{"id":2398,"date":"2021-12-22T16:31:08","date_gmt":"2021-12-22T22:31:08","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2398"},"modified":"2021-12-22T17:30:48","modified_gmt":"2021-12-22T23:30:48","slug":"marcello-tari-el-partido-de-kafka","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2398","title":{"rendered":"Marcello Tar\u00ec \/ El partido de Kafka"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>El siguiente texto traducido para <em>Artiller\u00eda inmanente<\/em> fue publicado por primera vez en la revista <em><a href=\"https:\/\/www.rivistapolemos.it\/il-partito-di-kafka\/?lang=it\">P\u00f3lemos, a\u00f1o I, n\u00fam. 1, julio de 2020<\/a><\/em>, y forma parte del dossier \u00abIl gesto che resta. Agamben contemporaneo\u00bb coordinado por Valeria Bonacci y Flavio Luzi.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 130%;margin-bottom: 0em;text-align: right;padding-left: 160px\"><em><small>La tradici\u00f3n que de este modo llega a dominar no vuelve propiamente accesible lo \u00abtransmitido\u00bb por ella, sino que, por el contrario, inmediata y regularmente lo encubre.<\/small><\/em><\/div>\n<div style=\"line-height: 130%;margin-bottom: 0em;text-align: right\"><small>Martin Heidegger<\/small><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">1. En un cuento de Kafka de 1920, titulado <em>La cuesti\u00f3n de las leyes<\/em>,<sup>1<\/sup> se cuenta, en una espiral de palabras que parecen salir del diario del habitante de un pueblo remoto, lo que podr\u00eda significar la destituci\u00f3n de las leyes y lo que ha impedido su realizaci\u00f3n hasta ahora.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Aunque Kafka comienza escribiendo \u00abNuestras leyes\u00bb, no hay forma de situar el relato en un pa\u00eds concreto, ni tampoco hay una fecha o incluso una \u00e9poca en la que se pueda situar hist\u00f3ricamente la narraci\u00f3n, por lo que s\u00f3lo podemos suponer que esas leyes son \u00abnuestras\u00bb como habitantes gen\u00e9ricos de Occidente y que su \u00abtiempo\u00bb es tan antiguo y actual como la propia civilizaci\u00f3n occidental.\u00a0\u00bfDe qu\u00e9 leyes se trata? Tambi\u00e9n aqu\u00ed hay una opacidad b\u00e1sica en cuanto a su car\u00e1cter, y tambi\u00e9n aqu\u00ed no podemos dejar de suponer que no se trata tanto de un cuerpo jur\u00eddico particular, sino de leyes como principios de la vida pol\u00edtica de <em>nuestra<\/em> civilizaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Este escrito es como si completara la m\u00e1s famosa y mucho m\u00e1s comentada par\u00e1bola kafkiana titulada <em>Ante la ley<\/em>, casi como si fuera un escolio. En cuanto a su estilo, siguiendo el camino que muchos han seguido, podr\u00edamos decir que es un midr\u0101sh, el comentario que los sabios jud\u00edos hacen a los libros santos. Sin embargo, Kafka, como es sabido, no se remite a la tradici\u00f3n hal\u00e1jica, a trav\u00e9s de la cual los rabinos codificaron las leyes, sino que utiliza la modalidad agg\u00e1dica, es decir, una forma po\u00e9tica, la de la leyenda, evitando as\u00ed que su propia escritura pueda funcionar tambi\u00e9n como una ley; Andrea Cavalletti, en el ep\u00edlogo del ensayo fundamental de Bialik, define efectivamente esta forma de proceder como \u00abuna afirmaci\u00f3n [&#8230;] desprovista de autoridad\u00bb.<sup>2<\/sup> De todo esto podemos aprender inmediatamente algunas cosas: adem\u00e1s de indicar que nuestro uso de la escritura es siempre una toma de partido ante la ley, Kafka nos muestra la posibilidad de un estilo de escritura destituyente. Por \u00faltimo, y teni\u00e9ndolo en cuenta, para nuestra continuaci\u00f3n y ya como su cumplimiento, que este procedimiento se refiere directamente al estudio como pr\u00e1ctica mesi\u00e1nica, en esto m\u00e1s af\u00edn al juego que a la estricta disciplina escol\u00e1stica, podr\u00edamos concluir que si dar forma po\u00e9tica al lenguaje es, parafraseando a Fortini, hom\u00f3logo a la formalizaci\u00f3n de la vida que es \u00ab<em>el fin y el t\u00e9rmino del comunismo<\/em>\u00bb,<sup>3<\/sup> entonces s\u00f3lo es verdaderamente revolucionario aquel movimiento que hace coincidir estos dos ejercicios de formalizaci\u00f3n.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">2. A pesar de Max Brod, ser\u00eda un error situar los escritos de Kafka en un registro exclusivamente religioso; tienen un valor secular precisamente en la medida en que desaf\u00edan ese paradigma con sus propias armas. Oponer claramente las dos dimensiones, la religiosa y la secular, supone otro riesgo, que es el de no comprender lo que aparece en el medio, es decir, su dimensi\u00f3n <em>profana<\/em> que, en la medida en que se enfrenta directamente a lo sagrado, es diferente tanto de la religiosa como de la puramente secular. La profanidad es siempre la dimensi\u00f3n m\u00e1s importante de nuestras vidas, pero, precisamente por su ubicaci\u00f3n, a menudo escapa a nuestra atenci\u00f3n. Sin embargo, a partir de este punto intermedio, aunque Kafka no ofrece ninguna pista sobre el lugar y el tiempo del que surge la voz del narrador, sentimos con certeza que <em>nos<\/em> est\u00e1 hablando. Esta leyenda, como todas las verdaderas leyendas, no nos remite a ning\u00fan otro lugar ni a ning\u00fan otro tiempo que aquel en el que nos encontramos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En este sentido, Kafka comparte muchas de las cualidades de un arque\u00f3logo en el sentido en que Giorgio Agamben entiende tal figura, es decir, alguien que busca indagar el origen de un fen\u00f3meno, su \u00abpunto de surgimiento\u00bb, las tradiciones a las que da lugar y la fractura entre uno y otro, no para situar ese fen\u00f3meno originario en la tumba de su presunto pasado hist\u00f3rico sino para hacer brillar su presencia <em>aqu\u00ed y ahora<\/em>.\u00a0Pero Agamben a\u00f1ade algo crucial, a saber, que \u00abla operaci\u00f3n sobre el origen es, al mismo tiempo, una operaci\u00f3n sobre el sujeto\u00bb.<sup>4<\/sup> Es esta doble operaci\u00f3n la que hizo de Kafka un arque\u00f3logo fracasado, un juguet\u00f3n \u00abayudante\u00bb de su y nuestro magn\u00edfico fracaso.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Walter Benjamin dec\u00eda que Kafka pensaba en t\u00e9rminos de <em>eras<\/em> y no de <em>\u00e9pocas<\/em>. Pero la era de las leyes de la que habla Kafka no puede evidentemente tener su origen s\u00f3lo en 1750, a partir de la Revoluci\u00f3n industrial y la difusi\u00f3n del capitalismo, que es el \u00abpunto de surgimiento\u00bb de una era que es s\u00f3lo una de las \u00faltimas capas de una era geoespiritual que comenz\u00f3 mucho antes, cuando se instituyeron las leyes de Occidente. La modernidad consumada, de la que Kafka viv\u00eda en los albores, indicar\u00eda en cambio la era de su colapso, el umbral m\u00e1s all\u00e1 del cual los cimientos de nuestro mundo comienzan a tambalearse, introduci\u00e9ndonos en lo que Reiner Sch\u00fcrmann llamar\u00eda la \u00e9poca an-\u00e1rquica.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sin embargo, Kafka, partiendo de esta \u00e9poca que tambi\u00e9n es la nuestra, parece aludir siempre a una prehistoria suya, ese tiempo en el que, escribi\u00f3 Benjamin, \u00ablas leyes y las normas definidas siguen siendo, en la prehistoria, leyes no escritas\u00bb.<sup>5<\/sup> Esta prehistoria es un mundo m\u00e1s originario que el mitol\u00f3gico y, sin embargo, no es algo que ser\u00eda \u00abantes de la historia\u00bb, es un tiempo imposible de determinar cronol\u00f3gicamente porque <em>sigue<\/em> palpitando en nuestras vidas y dentro de la historia. De hecho, Benjamin tambi\u00e9n lo llama \u00abpremundo, el presente secreto de Kafka\u00bb,<sup>6<\/sup> un tipo especial de presente que el propio Agamben se\u00f1ala como aquello de lo que que la arqueolog\u00eda del pensamiento se ocupa en realidad. La redacci\u00f3n de las leyes, su \u00abinstituci\u00f3n\u00bb y los velos de la historia que las envuelven a lo largo del tiempo, aparecen en este sentido como un juego de manos a trav\u00e9s del cual se oculta su prehistoria, para hacer imposible cualquier comprensi\u00f3n de la misma. El m\u00e9todo arqueol\u00f3gico que utiliza Giorgio Agamben es precisamente el que busca captar esta prehistoria del presente, a trav\u00e9s de la brecha entre el punto de surgimiento de un fen\u00f3meno y la larga historia de los saberes y los poderes que se ha desarrollado posteriormente sobre ese punto, es decir, las \u00abtradiciones\u00bb a las que han dado lugar y que, para escuchar a Kafka, es precisamente aquello en torno a lo cual y para lo cual se ha producido la confusi\u00f3n actual.