Categorías
General

Giorgio Agamben / Ángeles y demonios

Intervención de Giorgio Agamben publicada el 4 de agosto de 2022 en su columna «Una voce» en el sitio web de la editorial italiana Quodlibet.

 

Los discursos que hoy se escuchan con tanta frecuencia sobre el fin de la historia y el comienzo de una época poshumana y poshistórica olvidan el simple hecho de que el hombre está siempre en proceso de volverse humano y, por tanto, también de dejar de serlo y, por así decirlo, de acabar con lo humano. La pretensión de una animalidad alcanzada o de una humanidad consumada del hombre al final de la historia no da cuenta de esta incompletitud constitutiva del ser humano.
Consideraciones similares se aplican a los discursos sobre la muerte de Dios. Al igual que el hombre está siempre en proceso de volverse humano y dejar de serlo, también el volverse divino de Dios está siempre en marcha y nunca se cumple de una vez por todas. En este sentido debe entenderse la frase de Pascal sobre Cristo en agonía hasta el final de los tiempos. En agonía — es decir, según el étimo, en lucha o conflicto con su propia divinidad, por lo tanto nunca muerto, sino siempre por así decirlo muriente para sí mismo. El único sentido de la historia humana está en esta incesante agonía, y las habladurías sobre el fin de la historia parecen ignorar el hecho —también evidente— de que la historia está siempre en proceso de terminar.
De ahí la insistencia del último Hölderlin en los semidioses y las figuras casi divinas o más que humanas. La historia está formada por seres ya y no todavía divinos, ya y no todavía humanos: hay, pues, una «semihistoria» al igual que hay semidioses y cuasihumanos. Por eso, las únicas claves para interpretar la historia son la angelología y la demonología, que ven en ella —como hicieron los Padres y el propio Pablo, cuando llama ángeles (o demonios) a los poderes y gobiernos de este mundo— una lucha sin cuartel entre menos que dioses y más —o menos— que hombres. Y si hay algo que podemos decir sobre nuestra condición actual, es que en los últimos dos años hemos visto con una claridad sin precedentes a los demonios feroces en acción en la historia y a los endemoniados seguirlos ciegamente en su vano intento de expulsar de ella a los ángeles para siempre — esos ángeles que, después de todo, antes de su caída infinita en la historia, ellos mismos eran.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *