Mehdi Belhaj Kacem en entrevista con la revista Purple

En 2004 el filósofo francés Alain Badiou describió al joven escritor y pensador MEHDI BELHAJ KACEM como un pirata, “un solitario y feroz bandido… que no da ninguna misericordia y trabaja exclusivamente para su propio beneficio”, saqueando la filosofía a la vez que crea una nueva anti-filosofía para su generación. Durante la última década MBK fue el partidario más entusiasta de Badiou y estuvo profundamente influenciado por la ontología y la política radical de Badiou. Pero en su último libro, Après Badiou, MBK sorprendentemente se giró en contra de su ídolo. Creímos que deberíamos hablar con MBK, colaborador por mucho tiempo de Purple, para averiguar más sobre este cambio repentino en su corazón, este parricidio intelectual.*

OLIVIER ZAHM — Tus primeras dos novelas, Cancer y 1993, se publicaron una tras la otra, cuando tú todavía eras un adolescente.
MEHDI BELHAJ KACEM — Sí, tuvieron una distancia de cuatro meses. Cancer fue publicada en 1994. La escribí cuando estaba en la escuela secundaria, cuando tenía 17 ó 18 años. Escribí 1993 cuando tenía 19 años.

OLIVIER ZAHM — ¿Quiénes fueron tus influencias literarias cuando eras un adolescente?
MEHDI BELHAJ KACEM — Antonin Artaud, Isidore Ducasse, es decir el Conde de Lautréamont, y el Marqués de Sade. También estaba interesado en los situacionistas. Más tarde, cuando comencé a estudiar filosofía, me lamenté de no haber abrazado mis cursos universitarios y tampoco proseguir una carrera académica, ya que 90% de la filosofía es hecha en las universidades. Fue difícil dedicarme a trabajar en dicho ámbito sin el soporte de una universidad. Por supuesto, a los 18 años creía que la universidad era una pérdida de tiempo. Pretendí ir a ella por un año o dos, de modo que mis padres me dieran dinero, pero elegí vivir una vida de rock and roll.

OLIVIER ZAHM — Tomaste tu decisión.
MEHDI BELHAJ KACEM — Exactamente. Tenía 18 años y había publicado ya un texto en L’Immature, el suplemento literario de la revista de música Les Inrockuptibles. Le gustó a un joven editor. Dos o tres años después mis novelas fueron publicadas.

OLIVIER ZAHM — ¿No pensaste en iniciar una carrera como filósofo?
MEHDI BELHAJ KACEM — Eso vino después. Publiqué otras novelas que tuvieron cierto éxito. Fui parte de un grupo de escritores jóvenes de moda a comienzos de los 90. Michel Houellebecq fue otro. Pero él tuvo la suerte de ser más viejo, y por lo tanto más maduro. Se sabe mejor lo que se quiere a los 30 que a los 20. Quería darle a todo, lo cual, como objetivo, ¡es más bien corto de miras!

OLIVIER ZAHM — Siendo un escritor joven y a la moda, ¿cómo manejaste la atención y el reconocimiento que recibiste?
MEHDI BELHAJ KACEM — Lidiar con toda la atención me asustaba de manera atroz. Estaba un poco perdido. Huí de París. Comencé a consumir hachís y LSD, y me resguardé en una perspectiva bastante extremista, que se volvió L’Antéforme.

OLIVIER ZAHM — Ese libro salió en 1997. Fue una novela inspirada, si bien bastante extraña.
MEHDI BELHAJ KACEM — Fue un monólogo interior inmenso, de un estilo solitario, casi sin puntuación —comas, pero no puntos— escrito con un ritmo sin aliento, quizá con el de una carrera veloz drogado. Durante el año que la escribí perdí 15 kg. Cuando la terminé regresé a París luciendo como un zombi, pero feliz de haberla escrito. Fue una performance espiritual, casi mítica.

OLIVIER ZAHM — Fue ahí que nos conocimos, a comienzos de la primera década de 2000, precisamente cuando decidiste apartarte de la literatura. Escribiste dos libros, uno después del otro, Esthétique du chaos (2000) y Society (2001), que representaron el pensamiento de los 90. Dos libros de culto que volvieron a impulsar la filosofía para tu generación. Para mí fueron los dos mejores ensayos filosóficos de la última década del siglo xx.
MEHDI BELHAJ KACEM — Eso es bastante extraño. La primera vez que nos conocimos tú dijiste “La nueva década comienza con Society”. Ahora estás diciendo que completó los 90. Es un libro de filosofía punk, que fue elogiado en su momento, por ti, por mi generación, por Derrida, quien dijo bastantes cosas buenas sobre él, y por Jean-Luc Nancy. Esthétique du chaos trata también sobre la vida punk como un concepto. En otras palabras, mis ambiciones bastante megalomaníacas consistían en regresar a Antonin Artaud en cuanto concepto. Creo que fue por eso que a Derrida y a los demás les gustó el libro.

OLIVIER ZAHM — Ahora, una década después, ¿sientes que has sido aceptado por la comunidad filosófica?
MEHDI BELHAJ KACEM — Alain Badiou habló muy bien de mis primeros ensayos, incluso si no fueron totalmente de su agrado. Él detesta todo lo que considera está conectado a Sade o Artaud, o lo que él llama “la prosopopeya de la abyección”. Es alguien muy puritano. Pero sí, hoy en día mi obra filosófica es reconocida por profesionales, y aceptada como una construcción conceptual real. Al mismo tiempo, continúo atemorizándolos un poco.

OLIVIER ZAHM — En ese entonces te gustaba describirte como un anti-filósofo.
MEHDI BELHAJ KACEM — Ahora rechazo la etiqueta de anti-filosofía, la propia categoría de ese nombre. Desafortunadamente se volvió una categoría en la universidad, para designar a todos los filósofos que no pasaron a través del sistema universitario, a todos aquellos que Alain Badiou llama “anti-filósofos”. Éstos convenientemente incluyen a Rousseau, Kierkegaard, Nietzsche, Bataille, Blanchot, Lacan y Debord. Lo cual es absolutamente claro. La anti-filosofía sólo quiere decir una filosofía escrita que es practicada de una manera diferente, y libre, fuera del marco impuesto por los cursos universitarios y las conferencias, con sus tratados escolares, etc.

OLIVIER ZAHM — Badiou dice esto sobre ti: “Él juega con un nuevo tipo de nihilismo anti-nihilista bajo la enorme sombra rechazada del situacionismo. Esto iba acompañado del historicismo genealógico de Michel Foucault y el anarquismo trascendental de Gilles Deleuze, antes de que te convirtieras a la ontología, según Badiou.
MEHDI BELHAJ KACEM — ¿Dónde dijo eso?

OLIVIER ZAHM — En la introducción a tu libro, Evènement et répétition. Creo que te seguía situando en el campo del nihilismo, en la desilusión posmoderna de una generación perdida postsituacionista, de la cual tú fuiste parte.
MEHDI BELHAJ KACEM — Society diga tal vez otra cosa, pero en Esthétique du chaos yo no rechacé realmente el situacionismo. Quería presentar una especie de situacionismo y deconstrucción artaudianos juntos.