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">3. El supuesto misterio de las leyes est\u00e1 desde las primeras l\u00edneas del ap\u00f3logo que se nos lanza a los ojos: \u00abNuestras leyes no son, por desgracia, universalmente conocidas, son un secreto de ese peque\u00f1o grupo de nobles que nos dominan\u00bb. En palabras del reciente movimiento Occupy, podr\u00edamos decir que son el secreto del 1% que el 99% obedece. Esta idea, llevada hasta la locura, est\u00e1 tambi\u00e9n en la base de todos los conspiracionismos contempor\u00e1neos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La primera cuesti\u00f3n que nos plantea Kafka, por tanto, consiste en poner de manifiesto una brecha epistemol\u00f3gica que existe entre el 1% que manda, en la medida en que tiene conocimiento del secreto de las leyes, y el resto que los obedece, en la medida en que la ignora.\u00a0No ser\u00e1 in\u00fatil recordar aqu\u00ed la etimolog\u00eda de la palabra \u00absecreto\u00bb, del lat\u00edn <em>secretum<\/em>, participio pasado del verbo <em>secernere<\/em>, es decir, \u00abseparar y apartar\u00bb, que es la actividad t\u00edpica de la administraci\u00f3n de lo sagrado en cuanto se refiere a las cosas \u00absustra\u00eddas al libre uso y comercio de los hombres\u00bb.<sup>7<\/sup> Esto nos recuerda que todo poder legislativo, por mucho que se presente bajo un aspecto laico y secular, lleva consigo un dispositivo religioso. De hecho, a los revolucionarios siempre les toca pensar en <em>su<\/em> relaci\u00f3n con lo sagrado y su forma institucional, es decir, la religi\u00f3n. Agamben se\u00f1al\u00f3 en su momento la <em>profanaci\u00f3n<\/em> como el medio para neutralizar esa acci\u00f3n particular que es lo sagrado y eliminar as\u00ed el \u00absecreto\u00bb que sella toda religi\u00f3n, incluida la capitalista.\u00a0En <em>Tiqqun<\/em>, por su parte, se habl\u00f3 del Comit\u00e9 Invisible como una \u00absociedad <em>abiertamente<\/em> secreta\/una conspiraci\u00f3n p\u00fablica\u00bb<sup>8<\/sup> contra este mundo, una tendencia subversiva que carece de vestiduras sagradas-religiosas pero est\u00e1 animada por una espiritualidad profana. La profanaci\u00f3n, en definitiva, me parece aquella operaci\u00f3n que, al desactivar lo sagrado como actividad institucional de interdicci\u00f3n de uso, destituye tanto la dimensi\u00f3n religiosa como la secular.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Volviendo a Kafka, todo parece indicar, de entrada, que la diferencia entre \u00abnobles\u00bb y \u00abpueblo\u00bb puede remontarse a un problema de ampliaci\u00f3n del punto de vista disponible. Y sin duda hay algo de verdad en ello, en el sentido de que quienes ejercen el poder siempre han tratado de arrogarse el punto m\u00e1s alto desde el que mirar y dominar el mundo sin ser vistos: torres, castillos, rascacielos, naves espaciales, drones. En resumen, podr\u00edamos decir que el 1% posee una visi\u00f3n estrat\u00e9gica de la que carece el 99% restante o, como escribe el Comit\u00e9 Invisible,<sup>9<\/sup> que la diferencia radica en que el 1% est\u00e1 organizado y, por tanto, nos organiza, a diferencia de los dem\u00e1s, cuya tarea profana es, por tanto, organizarse, es decir, ganar una autonom\u00eda de la percepci\u00f3n <em>sin erigir torres epistemol\u00f3gicas<\/em>.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">4. El meollo de la situaci\u00f3n, en el razonamiento de Kafka, no radica fundamentalmente en la posibilidad de interpretar las leyes \u2014aunque, a\u00f1ade, hoy en d\u00eda s\u00f3lo se permite hacerlo a algunos\u2014 porque \u00ablas leyes son muy antiguas, se han interpretado durante siglos y esta interpretaci\u00f3n ya se ha convertido en ley; las posibles libertades de interpretaci\u00f3n siguen existiendo, pero son muy limitadas\u00bb. La interpretaci\u00f3n que se convierte en ley es claramente una parte esencial de la tradici\u00f3n de los vencedores. Es interesante que Benjamin escribiera que Kafka \u00abtom\u00f3 todas las medidas posibles contra la interpretaci\u00f3n de sus propios textos\u00bb<sup>10<\/sup> porque, como dec\u00edamos al principio, su cuidado ha sido siempre evitar que su escritura funcione como ley, al igual que otra forma de conseguir este resultado es su proceder en fragmentos. Podr\u00edamos a\u00f1adir que, al hacerlo, Kafka tambi\u00e9n evit\u00f3 la formaci\u00f3n de una en\u00e9sima tradici\u00f3n en torno a sus textos. La posibilidad de escapar de la tradici\u00f3n dominante existe, nos dice Kafka, pero es muy peque\u00f1a, tan peque\u00f1a como la puerta por la que entra el mes\u00edas. Retomando un texto reciente de Agamben dedicado precisamente a la interpretaci\u00f3n,<sup>11<\/sup> se podr\u00eda decir que la peque\u00f1a y \u00ablimitada\u00bb libertad de interpretaci\u00f3n que nos queda no est\u00e1 en la deconstrucci\u00f3n continua de lo dicho en la tradici\u00f3n, sino en la exposici\u00f3n de lo no-dicho, aunque, y en este punto el texto de Agamben es muy preciso, esto no significa que debamos entender esto no-dicho como \u00abun discurso esot\u00e9rico secreto, cuya comunicaci\u00f3n estar\u00eda reservada a los adeptos, sino como un no-dicho dentro de lo dicho\u00bb. Por lo tanto, no es tanto el \u00abconocimiento\u00bb como el \u00abno-conocimiento\u00bb que le es interno y que se articula con el primero lo que es crucial para vencer todo secreto: lo importante no es la posesi\u00f3n del saber sino la singular disposici\u00f3n a usarlo. Y como sugiere Agamben, en un pasaje del mismo escrito, esto no significa abandonarse a la interpretaci\u00f3n infinita, sino trascender el significado hist\u00f3rico de un determinado hecho para elevarse a una comprensi\u00f3n del mismo que coincida con \u00abel cumplimiento de toda escritura e interpretaci\u00f3n\u00bb. Y el momento de este cumplimiento, que coincide con la llegada del Reino, nunca es el ma\u00f1ana, el futuro, sino siempre el <em>ahora<\/em>.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">5. Seg\u00fan la tradici\u00f3n de los vencedores, incluso aquellos que desconocen el significado \u00edntimo de las leyes se ven abocados a expresarse \u2014ling\u00fc\u00edstica, sentimental y pr\u00e1cticamente\u2014 en el marco de las interpretaciones que con el tiempo se han convertido en formas de ley, es decir, forman un dispositivo que tambi\u00e9n preside la llamada \u00abproducci\u00f3n de subjetividad\u00bb. Este \u00faltimo sintagma es importante porque sugiere que el sujeto no s\u00f3lo debe ser pensado, seg\u00fan las leyes de Occidente, como alguien que <em>produce<\/em> algo sino que, sobre todo, es \u00e9l mismo <em>producido<\/em> por otra cosa.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El sujeto de la tradici\u00f3n occidental, que se ha convertido en su m\u00e1s extraordinario no-lugar, no ha sido otra cosa que el m\u00e1s preciado producto de las leyes, tanto m\u00e1s preciado cuanto que es a \u00e9l a quien se le ha confiado siempre su ejecuci\u00f3n. Sin la producci\u00f3n de sujetos, nunca habr\u00eda habido leyes en el sentido en que las entendemos hoy.\u00a0Ciertamente, no es casualidad que el fen\u00f3meno que Gershom Scholem, en un di\u00e1logo epistolar con Walter Benjamin, denomin\u00f3 \u00abla inaplicabilidad de la ley\u00bb<sup>12<\/sup> se originara en el mismo momento en que la historia \u2014se estaba en las secuelas de la Primera Guerra Mundial y en los pre\u00e1mbulos de la Segunda\u2014 se encargaba de cuestionar la credibilidad y la estabilidad del sujeto occidental. Se trata de un \u00abpunto de surgimiento\u00bb bien conocido por muchos de sus contempor\u00e1neos, como por ejemplo Thomas Mann, que en <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> escribi\u00f3, refiri\u00e9ndose a la historia que iba a narrar: \u00abSu extrema antig\u00fcedad viene dada por el hecho de que tiene lugar <em>antes<\/em> del l\u00edmite de un cierto abismo que ha interrumpido la vida y la conciencia de la humanidad [\u2026] tiene lugar, o m\u00e1s bien, para evitar a prop\u00f3sito cualquier tiempo presente, tuvo lugar, tuvo lugar una vez, en tiempos lejanos, en los d\u00edas antiguos del mundo, antes de la Gran Guerra, con cuyo comienzo empezaron tantas cosas que acababan de empezar\u00bb.