{"id":667,"date":"2018-03-26T17:44:35","date_gmt":"2018-03-26T23:44:35","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=667"},"modified":"2018-06-04T13:25:11","modified_gmt":"2018-06-04T18:25:11","slug":"foucault-confesiones-carne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=667","title":{"rendered":"Michel Foucault: La formaci\u00f3n de una nueva experiencia | Cap. I de Historia de la sexualidad Vol. 4. Las confesiones de la carne"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-683\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-1024x593.png\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"274\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-1024x593.png 1024w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-300x174.png 300w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1-768x445.png 768w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Miche-Foucault-1.png 1586w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><strong>El blog de Artiller\u00eda Inmanente traduce a continuaci\u00f3n la primera secci\u00f3n del primero de los cap\u00edtulos (de un total de tres: \u00abI. La formaci\u00f3n de una nueva experiencia\u00bb, que aqu\u00ed se publicar\u00e1 completo paulatinamente, <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/post\/2018\/06\/04\/foucault-ser-virgen\/\">\u00abII. Ser virgen\u00bb<\/a> y \u00abIII. Estar casado\u00bb) del cuarto volumen in\u00e9dito de la <em>Historia de la sexualidad<\/em> de Michel Foucault.\u00a0Continuaremos traduciendo poco a poco lo que nos sea posible de <em>Las confesiones de la carne<\/em> (<em>Les aveux de la chair<\/em>), t\u00edtulo de este cuarto volumen p\u00f3stumo que apareci\u00f3 en febrero de 2018, con una edici\u00f3n de Fr\u00e9d\u00e9ric Gros, en ediciones Gallimard (Par\u00eds, Francia).<\/strong><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><strong>El \u00edndice completo de este libro puede consultarse <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/03\/Sumario.png\">aqu\u00ed<\/a> (el texto entre corchetes fue dispuesto \u00fanicamente por el editor).<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">1. Creaci\u00f3n, procreaci\u00f3n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El r\u00e9gimen de los <em>aphrodisia<\/em>, definido en funci\u00f3n del matrimonio, la procreaci\u00f3n, la descalificaci\u00f3n del placer y un lazo de simpat\u00eda respetuosa e intensa entre los esposos, fueron pues fil\u00f3sofos y directivos no cristianos quienes lo formularon: una sociedad \u00abpagana\u00bb fue la que se dio la posibilidad de reconocer en \u00e9l una regla de conducta aceptable para todos; lo que no quiere decir efectivamente seguida por todos, ni mucho menos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Este r\u00e9gimen, sin modificaciones esenciales, lo encontramos en la doctrina de los Padres del segundo siglo. \u00c9stos, a los ojos de la mayor\u00eda de los historiadores, no habr\u00edan encontrado los principios en los c\u00edrculos cristianos primitivos ni en los textos apost\u00f3licos; con la excepci\u00f3n de las cartas fuertemente helenizantes de san Pablo. Estos principios habr\u00edan emigrado de alg\u00fan modo al pensamiento y la pr\u00e1ctica cristianas, a partir de los c\u00edrculos paganos cuya hostilidad era preciso desarmar mostrando formas de conducta ya reconocidas por ellos en lo que respecta a su alto valor. Es un hecho que apologistas como Justino o Aten\u00e1goras defienden, ante los emperadores a los cuales se dirigen, que los cristianos ponen en pr\u00e1ctica, a prop\u00f3sito del matrimonio, la procreaci\u00f3n y los <em>aphrodisia<\/em>, principios que son los mismos que los de los fil\u00f3sofos. Y para se\u00f1alar bien esta identidad, emplean, sin apenas cambiarlos, estos preceptos afor\u00edsticos cuyas palabras y formulaciones denotan f\u00e1cilmente su origen. \u00abEn cuanto a nosotros \u2014dice Justino\u2014 si nos casamos, es para criar a nuestros hijos; si renunciamos al matrimonio, observamos la continencia perfecta\u00bb.<sup>[1]<\/sup> Hablando a Marco Aurelio, Aten\u00e1goras hace uso de referencias m\u00e1s bien estoicas: dominio del deseo*<sup>1<\/sup> (\u00abla procreaci\u00f3n es para nosotros la medida del deseo\u00bb);<sup>2<\/sup>\u00a0rechazo de alg\u00fan segundo matrimonio (\u00abaquel que repudia a su mujer para casarse con otra es ad\u00faltero\u00bb, \u00abtodo nuevo matrimonio es un adulterio distinguido\u00bb);<sup>3<\/sup> desconfianza hacia el placer (\u00abdespreciamos las cosas de esta vida y hasta los placeres del alma\u00bb).<sup>4<\/sup>\u00a0Aten\u00e1goras no se sirve de estos temas para indicar algunos rasgos distintivos del cristianismo por oposici\u00f3n al paganismo. Se trata m\u00e1s bien de mostrar c\u00f3mo los cristianos escapan de los reproches de inmoralidad que les dirigen, y c\u00f3mo su vida es la realizaci\u00f3n misma de un ideal de moralidad que la sabidur\u00eda de los paganos reconoci\u00f3 por su cuenta.<sup>5<\/sup> Como mucho subraya el hecho de que la creencia de los cristianos en la vida eterna y el deseo de unirse a Dios constituyen un motivo profundo y s\u00f3lido para ellos de seguir realmente estos preceptos, mejor a\u00fan: de mantener puras sus intenciones y de cazar hasta en los pensamientos aquellas acciones que condenan.<sup>6<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">A finales del siglo segundo, la obra de Clemente de Alejandr\u00eda conserva, sobre el r\u00e9gimen de los <em>aphrodisia<\/em> tal como pod\u00eda ser entonces acogido en un pensamiento cristiano, un testimonio de una amplitud completamente distinta. Clemente evoca el problema del matrimonio,\u00a0 las relaciones sexuales, la procreaci\u00f3n y la continencia en varios textos: los principales son, en <em>El Pedagogo<\/em>, el cap\u00edtulo X del libro II, y tambi\u00e9n, pero de modo m\u00e1s r\u00e1pido, los cap\u00edtulos VI y VII del mismo libro y [el cap\u00edtulo VIII] del libro III; en el segundo <em>Stromata<\/em>, el cap\u00edtulo XXXII y el conjunto del tercer <em>Stromata<\/em>. El primero de estos textos es el que analizar\u00e9 aqu\u00ed en primer lugar, esclareci\u00e9ndolo, cuando sea necesario, a trav\u00e9s de los dem\u00e1s. Esto con una raz\u00f3n: el gran texto del tercer <em>Stromata<\/em> est\u00e1 esencialmente dedicado a una pol\u00e9mica contra diferentes temas gn\u00f3sticos. Se desarrolla sobre dos frentes: por un lado, Clemente quer\u00eda rechazar a aquellos para quienes la descalificaci\u00f3n de la materia, su identificaci\u00f3n con el mal, y la certeza de la salvaci\u00f3n para los elegidos volv\u00edan indiferente la obediencia a las leyes de este mundo, cuando no deb\u00edan volver obligatorio y ritual su transgresi\u00f3n; por otro lado, buscaba distanciarse tambi\u00e9n de esas numerosas tendencias encratistas que, reivindicando de manera m\u00e1s o menos fundada a Valentino o Bas\u00edlides, quer\u00edan prohibir el matrimonio y las relaciones sexuales o bien a todos los fieles, o bien al menos a aquellos que trataban de llevar una vida realmente santa. Estos textos son evidentemente capitales para comprender, a trav\u00e9s de la cuesti\u00f3n del matrimonio y de la abstinencia, la teolog\u00eda de Clemente, su concepci\u00f3n de la materia, del mal y del pecado. <em>El Pedagogo<\/em>, por su parte, tiene un destino muy diferente: se dirige a cristianos despu\u00e9s de su conversi\u00f3n y su bautizo; y no, como se dice a veces, a paganos en camino hacia la Iglesia. Y les propone una regla de vida precisa, concreta y cotidiana.<sup>7<\/sup>\u00a0Por tanto, se trata aqu\u00ed de un texto que tiene objetivos comparables a los consejos de conducta que pod\u00edan dar los fil\u00f3sofos helen\u00edsticos y la comparaci\u00f3n entre ellos puede, en estas condiciones, ser pertinente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Sin duda, estos preceptos de vida no agotan las obligaciones del cristiano y no lo conducen hasta el final del camino. Del mismo modo que, antes de <em>El Pedagogo<\/em>, <em>El Protr\u00e9ptico<\/em> ten\u00eda por funci\u00f3n exhortar al alma a elegir la buena v\u00eda, as\u00ed, despu\u00e9s de <em>El Pedagogo<\/em>, el maestro tendr\u00eda todav\u00eda que iniciar al disc\u00edpulo en las verdades m\u00e1s altas. Tenemos pues con <em>El Pedagogo<\/em> un libro de ejercicio y de encaminamiento; la gu\u00eda para un ascenso hacia Dios que otra ense\u00f1anza tendr\u00eda despu\u00e9s que prolongar hasta su t\u00e9rmino. Pero el car\u00e1cter intermediario de este arte de vivir cristianamente no autoriza a relativizarlo: si bien no lo dice todo, lo que dice no se vuelve nunca caduco. La vida m\u00e1s perfecta, que otro maestro ense\u00f1ar\u00e1, descubrir\u00e1 otras verdades; no obedecer\u00e1 a otras leyes morales. Muy precisamente, los preceptos que proporciona <em>El Pedagogo<\/em> a prop\u00f3sito del matrimonio, las relaciones sexuales, el placer, no constituyen una etapa intermediaria propia de una vida promedio, y que ser\u00eda seguida de una etapa m\u00e1s dif\u00edcil o m\u00e1s pura, propia de la existencia del verdadero gn\u00f3stico. \u00c9ste, que ve en efecto lo que el simple \u00abalumno\u00bb no podr\u00eda avistar, no tiene que aplicar otras reglas en estas materias de la vida cotidiana.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En efecto, se trata sin duda de lo que puede verse en los <em>Stromata<\/em> donde Clemente nunca sugiere, a prop\u00f3sito del matrimonio, para el \u00abverdadero gn\u00f3stico\u00bb otros preceptos que aquellos de <em>El Pedagogo<\/em>. Si se niega absolutamente a condenar el matrimonio, a ver en \u00e9l como algunos una <em>porneia<\/em>, una fornicaci\u00f3n, e incluso a reconocer en \u00e9l un dif\u00edcil obst\u00e1culo para una vida aut\u00e9nticamente religiosa, no hace de \u00e9l tampoco una obligaci\u00f3n: deja abiertas las dos v\u00edas, reconoce que cada una de ellas, matrimonio y castidad, tiene sus cargas y sus obligaciones,<sup>8<\/sup> y a lo largo de la reflexi\u00f3n o de la discusi\u00f3n tiene que remarcar o bien el mayor m\u00e9rito de aquellos que enfrentan la responsabilidad de tener mujer e hijos, o bien mostrar el valor de una vida sin relaci\u00f3n sexual. Lo que se puede leer en <em>El Pedagogo<\/em> sobre la vida de un hombre con su mujer no define por tanto solamente una condici\u00f3n provisional: son preceptos comunes que valen en general para todos aquellos que est\u00e1n casados, sin importar su punto de progreso hacia la gnosis de Dios. Y, por otra parte, lo que <em>El Pedagogo<\/em> explica en cuanto a la naturaleza de su propia ense\u00f1anza va en la misma direcci\u00f3n. El \u00abPedagogo\u00bb no es un instructor pasajero e imperfecto: \u00abSe asemeja a Dios su Padre [\u2026], est\u00e1 exento de pecados, reproches, pasiones en su alma, Dios sin mancha bajo el aspecto de un hombre, servidor de la voluntad del Padre, <em>Logos<\/em> Dios, aquel que est\u00e1 en el Padre, aquel que est\u00e1 sentado a la derecha del Padre, Dios tambi\u00e9n por su aspecto\u00bb.<sup>10<\/sup> El Pedagogo es por tanto Cristo mismo; y lo que ense\u00f1a, o m\u00e1s exactamente lo que ense\u00f1a en \u00e9l y lo que es ense\u00f1ado por \u00e9l, es el <em>Logos<\/em>. Como Verbo, ense\u00f1a la ley de Dios; y los mandamientos que formula son la raz\u00f3n universal y viva. Las partes segunda y tercera de <em>El Pedagogo<\/em> est\u00e1n consagradas a este arte de conducirse cristianamente, pero en las \u00faltimas l\u00edneas del cap\u00edtulo XIII de la primera parte, Clemente da el sentido que dispone a estas lecciones que van a seguir: \u00abEl deber, por consiguiente, es, en esta vida, tener una voluntad unida a Dios y a Cristo, lo que es un acto recto para la vida eterna. La vida de los cristianos, que estamos aprendiendo de parte de nuestro Pedagogo, es un conjunto de acciones conformes al <em>Logos<\/em>, la puesta en pr\u00e1ctica sin fallas de las ense\u00f1anzas del <em>Logos<\/em>, lo que justamente hemos llamado la fe. Este conjunto est\u00e1 constituido por los preceptos del Se\u00f1or, que, por ser m\u00e1ximas divinas, nos han sido prescritos como mandamientos espirituales, \u00fatiles a la vez para nosotros mismos y nuestros cercanos\u00bb. Y entre estas cosas necesarias Clemente distingue aquellas que conciernen a la vida terrenal \u2014que se encontrar\u00e1n en los libros siguientes a <em>El Pedagogo<\/em>\u2014 y aquellas que conciernen a la vida celestial que se podr\u00e1 descifrar en las Escrituras. \u00bfUna ense\u00f1anza esot\u00e9rica, despu\u00e9s de las lecciones dadas a todos? Tal vez.<sup>11<\/sup> Pero, no obstante, en estas leyes de la existencia cotidiana hay que ver una ense\u00f1anza del <em>Logos<\/em> mismo; hay que reconocer, en la conducta que se somete a \u00e9l, <em>la acci\u00f3n recta<\/em> que conduce a <em>la vida eterna<\/em>, y hay que reconocer, en estas acciones rectas conformes al <em>Logos<\/em>, una <em>voluntad unida a Dios<\/em> y a Cristo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Estas palabras que Clemente utiliza en el momento en que va a presentar sus reglas de vida son bastante significativas. Indican claramente el doble registro con el cual habr\u00e1 que relacionarlas: de acuerdo con el vocabulario estoico, estas reglas de vida definen claramente conductas convenientes (<em>kathekonta<\/em>), pero tambi\u00e9n esas acciones racionalmente fundadas en las cuales el hombre que las cumple se une a la raz\u00f3n universal (<em>katorthomata<\/em>); y de acuerdo con la tem\u00e1tica cristiana, definen no solamente los preceptos negativos que permiten ser acogidos en la comunidad, sino la forma de existencia que conduce a la vida eterna y constituye la fe.<sup>12<\/sup> En suma, lo que Clemente propone en la ense\u00f1anza de <em>El Pedagogo<\/em>\u00a0es un corpus prescriptible donde el nivel de los \u00abconvenientes\u00bb no es m\u00e1s que la cara visible de la vida virtuosa, la cual a su vez es un recorrido hacia la salvaci\u00f3n. La omnipresencia del <em>Logos<\/em>, que comanda las acciones adecuadas, manifiesta la recta raz\u00f3n y salva las almas uni\u00e9ndolas a Dios, asegura la solidaridad de estos tres niveles.<sup>13<\/sup> Los libros \u00abpr\u00e1cticos\u00bb de <em>El Pedagogo<\/em> que se abren inmediatamente despu\u00e9s de ese pasaje est\u00e1n llenos de ligeras precauciones cuyo car\u00e1cter de pura y simple conveniencia puede sorprender. Pero hay que situarlas en esta intenci\u00f3n global, y el detalle de los <em>kathekonta<\/em>, donde parecen detenerse a menudo las recomendaciones de Clemente, debe ser descifrado a partir de este <em>Logos<\/em> que es a la vez principio de la acci\u00f3n recta y movimiento de la salvaci\u00f3n, raz\u00f3n del mundo real y palabra de Dios que llama a la eternidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La lectura de <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, exige por tanto un cierto n\u00famero de observaciones preliminares.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">1. Se tiene la costumbre de se\u00f1alar principalmente citas expl\u00edcitas o impl\u00edcitas de moralistas paganos, y en primer lugar estoicos. Musonio Rufo es sin duda uno de los m\u00e1s utilizados, aunque nunca sea nombrado. Y es un hecho que en cuatro o cinco ocasiones al menos, y sobre puntos esenciales, Clemente transcribe casi palabra a palabra diversas sentencias del estoico romano. As\u00ed sobre el principio de que la uni\u00f3n leg\u00edtima debe desear la procreaci\u00f3n;<sup>14<\/sup> sobre el principio de que la investigaci\u00f3n del mero placer, incluso en el matrimonio, es contraria a la raz\u00f3n;<sup>15<\/sup> sobre el principio de que uno debe escatimar a su mujer cualquier forma indecente de relaciones;<sup>16<\/sup> sobre el principio de que, si se tiene verg\u00fcenza de una acci\u00f3n, es porque se tiene consciencia de que es un error.