{"id":2131,"date":"2021-03-08T19:45:51","date_gmt":"2021-03-09T01:45:51","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2131"},"modified":"2021-03-09T10:25:14","modified_gmt":"2021-03-09T16:25:14","slug":"andrea-cavalletti-la-seguridad-y-la-solidaridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=2131","title":{"rendered":"Andrea Cavalletti \/ La seguridad y la solidaridad"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>Originalmente publicado en <\/strong><a href=\"https:\/\/crisiscritique.org\/uploads\/24-11-2020\/complete-issue-volume-7-issue-3-2020.pdf?v=1\"><strong><em>Crisis &amp; Critique<\/em><\/strong><\/a><strong>, vol. 7, n\u00fam. 3, 24 de noviembre de 2020, pp. 26-39.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">1. Al final de la segunda lecci\u00f3n del curso <em>Seguridad, territorio, poblaci\u00f3n<\/em>, Michel Foucault record\u00f3 sus investigaciones sobre el poder disciplinario haciendo una correcci\u00f3n determinante, en la perspectiva de la regulaci\u00f3n y la normalizaci\u00f3n seguritaria: \u00abDije en alguna parte que no se puede entender el establecimiento de ideolog\u00edas y pol\u00edticas liberales en el siglo XVIII sin tener en cuenta que el mismo siglo XVIII, que hab\u00eda reivindicado con tanta fuerza las libertades, las hab\u00eda lastrado, sin embargo, con una t\u00e9cnica disciplinaria que [\u2026] limitaba gravemente la libertad y, en cierto modo, garantizaba el ejercicio mismo de esa libertad. Bueno, creo que estaba equivocado. Nunca me equivoqu\u00e9 del todo, por supuesto, pero \u00e9ste no es exactamente el caso. Creo que lo que est\u00e1 en juego es algo totalmente distinto. Es que, de hecho, esta libertad, a la vez ideolog\u00eda y t\u00e9cnica de gobierno, esta libertad debe entenderse dentro de las mutaciones y transformaciones de las tecnolog\u00edas de poder. Y, de forma m\u00e1s precisa y particular, la libertad no es otra cosa que el correlato de la implementaci\u00f3n de dispositivos de seguridad. Un dispositivo de seguridad s\u00f3lo puede funcionar bien, o al menos el que les he mencionado, si se le da algo que es la libertad en el sentido moderno [de la palabra] en el siglo XVIII: ya no las concesiones y los privilegios que van unidos a una persona, sino la posibilidad de movimiento, desplazamiento, proceso de circulaci\u00f3n de la gente y de las cosas\u00bb.<sup>1<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><em>Vigilar y castigar<\/em> defini\u00f3 en realidad la \u00abmodalidad pan\u00f3ptica del poder\u00bb, separ\u00e1ndola claramente de las \u00abestructuras jur\u00eddico-pol\u00edticas\u00bb de la sociedad burguesa. Aqu\u00ed, en las lecciones de 1978-1979, el mecanismo de la seguridad se a\u00edsla en cambio mediante la doble distinci\u00f3n del sistema jur\u00eddico, por un lado, y del aparato disciplinario, por el otro. El pasaje es bien conocido: \u00abla ley trabaja en lo imaginario, ya que la ley imagina y s\u00f3lo puede formularse imaginando todas las cosas que podr\u00edan hacerse y no deben hacerse. Imagina lo negativo. La disciplina trabaja [&#8230;] en lo complementario de la realidad [&#8230;]. Y por \u00faltimo la seguridad [&#8230;] intentar\u00e1 trabajar en la realidad, haciendo jugar, gracias y a trav\u00e9s de toda una serie de an\u00e1lisis y disposiciones espec\u00edficas, los elementos de la realidad unos con respecto a otros\u00bb.<sup>2<\/sup> Y esta interacci\u00f3n rec\u00edproca de los elementos de lo real tiene por objeto, como sabemos, no evitar condiciones peligrosas (por ejemplo, la hambruna) sino lograr la \u00abnormalizaci\u00f3n\u00bb y el equilibrio (entre zonas pobres y ricas). Por lo tanto, est\u00e1 \u00abprofundamente ligado al principio general de lo que se llama liberalismo. El juego del liberalismo: dejar que la gente haga, que las cosas pasen, que las cosas vayan, dejar hacer, pasar e ir, esto quiere decir esencial y profundamente dejar que la realidad se desarrolle y vaya [\u2026] seg\u00fan las leyes mismas, los principios y los mecanismos que son los de la realidad\u00bb.<sup>3<\/sup> La libertad es aqu\u00ed, en otras palabras, el principio que asegura la adhesi\u00f3n de la t\u00e9cnica pol\u00edtica, o de los dispositivos de seguridad, al libre juego de lo real en el que participan los hombres y las cosas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por lo tanto, \u00ab<em>estaba equivocado<\/em>\u00bb, porque la transformaci\u00f3n moderna de los dispositivos y las pr\u00e1cticas de poder no pod\u00eda entenderse limit\u00e1ndose a la t\u00e9cnica disciplinaria entendida como coerci\u00f3n o como \u00absubsuelo de las libertades formales y jur\u00eddicas\u00bb.