<sup>13<\/sup> Parece que tambi\u00e9n Mann habla de una especie de premundo, de una prehistoria y de un presente tan problem\u00e1tico como incognoscible, y que la l\u00ednea divisoria de la Gran Guerra fue a la vez un punto de surgimiento y una culminaci\u00f3n ruinosa, una reflexi\u00f3n que encontramos por doquier en la sensibilidad de la \u00e9poca: de Benjamin a Artaud, de Breton a Mann, de Hugo Ball a Carl Schmitt y muchos otros.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La crisis de la ley es la crisis del sujeto y viceversa, la p\u00e9rdida de sentido de uno se refleja en la de la otra. Pero crisis y p\u00e9rdida de sentido no se traducen en su desaparici\u00f3n, al contrario, la ley y el sujeto parecen haberse vuelto a\u00fan m\u00e1s opresivos que nunca, y ello precisamente por el hecho nihilista de que la existencia de la ley, escrib\u00eda Scholem, se reduc\u00eda ahora a una \u00abvigencia sin significado\u00bb. Y sin embargo, el hecho de que este mundo siga funcionando pero est\u00e9 desprovisto de significado explica que se perciba como un infierno pero tambi\u00e9n, al mismo tiempo, como un indicio mesi\u00e1nico.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">6. La larga historia de la interpretaci\u00f3n de las leyes ha producido tambi\u00e9n esa ley que postula la imposibilidad de superarlas, precisamente porque cada interpretaci\u00f3n, incluso la m\u00e1s cr\u00edtica, que permanece dentro de la tradici\u00f3n \u2014no importa si es la dominante o la subalterna\u2014 permanece siempre dentro del sistema de leyes, reconfirmando as\u00ed su vigencia, incluso en un mundo que ya no reconoce su sentido. Y <em>pour cause<\/em>: Marx, en un famoso enunciado que siempre he pensado que forma parte de su pol\u00e9mica antirrab\u00ednica, dijo que s\u00f3lo hab\u00eda interpretaciones del mundo, pero no los medios de su transformaci\u00f3n. Sin embargo, sabemos muy bien que no s\u00f3lo la interpretaci\u00f3n del mundo se ha convertido en ley, sino que tambi\u00e9n el intento marxista de su transformaci\u00f3n ha acabado en cat\u00e1strofe, y una de las razones para ello es probablemente el hecho de que, como escribi\u00f3 Agamben a finales de la d\u00e9cada de la d\u00e9cada de 1970, una revoluci\u00f3n no consiste en transformar el mundo, sino el tiempo.<sup>14<\/sup> As\u00ed, no s\u00f3lo la filosof\u00eda sino tambi\u00e9n la praxis han entrado en un <em>impasse<\/em> epocal.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En cualquier caso, cualquier interpretaci\u00f3n ser\u00eda in\u00fatil para nosotros (\u00abel pueblo\u00bb), ya que el sistema de leyes fue creado originalmente a favor de la nobleza, es decir, del ejercicio de un gobierno sobre los hombres y las cosas. Este favor se explica por el simple hecho, escribe Kafka, de que la nobleza \u00abest\u00e1 fuera de la ley\u00bb. Esta posici\u00f3n de los nobles en relaci\u00f3n con la ley recuerda la que Furio Jesi asigna a la m\u00e1quina mitol\u00f3gica: \u00abLa m\u00e1quina mitol\u00f3gica es autofundadora: sit\u00faa su origen en el <em>fuera de s\u00ed<\/em> que es su intenci\u00f3n m\u00e1s remota, su coraz\u00f3n de pre-ser, en el instante en que se pone en acci\u00f3n. Esta presuposici\u00f3n de un origen (la referencia al mito) es totalizante: implica todos los instantes y \u00e1mbitos espaciales del funcionamiento de la m\u00e1quina, ya que el <em>fuera de s\u00ed<\/em> en el que la m\u00e1quina sit\u00faa su origen es su centro\u00bb.<sup>15<\/sup> En definitiva, la legitimidad de quien gobierna depender\u00eda de su control de la bisagra \u00absagrada\u00bb que separa el adentro y el afuera de la ley. El pueblo, en cambio, parece decirnos Kafka l\u00f3gicamente, est\u00e1 sujetado y sometido a la autoridad de los nobles porque est\u00e1 originaria y positivamente incluido en la ley y, precisamente por ello, est\u00e1 excluido <em>a priori<\/em> de la posibilidad de hacer uso de ella. La ley es probablemente la cosa menos usable del mundo, precisamente porque <em>las leyes existen para suspender el libre uso<\/em> de aquello de lo que se ocupan.\u00a0Es como si su posici\u00f3n de interioridad forzada dentro del sistema de leyes impidiera al pueblo <em>ver<\/em> su funcionamiento, que, de este modo, se le presenta como un \u00absecreto\u00bb. As\u00ed pues, ejercen el poder quienes, mientras las administran, no tienen que responder ante ninguna ley; est\u00e1n privados de \u00e9l quienes, sin conocer en absoluto su contenido, son sujetos de ellas. Sin embargo, si un d\u00eda ocurri\u00f3 que el pueblo fue capturado e incluido en el sistema de leyes, esto significa que en el premundo estaba, y potencialmente siempre lo est\u00e1, absolutamente fuera de \u00e9l.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">As\u00ed es como Kafka describi\u00f3, a su manera, el paradigma de la \u00abexcepci\u00f3n\u00bb estudiado en los \u00faltimos veinte a\u00f1os por Giorgio Agamben (la inclusi\u00f3n a trav\u00e9s de la exclusi\u00f3n y viceversa). Lo que es \u00absabidur\u00eda\u00bb para quien tiene el poder, concluy\u00f3 Kafka, es por tanto \u00abtormento\u00bb para los que lo sufren. Y dadas las condiciones en las que esto ocurre, a\u00f1adi\u00f3 en un inciso mordaz, quiz\u00e1 sea \u00abinevitable\u00bb que s\u00f3lo pueda ser as\u00ed.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">7. Es evidente que el dispositivo de las leyes sirve para incluir en el gobierno algo que en s\u00ed mismo est\u00e1 excluido, el pueblo, pero la paradoja es que \u00e9ste parece ser el \u00fanico sujeto plenamente legal y, sin embargo, ileg\u00edtimo: gracias a las leyes, el pueblo est\u00e1 de hecho impedido de hacer un uso libre de s\u00ed mismo. De hecho, \u00abnuestras leyes\u00bb democr\u00e1ticas dicen invariablemente que el depositario de la soberan\u00eda es el pueblo, pero al mismo tiempo presuponen que los gobernantes \u2014es decir, los \u00abnobles\u00bb, como los llama Kafka, definici\u00f3n que indica bien el hecho de que el estado de derecho, el poder de las leyes, es una invenci\u00f3n de la monarqu\u00eda\u2014, aunque no sean formalmente depositarios de la soberan\u00eda, son los que <em>deciden<\/em> leg\u00edtimamente sobre lo que es la ley, o pueden suspender legalmente todo su sistema alegando el \u00abprincipio de necesidad\u00bb. As\u00ed, el pueblo s\u00f3lo puede estar incluido en el sistema en la medida en que se produce al mismo tiempo como su fundamento y se excluye del secreto que gobierna su dispositivo, es decir, de la posibilidad de decidir sobre s\u00ed mismo. La mentira de la democracia est\u00e1 toda aqu\u00ed: precisamente porque es el fundamento que <em>es producido a posteriori por algo que no es \u00e9l mismo<\/em>, el pueblo no decide, por lo tanto no es soberano ni puede serlo nunca, ya que es un dispositivo constituido de tal manera que siempre produce una divisi\u00f3n en su interior: siempre habr\u00e1 una parte del pueblo que est\u00e9 incluida (el Pueblo) y una parte que, gracias a esa inclusi\u00f3n, estar\u00e1 excluida (el pueblo o, si se quiere, la plebe). Como escribe Agamben: \u00abTodo sucede, por tanto, como si lo que llamamos pueblo fuera, en realidad, no un sujeto unitario, sino una oscilaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre dos polos opuestos: por un lado, el conjunto <em>Pueblo<\/em> como cuerpo pol\u00edtico integral, y por otro, el subconjunto <em>pueblo<\/em> como multiplicidad fragmentaria de cuerpos necesitados y excluidos\u00bb.