<sup>17<\/sup> Pero de esto no habr\u00eda que concluir que Clemente no hace m\u00e1s que interpolar en este cap\u00edtulo una ense\u00f1anza que tomaba de una escuela filos\u00f3fica sin el menor esfuerzo de darle un significado cristiano. En primer lugar, hay que notar que las referencias a los fil\u00f3sofos paganos son aqu\u00ed, como en tantos otros textos de Clemente, extremadamente numerosas: es posible detectar pr\u00e9stamos provenientes de Ant\u00edpater, de Hierocles y sin duda tambi\u00e9n de las sentencias de Sexto; Arist\u00f3teles, quien no es citado tampoco, es a menudo utilizado, como tambi\u00e9n naturalistas y m\u00e9dicos. Por \u00faltimo \u2014y esto no es tampoco excepcional en Clemente\u2014, Plat\u00f3n es uno de los pocos que es expresamente citado y el \u00fanico que lo es extensamente.<sup>18<\/sup> Pero hay que notar tambi\u00e9n que ninguno de los grandes temas prescriptivos evocados por Clemente se presenta sin el acompa\u00f1amiento de citas escritas: Moises, el Lev\u00edtico, Ezequiel, Isaias, Sirac. Antes que un pr\u00e9stamo masivo, y poco elaborado, proveniente del estoicismo tard\u00edo, hay que ver m\u00e1s bien en este cap\u00edtulo el intento de integrar los preceptos efectivamente prescritos en los moralistas de la \u00e9poca en una triple referencia: la de los naturalistas y los m\u00e9dicos que muestra c\u00f3mo la naturaleza los funda y manifiesta su racionalidad, testimoniando as\u00ed la presencia del <em>Logos<\/em> como principio de organizaci\u00f3n del mundo; la de los fil\u00f3sofos, y sobre todo de Plat\u00f3n, el fil\u00f3sofo por excelencia, que muestra c\u00f3mo la raz\u00f3n humana puede reconocerlos y justificarlos, testimoniando que el <em>Logos<\/em> habita el alma de cualquier hombre; por \u00faltimo la de la Escritura, que muestra que Dios ha dado expl\u00edcitamente a los hombres estos mandamientos \u2014estos <em>entolai<\/em>\u2014 testimoniando as\u00ed que aquellos que los obedezcan se unir\u00e1n de voluntad con \u00e9l: o bien bajo la forma de la ley mosaica, o bien bajo la forma de las palabras cr\u00edsticas.<sup>19<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Cada uno de los grandes preceptos, que formula este cap\u00edtulo X del segundo libro, est\u00e1 por tanto sometido a un principio de \u00abtriple determinaci\u00f3n\u00bb: por la naturaleza, por la raz\u00f3n filos\u00f3fica, por la palabra de Dios. Ciertamente, el contenido de la ense\u00f1anza, la codificaci\u00f3n, en lo que respecta a lo que permite, proh\u00edbe o recomienda, est\u00e1 en absoluta conformidad, exceptuando algunos detalles, con lo que era ense\u00f1ado desde los siglos precedentes en las escuelas filos\u00f3ficas y particularmente estoicas. Pero todo el esfuerzo de Clemente est\u00e1 en insertar estos aforismos conocidos y corrientes en un tejido complejo de citas, referencias o ejemplos que los hacen aparecer como prescripciones del <em>Logos<\/em>, que se enuncia en la naturaleza, la raz\u00f3n humana o la palabra de Dios.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">2. Los libros segundo y tercero de <em>El Pedagogo<\/em> son por tanto una regla de vida. Bajo el desorden aparente de los cap\u00edtulos \u2014despu\u00e9s de la bebida, la cuesti\u00f3n es el lujo del mobiliario; entre los preceptos para la vida com\u00fan y el bueno uso del sue\u00f1o, se habla de los perfumes y las coronas, despu\u00e9s de los zapatos (que deben ser simples sandalias blancas para las mujeres), despu\u00e9s de los diamantes por los cuales no hay que dejarse fascinar, etc.\u2014, se puede reconocer una tabla de \u00abr\u00e9gimen\u00bb. En la literatura m\u00e9dico-moral de la \u00e9poca, estas tablas se organizaban seg\u00fan diferentes modelos. Sea bajo la forma de <em>agenda<\/em>, siguiendo aproximadamente hora por hora el desenvolvimiento de la jornada: as\u00ed el r\u00e9gimen de Diocles, quien toma al hombre desde los primeros gestos por hacer a la hora de despertar y lo conduce hasta el momento de dormir, indica a continuaci\u00f3n las modificaciones que hay que aportar en funci\u00f3n de las temporadas, y finalmente da opiniones sobre las relaciones sexuales.<sup>20<\/sup> Sea tambi\u00e9n refiri\u00e9ndose a la enumeraci\u00f3n de Hip\u00f3crates, quien constituye para algunos una tabla can\u00f3nica: ejercicios, despu\u00e9s alimentos, despu\u00e9s bebida, despu\u00e9s sue\u00f1o, y finalmente relaciones sexuales.<sup>21<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Quatember<sup>22<\/sup> sugiri\u00f3 que Clemente, en su regla de vida cotidiana, sigue el ciclo de las actividades de la jornada, pero comenzando por la cena, y por tanto por los consejos que conciernen a la comida, la bebida, las conversaciones, los modales en la mesa; despu\u00e9s pasa a la noche, al sue\u00f1o, y a los preceptos vinculados a las relaciones sexuales. Las opiniones que conciernen a la ropa y la coqueter\u00eda se relacionaban al ba\u00f1o matutino, y la mayor parte de los cap\u00edtulos del libro III estar\u00edan consagrados a la vida diurna, a los sirvientes, a los ba\u00f1os, a la gimnasia, etc.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En lo que respecta al cap\u00edtulo X, que concierne a las relaciones conyugales, Quatember propone igualmente, a pesar del desorden aparente del texto del cual m\u00e1s de un comentador se ha percatado, un plan simple y l\u00f3gico. Despu\u00e9s de haber fijado el objetivo del matrimonio \u2014a saber, la procreaci\u00f3n\u2014, Clemente condenaba las relaciones contra natura; despu\u00e9s, pasando a las relaciones anteriores al matrimonio, estudiar\u00eda sucesivamente el embarazo, las relaciones infecundas y el aborto antes de plantear los principios de la medida y la conveniencia que hay que conservar en las relaciones matrimoniales. A trav\u00e9s de varios rodeos y combinaciones, se encuentra en efecto aproximativamente en este cap\u00edtulo una sucesi\u00f3n semejante de temas. Pero se puede reconocer al mismo tiempo otro encadenamiento que no excluye de ninguna manera este primer esquema.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El tipo de citas expl\u00edcitas o impl\u00edcitas al que Clemente da sucesivamente la preeminencia puede servir aqu\u00ed de hilo conductor. No es que no tome cuidado, a lo largo del texto, de entrecruzar, seg\u00fan el principio de la triple determinaci\u00f3n, la autoridad de la Escritura, el testimonio de los fil\u00f3sofos y los dichos de los m\u00e9dicos o naturalistas. Pero, de forma sensible, el acento se desplaza a lo largo del texto, el color de las referencias cambia. Son en primer lugar las lecciones de la agricultura y de la historia natural las que son invocadas (la regla de las siembras, las \u00abmetamorfosis\u00bb de la hiena, las malas costumbres del conejo) para explicar la ley mosaica.<sup>23<\/sup> Despu\u00e9s los pr\u00e9stamos son tomados sobre todo de la literatura m\u00e9dica y filos\u00f3fica, a prop\u00f3sito del cuerpo humano, de sus movimientos naturales, de la necesidad de guardar el dominio de los deseos y de evitar los excesos que agotan el cuerpo y turban el alma.<sup>24<\/sup> Por \u00faltimo, en las \u00faltimas p\u00e1ginas del cap\u00edtulo, las citas de la Escritura, que nunca hab\u00edan estado ausentes del texto y serv\u00edan de contrapunto a las otras referencias, se vuelven predominantes (no sin uno o dos vueltas expl\u00edcitas a Plat\u00f3n e impl\u00edcitas a Musonio).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Digamos que, en este texto complejo, hay, superpuestas una a otra, una composici\u00f3n \u00abtem\u00e1tica\u00bb (que va de la condena de las relaciones contra natura a las recomendaciones de reserva en el uso del matrimonio) y una composici\u00f3n \u00abreferencial\u00bb que da a estas prescripciones de \u00abr\u00e9gimen\u00bb otra dimensi\u00f3n. Este desplazamiento de las referencias permite escuchar sucesivamente las diferentes voces a trav\u00e9s de las cuales habla el <em>Logos<\/em>: la de las figuras de la naturaleza, la de la raz\u00f3n que debe presidir al compuesto humano, la de Dios hablando directamente a los hombres para salvarlos (quedando entendido que las dos primeras son tambi\u00e9n el <em>Logos<\/em> de Dios pero bajo otra forma). Esta sucesi\u00f3n permite as\u00ed fundar las mismas prescripciones y las mismas prohibiciones (que son repetidas varias veces en el texto) en tres niveles diferentes: el del orden del mundo, tal como fue fijado por el Creador, y del cual algunos animales \u00abcontra natura\u00bb dan un testimonio contrario; el de la medida humana, tal como la ense\u00f1a la sabidur\u00eda del cuerpo mismo y los principios de una raz\u00f3n que quiere permanecer due\u00f1a de s\u00ed misma;<sup>25<\/sup> el de una pureza que permite acceder, m\u00e1s all\u00e1 de esta vida, a la existencia incorruptible. Tal vez hay que reconocer aqu\u00ed, aunque de manera desarrollada, la tripartici\u00f3n, importante en la antropolog\u00eda de Clemente, entre lo animal, lo ps\u00edquico y lo pneum\u00e1tico. Incluso si no es este esquema el que subyace, el cap\u00edtulo obedece manifiestamente a un movimiento ascendente que va de los ejemplos presentados en la naturaleza a t\u00edtulo de lecci\u00f3n a los llamados que asignan a los cristianos el fin de una existencia \u00absemejante\u00bb a Dios. Y es a lo largo de este camino donde se determina la econom\u00eda de las relaciones sexuales.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">3. La cuesti\u00f3n primera que planteaban los tratados de conducta o las diatribas de los fil\u00f3sofos paganos concern\u00eda a la ocasi\u00f3n del matrimonio: <em>Ei gameteon<\/em>. El cap\u00edtulo X trata la cuesti\u00f3n por preterici\u00f3n: indica desde las primeras l\u00edneas que hablar\u00e1 para las personas casadas; despu\u00e9s, tras un desarrollo donde es cuesti\u00f3n de las relaciones sexuales durante el embarazo y las enfermedades que puede causar su exceso, elide de nuevo la cuesti\u00f3n, diciendo que dicho tema est\u00e1 discutido en el tratado <em>Sobre la continencia<\/em>. \u00bfSe trata de una obra aut\u00f3noma? \u00bfO de textos que figuran en <em>Los Stromata<\/em>? De dos conjuntos en <em>Los Stromata<\/em> puede suponerse que constituyen este tratado, o al menos reproducen su contenido: el libro III en su totalidad, del que hemos visto que es una larga discusi\u00f3n en torno al encratismo, com\u00fan a varias tendencias gn\u00f3sticas, o ciertas formas \u00ablicenciosas\u00bb de la moral dualista; y m\u00e1s obviamente el cap\u00edtulo XXIII y \u00faltimo del segundo <em>Estromata<\/em> que introduce al libro III y que se presenta \u00e9l mismo como debiendo responder a la pregunta tradicional en los debates de la filosof\u00eda pr\u00e1ctica: \u00bfhay que casarse?<sup>26<\/sup> Y es al an\u00e1lisis de esta pregunta que remite precisamente <em>El Pedagogo<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La respuesta dada por este pasaje final del segundo <em>Stromata<\/em> no presenta originalidad con respecto a la moral filos\u00f3fica de la \u00e9poca. Si busca distanciarse, no es de los principios generales, sino m\u00e1s bien de su actitud real, cuya relajaci\u00f3n no corrige la teor\u00eda. Al matrimonio, Clemente, tanto en este texto de <em>Los Stromata<\/em> como en aquel de <em>El Pedagogo<\/em>, fija como fin la procreaci\u00f3n de los hijos.<sup>27, *2<\/sup> A partir de esta adecuaci\u00f3n entre el valor del matrimonio y la finalidad procreadora, Clemente puede definir las grandes reglas \u00e9ticas que deben presidir a las relaciones de los esposos: el v\u00ednculo entre ellos no debe ser del orden del placer y de la voluptuosidad, sino del \u00ab<em>Logos<\/em>\u00bb;<sup>28<\/sup>\u00a0no hay que tratar a la mujer propia como una amante,<sup>29<\/sup> no hay que dispersar el semen al aire,<sup>30<\/sup> mantener los principios de la sobriedad (reglas que los animales respetan ellos mismos).<sup>31<\/sup> Este v\u00ednculo no debe ser roto; y si lo es, hay que renunciar a un segundo matrimonio en la medida en que la pareja contin\u00fae viva.<sup>32<\/sup> Por \u00faltimo, el adulterio est\u00e1 prohibido y debe ser castigado.<sup>33<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La mayor\u00eda de estos puntos \u2014y sobre todo aquellos que conciernen a las relaciones entre esposos\u2014 se encuentran en <em>El Pedagogo<\/em>, pero son tratados con mucha mayor amplitud. La continuidad y la homogeneidad entre los dos textos es manifiesta; con la diferencia de que <em>Los Stromata<\/em> hablan del matrimonio mismo y de su valor en funci\u00f3n de la procreaci\u00f3n, mientras que <em>El Pedagogo<\/em> habla de la procreaci\u00f3n como principio de discriminaci\u00f3n para las relaciones sexuales. En un caso, se trata de la procreaci\u00f3n como finalidad del matrimonio; en el otro, se tratar\u00e1 sobre todo de esta misma procreaci\u00f3n en la econom\u00eda de las relaciones y actos sexuales. El inter\u00e9s primario del cap\u00edtulo y su novedad \u2014al menos en la literatura cristiana, si no es que en toda la literatura moral de la Antig\u00fcedad\u2014 es haber entrelazado dos tipos de cuestiones, dos debates tradicionales: aquel que concierne a la justa econom\u00eda de los placeres (tema de los <em>aphrodisia<\/em>); y aquel del matrimonio, del valor y la manera de conducirse en \u00e9l, dado que el matrimonio se justifica por la procreaci\u00f3n y que puede a partir de aqu\u00ed definirse en qu\u00e9 puede ser un bien (tesis desarrollada en el segundo <em>Stromata<\/em> y recordada en <em>El Pedagogo<\/em>). Ciertamente, no es la primera vez que se busca definir qu\u00e9 g\u00e9nero de conducta sexual deben tener los esposos; pero es, parece, la primera vez que se encuentra desarrollado todo un r\u00e9gimen de los actos sexuales que no se establece demasiado en funci\u00f3n de la sabidur\u00eda y de la salud individual, sino sobre todo desde el punto de vista de las reglas intr\u00ednsecas al matrimonio. Exist\u00eda un r\u00e9gimen del sexo y una moral del matrimonio; se solapaban entre s\u00ed, como es bastante evidente. Pero tenemos aqu\u00ed, en este texto de Clemente, una recuperaci\u00f3n de los dos puntos de vista. Lo que pasa entre esposos, y que los moralistas de la Antig\u00fcedad tratan si no por preterici\u00f3n, al menos brevemente y suficientemente lejos \u2014se contentaban con indicar reglas de decencia y de prudencia\u2014 est\u00e1 llegando a ser un objeto de cuidado, intervenci\u00f3n y an\u00e1lisis.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Bajo el t\u00edtulo un poco enigm\u00e1tico de: \u00abLo que hay que distinguir a prop\u00f3sito de la procreaci\u00f3n\u00bb, el cap\u00edtulo X del segundo libro de <em>El Pedagogo<\/em> trata de hecho una cuesti\u00f3n relativamente precisa. Es aquella que se formula desde la primera l\u00ednea del texto y que reaparece en la \u00faltima: cuesti\u00f3n del momento, de la ocasi\u00f3n, de la oportunidad \u2014<em>kair\u00f3s<\/em>\u2014 de la relaci\u00f3n sexual entre personas casadas.<sup>34<\/sup> En la medida en que se trata de una regla de los d\u00edas y las noches, este t\u00e9rmino de <em>kair\u00f3s<\/em> tiene sin duda el sentido estrecho de \u00abmomento oportuno\u00bb. Pero est\u00e1 lejos de ser el \u00fanico. En el vocabulario filos\u00f3fico y sobre todo estoico, <em>kair\u00f3s<\/em> se refiere al conjunto de condiciones que pueden hacer de una acci\u00f3n al mismo tiempo permitida una acci\u00f3n que tenga efectivamente un valor positivo. El <em>kair\u00f3s<\/em> no caracteriza una oportunidad de prudencia, evitando los riesgos y los peligros que podr\u00edan volver mala una acci\u00f3n indiferente; define los criterios que tendr\u00e1 que cumplir una acci\u00f3n concreta para ser buena. Mientras que la ley separa lo permitido de lo prohibido entre todas las acciones positivas, el <em>kair\u00f3s<\/em> conforma el valor positivo de una acci\u00f3n real.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La cuesti\u00f3n que va por tanto a ser tratada en este cap\u00edtulo de <em>El Pedagogo<\/em> es fijar las condiciones que dan valor positivo a las relaciones sexuales entre personas casadas. Que sea <em>esta<\/em> cuesti\u00f3n la que es trata en tal libro de conducta no carece de importancia. En primer lugar, porque vemos aqu\u00ed, seg\u00fan un proceso que pudo constatarse en los autores paganos de las \u00e9pocas precedentes que la cuesti\u00f3n de las relaciones sexuales, de los <em>aphrodisia<\/em>, est\u00e1 ahora fuertemente subordinada a la cuesti\u00f3n del matrimonio: ha perdido incluso en este punto su independencia el que el t\u00e9rmino de <em>aphrodisia<\/em> no aparezca en este texto de Clemente. Es la procreaci\u00f3n, o m\u00e1s bien la conjunci\u00f3n procreadora, lo que constituye el tema general bajo el cual se va a colocar todo el cap\u00edtulo. Posteriormente, tenemos aqu\u00ed sin duda el primer texto donde las relaciones sexuales conyugales son tratadas por s\u00ed mismas, en detalle, y como un elemento espec\u00edfico e importante de la conducta. Una vez m\u00e1s, los fil\u00f3sofos hab\u00edan formulado ya la mayor\u00eda de los preceptos que Clemente va a enunciar, pero los situaban en una \u00e9tica global de las relaciones entre esposos, en una regulaci\u00f3n de la manera de vivir juntos cuando se est\u00e1 casado. Los <em>Conjugalia praecepta<\/em> de Plutarco dan consejos para el buen funcionamiento general de esta comunidad que constituye la pareja; los juicios que conciernen a las relaciones sexuales no son m\u00e1s que un elemento para esta vida que el matrimonio no debe impedir el ser filos\u00f3ficamente v\u00e1lida. <em>El Pedagogo<\/em> habla poco de la pareja, pero las relaciones sexuales entre los c\u00f3nyuges son para \u00e9l un objeto importante y relativamente aut\u00f3nomo. Puede decirse que se tiene aqu\u00ed el primer ejemplo de un g\u00e9nero, o m\u00e1s bien de una pr\u00e1ctica, que tendr\u00e1 una importancia considerable en la historia de las sociedades occidentales: el examen y el an\u00e1lisis de las relaciones sexuales entre esposos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Por \u00faltimo, la cuesti\u00f3n del <em>kair\u00f3s<\/em> de las relaciones conyugales permite ver c\u00f3mo Clemente de Alejandr\u00eda integra un c\u00f3digo que recibi\u00f3 efectivamente de los fil\u00f3sofos helen\u00edsticos (y sin duda tambi\u00e9n de todo un movimiento social) en una concepci\u00f3n religiosa de la naturaleza, del <em>Logos<\/em> y de la salvaci\u00f3n. Soluci\u00f3n muy diferente, se ver\u00e1, de aquella propuesta por san Agust\u00edn; y es esta \u00faltima la que ser\u00e1 retenida por las instituciones y la doctrina de la Iglesia occidental. En esta reflexi\u00f3n de Clemente sobre el <em>kair\u00f3s<\/em>, se cometer\u00eda un error si se ve la simple adopci\u00f3n, m\u00e1s o menos astuta, de elementos tomados de la moral corriente, y vueltos \u00fanicamente un poco m\u00e1s exigentes o austeros. El <em>kair\u00f3s<\/em> de la relaci\u00f3n sexual se define por el v\u00ednculo de aquel al <em>Logos<\/em>. No olvidemos que, para Clemente, el <em>Logos<\/em> es llamado Salvador, porque invent\u00f3 para los hombres \u00ablos remedios que les dan un justo sentido moral y los conducen a la salvaci\u00f3n\u00bb, y esto aferrando la buena \u00abocasi\u00f3n\u00bb.<sup>35<\/sup><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">* * *<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Clemente parte de la proposici\u00f3n de que las relaciones sexuales tienen por fin la procreaci\u00f3n. Tesis completamente corriente. Se la encuentra entre los m\u00e9dicos.<sup>36<\/sup>\u00a0Se la encuentra entre los fil\u00f3sofos, ya sea bajo la forma de un v\u00ednculo entre tres t\u00e9rminos \u2014ninguna relaci\u00f3n sexual fuera del matrimonio y ning\u00fan matrimonio que no deba encontrar su fin en su progenitura\u2014,<sup>37<\/sup> o bien bajo la forma de una condena directa de toda relaci\u00f3n sexual que no tenga por objeto la procreaci\u00f3n.<sup>38<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En esto, por tanto, no hay nada particular en Clemente de Alejandr\u00eda. Del mismo modo en que no le es particular la distinci\u00f3n, en las relaciones de finalidad en general, de la \u00abmeta\u00bb o del \u00abobjetivo\u00bb (<em>skopos<\/em>) y del \u00abfin\u00bb (<em>telos<\/em>). En cambio, parece que la aplicaci\u00f3n de esta diferencia al dominio de las relaciones sexuales, si bien se encuentra en \u00abel esp\u00edritu\u00bb de los estoicos y en la l\u00f3gica de sus an\u00e1lisis, apenas haya sido frecuente, es lo menos que puede decirse. Y, de hecho, el uso de esta distinci\u00f3n, en el texto mismo de Clemente, conduce a un resultado que, a primera vista, puede parece carente de un significado fecundo. El \u00abobjetivo\u00bb ser\u00eda la \u00ab<em>paidopoiia<\/em>\u00bb, la fabricaci\u00f3n de los hijos, la progenitura en sentido estricto. El \u00abfin\u00bb en cambio ser\u00eda la \u00ab<em>euteknia<\/em>\u00bb, que se traduce a veces como \u00abbellos hijos\u00bb o como \u00abfamilia numerosa\u00bb. De hecho, hay que dar a la palabra un sentido m\u00e1s amplio: se refiere al hecho de encontrar la descendencia que uno tiene, en su vida y su feliz fortuna, una plenitud, una satisfacci\u00f3n.<sup>39<\/sup>\u00a0El objetivo (<em>skopos<\/em>) de la relaci\u00f3n sexual estar\u00eda por tanto en la existencia de la progenitura; el fin (<em>telos<\/em>) en la relaci\u00f3n positiva a esta progenitura, en el cumplimiento que constituye. Dos consideraciones que Clemente agrega inmediatamente y que constituyen la introducci\u00f3n del cap\u00edtulo que permite quiz\u00e1 aclarar el valor de esta distinci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Clemente compara en primer lugar el acto sexual a la siembra. Met\u00e1fora tradicional. La encontramos en Aten\u00e1goras y los Apologetas; era corriente, parece, en las diatribas filos\u00f3ficas donde serv\u00eda para ilustrar la regla de que la semilla debe ser depositada en el surco en que puede ser fecunda. Pero Clemente la utiliza asimismo para se\u00f1alar mejor la diferencia entre lo que debe ser la \u00abmeta\u00bb de las relaciones sexuales y lo que debe ser su \u00abfin\u00bb. Meta del cultivador, cuando hace la siembra: procurarse comida; su finalidad: \u00abtener una cosecha\u00bb, dice simplemente el texto de Clemente, es decir, sin duda, llevar los granos hasta ese punto de su cumplimiento natural que produce una abundancia de frutos. Esta comparaci\u00f3n con la siembra permanece bastante el\u00edptica; pero puede suponerse que autoriza atribuir a la \u00abmeta\u00bb esta procreaci\u00f3n de hijos de la cual los fil\u00f3sofos han mostrado muy frecuentemente que resultaba \u00fatil a los padres, ya sea para asegurar su estatuto, o bien para garantizarles un sost\u00e9n cuando sean viejos, y a atribuir en cambio a los \u00abfines\u00bb algo mucho m\u00e1s general y menos utilitario: el cumplimiento que constituye para un ser humano el hecho de tener una descendencia.<sup>40<\/sup> Y puesto que este fin que Clemente quiere hacer aparecer en este cap\u00edtulo, analizando el <em>kair\u00f3s<\/em> de las relaciones sexuales, se comprende que deje de lado las utilidades personales y los beneficios sociales que puede procurar el hecho de tener hijos.<sup>41<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Que este fin no utilitario sea aqu\u00ed el tema de Clemente es lo que muestra la consideraci\u00f3n que agrega inmediatamente a la met\u00e1fora del sembrador. \u00c9ste no planta sino \u00aba causa de s\u00ed mismo\u00bb; el hombre, por su parte, debe plantar \u00aba causa de Dios\u00bb. Con ello Clemente no pretende designar el fin que orienta la acci\u00f3n, sino m\u00e1s bien el principio que la atraviesa y la sostiene en todo el recorrido.<sup>42<\/sup> El acto de [pro]creaci\u00f3n debe ser hecho \u00aba causa\u00bb de Dios en la medida, en primer lugar, en que es Dios quien la prescribe diciendo \u00abMultipl\u00edquense\u00bb, pero tambi\u00e9n porque, al procrear, el hombre es \u00abimagen de Dios\u00bb, y \u00abcolabora\u00bb, por su parte, \u00aben el nacimiento del hombre\u00bb.<sup>43<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Esta proposici\u00f3n es importante para todo el an\u00e1lisis de Clemente, porque establece en la procreaci\u00f3n humana una relaci\u00f3n con Dios a la vez cercana y compleja. Que al procrear el hombre sea \u00abla imagen de Dios\u00bb no debe ser interpretado a partir de una semejanza inmediata entre la creaci\u00f3n de Ad\u00e1n y la procreaci\u00f3n en sus descendientes. Sin duda, como Clemente lo explica en otro lugar,<sup>44<\/sup>\u00a0Dios, que se hab\u00eda contentado con dar una orden para hacer aparecer los animales en la tierra, hab\u00eda amasado con sus manos al primer hombre, marcando con ello una diferencia esencial y una mayor proximidad entre \u00c9l y este ser creado a su imagen. Pero esto no quiere decir para Clemente que la Creaci\u00f3n haya transmitido al hombre algo de la esencia de la naturaleza o de la potencia de Dios: no hay nada en nosotros que \u00abconvenga\u00bb con Dios.<sup>45<\/sup> Y sin embargo puede hablarse de una \u00absemejanza\u00bb a Dios; aquella que era tratada en el relato del G\u00e9nesis: esta semejanza era aquella del hombre antes de la ca\u00edda, y puede, debe, volver a ser la suya. Esta semejanza se hace no a trav\u00e9s del cuerpo, sino a trav\u00e9s del esp\u00edritu y el razonamiento;<sup>46<\/sup> es asegurada por la obediencia a la ley: \u00abLa ley dice [\u2026]: \u201cCaminen detr\u00e1s del Se\u00f1or [\u2026].\u201d La ley llama, en efecto, a la asimilaci\u00f3n un caminar siguiendo; y \u00e9ste vuelve semejante, siempre que sea posible\u00bb.<sup>47<\/sup> Por tanto, no es la procreaci\u00f3n lo que en s\u00ed misma y como proceso natural es \u00aba semejanza\u00bb de la Creaci\u00f3n, sino que es la procreaci\u00f3n, en la medida en que haya sido bien cumplida como es preciso y en que haya \u00abseguido\u00bb la ley. Y si la ley prescribe la conformidad a la naturaleza es porque la naturaleza obedece a Dios.<sup>48<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En este camino hacia la semejanza, una \u00absinergia\u00bb del hombre y de Dios encuentra entonces sus posibilidad. Dios, en efecto, ha creado al hombre porque era \u00abdigno de su elecci\u00f3n\u00bb, digno por consiguiente de ser amado por \u00e9l. Si tuvo que haber un motivo para la creaci\u00f3n del hombre, consiste en que sin el hombre, \u00abel Demiurgo no habr\u00eda podido revelarse bueno\u00bb.<sup>49<\/sup> La creaci\u00f3n del hombre es por tanto una manifestaci\u00f3n de la bondad de Dios a la vez que de su presencia. El hombre, a cambio y por el hecho mismo, ofrece, siendo digno de ser amado, la posibilidad de mostrar su bondad. Procreando, el hombre hace por tanto bastante m\u00e1s y algo muy distinto a \u00abimitar\u00bb, seg\u00fan una analog\u00eda natural, las capacidades del acto demi\u00fargico. Participa, todo hombre en cuanto tal, en la potencia y en la \u00abfilantrop\u00eda\u00bb de Dios: procrea, junto con \u00e9l, hombres que son dignos de ser amados de un amor cuya manifestaci\u00f3n ha sido la \u00abcausa\u00bb de la Creaci\u00f3n y despu\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n. La \u00absinergia\u00bb del hombre con Dios en el acto procreador<sup>50<\/sup> no consiste \u00fanicamente en un sost\u00e9n de Dios para la generaci\u00f3n humana: se trata de cumplir lo que dec\u00eda una f\u00f3rmula anterior de Clemente: \u00abDios recibe del hombre lo que hab\u00eda creado, el hombre\u00bb<sup>51<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El cap\u00edtulo X del segundo Libro de <em>El Pedagogo<\/em> plantea por tanto el an\u00e1lisis \u00abde las distinciones que hay que hacer a prop\u00f3sito de la procreaci\u00f3n\u00bb bajo el signo de las relaciones complejas y fundamentales entre Creador y creaturas. El contenido de los preceptos, bastante \u00abcotidianos\u00bb, que Clemente va a dar a partir de aqu\u00ed puede ser sin duda id\u00e9ntico, aproximadamente, a la ense\u00f1anza de los fil\u00f3sofos paganos, no se trata sin embargo de una especie de abandono de la reglamentaci\u00f3n de las relaciones sexuales a una sabidur\u00eda estoica o plat\u00f3nica, aceptada y autentificada por un consenso realmente amplio. Sin duda Clemente acogi\u00f3 la codificaci\u00f3n y las reglas de conducta que formulaba, adem\u00e1s, la filosof\u00eda que le era contempor\u00e1nea, sino que las ha repensado e integrado en el interior de una concepci\u00f3n que se cuida de recordar, en algunas frases, al comienzo de este cap\u00edtulo y que pone en juego, en la procreaci\u00f3n, las relaciones del hombre con su Creador, de Dios con sus creaturas. Pero hay que poner atenci\u00f3n: Clemente de ninguna manera da, por este medio, un valor espiritual al acto sexual (incluso en el marco de la instituci\u00f3n del matrimonio, incluso si se propone exclusivamente fines procreadores). Lo que tiene, de acuerdo con \u00e9l, un sentido para la relaci\u00f3n entre el hombre y Dios no es el acto sexual en s\u00ed mismo, sino el hecho de que al cumplirlo se sigue la ense\u00f1anza, la \u00abpedagog\u00eda\u00bb del <em>Logos<\/em> en s\u00ed mismo. \u00c9sta es la observaci\u00f3n de los \u00abmandamientos\u00bb que Dios ha prescrito a trav\u00e9s de la naturaleza, sus ejemplos, sus formas y sus disposiciones, a trav\u00e9s de la organizaci\u00f3n del cuerpo y las reglas de la raz\u00f3n humana, a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza de los fil\u00f3sofos y las palabras de la Escritura. La obediencia a estas diferentes lecciones puede dar a la relaci\u00f3n conyugal procreadora el valor de una \u00absinergia\u00bb con Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Puede comprenderse mejor la distinci\u00f3n aparentemente un tanto arbitraria que Clemente introduce entre el hecho de la progenitura que debe ser la \u00abmeta\u00bb de las relaciones sexuales y el valor de la descendencia que debe ser su \u00abfin\u00bb. \u00c9ste constituye claramente un acabamiento \u2014<em>teleiotes<\/em>\u2014 para el procreador, como lo dec\u00edan los estoicos: \u00e9l acaba aqu\u00ed aquello para lo cual la naturaleza lo hizo y que lo vincula, a trav\u00e9s del tiempo, a los dem\u00e1s hombres y al orden del mundo. Pero esta \u00abbella descendencia\u00bb que con la ayuda de Dios el hombre hizo nacer, Clemente muestra que constituye para Dios un objeto digno de amor y una ocasi\u00f3n para manifestar su bondad. Subordinados a la \u00abmeta\u00bb de la \u00abfabricaci\u00f3n de hijos\u00bb, despu\u00e9s, m\u00e1s all\u00e1, a una finalidad que se une a aquella de la Creaci\u00f3n en su conjunto, las relaciones sexuales deben estar sometidas a una \u00abraz\u00f3n\u00bb, a un <em>Logos<\/em> que, presente en la naturaleza en su conjunto y hasta en su organizaci\u00f3n material, es tambi\u00e9n la palabra de Dios. Colocadas a la cabeza de su an\u00e1lisis, la distinci\u00f3n y la articulaci\u00f3n entre meta y finalidad permiten a Clemente inscribir s\u00f3lidamente la regla de las relaciones sexuales en una gran \u00ablecci\u00f3n de la naturaleza\u00bb: \u00abDebemos ir a la escuela de la naturaleza y observar los sabios preceptos de su pedagog\u00eda para el tiempo oportuno de la uni\u00f3n\u00bb.<sup>52<\/sup> Lecci\u00f3n de la naturaleza que es la ense\u00f1anza misma del <em>Logos<\/em>. \u00abL\u00f3gica\u00bb, podr\u00eda decirse, de una naturaleza que hay que entender en un sentido bastante amplio, y bajo diferentes aspectos: \u00abl\u00f3gica\u00bb de la naturaleza animal, \u00abl\u00f3gica\u00bb de la naturaleza humana, y de la relaci\u00f3n del alma razonable con el cuerpo, \u00abl\u00f3gica\u00bb de la Creaci\u00f3n y de la relaci\u00f3n con el Creador. Son \u00e9stas las tres l\u00f3gicas que Clemente, consecutivamente, desarrolla.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">* * *<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">1. Los ejemplos que Clemente toma del libro animal son lecciones negativas.<sup>53<\/sup> La hiena y el conejo ense\u00f1an lo que no hay que hacer. La mala reputaci\u00f3n de la hiena se deb\u00eda a una vieja creencia \u2014la encontramos en Herodoro de Heraclea\u2014<sup>*3<\/sup> seg\u00fan la cual cada animal de esta especie ten\u00eda los dos sexos y alternativamente, de un a\u00f1o a otro, desempe\u00f1aba el papel del macho y de la hembra. En cuanto al conejo, pasaba por adquirir cada a\u00f1o un ano suplementario y por hacer, con sus orificios de este modo multiplicados, el peor uso.<sup>54<\/sup> Arist\u00f3teles desestim\u00f3 estas especulaciones y, desde entonces, pocos naturalistas les conced\u00edan todav\u00eda cr\u00e9dito. Lo que no quiere decir que se hubiera dejado de preguntar por ello a la historia natural de estos animales lecciones de moral. En la \u00e9poca helen\u00edstica y romana, la historia natural estaba sometida, en efecto, a dos procesos, aparentemente contradictorios: un filtrado del saber en funci\u00f3n de reglas de observaciones m\u00e1s estrictas; y el cuidado cada vez m\u00e1s marcado de descifrar una ense\u00f1anza en esta naturaleza a la cual, seg\u00fan los fil\u00f3sofos, es deber del individuo humano integrarse. Un mayor cuidado de exactitud y la b\u00fasqueda de la ejemplaridad moral pod\u00edan ir de la mano. As\u00ed el hermafroditismo alternante de la hiena y las perforaciones anales del conejo se hab\u00edan vuelto leyendas, pero, a trav\u00e9s de las costumbres de estas bestias, los naturalistas pueden leer a pesar de todo lecciones de conducta. Como lo dec\u00eda Eliano, la hiena \u00abmuestra\u00bb, no por los discursos, [sino] por los hechos, \u00ablo mucho que Tiresias era despreciable\u00bb.<sup>55<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La manera en que Clemente refuta a su vez la leyenda, aunque acoge la lecci\u00f3n moral, es interesante por su concepci\u00f3n de las relaciones de la naturaleza y de la contra-naturaleza. La hiena, dice, no cambia de sexo de un a\u00f1o al otro, porque una vez que la naturaleza fija lo que es un animal, no podr\u00eda modificarlo. Ciertamente, hay bastantes animales cuyos rasgos se alteran con el tiempo. Las temporadas calientes y fr\u00edas modifican la voz de los p\u00e1jaros y el color de las plumas,<sup>56<\/sup> pero es aqu\u00ed el efecto de acciones f\u00edsicas y exteriores, la naturaleza del animal no se transforma por ello. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 ocurre con el sexo? Un individuo no puede ni cambiar de sexo, ni tener dos, ni tampoco ser de un tercero que ser\u00eda intermediario entre lo masculino y lo femenino: \u00e9stas son quimeras que los hombres imaginan, pero a las cuales la naturaleza se niega. Clemente se refiere aqu\u00ed, de manera impl\u00edcita pero suficientemente clara, a una discusi\u00f3n \u00abcl\u00e1sica\u00bb en la \u00e9poca. La posibilidad de las metamorfosis \u2014del nacimiento de gusanos a partir de cad\u00e1veres, de la formaci\u00f3n de abejas en los restos de una vaca, o de gusanos en el fango\u2014 constitu\u00eda a los ojos de los epic\u00fareos la prueba de que estos cuerpos no eran de origen divino; estas transformaciones eran, a sus ojos, el efecto de mecanismos \u00abaut\u00f3nomos\u00bb.<sup>57<\/sup> Distinguiendo con cuidado la \u00abestabilidad\u00bb de las especies y las alteraciones mec\u00e1nicas de ciertos caracteres, Clemente se une a la posici\u00f3n de todos aquellos \u2014aristot\u00e9licos, estoicos, plat\u00f3nicos\u2014 que quer\u00edan mantener la marca de una raz\u00f3n creadora, o la presencia permanente de un <em>Logos<\/em>, en las especificaciones del mundo animal.<sup>58<\/sup> Pero es veros\u00edmil tambi\u00e9n que Clemente piense en el problema que evoca en el cap\u00edtulo IV del primer libro de <em>El Pedagogo<\/em>: a saber, el estatuto de la diferencia de los sexos con respecto a la vida eterna y, a la vez, al estatuto sobre la tierra de los hombres y las mujeres. La soluci\u00f3n propuesta por Clemente es simple, incluso si no carece de dificultades: en el otro mundo, no habr\u00e1 diferencias de sexo, \u00abes aqu\u00ed \u00fanicamente donde el sexo femenino se distingue del sexo masculino\u00bb. Diferencia fundada por consiguiente en el <em>Logos<\/em> que rige el orden de este mundo, pero que no impide que pueda aplicarse el nombre de seres humanos tanto a los hombres como a las mujeres; las mismas prescripciones valen por tanto para unos y otros, y la misma forma de vida: \u00abuna asamblea, una moral y un pudor; comida com\u00fan, v\u00ednculo conyugal com\u00fan; todo se asemeja: la respiraci\u00f3n, la vista, el o\u00eddo, el conocimiento, la esperanza, la obediencia, el amor\u00bb.<sup>59<\/sup> Es a esta \u00abvida com\u00fan\u00bb, a este g\u00e9nero com\u00fan que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la diferencia de los sexos, pero no la anula, que se dirige la gracia; es este g\u00e9nero humano el que ser\u00e1 salvado y que se reencontrar\u00e1 en la eternidad, con todas las diferencias de sexo borradas. Rechazando la idea de una alternancia de sexo en la hiena, Clemente reitera este principio de la \u00abnaturalidad\u00bb de la diferencia hombre-mujer en el marco de las entidades espec\u00edficas. El hombre y la mujer son, y deben por tanto seguir siendo, seg\u00fan el <em>Logos<\/em> de la naturaleza, distintos uno de la otra, lo que no les impide ni pertenecer al mismo g\u00e9nero humano, ni esperar que el otro mundo los libere de la \u00abdualidad de su deseo\u00bb.<sup>60<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Existe, sin embargo, en la hiena una singularidad, que no se encuentra en ning\u00fan otro animal. Clemente la describe siguiendo a Arist\u00f3teles, casi palabra a palabra.<sup>61<\/sup> Se trata de una excrecencia de carne que perfila por debajo de la cola una forma bastante cercana a un sexo femenino, pero el examen muestra r\u00e1pidamente que esta cavidad no comienza con ning\u00fan conducto, aunque fuera en direcci\u00f3n de la matriz o del intestino. Pero, esta particularidad anat\u00f3mica, Clemente no la trata como Arist\u00f3teles. \u00c9ste se sirve de ella para explicar c\u00f3mo algunos observadores precipitados pudieron dejarse enga\u00f1ar por el equ\u00edvoco de la apariencia: creyeron ver dos sexos en el mismo animal; no ve en ello, por su parte, m\u00e1s que un caso de error humano en la interpretaci\u00f3n. Clemente ve, por su parte, en esta singularidad anat\u00f3mica, un elemento que mantiene una relaci\u00f3n a la vez de efecto y de instrumento con respecto a una falta moral. Si las hienas tienen un cuerpo dispuesto de una manera tan extra\u00f1a, esto es a causa de un vicio. Un vicio \u00abde naturaleza\u00bb, entendiendo por \u00abnaturaleza\u00bb las caracter\u00edsticas propias de una especie, pero que no es menos absolutamente semejante a la falta moral que puede encontrarse entre los hombres: la lascivia. Y es en funci\u00f3n de esta falta como \u00abla naturaleza\u00bb ha acondicionado una cavidad suplementaria en estos animales para que puedan servirse de ella para protuberancias, tambi\u00e9n ellas, suplementarias. En suma, a la propensi\u00f3n \u00abexcesiva\u00bb por el placer, que caracteriza naturalmente a la hiena, la naturaleza ha respondido con una anatom\u00eda excesiva que permite relaciones \u00abexcesivas\u00bb. Pero, haciendo esto, la naturaleza muestra que no es solamente en t\u00e9rminos de cantidad como hay que hablar de exceso: porque la bolsa sobrante de las hienas no est\u00e1 unida por ning\u00fan canal a los \u00f3rganos de la generaci\u00f3n, el exceso se encuentra \u00abin\u00fatil\u00bb, o m\u00e1s exactamente al margen del fin que la naturaleza ha fijado a los \u00f3rganos de la generaci\u00f3n, a las relaciones sexuales, al semen y a su emisi\u00f3n, es decir, la procreaci\u00f3n. Y puesto que esta finalidad se encuentra as\u00ed arrebatada, es por tanto una actividad contra natura que esta disposici\u00f3n, a la vez natural y excesiva, en su desbordamiento permite y fomenta. Se tiene por tanto todo un c\u00edrculo que va de la naturaleza a la contra-naturaleza, o m\u00e1s bien un entrecruzamiento incesante de naturaleza y contra-naturaleza que da a las hienas un car\u00e1cter reprobable, inclinaciones excesivas, \u00f3rganos excedentes y los medios de servirse de ellos \u00abpara nada\u00bb.<sup>62<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El ejemplo del conejo es analizado por Clemente de la misma manera. Esta vez, sin embargo, se trata no de un exceso en el orden de la esterilidad, sino de un desborde en la fecundaci\u00f3n misma. Siempre siguiendo a Arist\u00f3teles, Clemente abandona la f\u00e1bula del conejo con el ano anual, y la sustituye con la idea de la superfetaci\u00f3n. Tan lascivas son estas criaturas y tienden a cupular sin cesar, que ni siquiera respetan el tiempo de la gestaci\u00f3n y la lactancia. La naturaleza ha dado a la hembra una matriz con dos vertientes que le permite concebir con m\u00e1s de un macho e incluso antes de haber parido. El ciclo natural de la matriz que, seg\u00fan la lecci\u00f3n de los m\u00e9dicos, exhorta a la fecundaci\u00f3n cuando est\u00e1 vac\u00eda y rechaza el acercamiento sexual cuando est\u00e1 llena, se encuentra as\u00ed perturbado por una disposici\u00f3n de naturaleza que permite yuxtaponer de un modo completamente \u00abcontranatural\u00bb embarazo y celo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Este largo rodeo de Clemente a trav\u00e9s de las lecciones de los naturalistas puede parecer enigm\u00e1tico, si se lo compara, por ejemplo, con la <em>Ep\u00edstola<\/em> de Bernab\u00e9. En efecto, \u00e9sta evoca tambi\u00e9n el caso del conejo y de la hiena, a los cuales agrega otros animales como el milano, el cuervo, la anguila, el p\u00f3lipo, la vaca y la comadreja, pero solamente en relaci\u00f3n con las prohibiciones alimentarias del Lev\u00edtico. Y hace de estas prohibiciones una ex\u00e9gesis inmediata, y la cual era corriente en la \u00e9poca.<sup>63<\/sup> Bajo el consumo de estos animales es la conducta que manifiestan o que simbolizan lo que se encuentra, de hecho, condenada: las aves de presa significan la avidez de despojar a los dem\u00e1s, el conejo significa la corrupci\u00f3n de hijos, la hiena el adulterio, la comadreja las relaciones orales. Clemente tambi\u00e9n recuerda las prohibiciones del Lev\u00edtico; tambi\u00e9n quiere ver en estas prescripciones alimenticias el s\u00edmbolo de las leyes que conciernen a la conducta. Sin embargo, no se atiene a esta ex\u00e9gesis, la recuerda \u00fanicamente al comienzo y al t\u00e9rmino del largo camino que recorre a trav\u00e9s de la historia natural.<sup>64<\/sup> Pero se cuida, en primer lugar, de rechazar la explicaci\u00f3n que \u00e9l mismo llama \u00absimb\u00f3lica\u00bb<sup>65<\/sup> para sustituirla por un an\u00e1lisis anat\u00f3mico serio. Y subraya, al t\u00e9rmino del desarrollo, que s\u00f3lo estas consideraciones de historia natural pueden dar cuenta de estas prohibiciones \u00abenigm\u00e1ticas\u00bb del profeta.<sup>66<\/sup> En suma, para Clemente se trata de mostrar que el propio <em>Logos<\/em> que Mois\u00e9s transmiti\u00f3, de manera breve como ley, la naturaleza lo manifiesta, a detalle, en figuras que es posible analizar. Situando ante sus ojos el ejemplo de todas estas bestias censurables, la naturaleza muestra al hombre que en cuanto individuo razonable no tiene que tomar modelo sobre seres que no tienen m\u00e1s que un alma animal. Tambi\u00e9n le muestra hasta qu\u00e9 punto de contra natura cualquier exceso puede conducir, seg\u00fan una ley que es aquella de la naturaleza misma. Por \u00faltimo, permite fundar las prohibiciones globales, que se encuentran tanto en los fil\u00f3sofos paganos como en los cristianos \u2014no al adulterio, no a la fornicaci\u00f3n, no a la corrupci\u00f3n de ni\u00f1os\u2014, sobre consideraciones de naturaleza. Pues aqu\u00ed se encuentra sin duda uno de los rasgos m\u00e1s destacables de todo este cap\u00edtulo de Clemente, y de este pasaje sobre la liebre y la hiena en particular. Los fil\u00f3sofos no hab\u00edan dejado de recordar que la ley, que deb\u00eda presidir al uso de las <em>aphrodisia<\/em>, era la ley de la naturaleza. Pero la mayor\u00eda de las consideraciones que adelantaban concern\u00edan a la naturaleza del hombre como ser razonable y como ser social (necesidad de tener hijos para el d\u00eda en que se sea viejo, utilidad de una familia para el estatuto personal, obligaci\u00f3n de dar ciudadanos al Estado, hombres a la humanidad). Clemente, en este texto, elimina todo aquello que concierne al ser social del hombre; desarrolla consideraciones de naturalista a partir de las cuales puede hacer aparecer lo que es sin duda lo esencial de su prop\u00f3sito:<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>a)<\/em> La naturaleza indica que debe haber coextensi\u00f3n exacta entre la intenci\u00f3n procreadora y el acto sexual.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>b)<\/em> Mediante los juegos de la contra-naturaleza que ella misma organiza, la naturaleza muestra que este principio de coextensi\u00f3n es un hecho que puede leerse en la anatom\u00eda de las bestias y una exigencia que condena a quienes escapan de \u00e9l.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>c)<\/em> Este principio proh\u00edbe por tanto, por un lado, cualquier acto que se hiciera fuera de los \u00f3rganos de la fecundaci\u00f3n (\u00abprincipio de la hiena\u00bb) y, por el otro, cualquier acto que viniera a sobreagregarse a la fecundaci\u00f3n realizada (\u00abprincipio del conejo\u00bb).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Nunca los fil\u00f3sofos, que no obstante hab\u00edan querido situar los <em>aphrodisia<\/em> bajo la ley de la naturaleza y tratado de separar de ellas lo que era contra natura, hab\u00edan colocado hasta este punto su an\u00e1lisis bajo los criterios de la naturaleza, entendida como aquella que los naturalistas leen en el mundo animal.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">2. Es tambi\u00e9n bajo los criterios de la naturaleza, pero esta vez de la naturaleza del hombre como ser razonable, como Clemente plantea el desarrollo siguiente. Y esta vez va a entrelazar, con la voz de Mois\u00e9s<sup>67<\/sup> y con el ejemplo de Sodoma,<sup>68<\/sup> la ense\u00f1anza de los maestros de la sabidur\u00eda pagana, todos aquellos que han tratado de reglamentar las relaciones del alma y el cuerpo; los fil\u00f3sofos estoicos, los m\u00e9dicos, y sobre todo Plat\u00f3n: \u00e9ste es incluso un supuesto lector de Jerem\u00edas, y sus imprecaciones contra los hombres \u00absemejantes a los caballos en celo\u00bb, ya que tambi\u00e9n habla de los corceles indisciplinados del alma.<sup>69<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El principio que Clemente hace valer aqu\u00ed es el principio, familiar a los fil\u00f3sofos, de la \u00abtemplanza\u00bb, con sus dos aspectos correlativos: el dominio del alma sobre el cuerpo, que es una prescripci\u00f3n natural, puesto que es de la naturaleza del alma el ser superior y de la naturaleza del cuerpo el ser inferior como lo indica la localizaci\u00f3n del vientre que es como el cuerpo del cuerpo (\u00abhay que dominar los placeres y tambi\u00e9n comandar como amo al vientre y a aquello que est\u00e1 debajo\u00bb);<sup>70<\/sup> y la reserva, la moderaci\u00f3n, con la cual hay que satisfacer sus apetitos una vez que uno se ha vuelto amo de ellos. De manera muy l\u00f3gica, relaciona el adjetivo <em>aidoios<\/em>, vergonzoso, que se aplica a los \u00f3rganos sexuales, al sustantivo <em>aidos<\/em>, al cual da el sentido de reserva y de justa medida: \u00abme parece que si este \u00f3rgano ha sido llamado partes vergonzosas (<em>aidoion<\/em>) es sobre todo porque hay que servirse de esta parte del cuerpo con reserva (<em>aidos<\/em>)\u00bb.<sup>[71]<\/sup> Esta reserva es por tanto la regla que debe presidir al ejercicio del dominio del alma sobre el cuerpo. Ahora bien, \u00bfen qu\u00e9 consiste? \u00abEn hacer en el orden de las uniones leg\u00edtimas s\u00f3lo aquello que conviene, que es \u00fatil y que tiene decencia\u00bb.<sup>72<\/sup> El primero de los adjetivos empleados remite a aquello que pertenece por naturaleza a este g\u00e9nero de relaci\u00f3n, el segundo a su resultado, el tercero finalmente a una cualidad a la vez moral y est\u00e9tica. Y lo que se encuentra as\u00ed designado es lo que es recomendado por la naturaleza misma. As\u00ed pues, aqu\u00ed da exactamente la misma lecci\u00f3n que anteriormente en las figuras animales: positivamente \u00abdesear\u00bb la procreaci\u00f3n, negativamente evitar la siembra f\u00fatil.<sup>73<\/sup> Clemente retoma por tanto exactamente las proposiciones fundamentales que hab\u00eda elegido y despu\u00e9s justificado en los t\u00e9rminos de la historia natural. Pero esta vez, tras haber hecho la espiral del desarrollo una vuelta sobre s\u00ed misma, las retoma en el nivel del orden humano. Las repite m\u00e1s o menos t\u00e9rmino a t\u00e9rmino, pero en un contexto donde son utilizados los t\u00e9rminos de <em>Nomos<\/em> (ley), <em>Nominos<\/em> (leg\u00edtimo), <em>Paranomos<\/em> (ileg\u00edtimo), <em>Themis<\/em> (justicia), <em>Dikaios<\/em> (justo) y <em>Adikos<\/em> (injusto).<sup>74<\/sup> No es que se trate as\u00ed de oponer el orden humano a aquel de la naturaleza, sino m\u00e1s bien de mostrar c\u00f3mo \u00e9sta se manifiesta en \u00e9l. \u00abToda nuestra vida puede transcurrir observando las leyes de la naturaleza, si nosotros dominamos nuestros deseos\u00bb.<sup>75<\/sup> El dominio que prescribe la raz\u00f3n y que define las formas leg\u00edtimas del comportamiento es todav\u00eda una manera de escuchar el <em>Logos<\/em> que rige la naturaleza.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">A esta reserva, que manifiesta el dominio de la raz\u00f3n sobre los apetitos del cuerpo, Clemente da cuatro formas principales.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>a<\/em>. La primera delimita las relaciones sexuales a la mujer con la cual se est\u00e1 vinculado por medio del matrimonio. Plat\u00f3n lo dijo (\u00abno hay que labrar en cualquier campo femenino\u00bb), tom\u00e1ndolo, dice Clemente, del Lev\u00edtico (\u00abNo tendr\u00edas comercio con la mujer de tu vecino para ensuciarte con ella\u00bb, 18, 20). Pero de esta regla, <em>El Pedagogo<\/em> da una justificaci\u00f3n distinta a la de Plat\u00f3n: en la regla monog\u00e1mica, <em>Las Leyes<\/em> encontraban un medio para limitar el ardor de las pasiones y la humillante servidumbre donde podr\u00edan mantener a los hombres;<sup>76<\/sup> Clemente, por su parte, ve aqu\u00ed la garant\u00eda de que el semen \u2014del que antes dec\u00eda que conten\u00eda las \u00abideas de la naturaleza\u00bb<sup>[77]<\/sup> y cuya fecundaci\u00f3n, lo recuerda de nuevo, se inscribe en las relaciones entre Dios y sus creaturas\u2014 [no] vaya a perderse<sup>4<\/sup> en alg\u00fan lugar carente de honor. Es un cierto valor del semen en s\u00ed mismo, con aquello que contiene y aquello que promete, con aquello que exige de sinergia entre Dios y el hombre para alcanzar su fin natural, lo que vuelve ileg\u00edtimo e \u00abinjusto\u00bb confiarlo a alguien m\u00e1s que la esposa a la cual se est\u00e1 unido.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>b<\/em>. Otro principio de restricci\u00f3n: la abstinencia de relaciones sexuales durante la regla. \u00abNo es conforme a la raz\u00f3n mancharse con las impurezas del cuerpo la parte m\u00e1s fecunda del esperma, que puede cuanto antes volverse un ser humano, ahogarlo en el flujo turbio e impuro de la materia: es el germen posible de un feliz nacimiento, que es as\u00ed sustra\u00eddo de los surcos de la matriz\u00bb.<sup>78<\/sup> Se trata aqu\u00ed de una prescripci\u00f3n de origen hebraico. Pero Clemente sit\u00faa la prohibici\u00f3n de impureza a la vez en un juego de referencias m\u00e9dicas impl\u00edcitas y en su concepci\u00f3n general del semen. Para \u00e9l, la menstruaci\u00f3n es en efecto una sustancia impura.<sup>79<\/sup> Pero adem\u00e1s, como lo dec\u00eda el m\u00e9dico Sorano, \u00abel semen se diluye en la sangre y es rechazado por ella\u00bb.<sup>80<\/sup> Lleva consigo, por tanto, el semen que se mezcla en ella, arranc\u00e1ndolo as\u00ed de su objetivo que es la matriz, y de su fin que es la procreaci\u00f3n. Puesto que el semen constituye para \u00ablas razones de la naturaleza\u00bb un recept\u00e1culo material y puesto que detenta las potencias que, desarrolladas en su orden razonable, dar\u00e1n nacimiento a un ser humano, no merece ni ser expuesto al contacto de las inmundicias, ni ser entregada a una expulsi\u00f3n brutal.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>c<\/em>. La prohibici\u00f3n de las relaciones durante el embarazo constituye lo contrario del principio precedente. Pues si hay que conservar el semen de cualquier evacuaci\u00f3n impura, tambi\u00e9n hay que proteger la matriz una vez que ha acogido el semen y que ha emprendido su labor. Hace falta respetar el ritmo espont\u00e1neo que Clemente evoca as\u00ed: vac\u00eda, la matriz desea procrear, busca acoger el semen y la copulaci\u00f3n no puede entonces ser considerado como una falta, porque responde a este deseo leg\u00edtimo.<sup>81<\/sup> Aqu\u00ed todav\u00eda Clemente hace eco de una ense\u00f1anza m\u00e9dica completamente corriente: \u00abno todo momento es favorable al semen arrojado en el \u00fatero mediante los acercamientos sexuales\u00bb, es en el momento en que cesa el flujo menstrual y en que la matriz se encuentra vac\u00eda cuando \u00ablas mujeres son llevadas al acto ven\u00e9reo y lo desean\u00bb.<sup>82<\/sup> Esta alternancia en las disposiciones del cuerpo muestra bien, seg\u00fan Clemente, la raz\u00f3n que preside a su naturaleza, y define los l\u00edmites justos de una conducta ajustada. Pero <em>El Pedagogo<\/em> desplaza el significado de este ritmo y de la regla de templanza que de aqu\u00ed se extrae. Los m\u00e9dicos desaconsejaban durante el embarazo las relaciones sexuales \u00abporque imprimen movimiento en todo el cuerpo\u00bb, y, por las sacudidas que imprimen en el \u00fatero, \u00abson peligrosas durante todo el tiempo del embarazo\u00bb; sobre todo los \u00faltimos meses.<sup>83<\/sup> Clemente, por su parte, invoca el hecho de que si la matriz se cierra durante el embarazo es porque \u00abtrabaja en la fabricaci\u00f3n del ni\u00f1o\u00bb, y que esta labor la cumple \u00aben sinergia con el Demiurgo\u00bb.<sup>84<\/sup> Mientras dure esta elaboraci\u00f3n y colaboraci\u00f3n, cualquier nueva aportaci\u00f3n de semen aparecer\u00e1 como excesiva: \u00abviolencia\u00bb por tanto que no ser\u00eda \u00abjusto\u00bb querer imponer. Durante el embarazo todo lo que viene de m\u00e1s es \u00aben exceso\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>d<\/em>. Pero si la \u00abnaturaleza\u00bb de la mujer dicta una econom\u00eda tan rigurosa, \u00bfqu\u00e9 sucede del lado del hombre? Es sin duda siguiendo el hilo de esta cuesti\u00f3n como Clemente evoca un tema m\u00e9dico completamente tradicional: la larga serie de los males, enfermedades y debilidades que puede provocar el uso demasiado frecuente de los placeres del amor. De esto Clemente evoca las pruebas directas que se daban ordinariamente y las pruebas indirectas, no menos habituales: vigor de todos aquellos, hombres o bestias, que se absten\u00edan lo m\u00e1s posible de relaciones sexuales. Esta idea banal, Clemente la relaciona con la proposici\u00f3n, tambi\u00e9n famosa, de Dem\u00f3crito: que la uni\u00f3n sexual es \u00abuna peque\u00f1a epilepsia\u00bb.<sup>85<\/sup> Sin haber sido retomada por todos los m\u00e9dicos, la idea se encuentra de manera bastante frecuente en la literatura m\u00e9dica: ya sea bajo su forma estricta como en Galiano,<sup>86<\/sup> o bajo una forma m\u00e1s amplia como en Rufo de \u00c9feso, quien coloca \u00aben la familia del espasmo\u00bb los \u00abmovimientos violentos\u00bb que acompa\u00f1an el coito.<sup>87<\/sup> Ahora bien, a esta convergencia entre epilepsia y acto sexual, Clemente da un significado preciso, que apoya por lo dem\u00e1s [sobre] una doble referencia que le permite entrecruzar un texto de Dem\u00f3crito \u2014\u00abun hombre nace de un hombre y es arrancado de \u00e9l\u00bb [(fr. 32 Diels)]\u2014 con un vers\u00edculo del G\u00e9nesis: \u00abesto es el hueso de mis huesos y la carne de mi carne\u00bb (2, 23). Si el cuerpo es tan violentamente agitado en la emisi\u00f3n de semen, es porque se encuentra separado de \u00e9l y arroja una sustancia que contiene en s\u00ed misma las razones materiales que permitir\u00e1n hacer otro hombre semejante a aquel de quien proviene. Se percibe aqu\u00ed la tendencia, que era frecuente en la Antig\u00fcedad, a hacer de la eyaculaci\u00f3n algo sim\u00e9trico al parto. Pero citando a Ad\u00e1n, a quien Dios acaba de arrancar una costilla en su sue\u00f1o para hacer de ella su compa\u00f1era, Clemente evoca claramente la \u00abcolaboraci\u00f3n\u00bb de Dios en esta obra de carne puramente masculina. La prescripci\u00f3n de no abusar de ella no concierne por tanto \u00fanicamente a la prudencia de los cuerpos. La conmoci\u00f3n necesariamente costosa de la emisi\u00f3n de semen se refiere a la gravedad indispensable de esta sinergia.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">De estos grandes principios de restricci\u00f3n en las relaciones sexuales puede deducirse toda una serie de prescripciones diversas que Clemente acumula sin mucho orden aparente. Unas proh\u00edben el aborto, otras condenan no tener relaciones sexuales en el d\u00eda, saliendo de la iglesia o de una reuni\u00f3n, a la hora de la oraci\u00f3n, sino s\u00f3lo en la noche; otras prescriben no tratar a su mujer como \u00abprostituta\u00bb; otras excluyen el matrimonio de los j\u00f3venes y de los ancianos. Todo eso define bien un c\u00f3digo de la templanza cuyas conclusiones, incluso si llegan a ser m\u00e1s severas, son del mismo tipo que las que es posible encontrar en los fil\u00f3sofos paganos. Y es sin duda esta regla de templanza de la que Clemente recuerda en varias ocasiones sus principios: el hombre debe permanecer amo de sus deseos, no dejarse conducir por su violencia, no entregarse, sin control de la raz\u00f3n, a los impulsos del cuerpo.<sup>88<\/sup> Es el ideal de lo que \u00e9l llama en otro lugar el \u00abmatrimonio templado\u00bb.<sup>89<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Pero parece que este principio no es para Clemente el principio \u00faltimo. Si hace falta que se permanezca \u00abamo de s\u00ed\u00bb no es tanto para mantener el justo equilibrio y la necesaria jerarqu\u00eda entre las facultades, sino para asegurar el respeto, el pudor, la reserva que reclama un semen que forma el recept\u00e1culo de \u00abrazones\u00bb inmanentes a la naturaleza y que es la ocasi\u00f3n de una cooperaci\u00f3n entre Dios y el hombre. \u00bfUni\u00f3n en la cual el ser razonable respeta el alma que debe conducirlo sobre el cuerpo y la conciencia que debe controlar los movimientos involuntarios? S\u00ed, sin duda. Pero el \u00abmatrimonio templado\u00bb de Clemente es sobre todo respetuoso de aquello que, pasando a trav\u00e9s suyo, va del Creador eterno a la multiplicidad de las creaturas futuras, y encuentra en el semen y la fecundaci\u00f3n un momento material importante. Es la \u00abeconom\u00eda\u00bb de este movimiento, m\u00e1s que la estructura del compuesto humano, lo que define el <em>kair\u00f3s<\/em> de las relaciones sexuales.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">3. El \u00faltimo movimiento del texto es por mucho el m\u00e1s corto; emerge con las \u00faltimas recomendaciones que conciernen al matrimonio templado, aquellas m\u00e1s tenues, m\u00e1s exigentes que rodean a las grandes prohibiciones. No sostener prop\u00f3sitos obscenos, abstenerse de gestos licenciosos, no tener relaciones con prostitutas y recordar igualmente \u2014aqu\u00ed Clemente repite casi palabra a palabra un aforismo que se encontraba ya en los fil\u00f3sofos\u2014 que se comete un adulterio cuando uno act\u00faa con su mujer como si se tratara de una cortesana. Con estas prescripciones, entramos en el dominio de las faltas que escapan de la mirada de los dem\u00e1s y que se cometen sobre todo a los ojos de la conciencia propia. Pecados de la sombra. Hay que notar que no se trata aqu\u00ed de las faltas de intenci\u00f3n, de los malos pensamientos, de las concupiscencias y las tentaciones que ser\u00e1n, en un cristianismo un poco posterior, el elemento clave de los pecados de la carne. Clemente s\u00f3lo habla de los pecados que est\u00e1n exentos de car\u00e1cter p\u00fablico. La noche y el silencio los envuelven: tienen aparentemente por testigo y por juez \u00fanicamente la conciencia de aquel que los comete; la conciencia del compa\u00f1ero no parece tener aqu\u00ed importancia. El problema del pecado sin otro testigo que la conciencia es todav\u00eda un tema muy frecuente en la literatura filos\u00f3fica, y Clemente lo trata de acuerdo con una argumentaci\u00f3n tambi\u00e9n muy cl\u00e1sica. Buscando enterrar un pecado en la sombra y la soledad, uno no mitiga su gravedad, muestra cu\u00e1nto se es consciente de su importancia. El secreto manifiesta la verg\u00fcenza, y \u00e9sta constituye un juicio que la conciencia lleva consigo. Y si tal pecado no provoca da\u00f1os a nadie, la conciencia est\u00e1 todav\u00eda ah\u00ed, como acusador y como juez: es a s\u00ed mismo que uno se provoca los da\u00f1os, y es a favor de s\u00ed mismo que hay que condenarse. Encontramos estos razonamientos tanto en Musonio<sup>90<\/sup> como en S\u00e9neca.<sup>91<\/sup> Clemente los retoma brevemente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Y sin embargo es en otra direcci\u00f3n que va su an\u00e1lisis; o m\u00e1s bien los temas que hace variar, de un modo muy libre, en torno a la cuesti\u00f3n de la falta secreta. Evoca en primer lugar el tema de la noche y la luz. Por profundas que sean las tinieblas que rodean la falta, siempre hay una luz que las habita e ilumina lo que ocultan. \u00bfMirada de Dios a quien nada escapa, y que constituye, siempre presente en el mundo, una luz espiritual? S\u00ed, sin duda, y los fil\u00f3sofos paganos reconocieron su evidencia.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Pero es tambi\u00e9n la luz que habita en nosotros y constituye nuestra conciencia. Fragmento del <em>Logos<\/em> que rige el mundo, que deposita en nosotros un elemento de pureza. Con respecto a \u00e9l, la falta que se comete no constituye solamente una desobediencia, un atentado contra los principios de la raz\u00f3n, sino tambi\u00e9n una mancha. Y la templanza no es simplemente conformidad a un orden universal, sino parcela pura de esta luz: no busquemos \u00abocultarnos en las tinieblas, porque el pensamiento habita en nosotros; [\u2026] la noche ilumina los pensamientos castos; y es a los pensamientos de los hombres de bien que la Escritura ha dado el nombre de l\u00e1mparas que no se apagan nunca\u00bb.<sup>92<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Al no poder lo puro tener contacto sino con lo puro, Dios, si manchamos en nosotros la pureza de su <em>Logos<\/em>, s\u00f3lo puede desviarse de nosotros. Nos abandona entonces a nuestra vida de \u00abcorrupci\u00f3n\u00bb. Y con ello Clemente entiende a la vez, en el sentido metaf\u00f3rico, la vida del pecado y, en sentido estricto, una vida que est\u00e1 consagrada a la muerte. La intemperancia corrompe: no porque alcanzar\u00eda la luz, que en s\u00ed misma es inaccesible y no puede ser oscurecida, sino porque obliga la luz a abandonar el cuerpo a su destino mortal. El cuerpo intemperante se pudrir\u00e1 porque Dios, abandon\u00e1ndolo, lo deja en estado de cad\u00e1ver,<sup>93<\/sup> aunque aquel que permanece templado adquirir\u00e1 una \u00abincorruptibilidad\u00bb, aquella del <em>Logos<\/em> que habita en \u00e9l, y que lo har\u00e1 acceder a la vida eterna.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Hay en esta concepci\u00f3n de la \u00abtemplanza\u00bb en Clemente m\u00e1s que la sola exigencia de un equilibrio bien dominado entre el cuerpo y la raz\u00f3n. Pero tampoco es, a la manera dualista, un rechazo radical del cuerpo como principio sustancial del mal. No se trata de una prisi\u00f3n, sino de una habitaci\u00f3n del <em>Logos<\/em> en el cuerpo, y la \u00abtemplanza\u00bb consiste en hacer que este cuerpo se vuelva o siga siendo el \u00abtemplo de Dios\u00bb y que sus miembros sean y sigan siendo los \u00abmiembros de Cristo\u00bb. La templanza no es arrancamiento del cuerpo, sino movimiento del <em>Logos<\/em> incorruptible en el cuerpo mismo, movimiento que lo conduce hasta esa otra vida donde ah\u00ed, y ah\u00ed solamente, podr\u00e1 ser llevada a cabo la vida angelical, donde la carne enteramente purificada no conocer\u00e1 ya la diferencia de los sexos y las relaciones que los unen. Es de esta manera como Clemente interpreta el Evangelio de Lucas sobre el nuevo matrimonio de los viudos,<sup>94<\/sup> que deb\u00eda ser el objeto de tantas controversias: no ve en \u00e9l, como algunos, la idea de una distinci\u00f3n entre \u00ablos hijos del siglo\u00bb que tomaban marido o mujer, y aquellos que, no tomando ni marido ni mujer, participar\u00edan en la resurrecci\u00f3n; sino la idea de que a partir del matrimonio que es la ley de este mundo, el abandono de las obras de carne y la incorruptibilidad que adquirimos as\u00ed nos permiten \u00abperseguir una vida a la medida de aquella de los \u00e1ngeles\u00bb.<sup>95<\/sup> As\u00ed pueden \u00abcumplirse las obras del Pedagogo\u00bb y cumplirse la Palabra: \u00abseg\u00fan la imagen y la semejanza\u00bb.<sup>96<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Es cierto que, por estos temas de la luz interior, de lo puro y de lo impuro, del cuerpo como templo de Cristo, y de esta ascensi\u00f3n hacia la incorruptibilidad y la vida eterna, Clemente aborda temas que en el siglo III y sobre todo en el IV adquirir\u00e1n una importancia muy grande; en particular bajo la influencia del ascetismo mon\u00e1stico: tema de la pureza rigurosa del pensamiento y tema de la virginidad de coraz\u00f3n como condiciones de la vida angelical. Pero de inmediato hay que notar que la exigencia de una pureza del pensamiento, con una renuncia que abarca hasta los deseos mismos, no es evocada m\u00e1s que al final del cap\u00edtulo, en una sola frase. Hay que notar que Clemente no evoca aqu\u00ed, como lo har\u00e1 m\u00e1s tarde, el arrancamiento vigilante, constante y previo de todos los deseos \u00ednfimos que pueden formarse en el coraz\u00f3n, sino la voluntad de no dejarse vencer por ellos.<sup>97<\/sup> Hay que notar que justo despu\u00e9s de esta \u00faltima recomendaci\u00f3n, \u00e9l opone a la reprimenda de esta derrota el principio de la buena conducta, aquel que hab\u00eda evocado al comienzo del cap\u00edtulo y al cual regresa finalmente: necesidad de no sembrar m\u00e1s que en el buen momento, cuando el <em>kair\u00f3s<\/em> lo indica. No opone a la obra carnal una renuncia absoluta, sino, a la derrota que pesa en uno ante los <em>aphrodisia<\/em>, el principio de siembras buenas y eficaces. La estructura misma de este \u00faltimo par\u00e1grafo pone de frente el hecho de estar \u00absometido a los <em>aphrodisia<\/em>\u00bb y el hecho de consentir \u00fanicamente a plantar las semillas.<sup>98<\/sup> Por \u00faltimo y sobre todo hay que notar que la palabra empleada por Clemente, no solamente al comienzo del texto cuando define la raz\u00f3n natural que preside a las buenas relaciones sexuales, sino en este final de cap\u00edtulo donde se trata del cuerpo como templo de Dios, y del vestido de incorruptibilidad, es siempre la misma palabra mediante la cual los fil\u00f3sofos designaban la templanza: <em>sophrosyne<\/em>. Sin duda da a este t\u00e9rmino un significado diferente del simple dominio de s\u00ed mismo, de sus pasiones y de su cuerpo. Pero no le da el sentido de una renuncia a las relaciones sexuales; para la cual \u00e9l emplea regularmente (as\u00ed en el tercer <em>Stromata<\/em>) el t\u00e9rmino de <em>eunoukhia<\/em>. Se trata sin duda, en esta \u00abtemplanza\u00bb, de una econom\u00eda de la procreaci\u00f3n. \u00c9sta debe ser determinada por la raz\u00f3n natural de las \u00absemillas humanas\u00bb, pero es tambi\u00e9n y al mismo tiempo la forma de una colaboraci\u00f3n entre Dios y el hombre. La \u00abcorona de vida\u00bb, el atuendo de inmortalidad no podr\u00edan ser el precio de una ruptura de esta econom\u00eda; puede incluso decirse que el celibato es un acto imp\u00edo en la medida en que suprime esta \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb.<sup>99<\/sup> Ser\u00e1n el precio de una fidelidad exacta a aquello que exige el <em>Logos<\/em> para que esta econom\u00eda alcance los fines que le est\u00e1n fijados: a saber hacer hijos seg\u00fan una \u00abvoluntad santa y sabia\u00bb.<sup>100<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En un pasaje del tercer <em>Stromata<\/em>, Clemente comienza el texto del G\u00e9nesis sobre la ca\u00edda de la primera pareja humana: \u00bfla falta cometida consisti\u00f3 en el acto sexual? Cuesti\u00f3n debatida por mucho tiempo<sup>101<\/sup> a la cual Clemente da una respuesta sutil: no es el hecho de haber tenido una relaci\u00f3n sexual lo que constituye el pecado. Sino no haberla tenido en el buen momento, \u00abcuando esto conven\u00eda\u00bb. Contra las \u00f3rdenes que les hab\u00edan sido dadas, Ad\u00e1n y Eva se unieron demasiado j\u00f3venes.<sup>10<\/sup> Infringieron, en suma, la econom\u00eda del <em>kair\u00f3s<\/em>, e ignoraron la ley del tiempo. Ni\u00f1os precoces e ind\u00f3ciles, escaparon de esta raz\u00f3n que <em>El Pedagogo<\/em> debe precisamente ense\u00f1ar ahora a una humanidad que puede ser regenerada \u00fanicamente con la condici\u00f3n de saberse \u00abni\u00f1a\u00bb. Tal fue la ca\u00edda, as\u00ed como lo explica <em>El Protr\u00e9ptico<\/em>: el hijo y ni\u00f1o Ad\u00e1n, \u00absucumbiendo a la voluptuosidad\u00bb y dej\u00e1ndose \u00abseducir por sus deseos\u00bb, perdi\u00f3 su estado de infancia; su desobediencia lo volvi\u00f3 \u00abhombre\u00bb, privado de todo el sost\u00e9n del <em>logos<\/em> pedag\u00f3gico.<sup>103<\/sup> Esta ca\u00edda por precocidad muestra bien que la generaci\u00f3n no es en s\u00ed misma mala, sino que s\u00f3lo pueden serlo las condiciones en que se hace. Ella es inocente de la falta de Ad\u00e1n, y es por eso que no es solamente absuelta, sino celebrada en este mismo pasaje del tercer <em>Stromata<\/em>; Clemente juega con la palabra <em>g\u00e9nesis<\/em> que se refiere tanto a la Creaci\u00f3n como a la procreaci\u00f3n. Pero despu\u00e9s del primer pecado, \u00abla g\u00e9nesis permanece santa\u00bb, mediante la cual \u00abfueron constituidos el mundo, y las esencias y los seres naturales, los \u00e1ngeles y las potencias y las almas, los mandamientos, las leyes y el Evangelio, y la gnosis de Dios\u00bb.<sup>104<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">El acto de la procreaci\u00f3n humana se remite por tanto a la potencia de la Creaci\u00f3n en el interior de la cual se inscribe y de la cual detenta su propio poder. Pero Clemente la piensa tambi\u00e9n en funci\u00f3n de aquello que en la historia del mundo constituye la r\u00e9plica de la Creaci\u00f3n por el Padre: la regeneraci\u00f3n por Cristo, por su Encarnaci\u00f3n, su sacrificio y su ense\u00f1anza. En el largo cap\u00edtulo VI del primer libro, consagrado al uso de la palabra \u00abni\u00f1os\u00bb, <em>El Pedagogo<\/em> desarrolla el tema de la ense\u00f1anza de Cristo como leche de nodriza.<sup>105<\/sup> Esboza toda una \u00abfisiolog\u00eda\u00bb de la sangre en sus metamorfosis: sustancia que contiene en s\u00ed misma todas las potencias del cuerpo, la sangre-<em>Logos<\/em> aparece tambi\u00e9n bajo dos formas distintas: acalorada, agitada, hace espuma y se vuelve esperma, transmitiendo as\u00ed a la humedad de la matriz los principios de los que podr\u00e1 nacer, por desarrollo, otro cuerpo; pero enfriada y penetrada por aire, la sangre se vuelve leche en la madre y, bajo esta forma, contin\u00faa transmitiendo al hijo las potencias que habitan el cuerpo de los padres: la lactancia es la continuaci\u00f3n del acto por el cual la vida fue dada al hijo a trav\u00e9s de la fecundaci\u00f3n; la misma sangre y los mismos poderes, bajo otro aspecto, le son transmitidos. As\u00ed, despu\u00e9s de haber ofrecido su sangre, Cristo da a los hombres-ni\u00f1os la leche de su <em>Logos<\/em>. Les ense\u00f1a, es su pedagogo. Entre la sangre en otro tiempo vertida, en la Pasi\u00f3n, y la leche que fluye indefinidamente de su Palabra, la procreaci\u00f3n suscita este pueblo de \u00abpeque\u00f1itos\u00bb que el <em>Logos<\/em> engendra y regenera.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Este pasaje de <em>El Pedagogo<\/em>, donde Clemente formula la teor\u00eda de la ense\u00f1anza que dar\u00e1 en los libros siguientes, menciona el esperma, entre sangre y leche, s\u00f3lo de modo muy pasajero. Lo esencial del texto se centra en la regeneraci\u00f3n y no en la g\u00e9nesis. Pero, por un lado, indica claramente el lugar de la procreaci\u00f3n en la gran \u00abfisiolog\u00eda\u00bb del <em>Logos<\/em>. Subraya el parentesco y por tanto la semejanza que nos vincula as\u00ed con Dios: el \u00abparentesco\u00bb mediante la sangre, la \u00absimpat\u00eda\u00bb mediante la educaci\u00f3n<sup>106<\/sup> de los cuales habla este pasaje se completar\u00e1n mediante la sinergia en la procreaci\u00f3n de la cual habla el cap\u00edtulo X del siguiente libro. El ciclo de la sangre, del esperma y de la leche con el <em>Logos<\/em> que los habita y que transmiten nos vincula fuertemente con el parentesco de Dios.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Y cuando <em>El Pedagogo<\/em>, en cuanto ense\u00f1anza de Cristo, en cuanto leche con la cual alimenta nuestra infancia, nos dice cu\u00e1l es el <em>kair\u00f3s<\/em>, el momento de la procreaci\u00f3n conveniente, es sin duda en el gran movimiento de la Creaci\u00f3n a la Dispensaci\u00f3n, del G\u00e9nesis a la Regeneraci\u00f3n que \u00e9l fija la econom\u00eda de la generaci\u00f3n.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">* * *<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><em>El Pedagogo<\/em>, como ha sido dicho a menudo, testimonia por tanto una gran continuidad con los textos de la filosof\u00eda y de la moral pagana de la misma \u00e9poca, o de un per\u00edodo inmediatamente anterior. Se trata de la misma forma de prescripci\u00f3n: un \u00abr\u00e9gimen\u00bb de vida que define el valor de los actos en funci\u00f3n de sus fines racionales y de las \u00abocasiones\u00bb que permiten efectuarlos leg\u00edtimamente. Se trata tambi\u00e9n de una codificaci\u00f3n \u00abcl\u00e1sica\u00bb, porque en ella se encuentran las mismas prohibiciones (el adulterio, el desenfreno, la inmundicia de los hijos, las relaciones entre hombres), las mismas obligaciones (tener en vista la procreaci\u00f3n de los hijos cuando uno se casa y cuando uno tiene relaciones sexuales), con la misma referencia a la naturaleza y a sus lecciones.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Pero esta continuidad visible no debe dejar creer que Clemente insert\u00f3 simplemente un fragmento de moral tradicional, completada por a\u00f1adidos de origen hebraico, al interior de sus concepciones religiosas. Por un lado, agreg\u00f3 en un mismo conjunto prescriptivo una \u00e9tica del matrimonio y una econom\u00eda detallada de las relaciones sexuales, defini\u00f3 un r\u00e9gimen sexual del matrimonio mismo; mientras que los moralistas \u00abpaganos\u00bb, incluso cuando no aceptaban las relaciones sexuales m\u00e1s que en el matrimonio y con miras a la procreaci\u00f3n, analizaban separadamente la econom\u00eda de los placeres necesaria para el sabio y las reglas de prudencia y de conveniencia propias de las relaciones matrimoniales. Y, por otro lado, dio un significado religioso a este conjunto de prescripciones, repens\u00e1ndolo de un modo global en su concepci\u00f3n del <em>Logos<\/em>. No hizo pasar en su cristianismo una moral que le era extra\u00f1a. Constituy\u00f3, sobre un c\u00f3digo ya formado, un pensamiento y una moral cristianos de las relaciones sexuales, mostrando con ello que hab\u00eda m\u00e1s de una que era posible, y por tanto que ser\u00eda completamente abusivo imaginar que es \u00abel\u00bb cristianismo el que impuso, por s\u00ed mismo y la fuerza de sus exigencias internas, necesariamente este extra\u00f1o y singular conjunto de pr\u00e1cticas, de nociones y de reglas que se llama \u00abla\u00bb moral sexual cristiana.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Ocurre que, de cualquier modo, este an\u00e1lisis de Clemente est\u00e1 bastante lejano de los temas que se encontrar\u00e1n m\u00e1s tarde en san Agust\u00edn y los cuales tendr\u00e1n un papel mucho m\u00e1s determinante para la cristalizaci\u00f3n de \u00abesta\u00bb moral. De Clemente a Agust\u00edn, hay evidentemente toda la diferencia entre un cristianismo helenizante, estoicizante, centrado en \u00abnaturalizar\u00bb la \u00e9tica de las relaciones sexuales, y un cristianismo m\u00e1s austero, m\u00e1s pesimista, que no piensa la naturaleza humana m\u00e1s que a trav\u00e9s de la ca\u00edda, y que por consiguiente afecta las relaciones sexuales con un \u00edndice negativo. Pero no podemos contentarnos con la constataci\u00f3n de esta diferencia. Y sobre todo, no es en t\u00e9rminos de \u00abseveridad\u00bb, de austeridad, de rigor mayor en lo prohibido, como puede estimarse el cambio que se produjo. Pues sin considerar que el c\u00f3digo propiamente dicho y el sistema de las prohibiciones, la moral de Clemente apenas es m\u00e1s \u00abtolerante\u00bb que aquello que se encontrar\u00e1 posteriormente: el <em>kair\u00f3s<\/em> que legitima el acto sexual en el \u00fanico matrimonio, con miras a la fecundaci\u00f3n exclusiva, nunca durante las reglas ni el embarazo, y en ning\u00fan otro momento del d\u00eda que en la noche, no le abre amplias posibilidades.<sup>107<\/sup> Y de cualquier modo, las grandes l\u00edneas de partici\u00f3n entre lo permitido y lo prohibido han seguido siendo, por lo esencial y en su designio general, las mismas entre el segundo y el quinto siglo.<sup>108<\/sup> En cambio, en este mismo lapso de tiempo, algunas transformaciones capitales se producir\u00e1n: en el sistema general de valores, con la preeminencia \u00e9tica y religiosa de la virginidad y de la castidad absoluta; en el juego de las nociones utilizadas con la importancia creciente de la \u00abtentaci\u00f3n\u00bb, de la \u00abconcupiscencia\u00bb, de la carne y de los \u00abmovimientos primarios\u00bb que muestran no \u00fanicamente una cierta modificaci\u00f3n del aparato conceptual, sino un desplazamiento del dominio de an\u00e1lisis. No es tanto el c\u00f3digo lo que fue reforzado, ni las relaciones sexuales m\u00e1s estrictamente reprimidas; es otro tipo de experiencia lo que poco a poco se forma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Este cambio evidentemente hay que ponerlo en relaci\u00f3n con toda la evoluci\u00f3n compleja de las Iglesias cristianas que llev\u00f3 a la constituci\u00f3n del Imperio cristiano. Pero m\u00e1s precisamente, hay que relacionarlo con la instauraci\u00f3n en el cristianismo de dos elementos nuevos: la disciplina penitencial, a partir de la segunda mitad del segundo siglo, y la ascesis mon\u00e1stica, a partir de finales del tercero. Estos dos tipos de pr\u00e1cticas no produjeron un mero reforzamiento de las prohibiciones, o exigi\u00f3 en las costumbres un rigor mayor. Definieron y desarrollaron un cierto modo de relaci\u00f3n de s\u00ed consigo y una cierta relaci\u00f3n entre el mal y lo verdadero; digamos m\u00e1s precisamente entre la remisi\u00f3n de los pecados, la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n y la manifestaci\u00f3n de las faltas escondidas, de los secretos, y de los arcanos del individuo en el examen de s\u00ed, en la confesi\u00f3n, en la direcci\u00f3n de la conciencia y las diferentes formas de \u00abconfesi\u00f3n\u00bb penitencial.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La pr\u00e1ctica de la penitencia y los ejercicios de la vida asc\u00e9tica organizan relaciones entre el \u00abhacer el mal\u00bb y el \u00abdecir lo verdadero\u00bb, vincula en un haz las relaciones consigo, con el mal y con lo verdadero, sobre un modo que es sin duda mucho m\u00e1s nuevo y mucho m\u00e1s determinante que tal o cual grado de severidad agregado al o excluido del c\u00f3digo. Se trata en efecto de la forma de la subjetividad: ejercicio de s\u00ed sobre s\u00ed, conocimiento de s\u00ed por s\u00ed, constituci\u00f3n de s\u00ed mismo como objeto de investigaci\u00f3n y de discurso, liberaci\u00f3n, purificaci\u00f3n de s\u00ed mismo y salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de las operaciones que levan la luz hasta el fondo de s\u00ed, y conducen los m\u00e1s profundos secretos hasta la luz de la manifestaci\u00f3n redentora. Es una forma de experiencia \u2014entendida a la vez como modo de presencia consigo mismo y esquema de transformaci\u00f3n de s\u00ed\u2014 lo que se elabor\u00f3 entonces. Y es ella lo que poco a poco coloc\u00f3 en el centro de su dispositivo el problema de la \u00abcarne\u00bb. Y en lugar de tener un r\u00e9gimen de las relaciones sexuales, o de los <em>aphrodisia<\/em>, que se integra a la regla general de una vida recta, se tendr\u00e1 una relaci\u00f3n fundamental con la carne que atraviesa la vida entera y subyace a las reglas que uno le impone.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">La \u00abcarne\u00bb tiene que ser comprendida como un modo de experiencia, es decir, como un modo de conocimiento y de transformaci\u00f3n de s\u00ed por s\u00ed, en funci\u00f3n de una cierta relaci\u00f3n entre anulaci\u00f3n del mal y manifestaci\u00f3n de la verdad. Con el cristianismo, no se pas\u00f3 de un c\u00f3digo tolerante con respecto los actos sexuales a un c\u00f3digo severo, restrictivo y represivo. Es preciso concebir de otro modo los procesos y sus articulaciones: la constituci\u00f3n de un c\u00f3digo sexual, organizado en torno al matrimonio y la procreaci\u00f3n, hab\u00eda comenzado en gran medida antes del cristianismo, por fuera de \u00e9l, al lado de \u00e9l. \u00c9ste la retom\u00f3 a su cuenta, esencialmente. Y es en el curso de sus desarrollos ulteriores y a trav\u00e9s de la formaci\u00f3n de ciertas tecnolog\u00edas del individuo \u2014disciplina penitencial, ascesis mon\u00e1stica\u2014 como se constituy\u00f3 una forma de experiencia que hizo jugar el c\u00f3digo sobre un nuevo modo y le hizo tomar cuerpo, de un manera completamente diferente, en la conducta de los individuos.<sup>*5<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Y para hacer la historia de esta formaci\u00f3n, es preciso analizar las pr\u00e1cticas que la aseguraron. No es que se pretenda aqu\u00ed rastrear la g\u00e9nesis de estas instituciones bastante complejas, se trata \u00fanicamente de tratar de hacer aparecer las relaciones que se anudan aqu\u00ed entre la remisi\u00f3n del mal, la manifestaci\u00f3n de lo verdadero y el \u00abdescubrimiento\u00bb de s\u00ed.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>1<\/sup> Justino, <em>Primera apolog\u00eda<\/em>, 29, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>2<\/sup> \u00ab<em>H\u00eamin metron epithumias h\u00ea paidopoiia<\/em>\u00bb.<\/small><br \/>\n<small><sup>3<\/sup> \u00ab<em>Ho gar deuteros<\/em> [<em>gamos<\/em>] <em>euprep\u00eas esti moikheia<\/em>\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>4<\/sup> \u00ab[\u2026] <em>mekhri kai t\u00f4n t\u00eas psukh\u00eas h\u00eade\u00f4n<\/em>\u00bb. Todos estos textos se encuentran en la <em>Supplicatio pro Christianis<\/em>, cap. 33. En su art\u00edculo \u00abEhezweck und zweite Ehe bei Athenagoras\u00bb (<em>Theologische Quartalschrift<\/em>, 1929, pp. 85-110), K. Von Preysing insiste en la similitud entre las f\u00f3rmulas de Aten\u00e1goras y las posiciones te\u00f3ricas o las actitudes de Marco Aurelio.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>5<\/sup> K. Von Preysing concluye as\u00ed su art\u00edculo: \u00ab<em>Wir hoffen dargetan zu haben, dass die zwei Anschauungen des Athenagoras in Bezug auf die Ehe nicht aus der christlichen Umwelt, jedenfalls nicht aus ihr in erster Linie stammen. Sto\u00efsche Beeinfl\u00fcssung in Bezug auf beide Ansichten d\u00fcrfte wohl anzunehmen sein<\/em>\u00bb [\u00abEsperamos haber mostrado que las dos concepciones del matrionio desarrolladas por Aten\u00e1goras no provienen del mundo cristiano, en todo caso no en primer lugar. Tanto para una como para otra, hay que suponer sin duda una influencia estoica\u00bb], <em>ibid<\/em>., p. 110.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>6<\/sup> Cf. igualmente Justino, <em>Primera apolog\u00eda<\/em>, XV, sobre la condena de aquellos que codician una mujer o tienen la intenci\u00f3n de cometer adulterio.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>*1<\/sup> [Tapuscrito: el nacimiento como raz\u00f3n de ser del deseo.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>7<\/sup> <em>El Pedagogo<\/em> corresponde a esta <em>tekhn\u00ea peri bion<\/em> [t\u00e9cnica de existencia] de la que se dice que es la sabidur\u00eda en cuanto vigilia del reba\u00f1o humano (II, II, 25, 3).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>8<\/sup> \u00ab<em>Idias leitourgias kai diakonias<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Estromata<\/em>, III, XII.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>9<\/sup> [Nota vac\u00eda.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>10<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, II, 4, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>11<\/sup> Es la hip\u00f3tesis que presenta H.-I. Marrou, como nota de este pasaje de <em>El Pedagogo<\/em> (I, XIII, 102, 4-103, 2) en la edici\u00f3n de las Sources chr\u00e9tiennes (Par\u00eds, 1960), pp. 294-295.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>12<\/sup> \u00abLa puesta en pr\u00e1ctica sin deficiencias de las ense\u00f1anzas del <em>Logos<\/em>, aquello que precisamente hemos llamado la fe\u00bb, <em>El Pedagogo<\/em>, I, XIII, 102, 4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>13<\/sup> Esta cohesi\u00f3n entre los kathekonta, los katorthomata y el valor salvador de los actos aparece claramente en formulaciones como: \u00ab<em>to mentoi t\u00eas theosebeias katorth\u00f4ma di\u2019erg\u00f4n to kath\u00eakon ektelei<\/em>\u00bb (<em>ibid<\/em>., I, XIII, 102, 3 [\u00abEl acto virtuoso, inspirado por la religi\u00f3n, realiza por tanto el deber a trav\u00e9s de los actos\u00bb, trad. M. Harl]); o tambi\u00e9n: \u00ab<em>kath\u00eakon de akolouthon en bi\u00f4 the\u00f4 kai Khrist\u00f4 boul\u00eama hen, katorthoumenon aidi\u00f4 z\u00f4\u00ea<\/em>\u00bb ([\u00abEl deber, por consiguiente, es tener una voluntad unida a Dios y a Cristo, lo que es un acto recto para la vida eterna\u00bb, trad. M. Harl], <em>ibid<\/em>., I, XIII, 102, 4).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>14<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 90, 3, y Musonio Rufo, <em>Reliquiae<\/em>, XIV, [10-11], p. 71 (ed. Hense).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>15<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 92, 2, y Musonio Rufo, <em>ibid<\/em>., XII, [3-4], p. 64.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>16<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 97, 2, y Musonio Rufo, <em>ibid<\/em>., XII, [15-16], p. 63.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>17<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 100, 1, y Musonio Rufo, <em>ibid<\/em>., XII, [1-2], p. 65.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>18<\/sup> Dem\u00f3crito y Her\u00e1clito son citados una vez; Crisipo bajo el nombre de los \u00abestoicos\u00bb en general. Plat\u00f3n lo es m\u00e1s, sin contar numerosas citas impl\u00edcitas.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>19<\/sup> Sobre la distinci\u00f3n de las dos ense\u00f1anzas: Clemente de Alejandr\u00eda, <small><em>El Pedagogo<\/em>, I, VII, 60, 2. Sobre su continuidad, <em>ibid<\/em>., I, X, 95, 1, y sobre todo I, XI, 96, 3 (\u00abEra por el intermediario de Moises como el Logos era el Pedgagoo\u00bb) y 97, 1.<\/small><\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>20<\/sup> Diocles, <em>Del r\u00e9gimen<\/em>, en Oribasio, <em>Collection m\u00e9dicale. Livres incertains<\/em>, ed. Daremberg, t. III, p. 144.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>21<\/sup> Esta lista se encuentra en Hip\u00f3crates, Epidemias, VI, VI, 2. Existen tambi\u00e9n otros tipos de cuadro.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>22<\/sup> F. Quatember, <em>Die christliche Lebenshaltung des Klemens von Alexandrien nach dem P\u00e4dagogus<\/em>, Viena, 1946.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>23<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 83, 3, a 88, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>24<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 89, 1, \u00e0 97, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>25<\/sup> Sobre el tema de que el <em>Logos<\/em> preside al orden del mundo y a aquel de los cuerpos y del alma, cf. <em>ibid<\/em>., I, II, 6, 5-6.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>26<\/sup> \u00ab<em>Z\u00eatoumen de ei gam\u00eateon<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Estromata<\/em>, II, XXIII, 137, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>27<\/sup> \u00ab[\u2026] <em>sunodos andros kai gunaikos h\u00ea pr\u00f4t\u00ea kata nomon epi gn\u00easi\u00f4n tekn\u00f4n spora<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., II, XXIII, 137, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>28<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XXIII, 143, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>29<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>30<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XXIII, 143, 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>*2<\/sup> [Pasaje tachado por Foucault en el tapuscrito: \u00abY seg\u00fan un enfoque de tipo completamente estoico, a partir de esta definici\u00f3n por la finalidad, Clemente propone consecutivamente: la cuesti\u00f3n de saber si hace falta casarse, en general, y las condiciones que pueden modular esta obligaci\u00f3n, impiden que [no] se le d\u00e9 respuesta \u00fanica y v\u00e1lida para todos en cualquier momento; las opiniones de los diferentes fil\u00f3sofos a este respecto; lo que hace de un matrimonio un bien: a saber, que dando al hombre una descendencia, \u00e9l perfecciona y cumple su existencia; que \u00e9l procura ciudadanos a su patria; que asegura, en caso de enfermedad, el socorro de la mujer y sus cuidados; que procura asistencia cuando llega la vejez. A lo que se agrega, como prueba negativa, el hecho de no tener hijos es o sancionado por las leyes, o condenado por la moral. El racionamiento de Clemente consiste en deducir el valor positivo del matrimonio de aquello que puede tener de perfecci\u00f3n o de utilidad en el hecho de tener una progenitura. Lo que muestra bien que \u00e9sta es el fin del matrimonio en el sentido fuerte de la expresi\u00f3n, lo que es su raz\u00f3n de ser y justificaci\u00f3n; pero tambi\u00e9n (y esto permanece impl\u00edcito en el texto) que la procreaci\u00f3n no puede constituir un bien digno de ser perseguido como fin m\u00e1s que con la condici\u00f3n de producirse en el matrimonio\u00bb.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>31<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XXIII, 144, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>32<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XXIII, 145, 1-3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>33<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XXIII, 146, 1-4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>34<\/sup> \u00ab<em>Sunousias de ton kairon<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 83, 1 ; \u00ab[\u2026] <em>Hop\u00eanika ho kairos dekhetai ton sporon<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., II, X, 102, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>35<\/sup> \u00ab[\u2026] <em>Epit\u00ear\u00f4n men t\u00ean eukairian<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., I, XII, 100, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>36<\/sup> [Nota vac\u00eda.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>37<\/sup> Musonio Rufo, <em>Reliquiae<\/em>, XII (p. 64): los <em>aphrodisia<\/em> no son justificados m\u00e1s que en el matrimonio y cuando tienen por objetivo el nacimiento de los ni\u00f1os.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>38<\/sup> Ocelo Lucano: no tenemos relaciones por el placer, sino para tener hijos (<em>De Universi natura<\/em>, IV, 2).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>39<\/sup> En la \u00c9tica nicom\u00e1quea, I, 8, 16, Arist\u00f3teles dice que la felicidad de la existencia se marca en tres cosas: el \u00abbuen nacimiento\u00bb, la \u00abbelleza\u00bb, y la \u00ab<em>euteknia<\/em>\u00bb que es sim\u00e9trica, del lado de la descendencia y del porvenir, de aquello que es la buena familia, el buen nacimiento del lado del origen. Eur\u00edpides, en Ion, utiliza la palabra en este sentido: \u00abIntercede [\u2026] para que la casa antigua de Erecteo rica por fin un or\u00e1culo claro, una rica posteridad\u00bb (vers 468- 470).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>40<\/sup> En este sentido Clemente no hace m\u00e1s que tomar en sentido estricto la afirmaci\u00f3n estoica de que el hecho de tener hijos [constituye] la \u00abconsumaci\u00f3n\u00bb, el \u00abcumplimiento\u00bb (<em>telei\u00f4t\u00eas<\/em>) para un individuo.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>41<\/sup> Clemente no ignora estas ventajas, las menciona en <em>Los Estromata<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>42<\/sup> La expresi\u00f3n no es <em>heneka tou theou<\/em>, sino <em>dia ton theon<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>43<\/sup> [Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, X, 83.1.