{"id":2982,"date":"2023-10-31T11:30:24","date_gmt":"2023-10-31T17:30:24","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2982"},"modified":"2023-10-31T11:36:51","modified_gmt":"2023-10-31T17:36:51","slug":"mikkel-bolt-rasmussen-el-movimiento-de-rechazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2982","title":{"rendered":"Mikkel Bolt Rasmussen \/ El movimiento de rechazo"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>El siguiente art\u00edculo del historiador de arte y te\u00f3rico pol\u00edtico dan\u00e9s Mikkel Bolt Rasmussen fue publicado por primera vez en ingl\u00e9s el 2 de octubre de 2023 en el sitio web de <em><a href=\"https:\/\/illwill.com\/the-movement-of-refusal\">Ill Will<\/a><\/em>.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">La \u00faltima d\u00e9cada y media ha sido una \u00e9poca de agitaci\u00f3n. Como ha descrito el antrop\u00f3logo pol\u00edtico franc\u00e9s Alain Bertho en su libro <em>Le temps des \u00e9meutes<\/em>, a principios de la d\u00e9cada de 2010 se produjo un fuerte aumento del n\u00famero de protestas.<sup>1<\/sup> Las huelgas y manifestaciones tuvieron lugar a lo largo de las d\u00e9cadas de 1980, 1990 y 2000, por supuesto, y los disturbios por alimentos no eran infrecuentes en el Sur Global. Sin embargo, a partir de 2008 se produjo un cambio tanto cuantitativo como cualitativo, con protestas, manifestaciones, ocupaciones, motines y levantamientos mucho m\u00e1s generalizados y en muchos m\u00e1s lugares del mundo. Como escribe Dilip Gaonkar, estas protestas y disturbios se est\u00e1n desplazando hacia el norte, y ahora tambi\u00e9n se producen en las democracias liberales.<sup>2<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En retrospectiva, podemos se\u00f1alar las revueltas \u00e1rabes, la llamada Primavera \u00c1rabe \u2015que estall\u00f3 en diciembre de 2010 en T\u00fanez y se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente a Egipto y a varios pa\u00edses del norte de \u00c1frica y Oriente Medio en los primeros meses de 2011\u2015 como el punto de inflexi\u00f3n decisivo. Estos acontecimientos marcaron la transici\u00f3n de un per\u00edodo caracterizado por la ausencia casi total de disidencia radical a una situaci\u00f3n en la que se cuestionaba el orden imperante.<sup>3<\/sup> En particular, las im\u00e1genes de El Cairo, donde miles de personas salieron a la calle, ocuparon la plaza Tahrir y exigieron la destituci\u00f3n de Mubarak, abrieron una brecha en el \u00abrealismo capitalista\u00bb y el discurso de \u00abseguir adelante\u00bb de la globalizaci\u00f3n capitalista tard\u00eda.<sup>4<\/sup> Desde El Cairo, las protestas se extendieron al sur de Europa, con manifestantes ocupando plazas en Atenas, Madrid y Barcelona, exigiendo el fin de la austeridad impuesta por los gobiernos nacionales a instancias de la Comisi\u00f3n Europea, el FMI y el Banco Central Europeo. Tales pol\u00edticas se promulgaron a ra\u00edz de la crisis financiera, que r\u00e1pidamente se convirti\u00f3 en una crisis econ\u00f3mica y social en muchos pa\u00edses del sur de Europa. En el verano de 2011, Londres fue escenario de violentos disturbios, seguidos ese oto\u00f1o por la ocupaci\u00f3n del Parque Zuccotti en Manhattan por parte de Occupy Wall Street. Cuando la primera oleada de protestas se extingui\u00f3 o fue aplastada, estallaron otras en otros lugares.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Los a\u00f1os transcurridos desde 2011 se han caracterizado por un movimiento de protesta global discontinuo que ha ido y venido por todo el mundo en un patr\u00f3n staccato de giros y saltos. Las protestas han sido tan generalizadas que tanto en 2011 como en 2019 se proclam\u00f3 \u00abun nuevo Mayo del 68\u00bb, y la revista <em>Time<\/em> eligi\u00f3 al manifestante como \u00abPersona del A\u00f1o\u00bb en 2011.<sup>5<\/sup> Algunos de los episodios m\u00e1s destacados de este nuevo ciclo son las protestas estudiantiles chilenas de 2011-2012; la resistencia brasile\u00f1a contra el aumento de los precios del transporte de 2013; el movimiento ucraniano Maidan; Nuit debout y los chalecos amarillos en Francia; el movimiento por la democracia en Hong Kong; la Comuna de Sud\u00e1n; el levantamiento liban\u00e9s; las protestas contra la polic\u00eda racista en Estados Unidos, desde Ferguson en 2014 hasta Minneapolis en 2020; la revuelta iran\u00ed \u00abMujeres, vida, libertad\u00bb de 2022; y las protestas contra la reforma de las pensiones de Macron en Francia en abril de 2023. Ni siquiera la pandemia de coronavirus y los confinamientos locales pusieron fin al nuevo ciclo de protestas y a la \u00ab<em>Bildung<\/em> clandestina\u00bb que viene surgiendo desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada.<sup>6<\/sup> La respuesta al asesinato de George Floyd, en el que se produjeron las protestas y motines m\u00e1s generalizados en Estados Unidos desde finales de la d\u00e9cada de 1960, lo puso claramente de manifiesto. Se quem\u00f3 una comisar\u00eda y en los barrios ricos, que no suelen ser escenario de protestas, se produjeron saqueos y enfrentamientos entre la polic\u00eda y los manifestantes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Durante 2021-2022, pareci\u00f3 que nos encontr\u00e1bamos brevemente en un intermezzo marcado por el agotamiento pospand\u00e9mico y el resurgimiento de las luchas interimperialistas, que amenazaban con enterrar el descontento y la desesperaci\u00f3n latentes en unos nuevos binarismos de Guerra Fr\u00eda que dificultaban los actos de disidencia. Pero era s\u00f3lo cuesti\u00f3n de tiempo que la gente volviera a salir a la calle. A Sri Lanka le sigui\u00f3 Ir\u00e1n, y Francia vuelve a ser escenario de protestas masivas. Dondequiera que miremos, vemos las condiciones socioecon\u00f3micas para m\u00e1s disturbios.<sup>7<\/sup> Las guerras culturales fabricadas, a menudo presentadas como conflictos intergeneracionales, son s\u00f3lo la punta del iceberg. Bajo la superficie se esconde un capitalismo en crisis que parece incapaz de actuar estrat\u00e9gicamente ante la aceleraci\u00f3n de la crisis clim\u00e1tica y el estancamiento del crecimiento, que en realidad nunca pareci\u00f3 cobrar impulso despu\u00e9s de 2008. Los representantes de la burgues\u00eda mundial, como el equipo de investigaci\u00f3n del Deutsche Bank, han visto las cosas claras y, como Bertho, hablan ahora de \u00abuna era de desorden\u00bb.<sup>8<\/sup> Sin embargo, a pesar de darse cuenta de que hay una crisis, parece extremadamente dif\u00edcil que la burgues\u00eda desarrolle planes reales para una transformaci\u00f3n importante de la econom\u00eda. Como escribe el colectivo neoleninista de Alex Hochuli, George Hoare y Philip Cunliffe en <em>The End of the End of History<\/em>, las clases dominantes parecen incapaces de unirse en torno a un plan. Hoy en d\u00eda, el situacionista Gianfranco Sanguinetti no podr\u00eda escribir un informe, bajo el disfraz de \u00abel Censor\u00bb, sobre c\u00f3mo la clase dominante salvar\u00e1 el statu quo capitalista mediante ataques terroristas escenificados y operaciones de falsa bandera.<sup>9<\/sup> En su lugar, Hochuli, Hoare y Cunliffe describen nuestra situaci\u00f3n actual como la \u00abcrisis nerviosa del neoliberalismo\u00bb, en la que los multimillonarios de las <em>Big Tech<\/em> sue\u00f1an con viajar al espacio, mientras que a gran parte del establishment pol\u00edtico nada le gustar\u00eda m\u00e1s que aguantar \u00abcuatro a\u00f1os m\u00e1s\u00bb, o como mucho una o dos d\u00e9cadas m\u00e1s (Biden en lugar de Trump, etc.).<sup>10<\/sup> Ni siquiera es posible unirse en torno al \u00abcapitalismo verde\u00bb. Pero el genio ha salido de la botella. La crisis econ\u00f3mica adopta ahora la forma de inflaci\u00f3n, y ninguna de las soluciones normales, como subir o bajar los impuestos o estimular o frenar el consumo, parece funcionar. M\u00e1s bien parece haber un consenso no articulado de que hay que destruir gran parte del capital existente. Adem\u00e1s, cuanto m\u00e1s dura la crisis, mayor es el nivel de inversi\u00f3n en equipamiento militar y de contrainsurgencia.11 Los confinamientos de COVID proporcionaron a los gobiernos de todo el mundo toda una serie de herramientas novedosas con las que monitorear y combatir el descontento, por lo que todo indica que el conflicto se volver\u00e1 a\u00fan m\u00e1s conflictivo \u2014 tal es la predicci\u00f3n del <em>Manifiesto conspiracionista<\/em>.<sup>12<\/sup> La gente est\u00e1 cada vez m\u00e1s dispuesta a recurrir a la violencia, sobre todo en Estados Unidos. Por decirlo sin rodeos: todas las amas de casa de Florida parecen ser ahora una Oath Keeper, y muchos hombres de negocios son Proud Boys. Trump fue un preludio, una figura decorativa. Ahora las fuerzas reales est\u00e1n tomando forma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Muchos comentaristas han se\u00f1alado que las protestas de los \u00faltimos diez o doce a\u00f1os se han caracterizado por una sorprendente ausencia de reivindicaciones concretas, y rara vez han implicado la elaboraci\u00f3n de programas pol\u00edticos reales. El comunista de izquierdas Jacques Wajnsztejn, de Temps critiques, califica despectivamente el fen\u00f3meno de \u00abinsurreccionalismo\u00bb. Tras los disturbios de Londres de 2011, el neomarxista leninista Slavoj \u017di\u017eek escribi\u00f3 que los sucesos fueron \u00abuna actuaci\u00f3n ciega\u00bb, expresi\u00f3n de una deficiencia m\u00e1s generalizada.<sup>13<\/sup> Como dijo \u017di\u017eek: \u00abla oposici\u00f3n al sistema no puede formularse en t\u00e9rminos de una alternativa realista, o al menos de un proyecto ut\u00f3pico coherente, sino que s\u00f3lo puede tener lugar como un estallido sin sentido\u00bb.<sup>14<\/sup> Incluso cuando la oposici\u00f3n se expresa mediante un eslogan pesimista y posmoderno de derrota \u2014\u00abes m\u00e1s f\u00e1cil imaginar el fin del mundo que una alternativa al capitalismo\u00bb, como dijo Fredric Jameson en su an\u00e1lisis de las grandes transformaciones estructurales que antes hab\u00eda etiquetado de posmodernismo\u2014 o incluso cuando Nuit debout, en la plaza de la Rep\u00fablica de Par\u00eds en la primavera de 2016, rechazaron este mensaje nihilista, lo hicieron en una especie de forma abreviada (\u00ab<em>Une autre fin du monde est posible<\/em>\u00bb, \u00abOtro fin del mundo es posible\u00bb), pero sin ninguna visi\u00f3n ut\u00f3pica o pol\u00edtica correspondiente.<sup>15<\/sup> No se trata del \u00abotro mundo es posible\u00bb del movimiento altermundista, que en s\u00ed mismo estaba muy lejos de los muchos lemas socialistas del siglo XX; en su lugar, obtenemos simplemente \u00abotro fin del mundo es posible\u00bb. Aunque Nuit debout rechazaba el derrotismo posmoderno, no lo hac\u00eda al servicio de una visi\u00f3n de otro mundo. No parece haber nada detr\u00e1s del capitalismo y su crisis, ni tampoco nada que se aproxime en el horizonte. M\u00e1s bien, lo que ha prevalecido es una cr\u00edtica resignada y ligeramente sarc\u00e1stica. Sin duda, el capitalismo estaba (y est\u00e1) cavando su propia tumba, pero tambi\u00e9n la nuestra. La actual crisis clim\u00e1tica no es m\u00e1s que la expresi\u00f3n m\u00e1s evidente de ese proceso, pero, aunque s\u00f3lo sea eso, <em>podemos luchar contra el m\u00e9todo preferido del capitalismo para acabar con el mundo<\/em>. Seg\u00fan los ocupantes de la Plaza de la Rep\u00fablica, la disidencia a\u00fan es posible.