{"id":456,"date":"2017-01-10T14:25:47","date_gmt":"2017-01-10T20:25:47","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=456"},"modified":"2019-05-20T11:40:20","modified_gmt":"2019-05-20T16:40:20","slug":"giorgio-agamben-ivan-illich-y-la-corrupcion-de-lo-mejor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=456","title":{"rendered":"Giorgio Agamben \/ Ivan Illich y la corrupci\u00f3n de lo mejor"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-457\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/01\/Ivan-Illich-en-M\u00e9xico-1024x535.jpg\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"248\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/01\/Ivan-Illich-en-M\u00e9xico-1024x535.jpg 1024w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/01\/Ivan-Illich-en-M\u00e9xico-300x157.jpg 300w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/01\/Ivan-Illich-en-M\u00e9xico-768x401.jpg 768w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2017\/01\/Ivan-Illich-en-M\u00e9xico.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.3cm\"><strong>Artiller\u00eda Inmanente publica a continuaci\u00f3n la traducci\u00f3n de la \u00abIntroduzione\u00bb que Giorgio Agamben redact\u00f3 para una reciente reedici\u00f3n italiana (<em>Genere<\/em>, Vicenza, Neri Pozza, 2013) de <em>Gender<\/em>, libro de Ivan Illich publicado en 1982. Se trata de un pretexto del fil\u00f3sofo para dar pistas\u00a0sobre la pertinencia de leer a Illich en estos tiempos.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">1. Tal vez s\u00f3lo hoy la obra de Ivan Illich est\u00e9 conociendo aquello que Benjamin llamaba \u00abla hora de la legibilidad\u00bb. Si, por un lado, su primera recepci\u00f3n en la d\u00e9cada de 1970, centrada sobre todo en <i>Deschooling Society<\/i> (1971) y <i>Medical Nemesis<\/i> (1976), le hab\u00eda asegurado difusi\u00f3n y \u00e9xito, hab\u00eda, por el otro, marcado su malentendido. El debate en el n\u00famero de la revista <i>L\u2019Arc<\/i> entre Gilles Martinet y Jean-Marie Domenach (1975) resulta instructivo\u00a0desde este punto de vista: Illich aparece aqu\u00ed, o bien como un cristiano que critica la ciencia en nombre de ideales comunitarios retr\u00f3grados o, por el contrario, como \u00abel primer investigador social de nuestro tiempo, como Marx lo fue para el suyo\u00bb. En cualquier caso, el pensamiento de este \u00abiconoclasta acreditado\u00bb, como lo defin\u00eda en aquellos a\u00f1os un diario reconocido, se encuadraba sin dificultad en la cr\u00edtica de las instituciones que hab\u00eda marcado la larga oleada del 68.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es tiempo de leer a Illich desde una perspectiva completamente diferente. Si la filosof\u00eda implica necesariamente una interrogaci\u00f3n de la humanidad y la no-humanidad del hombre, entonces su investigaci\u00f3n, que se ocupa de la fortuna del g\u00e9nero humano en un momento decisivo de su historia, es genuinamente filos\u00f3fica, como filos\u00f3fico es su m\u00e9todo, la arqueolog\u00eda, que \u00e9l desarroll\u00f3 aut\u00f3nomamente con respecto a Foucault. En este sentido, evocando al \u00e1ngel de la historia de Benjamin, que se dirige hacia el presente teniendo los ojos fijos en el pasado, \u00e9l se compara m\u00e1s bien a un cangrejo, que se dirige hacia el pasado fijando la mirada en el presente.