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>44<\/sup> <em>Ibid<\/em>., I, III, 7, 1. Dios ha hecho al hombre con sus manos: ekheirourg\u00easen. Esta diferencia entre la creaci\u00f3n por orden de los animales y la fabricaci\u00f3n manual del hombre es un tema corriente en la \u00e9poca, cf. Tertuliano.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>45<\/sup> \u00abDios es rico en misericordia para nosotros que no tenemos ninguna relaci\u00f3n con \u00e9l, <em>t\u00eai ousia, \u00ea phusei, \u00ea dunamei<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Stromata<\/em>, II, XVI, 75, 2. Todo el cap\u00edtulo est\u00e1 dirigido en contra de los gn\u00f3sticos.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>46<\/sup> \u00ab<em>Kata noun kai logismon<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., II, XIX, 102, 6.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>47<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, XIX, 100, 4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>48<\/sup> Error de los estoicos quienes, hablando de la vida conforme a la naturaleza, no vieron que habr\u00eda hecho falta hablar de conformidad a Dios (<em>ibid<\/em>., II, XIX, 101, 1).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>49<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, III, 7, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>50<\/sup> Clemente emplea el verbo <em>synergein<\/em> para designar la colaboraci\u00f3n de Dios en la procreaci\u00f3n y <em>ekheirourgein<\/em> para su papel en la Creaci\u00f3n.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>51<\/sup> Esta f\u00f3rmula que se encuentra en el libro I, cap. III, 7, 3, no se aplica a la generaci\u00f3n en particular, sino que contribuye a definir las relaciones de Dios, en cuanto Creador, con el hombre, en cuanto creatura mediante la cual Dios manifiesta su amor.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>52<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 95, 3. Este tema de la naturaleza \u00abdocente\u00bb es un tema estoico. Cf. por ejemplo Hierocles: \u00ab<em>dikaia de didaskalos h\u00ea phusis<\/em>\u00bb (Estobeo, Florilegium, ed. Meineke, p. 8). Pero es visible el desplazamiento de sentido efectuado por Clemente.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>53<\/sup> En varias ocasiones, Clemente indica que suele hablar mediante ejemplos negativos: <em>El Pedagogo<\/em>, I, I, 2, 2, y I, III, 9, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>54<\/sup> Esta creencia, contada por Arquelao, ser\u00eda tomada de Pseudo-Dem\u00f3crito (<em>Geoponica<\/em>, XIX, 4; cf. Ovidio, <em>Metamorfosis<\/em>, XV, 408- 410).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>*3<\/sup> [Cf. <em>infra<\/em>, n. 61. Foucault anota: IV, 192, sin que se sepa a qu\u00e9 corresponde esto.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>55<\/sup> Eliano, <em>Natura animalium<\/em>, I, 25.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>56<\/sup> Clemente sigue de cerca a Arist\u00f3teles, <em>Historia de los animales<\/em>, IX, 632b.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>57<\/sup> Cf. por ejemplo Lucrecio, <em>De natura rerum<\/em>, I, 871, 874, 898, 928; III, 719.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>58<\/sup> Or\u00edgenes evoca el mismo problema en el <em>Contra Celsum<\/em>, IV, 57. Hace valer que, si hay transformaciones (de la res en abeja, del burro en escarabajo y del caballo en avispa), estos cambios siguen \u00abv\u00edas establecidas\u00bb (<em>hodoi tetagmenai<\/em>).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>59<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, IV, 10, 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>60<\/sup> \u00ab<em>Epithumias dikhazous\u00eas<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., I, IV, 10, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>61<\/sup> Arist\u00f3teles, <em>Historia de los animales<\/em>, VI, 579b. Cf. tambi\u00e9n <em>Generaci\u00f3n de los animales<\/em>, III, 757a.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>62<\/sup> Con respecto a esta contra-naturaleza que se manifiesta naturalmente en lo \u00abdemasiado\u00bb (<em>peritton<\/em>), Clemente caracteriza la vida virtuosa mediante el <em>aperittot\u00eas<\/em> (El Pedagogo, I, XII, 98, 4).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>63<\/sup> Cf. la nota 53 de la edici\u00f3n de la <em>Ep\u00edstola del Pseudo-Bernab\u00e9<\/em>, por S. Suzanne-Dominique y Fr. Louvel (Par\u00eds, 1979).<\/small><br \/>\n<small><sup>64<\/sup> <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 83, 4-5 ; et II, X, 94, 1-4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>65<\/sup> Encontramos estas explicaciones en la Ep\u00edstola del Pseudo-Bernab\u00e9: \u00ab\u201cNo comer\u00e1s conejo\u201d. \u00bfPor qu\u00e9? Esto quiere decir: no ser\u00e1s corruptor de ni\u00f1os y no incitar\u00e1s a la gente de este tipo, porque la liebre adquiere cada a\u00f1o un ano nuevo\u00bb (X, 6).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>66<\/sup> Clemente de Aljandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 88, 3.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>67<\/sup> De hecho Clemente atribuye a Mois\u00e9s la triple prohibici\u00f3n de la fornicaci\u00f3n, del adulterio y de la corrupci\u00f3n de ni\u00f1os que es de hecho la trilog\u00eda tradicional de los fil\u00f3sofos.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>68<\/sup> Aqu\u00ed tenemos uno de los primeros ejemplos de la interpretaci\u00f3n \u00absexual\u00bb de la historia de Sodoma.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>69<\/sup> \u00abEst\u00e1n en frenes\u00ed en la casa de la prostitua, semejantes a caballos bien alimentados que corriente aqu\u00ed y all\u00e1; relinchan tras la mujer de su pr\u00f3jimo\u00bb, Jerem\u00edas, 5, 7-8.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>70<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 90, 1. De este principio Clemente dice que es el principio soberano, aquel que comanda a todos los dem\u00e1s (<em>arkhik\u00f4taton<\/em>).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>71<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 90, 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>72<\/sup> [<em>Ibid<\/em>., II, X, 90, 3]. Sobre <em>aid\u00f4s<\/em> (reserva respetuosa) distinta de <em>aiskhun\u00ea<\/em> (verg\u00fcenza) y sobre el hecho de que las partes sexuales apelan a la primera y no a la segunda, cf. <em>El Pedagogo<\/em>, II, VI, 52, 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>73<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 90, 3-4. Sobre este punto Clemente mezcla la ense\u00f1anza de Plat\u00f3n y la ley de Mois\u00e9s.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>74<\/sup> Cf. <em>ibid<\/em>., II, X, 90, 4; 91, 1; 92, 2; 92, 3; 95, 3. Sobre el tema antign\u00f3stico de que las \u00f3rdenes de Dios son buenas y justas, cf. <em>ibid<\/em>., I, los cap\u00edtulos VIII et IX.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>75<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 96, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>76<\/sup> Los textos que Clemente cita se encuentran en el libro VIII de las <em>Leyes<\/em> (819a-841e).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>77<\/sup> [Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 83, 3.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>78<\/sup> <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 92, 1. Cf. tambi\u00e9n Fil\u00f3n, <em>De specialibus legibus<\/em>, III, 32- 33.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>*4<\/sup> [Manuscrito: \u00abvaya a perderse\u00bb.]<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>79<\/sup> Clemente emplea la palabra <em>apokatharma<\/em> [<em>ibid<\/em>., II, X, 92, 1].<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>80<\/sup> Sorano, <em>Tratado de las enfermedades de las mujeres<\/em>, I, X.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>81<\/sup> Clemente utiliza la palabra <em>horexis<\/em> que en el vocabulario estoico designa el deseo como movimiento natural (por oposici\u00f3n a <em>epithymia<\/em>).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>82<\/sup> Sorano, <em>loc<\/em>. <em>cit<\/em>., cap. X. Es tambi\u00e9n una idea m\u00e9dica que la mujer no puede efectivamente concebir m\u00e1s que si desea la relaci\u00f3n sexual. Se extra\u00eda de ello la conclusi\u00f3n de que su una mujer conceb\u00eda despu\u00e9s de una violaci\u00f3n era porque ella lo hab\u00eda de una cierta manera deseado.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>83<\/sup> <em>Ibid<\/em>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>84<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 93, 1. La frase remite expl\u00edcitamente a los primeros cap\u00edtulos sobre la cooperaci\u00f3n de la creatura y del Creador en el nacimiento de los hombres.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>85<\/sup> Dem\u00f3crito, <em>Fragmento<\/em> B 32, ed. H. Diels.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>86<\/sup> Galiano, <em>Comentario sobre las Epidemias de Hip\u00f3crates<\/em>, III, 3, donde cita a Dem\u00f3crito; cf. <em>tambi\u00e9n De utilitate partium<\/em>, XIV, 10.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>87<\/sup> Rufo de Efesio, <em>Obras<\/em>, ed. Daremberg, p. 370.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>88<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 89, 2; 90, 2-4; 93, 2; 96, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>89<\/sup> El \u00ab<em>s\u00f4phr\u00f4n gamos<\/em>\u00bb. No hay que olvidar que el objetivo de <em>El Pedagogo<\/em> es introducir a una vida moderada (\u00ab<em>s\u00f4phr\u00f4n bios<\/em>\u00bb, I, I, 1, 4).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>90<\/sup> Musonio Rufo, <em>Reliquiae<\/em>, XII, 1-2 et 7, p. 65.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>91<\/sup> S\u00e9neca, <em>Cartas a Lucilio<\/em>, 82, 8 et 16.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>92<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>,<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>93<\/sup> <em>Ibid<\/em>., II, X, 100, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>94<\/sup> Luc, 20, 27-37.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>95<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 100, 3. \u00abEl abandono de las obras carnales\u00bb (<em>katarg\u00easantes ta t\u00eas sarkos erga<\/em>) no significa el abandono de la procreaci\u00f3n: parece que se trata de una referencia a la <em>Ep\u00edstola a los Galatas<\/em> donde las obras carnales son enumeradas como la impudicia, la impureza, la disoluci\u00f3n, la idolatr\u00eda, la magia, las enemistades, las peleas, en resumen, los principales pecados en general (San Pablo, <em>Ep\u00edstola a los Galatas<\/em>, 5, 19-21).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>96<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, III, 9, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>97<\/sup> \u00abNo se tiene el derecho de abandonarse a la voluptuosidad ni a permanecer ah\u00ed est\u00fapidamente esperando los deseos sensuales, ni tampoco de dejarse impresionar indebidamente por los deseos contrarios a la raz\u00f3n, ni finalmente de desear la contaminaci\u00f3n\u00bb (<em>ibid<\/em>., II, X, l02, 1). No obstante, en <em>Los Stromata<\/em> III, VII, Clemente expresar\u00e1 una concepci\u00f3n mucho m\u00e1s exigente de la relaci\u00f3n con los deseos. La <em>egkrateia<\/em> de los paganos consiste en no someterse a los deseos; aquella de los cristianos reside en el <em>m\u00ea epithumein<\/em>: vencer no solamente los deseos, sino el hecho de desear.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>98<\/sup> \u00ab<em>Oukoun aphrodisi\u00f4n h\u00eattasthai<\/em> [\u2026]. <em>Speirein de monon\u2026<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, II, X, 102, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>99<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Stromata<\/em>, II, XXIII, 141, 5. Esta posici\u00f3n para Clemente no es absoluta. Cf. el pasaje sobre la posibilidad de casarse o de no casarse.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>100<\/sup> \u00ab<em>Semn\u00f4i kai s\u00f4phroni paidopoioumenos thel\u00eamati<\/em>\u00bb, <em>ibid<\/em>., III, VII (P. G., t. 8, col. 1161).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>101<\/sup> En el De <em>Carne Christi<\/em>, por ejemplo, Tertuliano ve el origen de la ca\u00edda en el hecho de que la serpiente se insinu\u00f3 en el cuerpo de la mujer todav\u00eda virgen. Ca\u00edn ser\u00eda su descendencia.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>102<\/sup> \u00ab<em>Thatton \u00ea pros\u00eakon \u00ean, eti neoi pephukotes<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Stromata<\/em>, III, XVII (P. G., t. 8, col. 1205). Sobre el peligro, en general, que corren los j\u00f3venes a los que el deseo enardece demasiado r\u00e1pido, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, II, 20, 3-4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>103<\/sup> \u00ab<em>Pais andrizomenos apeitheia<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Protr\u00e9ptico<\/em>, XI, 111, 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>104<\/sup> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Los Stromata<\/em>, III, XVII (P. G., t. 8, col. 1205). Clemente recuerda que ser\u00eda una blasfemia el condenar la <em>g\u00e9nesis<\/em> en la cual particip\u00f3 Dios.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>105<\/sup> Sobre todo a partir de 34, 3 (<em>El Pedagogo<\/em>, I, VI), donde comenta la primera Ep\u00edstola a los Corintios, 3, 2: \u00abYo les he dado leche, no alimento s\u00f3lido\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>106<\/sup> \u00ab<em>Sungeneia dia to haima [\u2026]. Sumpatheia dia t\u00ean anatroph\u00ean<\/em>\u00bb, Clemente de Alejandr\u00eda, <em>El Pedagogo<\/em>, I, VI, 49, 4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>107<\/sup> \u00abHay que reconocer que ella [la moral sexual de Clemente] es extremadamente rigurosa: sus preceptos superan a menudo en severidad las posiciones que se volver\u00e1n tradicionales en la Gran Iglesia\u00bb, J.- P. Broud\u00e9houx, <em>Mariage et famille chez Cl\u00e9ment d\u2019Alexandrie<\/em>, Par\u00eds, 1970, p. 136.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>108<\/sup> Una de las principales prohibiciones \u00abnuevas\u00bb, el r\u00e9gimen complejo y extensivo del inceso, apenas ser\u00e1 desarrollado antes de la alta Edad Media.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><small><sup>*5<\/sup> [Pasaje tachado por Foucault en el tapuscrito: \u00abEn resumen el esquema del c\u00f3digo, de la represi\u00f3n y de la interiorizaci\u00f3n de las prohibiciones no es capaz de dar cuenta de estos procesos que permiten precisamente a los c\u00f3digos volverse conductas o a las conductas trazar c\u00f3digos; a saber, los procesos de \u201csubjetivaci\u00f3n\u201d. La carne es un modo de subjetivaci\u00f3n\u00bb].<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El blog de Artiller\u00eda Inmanente traduce a continuaci\u00f3n la primera secci\u00f3n del primero de los cap\u00edtulos (de un total de tres: \u00abI. La formaci\u00f3n de una nueva experiencia\u00bb, que aqu\u00ed se publicar\u00e1 completo paulatinamente, \u00abII. Ser virgen\u00bb y \u00abIII. 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