<sup>16<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por tanto, tambi\u00e9n la democracia construye su poder sobre una divisi\u00f3n introducida directamente en el cuerpo vivo de una poblaci\u00f3n, pero, en \u00faltima instancia, la define como un r\u00e9gimen pol\u00edtico fundado en la ausencia originaria del pueblo y, al mismo tiempo, como la producci\u00f3n del mismo, ya que un pueblo, como cualquier sujeto, debe ser siempre producido como tal, pero tambi\u00e9n siempre carente de s\u00ed mismo, porque ya est\u00e1 dividido <em>ab origine<\/em>. A no ser que el poder decida eliminar de una vez por todas el problema constituido por esa excedencia que es el pueblo o, mejor, por la figura que en una determinada coyuntura hist\u00f3rica lo encarna. Se han hecho y se siguen haciendo intentos en este sentido, incluso radicales \u2014el <em>Pueblo<\/em> contra el <em>pueblo<\/em>\u2014, pero el problema es que el propio poder es prisionero del sistema de las leyes y sin ese dispositivo espec\u00edfico su propia existencia ya no ser\u00eda tan certera. La seguridad del poder necesita una base de cuerpos diferenciados sobre los que ejercerse, es decir, un Pueblo al que defender y un pueblo del que defenderse. La pregunta adecuada ser\u00eda entonces: asumiendo la ausencia original del pueblo, \u00bfc\u00f3mo podemos deshacer, interrumpir, destituir su producci\u00f3n por el poder?<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">8. La cuesti\u00f3n que plantea la insurrecci\u00f3n destituyente es, por supuesto, la de c\u00f3mo desquiciar y salir del sistema de las leyes, pero a\u00fan m\u00e1s la de c\u00f3mo es posible hacerlo sin volver a entrar en \u00e9l inmediatamente despu\u00e9s \u2014la cuesti\u00f3n de la <em>irreversibilidad<\/em>\u2014 o arriesgarse a convertirse en \u00abnobles\u00bb, es decir, cuando los propios insurrectos se convierten en un poder gubernamental \u2014la cuesti\u00f3n de la <em>revoluci\u00f3n<\/em>\u2014. Tal insurrecci\u00f3n ser\u00eda como una profanaci\u00f3n de masas, precisamente porque destituir\u00eda el dispositivo sagrado que permite secularmente la existencia de \u00abnobles\u00bb y \u00abs\u00fabditos\u00bb, y al mismo tiempo operar\u00eda sobre la temporalidad cortocircuitando el pasado y el futuro en el presente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La cuesti\u00f3n de las leyes se asemeja a la del trabajo, que, por otra parte, constituye una de las que han sostenido el edificio de la civilizaci\u00f3n durante siglos. Hace unas d\u00e9cadas, se planteaba la pregunta: \u00bfdebemos liberar el trabajo o liberarnos del trabajo? A la inversa: \u00bfdebemos liberar la ley o liberarnos de la ley? La l\u00ednea partisana pasa por este peque\u00f1o, \u00ablimitado\u00bb, pero decisivo desplazamiento. Es evidente que todos los diversos discursos jur\u00eddicos sobre los bienes comunes propuestos en los \u00faltimos tiempos por los te\u00f3ricos de la izquierda tienen como objetivo la liberaci\u00f3n de la ley y, desde luego, no su destituci\u00f3n, mientras que podr\u00eda ser igualmente evidente que, por ejemplo, experiencias como la de la rep\u00fablica de La Maddalena en el Valle de Susa o la ZAD de Notre-Dame-des-Landes en Francia fueron ante todo un gesto de secesi\u00f3n de las leyes que alud\u00eda a su destituci\u00f3n. Todos los verdaderos conflictos de hoy en d\u00eda me parece que giran en \u00faltima instancia en torno a este dilema, ya que todo en la vida se ha convertido en trabajo al igual que todo se ha convertido en ley.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La gran confusi\u00f3n radica en que, hoy en d\u00eda, podemos observar c\u00f3mo a una gigantesca profusi\u00f3n de normas, leyes insignificantes o absurdas, corresponde un estado de ilegalismo igualmente intenso y difundido en todos los niveles de la sociedad, de modo que nunca est\u00e1 claro para nadie cu\u00e1ndo se est\u00e1 dentro y cu\u00e1ndo se est\u00e1 fuera de la ley: los niveles inferiores lo experimentan seg\u00fan las reacciones de los sensores gubernamentales dispersos por todas partes en el espacio metropolitano, los superiores en la lucha por la apropiaci\u00f3n y el gobierno de los bienes y las vidas. El capitalismo, en cambio, es la historia ultracentenaria de los ilegalismos convertidos en ley. No se trata de un diagn\u00f3stico muy nuevo, hasta el punto de que Kafka y otros ya describ\u00edan sus rasgos en las primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Lo nuevo es s\u00f3lo la aparici\u00f3n en la superficie y a nivel planetario de algo que <em>ya<\/em> estaba ah\u00ed. Pero es necesario, por tanto, volver <em>ah\u00ed<\/em> arqueol\u00f3gicamente si queremos salir de este punto.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El problema, tal como lo presenta Kafka, no parece ser el de c\u00f3mo practicar la <em>ilegalidad<\/em> por parte del pueblo para liberarse de las leyes, sino el, mucho m\u00e1s decisivo, de la <em>suspensi\u00f3n del funcionamiento<\/em> del dispositivo de la ley, que funciona precisamente poniendo continuamente en tensi\u00f3n los dos polos constituidos por lo legal \u2014la inclusi\u00f3n en la ley\u2014 y lo ilegal \u2014la exclusi\u00f3n de la ley\u2014. Aunque todo se juega siempre en la ambig\u00fcedad, hoy deber\u00eda estar m\u00e1s claro para todos que la lucha <em>molar<\/em> entre la legalidad y la ilegalidad es mucho m\u00e1s una lucha interna dentro de lo que Kafka llamaba la \u00abnobleza\u00bb que una batalla en la que se enfrentan dos clases o mundos opuestos. En los \u00faltimos a\u00f1os en Italia, por ejemplo, el l\u00edder de la derecha, Berlusconi, ha sido el campe\u00f3n de la ilegalidad, mientras que la izquierda ha sido la abanderada de la ley. Pero esto es s\u00f3lo una simplificaci\u00f3n local de una situaci\u00f3n que se percibe en todas partes. La derecha y la izquierda son los dioscuros que presiden el mismo campo, el de la gobernabilidad. Es decir, ambos se sit\u00faan en el \u00e1mbito de los \u00abnobles\u00bb. La diferencia es que la derecha ha mostrado a plena luz el hecho de que el poder est\u00e1 siempre fuera de la ley y, <em>por tanto<\/em>, puede incorporar cualquier forma de ilegalidad sin subvertir el sistema, sino reforz\u00e1ndolo, mientras que la izquierda sigue queriendo ocultar el \u00absucio secretillo\u00bb consider\u00e1ndose la orden sacerdotal delegada para protegerlo. Para la izquierda, la ilegalidad es indecible precisamente porque disfruta de ella tanto como su supuesto adversario, y sus continuos esfuerzos por legitimar el capitalismo, y legitimarse a s\u00ed misma a sus ojos, son una amplia prueba de ello. De hecho, podemos decir que ya ha terminado. En efecto, el sue\u00f1o de la izquierda no es, o al menos ya no es, el de superar o incluso destruir el capitalismo, sino el de un capitalismo que se identifique totalmente con el sistema de las leyes. Sin embargo, lo que es bastante cierto es que ning\u00fan poder en funciones ha tenido nunca miedo a la ilegalidad en s\u00ed misma, lo que realmente le preocupa es cuando percibe que hay algo que empieza a trascender la bipolaridad leyes-ilegalidad. Y lo \u00fanico que puede operar este proceso de trascendencia son las formas-de-vida que se tejen en nuevos territorios que s\u00f3lo comienzan <em>una vez desactivado el campo de las leyes<\/em>. Si el afuera de la ley para los nobles es la ilegalidad, para el pueblo es lo ingobernable.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">9. Gilles Deleuze, en el curso dedicado a Foucault celebrado en la Universidad de Vincennes, se detuvo largamente en la cuesti\u00f3n ley-ilegalidad,<sup>17<\/sup> afirmando que es el punto m\u00e1s original del m\u00e9todo foucaultiano y que lo diferencia sustancialmente de la cr\u00edtica marxista. De hecho, \u00bfqu\u00e9 dice Deleuze? Que todas las grandes teor\u00edas piensan en el poder en funci\u00f3n de la ley como instancia molar. As\u00ed, la oposici\u00f3n molar se convierte inmediatamente en la de ley-ilegalidad, hom\u00f3loga a la de dominantes-dominados, y todo se hace entrar en una macrof\u00edsica del poder. Foucault, por el contrario, se interesa, como sabemos, por la microf\u00edsica e introduce una desmitificaci\u00f3n de ese antagonismo, haciendo aparecer, en cambio, una complementariedad entre la ley y los ilegalismos, ya que tiene claro que la ley es el resultado de los ilegalismos difusos. Mientras que la ilegalidad presupone la existencia de una ley a nivel macrof\u00edsico, microf\u00edsicamente el ilegalismo no la necesita porque es \u00e9l el que produce el principio. La ley est\u00e1 hecha para prohibir s\u00f3lo en el nivel macro \u2014que es el nivel de la apariencia, del Espect\u00e1culo\u2014 pero en el nivel micro no es as\u00ed, es lo contrario. Si la ley existiera s\u00f3lo para prohibir y reprimir, su historia ser\u00eda una derrota continua, brome\u00f3 Deleuze: las leyes no est\u00e1n hechas para prohibir, sino para diferenciar la manera de sortearlas. La ley no impide un comportamiento, sino que consiste en un sistema de normas que dicen en qu\u00e9 condiciones est\u00e1 permitido ese comportamiento. Entre otros, Deleuze pone el ejemplo extremo de la defensa leg\u00edtima, es decir, de una ley que codifica los t\u00e9rminos en los que la acci\u00f3n m\u00e1s imaginada como prohibida, es decir, matar, se hace posible bajo la ley. En cualquier caso, no hay <em>la<\/em> ley, insiste Deleuze, sino <em>las<\/em> leyes, como se deduce del t\u00edtulo de la par\u00e1bola kafkiana; mientras que el otro relato, <em>Ante la ley<\/em>, muestra su estatuto ficticio. Y los ilegalismos que producen las leyes sirven para compensar a la clase dominada, por un lado, y para permitir la dominaci\u00f3n de clase, por otro. La ley no es m\u00e1s que la distribuci\u00f3n de los ilegalismos que crecen a la sombra de alguna otra ley y as\u00ed sucesivamente. Es en los escenarios de este teatro secreto donde se celebra el matrimonio entre los nobles y el Pueblo, mientras que el \u00abteatro de Oklahoma\u00bb de Kafka aparece como el de su destituci\u00f3n.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">10. Dec\u00edamos que el pueblo, a diferencia de los nobles, est\u00e1 siempre incluido en la ley, y as\u00ed es que incluso cuando logra escapar temporalmente de ellos sin cuestionar el dispositivo \u2014por ejemplo con una acci\u00f3n ilegal reivindicando un derecho\u2014 el resultado m\u00e1ximo alcanzable es el de la inclusi\u00f3n inmediata de esa pr\u00e1ctica particular en una ley que prohibir\u00e1 el libre uso de la cosa en cuesti\u00f3n, el m\u00ednimo es lo que suele ocurrir, es decir, su exclusi\u00f3n mediante la aplicaci\u00f3n de la ley, es decir, mediante lo que com\u00fanmente se llama \u00abrepresi\u00f3n\u00bb. Muy a menudo hemos asistido sucesivamente a la activaci\u00f3n primero de la segunda y luego de la primera t\u00e9cnica de exclusi\u00f3n inclusiva: sancionando a los transgresores y recuperando luego la anomia dentro del dispositivo, el ilegalismo se convierte en ley reforzando as\u00ed el sistema. El \u00absignificado\u00bb de la ley, por tanto, s\u00f3lo llega <em>a posteriori<\/em>, como sanci\u00f3n, como violencia que protege su secreto, y por tanto como incorporaci\u00f3n del afuera que funda el \u00abnuevo derecho\u00bb. Pero a estas alturas se ha alcanzado un umbral en el que todo est\u00e1 legalizado porque todo es sustancialmente ilegal y todos son potencialmente delincuentes, de modo que el dispositivo se ha como embalado y ya no parece haber una distinci\u00f3n real entre represi\u00f3n y derechos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Me parece que la discusi\u00f3n que tuvo lugar hace veinte a\u00f1os sobre los centros sociales okupados italianos entre los que estaban a favor de su legalizaci\u00f3n y los que estaban en contra, ha perdido por completo su verdadero objetivo, que no era banalmente el de oponer los \u00abpuros\u00bb a los \u00abvendidos\u00bb, sino el de <em>c\u00f3mo<\/em> se enfrenta uno estrat\u00e9gicamente a un poder y, en funci\u00f3n de este c\u00f3mo, entender en qu\u00e9 se <em>deviene<\/em>. Todo el mundo puede hacer el experimento de mirar hoy en qu\u00e9 se han convertido los distintos protagonistas de la \u00e9poca y sacar algunas conclusiones interesantes. La pobreza \u00e9tica de los \u00abvendidos\u00bb se corresponde con la impotencia de los \u00abpuros\u00bb que, precisamente por haber fetichizado la cuesti\u00f3n de la ilegalidad, no han sido capaces de expresar una salida real. Los \u00fanicos que han resuelto afirmativamente la cuesti\u00f3n son quiz\u00e1 los que, con el tiempo, han buscado otros caminos, otras formas, otros lugares que escapan a esa pinza moral. En otras palabras, son los que han <em>interrumpido<\/em> el dispositivo y han descubierto as\u00ed otras posibilidades de vivir y luchar.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">A las dos t\u00e9cnicas que hemos enumerado hay que a\u00f1adir, de hecho, una tercera, la m\u00e1s importante, que es el resultado de la interacci\u00f3n entre estas dos tecnolog\u00edas de gobierno, a saber, la de la producci\u00f3n de una subjetividad. No importa el adjetivo que lo acompa\u00f1e \u2014radical o normal, rebelde u oficialista\u2014, lo que realmente importa en esta operaci\u00f3n es que el sujeto interact\u00fae con el dispositivo una vez que lo ha producido como tal. El verdadero sentido de lo que los movimientos llaman \u00ablucha contra la represi\u00f3n\u00bb no debe ser el de un conflicto para cambiar o apropiarse de las leyes, ni siquiera para destruirlas, sino una forma de conflicto que en lugar de entrar en el dispositivo lo mantenga a distancia en la medida de lo posible, dispers\u00e1ndolo y pretendiendo as\u00ed vaciarlo de su fuerza. Si es cierto, como sostiene Foucault, que la represi\u00f3n es la forma terminal del poder, su caso l\u00edmite, entonces l\u00f3gicamente hay que empezar a intervenir aguas arriba para vaciar su eficacia. La solidaridad, por ejemplo, no es algo que nazca a la fuerza despu\u00e9s de un acto represivo, como desgraciadamente suele ocurrir, sino una fuerza que debe pensarse como uno de los <em>a priori<\/em> de la posibilidad de destituci\u00f3n de la ley. La represi\u00f3n, y esto no es un secreto, funciona mejor ante la miseria \u00e9tica y afectiva. Si nuestras barricadas no est\u00e1n constituidas por formas-de-vida, resistir\u00e1n el tiempo de una carga no demasiado violenta.\u00a0La lucha contra la represi\u00f3n \u2014que, como hemos visto, es en realidad una operaci\u00f3n que tiene como objetivo la producci\u00f3n de una subjetividad\u2014 es una lucha necesaria pero casi siempre ineficaz, no tanto por su escasa incisividad jur\u00eddica, sino porque, en el esfuerzo antag\u00f3nico por oponerse a la eficacia de la ley o por mostrar su injusticia, se acaba inevitablemente legitimando su dispositivo, ya sea rindi\u00e9ndose o creando un sujeto rebelde que encaje c\u00f3modamente en la dial\u00e9ctica del poder. Por ello, una lucha exitosa contra la represi\u00f3n s\u00f3lo ser\u00eda aquella que estrat\u00e9gicamente pusiera al derecho en la imposibilidad de funcionar, es decir, de <em>decidir<\/em>, llevando a cabo todas aquellas pr\u00e1cticas \u2014legales o ilegales, no importa en absoluto, por supuesto\u2014 que puedan hacer inoperante el dispositivo a trav\u00e9s del cual se ejerce el poder. Por ejemplo, desapareciendo como \u00absujetos\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">T\u00e1cticamente, es obvio que el pueblo practica el ilegalismo ya que debe poder defenderse ante la ley, lejos de cualquier actitud derrotista en este sentido, pero ni el ilegalismo en s\u00ed ni el derecho pueden tener ning\u00fan significado estrat\u00e9gico.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">11. La primera dificultad, se dijo, radica en que el mecanismo que hace funcionar estas leyes, que en el relato de Kafka se denominan casi inmediatamente leyes \u00abaparentes\u00bb, consiste en la creencia de que existen desde hace tanto tiempo que es su misma antig\u00fcedad la que legitima su presencia actual, pero tambi\u00e9n que, por ello, s\u00f3lo pueden ser confiadas a quienes siempre han pose\u00eddo el \u00absecreto\u00bb y, por tanto, ejercen el poder. La ley y el poder se encierran as\u00ed, a trav\u00e9s del secreto, en un c\u00edrculo que se abre <em>excepcionalmente<\/em> para incluir a su Pueblo y al mismo tiempo excluir a uno de ellos: esto y no otra cosa es a lo que se dedica el gobierno diariamente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">\u00bfC\u00f3mo se puede romper esta circularidad? Es esta pregunta la que Kafka intenta responder en la segunda parte del relato.