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">2. Se puede decir que no hay un \u00e1mbito en el conocimiento de nuestro presente que la mirada de cangrejo de Illich no haya renovado en profundidad. Sin embargo, se trata en todos los casos de un an\u00e1lisis global, que embiste el mismo sistema a trav\u00e9s del cual los hombres han buscado en todos los tiempos asegurar su subsistencia. Seg\u00fan Illich, este sistema combinaba dos modos diferentes de producci\u00f3n: uno aut\u00f3nomo, que produc\u00eda valores de uso destinados a la esfera dom\u00e9stica o \u2014como Illich la prefiere llamar\u2014 vern\u00e1cula y no al mercado, y uno heter\u00f3nomo, destinado a la producci\u00f3n de mercanc\u00edas para el mercado. Si la expansi\u00f3n del sistema heter\u00f3nomo (ciertamente mayoritario en t\u00e9rminos de cantidad) supera un cierto umbral, m\u00e1s all\u00e1 del cual la producci\u00f3n aut\u00f3noma se desvanece y deja su lugar a aquello que Illich llama trabajo-sombra (es decir, el trabajo no retribuido del consumidor para volver utilizable la mercanc\u00eda adquirida en el mercado), se constata entonces una \u00abcontraproductividad parad\u00f3jica\u00bb, en virtud de la cual la producci\u00f3n heter\u00f3noma causa un efecto opuesto al que se propon\u00eda alcanzar. Se podr\u00eda llamar \u00abteorema del caracol\u00bb el ejemplo con el cual Illich ilustra ic\u00e1sticamente esta contraproductividad: el caracol, despu\u00e9s de haber sumado un cierto n\u00famero de espiras a su concha, interrumpe su actividad; si continuara, una sola espira m\u00e1s aumentar\u00eda 16 veces el peso y el volumen a transportar.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es este teorema el que Illich demuestra en sus an\u00e1lisis justamente c\u00e9lebres de la escuela que, sin reducir las discriminaciones sociales, vuelve a los individuos incapaces de aprender por s\u00ed solos; de la medicina que, expandi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 de un cierto l\u00edmite, acaba produciendo enfermedades iatrog\u00e9nicas y, a la vez, expropia a los hombres de la capacidad de soportar su dolor y mitigar el de los otros; de los transportes veloces y costosos que, en vez de ahorrarle tiempo a quien se sirve de ellos, exigen en realidad en t\u00e9rminos globales un mayor n\u00famero de horas y, por lo tanto, una menor velocidad con respecto a la bicicleta.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">A comienzos de la d\u00e9cada de 1970, la indagaci\u00f3n de un grupo de soci\u00f3logos verific\u00f3 la hip\u00f3tesis de Illich, demostrando que, en t\u00e9rminos de \u00abtiempo generalizado\u00bb (que comprende por consiguiente tambi\u00e9n las horas de trabajo necesarias para la adquisici\u00f3n y el mantenimiento del autom\u00f3vil), el automovilista franc\u00e9s promedio recorre 15 500 kil\u00f3metros al a\u00f1o, pero consagra a su autom\u00f3vil 1550 horas al a\u00f1o, lo cual significa que emplea una hora para recorrer 10 kil\u00f3metros, contra los 13 de la bicicleta. Sin embargo, puesto que la pol\u00edtica de los transportes se propon\u00eda objetivos de productividad econ\u00f3mica y los intereses de los individuos, desde ese momento la construcci\u00f3n de autopistas y de veh\u00edculos se intensific\u00f3.