{"id":772,"date":"2018-06-04T13:08:44","date_gmt":"2018-06-04T18:08:44","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=772"},"modified":"2018-06-04T13:08:44","modified_gmt":"2018-06-04T18:08:44","slug":"foucault-ser-virgen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=772","title":{"rendered":"Michel Foucault: Ser virgen | Cap. II de Historia de la sexualidad Vol. 4. Las confesiones de la carne"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-683\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-1024x593.png\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"274\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-1024x593.png 1024w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-300x174.png 300w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-768x445.png 768w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1.png 1586w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><strong>El blog de Artiller\u00eda Inmanente traduce esta vez el segundo de los cap\u00edtulos (de un total de tres: <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/post\/2018\/03\/26\/foucault-confesiones-carne\/\">\u00abI. La formaci\u00f3n de una nueva experiencia\u00bb<\/a>, \u00abII. Ser virgen\u00bb, que aqu\u00ed se publicar\u00e1 completo, y \u00abIII. Estar casado\u00bb) del cuarto volumen in\u00e9dito de la <em>Historia de la sexualidad<\/em> de Michel Foucault.\u00a0Continuaremos traduciendo poco a poco lo que nos sea posible de <em>Las confesiones de la carne<\/em> (<em>Les aveux de la chair<\/em>), t\u00edtulo de este cuarto volumen p\u00f3stumo que apareci\u00f3 en febrero de 2018, con una edici\u00f3n de Fr\u00e9d\u00e9ric Gros, en ediciones Gallimard (Par\u00eds, Francia).<\/strong><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><strong>El \u00edndice completo de este libro puede consultarse <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Sumario.png\">aqu\u00ed<\/a> (todo el texto entre corchetes fue dispuesto \u00fanicamente por el editor).<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Es conocida la importancia, en el siglo IV, de los textos consagrados a la virginidad. Entre los cristianos de Oriente, tenemos el tratado <em>Sobre la verdadera integridad en la virginidad<\/em> de Basilio de Ancira, aquel de Gregorio de Nisa <em>Sobre la virginidad<\/em>, varios textos de Juan Cris\u00f3stomo \u2014<em>De la virginidad<\/em>, <em>De las cohabitaciones sospechosas<\/em>, <em>C\u00f3mo observar la virginidad<\/em>\u2014, la s\u00e9ptima <em>Homil\u00eda<\/em> de Eusebio de Emesa, y la <em>Exhortaci\u00f3n<\/em> que Evagrio P\u00f3ntico dirige a una virgen; a lo que podemos agregar, entre muchos otros textos, un tratado atribuido a Atanasio, poemas de Gregorio Nacianceno, o incluso una Homil\u00eda dirigida al padre de familia, cuyo autor permanece desconocido.<sup>[1]<\/sup> Entre los latinos, hay que contar sobre todo a san Ambrosio (<em>De virginibus<\/em>, <em>De virginitate<\/em>, <em>De institutione virginis<\/em>, <em>De exhortatione virginitatis<\/em>, <em>De lapsu virginis consecratae<\/em>), san Jer\u00f3nimo (<em>Adversus Helvidium<\/em>, <em>Adversus Jovinianum<\/em>, la carta a Eustoquio), y san Agust\u00edn (<em>De continentia<\/em>, <em>De sancta virginitate<\/em>).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Esta multiplicidad de textos no significa la aparici\u00f3n en esta \u00e9poca de un imperativo o de una pr\u00e1ctica de abstenci\u00f3n total y definitiva de relaciones sexuales. De hecho, es posible atestiguar la valorizaci\u00f3n de la virginidad bastantes a\u00f1os antes, seg\u00fan una tradici\u00f3n que se refiere a ese famoso texto de la primera Ep\u00edstola a los corintios (7, 1) que estar\u00e1, por cerca de dos milenios, en el centro de todas las discusiones: \u00abLo correcto es que el hombre no toque a la mujer\u00bb. De esta renuncia voluntaria tenemos muchos testimonios. Unos provienen de los cristianos mismos. Aten\u00e1goras dice: \u00abCada uno de nosotros conserve la \u00fanica mujer que ha esposado [\u2026]. Pero es posible encontrar a muchos de nosotros, hombres y mujeres, que hasta la \u00faltima vejez viven al margen del matrimonio a la espera de poder unirse ulteriormente a Dios. Si es cierto que la virginidad est\u00e1 m\u00e1s cerca de Dios, pero si dejarse llevar por los pensamientos y los deseos nos aleja de \u00e9l, entonces cu\u00e1nto m\u00e1s descartaremos las acciones de las que incluso alejamos los pensamientos\u00bb.<sup>2<\/sup> Tertuliano evoca a muchos \u00abeunucos voluntarios\u00bb, a muchas \u00abv\u00edrgenes casadas con Cristo\u00bb,<sup>3<\/sup>\u00a0hasta el punto que san [Ambrosio] podr\u00e1 oponer a las siete vestales desafortunadas de la Roma pagana \u00abel pueblo de la integridad\u00bb, \u00abla plebe del pudor\u00bb, y toda \u00abla asamblea de la virginidad\u00bb:<sup>4<\/sup> multitud que, [dice san Cipriano], manifiesta ampliamente la fecundidad de la Iglesia-madre.<sup>5<\/sup> Pero tambi\u00e9n existen los testimonios externos. Resulta interesante aquel de Galiano en la medida en que, tras ser testigo de este hecho, no ve nada realmente nuevo aqu\u00ed; a lo mucho se sorprende de que un n\u00famero tan grande de personas pueda practicar una abstinencia que hasta entonces era m\u00e1s bien la obra de fil\u00f3sofos aut\u00e9nticos: \u00abLos cristianos cumplen una conducta digna de verdaderos fil\u00f3sofos: vemos en efecto que desprecian la muerte y que, impulsados por ciertos pudores, consideran que las acciones de la carne son horrorosas. Hay entre ellos hombres y mujeres que, durante toda la vida, se abstienen del acto conyugal. Hay tambi\u00e9n quienes, en el gobierno y el dominio del alma, son llevados tan lejos como los verdaderos fil\u00f3sofos\u00bb.<sup>6<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Por tanto, la virginidad o la continencia definitiva aparecen en el siglo II como una pr\u00e1ctica expandida entre los cristianos, pero sin que haya aqu\u00ed, aparentemente, nada que sea espec\u00edfico: la extensi\u00f3n a lo sumo de un tipo de comportamiento ya conocido, al menos en su forma exterior, y ya valorizado. Recordemos que las grandes prohibiciones que citan los textos de los Padres apost\u00f3licos o de los Apologetas son aquellas mismas de la moral pagana: adulterio, fornicaci\u00f3n, corrupci\u00f3n de menores.<sup>7<\/sup> Vemos pues que el cristianismo parece llevar a cabo,\u00a0en el curso de su primer siglo de existencia, el mismo sistema de moral sexual que la cultura antigua que lo precede o lo rodea: mismas faltas sexuales, condenables entre todos, misma recomendaci\u00f3n \u00abelitista\u00bb, y s\u00f3lo para algunos, de la abstinencia total.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La historia de la pr\u00e1ctica de la virginidad, en los dos primeros siglos del cristianismo, no consiste simplemente en la extensi\u00f3n de una recomendaci\u00f3n \u00abfilos\u00f3fica\u00bb de la abstinencia. De hecho, la pr\u00e1ctica cristiana tuvo que decidirse entre dos tipos de conducta. En lo que respecta a la sabidur\u00eda pagana, le dio otro significado al principio de continencia. Le fij\u00f3 otros efectos u otras promesas, le dio tambi\u00e9n otra extensi\u00f3n, y sobre todo otros instrumentos. Pero tambi\u00e9n tuvo que desprenderse de una tendencia que estaba presente en el cristianismo mismo, y que era reactivada sin cesar por la tentaci\u00f3n dualista: aquello que se llam\u00f3 el encratismo. Esta tendencia, que proh\u00edbe cualquier relaci\u00f3n sexual a todos los cristianos como una condici\u00f3n indispensable para su salvaci\u00f3n, estuvo, con intensidades variables y bajo formas diferentes, constantemente presente en los primeros siglos cristianos. Comenzaron a tomar, con Taciano y Julio Casiano, la apariencia de una secta, a constituir uno de los rasgos fundamentales de ciertas herej\u00edas (as\u00ed en la gnosis de Marci\u00f3n o entre los maniqueos), a marcar la pr\u00e1ctica de algunas comunidades como lo demuestran la segunda Ep\u00edstola, ap\u00f3crifa, de Clemente a los corintios o incluso los reproches dirigidos, seg\u00fan Eusebio, a Pinito, obispo de Cnosos, quien, sin tener en cuenta \u00abla debilidad de los m\u00e1s\u00bb, quer\u00eda imponer \u00aba los hermanos la carga pesada de la castidad\u00bb;<sup>[8]<\/sup> o incluso constituir la l\u00ednea de pendiente de pensamientos por lo dem\u00e1s reconocidos como ortodoxos: testigo de esto es el esc\u00e1ndalo y los debates suscitados por el <em>Adversus Jovinianum<\/em> de san Jer\u00f3nimo. Ahora bien, en la cr\u00edtica del encratismo no se trataba de saber si la virginidad deb\u00eda ser, o no, una ley impuesta a cualquiera que quisiera conseguir su salvaci\u00f3n, sino, puesto que el rechazo de toda relaci\u00f3n sexual no era una ley incondicional, se trataba de determinar qu\u00e9 experiencia privilegiada, relativamente \u00abrara\u00bb y positiva, ten\u00eda que ser la virginidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">As\u00ed pues, hay que se\u00f1alar dos cosas importantes. Lo que el pensamiento cristiano va a elaborar, hasta los siglos V y VI, lo que va a ser el mayor punto de la reflexi\u00f3n y el lugar de las transformaciones, no es la tabla de las grandes prohibiciones, sino la cuesti\u00f3n de la virginidad (y, lo veremos m\u00e1s tarde, la econom\u00eda interna del matrimonio). Las prohibiciones esenciales siguen siendo lo que son: es bastante m\u00e1s tarde cuando se ver\u00e1 que su sistema se redistribuye, con la aparici\u00f3n de vastos dominios como el del incesto, la bestialidad, la \u00abcontra natura\u00bb. Pero durante los primeros siglos, la cuesti\u00f3n te\u00f3rica al igual que la pr\u00e1ctica concernir\u00e1n al valor y el sentido que hay que dar a una abstenci\u00f3n rigurosa y definitiva de cualquier relaci\u00f3n sexual (y hasta lo que puede ser pensar en ella y desearla). Pero, por otra parte, esta cuesti\u00f3n de la virginidad no debe ser considerada como un simple principio de abstenci\u00f3n, que completar\u00eda de alg\u00fan modo las prohibiciones particulares mediante una recomendaci\u00f3n general de continencia. No hay que comprender la pasi\u00f3n de exaltar y recomendar la virginidad como una extensi\u00f3n de las viejas prohibiciones en el dominio general de las relaciones sexuales: una especie de transici\u00f3n al l\u00edmite que prohibir\u00eda no solamente esto, eso o aquello, sino, a final de cuentas, todo. La valorizaci\u00f3n de la virginidad, entre la abstinencia parcialmente recomendada por algunos sabios de la Antig\u00fcedad y la continencia rigurosa de los encratistas, poco a poco dio lugar a la definici\u00f3n de toda una relaci\u00f3n del individuo consigo mismo, con su pensamiento, con su alma y con su cuerpo. En resumen, la prohibici\u00f3n del adulterio o de la corrupci\u00f3n de menores por un lado, y por el otro la recomendaci\u00f3n de la virginidad, no son entre s\u00ed una prolongaci\u00f3n. Ambas son disim\u00e9tricas y de naturaleza diferente. Ahora bien, es en la elaboraci\u00f3n de \u00e9sta, y no en el reforzamiento de aqu\u00e9lla, donde se form\u00f3 la concepci\u00f3n cristiana de la carne.