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Los movimientos revolucionarios procedentes del pueblo siempre han estudiado a los hombres del poder, sus palabras y sus gestos para buscar una posible salida: \u00abSi nosotros, el pueblo, desde tiempos muy antiguos hemos observado cuidadosamente las acciones de la nobleza, si poseemos a este respecto informes escritos de nuestros antepasados y los hemos continuado concienzudamente y creemos reconocer en innumerables casos ciertas directivas que nos permiten remontarnos a alguna disposici\u00f3n hist\u00f3rica, y si sobre la base de estas deducciones cuidadosamente examinadas y ordenadas tratamos de organizarnos de alguna manera para el presente y el futuro: todo esto es sumamente incierto y tal vez s\u00f3lo un truco del intelecto\u00bb. \u00c9sta es claramente la descripci\u00f3n de una gran parte de la tradici\u00f3n de los oprimidos, que lleva en s\u00ed misma, como una de sus no-dichos, el hecho de que si es cierto que una revoluci\u00f3n debe preocuparse por destruir la confusi\u00f3n creada por la tradici\u00f3n, no puede prescindir de su propia tradici\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Se ha pensado y se sigue pensando que s\u00f3lo observando c\u00f3mo viven los poderosos llegaremos al fondo de la cuesti\u00f3n de las leyes, comprenderemos en qu\u00e9 consisten realmente y podremos entonces reconfigurar nuestras vidas de acuerdo con este conocimiento. Pero se trata de una tradici\u00f3n de pensamiento y acci\u00f3n que contiene muchos riesgos, adem\u00e1s de que, como sugiere Kafka, parece ser un \u00abjuego del intelecto\u00bb, es decir, una ideolog\u00eda. Uno de los riesgos, por ejemplo, es que si actuamos de esta manera, es decir, si observamos la vida de los nobles, al cabo de un tiempo quedamos pose\u00eddos por la visi\u00f3n y empezamos a pensar como ellos, a hablar como ellos y a imitar su forma de vida, mientras nos olvidamos de cuidar la nuestra. \u00c9sta es precisamente una de las posibilidades <em>m\u00e1gicas<\/em> a trav\u00e9s de las cuales act\u00faa el gobierno sobre los hombres, particularmente a trav\u00e9s del Espect\u00e1culo. Todo dispositivo posee este poder de encantamiento porque toda acci\u00f3n es sugerida, modelada, producida, mediante la adaptaci\u00f3n por contacto al funcionamiento normativo que el dispositivo impone a cada individuo, priv\u00e1ndolo de cualquier otro gesto posible. El ciudadano es ahora esa c\u00e1scara vac\u00eda por la que pasan los discursos y las acciones del gobierno, pero tambi\u00e9n es la materia viva que hace circular ese mismo poder en la metr\u00f3poli de la que los ciudadanos son, literalmente, la principal infraestructura. Por eso, el ya famoso eslogan que nos invita a \u00abbloquear los flujos\u00bb debe entenderse tambi\u00e9n, si no principalmente, como una invitaci\u00f3n a bloquear los flujos interiores de cada uno de nosotros. Interesante cuesti\u00f3n, pero Kafka nos lleva m\u00e1s all\u00e1.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">De hecho, Kafka dice, cerrando la frase que acabamos de citar y problematizando todo el asunto de un modo que no podemos decir si es m\u00e1s c\u00f3mico o dram\u00e1tico, que la verdadera cuesti\u00f3n quiz\u00e1 radique en que \u00abesas leyes que intentamos adivinar no existen\u00bb. Llam\u00e9mosla hip\u00f3tesis nihilista. Si no existen, entonces su secreto es que no hay ning\u00fan secreto que descubrir, que el interior de la tradici\u00f3n de los vencedores, como el centro de la m\u00e1quina mitol\u00f3gica del poder por la que se mantiene en movimiento, est\u00e1 <em>vac\u00edo<\/em>, o, como dir\u00eda Agamben, que todo el ruido de la m\u00e1quina s\u00f3lo sirve para ocultar la inoperosidad de la existencia humana. Si as\u00ed fuera, cuando observamos las operaciones del poder no deber\u00edamos pensar que se refieren a una realidad primordial, que m\u00e1s all\u00e1 o dentro de ellas est\u00e1 el verdadero sentido de la ley.\u00a0Las acciones del poder se refieren simplemente a s\u00ed mismas, pero poseen, por otra parte, una facultad de encantamiento, y Kafka sugiere, al insinuar la duda sobre la existencia de las leyes, una forma de escapar a su fascinaci\u00f3n m\u00e1gica. Por lo tanto, podemos pensar que las famosas \u00ableyes del Capital\u00bb no existen, sino s\u00f3lo las formas de actuar de los capitalistas que producen determinadas situaciones, pr\u00e1cticas de encantamiento que producen trabajadores, consumidores o simplemente personas desesperadas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La par\u00e1bola contin\u00faa mencionando a un \u00abpeque\u00f1o partido\u00bb que de hecho sostiene este punto de vista, a saber, que las leyes no existen realmente y que lo \u00fanico cierto es que \u00absi hay una ley, s\u00f3lo puede ser \u00e9sta: ley es lo que hace la nobleza\u00bb. El supuesto secreto de las leyes no es m\u00e1s que esto. Para el partido peque\u00f1o, todo el conjunto de leyes no es m\u00e1s que un c\u00famulo de \u00abactos arbitrarios\u00bb, es decir, actos de violencia, exactamente esa violencia m\u00edtica que Walter Benjamin define como la que \u00abfunda el derecho\u00bb: \u00abnuestras leyes\u00bb son el resultado de un poder constituyente que se hunde en la nada. Pero Kafka tambi\u00e9n pone en duda la \u00abtradici\u00f3n popular\u00bb que sigue la \u00abmayor\u00eda del pueblo\u00bb, porque \u00abconfiere al pueblo frente a los acontecimientos futuros una seguridad falsa, falaz, que induce a la frivolidad\u00bb, ya que sostiene que la ley existe, pero que para reapropiarse de ella hay que estudiar su historia, su tradici\u00f3n, hasta el d\u00eda en que tanto la tradici\u00f3n como su estudio lleguen a su fin, y s\u00f3lo ese d\u00eda todo se aclarar\u00e1 y la ley podr\u00e1 pertenecer al pueblo y s\u00f3lo a \u00e9l, mientras que quien antes la detentaba desaparecer\u00e1 porque ya no habr\u00e1 secretos con los que alimentar su autoridad. El problema m\u00e1s grave de esta tradici\u00f3n orientada completamente <em>por el futuro<\/em> es que lleva al pueblo, en el que el narrador se reconoce, a odiarse a s\u00ed mismo: \u00abnos odiamos a nosotros mismos porque todav\u00eda no podemos ser dignos de la ley\u00bb. Por eso algunos sabios incomprendidos dicen que el d\u00eda del juicio no nos espera en un futuro lejano, sino que est\u00e1 presente en cada momento de nuestra vida, cuando no la reconciliaci\u00f3n, sino la \u00abtempestad del perd\u00f3n\u00bb<sup>18<\/sup> destruye toda fechor\u00eda.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">12. Ambas posturas evocadas por Kafka tienen sus propias razones, que a menudo se mezclan en mayor o menor medida. El peque\u00f1o partido tiene raz\u00f3n al sugerir que las leyes no existen y que se pueden remontar a actos de violencia arbitraria, y la mayor\u00eda del pueblo tiene raz\u00f3n al decir que las leyes existen <em>en la medida en que<\/em> funcionan y que, por lo tanto, hay que estudiarlas, hay que descubrir su mecanismo, para expropiar a sus detentadores. Estas dos son t\u00e1cticas valiosas, pero hay que juntarlas en una serie estrat\u00e9gica que incluya, en su seno, el gesto destituyente.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La t\u00e1ctica del peque\u00f1o partido es un primer movimiento que, al constatar la anarqu\u00eda del poder, conduce a la oportuna contestaci\u00f3n de sus actos. Es el primer distanciamiento del mundo de las leyes, la negaci\u00f3n que lleva a un antagonismo con el poder, es esencialmente la tradici\u00f3n pol\u00edtica de los subalternos. El estudio de las leyes, en cambio, es, como el propio Kafka mostr\u00f3 en la novela de Buc\u00e9falo,<sup>19<\/sup> aquello que s\u00f3lo es apropiado <em>despu\u00e9s<\/em> de su destituci\u00f3n y disoluci\u00f3n en la <em>vida<\/em>.