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si los an\u00e1lisis de Illich han sido ampliamente discutidos, no menos importantes son aquellos que ha dedicado a las as\u00ed llamadas \u00abprofesiones inhabilitantes\u00bb, que monopolizan una cierta actividad expropiando a los hombres que hasta entonces la hab\u00edan practicado (podemos agregar al cat\u00e1logo illichiano la categor\u00eda de los arquitectos, que, desde el momento de su aparici\u00f3n en el siglo XIX, han expropiado a los hombres la capacidad de construir de la que hab\u00edan dado muestra por milenios); la cr\u00edtica de las nociones de escasez y de necesidad, que definen la econom\u00eda de la era industrial y el <i>Homo \u0153conomicus<\/i> constitutivamente necesario que le corresponde, a la vez cliente ideal del mercado capitalista y s\u00fabdito perfecto de la asistencia estatal; la cr\u00edtica del fetiche vida y de la bio\u00e9tica, solidaria suya; la genealog\u00eda de los servicios de la secularizaci\u00f3n del pastorado eclesial; y, no por \u00faltimo, la reconstrucci\u00f3n estupenda de la transformaci\u00f3n que sufren el libro y la lectura desde el siglo\u00a0XII hasta hoy (<i>In the Vineyard of the Text<\/i>, 1993).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En todas estas investigaciones, est\u00e1 en cuesti\u00f3n una amenaza que concierne a la humanidad del hombre \u2014 a condici\u00f3n de precisar, sin embargo, que por \u00abhumanidad\u00bb no se entiende aqu\u00ed una naturaleza biol\u00f3gica o culturalmente presupuesta, sino simplemente las pr\u00e1cticas inmemoriales a trav\u00e9s de las cuales los hombres se vuelven la vida posible, es decir, aquella dimensi\u00f3n que Illich ha llamado \u00abconvivialidad\u00bb. Problema filos\u00f3fico por excelencia, si la filosof\u00eda es en primer lugar la memoria de la antropog\u00e9nesis, es decir, del devenir humano del viviente hombre.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">3. No es posible comprender una \u00e9poca hist\u00f3rica ni un pensamiento si no se conoce la experiencia del tiempo que constituye su condici\u00f3n. Precisamente la lucidez con la que Illich sit\u00faa su pensamiento con respecto a esta experiencia define la pertinencia, a menudo irrefutable, de sus an\u00e1lisis. Es conocida la tesis de Schmitt seg\u00fan la cual todos los conceptos pol\u00edticos son conceptos teol\u00f3gicos secularizados. Esta tesis tiene que ser precisada en el sentido de que esos conceptos secularizados son hoy esencialmente conceptos escatol\u00f3gicos. Si el pensamiento contempor\u00e1neo ha buscado eludir un arreglo de cuentas con su propia situaci\u00f3n hist\u00f3rica, recurriendo a conceptos evidentemente inadecuados como fin de la historia, poshistoria, posmodernidad, esto es porque se funda realmente en una secularizaci\u00f3n de la escatolog\u00eda cristiana. Por esto Illich, con un gesto que recuerda a la proyecci\u00f3n benjaminiana del mesianismo en la historia profana, puede tomar la palabra de su tiempo y mirar en \u00e9l desde una perspectiva declaradamente apocal\u00edptica. \u00abAtribuirme la idea de que nuestra \u00e9poca sea una \u00e9poca poscristiana \u2014declar\u00f3 en las extenuantes conversaciones con David Cayley\u2014 ser\u00eda completamente equivocado. Por el contrario, creo que nuestra \u00e9poca es, parad\u00f3jicamente, la \u00e9poca m\u00e1s expl\u00edcitamente cristiana, la cual podr\u00eda estar muy cercana al fin del mundo\u00bb.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">4. El concepto tal vez central de la escatolog\u00eda secularizada de la modernidad es el de crisis. No s\u00f3lo en la econom\u00eda y en la pol\u00edtica, sino en todo \u00e1mbito de la vida social, la crisis coincide hoy con el estado normal. De los tres campos sem\u00e1nticos que confluyen en la historia de este t\u00e9rmino (el jur\u00eddico-pol\u00edtico de \u00abjuicio\u00bb en un proceso o en una asamblea, el m\u00e9dico de momento decisivo en una enfermedad, y el teol\u00f3gico de