«Nuestros barrios no son desiertos políticos» (lundimatin n° 93)

Entrevista con Samir del Movimiento de la Inmigración y de las Banlieues

 

Desde que se hicieron públicos los abusos de los agentes de policía de Aulnay-sous-bois, no parece que se quieran detener los motines nocturnos en los suburbios o las periferias (las banlieues, se dice en Francia) de París, a pesar de las llamadas a la calma y las amenazas del ejecutivo. Un lector de lundimatin ha considerado pertinente enviarnos una entrevista que realizó a Samir, un militante del Movimiento de la Inmigración y de las Banlieues, quien se dirige a su politización en las banlieues durante la década de 1990, a los motines de noviembre de 2005, al papel de las asociacones barriales, ofreciéndonos su punto de vista sobre el movimiento actual #justicepourtheo. Ofrece aquí un análisis particular sobre la prolongación de los motines en la acción militante, a veces política, y en su confluencia con otras formas de lucha.

 

Buenos días Samir. ¿Nos puedes hablar de tu recorrido político? Particularmente, has formado parte del Movimiento de la Inmigración y de las Banlieues (MIB) en la década de 1990. ¿Cuál ha sido la particularidad de tu proceso político en los barrios populares?

 

El conflicto con la policía comenzó muy pronto, en los años 1988-1989. Sin embargo, la fecha que me marcó como militante es el 17 de diciembre de 1997. Abdelkader Bouziane fue asesinado por la Brigada Anticriminal (BAC). Aún no estábamos politizados, pero organizamos motines durante varios días tras su asesinato provocado por una bala detrás de su cabeza. Conocíamos a la policía, es decir, sabíamos que estaban allí para hacernos daño y no para ayudarnos. Nos organizamos de la forma que mejor nos pareció y la misma que conocíamos: los motines.
Posteriormente nos encontramos con gente fuera de nuestro barrio: eran miembros del MIB. Nos explicaron que los motines estaban bien, que eran una buena forma de acción política, efectiva a corto plazo, pero que la mejor manera de defendernos en el barrio era organizarnos entre nosotros, los habitantes. Nos hablaban de la autonomía y de la autoorganización: según ellos la mejor manera para lograr restablecer la verdad acerca de los crímenes cometidos por la policía, sin dejar que los “árabes y los negros de servicio” (que en ese momento formaban parte de S.O.S. Racisme) realizaran su sucio trabajo. Como manera de contrarrestar y evitar la recuperación, hemos tenido que contar nuestra propia historia marcada por la violencia. Nos explicaron que ellos no lo harían por nosotros, más bien se comprometían a formarnos y nos ayudarían a autoorganizarnos y a hablar de nuestros problemas (renovación urbana, brutalidad policial y racismo en el ambiente) de los últimos treinta años. Esto es lo que nos llevó a convertirnos en sus amigos. Además, ellos nunca condenaron los motines. Al contrario, nos apoyaron afirmando que se trataban de acciones políticas. Aunque eran insuficientes para ellos: hacía falta darles una secuela, haciendo política en nuestros barrios a través de la educación popular. Nuestros barrios no son desiertos políticos, siempre ha habido luchas y movimientos autónomos, pero siguen siendo sofocados por los elementos auxiliares del Partido Socialista y de la derecha.

¿Puedes ofrecernos un balance de la situación política en los barrios populares en la actualidad?

 

En la actualidad la situación es desastrosa a causa de que nuestros barrios están abandonados y son criminalizados. Los utilizan como campos de entrenamiento a escala real de la BAC y de la Brigada de Seguridad Territorial (BST), las cuales vienen para armar problemas. En la década de 1990, decíamos que la policía francesa era una policía colonial, pero ahora más bien tendríamos que hablar de milicias, protegidas por su insignia. Lo que también está muy claro hoy es que, además del racismo que padecen los árabes y negros, en este caso es toda una población la que padece la precariedad. Y la violencia, por su parte, ya no se limita a los barrios populares. Un ejemplo muy concreto ha sido la resistencia de los jóvenes (y también los mayores) durante la movilización contra la Ley Trabajo: al frente de las manifestaciones, en las «cabezas de cortejo», hemos observado las mismas prácticas que fueron nuestras durante los últimos decenios. Ver a todas esas personas resistiendo me hizo muy feliz. La solidaridad y la relación de fuerza política instauradas por las cabezas de cortejo eran algo que se parecía a lo que hacíamos en los barrios. Las cabezas de cortejo no se han dejado «guiar» por el gobierno y la policía, sino que establecen sus propias bases.