OLIVIER ZAHM — Dices que no pasaste de largo el situacionismo. No estoy completamente seguro de que eso sea cierto, pues en esos dos libros inventaste conceptos con juegos de palabras, como eXistenZ (escrito a la manera en que Cronenberg lo hizo) e intercepción y vampirismo, en relación con la idea de espectáculo, que aquéllos modifican considerablemente. De acuerdo contigo, el espectáculo ya no es una condición terminal, sino una que se sitúa al interior de los textos y las imágenes, contaminándonos e infectándonos, reapropiando, incorporando y metabolizando (como eXistenZ de Cronenberg yendo en contra de la película Matrix): la tiranía de un espectáculo sin fin detrás del espectáculo mismo.
MEHDI BELHAJ KACEM — Estás confundiendo Esthétique du chaos con Society. Tenemos que fecharlas. Esthétique du chaos fue algo como Antonin Artaud versus Guy Debord. Tiene un capítulo llamado Alienación original, en el cual desarrollo la idea de que la alienación no nos sobreviene en un tiempo específico, en un etapa dada de desarrollo, por el capitalismo o la tecnología; la alienación es original y constituyente en el ser humano.

OLIVIER ZAHM — Es cierto. Mezclo los dos libros porque desde mi punto de vista fueron escritos en la misma línea, vertidos por el mismo impulso. También conservo el concepto de vampirismo, es decir, una manera inesperada de emerger de la depresión y el nihilismo de la simulación posbaudrillardiana. ¿Puedes decir algo acerca de esto?
MEHDI BELHAJ KACEM — Fue filosofía totalmente experimental. El texto que escribí sobre el vampirismo en Society fue una lectura de un apéndice de la Física de Aristóteles llamado Acerca de la generación y la corrupción. Fue también una respuesta al concepto de Derrida de espectro. En cuanto texto fue un poco delirante, aunque muy estructurado y conceptualmente riguroso. De cualquier manera, fue algo entre la filosofía y la literatura. Esthétique du chaos y Society fueron mi manera de vivir “la literatura”, pero siguen siendo historias, novelas conceptuales, escritas casi en primera persona.

OLIVIER ZAHM — Fue tu capacidad para aprehender, personal y existencialmente, los conceptos filosóficos esenciales lo que trajo repentinamente poder conceptual al frente.
MEHDI BELHAJ KACEM — Yo estaba hablando sobre mí mismo de una manera conceptual. Cuando describí la historia del vampirismo estaba hablando sobre algo bastante crudo en términos filosóficos, relacionados a la forma en que nos canibalizamos los uno a los otros.

OLIVIER ZAHM — ¿Y la forma en que tú canibalizas la filosofía misma, sus autores, textos e historia?
MEHDI BELHAJ KACEM — The Addiction, de Abel Ferrara fue una película que realmente me atrapó. Escribí sobre ella en Esthétique du chaos. La vi como si estuviera hipnotizado, sintiendo como si yo me estuviera mirando a mí mismo. Pero ahora que soy mayor, el carácter con el que más me identifico en ella ¡es el viejo vampiro de Christopher Walken! La primera vez que lo vemos aparecer en la película, él no había bebido sangre por 65 años. Sale caminando alrededor con una elegancia blanco y negra digna de Murnau. En medio de la calle dice: “No leí a Proust cuando acababa de ser publicado. Tuve otros problemas en ese tiempo”. Entonces conoce a la joven heroína, interpretada por Lili Tayloy —una magnífica actriz— y le habla a ella sobre Baudelaire, Burroughs y Nietzsche. En la banda sonora escuchamos una pieza de cello escrita por Nietzsche mismo (pero si tú no ves los créditos no sabrás que fue Nietzsche quien la escribió).

OLIVIER ZAHM — ¿Podemos decir que la filosofía está muerta, y que tú viniste a alimentar el cadáver mientras éste seguía tibio, chupando las últimas gotas de sangre de la vida filosófica?
MEHDI BELHAJ KACEM — Absolutamente (con el fondo de una pista de rap del estilo de Ol Dirty Bastad). Realmente me encontraba diciendo “vamos a tener diversión con la filosofía”, pero más bien con la así llamada muerte de la filosofía. Estaba muy cerca de lo que el arte contemporáneo estaba haciendo, con restos, basura, cuerpos muertos, etc., intentando hacer algo alegre con todo ello.

OLIVIER ZAHM — Fue algo alegre y oscuro a la vez, al menos en la revista EvidenZ, que tú fundaste en ese entonces.
MEHDI BELHAJ KACEM — Hicimos algunas amistades verdaderas. Creo que las amistades de EvidenZ han durado hasta el día de hoy debido a que compartimos momentos mágicos así como otros horribles, infernales. Nuestra comunidad “batailliana” se fue a la lona. Incluso hoy es como si nos siguiéramos comunicando por telepatía.

OLIVIER ZAHM — Fue tu idea llevar la revista EvidenZ y a tus amigos cercanos al grupo izquierdista radical, Tiqqun, dirigido por Julien Coupat. El criticismo del capitalismo de este grupo condujo a la elaboración de la Teoría del Bloom, la idea de una pérdida total de la identidad del individuo posmoderno, y a la ironía sobre la juventud en la Teoría de la Jovencita. El grupo fue a la vez metafísico y nihilista. ¿Por qué te uniste a ellos?
MEHDI BELHAJ KACEM — En realidad nunca estuve de acuerdo con ese tema del “fin de la experiencia” (ni con Giorgio Agamben, su escritor preferido). El ultranegativismo del Tiqqun, su pathos de anonimato y su clandestinación parecían problemáticos, incluso en ese tiempo. Cada uno de nosotros tiene una experiencia singular, por lo cual me encuentro completamente listo para pelear por mí mismo y en contra de la etiqueta de nihilismo.

OLIVIER ZAHM — En aquel entonces me pareció que tú continuabas peleando con esa cuestión.
MEHDI BELHAJ KACEM — Mi “gran” libro de metafísica, de 2009, L’esprit du nihilisme, es pura y sencillamente una deconstrucción del concepto de nihilismo. Cuando leo en Purple y en otros lugares que Badiou ve nihilismo por todas partes, yo difiero. Mi idea es la opuesta: el nihilismo no existe. La única cuestión seria es aquella sobre el Mal, sobre el sufrimiento y el horror que el Hombre introdujo al mundo. En mi opinión, el nihilismo es sólo un concepto reaccionario usado para evitar esa cuestión. Badiou, desde este punto de vista, es incluso más reaccionario que Nietzsche y Heidegger. Él conserva un alma maravillosamente decimonónica. La gran cuestión que esquiva el concepto de nihilismo es la cuestión del Mal. ¿Cómo podemos remover la cuestión del Mal de la religión y la teología para que pueda volverse la cuestión principal de la filosofía? Tal es la pregunta del filósofo a la que me siento más cercano — ella y los filósofos que parecen estar “malditos” y no leídos: Theodor Adorno, de la escuela de Fráncfort, a quien todo el mundo conoce pero nadie lee, Reiner Schürmann de Nueva York, y Philippe Lacoue-Labarthe de Estrasburgo.

OLIVIER ZAHM — Badiou dice que tú eres un nihilista anti-nihilista.
MEHDI BELHAJ KACEM — ¿Qué quiere decir eso? Nada. Para mí es algo nulo y vacío, dado que mis esfuerzos filosóficos de madurez de los últimos tres o cuatro años han consistido en rechazar la idea de nihilismo. Para alejarse del nihilismo todo lo que se tiene que hacer es deconstruir ese concepto. ¡En la medida en que la gente continúe preguntando, como lo han hecho por más de un siglo, “¿Cómo te puedes alejar del nihilismo?” ¡nunca terminará! El concepto mismo es falso. La realidad objetiva no es en absoluto nihilista. Nuestra generación no es en absoluto nihilista. Existe, no obstante, un sufrimiento absolutamente inútil que el animal humano, el ser metafísico, ha introducido en el mundo. Es el único verídico. El nihilismo es un modo pobre de dirigir la cuestión.

