{"id":511,"date":"2017-03-10T11:52:47","date_gmt":"2017-03-10T17:52:47","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=511"},"modified":"2019-07-14T10:57:05","modified_gmt":"2019-07-14T15:57:05","slug":"origenes-sordos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=511","title":{"rendered":"En los or\u00edgenes sordos de la potencia"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-512\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/03\/potencia-1024x587.jpg\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"272\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/03\/potencia.jpg 1024w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/03\/potencia-300x172.jpg 300w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/03\/potencia-768x440.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><strong>El siguiente texto fue publicado por primera vez en la revista <em>R\u00e9fractions<\/em>, n\u00fam. 31, oto\u00f1o de 2013. Escrito por compa\u00f1eras de Montreal, en \u00e9l se plantea un feminismo de la potencia que ponga en su centro lo pol\u00edtico y no lo social, lo minoritario puramente sustractivo y no la voluntad instituyente o del reconocimiento. Hasta hace cierto tiempo otra versi\u00f3n actualizada del texto estaba vinculada al sitio web quebequense <a href=\"http:\/\/www.littor.al\/2015\/06\/aux-sources-sourdes-de-la-puissance\/\">littor.al<\/a>, el cual sufre ahora de complicaciones. Esta primera versi\u00f3n en castellano circul\u00f3 impresa en la Ciudad de M\u00e9xico durante marzo de 2017, a cargo de ediciones La Fugitiva, quienes comparten su correo para cualquier comunicaci\u00f3n relativa: lafugitiva[@]riseup.net.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Partir del impoder, hacer de ello la ocasi\u00f3n de una potencia.<sup>1<\/sup> Este texto propone explorar algunas pistas que avanzan en el sentido de esta proposici\u00f3n: examinar las diferentes maneras de comprender la situaci\u00f3n minoritaria y lo que es posible hacer con la asimetr\u00eda del poder. Hist\u00f3ricamente, el feminismo es ejemplar de esta problem\u00e1tica, puesto que las mujeres parten de la posici\u00f3n de la minor\u00eda social. \u00bfHace falta deplorar, hoy en d\u00eda, que el feminismo sea especialmente invocado cuando se trata de criticar las relaciones de poder o de denunciar las relaciones no igualitarias? Como si el feminismo se hubiera convertido en el equivalente de una \u00aboficina de quejas\u00bb. Pero esto es olvidar que hist\u00f3ricamente el feminismo ha sido portador de una tendencia completamente distinta. Basta con pensar en las figuras de las \u00ablocas\u00bb, las \u00abmujeres agresivas\u00bb, las \u00abbrujas\u00bb, las \u00abcastradoras\u00bb que forman la fuerza singular que invoca el nombre del feminismo. Este texto no trata sobre el feminismo. Busca m\u00e1s bien deshacer una cierta manera de abordar el conflicto, que tiende a reducirlo a un registro de litigios o a un tribunal de reparaciones, el cual se vuelca enteramente hacia los dominantes y que, por esta misma raz\u00f3n, arroja toda minor\u00eda a una posici\u00f3n de dominado. Sin tratar de evacuar el conflicto, ni de invisibilizar los diferendos que \u00e9ste actualiza, se trata m\u00e1s bien de llevar su l\u00f3gica hasta el l\u00edmite para esbozar lo que ser\u00eda una salida de las din\u00e1micas de denuncia y de voluntad de reconocimiento. De esta forma, bosquejar lo que podr\u00eda ser un feminismo de la potencia: la l\u00ednea de cresta entre el reagrupamiento en torno a la debilidad y las posturas super-hombrescas.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>La Moral es un arma de doble filo<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Muchas de las pr\u00e1cticas y de los discursos sobre la emancipaci\u00f3n permanecen prisioneros de la dial\u00e9ctica amo-esclavo. Una din\u00e1mica que encierra en posiciones de impotencia y que ofrece como \u00fanico sost\u00e9n la exigencia de reconocimiento. Porque siendo tributaria de una econom\u00eda pobre de las relaciones humanas, esta l\u00f3gica s\u00f3lo conlleva a soluciones que \u2014a\u00fan pareciendo eficaces a corto plazo\u2014 corren bastante el riesgo de reproducir los puntos muertos que la originan. Esta tendencia opera tanto en las categor\u00edas como en la percepci\u00f3n: <em>ella orienta la mirada<\/em>. Rastrear las desigualdades, hacerse capaz de descifrar las relaciones de poder que est\u00e1n en juego en todas las situaciones, desenmascarar en nosotras y nosotros mismos nuestros propios determinismos, para por fin alcanzar ese nivel de vigilancia que supuestamente har\u00eda surgir un espacio saneado de violencia \u2014 que ser\u00eda en s\u00ed mismo emancipador. Actualmente, la propagaci\u00f3n de estos modos de abordar la \u2014dif\u00edcil\u2014 cuesti\u00f3n de las relaciones de poder consigue implantar en los medios pol\u00edticos nuevas normas, cuyas caras m\u00e1s visibles son las pr\u00e1cticas ling\u00fc\u00edsticas y una cierta atenci\u00f3n a las representaciones.