{"id":70,"date":"2016-04-20T11:06:55","date_gmt":"2016-04-20T09:06:55","guid":{"rendered":"http:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=70"},"modified":"2016-04-20T11:06:55","modified_gmt":"2016-04-20T09:06:55","slug":"walter-benjamin-sobre-el-lenguaje-en-general-y-sobre-el-lenguaje-de-los-humanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=70","title":{"rendered":"Walter Benjamin \/ Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/1.bp.blogspot.com\/-BqxQImZkd20\/UH-DePVT13I\/AAAAAAAAAiw\/11Ggmk3hTcE\/s640\/Walter%2BBenjamin.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"432\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Toda expresi\u00f3n de la vida espiritual del hombre puede concebirse como una especie de lenguaje, y este enfoque provoca nuevos interrogantes sobre todo, como corresponde a un m\u00e9todo veraz. Puede hablarse de un lenguaje de la m\u00fasica y de la pl\u00e1stica; de un lenguaje de la justicia, que nada tiene que ver. inmediatamente, con esos en que se formulan sentencias de derecho en alem\u00e1n o ingl\u00e9s; de un lenguaje de la t\u00e9cnica que no es la lengua profesional de los t\u00e9cnicos. En este contexto, el lenguaje significa un principio dedicado a la comunicaci\u00f3n de contenidos espirituales relativos a los objetos respectivamente tratados: la t\u00e9cnica, el arte, la justicia o la religi\u00f3n. En una palabra, cada comunicaci\u00f3n de contenidos espirituales es lenguaje, y la comunicaci\u00f3n por medio de la palabra es s\u00f3lo un caso particular del lenguaje humano, de su fundamento o de aquello que sobre \u00e9l se funda, como ser la justicia o la poes\u00eda. Pero el ser del lenguaje no s\u00f3lo se extiende sobre todos los \u00e1mbitos de la expresi\u00f3n espiritual del hombre, de alguna manera siempre inmanente en el lenguaje, sino que se extiende sobre todo. No existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga, de alguna forma, participaci\u00f3n en el lenguaje, ya que est\u00e1 en la naturaleza de todas ellas comunicar su contenido espiritual. As\u00ed usada, la palabra \u00ablenguaje\u00bb no es de modo alguno una met\u00e1fora. Resulta un entendimiento lleno de contenido el no poder imaginarse que la entidad espiritual del lenguaje no se comunique en la expresi\u00f3n; el mayor o menor grado de consciencia a que est\u00e1 aparentemente (o verdaderamente) ligada esa comunicaci\u00f3n no afecta en nada el hecho de que no podamos imaginarnos una total ausencia de lenguaje en cosa alguna. Una manifestaci\u00f3n del ser completamente desvinculada del lenguaje es una idea, pero tal idea no llega a fructificar ni en el dominio de las ideas, cuyo contorno designa la idea de Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Lo \u00fanico cierto es que toda expresi\u00f3n contenida en esta terminolog\u00eda cuenta como lenguaje, siempre y cuando se trate de una comunicaci\u00f3n de contenido espiritual. Empero, la expresi\u00f3n. de acuerdo al sentido m\u00e1s \u00edntimo y completo de su naturaleza, s\u00f3lo puede entenderse como <i>lenguaje<\/i>. Por otra parte, cada vez que queramos comprender una entidad ling\u00fc\u00edstica habr\u00e1 que preguntarse, a cu\u00e1l entidad espiritual sirve de expresi\u00f3n inmediata. Esto significa que, por ejemplo, la lengua alemana no es de modo alguno la expresi\u00f3n de todo aquello que nosotros somos presuntamente capaces de expresar <i>por medio<\/i> de ella, sino que es la expresi\u00f3n inmediata de aquello que <i>se <\/i>comunica por su intermedio. Este \u00abse\u00bb reflexivo es una entidad espiritual. Por lo pronto, resulta obvio que la entidad espiritual que se comunica en el lenguaje no es el lenguaje mismo sino algo distinto de \u00e9l. La posici\u00f3n, asumida como hip\u00f3tesis, seg\u00fan la cual la entidad espiritual constituye un objeto en su lenguaje, revela al gran abismo que amenaza a las teor\u00edas del lenguaje<sup>1<\/sup>. Se trata, precisamente, de lograr mantenerse suspendidos sobre \u00e9l. La distinci\u00f3n entre entidad espiritual y la ling\u00fc\u00edstica en que se comunica, es lo m\u00e1s fundamental de una investigaci\u00f3n te\u00f3rica del lenguaje. Y esta distinci\u00f3n parece tan indudable que, en comparaci\u00f3n, la identidad tan frecuentemente formulada entre ambas entidades, constituye una paradoja profunda e inconcebible, expresada en el doble sentido de la palabra \u00abLogos\u00bb. No obstante, esta paradoja sigue ocupando el puesto de soluci\u00f3n en el centro de la teor\u00eda del lenguaje, aunque no deja de ser una paradoja y por ello tan irresoluble como al principio.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00bfQu\u00e9 comunica el lenguaje? Comunica su correspondiente entidad o naturaleza espiritual. Es fundamental entender que dicha entidad espiritual se comunica <i>en<\/i> el lenguaje y no <i>por medio<\/i> del lenguaje. No hay, por tanto, un portavoz del lenguaje, es decir, alguien que se exprese <i>por<\/i> su intermedio. La entidad espiritual se comunica en un lenguaje y no a trav\u00e9s de \u00e9l. Esto indica que no es. desde afuera, lo mismo que la entidad ling\u00fc\u00edstica. La entidad espiritual es id\u00e9ntica a la ling\u00fc\u00edstica s\u00f3lo en la medida de su comunicabilidad; lo comunicable de la entidad espiritual es su entidad ling\u00fc\u00edstica. Por lo tanto, el lenguaje comunica la entidad respectivamente ling\u00fc\u00edstica de las cosas, mientras que su entidad espiritual s\u00f3lo trasluce cuando est\u00e1 directamente resuelta en el \u00e1mbito ling\u00fc\u00edstico, cuando es <i>comunicable<\/i>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El lenguaje transmite la entidad ling\u00fc\u00edstica de las cosas, y la m\u00e1s clara manifestaci\u00f3n de ello es el lenguaje mismo. La respuesta a la pregunta: \u00bfqu\u00e9 comunica el lenguaje?, ser\u00eda: <i>cada lenguaje se comunica a s\u00ed mismo<\/i>. Por ejemplo, el lenguaje de esta l\u00e1mpara no comunica esta l\u00e1mpara (la entidad espiritual de la l\u00e1mpara, en la medida en que es <i>comunicable<\/i>, no es de modo alguno la l\u00e1mpara), sino la l\u00e1mpara ling\u00fc\u00edstica, la l\u00e1mpara de la comunicaci\u00f3n. la l\u00e1mpara en la expresi\u00f3n. El comportamiento del lenguaje nos lleva a concluir que <i>la entidad ling\u00fc\u00edstica de las cosas es su lenguaje<\/i>. El entendimiento promovido por la teor\u00eda ling\u00fc\u00edstica, depende de su capacidad de esclarecer la proposici\u00f3n anterior de modo que borre todo vestigio de tautolog\u00eda. Esta sentencia no es tautol\u00f3gica pues significa que aquello que en la entidad espiritual es comunicable <i>es<\/i> un lenguaje. Todo se basa en este \u00abser\u00bb o \u00abser inmediato\u00bb. Lo comunicable de una entidad espiritual no es lo que m\u00e1s claramente <i>se manifiesta<\/i> en su lenguaje, sino que lo comunic<i>able<\/i> es, inmediatamente, el lenguaje mismo. O bien, el lenguaje de una entidad espiritual es inmediatamente aquello que de \u00e9l puede comunicarse. Lo comunicable <i>de<\/i> una entidad espiritual, <i>en<\/i> el lenguaje se comunica. Esto reafirma que cada lenguaje se comunica a s\u00ed mismo. Y para ser m\u00e1s precisos: cada lenguaje se comunica a si mismo en s\u00ed mismo; es. en el sentido m\u00e1s estricto, el \u00abm\u00e9dium\u00bb de la comunicaci\u00f3n. Lo medial refleja la <i>inmediatez<\/i> de toda comunicaci\u00f3n espiritual y constituye el problema de base de la teor\u00eda del lenguaje. Si esta inmediatez nos parece m\u00e1gica, el problema fundacional del lenguaje seria entonces su magia. La palabra magia nos refiere, en lo que respecta al lenguaje, a otra, a saber, la infinitud. Est\u00e1 condicionada por la inmediatez. En efecto, dado que nada se comunica <i>por medio<\/i> del lenguaje, resulta imposible limitarlo o medirlo desde afuera. Por ello cada lenguaje alberga en su interior a su infinitud inconmensurable y \u00fanica. El borde est\u00e1 marcado por su entidad ling\u00fc\u00edstica y no por sus contenidos verbales.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Aplicada a los seres humanos, la frase que afirma que la entidad ling\u00fc\u00edstica de las cosas es su lenguaje, se transforma en \u00abla entidad ling\u00fc\u00edstica de los hombres es su lenguaje\u00bb. Y esto significa que el ser humano comunica su propia entidad espiritual <i>en<\/i> su lenguaje. Pero el lenguaje de los humanos habla en palabras. Por lo tanto el hombre comunica su propia entidad espiritual, en la medida en que es comunicable, al <i>nombrar<\/i> a las otras cosas. Pero, \u00bfno conocemos acaso otros lenguajes que nombran cosas? Ser\u00eda incierto afirmar que no existen otros lenguajes fuera del humano. Pero igualmente seguro es que no conocemos otros lenguajes <i>nombradores<\/i> como lo es el de los hombres. In\u00fatil ser\u00eda identificar el lenguaje nombrador con el concepto general de lenguaje; la teor\u00eda del lenguaje perder\u00eda as\u00ed a sus m\u00e1s profundas intuiciones. En consecuencia, <i>la naturaleza ling\u00fc\u00edstica de los hombres radica en su nombrar de las cosas<\/i>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00bfPara qu\u00e9 nombradas? \u00bfA qui\u00e9n se dirige lo que el hombre comunica? \u2014\u00bfEs acaso esta comunicaci\u00f3n del ser humano diferente a otras comunicaciones, lenguajes? \u00bfA qui\u00e9n se dirigen la l\u00e1mpara, la monta\u00f1a o el zorro? La respuesta reza: a los hombres. Y no se trata de antropomorfismo. La verdad de esta respuesta se demuestra en el entendimiento y quiz\u00e1 tambi\u00e9n en el arte. Adem\u00e1s, de no comunicarse la l\u00e1mpara, monta\u00f1a o el zorro con el hombre, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda \u00e9ste nombrarlos? Pero \u00e9l los nombra, se comunica a <i>s\u00ed mismo<\/i> al nombrarlos a <i>ellos<\/i>. \u00bfA qui\u00e9n dirige su comunicaci\u00f3n?<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Antes de dar respuesta a esta pregunta vale la pena volver a comprobar c\u00f3mo se comunica el hombre. Hay que establecer una profunda distinci\u00f3n, una alternativa, ante la cual, la opini\u00f3n esencialmente falsa respecto al lenguaje quedar\u00e1 al descubierto. \u00bfComunica acaso el hombre su naturaleza espiritual por medio de los nombres que da a las cosas? \u00bfO lo hace <i>en<\/i> ellas? La respuesta reside en la parad\u00f3jica formulaci\u00f3n de la pregunta. El que crea que el hombre comunica su naturaleza espiritual <i>por medio<\/i> de los nombres, estar\u00e1 impedido de asumir que es, efectivamente, su entidad espiritual lo que comunica, ya que esto no ocurre por medio de los nombres de las cosas, de las palabras. Por medio de las palabras se\u00f1ala a las cosas. A lo sumo, podr\u00e1 asumir que comunica algo a otros hombres, pues eso es lo que la palabra facilita, la palabra con que se\u00f1alo una cosa. He aqu\u00ed el enfoque burgu\u00e9s del lenguaje y cuyo insostenible vac\u00edo se ir\u00e1 aclarando a continuaci\u00f3n. Dice: la palabra es el medio de la comunicaci\u00f3n, su objeto es la cosa, su destinatario, el hombre. Contrariamente, la posici\u00f3n que plante\u00e1ramos anteriormente no sabe de medio, objeto o depositario de la comunicaci\u00f3n. Enuncia que <i>en el nombre, la entidad espiritual de los hombres comunica a Dios a si misma<\/i>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 1cm\">En el dominio del lenguaje, el nombre tiene el sentido \u00fanico y la significaci\u00f3n incomparable de constituir de por s\u00ed el ser m\u00e1s profundo del lenguaje. El nombre es aquello <i>por medio<\/i> de lo cual ya nada se comunica, mientras que <i>en \u00e9l<\/i>, el lenguaje se comunica absolutamente a s\u00ed mismo. En el nombre est\u00e1 la naturaleza espiritual que se comunica: el lenguaje. Donde la entidad espiritual en su comunicaci\u00f3n es el propio lenguaje en su absoluta totalidad\u00bb solamente all\u00ed existe el nombre, all\u00ed s\u00f3lo el nombre existe. El nombre, como patrimonio del lenguaje humano, asegura entonces que el lenguaje es la <i>entidad espiritual por excelencia<\/i> del hombre. S\u00f3lo por ello la entidad espiritual de los hombres es la \u00fanica \u00edntegramente comunicable de entre todas las formas espirituales de ser. Esto fundamenta asimismo, la distinci\u00f3n entre el lenguaje humano y el de las cosas. Dado que la entidad espiritual del hombre es el lenguaje mismo, no puede comunicarse <i>a trav\u00e9s<\/i> de \u00e9ste sino s\u00f3lo <i>en<\/i> \u00e9l. El nombre es la esencia de esa intensiva totalidad del lenguaje en tanto entidad espiritual del hombre. El hombre es el nombrador. en eso reconocemos que desde \u00e9l habla el lenguaje puro. Toda naturaleza, en la medida en que se comunica, se comunica en el lenguaje y por ende, en \u00faltima instancia, en el hombre. Por ello es el se\u00f1or de la naturaleza y puede nombrar a las cosas. S\u00f3lo merced a la entidad ling\u00fc\u00edstica de las cosas accede desde s\u00ed mismo al conocimiento de ellas, en el nombre. La creaci\u00f3n divina se completa con la asignaci\u00f3n de nombres a las cosas por parte del hombre y de cuyos nombres s\u00f3lo el lenguaje habla. El nombre puede ser considerado el lenguaje del lenguaje, siempre y cuando el genitivo no indique una relaci\u00f3n de medio instrumental sino una de m\u00e9dium. En este sentido, el hombre es el portavoz del lenguaje, el \u00fanico, porque habla en el nombre. Muchas lenguas comparten este reconocimiento metaf\u00edsico del hombre como hablador o vocero; en la Biblia, por ejemplo, aparece como \u00abel que da nombres\u00bb: \u00abtal como el hombre nombrare a toda suerte de animales, as\u00ed se <i>llamar\u00e1n<\/i>\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El nombre no s\u00f3lo es la proclamaci\u00f3n \u00faltima, es adem\u00e1s la llamada propia del lenguaje. Es as\u00ed que en el nombre aparece la ley del ser del lenguaje, seg\u00fan la cual resulta igual hablarse a si mismo como dirigirse con el habla a todo lo dem\u00e1s. El lenguaje, y en \u00e9l una entidad espiritual, s\u00f3lo se expresa puramente cuando habla en el nombre, es decir, en el nombramiento universal. De esta manera, la totalidad intensiva del lenguaje como entidad espiritual absolutamente comunicable, y la totalidad extensiva del lenguaje como entidad comunicativa (nombradora), llegan a su culminaci\u00f3n. El lenguaje en su entidad comunicativa es imperfecto desde el punto de vista de su universalidad, cuando la entidad espiritual que habla desde \u00e9l no es ling\u00fc\u00edstica, es decir, comunicable, en la totalidad de su estructura. <i>S\u00f3lo el hombre posee el lenguaje perfecto en universalidad e intensidad<\/i>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En base a este entendimiento, una nueva pregunta de superlativa importancia metaf\u00edsica se hace posible sin riesgo de confusi\u00f3n, pero que a estas alturas y en aras de una mayor claridad, puede ser planteada en t\u00e9rminos metodol\u00f3gicos. Se trata de si, desde la perspectiva del lenguaje, la entidad espiritual debe o no ser considerada ling\u00fc\u00edstica, y no s\u00f3lo la del ser humano para lo cual es necesario que as\u00ed sea, sino tambi\u00e9n la de las cosas. Si la entidad espiritual y la ling\u00fc\u00edstica fuesen id\u00e9nticas, entonces la cosa ser\u00eda m\u00e9dium de la comunicaci\u00f3n seg\u00fan su entidad espiritual, y lo que en ella se comunicar\u00eda, en conformidad con la relaci\u00f3n establecida por el m\u00e9dium, ser\u00eda precisamente este m\u00e9dium, el lenguaje mismo. El lenguaje seria entonces la entidad espiritual de las cosas. De antemano se establecer\u00eda la comunicabilidad de la entidad espiritual; m\u00e1s bien se ubicar\u00eda a \u00e9sta <i>en<\/i> la comunicabilidad. La tesis resultante ser\u00eda que la entidad ling\u00fc\u00edstica de las cosas es id\u00e9ntica a su entidad espiritual, con tal que esta \u00faltima sea completamente comunicable. Pero dicho \u00abcon tal que\u00bb, convierte al enunciado en una tautolog\u00eda. <i>El lenguaje carece de contenido: en tanto comunicaci\u00f3n, el lenguaje comunica una entidad espiritual, es decir, una comunicabilidad por antonomasia<\/i>. Las diferencias entre lenguajes son diferencias entre medios distintos en densidad, y por lo tanto, distintos en graduaci\u00f3n. Enti\u00e9ndase lo antedicho en el doble sentido de la densidad del comunicante (nombrador) y del comunicado (nombre) en la comunicaci\u00f3n. Ambas esferas, que s\u00f3lo en el lenguaje de nombres del hombre se distinguen claramente y aun as\u00ed est\u00e1n unificadas, se corresponden permanentemente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Respecto a la metaf\u00edsica del lenguaje, la identificaci\u00f3n de la entidad espiritual con la ling\u00fc\u00edstica que s\u00f3lo conoce diferencias de graduaci\u00f3n, trae aparejada un escalonamiento graduado de toda forma de ser espiritual. Este escalonamiento, que tiene lugar en lo mism\u00edsima interioridad de la entidad espiritual, no se deja ya concebir desde ninguna categor\u00eda superior. Cosa que induce, como harto sab\u00edan ya los pensadores escol\u00e1sticos, al escalonamiento de todas las entidades espirituales y ling\u00fc\u00edsticas seg\u00fan grados de existencia o de ser. Sin embargo, la equiparaci\u00f3n de la entidad espiritual y la ling\u00fc\u00edstica tiene tanto alcance metaf\u00edsico en el contexto de la teor\u00eda del lenguaje, porque conduce al concepto que siempre vuelve a erigirse, como por designio propio, en centro de la teor\u00eda del lenguaje, acordando su intima relaci\u00f3n con la filosof\u00eda de la religi\u00f3n. Y dicho concepto es el de revelaci\u00f3n. En toda forma ling\u00fc\u00edstica reina el conflicto entre lo pronunciado y pronunciable con lo no pronunciado e impronunciable. Al considerar esta oposici\u00f3n adscribimos a lo impronunciable la entidad espiritual \u00faltima. Pero nos consta que, al equiparar la entidad espiritual con la ling\u00fc\u00edstica, la mencionada relaci\u00f3n de inversa proporcionalidad entre ellas es puesta en discusi\u00f3n. Es que aqu\u00ed la tesis enuncia que cuanto m\u00e1s profundo, es decir, cuanto m\u00e1s existente y real es el esp\u00edritu, tanto m\u00e1s pronunciable y pronunciado resultar\u00e1, como se deduce del sentido de la equiparaci\u00f3n, la relaci\u00f3n entre esp\u00edritu y lenguaje, hasta ser un\u00edvoca. De este modo, lo m\u00e1s ling\u00fc\u00edsticamente existente, la expresi\u00f3n m\u00e1s perdurable, la m\u00e1s cargada y definitivamente ling\u00fc\u00edstico, en suma, lo m\u00e1s pronunciable constituye lo puramente espiritual. Eso es precisamente lo que indica el concepto de revelaci\u00f3n, cuando asume la intangibilidad de la palabra, como condici\u00f3n \u00fanica y suficiente de la caracterizaci\u00f3n de la divinidad de la entidad espiritual manifiesta en aqu\u00e9lla. El m\u00e1s elevado dominio espiritual de la religi\u00f3n, en el sentido de la revelaci\u00f3n, es por a\u00f1adidura tambi\u00e9n el \u00fanico que no sabe de impronunciabilidad ya que es abordado por el nombre y se pronuncia como revelaci\u00f3n. Pero aqu\u00ed se anuncia que s\u00f3lo en el hombre y su lenguaje reside la m\u00e1s elevada entidad espiritual, como la presente en la religi\u00f3n, mientras que todo arte, incluida la poes\u00eda, se basa, no en el concepto fundamental y definitivo del esp\u00edritu ling\u00fc\u00edstico, sino en el esp\u00edritu ling\u00fc\u00edstico de las cosas, aunque \u00e9ste aparezca en su m\u00e1s consumada belleza. \u00ab<i>El lenguaje, madre<\/i> de raz\u00f3n y <i>revelaci\u00f3n<\/i>, su Alfa y su Omega\u00bb, dice Hamann.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El lenguaje mismo no llega a pronunciarse completamente en las cosas. Y esta frase tiene un doble sentido seg\u00fan se trate del significado transmitido o sensible: los lenguajes de las cosas son imperfectos y mudos adem\u00e1s. A las cosas les esta vedado el principio puro de la forma ling\u00fc\u00edstica, el sonido o voz fon\u00e9tica. S\u00f3lo pueden intercomunicarse a trav\u00e9s de una comunidad m\u00e1s o menos material. Dicha comunidad es tan inmediata e infinita como toda otra comunicaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica y es m\u00e1gica pues tambi\u00e9n existe la magia de la materia. Lo incomparable del lenguaje humano radica en la inmaterialidad y pureza espiritual de su comunidad con las cojas, y cuyo s\u00edmbolo es la voz fon\u00e9tica. La Biblia expresa este hecho simb\u00f3lico cuando afirma que Dios insufl\u00f3 el aliento en el hombre; este soplo significa vida, esp\u00edritu y lenguaje.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si a continuaci\u00f3n consideramos la naturaleza del lenguaje en base al primer cap\u00edtulo de G\u00e9nesis, no significa que estemos abocados a la interpretaci\u00f3n de la Biblia o que la tomemos por revelaci\u00f3n objetiva de la verdad como fundamento de nuestra reflexi\u00f3n. Se trata de recoger lo que el texto b\u00edblico de por s\u00ed revela respecto a la naturaleza del lenguaje. Por lo pronto, la Biblia es en este sentido irremplazable, porque sus exposiciones se ajustan en principio al lenguaje asumido como realidad inexplicable y m\u00edstica, s\u00f3lo analizable en su posterior despliegue. Puesto que la Biblia se considera a s\u00ed misma revelaci\u00f3n, debe necesariamente desarrollar los hechos ling\u00fc\u00edsticos fundamentales. La segunda versi\u00f3n de la historia de la Creaci\u00f3n, que relata la insuflaci\u00f3n del aliento, tambi\u00e9n cuenta que el hombre fue hecho de barro. En toda la historia de la Creaci\u00f3n, \u00e9sta es la \u00fanica ocasi\u00f3n en la cual se habla de un material empleado por el Creador para hacer cristalizar su voluntad; en todos los dem\u00e1s casos \u00e9sta es directamente creadora. En esta segunda versi\u00f3n de la Creaci\u00f3n la formaci\u00f3n del hombre no se produce por medio de la palabra \u2014Dios habl\u00f3 y ocurri\u00f3\u2014, sino que a este hombre no nacido de la palabra se le otorga el <i>don<\/i> del lenguaje, y es as\u00ed elevado por encima de la naturaleza.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Esta singular revoluci\u00f3n del acto de creaci\u00f3n referido a los hombres, no es menos evidente en la primera versi\u00f3n de la historia de la Creaci\u00f3n. En un contexto totalmente diferente, pero con la misma precisi\u00f3n, se asegura ah\u00ed la relaci\u00f3n entre hombre y lenguaje surgida del acto de creaci\u00f3n. El ritmo plural del acta de creaci\u00f3n del primer cap\u00edtulo hace no obstante entrever una especie de forma b\u00e1sica, de la que exclusivamente el acto de creaci\u00f3n del hombre se aparta significativamente. Aqu\u00ed no se encuentran referencias expresas al material de formaci\u00f3n de hombre o naturaleza, a pesar de que las palabras \u00ab\u00e9l hizo\u00bb permiten pensar en una producci\u00f3n material, por lo que nos abstendremos de juzgar. Pero la r\u00edtmica del proceso de creaci\u00f3n de la naturaleza seg\u00fan G\u00e9nesis I, es: Se hizo \u2014\u00c9l hizo (cre\u00f3)\u2014 \u00c9l nombr\u00f3. En algunas entradas del acta (1,3; 1,14) s\u00f3lo aparece \u00abSe hizo\u00bb. En el \u00abSe hizo\u00bb y \u00ab\u00c9l nombr\u00f3\u00bb al comienzo y fin del acta, se hace patente la profunda y clara referencia del acto de creaci\u00f3n al lenguaje. Mediante la omnipotencia formadora del lenguaje, se implanta, y al final se encama a la vez, lo hecho en el lenguaje que lo nombra. El lenguaje es, por lo tanto, hacedor y culminador: es palabra y nombre. En Dios el nombre es creador por ser palabra, y la Palabra de Dios es conocedora porque es nombre. \u00abY vio que era bueno\u00bb, lo entendi\u00f3 en el nombre. S\u00f3lo en Dios se da la relaci\u00f3n absoluta entre nombre y entendimiento; s\u00f3lo all\u00ed est\u00e1 el nombre, por ser \u00edntimamente id\u00e9ntico a la palabra hacedora, m\u00e9dium puro del entendimiento. Significa que Dios hizo cognoscibles a las cosas en sus nombres. Por su parte, el hombre las ha nombrado medidas del conocimiento.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El triple comp\u00e1s de la creaci\u00f3n de la naturaleza deja paso a un orden totalmente distinto cuando se trata de la creaci\u00f3n del hombre. Ahora el lenguaje tiene otro acento, y aunque la trinidad del acto se conserva, esto contribuir\u00e1 a\u00fan m\u00e1s a marcar el distanciamiento entre ambas estructuras paralelas. La referencia es al triple \u00ab\u00c9l cre\u00f3\u00bb en el verso 1,27. Dios no cro\u00f3 al hombre de la palabra ni lo nombr\u00f3. No quiso hacerlo subalterno al lenguaje sino que, por el contrario, le leg\u00f3 ese mismo lenguaje que le sirviera como m\u00e9dium de la Creaci\u00f3n a <i>\u00c9l<\/i>, libremente de s\u00ed mismo. Dios descans\u00f3 cuando hubo confiado al hombre su mismidad creativa. Esta actualidad creativa, una vez resuelta la divina, se hizo conocimiento. El hombre es conocedor en el mismo lenguaje en el que Dios es creador. Dios lo form\u00f3 a su imagen*: hizo al conocedor a la imagen del hacedor. De ah\u00ed que el lenguaje sea la entidad espiritual del hombre. Su entidad espiritual es el lenguaje empleado en la Creaci\u00f3n. En la palabra se hizo la Creaci\u00f3n y, por tanto, la palabra es la entidad ling\u00fc\u00edstica de Dios. Todo lenguaje humano es mero reflejo de la palabra en el nombre. Y el nombre se acerca tan poco a la palabra como el conocimiento a la Creaci\u00f3n. La infinitud de todo lenguaje humano es incapaz de desbordar su entidad limitada y anal\u00edtica, en comparaci\u00f3n con la absoluta libertad e infinitud creadora de la palabra de Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El nombre humano es la imagen m\u00e1s profunda de la palabra divina y a la vez el punto en que el lenguaje humano accede al m\u00e1s \u00edntimo componente de infinitud divina de la mera palalna. El nombre humano es el punto en que la palabra y el conocimiento chocan con la imposibilidad de ser infinitos. La teor\u00eda del nombre propio es igualmente la teor\u00eda de la frontera entre el lenguaje finito e infinito. De todos los seres, el humano es el \u00fanico que nombra a sus semejantes al ser el \u00fanico que no fuera nombrado por Dios. Puede que parezca extra\u00f1o, pero no resulta imposible citar en este contexto la segunda parte del verso 2,20: que el hombre nombr\u00f3 a todos los seres, \u00ab<i>pero<\/i> no se le encontr\u00f3 una compa\u00f1era, que estuviese con \u00e9l\u00bb. Y en efecto, apenas hallada su pareja, Ad\u00e1n la nombra: \u00abhembra\u00bb en el segundo capitulo y \u00abHeva\u00bb (o \u00abHava\u00bb) en el tercero. Con la atribuci\u00f3n del nombre consagran los padres al ni\u00f1o a Dios. Desde un punto de vista metaf\u00edsico y no etimol\u00f3gico, el nombre dado carece de toda referencia cognitiva, como lo demuestra el hecho de que tambi\u00e9n nombra al ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Rigurosamente hablando, el sentido etimol\u00f3gico del nombre no tiene por qu\u00e9 corresponderse con el apelado, ya que el nombre propio es palabra de Dios en voz humana. Con el nombre propio se le anuncia a cada hombre su creaci\u00f3n divina y en este sentido \u00e9l mismo es creador, tal como la sabidur\u00eda mitol\u00f3gica lo afirma frecuentemente al igualar el nombre del hombre con su destino. El nombre propio es la comunidad del hombre con la palabra <i>creativa<\/i> de Dios. (Aunque no es la \u00fanica; el hombre conoce otra comunidad ling\u00fc\u00edstica con Dios). Por medio de la palabra el hombre est\u00e1 ligado al lenguaje de las cosas. Consecuentemente, se hace ya imposible alegar, de acuerdo con el enfoque burgu\u00e9s del lenguaje, que la palabra est\u00e1 s\u00f3lo coincidentalmente relacionada con la cosa: que es signo, de alguna manera convenido, de las cosas o de su conocimiento. El lenguaje no ofrece jam\u00e1s <i>meros<\/i> signos. Mas no menos err\u00f3nea es la refutaci\u00f3n de la tesis burguesa por parte de la teor\u00eda m\u00edstica del lenguaje. Seg\u00fan esta \u00faltima, la palabra es la entidad misma de la cosa. Ello es incorrecto porque la cosa no contiene en s\u00ed a la palabra: de la palabra de Dios fue creada y es conocida por su nombre de acuerdo con la palabra humana. Pero dicho conocimiento de la cosa no es una creaci\u00f3n espont\u00e1nea. No ocurre del lenguaje absolutamente libre e infinito sino que resulta del nombre que el hombre da a la cosa, as\u00ed como \u00e9sta se le comunica. La palabra de Dios no conserva su creatividad en el nombre. Se hizo en parte receptora, aunque receptora de lenguaje. Tal recepci\u00f3n est\u00e1 dirigida hacia el lenguaje de las cosas, desde las cuales no obstante trasluce la muda magia de la naturaleza de la palabra de Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El lenguaje cuenta con su propia palabra, tanto para la recepci\u00f3n como para la espontaneidad, \u00fanicamente ligadas en el \u00e1mbito excepcional del lenguaje, y esa palabra sirve tambi\u00e9n para captar lo innombrado en el nombre. Se trata de la traducci\u00f3n del lenguaje de las cosas al de los hombres. Es preciso fundamentar el concepto de traducci\u00f3n en el estrato m\u00e1s profundo de la teor\u00eda del lenguaje, porque es de demasiado e imponente alcance como para ser tratado a posteriori, tal como se lo concibe habitualmente. Alcanza su plena significaci\u00f3n con la comprensi\u00f3n de que cada lenguaje superior, con la excepci\u00f3n de la palabra de Dios, puede ser concebido como traducci\u00f3n de los dem\u00e1s. La traductibilidad de los lenguajes est\u00e1 asegurada por el enfoque antes mencionado seg\u00fan el cual los lenguajes est\u00e1n relacionados por ser medios de diferenciada densidad. La traducci\u00f3n es la transferencia de un lenguaje a otro a trav\u00e9s de una continuidad de transformaciones. La traducci\u00f3n entra\u00f1a una continuidad transformativa y no la comparaci\u00f3n de igualdades abstractas o \u00e1mbitos de semejanza.