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Digamos con una palabra que, al lado de un c\u00f3digo moral de prohibiciones sexuales que permaneci\u00f3 m\u00e1s o menos estable, se desarroll\u00f3, de una manera completamente distinta, una <em>pr\u00e1ctica<\/em> singular: la de la virginidad.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>1<\/sup> [Dom David Amand y M.-Ch. Moons, \u00abUne curieuse hom\u00e9lie grecque in\u00e9dite sur la Virginit\u00e9\u00bb, <em>Revue b\u00e9n\u00e9dictine<\/em>, 63, 1953, pp. 18-69].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>2<\/sup> Aten\u00e1goras, <em>Legatio<\/em>, cap. XXXIII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>3<\/sup> Tertuliano, <em>De resurrectione carnis<\/em>, LXI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>4<\/sup> San [Ambrosio], carta 18 (<em>ad Valentianum<\/em>).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>5<\/sup> San Cipriano, <em>De habitu virginum<\/em>, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>6<\/sup> [Galiano, <em>Liber de sententiis politiae platonicae<\/em>], citado par Adolf Von Harnack, Die <em>Mission und Ausbreitung des Christentums in den ersten drei Jahrhunderten, Leipzig<\/em>, 1906, [libro II, cap. V].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>7<\/sup> As\u00ed en la <em>Didakh\u00ea<\/em>: \u00abNo matar\u00e1s, no cometer\u00e1s adulterio, no corromper\u00e1s menores, no cometer\u00e1s fornicaci\u00f3n, no robar\u00e1s\u00bb (II, 2). <em>Ep\u00edstola del Pseudo-Barnab\u00e9<\/em>: \u00abNo cometas mi fornicaci\u00f3n ni adulterio; no corromper\u00e1s a los menores\u00bb (XIX, 4).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>8<\/sup> [Eusebio de Cesarea, <em>Historia eclesi\u00e1stica<\/em>, IV, 23, 7].<\/small><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">[I]<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">[VIRGINIDAD Y CONTINENCIA]<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Conocemos relativamente pocas cosas sobre la forma y el contenido de esta pr\u00e1ctica antes del siglo IV. Conocemos su extensi\u00f3n. Conocemos tambi\u00e9n que no asum\u00eda una forma institucional por votos ni en una existencia de tipo mon\u00e1stico. En cambio, exist\u00edan, sobre todo entre las mujeres, c\u00edrculos que se dedicaban a una vida religiosa particularmente intensa y rechazaban el matrimonio, o, en los casos de las viudas, una segunda boda. Pero ocurr\u00eda tambi\u00e9n que, m\u00e1s o menos impulsadas por sus familias,<sup>1<\/sup> algunas jovencitas llevan una vida de virginidad en medio de sus padres. \u00c9sta es sin duda la raz\u00f3n por la cual los documentos de los que se dispone para el siglo III conciernen sobre todo a la virginidad de las mujeres y presentan dos situaciones: la jovencita en su casa y el c\u00edrculo de las v\u00edrgenes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Es a prop\u00f3sito de dos textos de este g\u00e9nero donde yo me detendr\u00e9. Uno es latino, concierne a la vida de una virgen en medio de su familia, es breve y proporciona en lo esencial recomendaciones pr\u00e1cticas. Otro es griego, pone en escena a un grupo imaginario de mujeres que cantan entre ellas las virtudes de su virginidad. Se trata del primer testimonio desarrollado de una m\u00edstica cristiana de la virginidad. Mientras que el primer texto, escrito por san Cipriano, data de la primera mitad del siglo III, se estima que <em>El Banquete<\/em> de Metodio de Olimpia fue escrito hacia el a\u00f1o 271. Veremos que, por su contenido, hace bisagra con los grandes textos del siglo IV.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El <em>De habitu virginum<\/em> de san Cipriano constituye, para la cristiandad de la primera mitad del siglo III, el tratado m\u00e1s amplio consagrado a la pr\u00e1ctica de la virginidad. Ciertamente, Tertuliano hab\u00eda abordado en bastantes ocasiones el tema de la virginidad, pero sus diferentes textos tratan siempre de un aspecto particular: ropa tradicional de los j\u00f3venes y las mujeres casadas en el <em>De virginibus velandis<\/em>; problema del segundo matrimonio de las viudas en el tratado <em>Ad uxorem<\/em> y de los viudos en la <em>Exhortatio ad castitatem<\/em>; penitencia y reintegraci\u00f3n de los adulterios en el <em>De pudicitia<\/em> escrito en la \u00e9poca emergente. Podremos constatarlo, muchas de las ideas desarrolladas por Tertuliano las encontraremos m\u00e1s tarde: as\u00ed, el tema de los esponsales con Cristo, o de la virginidad como condici\u00f3n de acercamiento a las realidades espirituales.<sup>2<\/sup> Pero hace falta recordar su reticencia a conceder a la virginidad, <em>stricto sensu<\/em>, un estatuto particular. El peque\u00f1o tratado sobre <em>El velo de las v\u00edrgenes<\/em> es, desde este punto de vista, significativo. La tesis es que las v\u00edrgenes, al igual que las mujeres casadas, deben portar el velo. Para esto hay tres series de argumentos. Unos se apoyan en la Escritura: es como mujer que Eva fue creada; es del seno de una mujer que el Salvador deb\u00eda nacer; es como mujeres que las \u00abhijas de los hombres\u00bb han seducido a los \u00e1ngeles. Otros argumentos, m\u00e1s singulares y que no se encontrar\u00e1n en los tratados ulteriores de virginidad, son extra\u00eddos de la naturaleza: despu\u00e9s de haber mostrado seg\u00fan la Escritura que la mujer es mujer antes de ser virgen, Tertuliano, en efecto, explica que toda virgen se vuelve mujer espont\u00e1neamente y antes incluso del matrimonio. Se vuelve tal por la consciencia que toma de s\u00ed misma como mujer, por el hecho de que se vuelve un objeto para \u00abla concupiscencia de los hombres\u00bb, y que puede \u00absometerse al matrimonio\u00bb: deja de ser virgen \u00abdesde el momento en que ya no puede serlo\u00bb; por el hecho de que la corrupci\u00f3n entra en los ojos y el coraz\u00f3n; \u00abla pretendida virgen ya est\u00e1 casada: su esp\u00edritu lo est\u00e1 por la espera, su carne por la transformaci\u00f3n\u00bb; por \u00faltimo, por el movimiento mismo de la naturaleza: desarrollo del cuerpo, cambio de voz, y tributo mensual: \u00abNieguen pues que sea mujer quien sufre los accidentes de la mujer\u00bb.<sup>3<\/sup> Finalmente, la \u00faltima serie de argumentos es tomada por Tertuliano de las exigencias de la disciplina: las mujeres casadas deben estar protegidas contra los peligros que las rodean. El velo asegura y simboliza esta proyecci\u00f3n. Pero \u00bfla virginidad no debe tambi\u00e9n ser protegida contra los ataques de la tentaci\u00f3n, contra las lanzas de los esc\u00e1ndalos, contra las sospechas, los murmullos, la envidia?<sup>4<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La <em>Exhortaci\u00f3n a la castidad<\/em>, texto dirigido por Tertuliano a un hermano despu\u00e9s de su viudez, parece, por el contrario, reabsorber en la virginidad un conjunto de conductas o de estatutos diferentes. Pero de hecho, aqu\u00ed tambi\u00e9n, la virginidad en sentido estricto no queda aislada como un modo de vida o una experiencia particular. La virginidad en general se define como \u00absantificaci\u00f3n\u00bb, esta santificaci\u00f3n como voluntad de Dios, y lo que quiere esta voluntad es que, creados a su imagen, nosotros nos parezcamos a ella. As\u00ed pues, existen tres grados de virginidad: aquel del que estamos dotados en el nacimiento y que, si la conservamos, nos permite ignorar aquello de lo que m\u00e1s tarde desearemos liberarnos; aquel que se recibe del segundo nacimiento en el bautismo y que se practica ya sea en el matrimonio, ya sea en la viudez; por \u00faltimo aquel que Tertuliano llama \u00abmonogamia\u00bb y que, despu\u00e9s de la interrupci\u00f3n del matrimonio, renuncia por esta raz\u00f3n al sexo. A cada uno de estos tres grados Tertuliano atribuye una cualidad espec\u00edfica. <em>Felicitas<\/em> para el primero; <em>virtus<\/em> para el segundo; y para el tercero hay que agregar a esta misma <em>virtus<\/em> la <em>modestia<\/em>.<sup>5<\/sup> Ahora bien, el sentido que hay que dar a estas calificaciones y a su jerarqu\u00eda se esclarece con un pasaje de <em>El velo de las v\u00edrgene<\/em>s.<sup>6<\/sup> Tertuliano se pregunta aqu\u00ed si \u00abla continencia no predomina sobre la virginidad\u00bb; continencia practicada en la viudez o ejercida de com\u00fan acuerdo en el matrimonio. Del lado de la virginidad, la gracia que uno recibe; del lado de la continencia, la virtud. Aqu\u00ed, dificultad del combate contra la concupiscencia; all\u00e1, facilidad de no desear lo que uno ignora.