OLIVIER ZAHM — ¿Esta cuestión del nihilismo te ha permitido escapar de la influencia de Badiou?
MEHDI BELHAJ KACEM — Así es, últimamente eso es lo que me separa de Badiou. El nihilismo le sirve como un instrumento que le permite etiquetar a nuestra generación y nuestro tiempo. Es un puritano misántropo, lo cual le permite despreciar tranquilamente el universo entero. Es precisamente por esta misma razón que yo nunca tomé la mayor parte de los textos de Tiqqun demasiado en serio. Como tú dices, fueron demasiado lejos en el nihilismo con el nihilismo. Para ellos, no había ninguna salida. Eso no es pensar, sólo condenación, decir que todo está jodido, etc. Los filósofos negativos, como Adorno y Schürmann, no son en absoluto así. No es denunciación abstracta, sino construcción conceptual sofisticada, una que explique cómo llegamos aquí, a este horror.

OLIVIER ZAHM — Tiqqun fue, sin embargo, el último momento ultramilitante en Francia. Justificaron metafísicamente gestos destructivos y rebeldes; así como la última agenda posible. Instigaron el último discurso de la izquierda radical, ¿no es así?
MEHDI BELHAJ KACEM — No. Más tarde, en Francia, con mi instigación de tipo trickster, yo volví a disparar en contra de Badiou. Existe una suerte de moda neomaoísta, neoestalinista, que perderá fuerzas rápidamente, en mi humilde opinión. De una cierta manera se me salió de las manos. Defendí a Badiou por razones estrictamente metafísicas, pues él es un gran metafísico. Y él sacó ventaja de la publicidad que creé en torno suyo. Tuvo su efecto propagar neomaoísmo posmoderno, aunque bastante trivial.

OLIVIER ZAHM — ¿Es ésa la diferencia entre Tiqqun y EvidenZ? ¿Y entre ellos y tú?
MEHDI BELHAJ KACEM — La Teoría del Bloom escrita por el grupo Tiqqun sólo habría tenido sentido si se hubiera vuelto un bestseller gigantesco, usado por todas las masas alienadas y las subjetividades vacías. Pero para los filósofos, se trata sólo de un cliché. Sabemos muy bien que la subjetividad está hueca, que no hay identidad, etc. Por otro lado, las entidades únicas —yo, tú y todos los demás— no están vacías. Es muy fácil para un intelectual blanco izquierdista radical burgués en Tiqqun decir a una persona negra, a un homosexual o a una mujer que “no hay más gente negra, sólo Blooms que pretenden ser negros; no hay mujeres, sólo Blooms que pretenden ser mujeres”. En una altura especulativa distinta, Badiou hace exactamente lo mismo con su teoría del sujeto. Es un discurso metafísico que cancela la idea de unicidad, que es sólo un pretexto para el universal positivo, para el Comunismo. Una mujer, un negro o un gay no podrían haber escrito ni la Teoría del Bloom ni la Teoría del sujeto de Badiou. Dicha declaración las refuta por sí sola.

OLIVIER ZAHM — ¿De modo que nunca has descartado la singularidad o la unicidad, especialmente desde que sigue estando vinculada al cuerpo y el goce sexual?
MEHDI BELHAJ KACEM — Digamos que existe también un machismo que toma refugio en la abstracción metafísica, con el fin de humillar a los individuos singulares, a los pervertidos, a la gente perversa y “enferma”. Nuevamente he vuelto a estar bastante más cerca de Foucault, del lado de los perversos y los enfermos — no del lado de la gente straight con salud excelente. De cualquier manera, en ese tiempo mi forma de reaccionar a ello, dado que no tengo una sexualidad dominante, era decir que soy heterosexual puesto que caigo enamorado con las mujeres. También me siento muy bisexual. Conocí a Badiou de manera muy personal. Él es muy violento al respecto, sin ser consciente de ello, ya que es casi insultante. En ese tiempo, cuando todavía éramos amigos, ¡lo llamaba “machismo trascendental”!

OLIVIER ZAHM — Definitivamente estás del lado del pervertido polimorfo.
MEHDI BELHAJ KACEM — Polimorfo… como todos los demás, lo cual es cada vez más obvio. Eso es lo que los heterosexuales del universalismo abstracto siguen sin entender. No comprenden su propia unicidad, sólo lo hacen si es inmediatamente empujada a la columna universal. Jean-Claude Milner atacó a Badiou, llamando universalismo simplista a sus ideas, y clavándolo en el nombre de san Pablo. De cualquier manera, desde este punto de vista, yo soy un paulino, ya que san Pablo no dice: “Desháganse de sus singularidades como lo harían de sus hábitos y comuniones, todos unidos a esta subjetividad incolora”.

OLIVIER ZAHM — Te reconciliaste, no obstante con Tiqqun y la comunidad que Julien Coupat fundó en Tarnac, Corrèze. En 2008, cuando él cumplió seis meses de detención preventiva por estar vinculado al saboteo de una línea de tren de alta velocidad, tú lo apoyaste públicamente.
MEHDI BELHAJ KACEM — No existió ninguna prueba de ese supuesto ataque terrorista. Por supuesto era necesario apoyar a Julien. Fue un escándalo, un crimen de opinión, puro y simple. En verdad estamos viviendo en eso que Guy Debord, en sus Comentarios a la sociedad del espectáculo, llama una “guerra civil preventiva”. El Estado no responde a una guerra que es librada en contra suya como efectivamente lo hicieron Action directe o la RAF, donde las acciones caían bajo el estandarte de la ley general. En lugar de esto, el Estado responde intelectualmente. Se revierte dentro del crimen de opinión, lo cual significa que el Estado, en su paranoia, admite que existen razones por las cuales se le declararía una guerra abierta. Como sea, yo no fui el único en movilizarse. Toda la izquierda radical lo hizo. Pero, con excepción de Giorgio Agamben, ellos lo hicieron con guantes de seda. Badiou desprecia todo eso. Es la política que no existe. Es “política pequeñoburguesa”, como él dijo en televisión. De acuerdo con Badiou, todo el mundo occidental está conformado por una pequeña burguesía monocromática. Y es él, al final, quien queda completamente solo. Me siento como si estuviera diciendo “¡pequeñoburgueses del mundo, uníos!”

OLIVIER ZAHM — Ahora tú defiendes a Julien Coupat en contra de Alain Badiou, pero en aquel entonces tú te dirigiste a Badiou para encontrar bases conceptuales para tu revuelta.
MEHDI BELHAJ KACEM — Badiou y Tiqqun representan el puritanismo de la denunciación abstracta del capitalismo, que no lleva a ningún lado. Pero cuando Badiou llamó la comunidad de Julien en Tarnac “política pequeñoburguesa”, yo estaba realmente impactado. Uno tiene que decir que él y su “comunismo” son hoy estereotípicamente leninistas. Es el comunismo intelectual del profesor granburgués que pretende educar al pueblo y guiarlo por el hocico hacia la revolución.