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El lema de Nuit debout es muy revelador. Aunque las nuevas protestas adoptan formas muy diversas, lo que tienen en com\u00fan no es tanto una visi\u00f3n compartida de una sociedad diferente como su propio rechazo. Por supuesto, en algunos movimientos, como el estadounidense y el franc\u00e9s, se debaten formas alternativas de sociedad, pero nunca se llega a nada de lo que pueda decirse que constituye un aut\u00e9ntico programa. Los manifestantes simplemente rechazan aceptar la situaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Tenemos que analizar este rechazo. Las oleadas de levantamientos chocan invariablemente contra muros de ladrillo, pero nuestro lenguaje para entenderlos no nos ayuda a atravesarlos. Nos enfrentamos a un obst\u00e1culo ling\u00fc\u00edstico. En lo que sigue, presentar\u00e9 una trayectoria te\u00f3rica e hist\u00f3rica en la que un vocabulario revolucionario heredado de generaciones anteriores retrocede y desaparece gradualmente. Esta trayectoria cuenta la historia de la \u00abvictoria\u00bb del movimiento obrero, seguida de la desaparici\u00f3n del \u00abobrero\u00bb y de una larga crisis econ\u00f3mica. Terminar\u00e9 introduciendo la noci\u00f3n de rechazo tal y como la presentaron Maurice Blanchot y Dionys Mascolo en 1958 cuando se enfrentaron al golpe de Estado de De Gaulle en plena guerra de Argelia. Quiz\u00e1s revisar la noci\u00f3n de rechazo nos permita acercarnos a nuestra situaci\u00f3n actual e identificar un nuevo enfoque para las dificultades que experimentamos hoy en d\u00eda.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>Chalecos amarillos<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">No cabe duda de que las protestas, manifestaciones y levantamientos masivos de la \u00faltima d\u00e9cada han diferido entre s\u00ed. Donatella Di Cesare tiene raz\u00f3n al preguntarse si podemos utilizar un \u00fanico t\u00e9rmino para estas luchas divergentes.<sup>16<\/sup> Hardt y Negri se\u00f1alaron en 2013 que \u00abcada una de estas luchas es singular y est\u00e1 orientada hacia condiciones locales espec\u00edficas\u00bb, pero tambi\u00e9n argumentaron que las protestas constitu\u00edan de hecho un \u00abnuevo ciclo de luchas\u00bb.<sup>17<\/sup> Di Cesare est\u00e1 de acuerdo. Muchas de las protestas se reconocieron mutuamente a trav\u00e9s de fronteras y contextos, con activistas de Occupy mencionando a los manifestantes de Tahrir en El Cairo, y revolucionarios egipcios pidiendo pizzas para los ocupantes del parque en Manhattan. Los revolucionarios sirios apoyaron al movimiento de los Chalecos Amarillos y proclamaron que \u00abnuestra lucha es com\u00fan. [\u2026] No se puede estar a favor de una revoluci\u00f3n en Siria y al mismo tiempo del lado de Macron\u00bb.<sup>18<\/sup> No s\u00f3lo los manifestantes se refer\u00edan unos a otros, sino que las protestas tambi\u00e9n compart\u00edan t\u00e1cticas: el enfoque utilizado en Egipto, que vio la ocupaci\u00f3n de plazas y glorietas, se extendi\u00f3 primero a Espa\u00f1a y Estados Unidos, y luego a Turqu\u00eda, Ucrania y Francia, entre otros lugares. M\u00e1s tarde, en 2019, las t\u00e1cticas de primera l\u00ednea de Hong Kong empezaron a extenderse a otros lugares.<sup>19<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s llamativas de este nuevo ciclo de protestas ha sido su escasa organizaci\u00f3n y la ausencia de reivindicaciones. Por supuesto, como se\u00f1alaron Hardt y Negri, pr\u00e1cticamente todos los levantamientos, manifestaciones y ocupaciones se dirigen contra condiciones locales o nacionales espec\u00edficas, pero en la gran mayor\u00eda de los casos las protestas recientes no han ido acompa\u00f1adas de reivindicaciones pol\u00edticas globales. En algunas protestas, esta falta de programa formaba parte de una t\u00e1ctica m\u00e1s elaborada, que englobaba diversas t\u00e1cticas de reuni\u00f3n interseccional inclusiva. \u00c9ste fue el caso, por ejemplo, del movimiento Occupy, que \u2014como sostiene Rodrigo Nunes\u2014 ten\u00eda una clara \u00abdimensi\u00f3n horizontal\u00bb. En otros casos, esta falta de programa ha parecido m\u00e1s bien una expresi\u00f3n de desesperaci\u00f3n o de aversi\u00f3n directa a la pol\u00edtica.<sup>20<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Un buen ejemplo es el movimiento de los chalecos amarillos. Las ocupaciones de glorietas en Francia comenzaron en noviembre de 2018 como protesta contra el recargo del impuesto sobre el combustible propuesto por el gobierno de Macron, que iba a entrar en vigor en 2019. Sin embargo, los manifestantes nunca presentaron nada de lo que pudiera decirse que constitu\u00eda una aut\u00e9ntica demanda pol\u00edtica que el gobierno de Macron pudiera cumplir. En este sentido, las protestas fueron antipol\u00edticas, entendidas no como una descripci\u00f3n peyorativa, sino como un t\u00e9rmino para el rechazo de la pol\u00edtica dominante. El descontento con el nuevo impuesto se extendi\u00f3 inmediatamente a la frustraci\u00f3n por la creciente desigualdad econ\u00f3mica y la brecha entre el campo y la ciudad. Hab\u00eda demasiadas reivindicaciones y ning\u00fan \u2014o demasiados\u2014 l\u00edderes o portavoces. Las protestas no adoptaron la forma que suelen adoptar las protestas pol\u00edticas en Francia, ni fueron mediadas por las organizaciones que tradicionalmente han asumido el papel de representantes de las clases sociales, los grupos pol\u00edticos y las profesiones. Ninguno de los principales partidos pod\u00eda afirmar con gran convicci\u00f3n que respond\u00eda a las protestas o que pod\u00eda mediar con veracidad en ellas, aunque tanto Marine Le Pen como Jean-Luc Melenchon intentaron posicionarse como la expresi\u00f3n pol\u00edtica leg\u00edtima de las ocupaciones, es decir, hasta que los manifestantes saquearon las tiendas de los Campos El\u00edseos y atacaron el Arco del Triunfo. Simplemente, era dif\u00edcil entender las protestas en el marco del sistema pol\u00edtico existente y su vocabulario. Los estudios sociol\u00f3gicos demostraron que muchos participantes no se defin\u00edan a s\u00ed mismos como significativamente pol\u00edticos, con un n\u00famero pr\u00e1cticamente igual de votantes de la Agrupaci\u00f3n Nacional y de lo que queda de la izquierda pol\u00edtica en Francia. Seg\u00fan el soci\u00f3logo Laurent Jeanpierre, los chalecos amarillos rompieron el marco de comprensi\u00f3n de los movimientos sociales en Francia al eludir las instituciones que hist\u00f3ricamente han mediado y gestionado las protestas pol\u00edticas.<sup>21<\/sup> Los ocupantes de las glorietas rechazaron no s\u00f3lo al gobierno de Macron, sino tambi\u00e9n \u00ablas pr\u00e1cticas habituales de movilizaci\u00f3n social\u00bb. Rehuyeron el movimiento obrero, ocuparon glorietas en el campo y zonas semiurbanas, y no se privaron de enfrentarse a la polic\u00eda y saquear comercios. Los pol\u00edticos y los medios de comunicaci\u00f3n se apresuraron a condenar los saqueos y las manifestaciones \u00absalvajes\u00bb y no supieron c\u00f3mo entablar un di\u00e1logo con la variopinta multitud de manifestantes. Los manifestantes eran tan heterog\u00e9neos que no fue posible que Macron, sus ministros, los pol\u00edticos locales o las distintas partes del sector p\u00fablico franc\u00e9s entablaran un di\u00e1logo pol\u00edtico con los chalecos amarillos. Macron acab\u00f3 retirando la subida de impuestos, pero la gente sigui\u00f3 saliendo a la calle. De este modo, los ocupantes de las glorietas no s\u00f3lo desafiaron el orden pol\u00edtico, sino que constituyeron, en palabras de Jeanpierre, un \u00abantimovimiento\u00bb.<sup>22<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En muchos sentidos, los chalecos amarillos ejemplifican el nuevo ciclo de protestas, muchas de las cuales han tenido lugar al margen de las formas y canales tradicionales de protesta, junto a los partidos pol\u00edticos y los sindicatos o en oposici\u00f3n directa a ellos. Es m\u00e1s revuelta que revoluci\u00f3n, escribe Di Cesare;<sup>23<\/sup> m\u00e1s anarquismo que comunismo, seg\u00fan Saul Newman.<sup>24<\/sup> Los manifestantes se han llenado de rabia, desesperaci\u00f3n y odio hacia el sistema pol\u00edtico establecido. Marcello Tar\u00ec describe las numerosas nuevas protestas como \u00abrevueltas destituyentes\u00bb, refiri\u00e9ndose a la noci\u00f3n benjaminiana de la <em>Entsetzung<\/em> de la huelga general. Como se\u00f1ala Tar\u00ec, los manifestantes no est\u00e1n exigiendo nada al sistema pol\u00edtico; al contrario, est\u00e1n retirando su apoyo, cancelando, por as\u00ed decirlo, su participaci\u00f3n en la democracia pol\u00edtica, sea cual sea la forma que adopte, desde T\u00fanez a Francia o Chile.<sup>25<\/sup> Como dicen los amigos de Tar\u00ec del Comit\u00e9 invisible en su informe sobre la primera oleada de protestas hasta 2014: \u00abNos quieren obligar a gobernar. No caeremos en esa provocaci\u00f3n\u00bb.<sup>26<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Los contornos clave de este nuevo ciclo de protestas pueden distinguirse ya a principios de la d\u00e9cada de 2000, antes de que se afianzaran realmente a finales de 2010-2011. En diciembre de 2001, cientos de miles de argentinos salieron a las calles para protestar contra los planes de austeridad del gobierno de De la R\u00faa, golpeando sartenes y cacerolas y gritando: \u00ab\u00a1Que se vayan todos! \u00bb. La econom\u00eda argentina estaba en ca\u00edda libre tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de privatizaciones corruptas llevadas a cabo por el ministro de Econom\u00eda del gobierno anterior, Domingo Cavallo, que gozaba de un fuerte respaldo del FMI y, por tanto, pod\u00eda gobernar sin distinci\u00f3n de partidos. De la R\u00faa hab\u00eda sido elegido en 1999 con una plataforma de cambio, pero pronto reinstal\u00f3 al destituido Cavallo, que sigui\u00f3 imponiendo la privatizaci\u00f3n y la austeridad. El desempleo aument\u00f3 y la pobreza se dispar\u00f3, pero no se produjo ning\u00fan cambio de pol\u00edtica. A finales de diciembre de 2001 estall\u00f3 la revuelta. Hubo enfrentamientos violentos, se saquearon supermercados y la polic\u00eda dispar\u00f3 a seis manifestantes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El colectivo activista argentino Colectivo Situaciones, que particip\u00f3 en los enfrentamientos de Buenos Aires, describi\u00f3 posteriormente lo ocurrido en diciembre como \u00abun levantamiento destituyente\u00bb. Los manifestantes no se posicionaron a favor de los pol\u00edticos de la oposici\u00f3n ni de otras partes del sistema pol\u00edtico argentino, y se abstuvieron de exigir una suavizaci\u00f3n del plan de austeridad del FMI, la posibilidad de retirar el dinero o cualquier otra cosa concreta. En su lugar, exigieron una ruptura con el sistema pol\u00edtico-econ\u00f3mico en general: \u00bbSi hablamos de insurrecci\u00f3n, entonces, no lo hacemos de la misma manera en que hemos hablado de otras insurrecciones [\u2026]. El movimiento del 19 y 20 [de diciembre] fue m\u00e1s una acci\u00f3n <em>destituyente<\/em> que un movimiento <em>instituyente<\/em> cl\u00e1sico\u00bb, escribe el Colectivo Situaciones.