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Vemos las dos tendencias que se desprenden de estos textos: por un lado, dar a la abstenci\u00f3n de relaciones sexuales un valor general, como medio para acercase a una existencia santificada, preludio en tal momento donde la carne resucitada no conocer\u00e1 ya la diferencia de los sexos;<sup>7<\/sup> y, en el marco general de esta abstenci\u00f3n, no acordar un estatuto privilegiado o una posici\u00f3n preeminente a la virginidad en sentido estricto, incluso si se indica su lugar y su especificidad. Lo que atraviesa tales textos de Tertuliano es, de hecho, una moral rigurosa de la continencia, mucho m\u00e1s que una valorizaci\u00f3n espiritual de la virginidad. Se puede incluso reconocer aqu\u00ed la resistencia a toda pr\u00e1ctica que dar\u00eda sentido y estatuto particular a la virginidad de las mujeres.<sup>8<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Escrito a mitades del siglo III, el <em>De habitu virginum<\/em> se dirige en cambio a mujeres que tienen y deben tener el estatuto y la conducta de las v\u00edrgenes, sin que se trate por ello de cualquier cosa [que se asemeje a] una instituci\u00f3n mon\u00e1stica. Se trata de una categor\u00eda de fieles suficientemente especificadas para que uno se dirija a ellas en cuanto tales<sup>9<\/sup> y suficientemente avanzadas en la santidad para que Cipriano les pida acordarse de los dem\u00e1s (entre los cuales, \u00e9l mismo est\u00e1 incluido), en el momento en que el honor vuelva a ellos.<sup>10<\/sup> Ni elogio de la virginidad en general, ni censura de lo que ocurre, el texto se presenta, en forma de una exhortaci\u00f3n, como un tratado pr\u00e1ctico: \u00bfcu\u00e1l debe ser la celebraci\u00f3n de las v\u00edrgenes? De un modo tentativo, se abre con un elogio de la disciplina en general, m\u00e1s precisamente con una f\u00f3rmula que retoma aquella, tantas veces repetida, de Tito Livio.<sup>11<\/sup> Con una variante, sin embargo. \u00abDisciplina, guardiana de debilidad\u00bb, dec\u00eda el historiador romano; \u00abdisciplina, guardiana de la esperanza\u00bb, responde Cipriano, quien marca claramente la funci\u00f3n positiva de la disciplina en el ascenso hasta las recompensas divinas: \u00abGuardiana de la esperanza, amarra de la fe, gu\u00eda del camino salvador, alimento de las buenas disposiciones, ama de coraje, es ella la que hace conservarse en Cristo y vivir atado a Dios\u00bb.<sup>12<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Cipriano define la virginidad en su relaci\u00f3n con la purificaci\u00f3n del bautismo. \u00c9sta hace de nosotros, de nuestro cuerpo y de sus miembros, el templo de Dios. Por tanto, estamos obligados a velar para que nada impuro ni siquiera profano pueda penetrar en este lugar santificado. Nos corresponde ser, de alg\u00fan modo, sus sacerdotes: tarea que se impone a todos, \u00abhombres y mujeres, ni\u00f1os y ni\u00f1as, sin diferencia de edad ni de sexo\u00bb.<sup>13<\/sup> Ahora bien, con respecto a esta obligaci\u00f3n general, la virginidad ocupa un lugar privilegiado. Mucho m\u00e1s claramente que Tertuliano, Cipriano a\u00edsla el estado de virginidad, lo rodea de alabanzas singulares y hace que desempe\u00f1e un papel que le es propio. \u00abFlor del germen de la Iglesia, honor y ornamento de la gracia espiritual, afortunada disposici\u00f3n, obra intacta e incorrupta\u2026\u00bb.<sup>14<\/sup> Si la virginidad ocupa para Cipriano un lugar tan eminente, esto es as\u00ed por dos razones. Conserva intacta la purificaci\u00f3n efectuada por el agua del bautismo. Prolonga y completa lo que ocurri\u00f3 en dicho momento, cuando el ne\u00f3fito despoj\u00f3 al hombre viejo. La renuncia de la virgen fue m\u00e1s total que las dem\u00e1s, ya que hizo morir en s\u00ed \u00abtodos los deseos de la carne\u00bb.<sup>15<\/sup> Conservando a lo largo de su vida esta pureza intacta, la virgen comienza desde aqu\u00ed, en este mundo, la existencia que ser\u00e1 reservada, despu\u00e9s de su muerte, a aquellos que ser\u00e1n salvados: la vida incorruptible. \u00abUstedes han comenzado ya a ser lo que nosotros seremos un d\u00eda. Ustedes poseen desde este mundo la gloria de la resurrecci\u00f3n y pasan por el siglo sin mancharse con la corrupci\u00f3n del siglo. Cuando ustedes se conservan castas y v\u00edrgenes, son iguales a los \u00e1ngeles de Dios\u00bb.<sup>16<\/sup> As\u00ed, desde el bautismo hasta la resurrecci\u00f3n, la virginidad pasa a trav\u00e9s de la vida sin ser tocada por sus manchas. Es a la vez lo m\u00e1s cercano al estado de nacimiento \u2014a aquel en que se encuentra el alma cuando nace en la existencia cristiana\u2014 y lo m\u00e1s cercano a lo que ser\u00e1 la otra vida en la gloria de la resurrecci\u00f3n. Su privilegio de pureza es tambi\u00e9n un privilegio con respecto al mundo y con respecto al tiempo: ella est\u00e1 ya, de una cierta manera, m\u00e1s all\u00e1. En la existencia de las v\u00edrgenes, la pureza inicial y la incorruptibilidad final se unen.<sup>17<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Esta vida preciosa es representada por Cipriano a la vez como fr\u00e1gil \u2014est\u00e1 expuesta a los ataques del demonio\u2014<sup>18<\/sup> y como dif\u00edcil \u2014dif\u00edcil ascenso, sudor y pena\u2014: \u00abA quien persevera, la inmortalidad le es dada, la vida perpetua le es ofrecida, y el Se\u00f1or le promete su reino\u00bb.<sup>19<\/sup> As\u00ed pues, requiere ayuda, aliento, advertencias, exhortaciones.<sup>20<\/sup> Cipriano no evoca nada similar a una direcci\u00f3n sistem\u00e1tica. Lo que \u00e9l propone no es manifiestamente una regla de vida. Indica solamente que \u00e9l habla como un padre.<sup>21<\/sup> Pero subraya tambi\u00e9n que la virginidad no podr\u00eda consistir \u00fanicamente en una integridad del cuerpo.<sup>22<\/sup> Ahora bien, el contenido del texto puede sorprender. Las recomendaciones dadas se presentan en varios conjuntos sucesivos: el primero concierne a la riqueza (a la \u00fanica riqueza real que es en Dios, no preferir la riqueza de los adornos, los ornamentos, los vestidos suntuosos); el segundo concierne a los cuidados del cuerpo y a la vanidad; el tercero concierne a los ba\u00f1os, y a los lugares que no hay que frecuentar. Por lo tanto, a lo que estos preceptos se refieren es en suma, y el texto lo dice expresamente, a \u00abcelebraci\u00f3n\u00bb, \u00abcuidados\u00bb, \u00abornamentos\u00bb.<sup>23<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Pero la insistencia m\u00e1s o menos exclusiva sobre estos temas se explica f\u00e1cilmente a trav\u00e9s de la concepci\u00f3n general que Cipriano tiene del estado de virginidad. Si consiste, en efecto, en el mantenimiento de la pureza bautismal hasta la incorruptibilidad del otro mundo, el principio que hay que seguir es el de conservar este estado, fuera de todo contacto, tal como era en el origen, tal como tendr\u00e1 que ser en el fin de los tiempos. Una serie de expresiones diseminadas en el texto debe concentrar la atenci\u00f3n: \u00abNo temas \u2014dice Cipriano a la virgen\u2014 ser tal como eres, por miedo a que el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n tu creador [a<em>rtifex tutus<\/em>] no te reconozca\u00bb;<sup>24<\/sup> o incluso: \u00absean tal como Dios su creador los ha creado; sean tal como la mano del Padre les ha instituido; que permanezca en ustedes el rostro incorruptible\u00bb;<sup>25<\/sup> o por \u00faltimo: \u00abSigan siendo lo que ustedes han comenzado siendo, sigan siendo lo que ustedes ser\u00e1n\u00bb.<sup>26<\/sup> Por lo tanto, para la virgen se trata esencialmente de conservar esta semejanza que es el sello de la Creaci\u00f3n, al que el pecado hab\u00eda borrado y que el bautismo ha restablecido. El estado de virginidad debe ser despojado de todos estos \u00abornamentos\u00bb, \u00abadornos\u00bb y cuidados por los cuales la creatura, falsificando la obra de Dios, trata de ocultarla. Tal como sali\u00f3 de la mano que la model\u00f3, tal como ser\u00e1 \u00abreconocida\u00bb en el d\u00eda final, as\u00ed es como debe vivir la virgen. Ella debe ser, en este mundo, la manifestaci\u00f3n y la afirmaci\u00f3n de tal estado. De aqu\u00ed la recomendaci\u00f3n de san Cipriano, que de ninguna manera es divergente con el conjunto del texto, es m\u00e1s bien su punto central: \u00abUna virgen no debe ser \u00fanicamente tal, hay que comprender y creer que lo es. Nadie, al ver a una virgen, debe dudar de lo que ella es\u00bb.<sup>27<\/sup> Al renunciar a todos los destellos falsos que pueden dar riqueza, ornamentos y cuidados, la vida de una virgen debe hacer estallar a los ojos de todos aquello que ella es: la figura incorrupta que no sale de la mano del Creador m\u00e1s que para volver a ella, tal como es, es decir, tal como \u00c9l la hizo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">No hay que equivocarse en esto: en este breve conjunto de consejos dirigidos a v\u00edrgenes \u2014consejos a primera vista bastante superficiales\u2014, en estos simples preceptos de \u00abcelebraci\u00f3n\u00bb, hay que ver el testimonio de la importancia particular que se reconoce a la virginidad femenina; el sentido espiritual que es acordado a la virginidad entendida como integridad total de la existencia, y no ya simplemente como continencia rigurosa; por \u00faltimo, el valor que se le da como forma absolutamente privilegiada de relaci\u00f3n con Dios. Significados muy impl\u00edcitos sin duda, pero que dan cuenta precisamente de lo que puede haber de sucinto y de aparentemente inesencial en las recomendaciones pr\u00e1cticas de san Cipriano.