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Félix Guattari / ¿Por qué Italia?

¿Por qué Italia?* El primer acercamiento resulta relativamente contingente. Algunas personas responsables de una estación de radio libre italiana en Bolonia, Radio Alice, me pidieron que escribiera un prólogo a una edición francesa de sus textos. Esto me interesó debido a que su inspiración era a la vez situacionista y “deleuzo-guattariana”, si podemos así decirlo.
El segundo eje es la conjuración entre el aparato de Estado en el sentido tradicional y las burocracias del Movimiento Obrero. La hemos visto trabajando de una manera espectacular tanto en la URSS como en China. La tradición democrática occidental, la evolución hacia el Eurocomunismo y el humanismo de los partidos socialistas nos hizo creer que no estábamos expuestos a ese tipo de totalitarismo. Es verdad que los modos de subjetivación funcionan de una manera diferente. Sin embargo, existe una tendencia irreversible empujando al Estado a dejar de ejercer su poder a partir de medios tradicionales de coerción, como la policía o el ejército, sino también a través de cualquier medio de negociación en todo tipo de dominio, desde la formación sistemática de los niños en la educación nacional hasta el poder inmenso de los media, particularmente la televisión. Este aparato de Estado es altamente visible, pero a menudo impotente sobre el nivel nacional, desde que las decisiones reales son tomadas a menudo a nivel internacional. Por el contrario, es más y más poderoso en sus intervenciones miniaturizadas.
Si uno pega la nariz muy cerca de las realidades nacionales, la impresión resultante es que Inglaterra es muy diferente del régimen existente en Alemania, Francia o Italia. Pero dando un paso atrás, uno puede ver que un cierto tipo de totalitarismo está siendo creado, el cual va muy bien con las divisiones tradicionales. Las máquinas de producción, formación y reproducción de la fuerza de trabajo implican una inmensa maquinaria del poder estatal, además de todo tipo de engranajes en política, sindicatos, educación, deportes, etc… En este sentido yo considero la experiencia italiana como la más ejemplar, dado que en ella podemos ver las líneas de fuga y el camino que tenemos por delante. No conduce a una alternativa del tipo inglés, o a un frente popular francés, sea izquierdista o derechista. Esto equivale a asegurarse de que el Partido Comunista, las organizaciones de masas y los sindicatos funcionarán a su máxima capacidad dentro de un consenso nacional como el del espectro político italiano.
Cierto tipo de régimen estatal está siendo ahora mismo trazado, el cual no requerirá una revolución de octubre ni una revolución china, pero producirá el mismo resultado: el pueblo será controlado a través de todos los medios disponibles, incluso si deben concederse una medida de diversidad política y regional.
¿Por qué Italia? Porque el futuro de Inglatera, Francia y Alemania es Italia. Cuando yo me involucré con Italia, el Programa Común de la izquierda francesa aún no había estallado, pero ya había perfilado la idea de que no tendría sentido, de que las cosas no ocurrirían de esa manera. Pero la integración es inexorable, y el esquema italiano será eventualmente reproducido en Francia.
Lo que estoy diciendo sólo puede ser entendido en relación a lo que he llamado revolución molecular. Existe un cierto nivel de deseo, violencia y revuelta que ha devenido imposible e insoportable en las sociedades a medida que ellas han desarrollado tanto el nivel tecnológico como el social. Tomemos el ejemplo del terrorismo: a lo largo de la historia del movimiento obrero han habido acciones armadas y actos de terrorismo. Han habido enormes discusiones a lo largo del movimiento comunista para poner dentro de perspectiva, y para situar, la acción armada. Hoy en día no se trata ya de un problema teórico, sino de un problema de sensibilidad colectiva a medida que ésta ha sido conformada por el aparato de Estado con sus tentáculos audiovisuales: ya no se acepta la idea de muerte, la idea de violencia, la idea de ruptura, ni siquiera la idea de lo imprevisto. Una infantilización general penetra ahora todas las relaciones humanas. Si sucede una huelga en la Compañía Nacional de Electricidad, ten cuidado. Un código de ética para la huelga debe ser elaborado. ¿Confrontación en Bolonia? Ten cuidado, una negociación completa debe ser hecha. Y si se detecta un factor aberrante, si hay un puñado de resistencias que no aceptan el código ético, es un agujero negro. El más hermoso hoyo negro que haya sido visto fue Nueva York durante el apagón [de 1977]. Cuando uno ya no consigue ver, cualquier cosa una gran masa, fauna extraña puede surgir de la oscuridad.