<sup>4<\/sup> Pero al mismo tiempo, nunca me equivoqu\u00e9 del todo\u2026, ya que no se trata precisamente de sustituir el modelo seguritario por el disciplinario; del mismo modo que \u00e9ste no se ha limitado a suplantar al jur\u00eddico, ahora no hay una afirmaci\u00f3n exclusiva de la libertad, y \u00abdejar hacer\u00bb, precisa Foucault, no significa ciertamente dejar hacer todo. El ascenso al poder de la racionalidad seguritaria no implica, pues, el fin de la disciplina (y menos a\u00fan el del panoptismo, por supuesto); por el contrario, implica la comprensi\u00f3n del propio sistema disciplinario y del sistema jur\u00eddico como entidades de lo real, como elementos cuya \u00abrealidad se desarrolla y va\u00bb. \u00abY, de forma m\u00e1s precisa y particular, la libertad no es otra cosa que el correlato de la implementaci\u00f3n de dispositivos de seguridad\u00bb, lo es hasta el punto de poner en juego e integrar libremente los otros sistemas en su equilibrio. Si Foucault pudo corregirse, es decir, si se equivoc\u00f3 en parte y al mismo tiempo no se equivoc\u00f3 absolutamente, <em>tout \u00e0 fait tort<\/em>, es por una parte porque \u00ablos panoptismos de todos los d\u00edas [\u2026] han sido, en la genealog\u00eda de la sociedad moderna, con la dominaci\u00f3n de clase que la atraviesa, la contrapartida pol\u00edtica de las normas jur\u00eddicas seg\u00fan las cuales se redistribu\u00eda el poder\u00bb,<sup>5<\/sup> y, por otra parte, porque esta <em>contrepartie politique<\/em> s\u00f3lo es comprensible en el sentido de la \u00abgenealog\u00eda de la sociedad moderna\u00bb, como correlato de la libertad y de los dispositivos de seguridad, es decir, de \u00abuna serie de an\u00e1lisis y disposiciones espec\u00edficas de la normalizaci\u00f3n econ\u00f3mica\u00bb. Si las disciplinas son \u00abuna especie de contra-derecho\u00bb y tienen \u00abel papel preciso de introducir disimetr\u00edas insuperables y excluir reciprocidades\u00bb<sup>6<\/sup> es porque son coherentes con la misma \u00abdominaci\u00f3n de clase que la atraviesa\u00bb (a la sociedad) y al mismo tiempo con que \u00abla libertad no es otra cosa que el correlato de la implementaci\u00f3n de dispositivos de seguridad\u00bb. Por otra parte, es cierto que fueron los mismos \u00abeconomistas\u00bb, que dispon\u00edan de la t\u00e9cnica de poder en el juego de la realidad, los que inventaron el uso moderno del t\u00e9rmino clase: dividir la poblaci\u00f3n en clases significa reconducirla a un n\u00famero discreto de elementos de la realidad; o, seg\u00fan la f\u00f3rmula de <em>El amigo de los hombres<\/em> de Mirabeau, \u00abafirmar de d\u00f3nde procede la renta, c\u00f3mo se distribuye [\u2026] en qu\u00e9 lugares se pierde, en qu\u00e9 lugares se reproduce\u00bb, es decir, \u00abformular una divisi\u00f3n del orden social, porque tratamos con personas, mediante el criterio \u00fanico de las relaciones de producci\u00f3n de la riqueza\u00bb.<sup>7<\/sup> La clasificaci\u00f3n disciplinaria de los cuerpos, corresponde y se adapta as\u00ed a la que pone en funcionamiento la distinci\u00f3n de una serie de elementos y de su libre juego \u2014o de sus relaciones econ\u00f3micas\u2014 en el seno de la propia sociedad; las disimetr\u00edas que introduce son coherentes con la nueva libertad, que no es formal y jur\u00eddica, sino que es una libertad de movimiento, de riqueza y de personas, gestionada a nivel estad\u00edstico y marcada por la distinci\u00f3n y la dominaci\u00f3n de clase.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">2. Fue Hobbes quien vincul\u00f3 tan estrechamente la libertad al aparato de seguridad, es decir, la at\u00f3 indisolublemente al polo negativo del miedo. En el <em>Leviat\u00e1n<\/em>, el ejercicio de la soberan\u00eda corresponde, seg\u00fan la conocida frase de Carl Schmitt, al \u00abaseguramiento efectivo y presente de una protecci\u00f3n real\u00bb:<sup>8<\/sup> se aplica exclusivamente dentro de los muros de la ciudad y mientras el soberano pueda garantizar la libertad (es decir, la circulaci\u00f3n segura) del ciudadano. Si esto falla, el soberano, por un lado, y su s\u00fabdito, por el otro, dejan l\u00f3gicamente de ser tales. As\u00ed, el hombre que ya no es libre de moverse, es decir, que ha sido forzado a ir a la c\u00e1rcel, tiene todas las razones para intentar escapar, ya que el pacto en su caso ha fracasado. Consecuentemente, quien no cierra su casa con llave o circula sin protecci\u00f3n \u2014mostrando as\u00ed que no reconoce el principio de seguridad, es decir, la coherencia de la libertad y el miedo\u2014 se coloca fuera de la condici\u00f3n civil.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Desde su evoluci\u00f3n en el siglo XVIII, el modelo empez\u00f3 a ser abiertamente din\u00e1mico: la seguridad es ahora un fin que se persigue y que s\u00f3lo puede alcanzarse gracias a una adecuada solicitaci\u00f3n, es decir, bajo la presi\u00f3n del miedo. El dinamismo est\u00e1, pues, en funci\u00f3n del equilibrio entre el miedo y la esperanza, la repulsi\u00f3n y la atracci\u00f3n. La libertad o la seguridad se definen entre estos polos y, a su vez, son siempre nuevamente deseables y solicitables.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La inseguridad, por lo tanto, no es empujada fuera de la ciudad, sino que se convierte en el polo negativo y eficiente de los propios dispositivos de seguridad. Tras una primera serie de ajustes, afinamientos y simplificaciones a veces admirables, hacia finales del siglo XVIII, las tecnolog\u00edas sustituyen la pretensi\u00f3n imposible de proteger completamente por la capacidad de hacer desear la protecci\u00f3n, consiguiendo as\u00ed transformar la debilidad en un punto fuerte. Se tratar\u00e1 entonces, no de eliminar los riesgos, sino por el contrario de ponerlos de relieve, de seleccionar y mantener aquella amenaza espec\u00edfica contra la que se puede ofrecer o hacer creer que se puede ofrecer protecci\u00f3n, o en su caso, producirla. Esta afortunada f\u00f3rmula de las t\u00e9cnicas de seguridad no teme las contradicciones y sigue actuando a lo largo de los siglos<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">As\u00ed, se comprende c\u00f3mo los mismos dispositivos \u00abliber\u00f3genos\u00bb<sup>9<\/sup> pueden resultar a veces contraproducentes, sin por ello entrar realmente en crisis: incluso as\u00ed, conseguir\u00e1n de hecho provocar la demanda de una libertad que vuelva a ser coherente con su funcionamiento.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">3. Marcada por la distinci\u00f3n y la dominaci\u00f3n de clase, la libertad de movimiento de los bienes o de las personas, es coesencial a la normalizaci\u00f3n seguritaria: la \u00abpoblaci\u00f3n\u00bb, el objeto espec\u00edfico que el biopoder produce y controla \u2014como explic\u00f3 Foucault\u2014 es una multitud clasificada, disciplinada y marcada por niveles de vida deseables o temibles, por polaridades colaboradoras de riesgo y bienestar. Ya sea cuando se revela como la verdadera \u00abfuerza del Estado\u00bb (Mirabeau), o cuando se concibe como el \u00abm\u00e1ximo de fuerza de un n\u00famero determinado de personas\u00bb (Rousseau), ella misma divide entre: la poblaci\u00f3n \u00abcorrecta\u00bb o \u00abverdadera\u00bb (Giammaria Ortes), que es coherente con las necesidades, los objetivos y las estrategias gubernamentales, y la poblaci\u00f3n \u00abfalsa\u00bb o \u00abaparente\u00bb, a la vez cercana y ajena a la primera, a la que proyecta una sombra negativa. La gran divisi\u00f3n en clases puede entonces simplificar su propio esquema, que es poner en orden, hacer inteligible y gestionable esa variabilidad de grados infinitesimales que marca a cada individuo, haciendo que su condici\u00f3n sea anhelada o indeseable. La disciplina colabora a esta definici\u00f3n microl\u00f3gica, y realiza as\u00ed el injerto de las singularidades en la clasificaci\u00f3n en masa del cuerpo social.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El nivel de vida es un nivel de protecci\u00f3n, y la exposici\u00f3n al riesgo aumenta inversamente con el rango social. Como demostr\u00f3 Marx, el capital captura y a su vez hace productiva esta disparidad. Es m\u00e1s, al producirla, se reproduce hist\u00f3ricamente, porque el aumento del exceso de trabajo en relaci\u00f3n con el necesario \u2014es decir, la plusval\u00eda relativa\u2014 se traduce en una poblaci\u00f3n \u00abaparente\u00bb o, mejor a\u00fan, en \u00abexcedente\u00bb: \u00abS\u00f3lo en el modo de producci\u00f3n basado en el capital aparece el pauperismo como resultado del trabajo mismo, del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo. En una determinada etapa de la producci\u00f3n social, se convierte en superpoblaci\u00f3n lo que en otra etapa no se considerar\u00eda tal, y sus efectos pueden ser diferentes\u00bb.<sup>10<\/sup> El excedente de personas constituye as\u00ed, con la famosa cita de <em>El capital<\/em>, un \u00fatil \u00abej\u00e9rcito de reserva\u00bb: \u00abel capital, al reproducirse constantemente como capital excedente, tiende a instaurar este pauperismo y al mismo tiempo a abolirlo. Act\u00faa en dos direcciones opuestas, donde de vez en cuando prevalece una u otra tendencia\u00bb.<sup>11<\/sup> Pero esta doble y ambigua capacidad de acci\u00f3n est\u00e1 ya impl\u00edcita en el orden de seguridad, que produce y se sirve de la inseguridad, es decir, de la poblaci\u00f3n insegura, y por lo tanto tiene como correlato una cierta libertad que, perteneciendo a unos, es negada a otros. Es decir, prevalece una u otra tendencia del capital, en un desarrollo hist\u00f3rico que corresponde al dinamismo del modelo de la seguridad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La propia definici\u00f3n de \u00abpoblaci\u00f3n\u00bb es de hecho, desde la entrada enciclop\u00e9dica de Damilaville, una relaci\u00f3n, una variaci\u00f3n entre el n\u00famero de habitantes y el territorio, o entre el primer n\u00famero y la riqueza disponible. La poblaci\u00f3n P se obtiene de N (n\u00famero de habitantes) \/ T (territorio: es decir, los recursos que ofrece). Y si sustituimos esta \u00faltima variable por el capital, entendemos que es una expresi\u00f3n directa de la relaci\u00f3n entre el n\u00famero de habitantes y la poblaci\u00f3n (o la fuerza de trabajo) \u00fatil y necesaria para la producci\u00f3n. Pero la poblaci\u00f3n de Damilaville es tambi\u00e9n, y m\u00e1s evidentemente, una relaci\u00f3n entre habitantes y espacio disponible. Por lo tanto, su tama\u00f1o excesivo corresponder\u00e1 tambi\u00e9n en este caso a una mala relaci\u00f3n de distribuci\u00f3n espacial (de la que los guetos jud\u00edos constituyeron el ejemplo can\u00f3nico en su momento). El nivel de vida est\u00e1 marcado espacialmente y la divisi\u00f3n de clases (o la explotaci\u00f3n, o el trabajo excedente) restablece el equilibrio: la poblaci\u00f3n se convierte en realidad, se convierte en una fuerza econ\u00f3micamente eficiente, cuando la propia superpoblaci\u00f3n (la relaci\u00f3n desfavorable entre el n\u00famero de habitantes y el tama\u00f1o de la superficie construida) se convierte en una prerrogativa de clase. Menos espacio (es decir, un espacio medido ante todo por la concentraci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n) o menos libertad, menos movimiento para los miembros de las clases bajas, significa m\u00e1s espacio y libertad para los miembros de las clases altas. Una vez m\u00e1s, la disciplina que distribuye, cierra y encasilla responde a los fundamentos de la l\u00f3gica econ\u00f3mico-pol\u00edtica. El mismo mecanismo produce la b\u00fasqueda de la libertad, y \u00e9sta, nacida en la compulsi\u00f3n y la pobreza, no s\u00f3lo no contradice radicalmente al capital, que opera de forma doble y opuesta a \u00e9l mismo (y, por lo tanto, es incapaz de contradecirse), sino que prepara el momento en que su tendencia antipauperista podr\u00e1 afirmarse.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">4. Si el v\u00ednculo de protecci\u00f3n, l\u00f3gicamente riguroso, establec\u00eda en Hobbes (al menos literalmente) un l\u00edmite entre la libertad natural del individuo y el derecho soberano, la nueva configuraci\u00f3n del modelo de la seguridad consigue romperlo. Ahora, la inscripci\u00f3n en la relaci\u00f3n de poder no equivale a la provisi\u00f3n f\u00e1ctica de protecci\u00f3n: el ciudadano no se convierte en ciudadano en virtud de la protecci\u00f3n que le asegura el soberano, sino por la misma inseguridad que le anima internamente. El poder soberano ya no est\u00e1 sometido a la condici\u00f3n establecida por Hobbes: coincide con la poblaci\u00f3n misma, y en esto no conoce l\u00edmites; inscribe la obligaci\u00f3n en la intimidad del sujeto y hace coincidir su voluntad con la voluntad soberana de todos. As\u00ed, junto con la del poder, se redefine la naturaleza misma de los ciudadanos: cuando la protecci\u00f3n seg\u00fan ellos se corresponde perfectamente con su exposici\u00f3n al peligro, han transferido su propia vida al soberano. En palabras de Rousseau (<em>Du contrat social<\/em>, II, IV), \u00absu vida misma, que han consagrado al Estado, est\u00e1 continuamente protegida por \u00e9l; y cuando la exponen en su defensa, \u00bfqu\u00e9 hacen entonces sino devolver al Estado lo que han recibido de \u00e9l?\u00bb. Cuando Schmitt afirma que estar dispuesto a morir define el car\u00e1cter pol\u00edtico de un pueblo, dar\u00e1 a \u00e9ste una definici\u00f3n que en realidad es perfectamente biopol\u00edtica y seguritaria, coherente con el \u00abm\u00e1ximo de fuerza\u00bb, y m\u00e1s cercana a Rousseau que a Hobbes.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Sabemos muy bien que la \u00abvida [\u2026] consagrada al Estado\u00bb y al mismo tiempo \u00abrecibida de \u00e9l\u00bb ser\u00e1 el objeto de la gran apuesta m\u00e9dico-pol\u00edtica, capaz de distinguir exactamente en el cuerpo de la poblaci\u00f3n, los sujetos con conductas sanas y productivas, de los que tienen conductas enfermas, improductivas y gravosas, mientras se organizan los espacios, se construyen las ciudades, las \u00abm\u00e1quinas de curar\u00bb y la propia vivienda. Ahora bien, la medicina se ocupa de la poblaci\u00f3n, pero \u00e9sta constituye tambi\u00e9n el campo de inteligibilidad al que la propia ciencia se refiere y dimensiona, se especifica y especializa: como ciencia de la poblaci\u00f3n, en el doble sentido del genitivo. Al igual que sus herederos, los higienistas o los urbanistas, los m\u00e9dicos pol\u00edticos no son ajenos al cuerpo que tratan, y en ellos se ejerce y potencia la misma \u00abfuerza del Estado\u00bb. Esta fuerza no es, de hecho, otra que la propia poblaci\u00f3n. Por lo tanto, la medicina que separa y confina, que nutre, cura y mejora, que especializa y divide mientras construye el cuerpo social sano aisl\u00e1ndolo de lo anormal, no es sino este mismo cuerpo que se descubre a s\u00ed mismo, se conoce a s\u00ed mismo, y conoci\u00e9ndose a s\u00ed mismo crece y se ramifica, inspecciona, cura y se mejora a s\u00ed mismo. Cada nuevo descubrimiento es un autodescubrimiento y marca una nueva etapa autodidacta de la misma fuerza en el marco de la racionalidad estatal.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">5. En su importante libro sobre Pasteur, <em>Les microbes. Guerre et paix<\/em> (1984), Bruno Latour defini\u00f3 el descubrimiento de los microbios como una redefinici\u00f3n del cuerpo social. Luego insisti\u00f3 en que esta recomposici\u00f3n es previa a la intervenci\u00f3n policiaca de los higienistas del siglo XX: si pueden actuar, ejerciendo un control efectivo, es s\u00f3lo porque la batalla ya se ha ganado en los laboratorios. La intervenci\u00f3n de los higienistas, t\u00e9cnicamente especializada y operativa, sigue derivando de la ciencia policiaca y de la medicina pol\u00edtica (o polic\u00eda m\u00e9dica) del siglo XVIII, que en todos los aspectos eran un conocimiento de la poblaci\u00f3n, es decir, de la <em>polis<\/em> como su entorno vital privilegiado. Del mismo modo que estas ciencias defin\u00edan y constru\u00edan el cuerpo social a partir de los espacios y los flujos que los atravesaban (es decir, describiendo una plaza urbana como una reserva de aire puro, una fuente de vida sana o un pulm\u00f3n para abastecer al cuerpo social), el descubrimiento de los microbios supuso una nueva visi\u00f3n, m\u00e1s precisa y revolucionaria, sobre la poblaci\u00f3n y su espacialidad espec\u00edfica. La poblaci\u00f3n es un conjunto de cuerpos que se mueven en el entorno, y tanto la poblaci\u00f3n como el entorno est\u00e1n atravesados por microbios sanos o enfermos, nocivos o beneficiosos, infecciosos o desinfectantes. Y si en el propio cuerpo de la poblaci\u00f3n, en el gran cuerpo-entorno de la fuerza estatal, ya aparecieron las zonas de positividad o los focos de la intensidad vital adecuada, estas zonas atravesar\u00e1n tambi\u00e9n a los individuos y los entornos en los que se mueven, y las batallas de los anticuerpos en el m\u00e1s peque\u00f1o de los organismos no son sino las apariciones microsc\u00f3picas de las macroinflamaciones que pueden afligir a grandes ciudades y regiones enteras. En otras palabras, la especializaci\u00f3n microbiol\u00f3gica pertenece a la misma racionalidad m\u00e9dico-pol\u00edtica y le proporciona un nuevo y decisivo punto de apoyo (Latour). El descubrimiento y el tratamiento del microbio es un descubrimiento y un saneamiento del cuerpo social que ese peque\u00f1o ser impregna y une a todos los niveles: por lo tanto, puede dar una nueva coherencia al ejercicio de las peque\u00f1as disciplinas (por ejemplo, la higiene personal) y al plan estad\u00edstico de los grandes momentos de regulaci\u00f3n (por ejemplo, la distribuci\u00f3n de las vacunas). Si los microorganismos forman el medio apreciable, manipulable, gestionable de todas las circulaciones, si unen la movilidad de todos los cuerpos impregnando y movi\u00e9ndose en ellos (y gracias a ellos), si cada cuerpo individual no es m\u00e1s que una disposici\u00f3n temporal del propio flujo microbiano, entonces lo que se pasteuriza es la propia poblaci\u00f3n, y la circulaci\u00f3n define no s\u00f3lo la forma de libertad sino la forma de vida. As\u00ed, no s\u00f3lo la seguridad es una libertad de movimiento internamente solicitada por el peligro, sino que la existencia como tal es una circulaci\u00f3n libre y peligrosa al mismo tiempo: la vida microbiana (es decir, la vida como entidad real) se fortalece con la lucha, la defensa y el riesgo, la muerte y la supervivencia, se mezclan en ella, ateni\u00e9ndose s\u00f3lo a la ley del equilibrio inestable. La dependencia mutua de los elementos, o la solidaridad de los seres, se reduce mientras tanto a este dominio microbiol\u00f3gico de la vida o de la poblaci\u00f3n. Y si es cierto, como se\u00f1al\u00f3 Deleuze, que la metaf\u00edsica barroca de Leibniz est\u00e1 ya estrechamente relacionada con el descubrimiento de nuevos seres vivos dentro del organismo, tambi\u00e9n es cierto que ahora se produce un cambio esencial. Se trata de una limitaci\u00f3n, de una frontera que delimita el campo de las causas y de los efectos, o de una cesura de la que los contempor\u00e1neos neoleibnizianos de Pasteur, como Charles Renouvier y Gabriel Tarde, ten\u00edan una conciencia precisa: el primero se\u00f1al\u00f3 que las acciones, las afecciones y las reacciones que se propagan, desde la peque\u00f1a distancia de las mol\u00e9culas en longitudes apenas perceptibles, y luego a las mayores, implican por lo tanto una idea de transmisi\u00f3n ordenada al \u00abr\u00e9gimen biol\u00f3gico\u00bb. \u00abLa sociedad es solidaridad\u00bb es muy diferente de la armon\u00eda de las relaciones imaginada por Leibniz, que por el contrario no acepta ning\u00fan l\u00edmite, no admite ning\u00fan t\u00e9rmino ni obst\u00e1culo a la propagaci\u00f3n de los movimientos.<sup>12<\/sup> Tarde, el autor tan querido por Latour, superpuso e hizo coincidir la monadolog\u00eda con la sociolog\u00eda, reduciendo el plano metaf\u00edsico al de la vida org\u00e1nica. Para \u00e9l, toda relaci\u00f3n es a la vez social y vital, y tan variable como la fuerza de la poblaci\u00f3n: \u00abLa vitalidad de los organismos, es decir, la solidaridad \u00edntima de sus partes, sube o baja continuamente\u00bb.<sup>13<\/sup><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Observado por un fil\u00f3sofo o un soci\u00f3logo, o bajo el microscopio por un bi\u00f3logo, este campo de las relaciones solidarias no es m\u00e1s que el dominio de los dispositivos de seguridad, donde el capital ha sabido instalarse monopolizando la circulaci\u00f3n: la plusval\u00eda marca el umbral de lo positivo y lo negativo, la fuerza es la riqueza, y la exposici\u00f3n al peligro ya no es una variable concomitante a la protecci\u00f3n sino que es coesencial a la vida, cuando esta \u00abvida misma\u00bb se divide en clases.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">6. Es desde este punto de vista que se puede observar la pandemia actual, desplazando nuestra mirada de la manifestaci\u00f3n m\u00e1s conspicua y coercitiva de los dispositivos. La renovada estructura pasteuriana de la medicina pol\u00edtica ha proporcionado, en efecto, una sorprendente demostraci\u00f3n del hecho de que la poblaci\u00f3n no existe m\u00e1s que en los descubrimientos y las recomposiciones de s\u00ed misma: siendo s\u00f3lo una funci\u00f3n del n\u00famero de personas y del entorno que habitan, no es m\u00e1s que la organizaci\u00f3n viva, repleta de microbios que atraviesan tanto las personas como el entorno. Incluso la enfermedad se redefine as\u00ed rigurosamente, a este nivel, como un pat\u00f3geno que tiene sus l\u00edmites, capaz de vivir s\u00f3lo dentro de los microbios. Una vez m\u00e1s: el virus que parece penetrar y propagarse como un enemigo en un cuerpo hecho de miles de millones de cuerpos e infinitas part\u00edculas, y cuyo modo de existir se llama contagio, ya estaba en cierto modo ah\u00ed, es la misma \u00abpoblaci\u00f3n\u00bb (en la acepci\u00f3n m\u00e1s amplia y en la m\u00e1s precisa del t\u00e9rmino, como unidad de los seres vivos y como su entorno) la que ahora se reconfigura y se revela, seg\u00fan el modo espec\u00edfico de su aparici\u00f3n; en efecto, como la distinguida poblaci\u00f3n \u00abfalsa\u00bb y la \u00abverdadera\u00bb de antes, aparecen ahora juntas, una (la enfermedad) certificando la existencia de s\u00ed misma en la existencia de la otra. En el contagio la propia poblaci\u00f3n se mira y se descubre, y mientras se contagia se manifiesta como la vitalidad de las relaciones que disminuye o aumenta, como la positividad que se defiende y vive o cede a su parte infecciosa. La gradualidad del contagio, que \u00absube o baja continuamente\u00bb, es la expresi\u00f3n de una vida colectiva que se distingue internamente, avanza sobre s\u00ed misma, alcanza un equilibrio s\u00f3lo para perderlo y recuperarlo, es decir, coincide con su inagotable proceso de normalizaci\u00f3n; y las estad\u00edsticas diarias son actualizaciones, aclaraciones y resoluciones gr\u00e1ficas de la antigua funci\u00f3n dieciochesca: hacen aparecer la \u00abverdadera poblaci\u00f3n\u00bb en contraste con la enferma, como \u00abm\u00e1xima de fuerza\u00bb o como una menor tasa de mortalidad, una mejor proporci\u00f3n de individuos sanos y enfermos, o una mejor proporci\u00f3n de habitantes y dispositivos m\u00e9dicos. La \u00abfuerza\u00bb es su gesti\u00f3n, la vida proviene de su gobierno. Y de nuevo: la fuerza aparece en el encuentro con una resistencia o cuando resiste a su contrario, mostr\u00e1ndose como fuerza y vida juntas, y se ve a s\u00ed misma en su cesi\u00f3n, se reconoce como tal o se subjetiva y se hace cargo de s\u00ed misma. El enfermo es un peligro para los dem\u00e1s y tambi\u00e9n se convierte en otro para s\u00ed mismo al unirse a otros en la lucha personal por la supervivencia. Precisamente esta referencia ineludible a s\u00ed mismo, esta identificaci\u00f3n del sujeto como miembro de la poblaci\u00f3n, este v\u00ednculo, latente o real, del yo consigo mismo y de uno con el otro, corresponde, seg\u00fan la expresi\u00f3n jur\u00eddica del dispositivo, al v\u00ednculo jur\u00eddico de solidaridad (definido, por ejemplo, en el art. 2 de la Constituci\u00f3n italiana, como un \u00abdeber obligatorio\u00bb): cada individuo se define como responsable de la seguridad (o bienestar) com\u00fan a la que debe sacrificar \u2014o devolver\u2014 una parte de su libertad personal. Aqu\u00ed, por supuesto, \u00ablibertad\u00bb y \u00abseguridad\u00bb apenas tienen que ocultar su sinonimia, y la primera debe esconder su correlato negativo. Es decir, la Carta Constitucional podr\u00eda leerse en clave: unos tienen que sacrificar \u2014o renunciar a\u2014 su seguridad, quedando vinculados a quienes ver\u00e1n as\u00ed protegidas sus libertades, o ceder\u00e1n a cambio parte de su inseguridad. La penetraci\u00f3n microsc\u00f3pica de lo mortal en lo vital, la solidaridad de ambos o la coincidencia del peligro con la \u00abvida misma\u00bb (de la libre circulaci\u00f3n con la epidemia) encuentra as\u00ed una expresi\u00f3n superestructural coherente con el orden social dividido en clases. En un nuevo nivel de subjetivaci\u00f3n, la sensaci\u00f3n de inseguridad y la demanda de protecci\u00f3n crecen mientras tanto hasta convertirse en un paroxismo.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">7. \u00ab\u201cEs buena, es una excelente gr\u00e1fica\u201d, coment\u00f3. Consideraba que la enfermedad hab\u00eda alcanzado lo que \u00e9l llamaba un descansillo. A partir de ahora, s\u00f3lo podr\u00eda descender\u00bb.<sup>14<\/sup> Pero la enfermedad no se llama a s\u00ed misma enfermedad, y cuando tiene un nombre y se describe en una gr\u00e1fica, ya no ataca a la poblaci\u00f3n desde el exterior. Mientras que el peligro no se anula, sino que se normaliza, es la propia regulaci\u00f3n de la seguridad la que alcanza su \u00abnivel\u00bb, al igual que la poblaci\u00f3n (microbiana, solidaria o v\u00edrica) encuentra su autoevidencia m\u00e1s aguda en la epidemia. Y ser\u00eda m\u00e1s correcto decir que la revoluci\u00f3n de la bacteriolog\u00eda moderna ha resuelto por fin el viejo problema de las propagaciones, las endemias, las epidemias o las pandemias, y sus localizaciones espec\u00edficas. Si \u00abel fondo de la epidemia no es la peste, ni el catarro\u00bb, ni siquiera es el aire acre de Nimes durante el invierno o el aire p\u00fatrido de Par\u00eds durante el verano:<sup>15<\/sup> estas condiciones son m\u00e1s bien las variables ambientales de una circulaci\u00f3n inagotable, inmanente o absoluta (que deber\u00eda llamarse al mismo tiempo vida, poblaci\u00f3n o incluso pandemia) que aparece y se revela abiertamente como tal s\u00f3lo debido a un desequilibrio evidente y a un nuevo ajuste en su dominio ilimitado. Esta funci\u00f3n est\u00e1 ahora en vigor a escala mundial y los sistemas de gobierno m\u00e1s incapaces (al menos aparentemente), que tambi\u00e9n dan rienda suelta a la enfermedad, corresponden a los m\u00e1s activos, y encuentran su punto de equilibrio interno como reflejo de un equilibrio externo variable, o de una normalizaci\u00f3n continua en el gran espacio de la circulaci\u00f3n planetaria. Mientras tanto, la clasificaci\u00f3n social se manifiesta de forma exasperada, en la exposici\u00f3n al riesgo; o m\u00e1s bien a las consecuencias igualmente asim\u00e9tricas de su gesti\u00f3n. En el plano estad\u00edstico-regulatorio, las zonas de positividad que destacan los mapas o las gr\u00e1ficas, se corresponden con las de privaci\u00f3n m\u00e1s violenta. La distinci\u00f3n social debe ser entonces evidente y reivindicada por los propios interesados: con el encierro y el rastreo, los dispositivos de seguridad provocan de la manera m\u00e1s evidente la petici\u00f3n de la misma libertad consecuente con su funcionamiento, actuando como mecanismos sugestivos sobre la multitud peque\u00f1oburguesa que reclama entre sus derechos, en primer lugar, el de existir, es decir, el de reunirse; esta reacci\u00f3n corresponde por contraste, al ocultarlo, a la condici\u00f3n de los que mientras tanto est\u00e1n privados del derecho a la palabra, es decir, transformados en fuerza de trabajo puramente objetiva, que deben renunciar a la mayor parte de su libertad o enfrentarse a un mayor riesgo en la propia producci\u00f3n de plusval\u00eda. Lo que hace coherentes ambas posiciones es precisamente la esencia solidaria de una entidad, por m\u00e1s que est\u00e9 atravesada por antagonismos, como es la poblaci\u00f3n, donde el peligro o la limitaci\u00f3n de uno est\u00e1 ligada a la protecci\u00f3n y libertad del otro, la condici\u00f3n del inferior a su negaci\u00f3n por parte del superior, para su propio uso y consumo.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">8. Con la aparici\u00f3n del virus como actor principal, se ha desplegado plenamente el teatro del biopoder, es decir, el escenario de los dispositivos de seguridad, de las particiones y de las disimetr\u00edas m\u00e1s marcadas, de los aparatos de control, de los mecanismos de disciplinaci\u00f3n. Y si entretanto la gr\u00e1fica de la enfermedad puede parecer buena o excelente, alcanzando el <em>nivel<\/em>, es precisamente porque <em>el contagio y la solidaridad biopol\u00edtica son coherentes<\/em>; porque existe y se gestiona una poblaci\u00f3n seg\u00fan el criterio de las relaciones de producci\u00f3n y de la circulaci\u00f3n de la riqueza a la que quedan sujetas las mismas disposiciones de emergencia. Algunos lazos se estrechan, y con ellos la relativa libertad de sacrificio, la disciplinaci\u00f3n para la regulaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Pero tal vez la posible resoluci\u00f3n de la coacci\u00f3n del biopoder resida precisamente aqu\u00ed. Si el orden social actual puede de hecho unir a sus miembros <em>a su manera<\/em>, concibi\u00e9ndolos como elementos de solidaridad al asociar en un <em>continuum<\/em> gradual la protecci\u00f3n de uno con el riesgo y la exposici\u00f3n a la muerte del otro, la solidaridad no tiene que corresponder necesariamente a las determinaciones de lo social y de sus estatutos, y puede tambi\u00e9n no limitarse a un comportamiento disciplinado por las reglas y los dispositivos de protecci\u00f3n. No es casualidad que hoy, cuando se decreta el estado de emergencia, el elogio ret\u00f3rico de ese comportamiento se combine con un apego lastimero a las normas que garantizan \u00abmi libertad\u00bb: \u00abUn dispositivo de seguridad s\u00f3lo puede funcionar bien [\u2026] si se le da algo que es la libertad\u00bb; y una actitud que es \u00aba la vez ideolog\u00eda y t\u00e9cnica de gobierno\u00bb tiene su contrapartida en el miedo, la esclavitud y la violencia despiadada del neoliberalismo. Precisamente la t\u00e9cnica de gobernanza, es decir, la estructura de la libre circulaci\u00f3n, se basa en el v\u00ednculo que une a los seres, o precisamente en la continuidad biopol\u00edtica que la polic\u00eda m\u00e9dica y luego la microbiolog\u00eda han hecho inteligible y de la que la pandemia es la manifestaci\u00f3n m\u00e1s cruda. Sin embargo, este v\u00ednculo estrecha una vida consagrada al Estado, recibida por el Estado, y que se define como \u00abvida misma\u00bb s\u00f3lo desde una perspectiva estatal; lo que hace perfectamente unitario y solidario no es otra cosa que el campo mismo de la racionalidad gubernamental. La libertad a la que renunciamos, de hecho, no es exactamente la seguridad que recibimos a cambio (de lo contrario no habr\u00eda renuncia, y menos a\u00fan como \u00abdeber imperativo\u00bb): entre una y otra se inserta en cambio el dispositivo de seguridad, que conecta y mantiene en relaci\u00f3n, o en un equilibrio variable, cesi\u00f3n y beneficio, la vida protegida de la una y la vida expuesta al peligro de la otra, protege una libertad que en el fondo es \u00abmi libertad\u00bb para dejar morir a la otra.