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Entrevista a Franco «Bifo» Berardi: «Lo único que podemos hacer es desertar» (2024)

La siguiente entrevista a Franco «Bifo» Berardi fue realizada por Karl Baldacchino por correo electrónico entre el 12 de junio y el 2 de julio de 2024. Se publicó originalmente en inglés en el blog de Critical Inquiry el 29 de julio de 2024.

Tu libro Disertate (2023), que aparecerá en inglés como Quit Everything: Interpreting Depression (2024), aborda el tema de la deserción o el abandono, que según tú es congruente con la depresión que prevalece en nuestra vida contemporánea. Desde la desafección del electorado ausente, la ola de renuncias pospandémicas en las sociedades capitalistas occidentales, la táctica más tenue del quiet quitting en el trabajo, hasta el creciente número de hikikomori en Japón y otros países asiáticos, las actitudes de desapego se expanden globalmente. Al mismo tiempo, como indican los recientes campamentos universitarios y los movimientos juveniles por el clima, muchos están dispuestos a implicarse políticamente mediante alguna forma de acción directa. ¿Cómo interpretas esta combinación de actitudes?

Apoyo plenamente la movilización estudiantil contra el genocidio israelí. No obstante, intento comprender el sentido más íntimo de la ola de protestas contra el sionismo y en favor de Palestina. Trato de hacerlo más allá de la retórica de «Palestina libre». Los estudiantes y los jóvenes en general están horrorizados por la masacre, por el cinismo de la dirigencia sionista, y esto es perfectamente comprensible. Pero debemos ser francos respecto de la debilidad estratégica de este movimiento. Intentaré explicarlo: cuando mi generación se manifestaba contra la guerra estadounidense en Vietnam, esperábamos algo de la resistencia del Vietcong: esperábamos que abriera el camino hacia un gobierno comunista y que reforzara el frente internacionalista de revuelta contra el colonialismo occidental. ¿Teníamos razón? ¿Estábamos equivocados? Ésa es otra cuestión. Lo importante es que podíamos identificarnos con el pueblo vietnamita en términos de una esperanza internacionalista y de un porvenir socialista. ¿Podemos decir lo mismo hoy? ¿Podemos identificarnos con Hamás o con Hezbolá? ¿Podemos esperar algo positivo del nacionalismo árabe? En absoluto. Sabemos que los palestinos están oprimidos; compartimos su sufrimiento y su resistencia. Pero no vemos ningún futuro más allá del presente catastrófico. El internacionalismo ha muerto y el nacionalismo árabe es fascista. Entonces, ¿por qué tantos jóvenes se identifican con los palestinos?

En el último número de la revista Utopie en 1978, Jean Baudrillard publicó un ensayo importante sobre las masas silenciosas y el fin de lo social. Ahí subrayaba cómo la indiferencia silenciosa de las masas es un «arma» que debe analizarse como un modo contemporáneo de resistencia. El ensayo fue escrito en el contexto de las sociedades pospolíticas formadas en Francia tras los acontecimientos de mayo, lo cual difería de manera bastante radical de lo que ocurría en Italia, donde una larga lucha política alcanzaba su punto álgido. Sin embargo, en Italia se producía un tipo distintivo de desapego respecto del poder político que, en mi opinión, puede considerarse más creativo y organizado. Me pregunto entonces si esta deserción silenciosa lleva tiempo desarrollándose y también si ha sido plenamente recuperada por el capitalismo en el proceso. En última instancia, las masas silenciosas se retiraron de la vida política, pero al hacerlo se conformaron —o, en palabras de Baudrillard, «hiperconformaron»— aún más al espectáculo.

No podemos comparar lo que ocurre hoy con el escenario de los años sesenta o setenta, porque el contexto es totalmente distinto. En aquellos años, la columna vertebral era la fuerza social de la clase obrera y una perspectiva internacionalista. Baudrillard fue profético en su capacidad para percibir la disolución de la subjetividad social. Leí al primer Baudrillard y sentí que estaba viendo algo profético, pero al mismo tiempo, en el escenario social de Italia (y en cierta medida de Francia), la autonomía social persistía. Luego vino la destrucción neoliberal de la solidaridad social, la globalización del mercado de trabajo y la precarización del trabajo, y finalmente los trabajadores fueron derrotados y el internacionalismo se disolvió. Si hablo hoy de deserción es porque pienso que la solidaridad social ha desaparecido del horizonte. Mientras el mercado laboral esté atravesado por la precariedad y la competencia entre trabajadores y migrantes, ninguna autonomía será posible. No veo ninguna perspectiva de transformación de la tendencia fascista que prevalece en todas partes. Por lo tanto, debemos pensar cómo preservar nuestra vida, nuestra existencia, nuestra red social de amistad. La guerra se expande, y creo que será una tendencia general en los próximos años. ¿Qué podemos hacer cuando la guerra eclipsa la imaginación social? Lo único que podemos hacer es desertar.

En una entrevista con Giuseppe Cocco y Maurizio Lazzarato, titulada «Rupturas en el Imperio, el poder del éxodo», Antonio Negri describía la deserción del siguiente modo: «Es bastante claro que la deserción, el éxodo, debe entenderse como un laboratorio político. Pero también es evidente que nos enfrentamos a una transmutación fundamental de los valores. El problema es comprender que lo privado y lo público ya no significan nada, que ya no tienen valor alguno, que lo importante es lograr construir algo “común” y que toda producción, toda expresión, debe hacerse en términos de eso “común”. El gran problema, entonces, es que la transmutación de los valores debe existir y debe conducir a una decisión. Sin embargo, ni la decisión ni el objetivo pueden determinarse de antemano. Surgen desde dentro de los procesos de transformación del mundo por parte de la multitud. De lo contrario, nada de eso ocurre y retrocedemos. Había comenzado un ciclo de luchas y nos permitió empezar a construir nuestras propias pequeñas máquinas de guerra… máquinas muy deleuzianas. Es evidente que hemos sufrido un retraso respecto de las expectativas que teníamos sobre este proceso, que ahora ha llegado a un “punto muerto”. Y, sin embargo, este punto muerto, si se comprende y se domina a fondo, podría ser paradójicamente muy potente». ¿Esto se alinea con tu idea de deserción? Si no, ¿puedes señalar algunas diferencias?

Sí, estoy de acuerdo con la descripción que hace Negri de la idea de deserción. Pero creo que Negri no ha visto la magnitud de la destrucción producida por la guerra neoliberal contra la autonomía de los trabajadores. En esa línea, Negri habla de un ciclo de luchas y de un retraso en el proceso del movimiento revolucionario. No comprendió que el neoliberalismo ha destruido la posibilidad de una subjetividad organizada del trabajo. No es un problema de ciclo de luchas ni de retraso. Hemos entrado en una era completamente nueva en la que el internacionalismo ha desaparecido y la solidaridad se ha vuelto impensable, porque el movimiento obrero ha sido fracturado por la precariedad y la competencia. En esta coyuntura, el fascismo se ha convertido en la forma de identificación de la mayoría de las fuerzas del trabajo. La identidad (nacional, étnica, racial, religiosa, entre otras) ha sustituido a la autonomía, y no veo dónde ni cuándo podrá romperse esta tendencia, porque no se trata de un ciclo, una fase o un periodo —breve o prolongado— de regresión. Se trata de la devastación total de la sociedad. Lo que Negri nunca comprendió es la mutación antropológica producida por la globalización, que va más allá de una derrota política momentánea y transforma de manera duradera la composición cognitiva y psicológica de la sociedad.

En Ahora (2017), el comité invisible habla de un tipo de deserción «destituyente», en contraste con el éxodo «constituyente» de Negri. Siguiendo a Giorgio Agamben, llaman a explorar nuevas formas de vida que sólo son posibles mediante el ejercicio de una cierta indiferencia frente a las elecciones, el gobierno y el poder en general. ¿Qué piensas al respecto y en qué campo te situarías?

Me sitúo en el campo de Agamben y del comité invisible. Negri ha sido incapaz (o no ha querido) comprender la mutación radical producida por el globalismo, la desintegración de la subjetividad social. Sólo desde un punto de vista biopolítico es posible medir la amplitud y la profundidad de la derrota actual de la democracia moderna. No se trata de una derrota política, como en los años veinte y treinta del siglo pasado. Se trata de una mutación del tejido biopolítico de la sociedad y de una mutación de la cognición humana. Los conceptos fundamentales que permitían comprender los procesos sociales de los siglos pasados han perdido su significado. La democracia se ha convertido en la antesala del fascismo, y no habrá nunca una reversión democrática de la dimensión biopolítica del fascismo contemporáneo. El concepto de revolución ha perdido su sentido, porque es imposible subvertir la composición biopolítica de la subjetividad.

Una última pregunta. Si tomáramos tu vida como ejemplo, ¿cómo sería una versión más joven de ti en el mundo actual? ¿Abandonarías todo y aun así co-crearías Radio Alice y A/traverso? En otras palabras, ¿se trataría de un abandono activo? ¿O la vida contemporánea exige un retiro al estilo Bartleby?

Puedo afirmar que A/traverso y Radio Alice fueron una anticipación de mi idea actual de deserción. A/traverso no concebía la autonomía en términos de lucha por el poder, sino en términos de retirada respecto de la condición de explotación. No sé si has tenido ocasión de leer algunos números de A/traverso. Por ejemplo, en septiembre de 1977, el título era «Per favore NON prendere il potere» («por favor, NO tomen el poder»). En los últimos números de la revista hablábamos de «sottrazione», es decir, «sustracción» o retirada. La Autonomía boloñesa era notablemente distinta (e incluso a veces opuesta) a los grupos de la Autonomía organizada, precisamente porque no compartíamos la estrategia leninista y estábamos mucho más interesados en la creación de espacios de autonomía fuera de la esfera de la vida social, en una condición de separación. Además, el título de la revista en junio de 1977 fue: «La rivoluzione è finita abbiamo vinto» («la revolución ha terminado, hemos ganado»). Esto quería decir: ya no existe —ni existirá— la posibilidad política de derrocar la dominación capitalista. La única estrategia posible es la de la separación (hoy diría: de la deserción).

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