{"id":654,"date":"2018-01-21T12:30:20","date_gmt":"2018-01-21T18:30:20","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=654"},"modified":"2018-01-21T15:39:46","modified_gmt":"2018-01-21T21:39:46","slug":"giorgio-agamben-atenea-entre-pasado-y-presente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=654","title":{"rendered":"Giorgio Agamben \/ Atenea entre pasado y presente"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-655\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/01\/atenea-enc\u00e9lado-1024x456.jpg\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"211\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/01\/atenea-enc\u00e9lado-1024x456.jpg 1024w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/01\/atenea-enc\u00e9lado-300x133.jpg 300w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/01\/atenea-enc\u00e9lado-768x342.jpg 768w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2018\/01\/atenea-enc\u00e9lado.jpg 1681w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\"><strong>Giorgio Agamben recibi\u00f3 recientemente el t\u00edtulo \u00abMaestro de nuestro tiempo. Premio Nonino 2018\u00bb, junto con el literato Ismail Kadar\u00e9. A ese respecto entreg\u00f3 este texto in\u00e9dito que fue publicado en la \u00ab<a href=\"http:\/\/www.ilsole24ore.com\/cultura.shtml\">Domenica\u00bb del <em>Sole 24 Ore<\/em><\/a> el 21 de enero de 2018, y que se publica traducido a continuaci\u00f3n en Artiller\u00eda Inmanente.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">En el museo de la Acr\u00f3polis en Atenas se conservan tres estatuas provenientes del front\u00f3n del viejo templo de Atenea <em>polias<\/em>, que se encontraba en la Acr\u00f3polis al lado del lugar donde se encuentran ahora los restos del Erecte\u00f3n. Es impresionante la imagen, en el centro, de la diosa Atenea, en apariencia perfectamente conservada, representada de pie en el acto de abatir al gigante Enc\u00e9lado. La diosa viste el manto llamado <em>aegis<\/em>, cuyo colgajo extremo est\u00e1 formado por serpientes enredadas, con las cuales la mano izquierda se inclina hacia delante amenazando al gigante ahora postrado en el suelo. No obstante, si el espectador se acerca algunos pasos se da cuenta de que quedan en verdad s\u00f3lo fragmentos de la escultura original: la cara, a la vez infantil y feroz, el hombro izquierdo cubierto por el manto, el pie derecho y un pedazo del quit\u00f3n. Todo lo dem\u00e1s fue reconstruido pacientemente por los arque\u00f3logos con un material neutro, de color ocre claro, que s\u00f3lo desde lejos puede confundirse con el m\u00e1rmol, pero denuncia con transparencia a la mirada pr\u00f3xima su modernidad. Todav\u00eda m\u00e1s fragmentario es el cuerpo del gigante: del original quedan aqu\u00ed s\u00f3lo un fragmento del cuello, un pedazo de la rodilla y del tal\u00f3n derecho y, curiosamente bien conservado, el sexo que cuelga hacia abajo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Atenea? \u00bfD\u00f3nde situar en el tiempo este torso que parece sin embargo tan \u00edntegro y vivo? En la diosa pasado y presente est\u00e1n inextricable y funcionalmente unidos de tal modo que el ojo, contradiciendo su percepci\u00f3n, duda en separarlos. Ella est\u00e1 hecha literalmente de pasado y presente, como si los dos mil quinientos a\u00f1os que dividen los fragmentos esculpidos por Endaios y las partes integradas por los arque\u00f3logos no fueran nada m\u00e1s que el pulso que anima a su esbelta figura. El rostro sonriente cruelmente reclinado sobre su v\u00edctima, los dedos que aprietan el cuello exiguo del reptil, los escasos pliegues de la t\u00fanica, el pie firmemente apoyado en el suelo bastan para dar vida al conjunto; y, sin embargo, sin la hora presente, no menos oportuna en la disposici\u00f3n de los fragmentos del pasado que d\u00f3cil en la obediencia\u00a0a su mando, la figura no resultar\u00eda tan viva.