Tres preguntas a Giorgio Agamben sobre la edición integral de Homo sacer

Finalmente fue publicada, en la editorial italiana Quodlibet, la versión integral definitiva de la obra de cuatro secciones y nueve libros Homo sacer (1995-2015) de Giorgio Agamben. Al mismo tiempo su autor ha respondido tres breves preguntas a propósito de esta edición en el sitio web de esta editorial, que aquí publicamos en castellano, donde explica algunas diferencias sustanciales que incluye con respecto a las dos previas versiones integrales que fueron publicadas el año pasado en inglés y en francés (hasta el momento sin la propia en castellano).
Una de estas diferencias es que los nombres de algunos de los volúmenes incluyen modificaciones decisivas, de tal modo que la lista final de los títulos será ahora: I. Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, II.1. Iustitium. Estado de excepción, II.2. Stasis. La guerra civil como paradigma político, II.3. Horkos. El sacramento del lenguaje. Arqueología del juramento, II.4. Oikonomia. El Reino y la Gloria. Para una genealogía teológica de la economía y del gobierno, II.5. Opus Dei. Arqueología del oficio, III. Auschwitz. El archivo y el testimonio, IV.1. Altísima pobreza. Reglas monásticas y forma de vida y IV.2. El uso de los cuerpos.

 

Hoy aparece en librerías el volumen Homo sacer. Edizione integrale, que recoge los nueve volúmenes de tu trabajo de veinte años. ¿Nos podrías decir cuál es el carácter unitario de esta serie? ¿En qué sentido estos libros, tan distintos por sus argumentos, conforman un libro único?

 

Mientras escribía los nueve libros, sabía que cada uno de ellos era parte de una única investigación, algo así como una pieza en la arqueología de la política occidental, cuyo programa había entrevisto al final del primer volumen y el cual se fue precisando a medida que procedía en la indagación. Esto no significa que se trate de una obra exhaustiva y cumplida de una vez por todas. Toda obra filosófica —pero quizá toda obra— es siempre un fragmento, está siempre incompleta o más que completa. En una genealogía como aquella emprendida aquí, que podría continuar al infinito, la completud —o la apariencia de completud— depende de factores arquitectónicos y estilísticos, y en el límite musicales. Como Benjamin recordaba, el último nivel en la composición de una obra no es aquel conceptual, es más bien de orden musical. Sólo en este sentido puedo considerar la obra como cumplida.

 

En la contraportada se lee que en esta edición «han sido restituidos los títulos del proyecto original y han sido insertadas las integraciones —como la larga nota sobre el concepto de guerra— y las correcciones queridas por el autor».

 

Como alguna vez se decía, se trata de una edición «definitiva, aumentada y corregida».
Las quince páginas sobre la guerra, en las que me parece haber desenmascarado de algún modo el dispositivo schmittiano amigo-enemigo, son una integración importante al libro sobre la guerra civil. Lo mismo vale para la página agregada al final de El uso de los cuerpos. Y es preciso mencionar también el trabajo importante hecho esta vez no por mi, sino por el editor (en la persona de Diego Ianiro) sobre la bibliografía, que ha unificado y verificado los casi 1400 títulos citados en la investigación. En este sentido, la edición integral italiana es superior a la inglesa y la francesa, hace poco publicadas, y también debería ser tomada como modelo para cualquier futura reedición de los volúmenes individuales.

 

El trabajo histórico y filológico, que está a la base del proyecto Homo sacer, tiene en tu investigación un sentido estrictamente filosófico. ¿Lo puedes explicar? ¿Qué es la arqueología?

 

Yo creo que no tiene sentido distinguir en mi investigación el análisis filosófico de aquel arqueológico. Una investigación filosófica que no tenga la forma de una arqueología corre el riesgo de caer en la habladuría. Si una de las tareas del pensamiento es la de hacernos comprender el presente, eso sólo puede hacerlo, como sugería Foucault, persiguiendo las sombras que la interrogación del presente proyecta en el pasado. La arqueología es en este sentido la única vía de acceso al presente y yo siempre he tomado en serio la broma de Flaiano: «Hago proyectos sólo para el pasado». Todo Homo sacer no es más que un infinito proyecto para el pasado de Occidente: una profecía girada al pasado, como se ha dicho de toda verdadera investigación histórica.