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La difusi\u00f3n de estas pr\u00e1cticas no deja de tener una afinidad con una concepci\u00f3n pesimista de las relaciones humanas: el hombre es un lobo para el hombre, s\u00f3lo sus intereses lo ponen en movimiento. Hobbes y Bourdieu no dec\u00edan otra cosa: al dejar suelta sus tendencias \u00abnaturales\u00bb, el hombre no buscar\u00e1 m\u00e1s que dominar a su pr\u00f3jimo. Y por medio de un vuelco absurdo, la empresa m\u00e1s constructivista se convierte en un naturalismo implacable: un sujeto enteramente constituido por lo social, determinado por las estructuras de dominaci\u00f3n a un punto tal que las interacciones dejadas a ellas mismas no pueden ser nada m\u00e1s que el reflejo de la violencia estructural. El todo hace un llamado a la \u00absolidaridad\u00bb, al deseo de transformarse y de transformar las relaciones, que no se sabe muy bien de d\u00f3nde podr\u00eda surgir, a no ser de un precepto moral. Ahora bien, en primer lugar, la moral supone remitirse a principios trascendentes para regular situaciones singulares. A diferencia de una \u00e9tica situada, que parte de la situaci\u00f3n y de su complejidad, la moral impone figuras-tipo y criterios fijos para adjudicar una falta. En segundo lugar, el precepto moral se piensa como una \u00ablabor de dominaci\u00f3n de las pasiones por parte de la conciencia: cuando el cuerpo act\u00faa, el alma padece, se dec\u00eda\u00bb. No se dice otra cosa cuando se lleva todo a la cr\u00edtica de las pasiones inevitablemente dominadoras.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Mucho se ha dicho sobre c\u00f3mo las luchas por el reconocimiento a menudo resultan en cooptaci\u00f3n: se otorga un cargo en el poder a cambio de la neutralizaci\u00f3n de la amenaza. Es cierto que toda lucha es portadora de nuevos modos de ser que corren el riesgo de desbordar la reivindicaci\u00f3n inicial, por lo cual descalificar <em>a priori<\/em> las luchas, solamente en pos de lo que \u00e9stas reclaman, resulta vano. Lo que se dice con menos frecuencia es c\u00f3mo la lucha por el reconocimiento puede estar impulsada por una atracci\u00f3n secreta por el poder, a\u00fan cuando \u00e9sta se postula como su oposici\u00f3n m\u00e1s irreductible. Esta mirada dirigida hacia el centro, hacia los jefes, esta mirada permanece cautiva de la configuraci\u00f3n, de la repartici\u00f3n misma que pretende abolir. El acceso al centro se convierte entonces en el \u00fanico horizonte posible, destronando a la antigua \u00e9lite, y as\u00ed el c\u00edrculo de la fundaci\u00f3n-conservaci\u00f3n permanece intacto. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ser de otra forma cuando la dial\u00e9ctica dominante-dominado no ofrece nada m\u00e1s a este \u00faltimo que una tensi\u00f3n fatal hacia el dominante? Siempre que se reduzca al dominado a un \u00abmenos del poder\u00bb, su salvaci\u00f3n residir\u00e1 en la mirada del dominante.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>Cada quien con sus da\u00f1os<\/em><sup>2<\/sup><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Sin embargo, el problema del da\u00f1o no puede ser eludido. No se puede, a\u00fan bajo pretexto de las derivas \u2014puristas, victimistas o moralistas\u2014, eludir de la pol\u00edtica la cuesti\u00f3n del cuidado del otro y del drama fundamental que es la experiencia del rechazo de la existencia. Hay que partir de la evidencia de le heterogeneidad de los modos de existencia y de su dif\u00edcil cohabitaci\u00f3n. El da\u00f1o forma parte del coraz\u00f3n de lo pol\u00edtico. El da\u00f1o resulta no solamente de la inadecuaci\u00f3n entre la multiplicidad de los seres, sino sobre todo de la experiencia de la violencia que resulta del reparto entre lo que es legitimo y lo que no lo es, entre las vidas dignas y las que no lo son, entre aquellos que tienen el derecho de existir y de tomar la palabra y aquellos cuya existencia es denegada, reducida al silencio, incluso amenazada. Es evidente que este reparto es obra de un orden pol\u00edtico impuesto y mantenido por una estructura fundamentalmente no igualitaria y por voluntades enemigas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">No obstante, existen al menos dos formas de poner el da\u00f1o en el centro de una teor\u00eda pol\u00edtica. Una es la de Jacques Ranci\u00e8re, figura emblem\u00e1tica que hace de la pol\u00edtica el lugar en donde el da\u00f1o se convierte en litigio: \u00aben vez de decir que toda polic\u00eda<sup>3<\/sup> niega la igualdad, diremos que toda polic\u00eda <em>hace da\u00f1o<\/em> a la igualdad. Entonces diremos que lo pol\u00edtico es la escena en la cual la verificaci\u00f3n de la igualdad debe tomar la forma del tratamiento de un da\u00f1o\u00bb. Las palabras clave aqu\u00ed son \u00abverificaci\u00f3n\u00bb y \u00abtratamiento\u00bb: de forma impl\u00edcita nos hemos adentrado en una dial\u00e9ctica del reconocimiento que apunta a la extensi\u00f3n de lo universal. Invirtiendo el movimiento de la dial\u00e9ctica cl\u00e1sica, en el cual el dominado debe volver inteligible su palabra adapt\u00e1ndose al lenguaje del poder, para Ranci\u00e8re es m\u00e1s bien la brusca aparici\u00f3n del excluido en la escena que le niega toda palabra la que fuerza al dominante a reconocer su queja como entendible. Es decir que los criterios mismos que defin\u00edan la palabra racional se ven reconfigurados por la subjetivaci\u00f3n de los \u00absin parte\u00bb que al tomar la palabra se hacen \u00abcuerpo consagrado a algo m\u00e1s que a la dominaci\u00f3n\u00bb. Por medio de esta ruptura en acto del consenso que autorizaba su exclusi\u00f3n, las categor\u00edas del reparto se ven obligadas a reconfigurarse, a ampliarse, para darle su lugar a aquellos que ya no pueden ser objeto de una denegaci\u00f3n de la igualdad. Sin embargo, lo que es central aqu\u00ed es la \u00abescena\u00bb. Si el proceso de elaboraci\u00f3n de una separaci\u00f3n (el momento de la diferencia) forma parte del sistema de Ranci\u00e8re, el momento crucial es aquel en el que la divisi\u00f3n se vuelve insostenible puesto que una \u00abdemostraci\u00f3n\u00bb acaba de tener lugar. La divisi\u00f3n se resuelve con una <em>toma en consideraci\u00f3n<\/em> que reconfigura un nuevo orden simb\u00f3lico. Toda la fuerza de la pol\u00edtica rancieriana reside en esta performatividad: todo problema <em>debe<\/em> solucionarse en el lugar mismo donde \u00e9ste se manifiesta. Sin exterioridad, sin fuera de escena.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Esta forma de concebir el da\u00f1o corre el riesgo de excluir aquello mismo que busca defender: no hay lugar para imaginar una opacidad que <em>desear\u00eda<\/em> permanecer al margen de toda inteligibilidad. Ahora bien, \u00bfpor qu\u00e9 el da\u00f1o tendr\u00eda que traducirse forzosamente en litigio? Y m\u00e1s a\u00fan, \u00bfno existen da\u00f1os absolutos que de ninguna manera pueden ser \u00abtratados\u00bb? \u00c9stas son preguntas particularmente sensibles cuando se sabe que Ranci\u00e8re retoma impl\u00edcitamente el diagnostico ya desarrollado por Jean-Fran\u00e7ois Lyotard en <em>Le Diff\u00e9rend<\/em>. Ya para Lyotard el problema del da\u00f1o se encontraba en el centro de la pol\u00edtica. El problema est\u00e1 implicado en los propios t\u00e9rminos del debate, tal cual han sido impuestos por el lenguaje del poder. Seg\u00fan los dos pensadores, es as\u00ed como los reg\u00edmenes minoritarios de lenguaje se vuelven inaudibles ante los discursos mayoritarios. Partir de esta hip\u00f3tesis implica asumir que la pol\u00edtica no tiene un r\u00e9gimen de lenguaje propio, que por el contrario la pol\u00edtica designa \u00abla multiplicidad de g\u00e9neros, la diversidad de fines, y en sumo la cuesti\u00f3n de la secuencia\u00bb. Es aqu\u00ed donde Lyotard va m\u00e1s lejos que Ranci\u00e8re. Para \u00e9l, la pol\u00edtica no podr\u00eda reducirse nunca a un \u00abbuen g\u00e9nero de frases\u00bb. Ella no es la propiedad exclusiva de los excluidos u oprimidos. Ella no es m\u00e1s que el lugar de la aparici\u00f3n del diferendo,<sup>4<\/sup> donde nada puede <em>dar raz\u00f3n<\/em> a una u otra de las partes presentes: <em>la pol\u00edtica no es un tribunal<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Lo que parecer\u00eda ser una simple discrepancia filos\u00f3fica se convierte en realidad en un <em>diferendo<\/em> pol\u00edtico. A partir de ah\u00ed se abre todo un campo de reflexi\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo formular un discurso pol\u00edtico que no busque darse a entender por el enemigo ni espere nada de \u00e9l, como si todos los discursos se encontrasen en el mismo plano? Se tratar\u00eda m\u00e1s bien de dirigirse a los aliados potenciales, hacerse inteligible en primer lugar a aquellos susceptibles de ensanchar la comunidad de lucha. Esos aliados no est\u00e1n determinados por posiciones estructurales preexistentes. Es en el gesto mismo del llamado que los aliados se encuentran como tales. Sin embargo, en ciertas intervenciones que se enfocan en denunciar las desigualdades, pareciera que importa m\u00e1s impedir a aquellos que tienen el poder seguir con sus rodeos, en vez de querer dar fuerza a aquellos que no la tienen.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sobre todo porque esta postura pol\u00edtica ya no est\u00e1 en fase con la manera en la que el capitalismo y sus dispositivos nos sujetan hoy en d\u00eda. Si \u00ablo que est\u00e1 en juego en el diferendo, que se actualiza en cada ocasi\u00f3n, es qu\u00e9 r\u00e9gimen de frases va a ganar sobre los otros en la secuencia necesaria a un enunciado\u00bb, entonces la estrategia del Capital no es tanto la de tener la \u00faltima palabra, sino la de formular la pr\u00f3xima. Su hegemon\u00eda no consiste en reducir todas las frases a un \u00fanico r\u00e9gimen de verdad \u2014a diferencia del modelo autoritario tradicionalista\u2014, sino en que todas las frases producidas en todos los reg\u00edmenes se subordinen al \u00abdesaf\u00edo de todos los desaf\u00edos: ganar\u00bb. Lo que quiere decir que la batalla pol\u00edtica no consiste tanto en hacerse <em>dar raz\u00f3n<\/em> sobre un enunciado cualquiera, sobre una demostraci\u00f3n particular, sino m\u00e1s bien en poder <em>interrumpir<\/em> el eslab\u00f3n de la secuencia hegem\u00f3nica. Esta estrategia de la interrupci\u00f3n significa menos un forcejeo de la escena p\u00fablica, que una explosi\u00f3n de los espacios que est\u00e1n fuera de escena y una perturbaci\u00f3n creciente del espacio mayoritario a ra\u00edz de esta fuerza.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Abandonar la voluntad de reconocimiento en la escena principal, asumir el hablarle a nuestros aliados m\u00e1s que el querer demostrarle al poder que tenemos raz\u00f3n, implica repensar nuestros modos de aparici\u00f3n. Antes que nada, acabar con la exigencia de una coherencia total que va de la par con la explicitaci\u00f3n integral, es decir que cada espacio en cada instante no tiene que ser \u00abejemplar de nuestros ideales\u00bb. Despu\u00e9s, elegir nuestros modos de aparici\u00f3n con el fin de salir del punto muerto de la culpabilidad pol\u00edtica. Abandonar la autoflagelaci\u00f3n que, al preferir siempre la impotencia sobre cualquier poder, se aparta de toda potencia. Prisionera de una visi\u00f3n malintencionada de las relaciones, la culpa se convence de que frente a la posibilidad de una toma de poder, \u00e9ste ser\u00e1 necesariamente tomado. Ahora bien, si la igualdad no deriva m\u00e1s que de un c\u00e1lculo, si \u00e9sta se limita al reparto equitativo de los sacrificios y de los privilegios, entonces se hace imposible entrar en relaci\u00f3n con los otros de un modo que no sea el <em>econ\u00f3mico<\/em>, en el que se trata ante todo de no \u00abdejarse joder\u00bb.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>\u00bfY si mat\u00e1ramos al amo?<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Algunos han intentado pensar lo que ser\u00eda una pol\u00edtica liberada de la b\u00fasqueda de reconocimiento, poniendo un \u00e9nfasis en la autonom\u00eda adquirida por los dominados en la lucha. Esta posici\u00f3n lleva al extremo la l\u00f3gica del amo-esclavo, hasta el punto de sobreponerla a la separaci\u00f3n pol\u00edtica entre el amigo y el enemigo. La \u00fanica v\u00eda de reparaci\u00f3n del da\u00f1o se convierte entonces en la supresi\u00f3n del amo: el asesinato de aquel que se niega a reconocer. En este sentido la proposici\u00f3n de Sartre en el prefacio de <em>Los condenados de la tierra<\/em> es ejemplar: frente a una situaci\u00f3n de da\u00f1o \u2014de da\u00f1o absoluto, advierte \u00e9l\u2014 es l\u00f3gico optar por la pura y simple venganza, violencia que parte del dictamen seg\u00fan el cual nada es entendible ni tratable en el lenguaje del amo. Puesto que \u00ablas marcas de la violencia no las borrar\u00e1 ninguna dulzura: s\u00f3lo la violencia puede destruirlas\u00bb. En este caso es la pol\u00edtica en su conjunto la que se vuelca del lado de la venganza. Matar al amo es \u00abeliminar al mismo tiempo a un opresor y a un oprimido: quedan un hombre muerto y un hombre libre\u00bb. Con este acto, el esclavo se deshace de su condici\u00f3n de extrema impotencia, devolvi\u00e9ndosela a aquel que la hab\u00eda engendrado.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es por esto que la verdadera venganza no puede ser sino fundamentalmente <em>antijur\u00eddica<\/em>. Se trata de un acto que anula la pretensi\u00f3n jur\u00eddica de resolver un diferendo, y en consecuencia no puede convertirse en la base fundacional de un nuevo derecho, tome \u00e9ste la forma de \u00abuna justicia de los dominados\u00bb, de nuevas pr\u00e1cticas distributivas o de una refundaci\u00f3n de la comunidad alrededor del acto vengativo. Esta venganza ejemplar implica que aquel que se venga se expone al peligro de muerte tanto como aquel es matado. La venganza, entendida como ajusticiamiento, pone en juego tanto al amo como al esclavo. Pero si la venganza lleva a su paroxismo la existencia del diferendo, \u00e9sta corre el riesgo de no romper jam\u00e1s su c\u00edrculo vicioso: \u00abLa venganza no es una autorizaci\u00f3n. Ella muestra que otro tribunal, que otros criterios de enjuiciamiento son posibles y parecen preferibles. Pero suponiendo que ese cambio tuviera lugar, es imposible que los juicios del nuevo tribunal no creen nuevos da\u00f1os puesto que resolver\u00e1n o creer\u00e1n resolver los diferendos como litigios\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Como lo constata aqu\u00ed Lyotard, todo el problema de una venganza que se quiere pol\u00edticamente <em>justificable<\/em> reside en la paradoja del acto destructor que funda una nueva autoridad, una nueva hegemon\u00eda del bien y del mal, de la v\u00edctima y del culpable. Radicalizaci\u00f3n de la l\u00f3gica amigo-enemigo \u2014motor de la pol\u00edtica\u2014, la venganza es tambi\u00e9n su abolici\u00f3n unilateral. Caso extremo de una violencia pura ante el rechazo de existir, la venganza es la expresi\u00f3n de un odio tal que el esclavo termina por poner en peligro su propia vida para llevar a cabo su destino. En este sentido, se trata de un caso de coherencia absoluta con la dial\u00e9ctica del amo-esclavo. Cuando Sartre dice que en el acto de venganza el oprimido accede al fin al estatuto de humano, no est\u00e1 pensando en la potencia sino en la \u00ablibertad\u00bb. El devenir humano sartriano es el de un tr\u00e1nsito del impoder al poder, es decir al dominio de la existencia propia como objeto de una voluntad inalienable. Sin embargo, podemos preguntarnos hasta qu\u00e9 punto, incluso despu\u00e9s de la erradicaci\u00f3n del amo, la libertad adquirida no permanece tributaria del espectro de \u00e9ste. En cuanto al contenido de esta libertad, Sartre no dice mucho.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>La potencia no es el poder<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">\u00bfC\u00f3mo imaginar una fuerza revolucionaria que no est\u00e9 fundada en el resentimiento? Conocemos el desprecio de Nietzsche por las \u00abrevueltas de esclavos\u00bb. Podemos ciertamente atribuirlo a su elitismo, pero ser\u00eda obviar lo importante de toda la intriga. Pol\u00edticamente es dif\u00edcil adherir por completo a la posici\u00f3n nietzscheana, entre otras cosas, a causa de la real ambig\u00fcedad de la naturaleza de los \u00abfuertes\u00bb y de los \u00abd\u00e9biles\u00bb. Para percibir el inter\u00e9s de su proposici\u00f3n hay que volcarse hacia la lectura de Deleuze. \u00c9sta permite comprender que si Nietzsche desprecia tanto las posiciones reactivas, no es tanto porque las piense ilegitimas de acuerdo con lo que ser\u00eda una distribuci\u00f3n natural de puestos, sino porque su devenir \u2014desde la forma que toman cuando emergen\u2014 las condena a reproducir su debilidad. El problema de las luchas que cargan el resentimiento como estandarte es que \u00ab\u00e9stas descomponen; separan la fuerza activa de lo que ella puede; sustraen de la fuerza activa una parte o casi todo de su poder; y de este modo no se vuelven activas, al contrario, hacen que la fuerza activa las alcance y se vuelva ella misma reactiva de otro modo\u00bb. Ahora bien, si queremos difundir algo m\u00e1s que la resignaci\u00f3n, toca saber agarrarse de aquello que en una posici\u00f3n de impoder puede escapar al devenir rencoroso y transformarse en potencia.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es crucial entonces saber distinguir el poder de la potencia. Se suele distinguir el poder, que es actualizado o que debe actualizarse, de la potencia que ata\u00f1e a la potencialidad. La potencia no necesita ejercerse para existir, el poder sin embargo existe s\u00f3lo a trav\u00e9s de sus manifestaciones, de sus actos. No obstante, esta primera distinci\u00f3n es insuficiente; se debe todav\u00eda explicitar de qu\u00e9 manera la potencia no es un simple poder \u00aben suspenso\u00bb. La diferencia m\u00e1s significativa es quiz\u00e1s que la potencia no est\u00e1 habitada por una tensi\u00f3n hacia \u00abm\u00e1s poder\u00bb. La potencia no tiene una direcci\u00f3n predeterminada. Ella designa el conjunto de posibilidades que una singularidad posee, que puede tanto resultar en un gigantismo envolvente como dar lugar a una retirada total.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Las pr\u00e1cticas llamadas antiopresivas, al igual que las cr\u00edticas unilaterales de las relaciones de poder, tienden a confundir la dominaci\u00f3n con todo lo relativo a un aura o una fuerza. El peligro de una pol\u00edtica del resentimiento es que corta de ra\u00edz cualquier potencia que llega a emerger porque la descifra en el lenguaje de la dominaci\u00f3n: es percibida como una amenaza. Pese a que es indispensable a toda lucha que se quiera revolucionaria, la potencia cae bajo la sospecha de haber sido extirpada, confiscada a otros. El resentimiento se mide desde el balance negativo de las carencias, las p\u00e9rdidas y las deudas. No obstante, a diferencia del poder, la potencia puede engendrarse a s\u00ed misma. Lo que la nutre es que \u00e9sta se retira y no intenta capitalizar cualquier tipo de dominaci\u00f3n. Est\u00e1 por fuera de la l\u00f3gica del valor, es tanto el excedente como lo que queda. La potencia es justamente la potencia de apartarse de la l\u00f3gica de la acumulaci\u00f3n y de la apropiaci\u00f3n. Salir de la l\u00f3gica del resentimiento es salir de la sociolog\u00eda de la distinci\u00f3n, aquella que postula que la potencia s\u00f3lo existe en contraste con los impotentes. El culto guerrerista, as\u00ed como las posturas victimizantes, confunden poder y potencia de la misma manera. Decir \u00abyo soy d\u00e9bil porque me dominan\u00bb es el equivalente de \u00abyo tengo el poder porque soy el m\u00e1s fuerte\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Admitir que la potencia no es una acumulaci\u00f3n primitiva de valor que se le ha confiscado a otros es darse la posibilidad de ver que el movimiento principal de la potencia es buscar prolongarla en los otros: la potencia busca la potencia. Al no ser una cantidad limitada, \u00e9sta se puede compartir infinitamente. Puesto que la potencia no puede sino desear la potencia de aquello que la rodea, ella no puede cerrarse totalmente a las expresiones de vulnerabilidad, a las dificultades que encuentra sobre su trayectoria: \u00abtoda potencia es inseparable del poder de ser afectado\u00bb. En este sentido podemos hablar de un test cuando la potencia se confronta a la cr\u00edtica, a la puesta en duda. Si no es capaz de escuchar nada, si no puede prescindir de manifestar los signos de su existencia, entonces podr\u00e1 ser considerada como \u00aben el poder\u00bb. Al dejar atr\u00e1s su imperceptibilidad, la potencia se expone a un derrocamiento, a un golpe de estado, al mismo t\u00edtulo que cualquier otra soberan\u00eda.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Decir que la potencia no se incrementa con el resentimiento no nos autoriza a evacuar todo lo relativo con lo negativo, lo vulnerable, lo sufrido, bajo el pretexto de que son \u00abpasiones tristes\u00bb. Todo el problema de una interpretaci\u00f3n demasiado positiva de la voluntad de potencia, de Spinoza a Nietzsche, es que nos hace creer que la fuerza no puede encontrar ning\u00fan obst\u00e1culo. Finalmente, estos discursos sobre la potencia se revelan dif\u00edciles de politizar, de aplicar a situaciones concretas, porque no sabemos muy bien cu\u00e1les condiciones, cu\u00e1les asperezas dan pie a un devenir revolucionario.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><em>El llamado a la potencia no debe servir jam\u00e1s para legitimar un estado de las cosas<\/em>. Una \u00e9tica basada en la sola voluntad de potencia, es decir, una evaluaci\u00f3n inmanente de las fuerzas buenas o malas, es insuficiente si est\u00e1 desprendida de una exigencia de justicia. Una \u00e9tica de este tipo, que toma en cuenta la guerra, el libre juego de las formas-de-vida,<sup>5<\/sup> no toma nota del drama propiamente pol\u00edtico de la heterogeneidad, de la asimetr\u00eda fundamental de estas formas-de-vida. Hay que saber reconocer que los afectos considerados tristes se encuentran a menudo al origen de la politizaci\u00f3n, del <em>hacer-huelga<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Hay que admitir que el sufrimiento es productivo, no se debe dejar atr\u00e1s sino profundizar en \u00e9l, con el objetivo de encontrar la fuerza precisamente ah\u00ed donde ha sido robada: en el centro mismo de la fisura. Intuir en el cuerpo que algo no va bien, haber sentido que el mundo es irrespirable, ser testigo de c\u00f3mo la existencia es ultrajada en todos los planos: ah\u00ed se encuentra el origen de lo que podr\u00edamos llamar una \u00absubjetivaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb. La disposici\u00f3n a la lucha nace de la certeza de que hay algo que defender y que ese algo importa. Es cuando se comparte esta verdad que se puede entonces experimentar la \u00abcomunidad\u00bb, muy lejos de la postura autosuficiente del superhombre.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Blanchot escribe: \u00abel ser no busca ser reconocido sino cuestionado\u00bb. Lo que quiere decir que su potencia no nace de la forclusi\u00f3n<sup>6<\/sup> de su fuerza, sino al contrario de la apertura a su incompletud. Por ende, la b\u00fasqueda del reconocimiento no conduce en absoluto a la potencia, sino al contrario a la reproducci\u00f3n de identidades de oprimidos. El movimiento de la potencia se acerca pues a aquello que Dionys Mascolo llama la \u00abcompasi\u00f3n\u00bb, es decir, la admiraci\u00f3n del otro en su diferencia, en vez del proteccionismo de una debilidad replegada sobre ella misma. No se trata de amar al otro como si fuera otro yo, sino al contrario como alguien que nos empuja a salir de nosotros y nosotras mismas y nos abre a la compartici\u00f3n. Por esta raz\u00f3n, la potencia es inseparable de una exigencia \u00e9tica.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>L\u00edmite de la \u00e9tica, comienzo de lo pol\u00edtico<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Si la potencia est\u00e1 atravesada, incluso constituida, por la exigencia \u00e9tica, esto no quiere decir que est\u00e9 obligada a \u00abacoger\u00bb todo lo que aparece, todo lo que se encuentra en su camino. Comprender la vulnerabilidad, la porosidad, como una simple disponibilidad, una \u00abpasividad\u00bb frente al otro, ser\u00eda condenar la potencia a no ser sino una gran mar (madre) que recibe sin resistencia alguna toda queja y toda recriminaci\u00f3n. S\u00ed hay un elemento de crueldad, de dureza en toda potencia; lo que muchas veces es presentido cuando se le conoce. Porque la potencia alimenta para alimentarse mejor y s\u00f3lo recibe las negatividades para convertirlas en potencia. Ella s\u00f3lo es generosa en la medida en que toma a cambio, en los lugares m\u00e1s sombr\u00edos, m\u00e1s secretos, los materiales con los que har\u00e1 sus fuerzas. De cierta manera, ante la exigencia \u00e9tica que la obliga a abrirse, ella impone a cambio una exigencia a lo que recibe. Imperativo a ser parte activa de ella misma, a emprender, desnaturalizar, metamorfosear, agenciar. Pero frente a s\u00ed misma, la conciencia afligida encuentra bastantes dificultades en no aferrarse a su dolor como a una justificaci\u00f3n, pues es \u00e9l su raz\u00f3n de ser. La conciencia afligida sospecha de la potencia, de su propia voluntad de potencia, al percibir en ella una violencia o el peligro de perder su \u00abparticularidad\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Hay entonces dos polos hacia los cuales tienden las concepciones de la \u00e9tica. Por un lado, la versi\u00f3n densa de un \u00abuso habitual de la potencia\u00bb, donde la forma-de-vida es sin\u00f3nimo de \u00e9tica. Al contrario de la pura disposici\u00f3n deleuziana de afectar y ser afectado, su potencia se encuentra en su densidad, su consistencia. Ella tiene algo de impenetrable, de opaco, y su \u00e9tica reside precisamente en esta capacidad de persistir en s\u00ed misma. El problema de esta visi\u00f3n consiste en que no est\u00e1 nunca claro d\u00f3nde se encuentra el l\u00edmite entre la forma-de-vida como potencia y el simple poder, el estado de las cosas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por otro lado, hay una interpretaci\u00f3n de la \u00e9tica como movimiento que arroja fuera de s\u00ed mismo, obligaci\u00f3n radical frente al otro. Para Simone Weil, fil\u00f3sofa que lig\u00f3 su destino a este pensamiento extremo de la \u00e9tica, existe una necesidad interna que limita toda potencia. Este l\u00edmite no puede encontrar su origen sino en una trascendencia, una forma de Justicia divina. Como muchos lo han observado se trata de una proposici\u00f3n completamente antipol\u00edtica.