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La traducci\u00f3n del lenguaje de las cosas al de los hombres no s\u00f3lo es la traducci\u00f3n de lo mudo a lo vocal; es la traducci\u00f3n de lo innombrable al nombre. Por lo tanto, se trata de la traducci\u00f3n de un lenguaje imperfecto a uno m\u00e1s perfecto en que se agrega algo: el conocimiento. Sin embargo, la objetividad de esta traducci\u00f3n tiene su garant\u00eda en Dios. Es que Dios hizo las cosas, y la palabra hacedora en ellas es el embri\u00f3n del nombre conocedor, al haber nombrado Dios a cada cosa, una vez hecha. No obstante, este nombramiento es manifiestamente s\u00f3lo la expresi\u00f3n identificadora de la palabra hacedora y del nombre conocedor en Dios, no la soluci\u00f3n predestinada de esta tarea de nombrar las cosas que Dios deja expresamente al hombre. El hombre resuelve este cometido cuando recoge el lenguaje mudo e innombrado de las cosas y lo traduce al nombre vocal. Mas la tarea resultar\u00eda imposible de no estar, tanto el lenguaje de nombres del hombre y el innombrado de las cosas, emparentados en Dios, surgidos ambos de la misma palabra hacedora; en las cosas, comunicando a la materia en una comunidad m\u00e1gica y en el hombre, constituyendo el lenguaje del conocimiento y del nombre en el esp\u00edritu bienaventurado. Hamann dice: \u00abTodo aquello que el hombre en el comienzo oyera o viera con sus ojos &#8230; o palpara con sus manos fue &#8230; palabra viva; porque Dios era la palabra. Con esta palabra en la boca y en el coraz\u00f3n, el surgimiento del lenguaje fue tan natural, tan cercano y ligero como un juego de ni\u00f1os&#8230;\u00bb En el poema \u00abEl primer despertar de Ad\u00e1n y primera noche bienaventurada\u00bb del pintor M\u00fcller, Dios llama a los hombres a la tarea de poner nombres con las siguientes palabras: \u00ab\u00a1Hombre de la tierra, aprox\u00edmate, perfecci\u00f3nate con la mirada, perfecci\u00f3nate merced a la palabra!\u00bb Esta asociaci\u00f3n de observaci\u00f3n y nombramiento implica la comunicaci\u00f3n interior de la mudez de las cosas y animales en el lenguaje de los hombres tal como la recoge el nombre. En el mismo pasaje de la poes\u00eda, el conocimiento habla desde el poeta: s\u00f3lo la palabra con la que fueron hechas las cosas, permite al hombre el nombramiento de ellas, por comunicarse los variados aunque mudos lenguajes de los animales, en la imagen: Dios les concede un signo a los animales seg\u00fan orden, con el que acceden al nombramiento realizado por el hombre. As\u00ed, de forma casi sublime, la comunidad ling\u00fc\u00edstica de la creaci\u00f3n muda con Dios esta dada en la imagen del signo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La pluralidad de lenguajes humanos se explica por la inconmensurable inferioridad de la palabra nombradora en comparaci\u00f3n con la palabra de Dios, a pesar de estar aqu\u00e9lla, a su vez, infinitamente por encima de la palabra muda del ser de las cosas. El lenguaje de las cosas s\u00f3lo puede insertarse en el lenguaje del conocimiento y del nombre gracias a la traducci\u00f3n. Habr\u00e1 tantas traducciones como lenguajes, por haber ca\u00eddo el hombre del estado paradis\u00edaco en el que s\u00f3lo se conoc\u00eda un \u00fanico lenguaje. (Seg\u00fan la Biblia, esta consecuencia de la expulsi\u00f3n del para\u00edso se hace sentir m\u00e1s tarde.) El lenguaje paradis\u00edaco de los hombres debi\u00f3 haber sido perfectamente conocedor; si, posteriormente, todo conocimiento de la pluralidad del lenguaje se diferencia de nuevo infinitamente, entonces, y en un plano inferior, tuvo que diferenciarse con m\u00e1s raz\u00f3n, en tanto creaci\u00f3n en el nombre. La figura del \u00c1rbol del Conocimiento tampoco disimula el car\u00e1cter perfectamente conocedor del lenguaje del para\u00edso. Sus manzanas ofrec\u00edan el conocimiento de lo bueno y de lo malo. Pero Dios, al s\u00e9ptimo d\u00eda, ya hab\u00eda conocido en las palabras de la creaci\u00f3n. Y vio que era muy bueno. El conocimiento con que la serpiente tienta, el saber qu\u00e9 es bueno y qu\u00e9 malo, carece de nombre. Es nulo en el sentido m\u00e1s profundo de la palabra, y por ende, ese saber es lo \u00fanico malo que conoce el estado paradisiaco. El saber de lo bueno y lo malo abandona al nombre; es un conocimiento desde afuera, una imitaci\u00f3n no creativa de la palabra hacedora. Con este conocimiento el nombre sale de s\u00ed mismo: el pecado original es la hora de nacimiento de la palabra humana, en cuyo seno el nombre ya no habita indemne. Del lenguaje de nombres, el conocedor, podemos decir que su propia magia inmanente sali\u00f3 de \u00e9l para ser, expresa y literalmente, m\u00e1gica desde afuera. Se espera que la palabra comunique <i>algo<\/i> (fuera de si misma). \u00c9ste es el verdadero pecado original del esp\u00edritu ling\u00fc\u00edstico. La palabra como comunicante exterior, esto es simult\u00e1neamente una parodia de lo expresamente inmediato, la divina palabra creadora, bajo guisa de lo expresamente mediato y adem\u00e1s la decadencia del esp\u00edritu ling\u00fc\u00edstico bienaventurado, el ad\u00e1nico, que se yergue entre ambos. De hecho, se mantiene entre la palabra que, como promete la serpiente, conoce lo bueno y lo malo, y la palabra exteriormente comunicante que, b\u00e1sicamente, es la identidad. El conocimiento de las cosas radica en el nombre. Por su parte, el conocimiento de lo bueno y lo malo es una charlataner\u00eda, en el sentido profundo en que lo usa Kierkegaard; s\u00f3lo conoce purificaci\u00f3n y elevaci\u00f3n y ante las cuales se hizo tambi\u00e9n comparecer al charlat\u00e1n, al pecador, es decir, comparecer ante el tribunal. Para la palabra sentenciadora el conocimiento de lo bueno y lo malo es inmediato. Posee una magia distinta de la del nombre pero es muy magia. Es esta palabra sentenciadora la que expulsa a los primeros hombres del para\u00edso, habi\u00e9ndolo provocado ellos mismos. de acuerdo con una ley eterna seg\u00fan la cual la conjuraci\u00f3n de ella misma es la \u00fanica y m\u00e1s profunda culpa que prev\u00e9 y castiga. Con el pecado original, y dada la mancillaci\u00f3n de la pureza eterna del nombre, se elev\u00f3 la mayor rigurosidad de la palabra sentenciadora: el juicio. El pecado original tiene una triple significaci\u00f3n respecto al entramado esencial del lenguaje, al margen