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>El Banquete<\/em> de Metodio de Olimpia no introdujo en el pensamiento cristiano el tema de la virginidad; tampoco fue \u00e9l quien se\u00f1al\u00f3 las primeras diferencias entre esta virginidad y la continencia pagana. Pero este di\u00e1logo constituye, a finales del siglo III, la primera gran elaboraci\u00f3n de una concepci\u00f3n sistem\u00e1tica y desarrollada de la virginidad. Atestigua, bastante antes del desarrollo de las instituciones mon\u00e1sticas, la existencia de una pr\u00e1ctica colectiva, al menos en los c\u00edrculos de mujeres, y da testimonio del alt\u00edsimo valor espiritual que se le atribu\u00eda. Ciertamente, no se encuentra en este texto la descripci\u00f3n de estos m\u00e9todos y procedimientos sobre los cuales los autores del siglo IV \u2014de Basilio de Ancira a Juan Cris\u00f3stomo, y de Ambrosio a Casiano\u2014 insistir\u00e1n para mostrar c\u00f3mo puede guardarse una rigurosa pureza del cuerpo y del alma, del pensamiento y del coraz\u00f3n, y que constituir\u00e1n lo que puede llamarse una tecnolog\u00eda de la virginidad. Pero en la inflexi\u00f3n de la espiritualidad alejandrina y neoplat\u00f3nica del siglo III y de las formas del ascetismo institucional del IV, \u00e9l formula algunos de los temas fundamentales de la pr\u00e1ctica positiva de la virginidad. La forma literaria de <em>El Banquete<\/em> permite la yuxtaposici\u00f3n de varios discursos, pero tambi\u00e9n su sucesi\u00f3n en un movimiento continuo y ascendente, y la indicaci\u00f3n del momento decisivo para la designaci\u00f3n de un \u00abvencedor\u00bb, de tal modo que se puede reparar a trav\u00e9s de la unidad flexible de este di\u00e1logo la diversidad de los puntos de vista y la existencia de una l\u00ednea de fuerza. Ya que, a pesar de muchas repeticiones, se trata de algo distinto a la simple sucesi\u00f3n de homil\u00edas que exhortan a unos y otros a la castidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En el primer discurso, sostenido por Marcela, la virginidad se vincula a un triple movimiento de ascenso. Un ascenso personal primero, que es descrito con un estilo rigurosamente plat\u00f3nico: la virginidad hace subir \u00abhacia las alturas\u00bb al carro de las almas, \u00abhasta que, escapando de su peso, saltan m\u00e1s all\u00e1 del mundo\u00bb y se elevan \u00absobre la b\u00f3veda celeste\u00bb;<sup>28<\/sup> al t\u00e9rmino de este acenso, la contemplaci\u00f3n de lo Incorruptible es dada al alma. Un ascenso hist\u00f3rico que, desde el origen de los tiempos, hace acceder a la humanidad m\u00e1s cerca de los cielos: \u00e9sta es la serie de los usos y las leyes; cuando el mundo estaba vac\u00edo y hac\u00eda falta llenarlo, los hombres \u00abesposaban a su propia hermana\u00bb hasta que Abraham \u00abrecibi\u00f3 la circuncisi\u00f3n\u00bb, la cual muestra que hay que suprimir la carne propia; despu\u00e9s los hombres tuvieron m\u00faltiples mujeres, hasta que se les dijo que eran \u00absementales en celo\u00bb y que \u00abla fuente de su agua\u00bb no deb\u00eda pertenecer m\u00e1s que a cada uno de ellos; despu\u00e9s aprendieron la continencia, y finalmente, ahora, la virginidad, \u00abense\u00f1anza suprema y culminante\u00bb que les hace despreciar la carne y descansar en \u00abel refugio sereno de la incorruptibilidad\u00bb.<sup>29<\/sup> Por \u00faltimo, el discurso de Marcela evoca, en la econom\u00eda hist\u00f3rico-teol\u00f3gica de la salvaci\u00f3n, la ruptura que separa los dos \u00faltimos momentos de la serie anteriormente descrita. Antes de Cristo, Dios, casi como un padre que conf\u00eda a sus hijos a pedagogos cada vez m\u00e1s severos, los hab\u00eda conducido hasta la continencia. Pero para pasar a la virginidad, que nos permite, a nosotros que hemos sido creados a imagen de Dios, asemejarnos a \u00e9l y llevar esta semejanza a su culminaci\u00f3n, hizo falta la Encarnaci\u00f3n, hizo falta que el Verbo adquiriera la carne humana y que nos fuera as\u00ed propuesto \u00abun modelo de vida que sea divino\u00bb.<sup>30<\/sup> El primer discurso de <em>El Banquete<\/em> teje por tanto, en una figura \u00fanica de ascenso, los tres movimientos (gracia de la salvaci\u00f3n, transformaci\u00f3n progresiva de la ley, esfuerzo individual de ascenso) que sit\u00faan la virginidad \u2014y la virginidad cristiana, bastante distinta de la continencia\u2014 en esta cumbre de la perfecci\u00f3n donde el hombre se acerca lo m\u00e1s cerca posible a la semejanza con Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Los discursos segundo y tercero, aquellos de Te\u00f3fila y de Tal\u00eda, se hacen uno respecto al otro y constituyen una discusi\u00f3n a prop\u00f3sito del valor del matrimonio. Pero se est\u00e1 muy lejos, en la forma y en el contenido, del debate antiguo <em>ei gameton<\/em> [hay que casarse]. Te\u00f3fila habla del valor del matrimonio, al mismo tiempo que acepta la idea de que el hombre se eleva por grados hacia la virginidad. Pero ocurre que, para ella, no ha llegado a\u00fan la hora \u00aben que la luz habr\u00e1 sido definitivamente separada de las tinieblas\u00bb; el n\u00famero de hombres no se alcanza a\u00fan. Incluso si es menos precioso que la virginidad, el matrimonio es \u00fatil y debe ser practicado a\u00fan. Pero al ser observado de cerca, este derecho del matrimonio no es \u00fanicamente una concesi\u00f3n a falta de algo mejor y como soluci\u00f3n a la espera. Los argumentos que Metodio pone en boca de Tal\u00eda dan un significado completamente positivo al matrimonio: estamos a\u00fan, dice, bajo el signo del \u00abCrezcan y multipl\u00edquense\u00bb. Ahora bien, en esta multiplicaci\u00f3n, que hace nacer la carne de la carne, hay que ver un acto de creaci\u00f3n, de demiurgia.<sup>31<\/sup> El texto de Metodio subraya sucesivamente tres aspectos de esta demiurgia. Procreaci\u00f3n del cuerpo por el cuerpo: es de cada uno de los miembros del hombre de donde se forma el semen \u00abespumoso y grumoso\u00bb que va a hacer fecundar el campo femenino.<sup>32<\/sup> Pero tambi\u00e9n colaboraci\u00f3n del hombre con Dios, seg\u00fan el modelo de Ad\u00e1n que \u00abofrece su costilla al divino creador para que la utilice\u00bb. Por \u00faltimo, actividad de Dios en el cuerpo mismo, como lo explica Te\u00f3fila en la larga comparaci\u00f3n del cuerpo humano con el taller en cuyo centro trabaja el divino modelador, formando los embriones, como si se tratara de cera, \u00aba partir de algunas gotas \u00ednfimas de semen\u00bb, y elaborando as\u00ed \u00abla imagen, completamente razonable y dotada de alma, de que nosotros somos de \u00c9l\u00bb. En la formaci\u00f3n del embri\u00f3n, en su gestaci\u00f3n, en el desarrollo tambi\u00e9n del ni\u00f1o despu\u00e9s de su nacimiento, Dios desempe\u00f1a el papel del obrero supremo. \u00ab<em>Ho aristotekhnas<\/em>\u00bb.<sup>33<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Se reconocen aqu\u00ed f\u00e1cilmente temas cercanos a aquellos que estaban desarrollados en <em>El Pedagogo<\/em> de Clemente de Alejandr\u00eda.<sup>34<\/sup> En la procreaci\u00f3n era descrita la conjunci\u00f3n de la potencia del Creador con la acci\u00f3n de la creatura. \u00bfPodemos asignar una influencia directa de Clemente sobre el autor de <em>El Banquete<\/em>? En estos momentos \u00e9sa no es la cuesti\u00f3n. Sea como sea, estos temas que hacen entrar en escena una teolog\u00eda de la Creaci\u00f3n, a trav\u00e9s de consideraciones m\u00e9dicas inspiradas m\u00e1s o menos directamente de los estoicos, eran sin duda corrientes en el siglo III. Es interesante verlas aparecer en ese inicio de <em>El Banquete<\/em>: en el discurso de Te\u00f3fila que ciertamente no ser\u00e1 m\u00e1s descalificado que alguno de aquellos que ser\u00e1n sostenidos por esa tropa de santas mujeres;<sup>35<\/sup> pero que est\u00e1 destinado a ser \u00absuperado\u00bb por un movimiento ascendente que el discurso siguiente de Tal\u00eda entabla al proponer no continuar en el sentido inmediato del relato del G\u00e9nesis.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El discurso de Tal\u00eda se confronta con aquel de Te\u00f3fila, del mismo modo que la interpretaci\u00f3n espiritual con aquella que es s\u00f3lo literal. No es que \u00e9sta sea considerada como falsa,<sup>36<\/sup> pero no podr\u00eda ser suficiente ya que el texto de la Biblia presenta algo m\u00e1s que el simple \u00abarquetipo del comercio entre los dos sexos\u00bb;<sup>37<\/sup> y sobre todo porque, si se tiene raz\u00f3n de ver en el relato del G\u00e9nesis los \u00abdecretos inmutables de Dios [que] aseguran armoniosamente el gobierno perfecto del mundo\u00bb \u2014y lo aseguran todav\u00eda hoy\u2014, no hay que olvidar que hemos entrado ahora en otra edad del mundo donde las leyes antiguas de la naturaleza han sido reemplazadas por otra disposici\u00f3n.<sup>38<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Es el texto de esta nueva disposici\u00f3n lo que hay que seguir. Metodio lo encuentra en la primera Ep\u00edstola a los corintios. A partir de \u00e9l hay que interpretar el G\u00e9nesis. Pero Metodio rechaza ver en la relaci\u00f3n entre Ad\u00e1n y Eva el anuncio simple o incluso el modelo de lo que es ahora la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia.<sup>39<\/sup> Quiere ver en la Encarnaci\u00f3n una verdadera re-Creaci\u00f3n, una remodelaci\u00f3n de Ad\u00e1n. \u00c9ste no estaba a\u00fan \u00abseco\u00bb ni \u00abduro\u00bb cuando, saliendo de las manos de aquel que lo hab\u00eda modelado, encontr\u00f3 el pecado que escurri\u00f3 en \u00e9l y y le hizo perder su forma. Dios lo model\u00f3 entonces de nuevo, lo deposit\u00f3 en el seno de una virgen y lo uni\u00f3 al Verbo. Cristo retom\u00f3 as\u00ed y asumi\u00f3 a Ad\u00e1n. Pero por esto mismo, el orden de la corrupci\u00f3n se aboli\u00f3, la forma de las uniones y de los partos se renov\u00f3: \u00abEl Se\u00f1or, que es la Incorruptibilidad victoriosa de la muerte, hizo sonar para la carne el c\u00e1ntico de alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n, sin permitir que se presentara de nuevo al poder de la corrupci\u00f3n\u00bb.