 

Te has referido a la Brigada de Seguridad Territorial, ¿podrías contarnos más?

 

Es una prolongación de la BAC. Salvo que la BAC estaba compuesta por gente sin cerebro, los peor clasificados, gente a la que le gustaba la bronca. Sin embargo, hoy en día la Brigada de Seguridad Territorial es mucho más violenta porque está más politizada, a la vez que están en la nómina del gobierno. Hacen que llueva o que el día esté soleado. Si se les dice que provoquen desbordamientos en un barrio ellos lo harán. Son más eficaces que la BAC, ya que es una evolución de la misma. Dos tercios de estos policías están sindicalizados en Alliance, que es un sindicato más próximo a la extrema derecha que a la derecha republicana, lo que da una idea de los policías a los que tenemos que encarar. Su violencia está mejor organizada, mejor cubierta, y cometen más atrocidades que la BAC. Hemos alcanzado un nivel de violencia inimaginable en los últimos años.
Esto no quiere decir que prefiramos la BAC, únicamente que la BST está mejor equipada, mejor armada, y que hoy en día los jóvenes de los barrios (como aquellos que participaron en las manifestaciones) tienen que hacer frente a policías fuertemente armados, que producen estragos de manera masiva. El MILI (Movimiento Inter-Luchas Independiente) hizo el año pasado un censo de los heridos durante las manifestaciones (en contra de la Ley Trabajo) y gracias a este colectivo pudimos ver el grado de violencia de la policía dentro de un contexto de mantenimiento del orden. No hablamos de una decena de personas heridas, sino de cientas. Ahora bien, esta  violencia es el pan de cada día en los barrios populares, que sufren el nivel máximo de violencia del Estado.

Tienes un estrecho vínculo con la familia de Adama y les has ayudado cuando lo han necesitado. ¿Puedes decirnos qué ha cambiado a partir del asesinato de este joven a principios de verano?

 

Beaumont vuelve a dar esperanza en los barrios populares por la forma en que han escogido para luchar, es decir, la autoorganización y la autonomía, cuando la familia decidió desde el principio confiar en amigos, familiares y habitantes de Beaumont. Esto es lo que hoy les hace ser fuertes, porque nadie les dice qué deben hacer, sino que deciden juntos cómo quieren organizar su lucha. Hay varios ejemplos de victorias: el rápido desmantelamiento de las mentiras de la gendarmería, que resultó en un cambio de posición del fiscal, y más allá de esto la relación de fuerza que han logrado establecer con las autoridades prefecturales, el ayuntamiento y el Ministerio del Interior.

 

En tu opinión, ¿cuál ha sido la diferencia en el caso de Theo? ¿La movilización de personalidades famosas en las banlieues, como por ejemplo los raperos?

 