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El mitologema de la \u00abvida misma\u00bb o de la \u00absolidaridad \u00edntima\u00bb del organismo social s\u00f3lo puede, pues, ser sustituido por una solidaridad que es vital en s\u00ed misma o por una vida de solidaridad que no imponga sacrificios, que no se d\u00e9 ni se reciba, ni se deba a nadie. Concebir esta solidaridad en s\u00ed misma ilimitada, y disuelta por la dominaci\u00f3n biopol\u00edtica de la normalizaci\u00f3n, significa ponerla en pr\u00e1ctica: esto parece ser lo menos obvio y al mismo tiempo lo m\u00e1s urgente hoy.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>1<\/sup> Michel Foucault, <em>Securit\u00e9, territoire, population<\/em>, Par\u00eds, p. 50.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>2<\/sup> <em>Ibid<\/em>., pp. 48-49.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>3<\/sup> <em>Ibid<\/em>., p. 49.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>4<\/sup> Michel Foucault, <em>Surveiller et punir<\/em>, p. 224.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>5<\/sup> <em>Ibid<\/em>., p. 225.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>6<\/sup> <em>Ibid<\/em>., p. 224.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>7<\/sup> Marie-France Piguet, <em>Classe. Histoire du mot et gen\u00e8se du concept des Physiocrates aux Historiens de la Restauration<\/em>, Lyon, Presses Universitaires de Lyon, 1996, p. 48.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>8<\/sup> Carl Schmitt, <em>Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes. <\/em><em>Sinn und Fehlschlag eines politischen Symbols<\/em> (1938), Stuttgart, Klett Cotta, 1995, p. 53.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>9<\/sup> Michel Foucault, <em>Naissance de la biopolitique<\/em>, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., p. 70.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>10<\/sup> Karl Marx, <em>Grundrisse der Kritik der politischen \u00d6konomie (Rohentwurf) 1857-1858, Anhang 1850-1859<\/em>, Heft IV, Marx-Engels-Lenin Institut Moskow, Berl\u00edn, Dietz, 1953, p. 498.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>11<\/sup> <em>Ibid<\/em>., p. 503.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>12<\/sup> Charles Renouvier, <em>Le personnalisme; suivi d&#8217;une Etude sur la perception externe et sur la force<\/em>, Par\u00eds, Alcan 1903, pp. 55-56.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>13<\/sup> Gabriel Tarde, \u00abMonadologie et sociologie\u00bb (1893), en <em>id<\/em>., <em>OEuvres<\/em>, vol. 1, pr\u00e9face d\u2019\u00c9ric Alliez, postface de Maurizio Lazzarato, Le Plessis-Robinson, Institut Synth\u00e9labo pour le prog\u00e8s de la connaissance, 1999, p. 90.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>14<\/sup> Albert Camus, <em>La peste<\/em>, Par\u00eds, Gallimard, 1947, p. 213.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify\"><small><sup>15<\/sup> Michel Foucault, <em>Naissance de la clinique. Une arch\u00e9ologie du regard m\u00e9dical<\/em>, Par\u00eds, Presses Universitaires de France, 1972, p. 22.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Originalmente publicado en Crisis &amp; Critique, vol. 7, n\u00fam. 3, 24 de noviembre de 2020, pp. 26-39. &nbsp; 1. Al final de la segunda lecci\u00f3n del curso Seguridad, territorio, poblaci\u00f3n, Michel Foucault record\u00f3 sus investigaciones sobre el poder disciplinario haciendo una correcci\u00f3n determinante, en la perspectiva de la regulaci\u00f3n y la normalizaci\u00f3n seguritaria: \u00abDije en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10716,"featured_media":2133,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[93],"class_list":["post-2131","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-general","tag-andrea-cavalletti"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2131","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/10716"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2131"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2131\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2136,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2131\/revisions\/2136"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2133"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2131"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2131"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2131"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}