<sup>40<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Metodio retoma entonces el texto del G\u00e9nesis del que hab\u00eda propuesto en el discurso precedente una interpretaci\u00f3n literal, y en calidad de naturalista. Y lo invoc\u00f3 en el campo de los significados espirituales, en primer lugar en el plano colectivo de la Iglesia con Cristo, y despu\u00e9s en el plano individual de un justo entre los justos; san Pablo, que se encuentra, por tanto, de este modo retomado en la interpretaci\u00f3n de la que \u00e9l fue fundador. Hace pues \u00abrebotar\u00bb en Cristo lo que hab\u00eda sido dicho a prop\u00f3sito de Ad\u00e1n. Los t\u00e9rminos del an\u00e1lisis son importantes: marcan, no el borramiento de lo que hab\u00eda mostrado el orden de la naturaleza, sino su transposici\u00f3n. El sue\u00f1o en el cual fue arrojado el primer hombre \u2014ese \u00e9xtasis que prefigurar\u00eda, lo hemos visto, el goce del placer f\u00edsico\u2014 se ha vuelto ahora la muerte voluntaria de Cristo, su Pasi\u00f3n (<em>Pathos<\/em>). La Iglesia fue hecha de su carne y de sus huesos y, esposa purificada por el bien, ella recibe en su seno \u00abla semilla bienaventurada y espiritual\u00bb.<sup>41<\/sup> El \u00e9xtasis de Cristo se renueva sin cesar: cada vez que desciende de los cielos para abrazar a su esposa, se vac\u00eda y ofrece su costado para que nazcan todos aquellos que se bautizan.<sup>42<\/sup> Pero lo que ocurre para la Iglesia en su conjunto ocurre para el alma de los m\u00e1s perfectos que es fecundada por Cristo, de quien ella es su esposa virgen. San Pablo recibe as\u00ed \u00aben su seno la semilla de la vida\u00bb, tuvo \u00ablos dolores del parto\u00bb y \u00abengendr\u00f3\u00bb a nuevos cristianos.<sup>43<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Con respecto a estas uniones y a esta fecundidad que son la forma espiritual de la virginidad, el matrimonio no es ya, por tanto, esa necesidad de la naturaleza de la cual hab\u00eda hablado el discurso precedente refiri\u00e9ndose a la necesidad de poblar el mundo. El \u00abCrezcan y multipl\u00edquense\u00bb tiene ahora otro significado.<sup>44<\/sup> Y si el matrimonio tiene un lugar es como una concesi\u00f3n hecha a aquellos que son demasiado d\u00e9biles: pensemos por ejemplo en enfermos a los que habr\u00eda que dar alimento, incluso cuando ha llegado el d\u00eda del ayuno. Dej\u00e9moslo pues a los d\u00e9biles. Lo cual quiere decir, concluye Metodio, siempre de acuerdo con la Ep\u00edstola a los corintios, que la virginidad no podr\u00eda ser obligatoria: \u00abaquel que es capaz de \u201cconservar su\u201d carne \u201cvirgen\u201d y pone en ella su honor \u201chace mejor\u201d; mientras que aquel que no lo puede, y que \u201cconsagra al matrimonio\u201d leg\u00edtimo libre de fraudes ignominiosos, \u201chace\u201d solamente \u201cbien\u201d\u00bb.<sup>45<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">As\u00ed, los tres primeros discursos de <em>El Banquete<\/em> fundan desde una perspectiva hist\u00f3rico-teol\u00f3gica el tiempo de la virginidad: se trata ni m\u00e1s ni menos que de una edad del mundo inaugurada por la reanudaci\u00f3n del acto creador inicial en la Encarnaci\u00f3n. La virginidad as\u00ed comprendida es pues algo bastante distinto a una prohibici\u00f3n que concierne a tal aspecto del comportamiento humano. Figura fundamental en la relaci\u00f3n entre Dios y creatura, ella est\u00e1 constituida por la restauraci\u00f3n salvadora de una relaci\u00f3n primera que se encuentra ahora transpuesta en el orden de los actos, las procreaciones, los parentescos y los v\u00ednculos espirituales. Puede considerarse que los cuatro discursos siguientes forman esta vez algo as\u00ed como un conjunto: cantan esta edad nueva, lo que ata\u00f1e a la existencia humana (son los discursos de Teopatra y de Talusa), y despu\u00e9s lo que ata\u00f1e a las recompensas divinas (discursos sexto y s\u00e9ptimo de \u00c1gueda y de Procila); siguen el camino de la virginidad, desde el alma que la practica hasta la salvaci\u00f3n que la corona. A lo cual Metodio lo llama el retorno hacia el para\u00edso.<sup>46<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La intervenci\u00f3n de Teopatra, la cuarta oradora, introduce la importante noci\u00f3n de pureza, <em>hagneia<\/em>. Importante en la medida en que se distingue de la de virginidad. En efecto, con respecto al sentido hist\u00f3rico-teol\u00f3gico que anteriormente fue fijado de la virginidad, la pureza es su forma humana: el modo de existencia de las creaturas que han elegido el camino de la salvaci\u00f3n cuando el tiempo de la virginidad ha venido con el Salvador. Pero con respecto al sentido tradicional de la integridad f\u00edsica, la pureza tiene un significado evidentemente m\u00e1s amplio. Hay que concebirla en primer lugar no como el simple resultado de una abstinencia voluntaria: ella proviene de arriba. Es un don de Dios, que ofrece as\u00ed al hombre la posibilidad de protegerse contra la corrupci\u00f3n: \u00abDios se apiad\u00f3 de nuestra situaci\u00f3n; vi\u00e9ndonos incapaces de soportarla y de recuperarnos de ella, nos envi\u00f3 desde arriba en el cielo el mejor y el m\u00e1s glorioso de los salvamentos, la pureza\u00bb.<sup>47<\/sup> Tesoro de pureza que el hombre debe a cambio cultivar y \u00abejercer de un modo completamente particular\u00bb.<sup>48<\/sup> Es necesario practicar esta pureza no en una edad particular de la vida, sino a lo largo de toda la existencia; desde la primera a la tercera edad: \u00abEs bueno agachar la cabeza\u00a0<span style=\"text-indent: 30.2362px\">realmente<\/span><span style=\"text-indent: 30.2362px\">\u00a0<\/span><span style=\"text-indent: 0.8cm\">desde la infancia bajo las direcciones divinas\u00bb.<\/span><sup style=\"text-indent: 0.8cm\">49<\/sup><span style=\"text-indent: 0.8cm\"> Es necesario practicarla tambi\u00e9n en todo el ser propio, tanto en el cuerpo como en el alma, tanto en el orden de las relaciones sexuales como en aquel de todas las dem\u00e1s aberraciones.<\/span><sup style=\"text-indent: 0.8cm\">50<\/sup><span style=\"text-indent: 0.8cm\"> Es necesario, por \u00faltimo, practicarla no como una simple abstenci\u00f3n del mal, sino como un v\u00ednculo positivo con Dios: una manera de consagrarse a \u00e9l.<\/span><sup style=\"text-indent: 0.8cm\">51<\/sup><span style=\"text-indent: 0.8cm\"> As\u00ed Talusa describe la virginidad como un sello colocado en el cuerpo y el alma: en la boca, que se abstiene de toda palabra\u00a0<\/span><span style=\"text-indent: 30.2362px\">vana<\/span><span style=\"text-indent: 0.8cm\">\u00a0para cantar ya \u00fanicamente himnos a Dios; en las miradas que se desv\u00edan de \u00ablos encantos corporales\u00bb y \u00ablos espect\u00e1culos indecentes\u00bb para girarse hacia las cosas de arriba; en las manos que dejan caer los intercambios bajos; en los pies que no deambulan ya, sino que corren recto bajo el mando. En el pensamiento, por \u00faltimo: \u00abNo abrigo ninguna idea vil, ning\u00fan c\u00e1lculo que sea de este mundo [\u2026]. Medito d\u00eda y noche la ley del Se\u00f1or\u00bb.<\/span><sup style=\"text-indent: 0.8cm\">52<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Llega entonces el momento de la recompensa. Es, desde esta v\u00eda, la transformaci\u00f3n de las almas que revisten \u00abla Belleza inengendrada e incorporal [\u2026], que est\u00e1 exenta de vicisitudes, envejecimientos, faltas\u00bb.<sup>[53]<\/sup> Pueden volverse en este mundo el templo del Se\u00f1or; pero est\u00e1n dispuestas tambi\u00e9n para el momento en que Cristo volver\u00e1: \u00abnuestras almas, con nuestros cuerpos que \u00e9stas recubrieron, ir\u00e1n por encima de las nubes al encuentro de Cristo, sosteniendo sus l\u00e1mparas [\u2026], como estrellas que resplandecen el destello de su esplendor\u00bb.<sup>54<\/sup> Y en el cielo, explica Procila al comentar el Cantar de los Cantares, Cristo recibir\u00e1 a sus prometidas: \u00ab\u00bfLa prometida no debe ser inseparable de aquel que la ha buscado, y llevar su nombre? Pero \u00bfno debe encontrarse a\u00fan intacta e inmaculada, sellada como un jard\u00edn de Dios donde crecen todas las plantas embalsamadas de las delicias arom\u00e1ticas del cielo, para que s\u00f3lo Cristo penetre en \u00e9l a fin de cosechar esas flores provenientes de semillas incorporales?\u00bb.<sup>55<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Los tres \u00faltimos discursos constituyen la cumbre del ascenso. El m\u00e1s importante es el octavo, aquel de Tecla; se llevar\u00e1, por lo dem\u00e1s, lo mejor, a pesar de la excelencia de todos los dem\u00e1s. No hay que olvidar que Tecla era celebrada como la compa\u00f1era de san Pablo, ni que las <em>Acta Pauli et Theclae<\/em> eran un texto al que se refer\u00edan regularmente los encratistas y todos aquellos de los disc\u00edpulos de Taciano que predicaban la abstenci\u00f3n rigurosa de toda relaci\u00f3n sexual. El recurso al personaje de Tecla marca, en Metodio, la voluntad de subrayar el car\u00e1cter paulino de su prop\u00f3sito, y de retomar esta figura de la primera virgen-m\u00e1rtir en su elogio de la virginidad que no sea un precepto de una continencia absoluta e incondicionada. Se trata en suma de dejar a Tecla misma, modelo de las v\u00edrgenes cristianas invocada por el encratismo, la preocupaci\u00f3n de descubrir otro sentido a la virginidad. En lo que respecta al hecho de que este discurso \u00abcapital\u00bb en el sentido estricto sea el octavo, la raz\u00f3n es f\u00e1cil de determinar. La escatolog\u00eda de Metodio, en efecto, daba un significado bastante particular a la cifra ocho. Apoy\u00e1ndose en los siete d\u00edas del G\u00e9nesis, y en el calendario del Lev\u00edtico, con los siete d\u00edas de fiesta del s\u00e9ptimo mes, cuya observaci\u00f3n es una ley permanente para todos los descendientes de Israel,<sup>59<\/sup> Metodio estimaba que el mundo deb\u00eda durar siete milenios: los cinco primeros eran aquellos de la sombra y de la Ley; el sexto, que corresponde a la creaci\u00f3n del hombre, era aquel de la venida de Cristo; el s\u00e9ptimo aquel del Descanso, de la Resurrecci\u00f3n y de la eternidad.