Si me lo permites, cuando hablas de personas «famosas en los barrios populares», nosotros las llamamos «árabes y negros de servicio». Te lo voy a explicar. Cuando se habla de Dupont-Moretti (abogado de Théo), ¿de qué estamos hablando? Hablamos de su red y del Partido Socialista, que quieren asegurarse de que no ocurra lo mismo que en Beaumont: se impide que los habitantes, los familiares de Théo y sus amigos puedan hablar con sus propias palabras y se autoorganicen. Cuando se deja que otros hablen en el lugar de los principales afectados se suscita un despojo de la palabra. Por esto decimos que las palabras son importantes: hablamos de un acto criminal, de una violación colectiva, no simplemente de «violencia policial». Es un acto de barbarie y Théo lo indica. También está la acción racista: los insultos de la policía a su persona: «bamboula» «negro sucio», que no aparecen en la boca de aquellas personas que se supone que deben estar cerca de su familia.
Hay que advertir que cuando hablo de «árabes y negros de servicio» no me refiero a raperos y otros habitantes de los barrios, sino a esas asociaciones llamadas antirracistas que están en realidad del lado del Partido Socialista cuando se trata de sofocar la voz de los habitantes. El arte y la manera de sofocar los discursos que provienen de los barrios. Voy a mencionar algunos  nombres de estas asociaciones, ya que me parece importante. Por ejemplo, «AC le Feu», o «Pas sans nous». Estas dos organizcaiones trabajan de la mano con el Partido Socialista para deconstruir lo que se construye en nuestros barrios. Y se proclaman nuestros representantes aunque nunca los hayamos visto. Por el contrario, lo que se ve es el dinero que reciben del Estado, que debería emplearse en la educación popular y que en un 100% se convierte en salarios.
Hoy en día la posición de los raperos está muy bien. Me recuerda a la época del MIB en que los raperos se reunieron para realizar la canción «11 minutes 30 contre les lois racistes» y cuyos fondos fueron donados en un 100% al MIB para imprimir carteles y hacer periódicos.
Son los raperos los que se pusieron a disposición de los militantes de los barrios para que puedan continuar actuando de manera autónoma. Hoy tenemos una nueva generación de raperos que empieza a transmitir y que se pone a disposición de las familias y las asociaciones que trabajan en los barrios. Por eso quiero rendir homenaje a aquellos raperos que están siempre a disposición de los barrios como Skalpel, Scred Connexion, la Rumeur. Por ejemplo, en Bobigny, estos meses he visto a Fianso, del distrito de Blanc-Masnil, participar en las manifestaciones en contra de las violencias policiales. Él habla tanto de árabes, como de negros o blancos, y eso da gusto. El rapero es el portavoz de aquellos que se mueven a diario en el terreno. Entendieron que estaban allí para transmitir.

 

Las revueltas se extienden en las periferias y muchas manifestaciones tienen lugar en los centros más ricos de las ciudades. Da la impresión de que existen posibles confluencias que comienzan a surgir, pero que son muy frágiles. ¿Tú qué opinas?

 

Frágiles, sí, puesto que hay una historia de desaciertos entre la extrema izquierda y los barrios populares. Salvo que con la nueva generación, desde un punto de vista personal, creo que se solidifica cada vez más. Como he dicho antes, durante el movimiento en contra de la Ley Trabajo, he visto cosas que no habíamos visto durante los movimientos altermundialistas y otras luchas en las que fuimos rechazados y puestos fuera de consideración por los militantes que nos veían desde un punto de vista paternalista. Hoy tenemos discusiones reales y alianzas que se constituyen con los medios autónomos, antifascistas y los militantes de los barrios populares. Pongamos como ejemplo el caso de Antonin [inculpado y encarcelado, acusado de haber participado en el ataque a un coche de policía durante el movimiento contra la Ley Trabajo], que fue defendido por su familia política pero también por militantes de los barrios populares. Esto no es sólo una convergencia en las palabras, sino en el terreno, y hay que seguir alimentándola. Esto es lo que conforma a la nueva generación.

 

El pasado sábado, cerca de 5000 personas se reunieron en Bobigny por Théo y todas las víctimas de la policía. Vimos aquí tanto a habitantes de las periferias como a militantes del centro de la ciudad. ¿Podríamos decir que esta confluencia se realiza en la acción, por el momento?

 

Por lo que he podido ver, yo diría que sí. He visto a muchos militantes de la llamada cabeza de cortejo que han venido a apoyar no únicamente a la familia Traoré, en Beaumont y en la manifestación del 5 de noviembre en París, sino también a Théo después de su agresión. Regresando a la cuestión de Bobigny, estoy contendo con lo que he visto. Que estos susodichos pequeños blancos estuvieran allí gritando las mismas consignas con la misma rabia que los jóvenes de los barrios en el momento en que dicha rabia empezó a aumentar, a partir de las provocaciones de la policía que se encontraba en el puente y en los alrededores de los parques del tribunal de Bobigny, vi algo que estuvo muy bien y que llamaría magnífico: esta convergencia, con un respeto de unos hacia otros, frente a la violencia policial. Gente que finalmente tenía la impresión de conocerse desde hace mucho tiempo. Especialmente debido al problema de la violencia policial, pero no únicamente: también con respecto a la cuestión de la islamofobia, a la que muchos militantes se han referido sin descartar el tema. Ver a varios blancos, precarios o no, asociarse con varios jóvenes de los barrios para lanzar piedras y apuntar a la policía me permitió regresar a casa con una sonrisa.