<sup>27<\/sup> Los que salieron a la calle a finales de diciembre en Buenos Aires y otras ciudades de Argentina rechazaron al gobierno y se negaron no s\u00f3lo a dar su apoyo a otros pol\u00edticos, sino tambi\u00e9n a <em>unirse como sujeto pol\u00edtico<\/em>, es decir, como personas que afirman su poder para derrocar el orden existente e instituir uno nuevo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Un elemento central del an\u00e1lisis del Colectivo Situaciones fue su identificaci\u00f3n de un alejamiento de la idea de establecer un contrapoder o poder \u00abdual\u00bb en el sentido marxista tradicional. Argumentaban que los manifestantes no intentaban derrocar al gobierno ni hacerse con el poder pol\u00edtico. Exig\u00edan no s\u00f3lo la dimisi\u00f3n de De la R\u00faa (que se produjo pocos d\u00edas despu\u00e9s), sino que todos los representantes pol\u00edticos renunciaran a sus mandatos. Todo el sistema pol\u00edtico ten\u00eda que irse. Tal y como lo describe el Colectivo Situaciones, se produjo una subjetivaci\u00f3n pol\u00edtica parad\u00f3jica en la que los manifestantes no se convirtieron en \u00abel pueblo\u00bb como forma de soberan\u00eda pol\u00edtica rechazando establecer algo nuevo. \u00abLa revuelta fue violenta. No s\u00f3lo derroc\u00f3 a un gobierno y se enfrent\u00f3 durante horas a las fuerzas represivas. Hubo algo m\u00e1s: Derrib\u00f3 las representaciones pol\u00edticas imperantes sin proponer otras\u00bb.<sup>28<\/sup> Lo que llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue la ausencia de una nueva constituci\u00f3n y de cualquier intento de tomar el poder.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si las semillas del modelo de insurgencia destituyente se sembraron en Argentina en 2001, fue en 2011 cuando empezaron a florecer. El Colectivo Situaciones escribi\u00f3 con perspicacia sobre las complejidades de describir el levantamiento de 2001, pero su naturaleza no se adaptaba a los conceptos que el Colectivo hab\u00eda adoptado del obrerismo italiano y del antiimperialismo latinoamerican\u00fam. El mismo reto se repite en el trabajo de muchos comentaristas y analistas que se ocupan de las nuevas revueltas. Un buen ejemplo es el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Alain Badiou, quien \u2014en una serie de libros y art\u00edculos desde 2011\u2014 da testimonio de la gran dificultad de analizar los levantamientos de 2011, las revueltas \u00e1rabes, los movimientos de ocupaci\u00f3n de plazas del sur de Europa y los chalecos amarillos.<sup>29<\/sup> Seg\u00fan Badiou, todos estos movimientos carecen de una idea. Salen a la calle para expresar su descontento, pero, seg\u00fan el veterano mao\u00edsta, no producen cambios porque no tienen una idea a la que ser fieles. Son protestas puramente negativas, y eso es un problema. Badiou quiere que los manifestantes desarrollen una estrategia, un nuevo proyecto comunista similar a los de Lenin, Stalin y Mao en su tiempo. Al hacerlo, revela su continuo apoyo a un modelo estatal de felicidad social: los chalecos amarillos y los dem\u00e1s movimientos de protesta carecen de disciplina y direcci\u00f3n, es decir, de organizaci\u00f3n. Badiou reprende a quienes toman las calles, golpe\u00e1ndoles en la cabeza con nociones heredadas de la pr\u00e1ctica revolucionaria. Al hacerlo, parad\u00f3jicamente acaba aprisionando a los manifestantes en una deficiencia hist\u00f3rica: no son un movimiento revolucionario precisamente porque no tienen una idea (del socialismo y el comunismo) particular (hist\u00f3ricamente comprometida).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El pedante an\u00e1lisis de Badiou sobre el nuevo ciclo de protestas es s\u00f3lo un ejemplo de las dificultades que muchos tienen cuando se enfrentan a las nuevas protestas y a su aparente falta de esl\u00f3ganes y gestos pol\u00edticos revolucionarios o reformistas reconocibles. El fallecido Zygmunt Bauman explicaba que los manifestantes \u00abbuscan medios nuevos y m\u00e1s eficaces para ganar influencia pol\u00edtica, pero [\u2026] todav\u00eda no se han encontrado esos m\u00e9todos\u00bb.<sup>30<\/sup> Con una mezcla de condena y resignaci\u00f3n, el historiador del arte ingl\u00e9s y antiguo situacionista T. J. Clark critic\u00f3 ir\u00f3nicamente a los j\u00f3venes que saquearon tiendas en Londres en 2011: rechazaban el capitalismo mercantil y, al mismo tiempo, lo afirmaban robando tenis y iPhones.<sup>31<\/sup> La conclusi\u00f3n parece ser que los manifestantes est\u00e1n atrapados en un circuito cerrado de im\u00e1genes y, como tales, no tienen acceso a una posici\u00f3n cr\u00edtica desde la que formular una cr\u00edtica coherente del orden actual. Badiou, Bauman y Clark tienen raz\u00f3n, pero su cr\u00edtica de los nuevos movimientos tiene un aire condescendiente y tiende a descartar las protestas con un apresurado an\u00e1lisis comparativo de momentos revolucionarios pasados. En su lugar, quiz\u00e1s deber\u00edamos, como el Colectivo Situaciones, hacer hincapi\u00e9 en el elemento de experimentaci\u00f3n e intentar describirlo. Hacerlo nos permitir\u00eda anclar las nuevas protestas en una trayectoria hist\u00f3rica m\u00e1s larga, en la que un vocabulario anterior desaparece a medida que cambia la econom\u00eda, pero sin culpar a las nuevas protestas por no continuar o reactivar formas anteriores de protesta. Lo cierto es que las condiciones pol\u00edtico-econ\u00f3micas han cambiado, erosionando las premisas de los modelos anteriores que Badiou y Clark a\u00f1oran. Lo interesante es c\u00f3mo los nuevos movimientos intentan formular una cr\u00edtica en una situaci\u00f3n de crisis radical y colapso.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>La larga crisis y la desaparici\u00f3n del obrero<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">La erosi\u00f3n del vocabulario hist\u00f3rico de la protesta debe enraizarse en una trayectoria hist\u00f3rica m\u00e1s larga. Esto es precisamente lo que los viejos intelectuales de izquierda no han hecho. Se trata de una trayectoria en la que el movimiento obrero occidental en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial tendi\u00f3 a fusionarse con la democracia pol\u00edtica. Como dijo con cierta pol\u00e9mica otro viejo pensador comunista, el operaista Mario Tronti, fue la democracia, no el capitalismo, lo que mat\u00f3 al movimiento obrero como alternativa disidente.<sup>32<\/sup> Como sabemos por otro fil\u00f3sofo italiano, el estalinista Domenico Losurdo, la burgues\u00eda luch\u00f3 ferozmente para evitar una transformaci\u00f3n socio-material en la que la propiedad de los medios de producci\u00f3n se convirtiera en una cuesti\u00f3n pol\u00edtica.<sup>33<\/sup> La democracia representativa se convirti\u00f3 en una forma de garantizar que esta cuesti\u00f3n nunca se formulara realmente, o al menos se formulara de una manera que nunca cuestionara la l\u00f3gica de acumulaci\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Durante el periodo de entreguerras, la visi\u00f3n de una sociedad diferente, m\u00e1s all\u00e1 del trabajo asalariado y la divisi\u00f3n del trabajo, empez\u00f3 a evaporarse lenta pero inexorablemente de los partidos socialdem\u00f3cratas europeos y desapareci\u00f3 para siempre en la sociedad de consumo de la posguerra. Las reformas del mercado laboral de los partidos socialistas \u2014ejemplificadas por las reformas Hartzen de Gerhard Schr\u00f6der en la d\u00e9cada de 1990\u2014 constituyeron la fase farsesca de esta evoluci\u00f3n. Si en la d\u00e9cada de 1840 la democracia era todav\u00eda un t\u00e9rmino para designar el gobierno de los pobres, y Marx y Engels pod\u00edan por tanto llamarse dem\u00f3cratas, en el siglo XX el significado del t\u00e9rmino se transform\u00f3 lentamente para significar gobierno de la mayor\u00eda y representaci\u00f3n. Esto implic\u00f3 la aplicaci\u00f3n de diversos procesos institucionales destinados a garantizar que los derechos de propiedad privada permanecieran intactos, de modo que la burgues\u00eda no s\u00f3lo mantuviera su poder econ\u00f3mico, sino que lo extendiera a la dimensi\u00f3n pol\u00edtica. Como Lenin nunca se cans\u00f3 de enfatizar, la burgues\u00eda tiene ventaja en la democracia porque posee \u00ab9\/10 de los mejores recintos de reuni\u00f3n, y 9\/10 de las existencias de peri\u00f3dicos, imprentas, etc.\u00bb.<sup>34<\/sup> Por lo tanto, contin\u00faa, en un acalorado debate en 1918 con socialdem\u00f3cratas alemanes como Kautsky y Schneidemann, las elecciones nunca tienen lugar \u00abdemocr\u00e1ticamente\u00bb. Los socialdem\u00f3cratas europeos no siguieron el consejo de Lenin, sino que empezaron a participar en la competici\u00f3n democr\u00e1tica nacional. Lo hicieron inicialmente porque cre\u00edan que la democracia era el terreno m\u00e1s favorable para el derrocamiento del capitalismo. Como es bien sabido, no result\u00f3 ser as\u00ed. Por eso Tronti juzga tan duramente la democracia nacional, describi\u00e9ndola como la perdici\u00f3n del movimiento obrero. En retrospectiva, est\u00e1 claro que la democracia pol\u00edtica transform\u00f3 al movimiento obrero de una fuerza disidente externa en parte integrante de un sistema pol\u00edtico-econ\u00f3mico basado en la explotaci\u00f3n y la acumulaci\u00f3n. Hay que reconocer que hasta despu\u00e9s de dos guerras mundiales, una profunda crisis econ\u00f3mica y la aparici\u00f3n del fascismo, la democracia pol\u00edtica no consigui\u00f3 mediar en la lucha entre el trabajo y el capital, y la burgues\u00eda empez\u00f3 a sentirse segura de la lealtad de las clases obreras a diversas comunidades nacionales. El conflicto dentro de la sociedad dividida en clases se resolvi\u00f3 con derechos pol\u00edticos, mercanc\u00edas baratas y bienestar.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Un relato m\u00e1s positivo de esta trayectoria hist\u00f3rica se encuentra en la obra de Michael Denning, quien sostiene que el movimiento obrero presion\u00f3 a la burgues\u00eda para que ampliara el sufragio y estableciera lo que \u00e9l denomina \u00abel Estado democr\u00e1tico\u00bb.<sup>35<\/sup> Denning interpreta el establecimiento de esta forma de Estado como una victoria, pero al mismo tiempo reconoce que esa victoria fue ef\u00edmera y, en retrospectiva \u2014es decir, despu\u00e9s de la globalizaci\u00f3n neoliberal (Denning llama al periodo desde mediados de la d\u00e9cada de 1970 \u00ablos nuevos cercamientos\u00bb, citando al colectivo Midnight Notes)\u2014, parece hueca. El establecimiento del Estado del bienestar, que \u00c9tienne Balibar denomina \u00abEstado-naci\u00f3n social\u00bb, fue una victoria para el movimiento obrero en la medida en que muchos m\u00e1s sujetos (en el \u00abPrimer Mundo\u00bb, es decir, Europa Occidental y Estados Unidos) no s\u00f3lo fueron reconocidos como sujetos pol\u00edticos (como ciudadanos), sino que tambi\u00e9n, en gran medida, obtuvieron acceso a empleos estables, educaci\u00f3n, cultura y bienes baratos producidos en masa.