de su significaci\u00f3n habitual. Dado que el ser humano se extrae de la pureza del lenguaje del nombre, lo transforma en un medio; de hecho en un conocimiento que no le es adecuado, y que, por consiguiente, convierte parcialmente al lenguaje en <i>mero<\/i> signo. M\u00e1s tarde, esto se plasma en la mayor\u00eda de las lenguas. La segunda significaci\u00f3n indica que del pecado original surge, como restituci\u00f3n por la inmediatez mancillada del nombre, una nueva magia del juicio que ya no reside, bienaventurada, en s\u00ed misma. Como tercera significaci\u00f3n puede aventurarse la suposici\u00f3n de que asimismo el origen de la abstracci\u00f3n no sea m\u00e1s que una facultad del esp\u00edritu del lenguaje, resultante del pecado original. Lo bueno y lo malo permanecen innombrables, sin nombre fuera del lenguaje del nombre, por el abandono de \u00e9ste por parte del hombre, abandono impl\u00edcito en la interrogaci\u00f3n misma que los origina. Desde la perspectiva del lenguaje establecido, el nombre s\u00f3lo ofrece el fundamento en el que echan ra\u00edces sus elementos concretos. Quiz\u00e1 est\u00e9 permitido sugerir que los elementos ling\u00fc\u00edsticos abstractos echan a su vez ra\u00edz, en palabras sentenciadoras, en el juicio. La inmediatez (la ra\u00edz ling\u00fc\u00edstica) de la comunicabilidad de la abstracci\u00f3n est\u00e1 dada en el juicio sentenciador. Dicha inmediatez de la comunicaci\u00f3n de la abstracci\u00f3n se erige en sentenciadora, ya que el hombre, con el pecado original, abandona la inmediatez de la comunicaci\u00f3n de lo concreto, a saber, el nombre, para caer en el abismo de la mediatez de toda comunicaci\u00f3n, la palabra como medio, la palabra vana, el abismo de la charlataner\u00eda. Rep\u00edtase que charlataner\u00eda fue preguntarse sobre lo bueno y lo malo en el mundo surgido de la Creaci\u00f3n. El \u00e1rbol del conocimiento no estaba en el jard\u00edn de Dios para aclarar sobre lo bueno y lo malo, ya que eso pod\u00eda hab\u00e9rnoslo ofrecido Dios, sino como indicaci\u00f3n de la sentencia aplicable al interrogador. Esta iron\u00eda colosal se\u00f1ala el origen m\u00edtico del derecho.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Despu\u00e9s del pecado original que, por la mediatizaci\u00f3n del lenguaje fue la base de su pluralidad, se estalla a un solo paso de la confusi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica. Una vez mancillada la pureza del nombre por parte del hombre; s\u00f3lo faltaba que se consumara la retirada de la mirada sobre las cosas, en cuyo seno ingresan sus lenguajes en el del hombre, para robarle a este \u00faltimo la base com\u00fan de su ya sacudido lenguaje espiritual. Los signos no tienen m\u00e1s remedio que confundirse cuando las cosas se embrollan. Para someter al lenguaje librado a la charlataner\u00eda, la consecuencia pr\u00e1cticamente ineludible es el sometimiento de las cosas a la bufoner\u00eda. El proyecto de construcci\u00f3n de la Torre de Babel y la consiguiente confusi\u00f3n de lenguas, deriv\u00f3 del abandono de las cosas, impl\u00edcito en el mencionado sometimiento.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La vida de los hombres en el esp\u00edritu puro del lenguaje era bienaventurada. Pero la naturaleza es muda. En el segundo cap\u00edtulo del G\u00e9nesis estaba claro que la mudez nombrada por los hombres se troc\u00f3 ya en una buenaventura de grado inferior. M\u00fcller, el pintor, hace decir a Ad\u00e1n, acerca de los animales que lo abandonan luego de nombrarlos: \u00abY en toda nobleza, vi c\u00f3mo se apartaban precipitadamente de mi lado, por haberles dado un nombre el hombre.\u00bb Despu\u00e9s del pecado original, empero, la concepci\u00f3n de la naturaleza se transforma profundamente con la palabra de Dios que maldice al campo. Comienza as\u00ed esa otra mudez que entendemos como la tristeza profunda de la naturaleza. Es una verdad metaf\u00edsica que, con la adjudicaci\u00f3n del lenguaje, comenzaron los lamentos de toda naturaleza. (La expresi\u00f3n \u00abadjudicaci\u00f3n de lenguaje\u00bb es aqu\u00ed m\u00e1s fuerte que \u00abhacer que pueda hablar\u00bb.) Esta frase tiene un doble sentido. Significa primero que ella misma se lamentar\u00eda por el lenguaje. La carencia del habla: \u00e9sta es la gran pena de la naturaleza (y por querer redimirla est\u00e1 la vida y el lenguaje de los <i>hombres<\/i> en la naturaleza, y no s\u00f3lo el del poeta, como suele asumirse). En segundo lugar, la frase dice: se lamentar\u00eda. Pero el lamento es la expresi\u00f3n m\u00e1s indiferenciada e impotente del lenguaje: casi no contiene m\u00e1s que un h\u00e1lito sensible. All\u00ed donde susurren las plantas sonar\u00e1 un lamento. La naturaleza se entristece por su mudez. No obstante, la inversi\u00f3n de la frase nos conduce a mayores profundidades de la entidad de la naturaleza: la tristeza de la naturaleza la hace enmudecer. En todo duelo o tristeza, la m\u00e1xima inclinaci\u00f3n es a enmudecer, y esto es mucho m\u00e1s que una mera incapacidad o falta de motivaci\u00f3n para comunicar. Es que lo afligido se siente tan \u00edntimamente conocido por lo no conocible. El ser nombrado conserva quiz\u00e1 la huella de la aflicci\u00f3n, aun cuando el nombrador es un bienaventurado, a Dios semejante. Tanto m\u00e1s cierto cuando se es nombrado, no por un lenguaje paradis\u00edaco y bienaventurado del nombre, sino por los centenares de lenguajes humanos, en los cuales el nombre se ha marchitado y que, aun as\u00ed, conoce las cosas seg\u00fan la palabra de Dios. De no ser en Dios, las cosas carecen de nombre propio. Con su palabra creadora Dios las llam\u00f3 por su nombre propio. Pero en el lenguaje humano est\u00e1n innombradas. En la relaci\u00f3n de los lenguajes humanos con las cosas se interpone algo: esa super-denominaci\u00f3n que se aproxima al \u00abapodo\u00bb: apodo como fundamento ling\u00fc\u00edstico m\u00e1s profundo, desde el punto de vista de la cosa, de toda aflicci\u00f3n y enmudecimiento. Y el apodo como entidad ling\u00fc\u00edstica del afligido sugiere a\u00fan otra relaci\u00f3n notable del lenguaje: la super-determinaci\u00f3n que rige tr\u00e1gicamente la relaci\u00f3n entre los lenguajes del ser hablante.