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Una proposici\u00f3n que desconecta irremediablemente la \u00e9tica de la pol\u00edtica, como es el caso de Simone Weil o incluso de Levinas, es insuficiente. En primer lugar porque ella anula por principio la cuesti\u00f3n de las distancias, o mejor, de las divisiones que dan origen a la pol\u00edtica. Negarse la capacidad de pensar la divisi\u00f3n y la posibilidad de antagonismos irreductibles, he ah\u00ed la consecuencia m\u00e1s da\u00f1ina de una \u00e9tica pura del Otro. Al preconizar una forma de disoluci\u00f3n, de renuncia m\u00edstica del yo, estas opiniones suprimen tambi\u00e9n aquello que hace las determinaciones, los apegos fuertes, constituyentes de la subjetividad pol\u00edtica. Es a causa de las confusiones que estas opiniones <em>absolutamente<\/em> generosas permiten que se nos hace recriminaciones de tipo \u00abponte en el lugar de este polic\u00eda\u00bb o \u00abs\u00ed, pero este agente del poder tambi\u00e9n es una v\u00edctima, ante todo es un ser humano\u00bb, que no son m\u00e1s que variantes actualizadas de \u00abama a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb. Es por esta raz\u00f3n que las corrientes que buscan abolir toda manifestaci\u00f3n de potencia no pueden conducir m\u00e1s que a la aniquilaci\u00f3n en el m\u00e1s flojo de los liberalismos, donde trazar l\u00edneas de divisi\u00f3n, a\u00fan cuando fuesen circunstanciales, no dejar\u00e1 de ser tildado como un vulgar antiigualitarismo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Admitir que la situaci\u00f3n de enemistad no es una categor\u00eda fija, sino que semejantes disposiciones nos atraviesan, no es lo mismo que establecer un plano de equivalencia radical que opone inevitablemente la \u00e9tica (\u00abtodos somos criaturas desarmadas\u00bb) a lo pol\u00edtico (\u00abpero sin embargo hace falta trazar l\u00edneas de divisi\u00f3n\u00bb). Es por eso que la potencia es un elemento crucial de la concepci\u00f3n de la \u00e9tica entendida en un sentido pol\u00edtico. Porque hay que saber mantener juntas la potencia como movimiento ext\u00e1tico \u2014apertura hacia afuera, desprendimiento del yo\u2014 y como <em>determinaci\u00f3n<\/em>, presencia, rigor. Es esta determinaci\u00f3n la que le da fuerza, una fuerza que se sabe pol\u00edtica, tanto en sus or\u00edgenes como en sus horizontes. La diferencia entre la \u00e9tica y la moral se juega precisamente en la posibilidad de categorizar pol\u00edticamente las fuerzas en presencia. La \u00e9tica no se refiera a ning\u00fan principio abstracto ya que interviene en la situaci\u00f3n misma, siempre insoluble, en la cual uno se sabe en presencia de reg\u00edmenes de palabras, reg\u00edmenes de afectos, de modos de ser contradictorios, a menudo en competencia. Y en la cual uno sabe tambi\u00e9n formar parte, aunque uno se ponga en la posici\u00f3n m\u00e1s neutra concebible. Por ende, ella no puede, en ning\u00fan caso, \u00abdar raz\u00f3n\u00bb <em>de una vez por todas<\/em> a los \u00abque cargan con el da\u00f1o\u00bb. Si la \u00e9tica tiene que ver con el gesto de \u00abrevelar el hecho de que hay un da\u00f1o\u00bb, y que a menudo elige posicionarse del lado de las voces silenciadas, ella no ignora que su propia posici\u00f3n es una <em>toma de partido<\/em> en ese combate, animada por determinaciones singulares, entre las cuales no se debe minimizar la voluntad de poder, y por todo tipo de afectos. Erigirse en \u00abdefensor de los oprimidos\u00bb, en otras palabras en justiciero queriendo revelar una situaci\u00f3n de injusticia desde una posici\u00f3n de exterioridad, es extirparse con demasiada facilidad del juego, un juego del cual todos, incluso las \u00abbuenas almas\u00bb forman parte, que lo quieran o no. Como lo dec\u00eda muy bien Sartre sobre s\u00ed mismo, cuando escrib\u00eda \u00e9l, europeo blanco, un prefacio a <em>Los condenados de la tierra<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00bfEl problema revolucionario no ha sido siempre el de fundar una fuerza sobre el impoder? Desde una situaci\u00f3n minoritaria, \u00bfc\u00f3mo tomar las riendas de nuestras vidas y apuntar en conjunto a un horizonte com\u00fan? El feminismo ha tenido el coraje de plantear claramente la cuesti\u00f3n de una emancipaci\u00f3n que no pase por la asimilaci\u00f3n a lo m\u00e1s despreciable del poder patriarcal. Del feminismo tenemos que sacar los ejemplos de la conversi\u00f3n del impoder en potencia. En vez de movilizar el feminismo exclusivamente en sus aportes cr\u00edticos, en la instauraci\u00f3n de una vigilancia y de mecanismos de control, hay que saber reconocer en \u00e9l el principal movimiento que se ha enfrentado a la salida de la dial\u00e9ctica amo-esclavo. Donde no se trata de sucumbir a la polarizaci\u00f3n entre la fuerza de la fuerza y la debilidad de la debilidad. Pensar una situaci\u00f3n minoritaria sin buscar de entrada un ajusticiamiento es aprovechar la ocasi\u00f3n de explorar la fuerza que puede nacer de una grieta.