía sobre el pensamiento italiano de la destitución

 

Martin Hägglund, Radical Atheism, Stanford UP, 2008.
Gianni Vattimo, «Nihilism as Emancipation», en Lorenzo Chiesa y Alberto Toscano (eds.), The Italian Difference. Between Nihilism and Biopolitics, re.press, Melbourne, 2009, pp. 31-35.
Roberto Esposito, «Community and Nihilism», en Lorenzo Chiesa y Alberto Toscano (eds.), The Italian Difference. Between Nihilism and Biopolitics, re.press, Melbourne, 2009, pp. 37-53.
Lorenzo Chiesa, «Giorgio Agamben’s Franciscan Ontology», en Lorenzo Chiesa y Alberto Toscano (eds.), The Italian Difference. Between Nihilism and Biopolitics, re.press, Melbourne, 2009, pp. 149-163.
Massimo Cacciari, The Unpolitical. On the Radical Critique of Political Reason, Fordham UP, 2009.
Silvia Benso y Brian Schroeder (eds.), Between Nihilism and Politics. The Hermeneutics of Gianni Vattimo, SUNY Press, 2010.
Gianni Vattimo y Santiago Zabala, Hermeneutic Communism, From Heidegger to Marx, Columbia UP, 2011.
Slavoj Zizek, De la Croyance, Éditions Jacqueline Chambon, 2011.
Giorgio Agamben, «Vers une théorie de la puissance destituante», en lundimatin, núm. 45, 25 de enero 2016.
Roberto Esposito, Politics and Negation, Polity Press, 2019.

 