<sup>36<\/sup> El Estado-naci\u00f3n democr\u00e1tico emancip\u00f3 a las familias obreras surbanas de la pobreza provocada por la revoluci\u00f3n agraria y la industrializaci\u00f3n. Sin embargo, al mismo tiempo, tambi\u00e9n condujo al abandono gradual del sue\u00f1o de una superaci\u00f3n m\u00e1s radical de la sociedad capitalista, sus coacciones particulares y sus formas de alienaci\u00f3n. No s\u00f3lo la f\u00e1brica segu\u00eda siendo un infierno para muchas mujeres, j\u00f3venes e inmigrantes, sino que todos ellas segu\u00edan sometidas al dominio patriarcal tanto en casa como en el trabajo. Si a esto a\u00f1adimos la reestructuraci\u00f3n neocolonial de la econom\u00eda mundial despu\u00e9s de 1945, el Estado del bienestar de posguerra parece considerablemente menos admirable. El bienestar y la nacionalizaci\u00f3n \u00aben casa\u00bb fueron de la mano del neoimperialismo en las antiguas colonias, ejemplificado por el gobierno laborista \u00abprogresista\u00bb de Clement Attlee, que a finales de la d\u00e9cada de 1940 y principios de la de 1950 nacionaliz\u00f3 el servicio sanitario, el transporte y gran parte de la industria en Gran Breta\u00f1a, y sin embargo impuso sanciones a Ir\u00e1n cuando el reci\u00e9n elegido Primer Ministro Mohammad Mosaddeq nacionaliz\u00f3 la industria petrolera del pa\u00eds. M\u00e1s tarde, en colaboraci\u00f3n con Estados Unidos, el gobierno de Attlee ayud\u00f3 al ej\u00e9rcito iran\u00ed a llevar a cabo un golpe militar para reinstaurar al Sha.<sup>37<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La experimentaci\u00f3n de la d\u00e9cada de 1960 fue un intento de rechazar el poder gerontocr\u00e1tico y desafiar las r\u00edgidas instituciones del Estado del bienestar para dar un impulso est\u00e9tico a la vida cotidiana. Mayo de 1968 puede leerse como un intento de reactualizar la visi\u00f3n de una vida diferente como una revoluci\u00f3n social, en parte como un redescubrimiento de la ofensiva revolucionaria proletaria de 1917-1921. Sin embargo, estos experimentos segu\u00edan teniendo lugar en el marco de las ideas de transformaci\u00f3n socio-material a las que el movimiento obrero hab\u00eda formulado diversas respuestas a lo largo de los siglos XIX y XX con vistas a sustituir un poder (estatal) por otro.<sup>38<\/sup> La Nueva Izquierda era precisamente eso \u2014una nueva izquierda\u2014 o, como dijo Stuart Hall, la Nueva Izquierda trabajaba tanto con el marxismo como contra \u00e9l en un intento de desarrollarlo.<sup>39<\/sup> Para Hall y la Nueva Izquierda, el marxismo (entendido en sentido amplio como el proyecto reformista y revolucionario del movimiento obrero de abolir el capitalismo mediante otro tipo de gobierno) segu\u00eda siendo el horizonte. S\u00f3lo con el movimiento de 1977 en Italia surgi\u00f3 realmente una cr\u00edtica mordaz de la izquierda: \u00abDespu\u00e9s de Marx, abril\u00bb, como escribieron los indios metropolitanos en los muros de Bolonia en febrero de ese a\u00f1o.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El marxismo ya no es nuestro horizonte. Esto es lo que vemos en las nuevas protestas, que tienen lugar m\u00e1s all\u00e1 de la teor\u00eda de la lucha de clases, de la dictadura del proletariado y del proletariado como sujeto de la historia, y sin la enorme infraestructura institucional que el movimiento obrero construy\u00f3 en la sociedad capitalista. En un giro un tanto burdo y materialista, la industrializaci\u00f3n permiti\u00f3 al movimiento obrero asumir la lucha con la burgues\u00eda, ganar influencia y participar en la gesti\u00f3n de la producci\u00f3n nacional. Seg\u00fan John Clegg y Aaron Benanav de <em>Endnotes<\/em>, \u00abla industrializaci\u00f3n iba a ser el motor de la victoria incipiente de los obreros\u00bb, ya que trajo consigo un n\u00famero creciente de obreros industriales, una unidad creciente entre los obreros y un poder creciente de los obreros en la producci\u00f3n.<sup>40<\/sup> Sin embargo, ahora que la industrializaci\u00f3n parece haber terminado, el movimiento obrero, en las diversas formas desarrolladas a lo largo del siglo XX, ya no es capaz de organizar la oposici\u00f3n a la explotaci\u00f3n y al dominio del capital. Como han subrayado el marxista italiano Amadeo Bordiga y otros, el capitalismo es, ante todo, un proceso de subdesarrollo.<sup>41<\/sup> En la posguerra, el panorama era distinto. Si nos fijamos en la evoluci\u00f3n en Occidente, casi se nos podr\u00eda perdonar que pens\u00e1ramos que el capitalismo se dedicaba a hacer de la privaci\u00f3n material parte de la historia. Sin embargo, desde principios de la d\u00e9cada de 1970, el capital global ha estado atravesando una crisis prolongada \u2014lo que el comunista de izquierda Loren Goldner denomina \u00abel largo aterrizaje forzoso neoliberal\u00bb\u2014 con una ca\u00edda de la productividad y unas tasas de crecimiento que nunca alcanzaron los niveles del boom de la posguerra.<sup>42<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El grupo comunista de izquierda franc\u00e9s Th\u00e9orie communiste ha descrito esta transici\u00f3n como un abandono del \u00abprogramatismo\u00bb.<sup>43<\/sup> Desde mediados del siglo XIX hasta finales del XX, la revoluci\u00f3n era una cuesti\u00f3n de poder obrero. Consist\u00eda en que los obreros se afirmaran como tales, ya fuera mediante la dictadura del proletariado, los soviets o diversas formas de autogobiern\u00fam. La revoluci\u00f3n era un programa a realizar, que terminar\u00eda con la afirmaci\u00f3n del proletariado y la superaci\u00f3n de las contradicciones de la sociedad de clases. El obrero era el elemento positivo de esta contradicci\u00f3n, el que realizar\u00eda la sociedad futura. El programatismo, ya fuera reformismo socialista, leninismo, sindicalismo o comunismo consejista, se basaba en un v\u00ednculo entre la acumulaci\u00f3n de capital y la reproducci\u00f3n de la clase obrera. El desarrollo de los modos de producci\u00f3n capitalistas no hac\u00eda sino fortalecer a los trabajadores (aunque tambi\u00e9n \u00e9stos se ve\u00edan cada vez m\u00e1s explotados por la intensificaci\u00f3n de los procesos de trabajo). Sin embargo, seg\u00fan Th\u00e9orie communiste, este v\u00ednculo ya no existe. El obrero ha desaparecido y ya no constituye un punto de partida para la resistencia colectiva y organizada. Durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, el gran dispositivo creado por el movimiento obrero pas\u00f3 a formar parte del Estado social nacional y apareci\u00f3 cada vez menos como alternativa a nada. Posteriormente, como resultado de la amplia reorganizaci\u00f3n de la econom\u00eda que comenz\u00f3 a mediados de la d\u00e9cada de 1970, la identidad del obrero fue vaciada de contenido \u2014 un desarrollo a menudo denominado neoliberalismo, globalizaci\u00f3n o posfordismo. En los antiguos centros del capital, la reorganizaci\u00f3n adopt\u00f3 la forma de desindustrializaci\u00f3n, externalizaci\u00f3n, precarizaci\u00f3n, recortes en los programas de bienestar y una vasta expansi\u00f3n de la especulaci\u00f3n financiera, en la que la producci\u00f3n de valor se desvincul\u00f3 del proceso directo de producci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En el capitalismo tard\u00edo, el obrero ya no es una inversi\u00f3n, sino simplemente un gasto que hay que minimizar. La idea keynesiana de una compensaci\u00f3n entre salario y productividad fue sustituida por la b\u00fasqueda cada vez mayor de costos m\u00e1s bajos. Seg\u00fan Th\u00e9orie communiste, este cambio constituy\u00f3 una respuesta contrarrevolucionaria a la resistencia proletaria, y a mayo de 1968 en particular. Como ellos dicen: \u00abNo hay reestructuraci\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista sin derrota del obrero. Esta derrota fue una derrota de la identidad del obrero, de los partidos comunistas, de los sindicatos, de la autogesti\u00f3n, de la autoorganizaci\u00f3n y del rechazo del trabajo. Fue todo un ciclo de lucha derrotado en todos sus aspectos, la reestructuraci\u00f3n fue esencialmente una contrarrevoluci\u00f3n\u00bb.<sup>44<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sin embargo, como han demostrado economistas e historiadores como Ernst Mandel y Robert Brenner, esta reestructuraci\u00f3n no tuvo el efecto deseado, y la econom\u00eda mundial se ha venido contrayendo desde mediados de la d\u00e9cada de 1970.<sup>45<\/sup> La burgues\u00eda ha destruido m\u00e1s de lo que ha construido. \u00c9ste es el punto de la caracterizaci\u00f3n de Goldner de los \u00faltimos 40-50 a\u00f1os como un largo desmoronamiento o crisis, con el aumento del desempleo, la ca\u00edda de los salarios reales y los recortes en la reproducci\u00f3n social en Estados Unidos y Europa occidental. En muchas otras partes del mundo, la situaci\u00f3n ha sido mucho peor. Los procesos de modernizaci\u00f3n local en China y el Sudeste Asi\u00e1tico no pueden ocultarlo \u2014 e incluso all\u00ed, el n\u00famero de obreros y campesinos pobres ha aumentado exponencialmente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00c9ste es el trasfondo pol\u00edtico-econ\u00f3mico de la erosi\u00f3n del lenguaje anticapitalista que caracteriz\u00f3 los proyectos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX y del \u00abcorto\u00bb siglo XX, el \u00absiglo de los extremos\u00bb, como llam\u00f3 Eric Hobsbawm al periodo comprendido entre 1914 y 1989.<sup>46<\/sup> En t\u00e9rminos de Marx, la clase obrera y el proletariado comienzan a distanciarse durante la d\u00e9cada de 1970. As\u00ed, cuando el nuevo ciclo de protestas estall\u00f3 en 2011, lo hizo en un vac\u00edo hist\u00f3rico, \u00ablejos de Reims\u00bb y desplazado del movimiento obrero, de sus formas de resistencia y de la identidad del obrero.<sup>47<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por eso, la mayor\u00eda de las protestas no son protestas en los centros de trabajo, sino que adoptan la forma de protestas antipol\u00edticas o saqueos. Son lo que Joshua Clover, en un an\u00e1lisis hist\u00f3rico bastante esquem\u00e1tico, denomina \u00abluchas en torno a la circulaci\u00f3n\u00bb, en las que los manifestantes toman lo que pueden de las tiendas y del \u00abmercado\u00bb.<sup>48<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Siguiendo a Asef Bayat, que describe las revueltas \u00e1rabes como \u00abrevoluciones sin revolucionarios\u00bb, <em>Endnotes<\/em> ha sugerido describir los nuevos movimientos de protesta como \u00abno movimientos\u00bb que producen \u00abrevolucionarios sin revoluci\u00f3n\u00bb.