<sup>57<\/sup> En octava posici\u00f3n el discurso de Tecla corona todos los dem\u00e1s. Se encuentra como al final de los tiempos: descubre la Eternidad. Es la culminaci\u00f3n y el fundamento de todo lo que fue dicho.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\u00c9l retoma, en t\u00e9rminos m\u00e1s plat\u00f3nicos que nunca, la descripci\u00f3n ya hecha del movimiento de las almas que, si saben cuidarse de las inmundicias del mundo, ascienden hasta las esferas de lo Incorruptible. Tecla evoca las alas de las almas que, alimentadas de la savia de la pureza, \u00abse vuelven m\u00e1s potentes\u00bb y cuyo impulso es tanto m\u00e1s ligero \u00abque han tomado el h\u00e1bito d\u00eda tras d\u00eda de volar lejos de las preocupaciones humanas\u00bb.<sup>[58]<\/sup> Ella evoca tambi\u00e9n a \u00abaquellos que han perdido sus alas y tropezado en los placeres\u00bb en que \u00abse revuelcan\u00bb,<sup>59<\/sup> incapaces de ning\u00fan parto honorable. A las almas que ascienden, Tecla, como aquellas que han hablado antes de ella, promete el acceso a la incorruptibilidad: ellas alcanzan \u00aben el m\u00e1s all\u00e1 del otro mundo de esta vida, ven de lejos lo que ninguna otra ha contemplado, las praderas mismas de la inmortalidad; \u00a1deslumbrantes, las bellezas de las que son ricas, las flores de las que est\u00e1n repletas!\u00bb.<sup>[60]<\/sup> Y en este movimiento efect\u00faan esta semejanza a Dios que la filosof\u00eda de inspiraci\u00f3n plat\u00f3nica no dejaba de prometer a las almas que se liberaban del mundo de las apariencias. Metodio, dando a la virginidad este significado ampl\u00edsimo de una existencia purificada y \u00abcompletamente en lo alto\u00bb,<sup>61<\/sup> ve aqu\u00ed una equiparaci\u00f3n a Dios. <em>Parthenia<\/em> = <em>partheia<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Nada nuevo, pues, hasta aqu\u00ed en el discurso de Tecla con respecto a las oradoras precedentes, incluso si la insistencia reiterada en los temas plat\u00f3nicos toma, en esta intervenci\u00f3n m\u00e1s decisiva que las dem\u00e1s, un valor completamente particular.<sup>62<\/sup> Sin embargo, una expresi\u00f3n debe ser retenida desde las primeras l\u00edneas. Se trata de la comparaci\u00f3n, que era corriente pero cuyo uso filos\u00f3fico era m\u00e1s estoico que plat\u00f3nico, de la vida con un teatro. Pero mientras que esta met\u00e1fora banal serv\u00eda para designar en primer lugar las ilusiones fugitivas de la existencia o el car\u00e1cter de comedia de una vida en la que somos simples actores cuyo papel est\u00e1 decidido de antemano,<sup>63<\/sup> mientras que Plotino evoca como un puro espect\u00e1culo de teatro, con cambios de escenas y de vestuarios, gritos y lamentaciones, los asesinatos y las guerras, mientras que \u00e9l habla del mundo como de una escena m\u00faltiple donde \u00abel hombre exterior gime, se queja y cumple su papel\u00bb,<sup>64<\/sup> Metodio, por su parte, habla del drama de la verdad:<sup>65<\/sup> \u00e9ste se libra en el ascenso hacia la realidad incorruptible. De aqu\u00ed son expulsados aquellos que permanecen apegados al placer: toman parte hasta su t\u00e9rmino aquellos que buscan por el contrario \u00ablos bienes de los cielos\u00bb. La virginidad es una condici\u00f3n, o m\u00e1s bien es, como forma general de existencia, la condici\u00f3n para que este drama de la verdad sea llevado hasta la Verdad misma. Antes que una comedia, es una liturgia donde las almas que han \u00abvivido como v\u00edrgenes realmente fieles para Cristo\u00bb celebran su marcha hacia el cielo, cantan \u00ablas palabras de acogida\u00bb, y las \u00abconducen\u00bb hasta las praderas de la inmortalidad y les dan \u00abel premio de su victoria\u00bb.<sup>66<\/sup> Entonces, todo aquello que entreve\u00edan, como en sue\u00f1os, en forma de sombras, ahora lo ven, \u00abbellezas maravillosas, resplandecientes, bienaventuradas\u00bb:<sup>67<\/sup> la Justicia misma, la Continencia misma, el Amor mismo, y la Verdad y la Sabidur\u00eda. En suma, el octavo discurso \u2014discurso corifeo\u2014 reitera el movimiento evocado por los discursos precedentes. Pero mientras que \u00e9stos promet\u00edan la incorruptibilidad, la inmortalidad, la felicidad eterna, lo que aqu\u00ed se anuncia es la verdad: las v\u00edrgenes penetran hasta los tesoros y Dios, a cambio, las ilumina.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">As\u00ed pues, es en este sentido como el discurso de Tecla culmina todos los dem\u00e1s. Pero tambi\u00e9n los funda en el sentido de que el tesoro de la verdad que va ahora a descubrir concierne a la virginidad misma. Es as\u00ed sin duda como hay que comprender los dos desarrollos que constituyen el cuerpo del discurso de Tecla, y cuya presencia, en este punto, puede asombrar: una ex\u00e9gesis del Apocalipsis y de las consideraciones sobre el determinismo astral. En un caso, se trata de volver a aferrar la virginidad desde el punto de vista del fin de los tiempos y como forma de su cumplimiento; en el otro, de volverla a aferrar desde la cima del mundo y vista de alg\u00fan modo a partir de las m\u00e1s altas esferas celestes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El pasaje del Apocalipsis, comentado por Tecla, es aquel que describe \u00abla gran se\u00f1al aparecida en el Cielo\u00bb: la mujer encinta y con dolores de parto, rodeada de soles, y el drag\u00f3n que precipita sobre la tierra una tercera parte de las estrellas. Una interpretaci\u00f3n sin duda tradicional deb\u00eda ver en esto la representaci\u00f3n de la virgen, el nacimiento de Cristo, el combate de la serpiente contra la mujer y la promesa de su derrota ante Cristo.<sup>68<\/sup> Metodio se opone duramente a esta ex\u00e9gesis.<sup>69<\/sup> Hace valer, contra ella, una imposibilidad textual: el Apocalipsis habla del ascenso hacia el cielo, y por tanto lejos de los ataques de la serpiente, del ni\u00f1o que nace de la mujer. Ahora bien, Cristo baj\u00f3 del cielo para combatir al Enemigo. Tambi\u00e9n hace valer una regla de m\u00e9todo: el Apocalipsis es un texto prof\u00e9tico, no hay que relacionarlo con la Encarnaci\u00f3n, la cual se produjo antes de que fuera escrito. Por tanto, s\u00f3lo puede concernir \u00abal presente y al futuro\u00bb. En suma, Metodio sustituye la interpretaci\u00f3n mediante el descenso pasado del Esp\u00edritu por una interpretaci\u00f3n mediante el ascenso actual y futuro hacia Dios. De hecho, lo que propone en boca de Tecla no es una ex\u00e9gesis original. Propone en efecto ver en la mujer, ataviada como la novia a la que van a conducir hasta la cama del rey, una imagen de la Iglesia: lo cual era un tema corriente en el siglo III.<sup>70<\/sup> El ni\u00f1o que nace de ella es entonces el alma del cristiano, que viene a la vida espiritual mediante el bautismo. Pero \u00bfpor qu\u00e9 ese ni\u00f1o es representado como un var\u00f3n? Porque los cristianos forman \u00abun pueblo de hombres\u00bb, porque han renunciado a las \u00abpasiones afeminadas\u00bb, porque se \u00abvirilizan mediante el fervor\u00bb. Portan \u00abla forma y la semejanza del Verbo\u00bb, el cristiano verdadero nace en calidad de Cristo. As\u00ed pues, hay que descifrar este personaje de la mujer a punto de dar a luz como una imagen de la fecundidad virginal de la Iglesia pariendo almas cuyas virginidad es sellada por la se\u00f1al de Cristo.<sup>71<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En cuanto al drag\u00f3n, es, de manera muy evidente, a Sat\u00e1n a quien hay que ver en \u00e9l, Sat\u00e1n no el enemigo de Cristo, sino el enemigo de las almas, que busca sorprenderlas. Las siete cabezas que describe el Apocalipsis se oponen a las siete virtudes y los diez cuernos atacan los diez mandamientos: cuernos afilados del adulterio, de la mentira, de la avaricia, del robo, indica Metodio, quien, por lo dem\u00e1s, no contin\u00faa la enumeraci\u00f3n. Por tanto, no hay que buscar, en este pasaje del Apocalipsis, la rememoraci\u00f3n de la victoria de Cristo, sino, seg\u00fan un desciframiento paren\u00e9tico, una exhortaci\u00f3n a la lucha: \u00abNo se asusten, pues, frente a los obst\u00e1culos y las calumnias de la Bestia; equ\u00edpense valientemente para el combate, ej\u00e9rcitos del \u201ccasco de salvaci\u00f3n\u201d, con la armadura y las polainas: ustedes le causar\u00e1n un pavor incalculable si se le enfrentan con mucha resoluci\u00f3n y valent\u00eda, y soltar\u00e1 patadas, cuando vea a sus enemigos puestos en fila de batalla por aquel que es m\u00e1s Poderoso que ella\u00bb.