OLIVIER ZAHM — ¿Cómo te defines a ti mismo políticamente?
MEHDI BELHAJ KACEM — Soy profundamente marxista-situacionista, lo cual significa que soy un marxista o bakunista original. El único Sujeto es el pueblo, el proletariado, no el pequeño padre del pueblo o el gran timonel. Yo detesto esa concepción de lo político. Desde este único punto de vista, la experiencia de comunidad de los Tiqqun en Tarnac, en un pequeña aldea en Corrèze, incluso reducida, es sin embargo una verdadera experiencia concreta de comunismo. Plantaron sus vegetales; abrieron un restaurante para la gente de allí. Badiou nunca hizo este tipo de cosas. Él es un académico que fue a una fábrica como otros van a un safari — y entonces se atreve a venir y darnos lecciones. Nunca ha experimentado el comunismo real. Bataille, Blanchot y Nancy, ellos fueron mucho más útiles para el advenimiento del comunismo que todo lo que Badiou o Žižek digan, que son sólo estúpidas recitaciones litúrgicas de Stalin o Mao. Los anarcosindicalistas españoles y Mayo del 68: ésos fueron reales. No fueron intelectuales dictando lo que el comunismo debería ser para todos nosotros.

OLIVIER ZAHM — ¿Fue Théorie du trickster (2002) una respuesta a, o una versión positiva de, la figura negativa del Bloom de Tiqqun  el hombre sin cualidades, que todos hemos devenido, de acuerdo con ellos?
MEHDI BELHAJ KACEM — El trickster proviene de Society, pero es un personaje conceptual que inventé para ir en contra de Tiqqun. Se refiere a un “bribón divino” o un “hombre de los cien trucos”. Es Peter Pan. Es el jugador. Es el sinvergüenza que asume el sistema, el mediático amistoso, el hombre filosófico, el artista: todos ellos. Hay toda una pila de juguetes descompuestos alrededor de él, y él les regresa la vida. Algunas veces trae a la vida momias, como Mao o Stalin, pero no necesariamente a propósito. Para simplificar: hay que arreglárselas con lo que hay. Incluyendo performances, los medios de comunicación, etc. El personaje conceptual del trickster está siempre basado en la intuición, en la cuestión de la ley, las reglas y la transgresión filosófica.

OLIVIER ZAHM — El trickster vence la ley con su juego, o haciendo lo mejor con una situación posespectacular. Pero ¿no es también un manipulador desde este punto de vista  un manipulador histérico, opuesto a los esquizofrénicos de Deleuze y Guattari?
MEHDI BELHAJ KACEM — Un día mi compañero me dijo: “En verdad, Mehdi, tú te manipulas a ti mismo”. Eso es muy kleistiano, ser tu propia marioneta.

OLIVIER ZAHM — Tú no manipulas a nadie más que a ti mismo, incluso con tu escritura, que incorpora tu cuerpo y alma en un ámbito experimental.
MEHDI BELHAJ KACEM — Detesto cualquier forma de manipulación de los demás. Yo sólo me manipulo a mí mismo. Ésa es otra razón de mi crítica actual a Badiou. Él mantiene una aproximación manipuladora sobre los demás. Y debemos recordar que fue su leninismo extremo lo que le llevó a apoyar a Pol Pot en los 70, en Cambodia. Esa organización secreta y omnipotente que movía los hilos en las sombras era llamada Angkar Padevat. Exterminó media población de ese país, sin razón aparente. A final de cuenta, ésta es la filosofía de Badiou: manipulación y exterminación generalizadas de las singularidades. Para mí, el juego es algo totalmente diferente de la estrategia o manipulación política. Es algo casi antinómico. Mi ética es: “No manipules a nadie más que a ti mismo”. Rechazo toda política basada en la dominación, o en el líder ilustrado dando órdenes que resultan sólo en generalizaciones abstractas y un cortejo de masacres.

OLIVIER ZAHM — ¿Puede ser considerada esta automanipulación una transgresión, en un sentido filosófico?
MEHDI BELHAJ KACEM — Ya no más. He estado pensado sobre ello recientemente: el fin del heroísmo transgresor, de eso es de lo que se trata. Es la experiencia de nuestra generación. En el arte, desde Sade a, digamos, Pasolini, hubo heroísmo transgresor. Durante la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco, y entonces para nosotros, desde la Revolución Francesa hasta la mitad de los 70, hubo heroísmo transgresor. Nosotros somos sus hijos. Desde hace 30 años la transgresión ha ido a parar a ninguna parte, y ha perdido su carga subversiva. Vemos el resultado hoy en día: su cinismo. Escandalizamos al burgués, pero lo hacemos cínicamente, de una manera burguesa, a fin de hacer más dinero. Tal es el único tema de mi filosofía. Si tienes que resumirla en una sola sentencia ésa sería: ¿Qué hacemos en la época del fin del heroísmo transgresor?

OLIVIER ZAHM — ¿Cómo comienzas de nuevo?
MEHDI BELHAJ KACEM — No he llegado allí todavía, pero uso un juego de palabras, con las palabras francesas “je” (yo) y “jeu” (juego). ¿Por qué no jugar con ambas palabras? Una transgresión múltiple, eso es todo. No sé, todavía, cómo decirlo más precisamente. Sé intuitivamente, sin ser capaz de teorizarlo exactamente, que el futuro yace en algo así como una transgresión múltiple. Es rizomática en naturaleza. Y estoy envuelto en ella, por supuesto.

OLIVIER ZAHM — Tu relación con la filosofía es también algo similar a una transgresión múltiple, con todos los cambios de sentido en tu escritura, y tu manera de desvincularte de ti mismo en tiempos abruptos.
MEHDI BELHAJ KACEM — A lo que llamo trickster es básicamente a mi experiencia en filosofía: el doble juego de escoger la filosofía más exigente. Como un pirata que viene a saquear el corpus filosófico, desde afuera del sistema universitario, o como un vampiro que viene a robar unos cuantos conceptos. El acabar convirtiéndose en un filósofo tan creíble como los establecidos, dialogando con ellos, pero nunca entrando en el campo académico de la filosofía, es de hecho un juego múltiple de transgresiones. Es un arte, y es mi manera de hacer las cosas. Me encuentro ahora en mi período Stradivarius Trickster. He dominado mi instrumento, y veo que mi joven generación de filósofos de 20 y 30 años están siguiéndome, tomando mi ejemplo. Ellos entienden mi posición filosófica mucho mejor de lo que lo hacen los académicos universitarios; ¡especialmente si ya son académicos!

OLIVIER ZAHM — Regresemos a 2001/2002, cuando descubriste la filosofía de Alain Badiou. Nos sorprendió tu repentina atención a la metafísica matemática de este filósofo todavía bastante desconocido. Ya no reconocíamos tu estilo, tu libertad, tu escritura caótica e inspirada.
MEHDI BELHAJ KACEM — Se encontraban bastante disgustados. Pero hace falta decir que yo fui la primera persona en Francia en decir: “¡Eh!, no estamos hablando solamente sobre Derrida, Foucault y Deleuze. Hay alguien más que es tan grandioso como ellos: Alain Badiou. Ciertamente es conocido, pero el alcance total de sus hallazgos no lo es”. En ese momento me sentí obligado a decir que él era mejor que todos los demás. Necesitaba producir un efecto.

OLIVIER ZAHM — Seguirte fue bastante confuso.
MEHDI BELHAJ KACEM — En ese momento yo ya era considerado egocéntrico y pretencioso. La gente decía que se me fue mi mecedora: ¿por qué MBK nos está endilgando a este viejo maoísta metafísico desde la École Normal Supérieur? Me hicieron pagar por ello. Pero estoy feliz de hacerlo, porque lo que dije era cierto.