<sup>49<\/sup> <em>Endnotes<\/em> tambi\u00e9n describe con entusiasmo c\u00f3mo muchas de las protestas de la \u00faltima d\u00e9cada han surgido de la nada. Un estudiante de secundaria chileno publica una convocatoria de manifestaci\u00f3n en Facebook, movilizando a decenas de miles de manifestantes. Una matanza policial estalla r\u00e1pidamente en las protestas m\u00e1s violentas de la historia reciente de Estados Unidos desde finales de la d\u00e9cada de 1960. Un camionero franc\u00e9s, haciendo carreras callejeras en su coche tuneado, convoca una protesta contra los nuevos impuestos del gobierno de Macron y re\u00fane m\u00e1s de 300 000 firmas en cuesti\u00f3n de d\u00edas. Cada vez, las protestas parecen surgir muy al margen de los partidos y sindicatos preexistentes, que \u2014en el mejor de los casos\u2014 s\u00f3lo pueden tratar de conectar con estas movilizaciones o intentar aprovechar la energ\u00eda que generan. Sin embargo, incluso eso resulta dif\u00edcil. El destino de los diversos partidos pol\u00edticos antipol\u00edticos, sin olvidar a Podemos y Syriza, es testimonio de ello. Tal y como est\u00e1n las cosas, no son m\u00e1s que \u00absocialdemocracias d\u00e9biles\u00bb.<sup>50<\/sup> Sencillamente, es dif\u00edcil trasladar los \u00abno movimientos\u00bb a la pol\u00edtica estatal. La gran mayor\u00eda de los participantes no pertenecen a organizaciones existentes, sino que protestan m\u00e1s all\u00e1 del horizonte pol\u00edtico actual. Se trata de un \u00abproceso\u00bb en el sentido descrito por Ver\u00f3nica Gago en su an\u00e1lisis del movimiento Ni Una Menos. Supone cruzar una l\u00ednea a partir de la cual no parece haber posibilidad de volver a las formas pol\u00edticas rechazadas.<sup>51<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><em>Endnotes<\/em> es, por supuesto, afirmativo con respecto a la autonom\u00eda de las protestas. Siguiendo a comunistas de izquierda como Jacques Camatte, <em>Endnotes<\/em> escribe que las protestas parecen caracterizarse ahora por una din\u00e1mica inmanente por la que producen sus propios sujetos. Sin embargo, como indica el t\u00e9rmino \u00abno-movimiento\u00bb, este an\u00e1lisis se caracteriza, como ha argumentado Kiersten Solt, por una cierta melancol\u00eda: las protestas tienen lugar, pero carecen de forma, no constituyen un movimiento.<sup>52<\/sup> La crisis del capital empuja a la gente a las calles, pero como ya no existe un movimiento obrero organizado, ni ninguna noci\u00f3n de los obreros o los trabajadores como proletariado, las protestas se ven atrapadas en una autorreflexi\u00f3n identitaria, en la que la lucha de clases se ha convertido en resistencia individual, representada conjuntamente en las calles. Las protestas no constituyen un movimiento en el sentido en que lo hicieron tanto el movimiento obrero establecido como el \u00abotro movimiento obrero\u00bb.<sup>53<\/sup> M\u00e1s bien, se caracterizan ante todo por la desintegraci\u00f3n y la fragmentaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sin embargo, tal vez deber\u00edamos ver la ausencia del movimiento obrero como una condici\u00f3n previa para las nuevas protestas y no como un defecto.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Judith Butler lo intenta en su an\u00e1lisis de los movimientos de okupaci\u00f3n, en el que habla de la precariedad como condici\u00f3n de posibilidad de un nuevo sujeto de resistencia: \u00abLa precariedad es la r\u00fabrica que re\u00fane a las mujeres, lxs queer, lxs transg\u00e9nero, los pobres, las personas con capacidades diferentes y los ap\u00e1tridas, pero tambi\u00e9n a las minor\u00edas religiosas y raciales\u00bb.<sup>54<\/sup> Butler muestra c\u00f3mo el sujeto de las nuevas protestas tiene que luchar necesariamente por una comunalidad que trascienda el caso individual. Sin embargo, no explica realmente c\u00f3mo se vinculan lo particular y lo universal \u2015\u00bfmediante actos de voluntad o como resultado de procesos materiales?\u2015 y, lamentablemente, ancla su an\u00e1lisis en el marco de la representaci\u00f3n pol\u00edtica y la democracia. La cuesti\u00f3n, sin embargo, es que no hay necesidad de mirar atr\u00e1s con nostalgia, como hace <em>Endnotes<\/em> en \u00abAdelante b\u00e1rbaros\u00bb, ya que el movimiento obrero normalmente ha impedido hist\u00f3ricamente que el proletariado se convirtiera en la clase destructora de la clase. El comunismo es \u00abuna derrota desde dentro\u00bb: \u00e9sta fue la lecci\u00f3n que Walter Benjamin extrajo del <em>putsch<\/em> de Kapp-L\u00fcttwitz y de la matanza del levantamiento del Ruhr en 1920.<sup>55<\/sup> Los comunistas de izquierda como Camatte son sin duda muy conscientes de este hecho.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>La est\u00e9tica del rechazo<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">Si queremos complementar la descripci\u00f3n m\u00e1s sociol\u00f3gica y melanc\u00f3lica que hace <em>Endnotes<\/em> de las nuevas protestas con una terminolog\u00eda menos derrotista y pol\u00edtico-est\u00e9tica, podemos remontarnos a finales de la d\u00e9cada de 1950, cuando Maurice Blanchot, junto con Dionys Mascolo y otros, intentaron pensar en la posibilidad de otra nueva forma de resistencia, al margen del movimiento obrero, del Estado y de la pol\u00edtica en general. A lo largo de la historia del movimiento obrero y de la tradici\u00f3n revolucionaria, ha habido muchos intentos de eludir las instituciones del movimiento, desde huelgas salvajes hasta acciones de bricolaje. Sin embargo, este socialismo salvaje \u2014que en el caso de Blanchot y Mascolo podr\u00edamos llamar comunismo literario\u2014 se ha visto normalmente eclipsado por el movimiento obrero establecido.<sup>56<\/sup> Lo vemos en <em>Endnotes<\/em>, que analiza melanc\u00f3licamente las deficiencias de las nuevas protestas con el trasfondo de la desaparici\u00f3n del \u00abobrero\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En dos breves textos de mayo de 1958, Blanchot y Mascolo desarrollan una noci\u00f3n de rechazo radical en respuesta al golpe de Estado de De Gaulle a principios del verano de ese a\u00f1o.<sup>57<\/sup> El viejo general hab\u00eda utilizado eficazmente la lucha de liberaci\u00f3n argelina, que parec\u00eda a punto de extenderse a Francia, para maniobrar y hacerse con la presidencia. Los colonos y el ej\u00e9rcito franc\u00e9s en Argelia se hab\u00edan sublevado y amenazaban con invadir Par\u00eds si de Gaulle no era investido jefe de gobiern\u00fam. La amenaza de invasi\u00f3n llev\u00f3 al presidente Ren\u00e9 Coty no s\u00f3lo a dimitir, sino tambi\u00e9n a suplicar al parlamento que permitiera a De Gaulle establecer un gobierno de emergencia temporal con amplios poderes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Los acelerados acontecimientos de mayo-junio de 1958 llevaron a Blanchot y Mascolo a formular una noci\u00f3n de rechazo radical. Ante esta situaci\u00f3n, Mascolo \u2014antiguo resistente expulsado del Partido Comunista Franc\u00e9s, editor en Gallimard y fil\u00f3sofo que escrib\u00eda muy poco\u2014 lanza, en colaboraci\u00f3n con el joven surrealista Jean Schuster, la revista <em>Le 14 Juillet<\/em> para hacer frente a la situaci\u00f3n. En el primer n\u00famero, Mascolo contribuye con un breve texto titulado \u00abRechazo incondicional\u00bb, en el que escribe: \u00abNo puedo, nunca aceptar\u00e9 esto\u00bb.<sup>58<\/sup> Para Mascolo, el rechazo estaba directamente relacionado no s\u00f3lo con los soldados que desertaron del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, sino tambi\u00e9n con los revolucionarios argelinos que se negaron a hablar bajo interrogatorio: \u00abHablar as\u00ed en realidad, decir que no, y justificar este rechazo, es negarse a hablar \u2014 me refiero a negarse a hablar con el interrogador, y si est\u00e1 autorizado a hacer esa afirmaci\u00f3n, bajo tortura\u00bb.<sup>59<\/sup> Mascolo no podr\u00eda haber problematizado de forma m\u00e1s contundente el consenso antifascista sobre el que descansaba la opini\u00f3n pol\u00edtica de posguerra \u2015 y del que el Partido Comunista Franc\u00e9s formaba parte. Francia ten\u00eda que salir de Argelia. Los revolucionarios argelinos ten\u00edan derecho a rebelarse. De hecho, su lucha no era muy diferente de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. En su breve texto, Mascolo present\u00f3 una perspectiva que hac\u00eda importante hablar claro, obligando de hecho al intelectual a tomar posici\u00f3n, r\u00e1pida e inmediatamente, contra la sociedad, en favor de otra comunidad fundada en el rechazo \u2014o la imposibilidad\u2014 de aceptar los acontecimientos. \u00abNo puedo, nunca aceptar\u00e9 esto. <em>Non possumus<\/em>. Esta imposibilidad, o esta impotencia, que es nuestro poder mismo\u00bb.<sup>60<\/sup> Era necesario rechazar la \u00absoluci\u00f3n\u00bb pol\u00edtica \u2014De Gaulle de nuevo en el poder\u2014, incluso sin poner otra cosa en su lugar.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En el siguiente n\u00famero de la revista, Blanchot contribuy\u00f3 con un breve texto titulado \u00abEl rechazo\u00bb. \u00abEn un momento dado, ante los acontecimientos p\u00fablicos, sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categ\u00f3rico. No discute ni expresa sus razones. As\u00ed es como permanece silencioso y solitario, incluso cuando se afirma, como debe ser, a plena luz del d\u00eda\u00bb.<sup>61<\/sup> Blanchot rechaz\u00f3. Dijo n\u00fam. Un no \u00abfirme, inquebrantable, estricto\u00bb. Blanchot no s\u00f3lo rechaz\u00f3 a De Gaulle, sino la pol\u00edtica en general. Fue lo que m\u00e1s tarde describi\u00f3 como \u00abuna cr\u00edtica total\u00bb, dirigida contra el orden tecno-pol\u00edtico de la pol\u00edtica y el Estado.<sup>62<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El rechazo fue absoluto. No invitaba a negociar. No propon\u00eda nada. Para los que rechazaban, no hab\u00eda compromiso. De Gaulle era el compromiso. La amenaza de ocupaci\u00f3n militar de Par\u00eds formaba parte del compromiso que permiti\u00f3 a De Gaulle aparecer como una soluci\u00f3n, como si hubiera llegado al poder de forma natural. Simplemente estaba <em>ah\u00ed<\/em>. Una vez m\u00e1s, fue el salvador de Francia. En 1958 como en 1940. Blanchot rechaz\u00f3 todo este proceso. El juego pol\u00edtico. Coty, Mitterrand, De Gaulle y los militares. No hab\u00eda necesidad de explicar su rechazo. Era absoluto.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Blanchot rechaz\u00f3 a De Gaulle y la falsa elecci\u00f3n entre la guerra civil o el general \u2014la guerra civil ya estaba en marcha en Argelia y continu\u00f3 tras la llegada de De Gaulle al poder\u2014, pero tambi\u00e9n rechaz\u00f3 formular una reivindicaci\u00f3n pol\u00edtica, un camino diferente, una soluci\u00f3n distinta. El rechazo fue \u00absilenciosa\u00bb. En este sentido, hab\u00eda una diferencia entre el rechazo de Blanchot y otras intervenciones contempor\u00e1neas (Roland Barthes, <em>Socialisme ou Barbarie<\/em>, los situacionistas, etc.) que adoptaron la forma de an\u00e1lisis pol\u00edticos y movilizaci\u00f3n. Blanchot no se moviliz\u00f3. El rechazo fue, por supuesto, una intervenci\u00f3n pol\u00edtica o, al menos, una intervenci\u00f3n en pol\u00edtica. Anteriormente, Blanchot se hab\u00eda abstenido expl\u00edcitamente de participar en el debate pol\u00edtico.<sup>63<\/sup> O mejor dicho, n\u00fam. El rechazo no era un compromiso con la pol\u00edtica, sino una anulaci\u00f3n de lo pol\u00edtico y de la l\u00f3gica de la representaci\u00f3n que rige la pol\u00edtica.