<sup>72<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Vista desde el milenio, la edad de la virginidad es por tanto aquella del ascenso de las almas hacia el cielo incorruptible. La virginidad misma asume aqu\u00ed dos aspectos: aquel de un parentesco espiritual en el cual la Iglesia tiene un papel central, virgen fecundada por el Se\u00f1or, educa a almas v\u00edrgenes, que su virginidad eleva al cielo; aquel de un combate espiritual en el que el alma debe luchar contra los ataques incesantes del Enemigo. Esta misma edad del mundo, el \u00faltimo desarrollo del discurso de Tecla, permite verla desde una perspectiva de alg\u00fan modo espacial: desde lo alto del mundo y de su orden. De hecho, Metodio plantea aqu\u00ed una discusi\u00f3n cuyas estructuras y elementos son claramente filos\u00f3ficos. Se trata de rechazar la opini\u00f3n seg\u00fan la cual los astros fijar\u00edan el destino de los hombres. Dejemos de lado el problema de saber lo que se compromet\u00eda en este largo debate. Si \u00e9ste tiene su lugar en este <em>Banquete<\/em> consagrado a la virginidad es porque permite a Metodio sostener que Dios no es responsable del mal, que \u00e9l y todos los seres celestes que permanecen bajo la ley de su gobierno son \u00abinalcanzables, y de lejos, por la perversidad y los comportamientos terrestres\u00bb, que la existencia de las leyes que obligan y proh\u00edben no es contradictoria (lo que ser\u00eda el caso si el destino estuviera sellado una vez por todas), que existe una diferencia entre los justos y los injustos, \u00abuna brecha entre los estropeados y los temperados\u00bb, que \u00abel bien es enemigo del mal, y el mal diferente al bien\u00bb; que \u00abla maldad es censurable\u00bb y que \u00abDios atesora y glorifica la virtud\u00bb. Todos estos principios son recordados para que sea abierto un lugar, en el mundo en el que estamos, a la libertad, cuya ausencia anular\u00eda todo valor a la castidad: \u00abDepende de nosotros cumplir el bien o el mal, y no de los astros; ya que hay en nosotros dos movimientos: el deseo natural de nuestra carne, y aquel de nuestra alma. Son diferentes; de ah\u00ed los nombres que los designan: virtud por un lado, perversidad por el otro\u00bb.<sup>73<\/sup> El parentesco espiritual y el combate del que Tecla hablaba en un desarrollo anterior pueden marcar sin duda ese tiempo de la virginidad, anunciado por la Escritura y definido para el resto de los milenios, no deja menos lugar a la libertad de los hombres y a la distinci\u00f3n, en t\u00e9rminos de m\u00e9rito, entre aquellos que Dios salvar\u00e1 y aquellos que se perder\u00e1n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Las dos \u00faltimas oradoras de <em>El Banquete<\/em> constituyen el acompa\u00f1amiento de Tecla y de su gran discurso. La novena habla el lenguaje de la par\u00e9nesis: exhortaci\u00f3n del alma a prepararse para la fiesta que el s\u00e9ptimo milenio le promete. \u00bfC\u00f3mo \u00abadornarse con los frutos de la virtud?\u00bb \u00bfC\u00f3mo \u00abproteger su frente de los ramos de la pureza\u00bb? \u00bfC\u00f3mo \u00abadornar su tabern\u00e1culo\u00bb? Para responder a estas preguntas, Metodio se refiere a un texto del Lev\u00edtico.<sup>74<\/sup> Tomar, en primer lugar, \u00abbellos frutos maduros\u00bb: se trata de aquellos que crec\u00edan ya en el para\u00edso en el \u00e1rbol de la vida y de los cuales se desvi\u00f3 el hombre, se trata hoy de aquel \u00abque es cultivado en el vergel del Evangelio\u00bb. Despu\u00e9s, \u00ablos plumeros de la palma\u00bb: se trata, en efecto, de purificar el esp\u00edritu, de quitar al alma el polvo de la pasi\u00f3n. Despu\u00e9s, ramas de sauce, que significan la justicia. Y por \u00faltimo, ramas de agnus-castus, que simbolizan por supuesto la castidad:<sup>75<\/sup> coronamiento de todas las virtudes. Pero, indicaci\u00f3n importante, esta castidad no debe ser identificada con el celibato, ya que puede ser practicada \u00abpor aquellos que viven castamente con sus mujeres\u00bb, si bien, no obstante, no alcanzan la punta ni menos a\u00fan las ramas centrales del \u00e1rbol como aquellos que est\u00e1n obligados a una virginidad integral. No debe ser identificada, tampoco, con el rechazo a la fornicaci\u00f3n, ni con la abstenci\u00f3n pura y simple de las relaciones sexuales: la virginidad exige que sean arrancados hasta los deseos y las codicias. La virginidad, como virtud y cumbre de todas las virtudes, como preparaci\u00f3n para la terminaci\u00f3n de los tiempos, debe ser no un rechazo del cuerpo, sino un trabajo del alma sobre s\u00ed misma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Por \u00faltimo, Domnina, la \u00faltima que interviene, tiene a cargo distinguir esta labor de la virginidad de las obligaciones antecedentes que Dios hab\u00eda impuesto alternativamente a los hombres. Ley del para\u00edso, simbolizada por la higuera, de la que Ad\u00e1n se desvi\u00f3. Ley de No\u00e9, simbolizada por el vi\u00f1edo, que promet\u00eda al hombre el fin de sus desgracias y el regreso de la alegr\u00eda. Ley de Mois\u00e9s, simbolizada por el olivo, cuyo aceite enciende las l\u00e1mparas. Ahora bien, de estas tres leyes sucesivas, si el hombre se ha desviado, es porque Sat\u00e1n ha podido circunvenirlo falsificando esos \u00e1rboles y sus frutos. La virginidad no podr\u00eda por s\u00ed misma ser imitada, y Sat\u00e1n, por consiguiente, no puede servirse de ella para triunfar sobre el hombre. Pero en este discurso \u00faltimo se da un elemento importante: ocurre que la virginidad no se distingue de las leyes de Ad\u00e1n, de No\u00e9 y de Mois\u00e9s, como una ley entre otras. No se trata de una ley. Y es a la Ley en general, en la que la higuera, el vi\u00f1edo y el olivo representan tres de sus formas, que ella se opone. Por un lado la Ley, por el otro la virginidad que le sucede.<sup>76<\/sup> Ahora bien, la idea de que la virginidad tome el relevo de la ley es doblemente importante. En primer lugar porque parece que, en la m\u00edstica de Metodio, la virginidad no es el objeto de una prescripci\u00f3n. Se trata de un modo de relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, marca ese momento en la historia del mundo y en el movimiento de la salvaci\u00f3n en el que Dios y su creatura ya no se comunican mediante la Ley y la obediencia a la Ley, Por otra parte, porque la virginidad no es simplemente una manera de someterse a lo que fue ordenado: es un ejercicio del alma sobre s\u00ed misma,<sup>77<\/sup> que la transporta hasta la inmortalizaci\u00f3n del cuerpo.<sup>78<\/sup> Relaci\u00f3n del alma consigo misma donde est\u00e1 en juego la vida sin fin del cuerpo.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>1<\/sup> Volveremos m\u00e1s tarde a esta idea de que la virginidad de los menores tiene un valor sacrificial para la adquisici\u00f3n de pecados por los padres.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>2<\/sup> Sobre el primer tema cf. Tertuliano, <em>De virginibus velandis<\/em>, XVI. Sobre el segundo, <em>Exhortatio ad castitatem<\/em>, X.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>3<\/sup> Tertuliano, <em>De virginibus velandis<\/em>, XI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>4<\/sup> <em>Ibid<\/em>., XIV-XV.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>5<\/sup> Tertuliano, <em>Exhortatio ad castitatem<\/em>, X.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>6<\/sup> Tertuliano, <em>De virginibus velandis<\/em>, X. Misma idea en <em>Ad uxorem<\/em>, I, 8 : \u00abNo codiciar lo que se ignora, [\u2026] nada m\u00e1s f\u00e1cil. La continencia es m\u00e1s gloriosa, ya que [\u2026] desde\u00f1a lo que conoce por experiencia\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>7<\/sup> Tertuliano, <em>De cultu feminarum<\/em> [Del ba\u00f1o de las mujeres], I, 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>8<\/sup> Esto es particularmente sensible en el pasaje del <em>De virginibus velandis<\/em>, X, donde Tertuliano critica todo lo que podr\u00eda marcar en el exterior el estatuto de las mujeres v\u00edrgenes, mientras que hay \u00abtantos hombres v\u00edrgenes\u00bb, tantos \u00abeunucos voluntarios\u00bb, y que Dios no les ha concedido nada para honrarlos.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>9<\/sup> San Cipriano, <em>De habitu virginum<\/em>, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>10<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 24.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>11<\/sup> \u00ab<em>Disciplina custos infirmitatis<\/em>\u00bb, Tito Livio, <em>Historia de Roma<\/em>, XXXIV, 9.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>12<\/sup> San Cipriano, <em>De habitu virginum<\/em>, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>13<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>14<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>15<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 23.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>16<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 22.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>17<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>18<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>19<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 21.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>20<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>21<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>22<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 5.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>23<\/sup> \u00ab<em>Continentia vero et pudicitia non in sola carnis integritate consistit, sed etiam in cultus et ornatus honore pariter ac pudore<\/em>\u00bb [\u00abPero el pudor no consiste \u00fanicamente en la integridad de la carne; exige tambi\u00e9n la modestia del adorno y de las ropas\u00bb, trad. abad Thibaut], <em>ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>24<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 17.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>25<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 21.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>26<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 22.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>27<\/sup> <em>Ibid<\/em>., 5.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>28<\/sup> Metodio de Olimpia, <em>El Banquete<\/em>, Primer discurso, I.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>29<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II y III.