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Existe un lenguaje de la pl\u00e1stica, de la pintura, de la poes\u00eda. As\u00ed como el lenguaje de la poes\u00eda se funde, aunque no s\u00f3lo ella, en el lenguaje de nombres del hombre, es tambi\u00e9n muy concebible que el lenguaje de la pl\u00e1stica o de la pintura se funde con ciertas formas del lenguaje de las cosas; que en ellas se traduzca un lenguaje de las cosas en una esfera infinitamente m\u00e1s elevada, o bien quiz\u00e1 la misma esfera. Aqu\u00ed se trata de lenguajes sin nombre y sin ac\u00fastica: lenguajes del material, por lo que lo referido es la comunicaci\u00f3n de la comunidad material de las cosas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La comunicaci\u00f3n de las cosas es adem\u00e1s de una comunidad tal que concibe al mundo como totalidad individida.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Para acceder al conocimiento de las formas art\u00edsticas, basta intentar concebirlas como lenguajes y buscar su relaci\u00f3n con los lenguajes de la naturaleza. Un ejemplo que nos es cercano por pertenecer a la esfera de lo ac\u00fastico, es el parentesco entre el canto y el lenguaje de los p\u00e1jaros. Por otra parte, no es menos cierto que el lenguaje del arte es s\u00f3lo comprensible, en sus alusiones m\u00e1s profundas, por la ense\u00f1anza de los signos. Sin ella, toda filosof\u00eda del lenguaje es fragmentar\u00eda porque la relaci\u00f3n entre lenguaje y signo es primaria y fundamental, la del lenguaje humano y la escritura siendo s\u00f3lo un caso muy particular.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00c9sta es la ocasi\u00f3n de se\u00f1alar otro contraste que impera en la totalidad del \u00e1mbito del lenguaje, y que mantiene estrechas aunque complejas conexiones con lo dicho anteriormente sobre lenguaje y signo en el sentido m\u00e1s estricto. Lenguaje no s\u00f3lo significa comunicaci\u00f3n de lo comunicable, sino que constituye a la vez el s\u00edmbolo de lo incomunicable. El aspecto simb\u00f3lico del lenguaje tiene que ver con su relaci\u00f3n con el signo aunque se extiende tambi\u00e9n, de cierta manera, sobre nombre y juicio. Muy probablemente, \u00e9stos tienen asimismo una funci\u00f3n simb\u00f3lica \u00edntimamente ligada a ellos y que aqu\u00ed no fue se\u00f1alada, por lo menos expresamente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">As\u00ed pues, tras estas observaciones nos queda un concepto depurado, aunque todav\u00eda incompleto, del lenguaje. El lenguaje de una entidad es el m\u00e9dium en que se comunica su entidad espiritual. La corriente continua de tal comunicaci\u00f3n huye por toda la naturaleza, desde la m\u00e1s baja forma de existencia hasta el ser humano. y del ser humano hasta Dios. Por el nombre que adjudica a la naturaleza y a sus semejantes (en el nombre propio), el ser humano comunica a Dios a s\u00ed mismo. A la naturaleza la nombra de acuerdo a la comunicaci\u00f3n que de ella capta: es que toda la naturaleza est\u00e1 atravesada por un lenguaje mudo, tambi\u00e9n residuo de la palabra creadora divina conservada en vilo, asi como en el hombre es nombre conocedor, y sobre el hombre es juicio.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 1cm\">El lenguaje de la naturaleza puede compararse a una soluci\u00f3n secreta que cada puesto transmite en su propio lenguaje al puesto pr\u00f3ximo; el contenido de la soluci\u00f3n siendo el propio lenguaje del puesto. Cada lenguaje relativamente m\u00e1s elevado es una traducci\u00f3n del inferior, hasta que la palabra de Dios se despliega en la \u00faltima claridad, la unidad de este movimiento ling\u00fc\u00edstico.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 130%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><i>\u00dcber Sprache \u00fcberhaupt und \u00fcber die Sprache des Menschen<\/i>, el manuscrito original es de 1916. Este ensayo se public\u00f3 p\u00f3stumamente. La traducci\u00f3n es de Eduardo Subirats y publicada en <i>Iluminaciones IV<\/i> de editorial Taurus.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 130%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>1<\/sup> \u00bfNo ser\u00e1 acaso, la tentaci\u00f3n de fijar la hip\u00f3tesis desde un comienzo, la responsable del abismo que se cierne sobre todo filosofar?<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 130%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small>* \u00abZelem\u00bb, sombra, silueta. Descripci\u00f3n espiritual y no visual. Frente a \u00abDmut\u00bb, imagen representativa. De ah\u00ed que la imagen humana est\u00e1 prohibida en el Juda\u00edsmo, no por ser sagrada sino por ser falsa, reductora de la semejanza espiritual. [N. del T.]<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Toda expresi\u00f3n de la vida espiritual del hombre puede concebirse como una especie de lenguaje, y este enfoque provoca nuevos interrogantes sobre todo, como corresponde a un m\u00e9todo veraz. Puede hablarse de un lenguaje de la m\u00fasica y de la pl\u00e1stica; de un lenguaje de la justicia, que nada tiene que ver. inmediatamente, con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10716,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[16],"class_list":["post-70","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-walter-benjamin"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/70","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/10716"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=70"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/70\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":71,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/70\/revisions\/71"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=70"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=70"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=70"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}