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Es posible, entonces, que esta estatua nos ofrezca el paradigma de la relaci\u00f3n entre pasado y presente, el ejemplo de una justa situaci\u00f3n del pasado. Porque es evidente que el pasado no tiene lugar m\u00e1s que en el presente, que no vive m\u00e1s que en su epifan\u00eda en el instante que se presta a acogerlo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Una vieja fotograf\u00eda en blanco y negro muestra el hallazgo en 1894 de una estatua de efebo casi intacta, apenas liberada de la tierra que la recubr\u00eda. Al lado de ella, los trabajadores y los arque\u00f3logos la miran satisfechos y visiblemente excitados. As\u00ed el pasado aflora en el presente, convive con \u00e9l, en \u00e9l tiene lugar. Y en el punto en que aparece, la falsa continuidad de la cronolog\u00eda se rompe y depone su pretendida irrevocabilidad. Lo remoto bruscamente se hace muy pr\u00f3ximo, dos momentos lejanos en el tiempo est\u00e1n de golpe en contacto, se dan cobijo y vida mutuamente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3, qu\u00e9 tuvo lugar en este punto? Es conocida la tesis de Benjamin seg\u00fan la cual el presente \u2014el \u00abahora\u00bb\u2014 no se da nunca solamente en un punto aislado de la continuidad cronol\u00f3gica, sino siempre en la constelaci\u00f3n entre un momento del pasado y el presente. Esto significa que el problema de la relaci\u00f3n con el pasado no es psicol\u00f3gico e individual, sino pol\u00edtico y colectivo. Cada decisi\u00f3n sobre el presente implica la relaci\u00f3n con un momento preciso del pasado, con el cual el presente debe hacer las cuentas. Sin esta constelaci\u00f3n cr\u00edtica, el presente es inaccesible y opaco, porque se reduce, como el discurso del poder no se cansa de sugerir, a un conjunto de hechos y de cifras que deben ser aceptados sin la posibilidad de revocarlos en su cuestionamiento. Por esto la arqueolog\u00eda, que remonta a contrapelo al pasado, persiguiendo la sombra que el presente arroja sobre \u00e9l, es la \u00fanica v\u00eda de acceso al presente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Si esto es cierto, si aquello que se pone en juego en la relaci\u00f3n con el pasado es el presente, se comprende entonces por qu\u00e9 las fuerzas que gobiernan Occidente trabajan con tanta diligencia para volver imposible esta relaci\u00f3n. Y lo hacen demoliendo las universidades \u2014es decir, el lugar en que el pasado deber\u00eda ser transmitido como algo vivo\u2014 y, al mismo tiempo, multiplicando los museos, entendidos como dispositivos en los cuales el pasado es mantenido separado del presente. El pasado que est\u00e1 aqu\u00ed en cuesti\u00f3n no es ni un origen intemporal ni aquello que ha sido de una vez por todas, la serie de hechos irrevocables que se trata de acumular y custodiar en los archivos: es, m\u00e1s bien, algo que puede todav\u00eda advenir y que, por esto, debe ser en cada ocasi\u00f3n arrancado de la representaci\u00f3n en la cual lo ha aprisionado la ideolog\u00eda dominante. Al pasado \u2014es decir, al presente\u2014 no se accede ni m\u00e1s all\u00e1 de la historia, en un origen intemporal, ni a lo largo de la l\u00ednea continua de la cronolog\u00eda, sino s\u00f3lo a trav\u00e9s de su interrupci\u00f3n. La memoria es, por tanto, una pr\u00e1ctica destructiva y su tarea \u2014la arqueolog\u00eda como acceso al presente\u2014 es de naturaleza esencialmente pol\u00edtica.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">Esto es cierto tambi\u00e9n para el individuo. Cuando \u00e9stos, venciendo sus temores, regresan al pasado \u2014es decir, al presente que no ha podido o sabido vivir\u2014 lo que \u00e9ste lleva a la luz en este mundo no es algo privado e incomunicable. Se trata, m\u00e1s bien, de una imagen o de un fantasma que, como la estatua desnuda del efebo exhumado por los arque\u00f3logos, no les pertenece propiamente, pero lo convoca y apostrofa al mismo tiempo a otros cuerpos fuera del tiempo cronol\u00f3gico, en un no-lugar que est\u00e1, no obstante, indiscutiblemente presente. En este punto, como la Atenea <em>polias<\/em> del museo de la Acr\u00f3polis, \u00e9l descubre que est\u00e1 hecho de pedazos del pasado y del presente mantenidos inextricablemente juntos por la fuerza destructora-constructora de la memoria. Todo presente es, en este sentido, siempre el fragmento de un pasado y el torso es la figura m\u00e1s aut\u00e9ntica de la historia.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Giorgio Agamben recibi\u00f3 recientemente el t\u00edtulo \u00abMaestro de nuestro tiempo. Premio Nonino 2018\u00bb, junto con el literato Ismail Kadar\u00e9. 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