Un cierto tipo de brutalidad heredada de las sociedades capitalistas del siglo XIX fue simétrica a una cierta verdad del deseo. Algunas personas todavía podían liberarse por sí mismas. El progresivo endurecimiento por parte del movimiento obrero marxista ha puesto un fin a esto. Hoy en día no puedes desear la ruptura, no puedes desear la revolución, o siquiera algo que ponga en cuestión el armazón y los valores de la sociedad contemporánea. Ahora el control comienza en la niñez, en la guardería y en la escuela, para que todos sean forzados dentro de las redundancias dominantes del sistema. Las sociedades represivas que están siendo actualmente establecidas poseen dos nuevas características: la represión en ellas es más suave, más difusa, más generalizada, pero al mismo tiempo mucho más violenta. Para todo aquel que pueda someterse, adaptarse, y ser canalizado, habrá una disminución de las intervenciones policíacas. Habrá más y más psicólogos, incluso psicoanalistas, en el departamento de policía; habrá más terapias de grupo disponibles; los problemas del individuo y de la pareja serán discutidos en todas partes; la represión será más psicológicamente comprensible. El trabajo de las prostitutas será reconocido, habrá consejeros radiofónicos en materia de drogadicción en resumen, habrá un ambiente general de benevolente comprensión. Pero si existen categorías e individuos que escapen de esta inclusión, si las personas intentan cuestionar el sistema general de encierro, entonces serán exterminados como lo fueron los Black Panthers en los Estados Unidos, o sus personalidades serán pulverizadas, como ocurrió con la Fracción del Ejército Rojo en Alemania. El condicionamiento skinneriano será utilizado por todas partes.
De ninguna manera es el terrorismo algo especifico a Alemania e Italia. En tres meses Francia podría estar repleta de Brigadas Rojas. Considerando la manera en que el poder y los media operan, cómo las personas están acorraladas, prisioneras, en estos sistemas de contención, no es de extrañar que algunos se enfurezcan, y comiencen a disparar en las piernas de la gente o donde sea.
La revolución molecular, sin embargo, no se produce ni en el nivel de la confrontación sindical política y tradicional, ni en el frente de los diferentes movimientos, como el Movimiento de las Mujeres, las prostitutas, el Frente de Liberación Gay, los cuales son sólo reterritorializaciones provisionales, incluso formas de compromiso con el poder estatal y las diferentes fuerzas políticas. Existe una miniaturización de las formas de expresión y de las formas de lucha, pero no existe ninguna razón para pensar que se puede concertar una cita o esperar en un lugar específico para ver ocurrir la revolución molecular.
En un nivel más profundo en la historia contemporánea, difícilmente sigue importando si uno vive en el régimen de gulags de Brézhnev o bajo el carterismo o el berlinguerismo, todos los poderes están intrincados en la misma fórmula extraña. Sin duda habrán contradicciones, confrontaciones, derrumbes, luchas de clases en el sentido tradicional, incluso guerras, pero es actualmente la sociedad en su conjunto la que está ahora en movimiento. No será simplemente otra revolución burguesa o proletaria. Los mecanismos efectuados por este cambio son tan diminutos que será imposible determinar si se trata de una confrontación de clases o de una subyugación económica más a fondo. Considero que este cambio en la sociedad, que implica no solamente un re-agenciamiento de las relaciones entre humanos, sino también entre órganos, máquinas, funciones, signos, flujos, es una revolución intrahumana, no un simple reordenamiento de relaciones explícitas. Hubo grandes debacles revolucionarios en la historia antes. En el siglo XIX, rangos, órdenes, clasificaciones de todos los tipos súbitamente se deshicieron. Hoy en día nadie o algo parece ser capaz de semiotizar lo que está ocurriendo. El pánico se introduce y la gente cae de nuevo bajo los poderes estatales más abrumadores y tentaculares, cada vez más manipuladores y desconcertantes. En Italia el Partido Comunista es escuchado decir con frecuencia: salvemos Italia, pero cuanto más incierto se vuelve el futuro de Italia, más asegura que están para salvarla.