OLIVIER ZAHM — ¿Leer El ser y el acontecimiento de Badiou fue impactante para ti?
MEHDI BELHAJ KACEM — Bastante impactante. Una sensación deslumbrante que no negaré hoy en día. Dediqué cuatro meses leyéndolo. Al mismo tiempo me encontraba en la pre-producción de la película Sauvage innocence, de Philippe Garrel, en la cual desempeñé la parte principal. Fue la primera vez que leí a un contemporáneo mío como si hubiera leído a un clásico.

OLIVIER ZAHM — ¿Fue complicado leerlo?
MEHDI BELHAJ KACEM — Es un libro filosófico, de modo que lo leí de la misma manera en que leí la Física de Aristóteles o la Crítica de la razón pura de Kant. Tomé nota. No es un libro que puedas leer de otra manera, saltando alrededor. Necesitas tener una pluma a la mano, y leerlo de una manera escolar.

OLIVIER ZAHM — ¿Por qué iniciaste The Cell, el seminario que hiciste en Purple?
MEHDI BELHAJ KACEM — Porque fue circular. Para entender el libro, necesitaba comunicarlo a los demás. Y el grupo en torno a EvidenZ se había desmoronado recientemente. Durante semanas pude encontrar a algunos de mis amigos en Purple —mis amigos más cercanos, y mis estudiantes— gracias a ti, por supuesto. Somos los filósofos no-académicos. Siempre tenemos que encontrar técnicas diferentes de comunicación y transmisión, que no tengan lugar en un salón de clases o en una conferencia.

OLIVIER ZAHM — Con Badiou redescubriste la posibilidad de un retorno a la metafísica —esto cuando todos nosotros éramos más o menos deleuzianos— contra la multiplicidad y todo el asunto del rizoma, lejos de la cuestión del Ser y la Verdad.
MEHDI BELHAJ KACEM — Badiou sigue siendo indudablemente el más grandioso creador de metafísica contemporánea, y también un extraordinario técnico del concepto. Badiou, Deleuze y Heidegger fueron probablemente los tres grandes metafísicos de nuestro tiempo, al menos en el sentido académico. Pero están también Schürmann, Blanchot y Lacan, esto es, pensamiento no sistemático y laberíntico, con construcciones dispersas y caóticas. En realidad, ellos inventaron otras muchas cosas, pero fueron mucho menos académicos. Fueron heréticos, y, de hecho, me encuentro de su lado.

OLIVIER ZAHM — ¿De qué manera te influyó la ontología de Badiou? Lo que retuviste fue su pensamiento sobre el Ser y el Vacío, la ecuación que dice que el Ser no es el Uno, sino el Cero.
MEHDI BELHAJ KACEM — Sobre este asunto ontológico Badiou está en lo correcto. Es un metafísico sorprendente, ya que la identificación matemática equivale a la ontología  tal fue su descubrimiento. Si elegimos entre el caos de la multiplicidad y el vacío es seguro que el vacío es ontológicamente más fuerte. Pero ahora nos toca a nosotros agarrar fuertemente el vacío. Afortunadamente, no es una marca registrada “Made in Badiou”. [Risas]

OLIVIER ZAHM — Recuerdo que durante The Cell te estabas volviendo cada vez más paranoico y te apartaste de toda la gente. Una mañana abandonaste Purple sin ninguna advertencia, llevándote todos tus libros en bolsas de basura, y simplemente desapareciste.
MEHDI BELHAJ KACEM — Eso es cierto. Me escapé. Abandoné París, Purple y a mis amigos. Definitivamente me volví paranoico. Me sentí perseguido.

OLIVIER ZAHM — ¿Por qué?
MEHDI BELHAJ KACEM — Probablemente necesitaba estar solo. Necesitaba algún tipo de pretexto psicótico. Me sentí injustamente atacado después de que hice mi centramiento filosófico sobre Badiou. Y había otras cosas profundas sucediendo, cosas que sólo desenredé muchos años después, luego de trabajar en ellas por un largo tiempo. Ya Badiou se había vuelto una presencia muy invasiva en mi vida. Me volví cercano a él. Él me estaba ayudando a escribir. Leía los borradores y preparaciones de mi libro siguiente. Me dio notas. En los medios de comunicación me volví “el chico Badiou”, incluso aunque tenía mi propia y enteramente diferente manera de pensar. Pero para mí fue necesario llevar todo esto hasta el final de su madurez sistemática. Fue por eso que huí.

OLIVIER ZAHM — Es probable que el que te centraras tanto en Badiou fuera muy radical, poniéndote en contradicción contigo mismo. Esto es lo que sentimos de ti entonces, incluso si estábamos listos a seguirte en tu interés sobre este filósofo.
MEHDI BELHAJ KACEM — Es evidente que Badiou te arrastra a una especie de puritanismo abstracto, algo que no va conmigo en absoluto. Así que junto con mi paranoia existía una división entre lo que Badiou me había traído y la dirección que yo quería tomar. Estaba cortado en dos partes. Posteriormente se volvió peor, ya que para entonces Badiou era mejor conocido, y yo me estaba avergonzado más y más del espectáculo que él estaba haciendo de sí mismo en los medios de comunicación. No sólo era yo, una gran cantidad de gente joven que lo había leído y seguido en ese tiempo no podía tolerar lo que él estuvo diciendo los dos años anteriores. Incluso sus viejos amigos lo dejaron. Todo se volvió ridículo.

OLIVIER ZAHM — ¿Qué te condujo a tu reciente y extremadamente violento parricidio de Badiou?
MEHDI BELHAJ KACEM — La historia de la filosofía está repleta de parricidios. El mío podría ser un poco más espectacular, pero al final es sólo uno entre muchos otros. Como Badiou acepta voluntariamente ser una figura paternal, que deliberadamente aplasta a otros, yo tenía evidentemente que hacerlo de manera violenta, espectacular, para hacerlo claro a todos, incluyéndolo a él. De otra manera él habría continuado empollando sobre nosotros como una gallina, asfixiándonos con sus “verdades positivas eternas”, estimulado por Mao y el machismo, hasta quedar sofocados. [Risas] Cuando se es vasallo de un filósofo estrella como él, no se puede simplemente chasquear los dedos cuando lo dejas. Tienes que usar herramientas filosóficas. Toma años. En verdad considero que mi período paranoico comenzó porque estaba rechazando partes de la filosofía y la estética de Badiou, las cuales tienen cosas inaceptables e incluso escandalosas. Me tomó años preparar el coraje para decirlo, y para tener los medios conceptuales para refutar su delirio.

OLIVIER ZAHM — ¿Cuáles fueron los términos de tu ataque a Badiou? ¿Qué es lo que más te reprochas actualmente?
MEHDI BELHAJ KACEM — Luchamos por él, y al final él se hizo pasar por el filósofo (“el gran filósofo”). Él dice que la filosofía es esto, que la filosofía es aquello, esto es, “¡la Filosofía soy yo!” Sí, Badiou volvió a impulsar la ontología por un cierto tiempo, para mí mismo y para mi generación. Pero no, ¡él no es la filosofía! Ésta se alejará de él completamente ahora, lo cual es algo bueno. Cuando él dice “Filosofía con una F mayúscula soy yo”, “el Bien soy yo”, “la Verdad soy yo”, “la Virtud soy yo”, se vuelve a sí mismo ridículo. Además, no sólo no es cierto. Bien ha mostrado estar mal, en arte y en política.

