{"id":1988,"date":"2020-12-20T10:02:57","date_gmt":"2020-12-20T16:02:57","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1988"},"modified":"2020-12-20T13:08:59","modified_gmt":"2020-12-20T19:08:59","slug":"donatella-di-cesare-el-derecho-a-respirar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1988","title":{"rendered":"Donatella Di Cesare \/ El derecho a respirar"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>La siguiente es la traducci\u00f3n del primer cap\u00edtulo de <em>Il tempo della rivolta<\/em> (Bollati Boringhieri en 2020), libro de\u00a0 la fil\u00f3sofa italiana Donatella Di Cesare.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">La revuelta irrumpe en todas partes del mundo. Se enciende, se apaga; vuelve a propagarse. Cruza fronteras, sacude naciones, agita continentes. Una mirada al mapa de sus repentinas explosiones, de sus imponderables movimientos, atestigua su intermitencia en el paisaje pol\u00edtico irregular del nuevo siglo. La extensi\u00f3n va acompa\u00f1ada de la intensidad. La topograf\u00eda esboza un escenario donde la confrontaci\u00f3n se convierte en contraste, disentimiento, lucha abierta. Las protestas se extienden, los actos de desobediencia se multiplican, los enfrentamientos se intensifican. Es el tiempo de la revuelta.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Aunque el foco parece parpadear, y el acontecimiento ser fugaz, la revuelta no puede ser considerada una coyuntura ef\u00edmera. En sus alternancias es un fen\u00f3meno global que promete ser duradero. Ni siquiera la pandemia ha podido pararla. Mientras que muchos ya se preguntaban sobre la desaparici\u00f3n de la <em>polis<\/em>, sobre el espacio p\u00fablico perdido, la revuelta resurgi\u00f3, abrumadora e irrefrenable, de Buenos Aires a Hong Kong, de R\u00edo de Janeiro a Beirut, de Londres a Bangkok. La mecha de una nueva deflagraci\u00f3n se encendi\u00f3 en Minneapolis. <em>I can\u2019t breathe<\/em>, las \u00faltimas palabras de George Floyd, pronunciadas mientras su verdugo segu\u00eda asfixi\u00e1ndolo, adquirieron un valor emblem\u00e1tico por una coincidencia no aleatoria, revelada por el sincronismo secreto de la historia. Esa terrible muerte no fue el efecto del biovirus que quita el aliento, sino el trabajo de un abuso racista perpetrado con t\u00e9cnica policial.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">De repente la respiraci\u00f3n apareci\u00f3 en todo su significado existencial y pol\u00edtico. <em>I can\u2019t breathe<\/em> se ha convertido en el himno de las revueltas, tanto una acusaci\u00f3n de prevaricaci\u00f3n como una denuncia de ese sistema de asfixia que roba el aliento.<sup>1<\/sup> En el v\u00f3rtice compulsivo del capital, esa espiral catastr\u00f3fica que ha hecho de la respiraci\u00f3n un privilegio para unos pocos, es la falta de aliento de los explotados lo que se pone de manifiesto, de los que deben doblegarse al ritmo acelerado sin pausa, de los m\u00e1s vulnerables confinados a la angustia opresiva. <em>I can\u2019t breathe<\/em> se ha convertido as\u00ed en el lema que reivindica el derecho a respirar, es decir, el derecho pol\u00edtico a existir.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Pero ese asesinato es parte de una larga serie de abusos perpetrados por las fuerzas del orden con m\u00e9todos an\u00e1logos, que a menudo se conocen como \u00abfuerza excesiva\u00bb. La idea generalizada es que la polic\u00eda recurre a un uso leg\u00edtimo de la violencia para responder a una violencia previa. En la acci\u00f3n de control, llevada a cabo con fines pacificadores, ser\u00eda inevitable un acto de ceder, una jugada exagerada. Las discriminaciones eventuales parecen ser anomal\u00edas inevitables, disfunciones dentro de un sistema por lo dem\u00e1s correcto, que gira en torno a la bisagra de la igualdad. \u00bfPero es realmente as\u00ed? O bien, \u00bfla disfunci\u00f3n es sistem\u00e1tica y permite vislumbrar en el fondo el funcionamiento de una oscura instituci\u00f3n?