juicio final) s\u00f3lo los dos \u00faltimos han contribuido a definir su significado en la modernidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sin embargo, ambos significados sufren una transformaci\u00f3n que concierne a su indicio temporal. <i>Krisis<\/i> significaba en la medicina antigua el juicio con el que el m\u00e9dico reconoce si el enfermo sobrevivir\u00e1 o morir\u00e1, mejorar\u00e1 o empeorar\u00e1. Este juicio coincide con un momento preciso en el desarrollo de la enfermedad, que Galeno llama \u00abd\u00edas decisivos (<i>krisimoi, dies decretorii<\/i>)\u00bb. En el concepto moderno de crisis, en el que \u00e9sta se vuelve una condici\u00f3n permanente, la conexi\u00f3n con un instante de la decisi\u00f3n comienza a faltar. La crisis es separada de su \u00abd\u00eda decisivo\u00bb y prolongada indefinidamente en el tiempo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Lo mismo le sucede al juicio final de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica: el juicio era inseparable del fin de la cosa juzgada. Como escribe Tom\u00e1s, \u00abel juicio concierne al t\u00e9rmino, a trav\u00e9s del cual las cosas son conducidas a su fin\u00bb (<i>S. th. Suppl<\/i>. q. 88, art. 1). \u00abNo se puede dar el juicio a una cosa mutable antes de su consumici\u00f3n [\u2026] por eso es necesario que el juicio final advenga en el \u00faltimo d\u00eda, el \u00fanico en el que se puede decidir completa y manifiestamente aquello que concierne a cada hombre\u00bb (<i>ibid<\/i>.,, III, q. 59, art. 5). En la secularizaci\u00f3n moderna de la \u00abcrisis\u00bb, el juicio resulta en cambio separado de su conexi\u00f3n esencial con el fin y es hecho coincidir con el decurso cronol\u00f3gico, de tal modo que la cosa no puede nunca ser pensada en su cumplimiento y en su finalidad propia. Consiguientemente, la facultad de decidir de una vez por todas se debilita y la decisi\u00f3n incesante no decide propiamente nada.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">5. Es a esta p\u00e9rdida de la capacidad de juzgar en la modernidad a la que Hannah Arendt ha dedicado su reflexi\u00f3n en el libro sobre la banalidad del mal. La facultad de pensar y la facultad de juzgar son, para Arendt, distintas y, a la vez, est\u00e1n inextricablemente conectadas. El pensamiento no es una facultad cognitiva, sino aquello que vuelve posible el juicio sobre el bien y sobre el mal, sobre lo justo y lo injusto. Lo que le faltaba a Eichmann no era ni el raciocinio ni el sentido moral, sino la facultad de pensar y, por consiguiente, la capacidad de juzgar las acciones propias.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Illich representa la reaparici\u00f3n intempestiva en la modernidad de un ejercicio radical de la <i>krisis<\/i>, de una llamada a juicio sin atenuantes de la cultura occidental: <i>krisis<\/i> y juicio tanto m\u00e1s radicales, porque provienen de uno de sus componentes esenciales: la tradici\u00f3n cristiana. Como Benjamin, Illich se sirve, en efecto, de la escatolog\u00eda mesi\u00e1nica para neutralizar la concepci\u00f3n progresista del tiempo hist\u00f3rico. Y lo hace seg\u00fan dos modalidades estrechamente entrelazadas: por un lado la experiencia del <i>kair\u00f3s<\/i>, del instante decisivo, que quiebra la l\u00ednea continua y homog\u00e9nea de la cronolog\u00eda; por el otro la capacidad de pensar el tiempo en relaci\u00f3n con su cumplimiento. El instante intemporal de la decisi\u00f3n y la <i>novissima dies<\/i> en la que el tiempo se consuma son, en los t\u00e9rminos de Arendt, las dos puertas que el pensamiento entreabre a la facultad del juicio. Pero en el instante del juicio, el <i>eschaton<\/i> y el \u00abahora\u00bb coinciden sin residuos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es justamente esta situaci\u00f3n original con respecto al tiempo y a la historia lo que define la pertinencia y la fuerza de la \u00abcrisis\u00bb illichiana de la modernidad. Cada una de sus investigaciones adquiere su verdadero sentido s\u00f3lo si se la sit\u00faa en la perspectiva unitaria de aquello que podemos considerar, junto a las de Hannah Arendt y de G\u00fcnther Anders, como una de las cr\u00edticas m\u00e1s amplias y coherentes de los poderes devastadores del progresismo, del \u00abAbsurdist\u00e1n o infierno en la tierra\u00bb que \u00e9ste, con todas sus buenas intenciones, ha realizado.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si, como hab\u00edamos visto, esta cr\u00edtica ten\u00eda sus ra\u00edces en la tradici\u00f3n cristiana, era, sin embargo, inseparable de la consciencia de la responsabilidad de aquella tradici\u00f3n en el destino de la modernidad. Si algo distingue el pensamiento de Illich de las cr\u00edticas progresistas o reaccionarias de nuestra sociedad, es justamente su enraizamiento en aquella tradici\u00f3n y, a la vez, la capacidad de salir de ella sin reservas en direcci\u00f3n de la filosof\u00eda. Y si la filosof\u00eda no es una disciplina, sino una intensidad que puede animar cualquier \u00e1mbito, en el caso de Illich la filosof\u00eda nace, entonces, como una intensificaci\u00f3n del campo de tensiones del cristianismo de cara a las consecuencias catastr\u00f3ficas de su perversi\u00f3n secular.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">6. Para comprender la situaci\u00f3n de Illich con respecto a la tradici\u00f3n teol\u00f3gica hay que partir de las conversaciones citadas con David Cayley publicadas con el t\u00edtulo <i>The Rivers North of the Future<\/i> (2005), \u00abLos r\u00edos al norte del futuro\u00bb, y en las cuales \u2014como en una entrevista precedente con el mismo Cayley\u2014 \u00e9l, independientemente de toda intenci\u00f3n testamentaria, ciertamente intent\u00f3 proporcionar una clave de lectura de toda su obra. En ambas entrevistas aparece en cierto momento la expresi\u00f3n <i>mysterium iniquitatis<\/i> (\u00abel misterio del mal\u00bb), en referencia al car\u00e1cter in\u00e9dito y extremo del mal con el que el hombre moderno ha de arreglar cuentas. \u00abEl <i>mysterium iniquitatis<\/i> es un <i>mysterium<\/i> porque puede ser comprendido s\u00f3lo a trav\u00e9s de la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo. [\u2026] Pero creo tambi\u00e9n que el mal misterioso que entr\u00f3\u00a0en el mundo con la Encarnaci\u00f3n puede ser investigado hist\u00f3ricamente y que, para esto, no necesitamos ni fe ni credo, sino s\u00f3lo una cierta capacidad de observaci\u00f3n. \u00bfNo es cierto que nuestro mundo est\u00e1 estropeado como en ninguna \u00e9poca precedente? Cuanto m\u00e1s me empe\u00f1o en examinar el presente como entidad hist\u00f3rica, m\u00e1s me parece confuso, absurdo e incomprensible: me obliga a aceptar una serie de axiomas para los cuales no encuentro ning\u00fan paralelo en las sociedades pasadas y pone a la vista una combinaci\u00f3n incre\u00edble de horrores, crueldad y degradaci\u00f3n, que no tiene precedentes en otras \u00e9pocas hist\u00f3ricas [\u2026]. \u00bfC\u00f3mo explicar este mal extraordinario? Este problema podr\u00eda ser considerado bajo una luz complemente nueva, partiendo del presupuesto [\u2026] de que no estamos frente a un mal de tipo ordinario, sino frente a la corrupci\u00f3n de lo mejor que adviene cuando se institucionaliza el Evangelio y cuando el amor es transformado en demanda de servicios. La primera generaci\u00f3n de cristianos se dio cuenta de que se hab\u00eda vuelto posible un g\u00e9nero misterioso \u2014\u00bfc\u00f3mo lo deber\u00eda llamar?\u2014 de aberraci\u00f3n, deshumanidad, negaci\u00f3n. Su idea del <i>mysterium iniquitatis<\/i> me provee una clave para comprender el mal frente al cual estamos hoy y para el cual no puedo encontrar una palabra. Como hombre de fe, tendr\u00eda al menos que llamarlo la misteriosa traici\u00f3n o la perversi\u00f3n de ese tipo de libertad que los Evangelios trajeron\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Esta larga cita muestra bastante bien la particularidad de la aproximaci\u00f3n de Illich a lo contempor\u00e1neo: si \u00e9l reconoce con claridad su fundamento teol\u00f3gico, no renuncia por esto a la indagaci\u00f3n puramente hist\u00f3rica. La especificad de su cr\u00edtica consiste m\u00e1s bien justamente en la indagaci\u00f3n de la modalidades a trav\u00e9s de las cuales se ha cumplido el paso de lo extrahist\u00f3rico a lo hist\u00f3rico y de lo teol\u00f3gico a lo profano: c\u00f3mo, por ejemplo, las nociones de amor, libertad y contingencia, que el cristianismo hab\u00eda inventado, son transferidas a los servicios, al Estado y a la ciencia, produciendo exactamente lo contrario de lo que ellas eran en su origen; y c\u00f3mo las concepciones de la Iglesia como <i>societas perfecta<\/i> se acabaron con la producci\u00f3n de la idea moderna del Estado como detentor del gobierno integral de la vida de los hombres en todos sus aspectos. \u00c9ste es el paradigma de la <i>corruptio optimi quae est pexima<\/i>, a trav\u00e9s del cual Illich observa la historia de la Iglesia.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">7. La expresi\u00f3n <i>mysterium iniquitatis<\/i> proviene de la segunda ep\u00edstola de Pablo a los tesalonicenses. En esta ep\u00edstola Pablo, hablando de la Parus\u00eda del Se\u00f1or, describe el drama escatol\u00f3gico como un conflicto que ve por un lado al mes\u00edas, y por el otro a dos personaje que \u00e9l llama \u00abel hombre de la anomia\u00bb, <i>ho anthropos tes anomias<\/i> (lit. \u00abel hombre de la ausencia de ley\u00bb), y \u00abaquel que retiene\u00bb (<i>ho katechon<\/i>): \u00abQue nadie los enga\u00f1e de ninguna manera. Antes debe venir la apostas\u00eda y revelarse el hombre de la anomia (<i>ho anthropos tes anomias<\/i>), el hijo de la destrucci\u00f3n, aquel que se contrapone y se eleva por encima de todo lo que porta el nombre de Dios o recibe un culto, hasta sentarse en el templo de Dios, monstr\u00e1ndose \u00e9l mismo como Dios. \u00bfNo recuerdan que cuando estaba todav\u00eda entre ustedes, les dec\u00eda esto? Ahora saben lo que lo retiene actualmente de manera que no se revele m\u00e1s que en su tiempo. El misterio de la anomia (<i>mysterion tes anomias<\/i>, que la vulgata traduce como <i>mysterium iniquitatis<\/i>) est\u00e1 ya a la obra. Pero s\u00f3lo hasta que aquel que retiene sea apartado de en medio, y es entonces cuando\u00a0el imp\u00edo (<i>anomos<\/i>, lit. \u00abel sin ley\u00bb) ser\u00e1 revelado, y el se\u00f1or Jes\u00fas lo har\u00e1 desaparecer con el soplo de su boca\u00bb (<i>2 Tes<\/i>. 2, 2-11).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Mientras que el \u00abhombre de la anomia\u00bb ha sido concurrentemente identificado por la tradici\u00f3n exeg\u00e9tica con el Anticristo de la primera ep\u00edstola de Juan (2, 18), para \u00abaquel que retiene\u00bb ya a partir de Agust\u00edn \u2014que habla de \u00e9l en la <i>Ciudad de Dios<\/i> (XX, 19)\u2014 ha sido propuesta una doble interpretaci\u00f3n. Seg\u00fan algunos (entre quienes se encuentra Jer\u00f3nimo y, entre los modernos, Carl Schmitt, que ve en el <i>katechon<\/i> la \u00fanica posibilidad de concebir la historia desde un punto de vista cristiano) la alusi\u00f3n es al Imperio Romano, que act\u00faa como un poder que retiene la cat\u00e1strofe del fin de los tiempos; seg\u00fan otros \u2014entre quienes se encuentra un contempor\u00e1neo de Agust\u00edn, Ticonio\u2014 aquello que retrasa el drama escatol\u00f3gico es la naturaleza dividida de la Iglesia, que tiene un lado santo y luminoso y, a la vez, un lado oscuro y siniestro, en el cual crece y mora el Anticristo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es en esta tradici\u00f3n exeg\u00e9tica donde se inscribe de alg\u00fan modo tambi\u00e9n la lectura particular que Illich hace del <i>mysterium iniquitatis<\/i>. No se trata para \u00e9l, seg\u00fan una interpretaci\u00f3n que ha encontrado amplia difusi\u00f3n entre los fil\u00f3sofos y los te\u00f3logos contempor\u00e1neos, de un misterio metahist\u00f3rico, de un hondo drama teol\u00f3gico que paraliza y vuelve enigm\u00e1tica toda acci\u00f3n y toda decisi\u00f3n, sino de un drama hist\u00f3rico, por lo tanto, como hab\u00edamos visto, de aquella <i>corruptio optimi pexima<\/i> que, a trav\u00e9s de un proceso secular, ha llevado a la Iglesia a dar a luz, en su seno, su perversi\u00f3n anticr\u00edstica en la modernidad. Y en este drama hist\u00f3rico, en el que el <i>eschaton<\/i>, el \u00faltimo d\u00eda, coincide con el presente, con el \u00abtiempo de ahora\u00bb paulino, y en el que la naturaleza dividida \u2014a la vez cr\u00edstica y anticr\u00edstica\u2014 del cuerpo no s\u00f3lo de la Iglesia, sino de toda sociedad y de toda instituci\u00f3n humana, alcanza al fin su apocal\u00edptico desvelamiento, es de este drama hist\u00f3rico que Illich eligi\u00f3 sin reservas y sin ambig\u00fcedad formar parte.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">8. Tambi\u00e9n <i>Gender<\/i>, el libro de 1982 que aqu\u00ed se vuelve a proponer, tiene que ser situado en esta perspectiva. Como Illich escribe m\u00e1s de diez a\u00f1os despu\u00e9s en el importante prefacio a la segunda edici\u00f3n alemana (hasta aqu\u00ed in\u00e9dita en italiano), tambi\u00e9n este libro nace de la \u00abrepugnancia\u00bb frente a la \u00abterrible corrupci\u00f3n de aquello que es m\u00e1s excelente\u00bb, que hasta el final sigui\u00f3 siendo para \u00e9l \u00abel enigma en el cual arrojar luz\u00bb. Pero, al mismo tiempo \u2014sugiere Illich\u2014 el libro marca un viraje en la investigaci\u00f3n de su autor. La p\u00e9rdida del g\u00e9nero y su transformaci\u00f3n en sexualidad \u2014que constituye el tema del libro\u2014 son tratadas aqu\u00ed no ya en la forma de una \u00abcr\u00edtica agresiva\u00bb de la modernidad, sino en aquella, \u00abponderada\u00bb, de una investigaci\u00f3n sobre la \u00abhistoria social del \u201cnosotros\u201d vivido\u00bb, es decir, de una reflexi\u00f3n \u00absobre la mutaci\u00f3n en los modos de la percepci\u00f3n\u00bb del cuerpo y de sus relaciones con el mundo que, bajo la presi\u00f3n de los \u00abrituales mitopoi\u00e9ticos\u00bb (Illich nombra entre \u00e9stos la escuela, la medicina, la misi\u00f3n, la urban\u00edstica, los transportes, la propaganda) han llevado al deterioro y a la p\u00e9rdida de innumerables formas de vida vern\u00e1culas. Hay que agregar aqu\u00ed una importante precisi\u00f3n a cuanto hemos dicho sobre el rigor de la cr\u00edtica de Illich a la modernidad. El juicio es, para \u00e9l, tanto m\u00e1s implacable, en cuanto que se trata de su memoria y de su \u00fanica posibilidad de salvaci\u00f3n de aquel universo vern\u00e1culo que \u00e9l no se cansa de evocar y describir en todos sus aspectos. El juicio es despiadado, porque en \u00e9l las cosas aparecen como perdidas e insalvables; la salvaci\u00f3n es benigna, porque en ella las cosas aparecen como injuiciables. El dif\u00edcil trama de juicio y salvaci\u00f3n define el <i>ethos<\/i> particular de la escritura y del pensamiento de Illich.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Es justamente este desplazamiento suyo en la ardua cresta entre juicio y salvaci\u00f3n, entre memoria hist\u00f3rica y cr\u00edtica del presente el que puede explicar el desorientamiento y casi el desconcierto con el que el libro fue inicialmente acogido. La reivindicaci\u00f3n del \u00abg\u00e9nero\u00bb (<i>gender<\/i> es en ingl\u00e9s una categor\u00eda exclusivamente gramatical) \u2014que permanece en una \u00abdualidad del humano\u00bb que distingue \u00ablos lugares, los tiempos, los utensilios, las tareas, los modos de hablar, los gestos asociados a los hombres de aquellos asociados a las mujeres\u00bb\u2014 contra el \u00absexo\u00bb, concebido en cambio como la polarizaci\u00f3n de todas aquellas caracter\u00edsticas, dignidad y derechos que, a partir de finales del siglo XVIII, se atribuyen en modo id\u00e9ntico a todos los seres humanos, era demasiado ins\u00f3lito a un o\u00eddo moderno para ser \u00edntegramente aceptable. En el mismo sentido, la cr\u00edtica de la \u00abaspiraci\u00f3n organizada de las mujeres a la igualdad econ\u00f3mica\u00bb, prisionera de la misma l\u00f3gica capitalista que cre\u00eda combatir, era en aquellos a\u00f1os todav\u00eda precoz. Queda la circunstancia singular de que, algunos a\u00f1os despu\u00e9s \u2014al menos a partir del libro de Judith Butler <i>Gender Trouble<\/i> (1991)\u2014 el t\u00e9rmino <i>gender<\/i> se impone hasta transformar la propia denominaci\u00f3n de los estudios sobre el feminismo, reformulados ahora en la nueva r\u00fabrica acad\u00e9mica de los <i>Gender studies<\/i>. En el libro de Butler, sin embargo \u2014que adem\u00e1s critica el primado de la dimensi\u00f3n biol\u00f3gica del sexo contra la cultural del g\u00e9nero\u2014 el nombre de Illich no aparece.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Muchas se\u00f1ales dejan conjeturar que, tambi\u00e9n en este \u00e1mbito, el pensamiento de Illich haya alcanzado la hora de su legibilidad. Pero \u00e9sta s\u00f3lo ser\u00e1 posible hasta cuando la filosof\u00eda contempor\u00e1nea se decida a arreglar cuentas con este maestro celeb\u00e9rrimo y, sin embargo, obstinadamente mantenido en los m\u00e1rgenes del debate acad\u00e9mico.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Artiller\u00eda Inmanente publica a continuaci\u00f3n la traducci\u00f3n de la \u00abIntroduzione\u00bb que Giorgio Agamben redact\u00f3 para una reciente reedici\u00f3n italiana (Genere, Vicenza, Neri Pozza, 2013) de Gender, libro de Ivan Illich publicado en 1982. Se trata de un pretexto del fil\u00f3sofo para dar pistas\u00a0sobre la pertinencia de leer a Illich en estos tiempos. &nbsp; 1. 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