OLIVIER ZAHM — ¿No es esto lo que debemos esperar de un filósofo sartriano? Que debería proveernos una cierta visión, que debería encarnar la crítica del presente, o que debería decirnos qué hacer, en contra de aquello que el espectáculo nos dice hacer, o la política nos ordena hacer.
MEHDI BELHAJ KACEM — Es cierto que desde el exterior la gente sigue interesada en un filósofo que hable con palabras hermosas acerca de cómo avanzar hacia la Bondad, acerca de curación, buena política y la ética correcta. Los filósofos “negativos” han dicho No. Esto está ahora en el orden del día, por lo cual nos hemos infligido este sufrimiento inútil en nosotros mismos. Por qué lo hemos hecho es una pregunta seria. Me parece frívolo que un filósofo quiera dar lecciones positivas. Ésa es filosofía para amas de casa aburridas, los puntos de vista abstractos de alguien que ha vivido sólo en condiciones sociológicas privilegiadas, las cuales carecen de valor. Déjame darte un ejemplo. Badiou dice “La muerte no existe, es un cambio en la función de la apariencia”. ¿Cómo ayuda esto a alguien que fue deportado a Auschwitz, o a un niño vietnamita deformado por Agent Orange? Es obsceno. Me gustaría ver a Badiou dar su discurso de que la muerte no existe a los sobrevivientes del terremoto en Haití. Me parece absolutamente obsceno. Uno no puede hablar de la muerte como si se tratara de un régimen de desaparición entre otros. Pero eso es Badiou. Se trata también de la limitación de la ontología, lo cual quiere decir que no necesitamos a Badiou para saber que cuando morimos desaparecemos como un cubo de azúcar en una taza de café. La muerte es otra cosa. Desde este punto de vista, incluso Heidegger es muy superior a Badiou cuando se trata de la Vida y la Muerte — Deleuze lo es también, y Blanchot, y yo mismo. Cuando un filósofo tiene una concepción completamente original de la muerte podemos darle el “número mágico”. Badiou sólo ve la muerte desde la perspectiva del burócrata tiránico.

OLIVIER ZAHM — ¿De modo que tú crees que un filósofo ya no puede tener un rol poderoso?
MEHDI BELHAJ KACEM — Bueno, Lacoue-Labarthe está en lo correcto: la filosofía está muerta. En esto fracasa al final la carrera de Badiou. Él quería que creyéramos en la resurrección de la filosofía, como el renacimiento de la Tragedia de Wagner. Pero se trata de un fraude, ¡la gran estafa filosófica! Existe una lealtad, una probidad, en Foucault, Derrida, Deleuze, Nancy y Lacoue-Labarthe que no existe en la generación maoísta. Se ha sacrificado. Vaya desperdicio. Badiou fue el genio de su generación. Pero uno no deja atrás diez años de militantismo grupal fanático. Uno sigue teniendo los reflejos de un charlatán.

OLIVIER ZAHM — Más allá de su fidelidad al maoísmo, ¿qué más le reprochas a la política de Badiou?
MEHDI BELHAJ KACEM — Ahora mismo pienso bastante en el Jardín de Epicuro. Epicuro fue el más grande ateo de todos los filósofos griegos, y aquel que contó la menor cantidad de mentiras. Yo cambiaría toda la República de Platón por el De rerum natura de Lucrecio, un poema mucho más esencial para nuestro tiempo que la República, que nos sabemos de memoria. Si vamos a transformar el mundo en una cueva gigante, bien, lo entenderíamos. El mundo es ya un campo gigante de concentración, que únicamente se hará peor. Badiou nos presenta la República como el Paraíso, pero es sólo un pretexto para expresar su misantropía. ¡Insulta a todo el mundo! [Risas] Tú, yo, ¡Žižek! “Va a ser genial. Vamos a sacarlos a todos, por Dios”. Obviamente, lo que obtienes de esto son catástrofes concentradas. Inversamente, Epicuro y el gran poema de Lucrecio a partir de él no son mentiras: el cielo está vacío, no hay dioses y el mundo es un cortejo de horrores, desastres, orgías y endogamia. Y esto es por tanto el fin de Badiou. Lo he leído todo y lo he entendido todo — y no gracias.

OLIVIER ZAHM — De la consigna francesa revolucionaria Libertad, Igualdad, Fraternidad, los Estados Unidos han escogido la libertad  por encima de la igualdad. ¿El comunismo de Badiou es lo contrario de esto?
MEHDI BELHAJ KACEM — Es tan simple como la nariz de tu cara: con Badiou, la cuestión de la libertad ni siquiera existe. Todo es igualdad, igualdad y más igualdad. Y hemos visto lo que la igualdad hace bajo ciertas condiciones: las mentiras del Estado chino, y luego en Camboya.

OLIVIER ZAHM — Más allá de la oposición filosófica y anti-filosófica que tú rechazas, ¿no es la diferencia entre tú y Badiou sólo una cuestión de estilo? Específicamente, respecto del rechazo a crear un sistema, su escritura subjetiva y la relación con la locura.
MEHDI BELHAJ KACEM — Para mí, la “dificultad” de Badiou no es que preste atención a la locura, sino que simule ser un “racionalista” a la manera del siglo xix. Es sólo una pose, del filósofo puramente racional y positivo que está siempre del lado del Bien. Éste no existe ya y no puede ir más lejos. Por su pose de filósofo absolutamente blanco, científico, virtuoso, racional, incluso si protesta en las calles con los africanos ilegales, ¡uno se da cuenta de que tiene a un loco delirante enfrente! A veces me siento como metiendo un embudo en él. Durante dos siglos, desde Hegel, quien estaba loco en los años previos a que pudiera escribir la Fenomenología del espíritu, y desde Hölderlin, la simple posición del “filosofó racional” ha quedado consumada. Tal es el fraude de Badiou y su “resurrección platónica”.

OLIVIER ZAHM — Respecto de la cuestión de la locura en 2011, ¿cómo te posicionas tú mismo?
MEHDI BELHAJ KACEM — Bien, yo no propongo una regresión, pero propongo una síntesis de la relación de la locura con la filosofía. Han existido filósofos locos como Hölderlin y Nietzsche; pero también Bataille, o Artaud, a quien considero una especie de filósofo. Entonces vino la segunda ola, el “momento francés”, con Deleuze, Guattari, Foucault, Derrida, etc., que fue la integración de la locura en la reflexión filosófica. Al aceptar la locura alcanzaron cierto grado de “sabiduría”. Entonces está el parricidio de Badiou, el momento anti-Badiou, que yo estoy comenzando. Estoy intentando una filosofía en la que la locura es el Rey, y la racionalidad emerge de la locura, no al revés. Luego de la “folisofía” (un juego de palabras que combina la palabra francesa para locura, “folie”, con “filosofía”), como Jacques-Alain Miller la llama, los filósofos modernos que se volvieron locos, como Hölderlin y Nietzsche, fueron considerados bastante justificados en hacerlo, considerando el desastre histórico que el siglo xx iba a ser, especialmente en Alemania. Su locura fue sabiduría verdadera. Se trataba de una idea grandiosa: mejor volverse loco que aparentar o pretender racionalidad, que podría traer incluso más catástrofes; no de un simple problema. Creo que la paradoja dialéctica consiste en decir que el Mal es primero, que la locura y la psicosis son primero. Llamo a esto psicosis original. Frota dos piedras entre sí cuando crees que eres algo cercano a un animal — como si hubieras visto alguna vez a un animal haciendo fuego.