<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Si el abuso policial suscita una indignaci\u00f3n sin l\u00edmites, es porque no parece ser un simple incidente, sino m\u00e1s bien un gesto revelador, la punta emergente de un sistema de violencia que se basa en la discriminaci\u00f3n. Los negros por un lado y los blancos por el otro, los pobres por un lado y los ricos por el otro, y as\u00ed sucesivamente. No se trata de una aplicaci\u00f3n an\u00f3mala, sino de un dispositivo destinado a definir el orden pol\u00edtico. La polic\u00eda establece l\u00edmites, elige, discrimina, admite en el centro o rechaza en los m\u00e1rgenes. En este sentido, la visi\u00f3n economicista que ve en la tarea de la polic\u00eda s\u00f3lo una normalizaci\u00f3n destinada a aumentar la riqueza de unos pocos parece enga\u00f1osa.<sup>2<\/sup> M\u00e1s bien, la cuesti\u00f3n de la polic\u00eda es parte de la econom\u00eda del espacio p\u00fablico. Porque es all\u00ed donde se decide el derecho de pertenencia y el derecho de aparici\u00f3n: a qui\u00e9n se le permite el acceso, circular libremente, sentirse en casa, y a qui\u00e9n en cambio se le identifica, se le intimida, se le devuelve a la invisibilidad, si no se le encierra realmente en la c\u00e1rcel. El uso segregativo del poder por parte de la polic\u00eda es innegable, una forma de reforzar m\u00e1s o menos brutalmente la supremac\u00eda de algunos \u2014\u00bfpero no es esto ya racismo, xenofobia de Estado?\u2014 y para agudizar las diferencias haci\u00e9ndolas perspicaces.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Esto no quiere decir que la polic\u00eda sea ilegal. M\u00e1s bien, est\u00e1 legalmente autorizada a desempe\u00f1ar funciones extralegales. No se limita a administrar el derecho, sino que establece sus l\u00edmites cada vez. Walter Benjamin ha hablado del \u00abrasgo ignominioso\u00bb de esta instituci\u00f3n, que se sit\u00faa en la esfera ambigua en la que se pierde la separaci\u00f3n entre violencia que funda y violencia que mantiene el derecho.<sup>3<\/sup> De ah\u00ed, adem\u00e1s, su extraterritorialidad jur\u00eddica que la convierte en una excepci\u00f3n incluso en la l\u00f3gica del poder institucional. En resumen: la polic\u00eda detenta el monopolio de la violencia interpretativa, porque redefine las normas de su propia acci\u00f3n y, al apelar a la seguridad, aumenta su control sobre la vida de los individuos. Su violenta soberan\u00eda es tan escurridiza como espectral.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Precisamente por eso, la violencia de la polic\u00eda no es una anomal\u00eda, sino que revela las oscuras profundidades de esta instituci\u00f3n. Son como instant\u00e1neas que capturan a la polic\u00eda mientras conquista espacio, adquiere poder sobre los cuerpos, examina y experimenta con una nueva legalidad, redefine los l\u00edmites de lo posible. Si estas escenas son tan desconcertantes, tan ignominiosas, es porque son una se\u00f1al de un poder autoritario, prueba de la innegable existencia de un Estado de polic\u00eda dentro del Estado de derecho.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En este sentido, la violencia, al tiempo que manifiesta la esencia de la polic\u00eda, hace aflorar la arquitectura pol\u00edtica, que captura y destierra, incluye y excluye, en la que, en definitiva, la discriminaci\u00f3n ya siempre est\u00e1 latente. De repente se revelan las fronteras de la democracia inmunitaria, donde la defensa reservada a los unos, a los garantizados, a los protegidos, a los que no pueden ser tocados, se niega a los otros, a los parias, a los expuestos, reducidos a cuerpos impertinentes y superfluos, de los que al final es posible deshacerse. El coronavirus ha hecho que la inmunizaci\u00f3n sea a\u00fan m\u00e1s exclusiva para los que est\u00e1n dentro y que la exposici\u00f3n sea a\u00fan m\u00e1s implacable para los que est\u00e1n fuera. La polic\u00eda revela la inmunopol\u00edtica en el espacio p\u00fablico.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La revuelta no es una respuesta casual. Ser\u00eda un error considerarla simplemente una explosi\u00f3n de ira, una reacci\u00f3n torpe a la sofocaci\u00f3n inminente. Las escenas que se han repetido, en las calles y plazas, a pesar de la pandemia, son una r\u00e9plica directa a la acci\u00f3n de la polic\u00eda, una forma de recuperar la plaza, restituir presencia a los excluidos, defender los derechos de los indeseables.