1 La explicación de lo que se entiende por «política negativa» o «potencia destituyente» ha sido desarrollada ampliamente.
Jacques Fradin, «Philosophie du Zapatisme. Courte généalogie de la politique négative», en lundimatin, núm. 300, 16 de agosto de 2021.
Y más elaboradamente:
Jacques Fradin, «PUNK Anarchism. Miettes 1 à 10 + Annexe et Épilogue», de lundimatin, núm. 277 (1 de marzo de 2021) a lundimatin, núm. 296 (12 de julio de 2021), cada 15 días.
Véase la nota 15 más abajo.
2 Referencia cruzada a: «Comment généraliser la révolution copernicienne opéraïste ? Sur John Holloway», en lundimatin, núm. 108, 13 de junio de 2017.
3 Desarrollamos, como Cuadernos de vacaciones, un Análisis político de la economía, centrado en el tema de la Desigualdad y la Jerarquía, lundimatin, núm. 348-349, de finales de agosto a principios de septiembre de 2022, en cuatro episodios; el último (4/4, lundimatin, núm. 349 del 7 de septiembre de 2022) está dedicado a la «racialización» de esta desigualdad.
Aquí tomamos como punto de partida el principio fundamental de la constitución republicana: todos los hombres son desiguales. Éste es el principio que permite el despliegue de la economía (cuyo axioma fundamental es la desigualdad).
Dejamos al lector que lidie con lo que parece ser el principio de la república: la igualdad (como fachada, como edificio oficial) y los «derechos humanos» (que no van de la mano con los «derechos económicos», el derecho mercantil o el derecho de corporaciones, la lex mercatoria, que siempre tiene la primacía).
4 Dejamos al lector la tarea de ilustrar estas fórmulas.
Las ilustraciones son tan numerosas que desafían un resumen.
¿Cómo pueden las empresas (las corporaciones) permitirse ejércitos de abogados corruptos?
¿No es eso malversación de activos?
¿Cómo se analiza el «secreto empresarial»? etc. Etc.
Como introducción a este océano (de corrupción):
Les enquêtes de Médiapart en bande dessinée, numéro justice, La Revue Dessinée, Édition Spéciale.
Para más noticias, consulte Médiapart.
Por ejemplo, 16 de enero de 2023, Blandine Flipo, Les folles économies de la famille Ciotti au détriment de la Sécurité Sociale.
O, 15 de enero de 2023, Dan Israel, Le mirage des petites retraites à 1200 euros.
La literatura sociológica y económica sobre la desigualdad es enorme.
Thomas Piketty, Une brève histoire de l’égalité, 2021.
Oxfam Francia, La loi du plus riche. Nouveau rapport sur les inégalités mondiales, 16 de enero de 2023.
Y para (no) terminar, remitámonos al gran libro de Saïd Bouamama, Des Classes Dangereuses à l’Ennemi Intérieur. Capitalisme, immigration, racisme, Syllepse, 2021.
5 Una vez más, dejamos al lector atento la tarea ilimitada de redactar pequeñas fichas sobre los distintos aspectos de la desigualdad, desde Ciotti hasta los trabajadores de más edad, por utilizar los ejemplos citados en la nota anterior.
6 Una buena imagen de esta república es el barco negrero. O el tren Snowpiercer.
7 Por citar sólo un estudio reciente sobre este tema:
Ann Laura Stoler, Interior Frontiers. Essays on the Entrails of Inequality, Oxford UP, 2022.
Para más referencias, véase la bibliografía de esta obra.
8 Rindamos aquí homenaje a Sven Lindqvist:
The Dead Do Not Die. Exterminate all the Brutes and Terra Nullius, New Press, 2014, nueva edición.
Además:
Raoul Peck, Exterminate all the Brutes, Denoël, 2021.
Sobre una película basada en la obra de Sven Lindqvist.
9 Como hemos tratado este tema varias veces, vamos a referirnos sólo a una serie (de lundimatin):
«Pacification et colonisation, la violence fondamentale et structurelle de l’économie», 1/9, en lundimatin, núm. 123, 20 de noviembre de 2017.
El último artículo de la serie, «La question politique du valeur», 9/9, en lundimatin, núm. 143, 23 de abril de 2018, forma parte de un análisis dedicado a: El núcleo político colonial de la economía, valor, evaluación, medida, calculabilidad, contabilidad, servidumbre.
A lo que habría que añadir: clasificación (= medición), jerarquía, desigualdad.
La desigualdad no es otra cosa que lo que hace posible la medición. Y, por tanto, es la base de una sociedad «racional»: la racionalidad económica, el cálculo genérico, se basa en la desigualdad (ver nota 3).
10 «Estamos en democracia», la igualdad es un principio constitucional, etc.
Esto es lo que afirma el sacerdocio republicano.
Ya hemos tocado este tema:
«Qu’est-ce que le despotisme économique ?», series 1/4 a 4/4, de lundimatin, núm. 203 a lundimatin, núm. 206, agosto-septiembre, 2019.
11 Sin necesidad de volver a Freud y a todo el psicoanálisis crítico, citemos sólo:
Gil Anidjar, Blood. A Critique of Christianity, Colombia UP, 2014.
Empezando por la conclusión:
«On the Christian Question, Jesus and Monotheism».
Conclusión que contiene una amplia introducción a los últimos textos de Freud sobre la religión.
Y, en términos más generales:
Tristan Dagron, Le soi subjugué. Servitude volontaire et cliniques de l’aliénation, Vrin, 2022.
Este tema esencial de la conversión, la incorporación, la sumisión, la conformación y el conformismo, un tema religioso explorado al menos desde Freud, ha sido objeto de intensos análisis desde el desarrollo del fascismo (por la Escuela de Fráncfort, entre otros).
12 Véanse, por ejemplo, las bylines de Elli Kronauer.
13 Vuélvase a «Sortir des cercles vicieux de la souveraineté», en lundimatin, núm. 333, 4 de abril de 2022.
14 Admiremos la Association Survie, Ensemble contre la Françafrique.
Billets d’Afrique, noviembre de 2022, núm. 322, «Quand les intérêts français priment sur la démocratie».
Billets d’Afrique, diciembre de 2022, núm. 323, «Pétrole brut, Scandale brut»; a propósito de Agnès Pannier-Runacher y de Perenco; la invisibilización de los militares franceses en el Sahel.
15 Catacumba, silo: es fácil reconocer el léxico de Günther Anders, La Catacombe de Molussie, traducido por L’Échappée, 2021.
Como la cuestión política, en el contexto de la impotencia (y luego de la potencia negativa), es la de actuar en una situación de despotismo («nuestra» república), los escritos de los proscritos de la época fascista vuelven a ser necesariamente actuales.
Por supuesto, Walter Benjamin, sus escritos sobre la violencia (retomados por Agamben, véase Gil Anidjar, Blood, nota 11) o, para limitarnos, Hermann Broch, Los sonámbulos.
Ahora bien, Los sonámbulos son agitadores teledirigidos.
16 La explicación de lo que se entiende por «política negativa» o «potencia destituyente» ha sido desarrollada ampliamente.
«Philosophie du Zapatisme. Courte généalogie de la politique négative», en lundimatin, núm. 300, 16 de agosto de 2021.
Y más elaboradamente:
«PUNK Anarchism, MIettes 1 à 10 + Annexe et Épilogue», de lundimatin, núm. 277 (1 de marzo de 2021) a lundimatin, núm. 296 (12 de julio de 2021), cada 15 días.
Véase Lee Edelman, No Future.
En esta nota, «política negativa» o «potencia destituyente» se traduce por «comunismo tribunicio». No un comunismo de la construcción (de presas o redes), sino un comunismo «que frena» (comunismo del katechon, Agamben, Esposito).
Il potere che frena. Saggi di teologia politica in dialogo con Massimo Cacciari, Aracne Editrice, 2015.
Massimo Cacciari, The Withholding Power. An Essay on Political Theology, Bloomsbury, 2018.
Il potere che frena, Adelphi, 2013.
Hay que desarrollar esta cuestión del Katechon, reintroducida por el pensamiento italiano reciente, Agamben, Esposito, Cacciari.
17 Esta «guerra de egos», tan familiar para los universitarios (no muy universales), es la reducción liliputiense de los círculos viciosos de la soberanía (véase la nota 13).
Véase Aude Vidal, Égologie, Écologie, individualisme et course au bonheur, Le Monde à l’envers, 2017.
18 Sobre esta conflictiva cuestión del «secularismo crítico», a partir de Edward Said,
Critical Secularism, boundary 2, volumen 31, número 2, verano de 2004, editado por Aamir Mufti.
O:
Gil Anidjar, The Jew, the Arab, A History of the Enemy, Stanford UP, 2003.
Recomendamos explorar toda la obra de Gil Anidjar (véase la nota 11).
19 La Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort es un buen ejemplo de Gnosis (difuminada).
Esencialmente, por su Dialéctica Negativa.

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