¿Qué opinas de los jóvenes comunistas de la Féderation du 93 que hablaron en los medios de comunicación explicando que fueron unos jóvenes bobos [contracción de bourgeois bohèmes, burgueses bohemios] parisinos los que desencadenaron los enfrentamientos y que ellos trataron de apaciguar la concentración dialogando con la policía?

 

Claramente eso es inadmisible. Pienso que tenían que haberse callado, todas las personas presentes observaron perfectamente que no fueron los bobos parisinos quienes desencadenaron nada de eso. Para los comunistas de Bobigny no fueron los policías los que desencadenaron los enfrentamientos. Sin embargo yo les digo: los jóvenes de los barrios se movieron, y respondieron a la presencial policial y a sus provocaciones recurrentes. Esto es lo que se llama autodefensa popular. Si los puercos se hubieran comportado correctamente la concentración hubiera sido diferente.

 

De acuerdo contigo, ¿qué permitiría salir de una simple alianza en los motines para inscribirse en un proceso estratégico a largo plazo?

 

En primer lugar, continuar con las reuniones que han tenido lugar desde el comienzo del estado de emergencia, hacer educación popular respetando nuestras singularidades y sin borrar la historia de unos y otros. El nuevo método que se ha implementado a raíz de los atentados del 13 de noviembre por las manifestaciones salvajes, que son muy políticas, debe continuar creciendo, con los militantes de los barrios. Sin lugar a dudas ellos deben participar en este tipo de movilización. Ésta es la manera en que aprenderemos a partir de los encuentros a hacer reuniones que nos permitirán volvernos más fuertes a largo plazo. Tenemos un ejemplo muy reciente, las cabezas de cortejo. Es un ejemplo de solidaridad, de construcción de una relación de fuerza política y de autonomía, a la vez que incluye las reivindicaciones de cada uno.
Quiero recordar un episodio que me hizo enormemente feliz: esos jóvenes a los que llaman los bobos blancos no olvidaron una tarde el papel de la CGT en nuestros barrios y vi que la cabeza de cortejo no dejó que ésta le diera órdenes y se introdujo en el interior de la manifestación. Lo que me parece excelente es esta independencia de la nueva generación, que no tiene amo. Cuando la CGT decidió ponerse del lado de la policía, para nosotros, los barrios populares, teniendo en cuenta todo lo que sus líderes sociales traidores nos han hecho sufrir, fue agradable ver a otras personas jóvenes y no tan jóvenes que rechazan colaborar con aquellos que hablan con la policía.

 

Para volver nuevamente a los barrios populares y la vida política. Dijiste que los barrios también tienen una historia, una cultura política propia, pero ¿cómo se traduciría hoy «hacer política» en un barrio popular?

 

Por la autoorganización, cuidando de nuestros pequeños jóvenes a través de tutorías escolares, actividades, pero también a través de la educación política. No hay ninguna distinción entre la educación popular y la educación política. El mejor ejemplo de acción del MIB en Francia es la asociación Justice pour le Petit Bard, que ha realizado trabajo a largo plazo tanto con jóvenes como con mayores, logrando victorias políticas a través de la relación de fuerza que viene de la calle, no desde las oficinas en las que los «árabes y negros de servicio» se ganan sus botines. Nadie se ha vendido. Todo ha venido de la calle y de la relación de fuerza que los habitantes mismos han construido desde la base.
En mi ciudad Dammarie-les-Lus, tras el asesinato de Abdelkader establecimos la asociación Bouge qui Bouge, que realizaba trabajo de educación popular bajo el lema: nunca aliarse, nunca discutir, nunca sentarse en la mesa de los que nos oprimen. Por ejemplo, una acción que realizamos: tras regresar de una manifestación, preguntamos a los habitantes si querían colgar las pancartas que utilizamos en la pared frontal de un edificio del barrio. Todos ellos respondieron positivamente y hubieron mensajes a favor de la renovación urbana, contra las violencias policiales y el racismo. Lo que encontramos sorprendente fue que todos los habitantes nos dijeron que sí. Ellos nos conocían, ya que ayudábamos a sus hijos. Todos estaban felices y todavía hoy me dan escalofrios. Había allí un vinculo real con los habitantes.