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>30<\/sup> \u00ab<em>Theion ektup\u00f4ma biou<\/em>\u00bb, [<em>ibid<\/em>., IV].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>31<\/sup> \u00ab<em>To ek t\u00f4n oste\u00f4n ostoun kai h\u00ea ek t\u00eas sarkos sarx [\u2026] hupo tou autou tekhnitou d\u00eamiourg\u00eath\u00f4si<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., Segundo discurso, I.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>32<\/sup> [<em>Ibid<\/em>., II]. Es interesante notar que el placer propio de la relaci\u00f3n sexual se asocia, como a su tipo, al sue\u00f1o en el que Dios sumi\u00f3 a Ad\u00e1n, cuando, de una de sus costillas, extrajo a Eva. Justificaci\u00f3n escritural del goce.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>33<\/sup> <em>Ibid<\/em>., VI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>34<\/sup> Cf. <em>supra<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>35<\/sup>\u00a0Por lo dem\u00e1s, es recibido por \u00abun alboroto halagador\u00bb, \u00abtodas las v\u00edrgenes aprobaban su discurso\u00bb (Tercer discurso, VII) ; y Tal\u00eda reconoce que \u00abno podr\u00eda reprocharse nada a su exposici\u00f3n\u00bb (<em>ibid<\/em>., Tercer discurso, I).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>36<\/sup> \u00abAdmito el plano en el cual situaste tu exposici\u00f3n, Te\u00f3fila [\u2026], ser\u00eda imprudente despreciar totalmente el texto tal como se presenta\u00bb, <em>ibid<\/em>., II.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>37<\/sup> <em>Ibid<\/em>, I.<br \/>\n<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>38<\/sup> \u00ab<em>Heter\u00f4 diatagmati tous pr\u00f4tous t\u00eas phuse\u00f4s analus\u00ea thesmous<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., Tercer discurso, II.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>39<\/sup>\u00a0Era la interpretaci\u00f3n original.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>40<\/sup> <em>Ibid<\/em>., VII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>41<\/sup> \u00ab<em>To no\u00eaton kai makarion sperma<\/em>\u00bb, Tercer discurso, VIII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>42<\/sup>\u00a0N\u00f3tense las expresiones como: \u00ab<em>Ho Khristos ken\u00f4sas heauton<\/em>\u00bb, o: \u00ab<em>proskoll\u00eatheis t\u00ea heautou gunaiki<\/em>\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>43<\/sup>\u00a0Esta \u00faltima expresi\u00f3n se encuentra en San Pablo, Ep\u00edstola a los corintios, 4, 15.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>44<\/sup> Metodio de Olimpia, <em>El Banquete<\/em>, Tercer discurso, VIII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>45<\/sup> <em>Ibid<\/em>., XIV.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>46<\/sup> \u00ab<em>H\u00ea eis ton paradeison apokatastasis<\/em>\u00bb, Cuarto discurso, II.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>47<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>48<\/sup> \u00ab<em>Diapheront\u00f4s askein<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., VI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>49<\/sup> <em>Ibid<\/em>., Quinto discurso, III.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>50<\/sup> <em>Ibid<\/em>., IV.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>51<\/sup>\u00a0Metodio emplea el t\u00e9rmino\u00a0<em>eukh\u00ea<\/em> (<em>ibid<\/em>.), pero no es cierto que se refiera a un voto institucional y ritualizado.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>52<\/sup> <em>Ibid<\/em>., IV.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>53<\/sup> [<em>Ibid<\/em>., Sexto discurso, I].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>54<\/sup> <em>Ibid<\/em>., IV.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>55<\/sup> <em>Ibid<\/em>., S\u00e9ptimo discurso, I.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>56<\/sup>\u00a0Este pasaje del Lev\u00edtico, 23, 39-43, es citado en el Noveno discurso de <em>El Banquete<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>57<\/sup>\u00a0Encontramos en <em>El Banquete<\/em> bastantes otros elementos que recuerdan el valor del n\u00famero ocho. Por ejemplo en el Himno final, los siete ejemplos de pureza que uno encuentra en la Escritura, a los cuales se agrega el martirio de Tecla misma.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>58<\/sup> [<em>Ibid<\/em>., Octavo discurso, I].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>59<\/sup> [<em>Ibid<\/em>., II].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>60<\/sup> [<em>Ibid<\/em>.].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>61<\/sup> \u00ab<em>Koruphaiotaton<\/em> [\u2026] <em>epit\u00eadeuma<\/em>\u00bb, I.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>62<\/sup> De un modo general, Metodio, en sus dem\u00e1s obras, reivindica un platonismo aut\u00e9ntico en contra de las tendencias inspiradas de Plat\u00f3n (cf. J. Parg\u00e8s, <em>Les Id\u00e9es morales et religieuses de M\u00e9thode d\u2019Olympe<\/em>, Par\u00eds, 1929).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>63<\/sup> Cf. Epicteto, <em>Manual<\/em>, 17 : \u00abRecuerda que eres actor de un drama que el autor quiere as\u00ed\u00bb; Marco Aurelio, <em>Meditaciones<\/em>, XII, 36. Cf. tambi\u00e9n Cicer\u00f3n, <em>De finibus<\/em>, III, 20.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>64<\/sup> Plotino,\u00a0<em>Eneadas<\/em>, III, 2, 15.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>65<\/sup> \u00ab<em>To drama t\u00eas al\u00eatheias<\/em>\u00bb, Metodio de Olimpia, <em>El Banquete<\/em>, Octavo discurso, I. La expresi\u00f3n vuelve en los cap\u00edtulos siguientes del mismo discurso.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>66<\/sup> N\u00f3tense los t\u00e9rminos: <em>parapempein<\/em>, <em>ta nik\u00eat\u00earia<\/em>, <em>tois anthesi stephtheisai<\/em> (<em>ibid<\/em>., II).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>67<\/sup> <em>Ibid<\/em>., III.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>68<\/sup> Sobre la importancia de no interpretar mediante el pasado las figuras que anuncian (como lo hacen los jud\u00edos), v\u00e9anse el primero y el segundo cap\u00edtulos del Noveno discurso.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>69<\/sup>\u00a0El t\u00e9rmino de \u00abbuscapleitos\u00bb, \u00abpendenciero\u00bb, que \u00e9l emplea para designar\u00a0a los defensores de la interpretaci\u00f3n que \u00e9l rechaza, indica la existencia de una discusi\u00f3n sobre el sentido de este texto del Apocalipsis.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>70<\/sup> La ex\u00e9gesis cristiana hab\u00eda transpuesto el tema hebraico de la Alianza de Dios con su pueblo en una relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia. San Hip\u00f3lito y Or\u00edgenes hab\u00edan hecho as\u00ed de la Iglesia la esposa de Cristo.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>71<\/sup>\u00a0Or\u00edgenes ve\u00eda a la esposa de Cristo una vez en la Iglesia, otras veces en el alma del cristiano. Parece que Metodio quisiera subrayar por el contrario que la Iglesia, novia y templo de Dios, es una \u00abpotencia en s\u00ed, distinta de sus hijos\u00bb y que el alma no puede nacer cristiana m\u00e1s que por el poder de su mediaci\u00f3n y de su maternidad. Sobre estos debates eclesiol\u00f3gicos, cf. F.-X. Arnold.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>72<\/sup> Metodio de Olimpia, <em>El Banquete<\/em>, Octavo discurso, XII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>73<\/sup> <em>Ibid<\/em>., XVII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>74<\/sup> <em>Lev\u00edtico<\/em>, 23, 39-43.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>75<\/sup> En griego el juego de palabras es\u00a0<em>agninos<\/em> \u2014 <em>hagneia<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>76<\/sup> \u00ab<em>H\u00ea parthenia diadexamen\u00ea ton nomon<\/em>\u00bb, Metodio de Olimpia, <em>El Banquete<\/em>, D\u00e9cimo discurso, I.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>77<\/sup> \u00ab<em>H\u00ea ergazomen\u00ea t\u00ean psukh\u00ean ask\u00easis<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., VI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>78<\/sup> \u00ab<em>H\u00ea athanatopoios t\u00f4n s\u00f4mat\u00f4n h\u00eam\u00f4n hagneia<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">[II]<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">[DE LAS ARTES DE LA VIRGINIDAD]<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El blog de Artiller\u00eda Inmanente traduce esta vez el segundo de los cap\u00edtulos (de un total de tres: \u00abI. La formaci\u00f3n de una nueva experiencia\u00bb, \u00abII. Ser virgen\u00bb, que aqu\u00ed se publicar\u00e1 completo, y \u00abIII. Estar casado\u00bb) del cuarto volumen in\u00e9dito de la Historia de la sexualidad de Michel Foucault.\u00a0Continuaremos traduciendo poco a poco lo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10716,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[28],"class_list":["post-772","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-michel-foucault"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/772","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/10716"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=772"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/772\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":782,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/772\/revisions\/782"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=772"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=772"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=772"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}