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">As\u00ed, el estrecho v\u00ednculo entre la revuelta y el espacio p\u00fablico resurge. Una confirmaci\u00f3n adicional viene de las protestas que, especialmente en las ciudades estadounidenses, se han dirigido a las estatuas. Pol\u00e9micamente estigmatizados como movimientos iconoclastas, en una mirada m\u00e1s cercana representan la exigencia no s\u00f3lo de reocupar el paisaje urbano, sino tambi\u00e9n de rearticular su memoria. La lucha se proyecta en ese pasado celebrado en monumentos erigidos a generales confederados, traficantes de esclavos, reyes genocidas, arquitectos de la supremac\u00eda blanca, propagandistas del colonialismo fascista. \u00bfPor qu\u00e9 seguir viviendo rodeados de tales estatuas en una atm\u00f3sfera asfixiante? Mientras que est\u00e1 mal cancelar el pasado, no est\u00e1 menos mal reificarlo. Ante el honor y la gloria otorgados a los verdugos y opresores, es urgente hacer valer la mirada de los vencidos. As\u00ed pues, un enfrentamiento se cierne sobre derechos y memoria.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La pandemia ha agudizado un proceso en curso, exasperando un desacuerdo ya latente entre la disciplina de los cuerpos, la militarizaci\u00f3n del espacio p\u00fablico, y las luchas que manifiestan el disenso, rechazan la repartici\u00f3n, interrumpen la arquitectura del orden. La polic\u00eda preventiva de las relaciones, ese escudo reglamentado que alcanza su \u00e1pice en la abolici\u00f3n del contacto con el otro, posible enemigo, fuente de contagio, es ya siempre norma y sello de la democracia inmunitaria en la que se proscribe el peligro de la masa viva e incontrolable, la amenaza de la comunidad abierta, el espectro de la revuelta.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El espacio p\u00fablico ha sido disciplinado y controlado desde hace mucho tiempo. El derecho a manifestarse ya no es obvio; deben autorizarse marchas, m\u00edtines, sentadas. No es casualidad que los lugares de las nuevas revueltas, cada vez m\u00e1s n\u00f3madas y transitorias, se hayan multiplicado mucho m\u00e1s all\u00e1 de la plaza, desde tramos de mar libre y espacios transfronterizos hasta la descentralizaci\u00f3n de la web. De ah\u00ed el recurso a los gestos creativos, modalidades in\u00e9ditas. Y la capacidad de reinterpretar incluso las medidas de bioseguridad, como ocurri\u00f3 con las mascarillas antibacterianas utilizadas como muestra de una invisibilidad exhibida, de un anonimato abiertamente reivindicado. El uso pol\u00edtico sublima al inmunitario.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por lo tanto, es necesario preguntarse si es posible una pol\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 de ese espacio p\u00fablico, reglamentado y vigilado, donde, incluso antes de que el virus soberano lo ocupara, se hab\u00eda vuelto dif\u00edcil actuar. Para responder a esta pregunta tenemos que reconsiderar el dispositivo del espacio p\u00fablico echando una mirada a esa an\u00e1rquica pol\u00edtica del m\u00e1s all\u00e1 que se est\u00e1 preparando con las nuevas revueltas.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"25%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>1<\/sup> Cf. D. Di Cesare, <em>Virus sovrano? L\u2019asfissia capitalistica<\/em>, Tur\u00edn, Bollati Boringhieri, 2020.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><small><sup>2<\/sup> Foucault tambi\u00e9n se inclina por este punto de vista. Cf. M. Foucault, <em>Omnes et singulatim. Verso una critica della ragione politica, in Biopolitica e Liberalismo. Detti e scritti su potere ed etica 1975-1984<\/em>, edici\u00f3n de O. Marzocca, Mil\u00e1n, Medusa, 2001, pp. 109-46.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify\"><small><sup>3<\/sup> Cf. W. Benjamin, <em>Per la critica della violenza, in Id., Opere complete I. Scritti 1906-1922<\/em>, trad. it. de R. Solmi, Tur\u00edn, Einaudi, 2008, p. 476.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La siguiente es la traducci\u00f3n del primer cap\u00edtulo de Il tempo della rivolta (Bollati Boringhieri en 2020), libro de\u00a0 la fil\u00f3sofa italiana Donatella Di Cesare. &nbsp; La revuelta irrumpe en todas partes del mundo. Se enciende, se apaga; vuelve a propagarse. Cruza fronteras, sacude naciones, agita continentes. 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