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El feminismo interroga lo que pasa cuando, inclusive dentro de las comunidades de aliados, la minor\u00eda trabaja lo mayoritario, ahond\u00e1ndolo y desbord\u00e1ndolo por divergencias irreductibles. Si no pide ning\u00fan <em>puesto<\/em>, es que no se deja nunca contener, se escabulle de toda forma de asignaci\u00f3n. Designa una disposici\u00f3n que nace de experiencias singulares pero que no pertenece a ninguna categor\u00eda: su fuerza consiste m\u00e1s bien en atravesarlas, en penetrarlas hasta hacerlas estallar. Para este feminismo es impensable contentarse con el acceso al reconocimiento o caer en la venganza infinita. Potencia de la separaci\u00f3n, el feminismo dibuja la idea de un conflicto que, porque no busca la convergencia de las diferencias en lo id\u00e9ntico, hace existir otro plano en el cual toman consistencia nuevas formas de existencia que se construyen desde lo heterog\u00e9neo. Hace existir de la misma forma l\u00edneas de divisi\u00f3n as\u00ed como genera cruces inesperados que densifican los grupos, las luchas. Entendido como intensificaci\u00f3n de v\u00ednculos, el conflicto conduce la pol\u00edtica a siempre ir m\u00e1s lejos en el establecimiento de nuevas normas que tienden hacia la elaboraci\u00f3n de una potencia com\u00fan. La potencia en cuesti\u00f3n mantiene juntos el movimiento ext\u00e1tico \u2014desprenderse del yo\u2014 y la exigencia pol\u00edtica de alcanzar esa densidad casi opaca que no se <em>reconoce<\/em> precisamente porque resiste a toda puesta en equivalencia. El feminismo tiene como punto de partida esta situaci\u00f3n equ\u00edvoca y es justamente eso lo que hace su cuestionamiento ineludible.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: right\"><em>Algunas huelguistas<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><em>Bibliograf\u00eda<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Blanchot, Maurice, <em>La comunidad inconfesable<\/em>, Madrid, Arena Libros, 2002.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Deleuze, Gilles, <em>Spinoza: filosof\u00eda pr\u00e1ctica<\/em>, Barcelona, Tusquets, 1984.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Deleuze, Gilles, <em>Nietzsche y la filosof\u00eda<\/em>, Barcelona, Anagrama, 1971.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Esposito, Roberto, <em>Categor\u00edas de lo impol\u00edtico<\/em>, Buenos Aires, Katz, 2006.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Fanon, Franz, <em>Los condenados de la tierra<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 2001.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Lyotard, Jean-Fran\u00e7ois, <em>La diferencia<\/em>, Barcelona, Gedisa, 1999.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Mascolo, Dionys, <em>De l\u2019amour<\/em>, Par\u00eds, Beno\u00eet Jacob \u00e9ditions, 1999.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Ranci\u00e8re, Jacques, <em>En los bordes de lo pol\u00edtico<\/em>, Buenos Aires, La Cebra, 2007.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">Ranci\u00e8re, Jacques, <em>El espectador emancipado<\/em>, Buenos Aires, Manantial, 2010.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"15%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><em>Notas de traducci\u00f3n de La Fugitiva:<\/em><\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>1<\/sup> Todo este texto parte de la diferencia entre un <em>poder sobre<\/em> (que hace referencia a la jerarqu\u00eda y a la alienaci\u00f3n) y una <em>poder de<\/em> (que hace referencia a una aptitud, afirmaci\u00f3n de capacidades). V\u00e9ase <em>Tratado teol\u00f3gico-pol\u00edtico<\/em> de Baruch Spinoza.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>2<\/sup> Para Ranci\u00e8re y Lyotard el desacuerdo fundamental que da lugar a la pol\u00edticase genera por el da\u00f1o, entendido como el da\u00f1o que las otras partes infligen aquellos que no son considerados como una parte, el da\u00f1o de la inexistencia, de la negaci\u00f3n, de la exclusi\u00f3n, etc.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>3<\/sup> No se refiere a las fuerzas del orden (brazo armado del Estado), sino al orden m\u00e1s general impuesto por un cierto r\u00e9gimen, en ese sentido m\u00e1s cercano a lo que Foucault llama \u00abpoder disciplinario\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>4<\/sup> Es la idea de una diferencia irresoluble entre lenguajes inconmesurables.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>5<\/sup> Forma-de-vida, concepto escrito siempre con guiones para denotar la unidad entre una vida y su forma. Giorgio Agamben lo ha elaborado ampliamente (v\u00e9ase el ensayo de este nombre en <em>Medios sin fin<\/em>) para trazar una l\u00ednea de fuga pol\u00edtica fuera de las categor\u00edas metaf\u00edsicas y los dispositivos biopol\u00edticos de Occidente (colectivo\/individuo, gobierno\/poblaci\u00f3n, pasivo\/activo, forma\/materia, etc.).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><small><sup>6<\/sup> En vez de afrontar o asimilar, la forclusi\u00f3n describe un mecanismo de rechazo, de exclusi\u00f3n que busca seguir como si nada. Es un concepto psicoanal\u00edtico de Jacques Lacan, quien tradujo de este modo el concepto de <em>Verwerfung<\/em> de Freud.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente texto fue publicado por primera vez en la revista R\u00e9fractions, n\u00fam. 31, oto\u00f1o de 2013. 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