<sup>64<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El rechazo no dio lugar a una comunidad pol\u00edtica en ning\u00fan sentido tradicional. No hab\u00eda identidad, ni naci\u00f3n, ni rep\u00fablica, ni siquiera una clase obrera, ni un programa en torno al cual pudiera unirse la comunidad. El rechazo era an\u00f3nimo. No presentaba un programa que pudiera situarse junto a los existentes. No entr\u00f3 en un debate pol\u00edtico. M\u00e1s bien se retir\u00f3. Como dijo Blanchot, \u00abel rechazo no lo hacemos nosotros ni en nuestro nombre, sino que parte de un principio muy pobre que pertenece en primer lugar a los que no pueden hablar\u00bb.<sup>65<\/sup> El rechazo fue, por tanto, una declaraci\u00f3n muda. Se\u00f1alaba una laguna en la representaci\u00f3n y no se refer\u00eda a ning\u00fan sujeto pol\u00edtico reconocible.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En estos dos breves textos, Blanchot y Mascolo esbozan un tipo diferente de movimiento, un movimiento que rechaza, que rompe con el Estado pero tambi\u00e9n con la noci\u00f3n de pol\u00edtica como una nueva constituci\u00f3n, una revisi\u00f3n de la ley, una nueva ley o un nuevo gobiern\u00fam. Es un tipo extra\u00f1o de movimiento revolucionario que no se reconoce en un programa o un partido, que no tiene una lista de miembros, que emerge sin ofrecer promesas, sin la posibilidad de unirse a \u00e9l. A principios de la d\u00e9cada de 1980, Blanchot, en di\u00e1logo con Jean-Luc Nancy, lo llam\u00f3 \u00abla comunidad inconfesable\u00bb, una comunidad a la que uno no puede unirse ni afirmar como gesto pol\u00edtico. El rechazo es un gesto antag\u00f3nico que abandona tanto el <em>telos<\/em> como el <em>arch\u00e9<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por supuesto, el rechazo de Blanchot y Mascolo se inspira y forma parte de la vanguardia euromodernista y de su contribuci\u00f3n a la noci\u00f3n de revoluci\u00f3n comunista. Los movimientos de vanguardia, desde el dad\u00e1 y el surrealismo hasta la Internacional Situacionista, ampliaron la noci\u00f3n de revoluci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, haciendo hincapi\u00e9 en que la transformaci\u00f3n socio-material debe ir necesariamente acompa\u00f1ada de una reorganizaci\u00f3n psicol\u00f3gica. Se trataba de entender la revoluci\u00f3n como un proceso abierto, un experimento en el que no hay un plan que seguir ni un programa que realizar. El proceso revolucionario es a la vez material y metaf\u00edsico. Afecta al hombre, a la sociedad y a la naturaleza. En retrospectiva, podemos decir que la vanguardia y el arte experimental formaron una parte importante, a menudo ignorada, de la tradici\u00f3n revolucionaria.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Como explic\u00f3 Debord en <em>La sociedad del espect\u00e1culo<\/em>, el dad\u00e1 y el surrealismo no s\u00f3lo fueron contempor\u00e1neos de la ofensiva revolucionaria proletaria de los a\u00f1os posteriores a 1917, sino que formaron parte de ella. Entre otras cosas, su contribuci\u00f3n fue dejar claro que la revoluci\u00f3n no es simplemente una cuesti\u00f3n de qui\u00e9n tiene el poder, o de c\u00f3mo se gestiona la producci\u00f3n, sino que concierne a toda la vida humana.<sup>66<\/sup> Por eso los surrealistas trataron de liberar <em>le merveilleux<\/em> (lo maravilloso) y entraron en una colaboraci\u00f3n imposible con el Partido Comunista Franc\u00e9s: \u00abRimbaud y Marx\u00bb codo con codo, como proclam\u00f3 Breton.<sup>67<\/sup> Imposible porque la Revoluci\u00f3n Rusa se descarril\u00f3 r\u00e1pidamente: los bolcheviques se hicieron con el poder e hicieron todo lo posible por conservarlo, incluyendo aplastar al anarquista Mahkno y a los marineros en huelga de Kronstadt, militarizar la sociedad, abolir violentamente el campesinado, implantar una industrializaci\u00f3n ecol\u00f3gicamente desastrosa y destruir una aventura revolucionaria tras otra a trav\u00e9s de la Comintern y los partidos comunistas nacionales, siendo el franc\u00e9s un ejemplo de ello. Los surrealistas se dieron cuenta de que la aventura revolucionaria s\u00f3lo pod\u00eda tener lugar fuera del Partido Comunista mediante lo que los situacionistas llamaron m\u00e1s tarde, tras el fin del modernismo, el \u00abarte de la guerra\u00bb. Tras la Segunda Guerra Mundial, CoBrA, los grupos letristas y los situacionistas continuaron el experimento antiart\u00edstico y antipol\u00edtico, en el que la \u00abcr\u00edtica de la vida cotidiana\u00bb se convirti\u00f3 en un intento de abolir el arte y la pol\u00edtica como actividades especializadas en favor de la satisfacci\u00f3n de las necesidades radicales de la humanidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Con Blanchot y Mascolo, estamos ante una idea diferente de revoluci\u00f3n, en la que la revoluci\u00f3n no termina con el establecimiento de un nuevo r\u00e9gimen.<sup>68<\/sup> No se trata de tomar el poder, sino de disolverlo. Si es un poder, es un poder que disuelve el poder \u2014 \u00ab<em>pouvoir sans pouvoir<\/em>\u00bb (\u00abpoder sin poder\u00bb), como lo llama Blanchot.<sup>69<\/sup> Es una idea de revoluci\u00f3n que no puede formularse como una nueva constituci\u00f3n, que no puede manifestarse en forma de derechos. Es el movimiento como comunidad posmetaf\u00edsica, sin unidad ni programa, en la que todos los sujetos pol\u00edticos (el ciudadano, el obrero, la vanguardia, la multitud) se desintegran, y donde la revoluci\u00f3n no es un objetivo a realizar sino una verdad a habitar aqu\u00ed y ahora. Es lo que Tar\u00ec y el Comit\u00e9 invisible llaman \u00abinsurrecci\u00f3n destituyente\u00bb.<sup>70<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Mi propuesta es complementar los muchos y buenos an\u00e1lisis del nuevo ciclo de protestas (Tar\u00ec, el Comit\u00e9 invisible, Juhl, Di Cesare y Jeanpierre) con los intentos de Blanchot y Mascolo de inspirar un movimiento de rechazo. Hacerlo as\u00ed permite analizar el nuevo ciclo de protestas sin tener que referirse a la desaparici\u00f3n del movimiento obrero como una p\u00e9rdida, como tiende a hacer <em>Endnotes<\/em>. Las nuevas protestas se producen en la estela del programatismo, pero no necesitamos sostener las diferentes formas y estrategias pol\u00edticas del movimiento obrero como un prisma a trav\u00e9s del cual interpretar lo que ha tenido lugar desde 2011. De hecho, como sostiene Solt en sus <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2141\">\u00abSiete tesis sobre la destituci\u00f3n\u00bb<\/a>, esto impide analizar lo que est\u00e1 ocurriendo y reduce la revoluci\u00f3n a un proyecto de izquierdas.<sup>71<\/sup> En lugar de pensar en el nuevo ciclo de protestas como un no-movimiento, tenemos que entenderlo como un movimiento radicalmente abierto. Es lo que Giorgio Agamben, en una conferencia sobre movimientos, refiri\u00e9ndose a san Pablo, ha hablado de un movimiento <em>h\u014ds m\u0113<\/em>, un movimiento \u00abcomo no\u00bb \u2014 es decir, un movimiento que no afirma una identidad.<sup>72<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Un punto importante en los esbozos de Blanchot y Mascolo es la autonom\u00eda que, seg\u00fan ellos, caracteriza las protestas y las revueltas. Como escribe Carsten Juhl, cuando una protesta se convierte en un levantamiento, se convierte en su propio sustrato.<sup>73<\/sup> Es inmanente, es decir, se construye a s\u00ed misma, pero sin perspectiva de redenci\u00f3n. Crea lo que los situacionistas llamaban \u00abvac\u00edos positivos\u00bb, en los que \u00abtodo lo que se hace tiene un valor en s\u00ed mismo\u00bb, como escribe Furio Jesi en su an\u00e1lisis del levantamiento berlin\u00e9s de 1919.<sup>74<\/sup> <em>Endnotes<\/em> coincide en \u00abAdelante b\u00e1rbaros\u00bb, subrayando que algo nuevo sucede en las calles cuando la gente se une de repente y desaf\u00eda al poder. En otras palabras, las protestas tienen autonom\u00eda, una autonom\u00eda que corremos el riesgo de perder cuando pensamos necesariamente en la protesta disidente en t\u00e9rminos de un continuo de organizaciones pol\u00edticas existentes (o ausentes).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Las nuevas protestas tienen lugar en la disoluci\u00f3n de los ismos anteriores: socialismo, comunismo, anarquismo, leninismo, mao\u00edsmo, etc. Esto es lo que a Badiou le resulta tan dif\u00edcil de entender. Incluso a <em>Endnotes<\/em> le cuesta afirmar esta desaparici\u00f3n. Las nuevas protestas son an\u00f3nimas, y lo primero que desaparece es el yo. En un mundo atomizado, tardocapitalista, caracterizado por la r\u00e1pida fijaci\u00f3n de la identidad, la individualidad es, por supuesto, inmediatamente reintroducida. El fascismo tard\u00edo es una expresi\u00f3n desesperada de esto, pero tambi\u00e9n lo es la mercantilizaci\u00f3n de la protesta, el bloque negro frente a los manifestantes no violentos, etc. Nosotros, por lo tanto, empezamos con esto: el levantamiento es un rechazo de la sociedad y de la individualidad basada en la mercanc\u00eda. Es una disoluci\u00f3n del yo como individualidad y como punto de vista pol\u00edtico, como firma. Aunque la gente salga a la calle de acuerdo con su identidad (pol\u00edtica), se produce un cambio una vez que la revuelta se pone en marcha. La gente no sale a la calle como individuo, clase o masa. Las protestas son radicalmente inestables. Disipan la familiaridad de la vida tardocapitalista y disuelven todas las identidades de que disponemos. Es el \u00abpobre comienzo\u00bb que describ\u00eda Blanchot, el rechazo no articulado. En este sentido, el movimiento que se produce es un desembarco, el comienzo de una huida m\u00e1s amplia. En \u00e9l, nadie est\u00e1 interesado en convertirse en \u00abel socio menor de la sociedad civil\u00bb.<sup>74<\/sup> M\u00e1s bien, se alejan de la comunidad del capital, la econom\u00eda monetaria, el Estado y el movimiento obrero \u2014 estos dos \u00faltimos no son m\u00e1s que \u00abuna f\u00e1bula para incautos\u00bb.<sup>75<\/sup><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: right\">Octubre de 2023<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>1<\/sup> Alain Bertho, Le temps des \u00e9meutes, Bayard, 2009.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>2<\/sup> Dilip Gaonkar, \u00abDemos Noir: Riot after Riot\u00bb, en Natasha Ginwala, Gal Kirn y Niloufar Tajeri (eds.), <em>Nights of the Dispossessed. Riots Unbound<\/em>, Columbia University Press, 2021, p. 31.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>3<\/sup> <em>Cf<\/em>. Beverly J. Silver y Corey R. Payne, \u00abCrises of World Hegemony and the Speeding Up of History\u00bb, Piotr Dutkiewicz, Tom Casier y Jan Scholte (eds.), <em>Hegemony and World Order<\/em>, Routledge, 2020, pp. 17-31.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>4<\/sup> Mark Fisher, <em>Capitalist Realism. Is There no Alternative?<\/em>, Zero Books, 2010.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>5<\/sup> <em>Cf<\/em>. Robin Wright, \u00abThe Story of 2019: Protests in Every Corner of the Globe\u00bb, en <em>The New Yorker<\/em>, 30 de diciembre de 2019. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.newyorker.com\/news\/our-columnists\/the-story-of-2019-protests-in-every-corner-of-the-globe\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>6<\/sup> El bordiguista dan\u00e9s Carsten Juhl utiliza la expresi\u00f3n \u00ab<em>Bildung<\/em> (educaci\u00f3n) clandestina\u00bb para describir las nuevas protestas y la perspectiva revolucionaria latente que se observa en ellas. Puede resultar dif\u00edcil ver c\u00f3mo una protesta es reprimida o se extingue antes de que surja la siguiente en un lugar diferente, pero la idea de Juhl es que pr\u00e1cticamente constituyen la aparici\u00f3n de un nuevo proletariado fantasmal. Carsten Juhl, <em>Opstandens underlag<\/em>, OVO Press, 2021, p. 35. En muchos lugares, los confinamientos s\u00ed interrumpieron las revueltas que estaban en marcha, y el r\u00e9gimen antirrebeli\u00f3n que se puso en marcha durante la d\u00e9cada de 2000 tras el 11 de septiembre de 2001 se llev\u00f3 un paso m\u00e1s all\u00e1. Sin embargo, la interrupci\u00f3n no dur\u00f3 mucho.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>7<\/sup> Evidentemente, no existe una relaci\u00f3n causal directa entre las crisis econ\u00f3micas y las protestas masivas que se convierten en revueltas o revoluciones. En el periodo de entreguerras, toda una generaci\u00f3n de marxistas tuvo que aceptar el hecho de que la \u00abpol\u00edtica\u00bb no gira necesariamente a la izquierda cuando lo hace la \u00abeconom\u00eda\u00bb. Las protestas no pueden reducirse a hechos \u00abecon\u00f3micos\u00bb o \u00absociol\u00f3gicos\u00bb que puedan entenderse como indicadores de causalidad. De hecho, es dif\u00edcil identificar el \u00aborigen\u00bb de una protesta. Como explic\u00f3 Walter Benjamin en <em>Tesis sobre el concepto de historia<\/em>, las insurrecciones cortocircuitan tanto el pasado como el presente, y suspenden la continuidad hist\u00f3rica. Siguiendo a Benjamin, Adrian Wohlleben describe este proceso como uno en el que las formas de vida \u00abpotencialmente pol\u00edticas\u00bb o \u00abantepol\u00edticas\u00bb se movilizan y se ponen al servicio de las protestas. Adrian Wohlleben, \u00abMemes sin fin\u00bb, en <em>Artiller\u00eda inmanente<\/em>, 27 de septiembre de 2021. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2317\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>8<\/sup> Deutsche Bank, \u00abThe Age of Disorder\u00bb, 2020, en el sitio web de Deutsche Bank. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/flow.db.com\/more\/macro-and-markets\/the-age-of-disorder\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>9<\/sup> Gianfranco Sanguinetti, <em>Informe ver\u00eddico sobre las \u00faltimas oportunidades de salvar el capitalismo en Italia<\/em>, Melusina, 2016.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>10<\/sup> George Hoare, Philip Cunliffe y Alex Hochuli, <em>The End of the End of History. Politics in the Twenty-First Century<\/em>, Zero Books, 2021, pp. 73-76.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>11<\/sup> SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), \u00abTrends in World Military Expenditure, SIPRI Fact Sheet, April 2021\u00bb, 2022. En l\u00ednea <a href=\"http:\/\/www.sipri.org\/sites\/default\/files\/2022-04\/fs_2204_milex_2021_0.pdf\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>12<\/sup> An\u00f3nimo, <em>Conspiracist Manifesto<\/em>, trad. de Robert Hurley, Semiotexte, 2023, pp. 353-354.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>13<\/sup> Jacques Wajnsztejn y C. Gzavier, <em>La tentation insurrectioniste<\/em>, Acratie, 2012, p. 7. Despectivamente, porque dentro del comunismo de izquierda, describir algo como un \u00abismo\u00bb es lo mismo que describirlo como un estilo o una ideolog\u00eda.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>14<\/sup> Slavoj \u017di\u017eek, <em>The Year of Dreaming Dangerously<\/em>, Verso, 2012, p. 54.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>15<\/sup> Fredric Jameson, <em>The Seeds of Time<\/em>, Columbia University Press, 1994, p. xii.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>16<\/sup> Donatella Di Cesare, <em>The Time of Revolt<\/em>, trad. de David Broder, Polity, 2022, p. 8.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>17<\/sup> Michael Hardt y Antonio Negri, <em>Declaration<\/em>, Argo Navis, 2013, p. 4.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>18<\/sup> Des r\u00e9volutionnaires syriens et syriennes en exil, \u00abLes peuples veulent la chute des r\u00e9gimes\u00bb, en <em>Lundi Matin<\/em>, 14 de diciembre de 2018. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/lundi.am\/les-peuples-veulent-la-chute-des-regimes\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>19<\/sup> Para un an\u00e1lisis \u00fatil de la difusi\u00f3n de las t\u00e1cticas, v\u00e9ase S. Prasad, \u00abBlood, Flowers and Pool Parties\u00bb, en <em>Ill Will<\/em>, 2 de enero de 2023. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/illwill.com\/blood-flowers-and-pool-parties\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>20<\/sup> Rodrigo Nunes, <em>Neither Vertical nor Horizontal. A Theory of Political Organisation<\/em>, Verso, 2021.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>21<\/sup> Laurent Jeanpierre, <em>In Girum. Les lec\u0327ons politiques des ronds-points<\/em>, La De\u0301couverte, 2019, p. 19.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>22<\/sup> Jeanpierre, <em>In girum<\/em>, p. 19.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>23<\/sup> Di Cesare, <em>The Time of Revolt<\/em>, p. 10.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>24<\/sup> Saul Newman, <em>Postanarchism<\/em>, Polity, 2016, p. 49.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>25<\/sup> Marcello Tar\u00ec, <em>There is no Unhappy Revolution. The Communism of Destitution<\/em>, trad. de R. Braude, Common Notions, 2021.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>26<\/sup> The Invisible Committee, <em>To Our Friends<\/em>, trad. de R. Hurley, Semiotexte, 2014.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>27<\/sup> Colectivo Situaciones, <em>19 and 20. Notes for a New Social Protagonism, Minor Compositions<\/em>, 2011, p. 52. Traducci\u00f3n modificada.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>28<\/sup> Colectivo Situaciones, <em>19 and 20<\/em>, p. 26.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>29<\/sup> Alain Badiou, <em>The Rebirth of History: Times of Riots and Uprisings<\/em>, Verso, 2012; <em>Greece and the Re-invention of Politics<\/em> [2016]; \u00abLessons of the Yellow Vests Movement\u00bb [2021], Verso blog. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.versobooks.com\/en-gb\/blogs\/news\/4327-alain-badiou-lessons-of-the-yellow-vests-movement\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>30<\/sup> Zygmunt Bauman, \u00abFar Away from Solid Modernity: Interview by Eliza Kania\u00bb, en <em>R\/evolutions<\/em>, vol. 1, n\u00fam. 1, 2013, p. 28.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>31<\/sup> T. J. Clark, \u00abCapitalism Without Images\u00bb, en Kevin Coleman y Daniel James (eds.), <em>Capitalism and the Camera. Essays on Photography and Extraction<\/em>, Verso, 2021, p. 125.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>32<\/sup> Mario Tronti, \u00abTowards a Critique of Political Democracy\u00bb [2007], en <em>Cosmos and History<\/em>, vol. 5, n\u00fam. 1, 2009, p. 74.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>33<\/sup> Domenico Losurdo, <em>Liberalism. A Counter-History<\/em>, trad. de Gregory Elliott, Verso, 2014.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>34<\/sup> Lenin, \u00ab\u201cDemocracy\u201d and Dictatorship\u00bb (1918). En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/archive\/lenin\/works\/1918\/dec\/23.htm\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>35<\/sup> Michael Denning, \u00abNeither Capitalist, Nor American. Democracy as Social Movement\u00bb, en <em>Culture in the Age of Three Worlds<\/em>, Verso, 2004, pp. 209-226.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>36<\/sup> Etienne Balibar, <em>We, the People of Europe? Reflections on Transnational Citizenship<\/em>, Princeton University Press, 2004, p. 61.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>37<\/sup> <em>Cf<\/em>. Kojo Koram, <em>Uncommon Wealth. Britain and the Aftermath of Empire<\/em>, John Murray, 2022.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>38<\/sup> Esto fue ejemplar en el caso de la mayor\u00eda de los mao\u00edstas occidentales del periodo, que segu\u00edan apegados a una noci\u00f3n de poder y a una alternativa de poder. Los situacionistas avanzaron en la disoluci\u00f3n de la idea de otra forma de poder. Fueron cr\u00edticos con los socialistas, leninistas y mao\u00edstas, pero, como en el caso del movimiento de Mayo del 68 en general, mantuvieron una idea de otra forma de dirigir la producci\u00f3n. En el caso de los situacionistas, se trataba de hacerlo a trav\u00e9s de consejos.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>39<\/sup> Stuart Hall, \u00abCultural Studies and its Theoretical Legacies\u00bb, en Lawrence Grossberg, Cary Nelson y Paula Treichler (eds.), <em>Cultural Studies<\/em>, Routledge, 1992, p. 279.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>40<\/sup> John Clegg y Aaron Benanav, \u00abCrisis and Immiseration: Critical Theory Today\u00bb, en Werner Bonefeld <em>et al<\/em>. (eds.), <em>The Sage Handbook of Frankfurt School Critical Theory<\/em>, Sage, 2018, p. 1636.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>41<\/sup> Amadeo Bordiga, <em>Strutture economica e sociale della Russia d\u2019oggi<\/em>, Edizioni il programma communista, 1976.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>42<\/sup> Loren Goldner, \u00abThe Historical Moment That Produced Us: Global Revolution or Recomposition of Capital\u00bb, en <em>Insurgent Notes<\/em>, n\u00fam. 1, 2010. En l\u00ednea <a href=\"http:\/\/insurgentnotes.com\/2010\/06\/historical_moment\/\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>43<\/sup> Th\u00e9orie communiste, \u00abProl\u00e9tariat et capital. Une trop br\u00e8ve idylle?\u00bb, en <em>Th\u00e9orie communiste<\/em>, n\u00fam. 19, 2004, pp. 5-60.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>44<\/sup> Th\u00e9orie communiste, \u00abProl\u00e9tariat et capital\u00bb, p. 51.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>45<\/sup> Robert Brenner, <em>The Economics of Global Turbulence. The Advanced Capitalist Economies from Long Boom to Long Downturn, 1945-2005<\/em>, Verso, 2006; Ernst Mandel, <em>Late Capitalism<\/em>, New Left Books, 1975.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>46<\/sup> Eric Hobsbawm, <em>The Age of Extremes. The Short Twentieth Century<\/em>, Michael Joseph, 1994.