<sup>20<\/sup> Vemos, pues, en qu\u00e9 consiste la hip\u00f3tesis kafkiana en relaci\u00f3n con este punto mediano, pero absolutamente decisivo, que es la destituci\u00f3n. De hecho, hay algo, contin\u00faa el relato kafkiano, que tanto el peque\u00f1o partido como la mayor\u00eda del pueblo comparten y que impide resolver definitivamente la cuesti\u00f3n de las leyes: aunque el primero niega la realidad de la ley y el segundo cree poder llegar a un acuerdo con ella, ambos reconocen \u00abplenamente la nobleza y su derecho a existir\u00bb. Tal vez las leyes no existan o puedan cambiar de manos, pero ninguna de estas posiciones cuestiona el poder como tal, es decir, la <em>esencia<\/em> que creemos reconocer <em>detr\u00e1s<\/em> de las acciones de sus ministros. Despu\u00e9s de todo, es una posici\u00f3n que podemos encontrar f\u00e1cilmente en casi todos los movimientos contestatarios. Por otro lado, lo contrario es cierto porque, escribe Benjamin, los funcionarios y los padres, dos de los principales ministros de la ley, son par\u00e1sitos que no s\u00f3lo consumen la fuerza de sus s\u00fabditos sino tambi\u00e9n su derecho a existir.<sup>21<\/sup> En otras palabras, los nobles s\u00f3lo pueden existir mediante la expropiaci\u00f3n de la existencia del pueblo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">De lo que se trata aqu\u00ed es de una especie de prueba ontol\u00f3gica de la existencia del poder: si el poder <em>es algo<\/em> entonces seguir\u00e1 <em>si\u00e9ndolo<\/em> incluso cuando la ley, al final de la interpretaci\u00f3n y en la transici\u00f3n a la praxis, pase a manos del pueblo: \u00e9sta es la historia del socialismo real, de muchos marxismos y su obsesi\u00f3n por el gobierno. Pero incluso si se niega la existencia y, por tanto, la validez de la ley, no se puede destituir verdaderamente mientras se crea en una esencia del poder que se encarnar\u00eda en la existencia de ciertos individuos: \u00e9sta es la historia del anarquismo hist\u00f3rico, de su paranoia del poder y de su creencia tan occidental en el individuo. Por lo tanto, no basta con decir que la ley no tiene sentido y que es un fraude, hay que llegar a afirmar el no-ser del poder y que el verdadero secreto del gobierno reside en que nadie, ni siquiera los que se oponen a la ley, cuestione la existencia misma del poder. La verdad, pues, no reside en que los gobernantes <em>sean<\/em> o <em>tengan<\/em> poder, sino en que la ley consiste exclusivamente en sus <em>actos<\/em>, el poder no es m\u00e1s que un conjunto de accidentes que se convierten en ley. <em>Pero sobre todo, nadie cuestiona la existencia del poder porque eso significar\u00eda negar su propia existencia como sujetos<\/em>: \u00abvivimos en la hoja de este cuchillo\u00bb, se\u00f1ala amargamente el narrador. En otras palabras: la existencia del poder es tambi\u00e9n la existencia de todos y cada uno de nosotros como sujetos; si dejamos de creer en la existencia de uno, la consecuencia ser\u00e1 que la existencia de los otros tambi\u00e9n caer\u00e1, y esto es lo que cuesta pol\u00edtica y existencialmente mucho. Lo que Kafka, al cerrar el relato, expresa as\u00ed: \u00abUn escritor resumi\u00f3 una vez la situaci\u00f3n de esta manera: la \u00fanica ley visible e indudable que se nos impone es la nobleza, \u00bfy debemos privarnos de esta \u00fanica ley?\u00bb. La cuesti\u00f3n de las leyes es la cuesti\u00f3n del sujeto. En este sentido, la revoluci\u00f3n es una cuesti\u00f3n antropol\u00f3gica m\u00e1s que estrictamente pol\u00edtica.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">13. La posici\u00f3n de un nihilismo revolucionario podr\u00eda ser \u00e9sta: el gobierno de las leyes no est\u00e1 en el origen de todo lo que fue y est\u00e1 por venir; por el contrario, es la m\u00e1quina que se ha construido como reacci\u00f3n a la anarqu\u00eda de las formas-de-vida y que al apropiarse de su potencia las distorsiona, dando lugar a una anarqu\u00eda infernal. Por eso, desaf\u00eda Kafka, s\u00f3lo un partido que no s\u00f3lo niega la existencia de las leyes, sino que afirma que <em>el poder no es<\/em>, podr\u00eda ganar la mentira y \u00abtendr\u00eda las adhesiones de todo el pueblo\u00bb. El verdadero l\u00edmite, que nosotros mismos constituimos como sujetos, radica entonces en no llegar hasta el fondo de la negaci\u00f3n, donde yace la afirmaci\u00f3n que alguna vez estuvo enterrada bajo las capas de la tradici\u00f3n. Porque si es cierto que la <em>\u00fanica<\/em> ley est\u00e1 en el ejercicio difuso del poder, es decir, los <em>sujetos<\/em> y sus <em>acciones<\/em>, \u00bfc\u00f3mo podemos privarnos de ella con nuestras propias manos? En este punto parece l\u00f3gico sugerir que s\u00f3lo destituy\u00e9ndonos como sujetos podremos acceder a la destituci\u00f3n del poder, o m\u00e1s bien que ambas operaciones son en realidad una misma cosa. Por eso Kafka respondi\u00f3 a sus amigos que le preguntaban por la posibilidad de la esperanza que \u00e9sta existe <em>pero no para nosotros<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El problema que nos plantea Kafka con esta par\u00e1bola es que aquellos que desean hacer una revoluci\u00f3n o que esperan el futuro pueden perfectamente impugnar la existencia de la ley o estudiar sus modos para que finalmente acabe en manos del pueblo, pero si no consiguen iluminar la fractura entre la prehistoria, el origen de las leyes y la doble tradici\u00f3n reflejada en el presente, el poder seguir\u00e1 existiendo, el derecho renacer\u00e1 de nuevo como instrumento de dominaci\u00f3n. Por lo tanto, la \u00fanica manera de destituir las leyes es negar al poder el estatuto del <em>ser<\/em>. El poder no es, el poder <em>funciona<\/em>, se compone de individuos que <em>hacen<\/em> cosas. No tiene legitimidad trascendente ni necesidad inmanente. La insurrecci\u00f3n destituyente es el conjunto de pr\u00e1cticas profanatorias que destituyen no una esencia sino ese hacer, es el gesto impersonal que desactiva las obras del poder. La \u00fanica pol\u00edtica revolucionaria es la que prescinde de cualquier sujeto y, por tanto, destituye a la propia pol\u00edtica.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">14. Por \u00faltimo, hay que sortear el problema que Kafka plantea ir\u00f3nicamente sobre el partido revolucionario: est\u00e1 claro que ning\u00fan partido puede constituirse <em>a priori<\/em>, sino que es experiencia com\u00fan que el partido se construye a trav\u00e9s de los gestos revolucionarios que resuenan entre s\u00ed. El partido no es ni una sustancia ni un sujeto, ni una m\u00e1quina de guerra ni la expresi\u00f3n de una voluntad. Nuestro partido se compone de experiencias, intensidades, afectos que se transforman en medios materiales, espirituales y guerreros que se van componiendo en una forma-de-vida que tiene, ella, un valor estrat\u00e9gico. La \u00fanica vanguardia posible de este partido la reconoce Kafka \u2014en otro relato del mismo a\u00f1o, que plantea las mismas cuestiones\u2014<sup>22<\/sup> en la clase de los j\u00f3venes de entre diecisiete y veinte a\u00f1os, porque ve en ellos la ausencia de toda ideolog\u00eda, aunque sea revolucionaria, y la presencia en su esp\u00edritu de una desconfianza natural hacia los ministros de la ley. Pero tambi\u00e9n porque en ellos est\u00e1 viva la llama de la amistad, que hace fracasar las peque\u00f1as sublevaciones, pero hace que las revoluciones tengan \u00e9xito, porque, como escribi\u00f3 el joven Kafka en una carta a Max Brod: \u00abUna masa de gente unida por la amistad s\u00f3lo es \u00fatil en las revoluciones, cuando todos act\u00faan al un\u00edsono y con sencillez, pero si se produce una peque\u00f1a sublevaci\u00f3n bajo la luz difusa de una mesa, entonces fracasar\u00e1\u00bb.<sup>23<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por \u00faltimo, y sobre todo, el partido no debe convertirse nunca en una organizaci\u00f3n que organiza a otros, sino ser y permanecer como una leyenda, una leyenda que se comunica de boca a boca, de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, de cuerpo a cuerpo. S\u00f3lo as\u00ed el partido revolucionario evitar\u00e1 convertirse en uno de los muchos lugares de la ley.