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Nómades del cuerpo por venir

En medio de una ola de protestas masivas contra el gobierno y la violencia de la policía, unx compañerx nos escribió «desde el territorio llamado Colombia asolado por masacres» para compartir el siguiente texto, descrito como «un llamamiento a recuperar el cuerpo y a construir los cuerpos por venir».

 

Un viento mortecino salpica el cuerpo, hay hedor en su aliento y descomposición en su palabra. En la mirada, bubones de miedo. En cada inhalación, la sentencia, y por exhalación, la ejecución pestífera del colapso. Por tacto, un vómito aséptico. Por cielo, una mancha amurallada que represa las lágrimas. Réquiem por el cuerpo en un mundo que se negó al abrazo.
El gesto falta, la lengua falta, el cuerpo falta.
Cobijo culposo de ausencias en una noche de incesantes murmullos.
La mudez balbucea.
Un árbol seco, entre niebla y ramaje solitario, deja caer una fotografía.
Al parecer un fantasma sobrevive en el diafragma de la vida.
(una danza larvaria flamea en su imagen)
Corpus larvatus,
el cuerpo persiste enmascarado en su ser,
y la revuelta adviene en el frutecer de las máscaras.
Sva cviqve persona
«Cada cual tiene su propia máscara»
Juegos fantasmales en seducciones des-cabezadas.
Hay lanzas, y palabras como sonrisas en sus puntas afiladas.
El patriarca ha muerto.
Las larvas persisten-y festejan-en sus máscaras,
en el abismo de los tiempos ellas perviven.
No olvidan
El árbol supura la memoria de lxs vencidxs entre su niebla.
Larvatus prodeo.

 

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Suspiro por la comunión de cuerpos que canturrean en mis ínferos.
El vientre comienza a escribir.
Recuerdos intestinos multiplican un carnaval de voces.
Oh, ¡cuerpos canela, gritos incendiarios, bailes dionisíacos!
Olfateo la membranza de su potencia.
Querides nómades que se aferran con fidelidad a la Tierra.
Deseos viscerales hacen del territorio, intensidades.
Nómades del cuerpo por venir.
Nomádico, el arte de lo inmóvil, del saber permanecer en la Tierra.
Un habitar sin Telos, juego sin huida, un preferir-no el más allá.
Cuerpo, chagra lunar de la Uma Kiwe.
Contemplación fervorosa de las pasiones alegres para conjurar los monocultivos del pánico.
Minga mineral, tequio vegetal, aquelarre animal.
Resistencia caósmica en la plenitud del buen vivir.
Por venir, temporalidad adyacente a lo viviente.
Extrañamiento intempestivo del arché.
Clinamen insurrecto del cuerpo anárquico.

 

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¿Qué puede un río en la sequía?
¿Qué puede un bosque deforestado?
¿Qué puede el aire contaminado?
¿Una Tierra perforada hasta la porosidad de sus entrañas?
¿Qué puede un cuerpo sufriente?
El desierto avanza…
Aún muchos cuerpos llevan desiertos en su interior, desiertos sin poblar.
El desierto avanza…
El Capital devasta.
Un viento mortecino salpica el cuerpo, hay hedor en su aliento y descomposición en su palabra.
Los cuerpos sufrientes llegan por fin al Castillo.
¡Reclamarán sus derechos!
Esperan en las puertas
Esperan…
Ante la Ley
Los cuerpos sufrientes aún esperan ante la Ley
Esperan…
Los cuerpos sufrientes esperan… degollados.
¿Qué puede un cuerpo degollado?
¿Y los desaparecidos, mutilados, masacrados, violados, desplazados?
El perímetro de las puertas fue debidamente limpiado para una alocución presidencial justo en ese lugar.
El discurso es aquí la escena del crimen.
«Todo está bajo control» dice el primer mandatario.
Pero ocurre algo inesperado, la fachada fue manchada.
En las paredes amuralladas se deja ver:
«Paz a las aldeas, guerra a los Castillos»

 

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Cada ser busca perseverar en su infancia.
Universos tentados a la resurrección de la carne.
Entropía entusiasmada en miradas inflamadas, estamos ante la…
Revuelta
Por venir.
Oxígeno bendito ante el gas mortecino.
«Anéantir le néant»
Aniquilar la nada.
Conjurar la catástrofe.
En el cuerpo sufriente persiste un pathos de cuerpo en revuelta.
Múltiples fantasmas sobreviven en el diafragma de la vida,
son lxs vencidxs que reverberan en las células de los cuerpos en revuelta.
Les nómades del cuerpo por venir pueblan la Tierra del lenguaje, sienten en el cuerpo que falta, balbucean en la infancia de la lengua, saben que el aleteo de un gesto aquí, es capaz de desatar tormentas en los lugares más imprevistos. Cuerpos que llaman, que lamen las heridas de sus cómplices, que gimen a la comunidad de sus amantes, que aúllan, que rasgan las pieles de los amos. Axolotes que se juegan la vida en su regeneración, porque la vida, es un juego en común… Sólo en lo común podremos advenir a la reparación, restitución, y redención, todo, al mismo tiempo. ¡Tikún Olam! Ahora, en ese cuerpo por venir, en ese tiempo del fin, en ese resto en que la obra se desobra; podremos decir como algún condenado kafkiano dijo a su superior:
«¡Suelta el látigo o te devoro!»

 

k. kodama

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