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>47<\/sup> \u00abLejos de Reims\u00bb se refiere al libro de Didier Eribon <em>Retour \u00e0 Reims<\/em>, en el que Eribon, ahora profesor de filosof\u00eda en Par\u00eds, regresa a Reims, donde creci\u00f3. Describe c\u00f3mo su familia, de clase trabajadora, se ha convertido en partidaria del Frente Nacional (Rassemblement National). La historia de Eribon adopta la forma de un an\u00e1lisis melanc\u00f3lico de este cambio, en el que los trabajadores que sol\u00edan votar al Partido Comunista Franc\u00e9s han acabado apoyando a Le Pen. Sin embargo, este cambio tambi\u00e9n puede ser visto como una forma de continuidad, ya que desde 1944 en adelante, el PCF hizo todo lo posible para apoyar la noci\u00f3n de la naci\u00f3n \u2014 y en mayo del 68 no s\u00f3lo se distanci\u00f3, sino que critic\u00f3 la revuelta, e hizo todo lo posible para desacreditarla (incluyendo la participaci\u00f3n en la calumnia antisemita de Daniel Cohn-Bendit).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>48<\/sup> Joshua Clover, <em>Riot. Strike. Riot. The New Era of Uprisings<\/em>, Verso, 2016, p. 28.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>49<\/sup> Asef Bayat, <em>Revolution without Revolutionaries. Making Sense of the Arab Spring<\/em>, Stanford University Press, 2017; Endnotes, \u00abOnward Barbarians\u00bb, en <em>Endnotes<\/em>, 2021. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/endnotes.org.uk\/other_texts\/en\/endnotes-onward-barbarians\">aqu\u00ed<\/a>. Al comparar la revoluci\u00f3n de 2011 con la iran\u00ed, Bayat escribe: \u00abConsidero que la velocidad, la propagaci\u00f3n y la intensidad de las recientes revoluciones no tienen parang\u00f3n, mientras que su falta de ideolog\u00eda, su laxa coordinaci\u00f3n y la ausencia de un liderazgo galvanizador y de preceptos intelectuales casi no tienen precedentes. [\u2026] De hecho, sigue siendo una inc\u00f3gnita si lo que surgi\u00f3 durante la Primavera \u00c1rabe fueron de hecho revoluciones en el sentido de sus hom\u00f3logas del siglo XX\u00bb. Bayat, <em>Revolution without Revolutionaries<\/em>, p. 2.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>50<\/sup> Susan Watkins, \u00abOppositions\u00bb, en <em>New Left Review<\/em>, n\u00fam. 98, 2016, p. 27.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>51<\/sup> Veronica Gago, <em>Feminist International<\/em>, Verso, 2020, p. 12.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>52<\/sup> Kiersten Solt, \u00abSeven Theses on Destitution (After Endnotes)\u00bb, en <em>lll Will<\/em>, February 12, 2021. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/illwill.com\/seven-theses-on-destitution\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>53<\/sup> <em>Cf<\/em>. Karl Heinz Roth, <em>Die \u00abandere\u00bb Arbeiterbewegung und die Entwicklung der kapitalistischen Repression von 1880 bis zur Gegenwart. Ein Beitrag zum Neuverst\u00e4ndnis der Klassengeschichte in Deutschland<\/em>, Trikont, 1974.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>54<\/sup> Judith Butler, <em>Notes Towards a Performative Theory of Assembly<\/em>, Harvard University Press, 2015, p. 58. Para un comentario m\u00e1s extenso sobre este texto, v\u00e9ase Mikkel Bolt-Rasmussen, \u00abViolence and Other Non-Political Actions in the New Cycle of Revolt\u00bb, en <em>Mute Magazine<\/em>, 4 de abril de 2021. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.metamute.org\/community\/your-posts\/violence-and-other-non-political-actions-new-cycle-revolt\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>55<\/sup> Desde \u00abPara una cr\u00edtica de la violencia\u00bb en 1921 hasta \u00abTesis sobre el concepto de historia\u00bb en 1940, Benjamin subray\u00f3 que el movimiento obrero se opon\u00eda a la revoluci\u00f3n y que, como escribe Bini Adamczak, el comunismo constituye una especie de \u00abderrota interior\u00bb. <em>Cf<\/em>. Bini Adamczak, <em>Gestern Morgen. \u00dcber die Einsamkeit kommunistischer Gespenster und die Rekonstruktion der Zukunft<\/em>, Assemblage, 2011.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>56<\/sup> En otras palabras, el comunismo no como una identidad pol\u00edtica que los autores deban afirmar, sino como un modo particular de comuni\u00f3n o de estar juntos en la lectura de la literatura.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>57<\/sup> Para una presentaci\u00f3n de los textos v\u00e9ase Mikkel Bolt Rasmussen, \u00abAn Affirmation That is Entirely Other\u00bb, en <em>South Atlantic Quarterly<\/em> (122:1), pp. 19-31. Para un relato detallado (aunque favorable a De Gaulle) de los acontecimientos, v\u00e9ase Odile Rudelle, <em>Mai 58. De Gaulle et la R\u00e9publique<\/em>, Plon, 1988.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>58<\/sup> Dionys Mascolo, \u00abRefus inconditionnel\u00bb, en <em>La r\u00e9volution par l\u2019amiti\u00e9<\/em>, La fabrique, 2022, p. 28.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>59<\/sup> Mascolo, \u00abRefus inconditionnel\u00bb, p. 29.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>60<\/sup> Mascolo, \u00abRefus inconditionnel\u00bb, p. 28. <em>Non possumus<\/em> significa \u00abNo podemos\u00bb en lat\u00edn.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>61<\/sup> Maurice Blanchot, \u00abRefusal\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Political Writings, 1953-1993<\/em>, Fordham University Press, 2010, p. 7.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>62<\/sup> Maurice Blanchot, \u00ab[Blanchot to Jean-Paul Sartre]\u00bb (1960), en <em>id<\/em>., <em>Political Writings<\/em>, p. 37.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>63<\/sup> Como es bien sabido, en la d\u00e9cada de 1930 Blanchot form\u00f3 parte de la extrema derecha francesa, escribiendo una serie de art\u00edculos expl\u00edcitamente nacionalistas en diferentes revistas, entre ellas <em>Combat<\/em>. En 1940, abandon\u00f3 estos v\u00ednculos y se abstuvo de participar en cualquier tipo de debate pol\u00edtico p\u00fablico. Cuando regres\u00f3 en 1958, fue, en palabras de Philippe Lacoue-Labarthe, como \u00abuna especie de comunista\u00bb. Lacoue-Labarthe describe el paso de Blanchot del fascismo franc\u00e9s a \u00abuna especie de comunismo\u00bb como una \u00abconversi\u00f3n\u00bb. Philippe Lacoue-Labarthe, <em>Agonie termin\u00e9e, agonie interminable. Sur Maurice Blanchot<\/em>, Galil\u00e9e, 2011, p. 16.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>64<\/sup> En ese momento, Blanchot tambi\u00e9n utilizaba la noci\u00f3n de rechazo en sus an\u00e1lisis de la literatura contempor\u00e1nea. En 1959, public\u00f3 un texto sobre Yves Bonnefoy, titulado \u00abEl gran rechazo\u00bb, en el que hablaba de c\u00f3mo el poeta romp\u00eda con una dial\u00e9ctica hegeliana que hace id\u00e9nticos el sujeto y el objeto, y argumentaba que la poes\u00eda es una \u00abrelaci\u00f3n con lo oscuro y lo desconocido\u00bb. Maurice Blanchot, \u00abThe Great Refusal\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>The Infinite Conversation<\/em>, University of Minnesota Press, 1993, p. 47.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>65<\/sup> Blanchot, \u00abRefusal\u00bb, p. 7.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>66<\/sup> Guy Debord, <em>The Society of the Spectacle<\/em>, trad. de Donald Nicholson-Smith, Zone Books, 1995, p. 136.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>67<\/sup> Andr\u00e9 Breton lo expres\u00f3 as\u00ed en la ponencia que no se le permiti\u00f3 presentar en el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>68<\/sup> Perry Anderson define la revoluci\u00f3n como: \u00abEl derrocamiento pol\u00edtico desde abajo de un orden estatal y su sustituci\u00f3n por otro. [\u2026] Una revoluci\u00f3n es un episodio de transformaci\u00f3n pol\u00edtica convulsiva, comprimido en el tiempo y concentrado en el objetivo, que tiene un comienzo determinado \u2014cuando el viejo aparato estatal sigue intacto\u2014 y un final finito, cuando ese aparato se rompe decisivamente y se erige uno nuevo en su lugar\u00bb. Blanchot y Mascolo intentan superar precisamente esa concepci\u00f3n de la revoluci\u00f3n. Perry Anderson, \u00abModernity and Revolution\u00bb, en <em>New Left Review<\/em>, n\u00fam. 144, 1984, p. 112.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>69<\/sup> Maurice Blanchot, \u00abLiterature and the Right to Death\u00bb (1949), en <em>id<\/em>., <em>The Work of Fire<\/em>, Stanford University Press, 1995, p. 331.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>70<\/sup> Marcello Tar\u00ec, <em>There is no Unhappy Revolution<\/em>; The Invisible Committee, <em>Now<\/em>, trad. de R. Hurley, Semiotexte, 2017. V\u00e9anse tambi\u00e9n los art\u00edculos del n\u00famero especial de <em>South Atlantic Quarterly<\/em> editado por Kieran Aarons e Idris Robinson, titulado \u00abDestituent Power\u00bb (Vol. 122, Issue 1), 2023.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>71<\/sup> Solt, \u00abSeven Theses on Destitution\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>72<\/sup> El movimiento tiene que permanecer abierto, siempre por venir. En su conferencia de 2005 \u00abMovimiento\u00bb, Agamben se opone a la concepci\u00f3n schmittiana de los movimientos como el medio pol\u00edtico en el que el pueblo adopta una forma pol\u00edtica. La tarea consiste en concebir un movimiento que no divida al pueblo en dos: <em>bios<\/em> y <em>zo\u00e9<\/em>. Agamben no se refiere a Pablo en su conferencia, pero la comprensi\u00f3n paulina de la llamada es evidentemente el modelo para una comprensi\u00f3n diferente de un movimiento que no es un movimiento. V\u00e9ase Giorgio Giorgio Agamben, \u00abOn Movements\u00bb. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.generation-online.org\/p\/fpagamben3.htm\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>73<\/sup> Carsten Juhl, <em>Opstandens underlag<\/em>, p. 11.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>74<\/sup> Raoul Vaneigem y Attila Kot\u00e1nyi, \u00abBasic Program of the Bureau of Unitary Urbanism\u00bb [1961], <em>cddc<\/em> (en l\u00ednea <a href=\"https:\/\/www.cddc.vt.edu\/sionline\/si\/bureau.html\">aqu\u00ed<\/a>); Furio Jesi, <em>Spartakus. The Symbology of Revolt<\/em>, trad. de A. Toscano, Seagull, 2014, p. 46.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>75<\/sup> \u00abEl socio menor de la sociedad civil\u00bb es el t\u00e9rmino que utiliza Frank B. Wilderson para referirse a los movimientos que no cuestionan la violencia contra los negros en el intento de oponerse a los poderes actuales. Frank B. Wilderson III, \u00abThe Prison Slave as Hegemony\u2019s (Silent) Scandal\u00bb, 2003, en <em>Social Justice<\/em>, vol. 30, n\u00fam. 2, 2003, pp. 18-27. En l\u00ednea <a href=\"https:\/\/illwill.com\/print\/the-prison-slave-as-hegemonys-silent-scandal\">aqu\u00ed<\/a>.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify\"><small><sup>76<\/sup> The Invisible Committee, <em>Now<\/em>, p. 72.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente art\u00edculo del historiador de arte y te\u00f3rico pol\u00edtico dan\u00e9s Mikkel Bolt Rasmussen fue publicado por primera vez en ingl\u00e9s el 2 de octubre de 2023 en el sitio web de Ill Will. &nbsp; La \u00faltima d\u00e9cada y media ha sido una \u00e9poca de agitaci\u00f3n. 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