OLIVIER ZAHM — Sí, surgiría más de una pregunta.
MEHDI BELHAJ KACEM — ¡Llamarías al veterinario! Dirías: “¡Están locos!” La racionalidad comienza con un acto de locura. Es por esto que uno sólo ve psicosis o esquizofrenia en los humanos.

OLIVIER ZAHM — Y si Badiou ya no es el filósofo vivo más grande, ¿quién es?
MEHDI BELHAJ KACEM — Badiou, ¡ay! Alguien le preguntó a André Gide: “¿Quién fue el poeta más grande del siglo xix?” Él contestó: “Victor Hugo, ¡ay!” En el siglo xix hubo extravagantes como Baudelaire, Rimbaud y Lautréamont. Pero, con su frágil, dañino y enfermizo trabajo, ellos estaban ya entrando al siglo xx. Victor Hugo seguía estando en el xix. Uno puede volver a leer con el mayor placer La Légende des siècles, pero es ciertamente una obra del siglo xix. Para mí, Badiou es un tanto como Victor Hugo. Filósofos como Lacoue-Labarthe, Theodor Adorno y Schürmann son un tanto como lo que Baudelaire, Rimbaud y Lautréamont fueron comparados con Hugo. Son filósofos del siglo xxi, no del xx.

OLIVIER ZAHM — ¿Qué te ha dado lo que has investigado en estas filosofías negativas?
MEHDI BELHAJ KACEM — Estoy orgulloso de tratar de hacer un sistema basado en lo que estas grandiosas filosofías negativas me dan. Adorno es el filósofo con el que me siento más cercano, ética, política y estéticamente. Sigue sin ser leído hoy en día, aún sin descubrir. Pero fue Lacoue-Labarthe quien me llevó completamente lejos de Badiou. Me condujo hacia un concepto del acontecimiento que está completamente separado del acontecimiento en el sentido de Badiou. No es que Lacoue-Labarthe proponga conceptos específicos de acontecimientos, pero gracias a sus lecturas geniales de Hölderlin y Rousseau yo encontré mi propio concepto del acontecimiento, el cual es tan original y complejo como los de Heidegger, Deleuze y Badiou. Leí y releí a Reiner Schürmann, un filósofo que veneré por mucho tiempo, incluso desde Esthétique du chaos. Él es el más grande heideggeriano del siglo xx. Su pensamiento es el más negativo, el más oscuro de la historia de la filosofía, por lo cual no se lo lee, y por lo cual él debe, en mi opinión, ser leído. Su Des Hégémonies Brisées, el más grande libro de filosofía de los últimos 25 ó 30 años, fue publicado en 1996. La Teoría estética de Adorno fue publicada en Francia sólo en 1995. Así que, como ves, hemos llegado al punto de partida: heme aquí hablando de libros que fueron publicados en Francia cuando yo mismo comenzaba a ser publicado. Yo llegué a estos libros sólo recientemente. Siempre existe algún tipo de contratiempo.

OLIVIER ZAHM — En tu último libro Inesthétique et mimèsis, que es sobre arte, vuelves a reflexionar sobre las cosas que vinculan el arte a la política. Es muy anti-Badiou.
MEHDI BELHAJ KACEM — Lo que el filósofo puede ofrecer al artista, al científico o al político es mostrarle cómo las cosas se conectan. Es muy académico con Badiou, al igual que con Platón. No hay otra forma de decir esto: su idea es separar, decir que hay amor de un lado y política del otro — aquí está el arte, allá está la ciencia. Cuando Badiou desciende de su plataforma metafísica, él es muy decepcionante. Las cosas que escribe sobre arte son simplemente no satisfactorias. Sus comentarios sobre Mallarmé pueden ser grandiosos, pero no hay mucho más. Publicaron lo que escribió sobre cine y es en verdad bastante malo. Incluso los libros sobre cine de Deleuze son útiles, al menos para criticar el cine. De hecho, son libros sobre filosofía, los cuales uno debería leer si uno ama la filosofía. Es un placer estético. Son libros de filosofía excelentes. Lo más importante que la filosofía puede ofrecer, como sucede con Adorno y Lacoue-Labarthe, es mostrar la sutura filosófica-política, que es extremadamente peligrosa, y algo de lo cual artistas y políticos prefieren no saber nada.

OLIVIER ZAHM — El vínculo entre el arte y la política es la principal cuestión de Lacoue-Labarthe.
MEHDI BELHAJ KACEM — Es su único tema. Escribe, releyendo a Nietzsche: “Bayreuth es sólo una prefiguración del nazismo, Bayreuth fue el nacimiento del nazismo”. Esa línea lo dice todo. No es sólo una fantasía, es una demostración. Él es un gran filósofo. Trabajó su vida entera para mostrarnos eso. Si bien gastó la mitad de su vida en hospitales psiquiátricos, o en profunda depresión, pues vio lo que no queremos ver. Es un filósofo trágico.

OLIVIER ZAHM — Hace no mucho tiempo que tú mismo estuviste en un hospital psiquiátrico.
MEHDI BELHAJ KACEM — Sí, estuve muy paranoico por varios años. Y el año pasado fui golpeado por una depresión mayor, exactamente después de Inesthétique et mimèsis. Yo hice lo que Lacoue-Labarthe hizo. Fui a una clínica. No me quedé por mucho tiempo, gracias a Dios. No estoy tan deprimido como Adorno, Schürmann o Lacoue-Labarthe. Pero siento la responsabilidad de perseguirlos.

OLIVIER ZAHM — Volviste a una idea que siempre tuviste acerca de la sutura entre arte y política. Por arte, tú entiendes arte contemporáneo, arte de tu tiempo; y por política, la política de hoy. ¿Cómo llevamos a cabo en el arte contemporáneo eso que limita con la convención de la transgresión?
MEHDI BELHAJ KACEM — Ahora que hemos llegado al academicismo de la transgresión, no tengo ningún consejo que dar. Si toda esta aventura de arriba abajo me ha enseñado algo, es el desprecio absoluto por un filósofo que se atreve a dar consejos. Considero que la idea de “múltiple transgresión” es quizá un indicio, pero no es un consejo. Una vez más, en el arte, como en todo lo demás, la cuestión importante no es acerca del nihilismo, es la cuestión del Mal. El arte contemporáneo es la exposición positiva del Mal, desde Sade y Goya hasta las series de televisión actuales, el rock, el rap, las películas y el death metal. Estamos rodeados de exposiciones positivas del Mal, mientras vivimos en las sociedades más pacíficas que han existido, tan sólo 65 años después de la última guerra mundial. Desde este punto de vista, y aquí nuevamente estoy siendo guiado por Lacoue-Labarthe, el arte es tanto mímesis como catarsis. Con la violencia omnipresente en el entretenimiento, vivimos en una catarsis generalizada.

OLIVIER ZAHM — ¿Ves alguna conexión entre la tragedia griega, que para ti no es teatro en el sentido que conocemos hoy en día, y el arte contemporáneo de performance?
MEHDI BELHAJ KACEM — No es simplemente que yo crea eso: es un hecho. El teatro griego devino teatro con la llegada de Eurípides y Aristóteles. Antes de eso era sólo rito religioso y performance. Requerimos contar con el tiempo para entrar en esa conexión de mímesis-catarsis. Por supuesto, todo eso está en mis libros.