Me gustaría que nos hablaras acerca de las diferencias que observas con respecto a los motines de 2005 y las continuidades que se dan igualmente.

 

El cambio que se da con respecto a 2005 es que la gente sabía que Zyed y Bouna habían sido perseguidos por la policía y muerto por ella. Pero la diferencia es que todo el mundo sabe hoy perfectamente por qué se lanzan piedras. Todos los jóvenes pueden explicar con sus propias palabras que están cansados de los controles a partir de rasgos faciales, de ver a sus amigos asesinados, además de que ven a jóvenes como Bagui o Anto y cientos más que van a la cárcel por sus convicciones o su situación, aunque no hayan cometido ningún crimen o delito. Lanzar una piedra no es un delito, es una consecuencia de la violencia que sufren. Son presos políticos, ya seas de un barrio y choques por tu situación o que seas un militante externo que los defiende y es confundido por esto.
Había una gran cantidad de atención mediática. Cuando digo que los jóvenes saben hoy por qué lanzan piedras, en 2005 las entrevistas de la época muestran que se hablaba de Zyed y Bouna sin precisar  que existía una cotidianidad de prácticas criminales por parte de los agentes de policía. Los motines nos permiten construirnos a largo plazo, la violencia política desemboca a largo plazo de forma paralela a la capitalización en la construcción de militantes políticos a través de la difusión de una ideología. Cuando un barrio pierde a uno de los suyos se da una metodología defensiva que es implementada a través de los encuentros. Este es algo importante cuando se habla de ayuda mutua y de alianza. Un tipo que estaba estudiando hizo intercambios con los militantes de los barrios proporcionando tutorías escolares a nuestros pequeños y, a la vez, estábamos aportando nuestra propia experiencia y visión de la situación.
No todos tienen las mismas metodologías. Nosotros somos capaces de crear listas municipales a nivel local, para instalar una relación política. Hablo de municipales y sabemos que no todo el mundo está de acuerdo, pero es algo que nos permite defendernos a nivel local. En algunos barrios, nuestras luchas eran tan fuertes como en Dammarie-les-Lys, de tal modo que no hemos sentido la necesidad de crear una lista. Estábamos en el terreno todos los días y teníamos más poder que el asesor del alcalde o que el propio alcalde. Otra situación: en Toulouse o en Lyon, varias listas autónomas que nos permitían ser conocidos y poner nuestras reivindicaciones en el tapete. Hay que advertir que entablamos alianzas, creamos convergencias, pero nunca a expensas de las historias de unos u otros. En la segunda vuelta nos borramos, no vamos a entablar una alianza con aquellos que escupen sobre nosotros. Nuestra metodología permite plantear preguntas en el debate político. Hay un control desde el inicio hasta el fin por los habitantes, lo cual nos da una libertad de elección en las temáticas.

Para concluir, te proponemos que expongas tu punto de vista sobre las elecciones.

 

Para mí, lo ideal sería que lo que fue conseguido en los últimos años permita convocar masivamente a no votar por personas que no nos tienen en consideración y que nos oprimen. Volver a hacer lo mismo que en los banquetes realizados contra el estado de emergencia del año pasado en Ménilmontant, crear eventos en los que nos divirtamos con conciertos, discusiones, encuentros, para así organizarnos realmente después de las elecciones. Yo espero que se dé una tasa de abstención récord y fenomenal. En Internet vi una frase que me gustó: «Generación ingobernable». Me parece que es una consigna adecuada. Esto es lo que somos, ingobernables, y tenemos que mostrarlo.


Traducción de «Nos quartiers ne sont pas des déserts politiques» publicado en lundimatin n° 93, 16 de febrero de 2017.