En Italia no existe una tradición de poder estatal, tampoco un espíritu cívico, nada como la tradición francesa del centralismo y la responsabilidad jerárquica. La situación, por tanto, es más favorable para ocasionar un número de cambios. Regiones enteras serán aminoradas a causa del re-estructuramiento del capitalismo a escala internacional. En cuanto al “milagro italiano”, o al milagro francés, será mejor que nos olvidemos de ello.
Formo parte de una generación que experimentó realmente una sociedad estancada. El estalinismo era entonces una institución, un muro bloqueando al infinito el horizonte. Siento ahora una aceleración extraordinaria en la descomposición de todas las coordenadas. Es un regalo de la misma manera. Todo esto tiene que venirse abajo, pero obviamente esto no vendrá de ninguna organización revolucionaria. De lo contrario, caes de nuevo en las utopías más mecanicistas de la revolución, las simplificaciones marxistas: al final del camino se encuentra la victoria… No se trata del hoyo negro del siglo XIX, muchísimas cosas han ocurrido desde entonces, como los bárbaros en las puertas. Las superestructuras políticas y los sistemas de representación colapsarán o caerán en el ridículo y la inanidad, pero actualmente existe un número enorme de cosas que funcionan, y funcionan notablemente bien, ya sea al nivel de la ciencia o de la estética, o en la creatividad de la vida cotidiana. Existe toda una vitalidad extraordinaria en los procesos maquínicos.
Los italianos de Radio Alice tienen un hermoso refrán: cuando se les pregunta qué tiene que ser construido, ellos contestan que las fuerzas capaces de destruir esta sociedad son sin duda capaces de construir algo más, pero que eso sucederá durante el camino. No tengo idea de qué modelo futuro de sociedad o de relaciones habrá. Considero que se trata de un falso problema, el tipo de falso problema que Marx y Engels intentaron evitar. Sólo podemos hacer una cosa, y es reconocer el final de una sociedad. El proceso revolucionario no surgirá de un marco racional, hegeliano o dialéctico. Más bien será una revolución generalizada, una conjunción de revoluciones de tipo sexual, relacional, estético y científico, todas formando cruzamientos, marcajes y flujos de desterritorialización. A nivel molecular, las cosas funcionan de otra manera. Al mirar a través de los lentes de las políticas tradicionales, no queda nada, por ejemplo, del movimiento radical americano. Si uno cambia de lentes, si uno mira a través del microscopio, hay otra imagen completamente distinta. Hay una nueva sensibilidad, una nueva forma de relacionarse, un nuevo tipo de amabilidad, todos muy difíciles de definir. Los historiadores tienen dificultades con estos objetos [piénsalo,] ¡la historia de la ternura! En todo tipo de formas complejas, a través de la historia del movimiento feminista y la historia de la homosexualidad, a través de las relaciones en general, este nuevo tipo de sensibilidad es también la revolución. Si los lentes revolucionarios no nos permiten ver esto, entonces no hay más revolución, todo se ha acabado.
No habrá más revoluciones de octubre.

* Entrevista inédita que tuvo lugar en Francia algunos meses antes de los arrestos del 7 de abril de 1979, y que por tanto gira en torno al contexto de la Autonomía y el Movimiento del 77 en Italia. De la traducción de John Johnston, ‘Why Italy?’, en Italy: Autonomia. Post-Political Politics, Semiotext(e) (Nueva York, 1990).

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