OLIVIER ZAHM — ¿Qué performances de hoy en día serían dignos de la tragedia griega?
MEHDI BELHAJ KACEM — Escuchándote me doy cuenta de lo que se está olvidando en el performance actual, respecto de los griegos. Pero ésa es mi polémica con los revivals wagnerianos y mallarmeanos. Esa gente está en búsqueda de la ceremonia. Yo busco el ritual, y permanezco batailliano, o artaudiano. Bataille es extremadamente importante, y no ha sido citado lo suficiente. La ceremonia y el ritual no son la misma cosa.

OLIVIER ZAHM — ¿Cuál es la diferencia entre ceremonia y ritual?
MEHDI BELHAJ KACEM — La ceremonia es católica. Es la Iglesia. Alguien lee o pronuncia la liturgia y la gente la continúa. Es la disciplina de las masas. El ritual es algo en lo que todos pueden participar. Es lo suficientemente organizada como para dar lugar a la singularidad. Pero si presto atención a lo que está sucediendo en el arte de mi tiempo, incluso desde lejos, sigo sin querer dar consejos a los artistas. Lo que es importante para mí es producir un discurso filosófico que pueda ayudar a un artista, si él o ella está interesado, lo cual implica que él o ella no tiene que aplicar mis tesis.

OLIVIER ZAHM — Has estado trabajando en un libro sobre sexualidad por bastantes años, ¿cierto?
MEHDI BELHAJ KACEM — Lo terminé hace año y medio. Está descansando en un cajón. Puesto que yo mismo estaba metido en un cajón, mis libros fueron a dar allí mismo también. Ahora me encuentro rejuveneciendo. Me curé de mi larga enfermedad. Veremos lo que hacen de este libro. Es una tesis de la cual estoy enormemente orgulloso. Pero ciertamente ha conmocionado a personas que han leído el texto. Lo publiqué en internet. La gente joven lo entiende, la gente vieja no. La gente vieja me pregunta: “¿De qué estás hablando? Es una locura. O quizá has sido engañado por la apariencia femenina”. Gracias, pero no. Es una tesis bastante audaz sobre la cuestión de la sexualidad, una tesis impactante. Me tomó siete u ocho meses explicársela a mi novia. Ella decía: “¡Pero eso es asqueroso!” Lo entendió después, porque pudimos hablar concretamente sobre nuestra sexualidad, y yo pude argumentar con éxito. Más tarde te das cuenta de que ya no es impactante. Ves tu propia sexualidad, tu forma de hacer el amor, de tener un orgasmo, mucho más claramente.

OLIVIER ZAHM — Cuéntame más sobre tu teoría supuestamente impactante sobre la sexualidad de la mujer.
MEHDI BELHAJ KACEM — La cuestión es: ¿Por qué sucede que las mujeres, a diferencia de los hombres, no se vienen sistemáticamente? ¿Qué es un orgasmo para las mujeres? ¿Por qué hablamos de diferentes tipos de orgasmos para las mujeres? Es una tesis que explica por qué todo lo que concierne a la sexualidad humana es tan complicado. La hipótesis es muy simple: coloco a los humanos en el nivel original, animal, aquel al que ya no tenemos acceso. Si ves cuidadosamente a los mamíferos, verás algo bastante simple: el deseo y el orgasmo para la mujer son la misma cosa. No hay diferencia. Es lo que se llama la hembra en celo, y es por eso que resultan tan insoportable cuando están en celo. Cuando tu gata está en celo, te vuelve loco: frotándose contra todo, maullando a lo lejos.

OLIVIER ZAHM — ¿El deseo y el goce de una mujer son entonces la misma cosa?
MEHDI BELHAJ KACEM — Una mujer se viene cuando desea a alguien sexualmente. Desea al mismo tiempo que se viene. Es por eso que las cosas se detienen cuando el hombre aparece, la toma, hace sus cosas y entonces se va. Cuando se va se acabó esto para ella. Los hombres son quienes cubren las cosas de inmediato. Es debido a esto que las mujeres se vuelven histéricas y frígidas. Pero esto no las detiene en tener una sexualidad feliz. Sólo no tienen el acceso mecánico al orgasmo que los hombres tienen.

OLIVIER ZAHM —¿No estás reduciendo la sexualidad de las mujeres a la sexualidad femenina, es decir, la parte innegablemente animal de esa sexualidad? Algunas personas pueden encontrar impactante que acerques tanto la mujer a la hembra.
MEHDI BELHAJ KACEM — La idea ha impactado a mucha gente. Pero de lo que estoy hablando es la cesura, la ruptura en los orígenes, y el origen animal del cual estamos completamente separados. Es la misma separación que uno hace entre el consumo de granos y la agricultura. Los mamíferos humanos no se “aparean”, ya que tienen lenguaje, mímesis, técnica y repetición sexual y erótica. Todos los demás animales son más instintivos de lo que nosotros somos. Hemos perdido nuestro instinto. Repetimos ese acto, y a causa de ello hacemos una parodia del apareamiento, sea en la fase de cortejo o en el más sangriento sadomasoquismo. Tenemos necesidades y depresiones, pero nunca es algo balanceado, como lo es para los animales, que están en armonía con su entorno, que tienen reflejos perfectos. ¿Por qué somos así? Somos flácidos. Estamos sobreexcitados. Somos decadentes. ¡Exactamente como tú, Zahm! Depende de la persona. Somos histéricos. No estoy tomando al hombre o a la mujer de vuelta a sus orígenes animales. Pero creo que con esta tesis podemos comenzar a entender bastantes cosas sobre la sexualidad.

OLIVIER ZAHM — ¿Tu tesis es anti-fálica?
MEHDI BELHAJ KACEM — Sí. Yo de hecho soy un fanático feminista, lo contrario del machismo trascendental de Badiou y Žižek. Badiou aún dice cosas como “la mujer existe a medias”, o —incluso más extrañamente— “la mujer existe en mí”. Para mí, la mujer sobre-existe. [Risas] Incluso si no en el discurso estereotipado de feministas.

OLIVIER ZAHM — ¿Consideras que tendremos una segunda revolución sexual, o la utopía del 68 se ha acabado?
MEHDI BELHAJ KACEM — Badiou dice: “Qué triste, la festiva ideología sexual del 68 todavía nos agobia”. Bueno, no, yo no estoy ni un poco agobiado. Por años toda esa línea de pensamiento, y el puritanismo, me han agobiado. ¿Quién puede encontrar la alegría del 68 como algo triste? ¿Una segunda revolución sexual? No sé si eso ocurra, pero me parece que la primera todavía no ha acabado. El cambio emancipador en la moral que ocurrió en el 68 fue un acontecimiento, y yo soy su hijo. No hay vuelta atrás. Avanzamos con lo que tenemos. A menudo estamos agitados, haciendo cualquier cosa, con la presencia generalizada de la pornografía, con la libertad sexual en nuestras vidas. De cualquier manera, no podemos ir hacia atrás. Soluciones como “debemos encontrar el balance perfecto entre la pareja fusionada y el desenfreno” son meras abstracciones, trivialidades. Asimismo debemos buscar soluciones locales y temporales, pues esta libertad es esencial. Forma parte de nosotros.

*Publicado el 2011 en el n° 15 de la revista Purple.