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si adoptamos el punto de vista del partido de Kafka \u2014que es <em>lo que resta o sobra<\/em> entre el peque\u00f1o partido y la mayor\u00eda del pueblo\u2014, quienes nos gobiernan no tienen legitimidad, no tanto porque sus leyes sean mentira, sino porque lo hacen sobre la base de un principio vac\u00edo que postula la existencia de leyes como necesaria, porque si el poder <em>es<\/em> entonces <em>debe<\/em> ejercerse de la \u00fanica manera que <em>puede<\/em>, es decir, gobernando a trav\u00e9s de la ley, que se expresa como la \u00fanica relaci\u00f3n posible entre los sujetos. Pero es falso que no haya un afuera del poder y es falso que s\u00f3lo podamos existir como sujetos. Por ello, una verdadera revoluci\u00f3n s\u00f3lo ser\u00eda aquella que declarara que ning\u00fan poder tiene existencia real, ni pasado ni futuro, y que quienes lo ejercen no descansan en el ser sino en una nada que se expresa productivamente en la violencia constituyente. En la primera p\u00e1gina del primer n\u00famero de <em>Tiqqun<\/em> est\u00e1 grabada la frase \u00abNadificar la nada\u00bb, que bien podr\u00eda ser el lema inscrito en la bandera del partido kafkiano. La leyenda de este partido s\u00f3lo puede sugerir c\u00f3mo lograr esta nadificaci\u00f3n, pero no puede decir nada seguro sobre qu\u00e9 y c\u00f3mo ser\u00e1 despu\u00e9s si no es mir\u00e1ndolo desde la prehistoria, desde el premundo, es decir, po\u00e9ticamente.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">15. El eslogan que recorre el mundo desde hace veinte a\u00f1os y que comenz\u00f3 en Argentina, <em>\u00a1Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!<\/em>, no puede entenderse entonces como un aviso de despido dirigido a la actual clase dirigente para luego, inevitablemente, reformar otra. Es un potente verso de la leyenda revolucionaria que niega al gobierno y a nosotros mismos, en cuanto parte incluida productivamente en \u00e9l, la posibilidad misma de <em>existir<\/em>, y es por ello que esas palabras se han convertido en la cifra com\u00fan de todos los movimientos revolucionarios contempor\u00e1neos, palabras que no deben ser interpretadas sino tomadas al pie de la letra: todos los \u00abnobles\u00bb deben irse y nadie ocupar\u00e1 su lugar, no hay <em>necesidad<\/em> de poder sino s\u00f3lo una tradici\u00f3n ya decadente que la postula. \u00c9ste es el horizonte estrat\u00e9gico dentro del cual es posible pensar en la destituci\u00f3n de las leyes y la destrucci\u00f3n de la puerta de la justicia, que es un hecho extremadamente pr\u00e1ctico.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Ante este horizonte comprendemos la verdad, tan divertida como tr\u00e1gica, de un extra\u00f1o aforismo de Franz Kafka, uno de los m\u00e1s grandes comunistas de todos los tiempos: \u00abEl momento decisivo de la evoluci\u00f3n humana es perpetuo. Por eso tienen raz\u00f3n los movimientos espirituales revolucionarios que declaran nulo todo lo que pertenece al pasado, porque todav\u00eda no ha pasado nada\u00bb. En esta interrupci\u00f3n de la nada se cumple toda interpretaci\u00f3n y toda escritura.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>1<\/sup> F. Kafka, \u00abLa questione delle leggi\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Tutti i racconti<\/em>, ed. E. Pocar, Mil\u00e1n, Mondadori, 1976, pp. 329-330.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>2<\/sup> C. N. Bialik, <em>Halachah e Aggadah. Sulla Legge ebraica<\/em>, ed. A. Cavalletti, trad. it. de D. Messina, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 2006, p. 50.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>3<\/sup> \u00ab<em>El uso literario de la lengua es hom\u00f3logo a ese uso formal de la vida que es el fin y el t\u00e9rmino del comunismo<\/em>\u00bb, en F. Fortini, <em>Verifica dei poteri. Scritti di critica e di istituzioni letterarie<\/em>, Mil\u00e1n, Il saggiatore, 2017, p. 162.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>4<\/sup> G. Agamben, <em>Signata rerum. Sul metodo<\/em>, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 2008, p. 90.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>5<\/sup> W. Benjamin, \u00abFranz Kafka\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Angelus Novus. Saggi e Frammenti<\/em>, ed. y trad. it. de R. Solmi, Tur\u00edn, Einaudi, 1995, p. 278.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>6<\/sup> <em>Ibid<\/em>., p. 258.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>7<\/sup> G. Agamben, \u00abElogio della profanazione\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Profanazioni<\/em>, Roma. Nottetempo, 2005, p. 83.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>8<\/sup> Tiqqun, <em>Teoria del Bloom<\/em>, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 2004, p. 125.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>9<\/sup> Comitato Invisibile, <em>L\u2019insurrezione che viene \u2013 Ai nostri amici \u2013 Adesso<\/em>, Roma, Nero edizioni, 2019, pp. 108-109.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>10<\/sup> W. Benjamin, \u00abFranz Kafka\u00bb, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., p. 288.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>11<\/sup> G. Agamben, \u00abPrincipia Hermeneutica\u00bb, en <em>Critique<\/em>, n\u00fam. 836-837, enero\/febrero de 2017, pp. 5-13.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>12<\/sup> <em>Cf<\/em>. la carta de Gershom Scholem a Walter Benjamin del 17 de julio de 1934 en la que Scholem, hablando de Kafka, esclarece su teor\u00eda de la inaplicabilidad de la ley, y tambi\u00e9n la carta del 20 de septiembre de 1934, tambi\u00e9n hablando de Kafka, que contiene la famosa frase scholemiana: la ley \u00ab<em>est\u00e1 vigente<\/em>, pero no <em>significa<\/em>\u00bb, en W. Benjamin, G. Scholem, <em>Teologia e utopia. Carteggio 1933-1940<\/em>, trad. it. de A. M. Marietti Solmi, Tur\u00edn, Einaudi, 1987, pp. 146 y 162.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>13<\/sup> T. Mann, <em>La montagna incantata<\/em>, vol. I, trad. it. de E. Pocar, Mil\u00e1n, Corbaccio-dall\u2019Oglio, 1965, p. 5.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>14<\/sup> G. Agamben, <em>Infanzia e storia. Distruzione dell\u2019esperienza e origine della storia<\/em>, Tur\u00edn, Einaudi, 2001, p. 95.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>15<\/sup> F. Jesi, \u00abLa festa e la macchina mitol\u00f3gica\u00bb, en <em>id<\/em>. (ed.), <em>La festa<\/em>, Tur\u00edn, Rosenberg &amp; Sellier, 1977, p. 197.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>16<\/sup> G. Agamben, \u00abChe cos\u2019\u00e8 un popolo?\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Mezzi senza fine. Note sulla politica<\/em>, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 1996, p. 31.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>17<\/sup> Clase del 14\/01\/1986 (1): http:\/\/www2.univ-paris8.fr\/deleuze\/article.php3?id_ article=441.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>18<\/sup> W. Benjamin, \u00abIl significato del tempo nel mondo morale [fr 71]\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Opere complete VIII. Frammenti e Paralipomena<\/em>, trad. it. de G. Schiavone, Tur\u00edn, Einaudi, 2014, pp. 93-94.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>19<\/sup> F. Kafka, \u00abIl nuovo avvocato\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Tutti i racconti<\/em>, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., pp. 179.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>20<\/sup> V\u00e9ase G. Agamben, <em>Stato d\u2019eccezione. Homo sacer, II, 1<\/em>, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 2003, pp. 81-83.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>21<\/sup> W. Benjamin, \u00abFranz Kafka\u00bb, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., p. 278.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>22<\/sup> Me refiero a F. Kafka, \u00abLa supplica respinta\u00bb, en <em>id<\/em>., <em>Tutti i racconti<\/em>, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., pp. 325-328.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify\"><small><sup>23<\/sup> M. Brod, F. Kafka. <em>Un altro scrivere. Lettere 1904-1924<\/em>, trad. it. de M. Rispoli y L. Zenobi, Vicenza, Neri Pozza beat, 2007, p. 30.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente texto traducido para Artiller\u00eda inmanente fue publicado por primera vez en la revista P\u00f3lemos, a\u00f1o I, n\u00fam. 1, julio de 2020, y forma parte del dossier \u00abIl gesto che resta. 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