{"id":195,"date":"2016-05-09T10:39:14","date_gmt":"2016-05-09T08:39:14","guid":{"rendered":"http:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=195"},"modified":"2016-05-09T10:39:14","modified_gmt":"2016-05-09T08:39:14","slug":"gilles-deleuze-tres-problemas-de-grupo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=195","title":{"rendered":"Gilles Deleuze \/ Tres problemas de grupo"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" src=\"http:\/\/2.bp.blogspot.com\/-CM_6XaTy-i0\/VC7LpfkqW_I\/AAAAAAAAAdI\/FGWTq6LpUJ4\/s400\/Deleuze.jpg\" height=\"258\" width=\"400\" \/><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nA veces, el militante pol\u00edtico y el psicoanalista se dan en la misma persona y, en lugar de permanecer estancos, no dejan de mezclarse, de interferirse, de comunicarse e intercambiarse. Es un acontecimiento bastante infrecuente desde Reich. Pierre-F\u00e9lix Guattari no se ha preocupado apenas por los problemas de la unidad del Yo. El Yo forma parte, m\u00e1s bien, de aquello que es preciso disolver, bajo el asedio concertado de las fuerzas po\u00adl\u00edticas y de las anal\u00edticas. La frase de Guattari \u00abtodos somos grup\u00fasculos\u00bb nos indica a la perfecci\u00f3n su b\u00fasqueda de una nueva subjetividad, una subjeti\u00advidad de grupo, que no puede encerrarse en un todo forzado a reconstruir cuanto antes un Yo o, lo que a\u00fan ser\u00eda peor, un Super-yo, sino que se ex\u00adtiende a varios grupos al mismo tiempo, grupos divisibles, multiplicables, comunicados y siempre revocables. El criterio de un buen grupo es que no sue\u00f1e ser el \u00fanico, inmortal y significante, como una asociaci\u00f3n de defen\u00adsa o de seguridad, como un ministerio de excombatientes, sino que se ramifique en un afuera que le confronte a sus posibilidades de sinsentido, de muerte o de explosi\u00f3n, \u00aben virtud de su misma apertura a los dem\u00e1s grupos\u00bb. El individuo es, por su parte, un grupo de esta clase. Guattari encarna, de la forma m\u00e1s natural, los dos aspectos del anti-Yo: por una parte, una suerte de roca catat\u00f3nica, cuerpo ciego y r\u00edgido penetrado por la muerte ruando se quita sus gafas; por otra, un brillo de mil fuegos en el cual hor\u00admiguean vicias m\u00faltiples cada vez que dirige su mirada: act\u00faa, r\u00ede, piensa y ataca. Por eso se llama Pierre y F\u00e9lix: potencias esquizofr\u00e9nicas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn este encuentro del psicoanalista con el militante, se plantean al menos tres clases de problemas: l\u00b0) \u00bfC\u00f3mo introducir la pol\u00edtica en la pr\u00e1ctica y la teor\u00eda psicoanal\u00edticas (presuponiendo que, en todo caso, la pol\u00edtica est\u00e9 ya en el propio inconsciente)? 2\u00b0) \u00bfTiene sentido \u2014y, en caso afirmativo, de que manera\u2014 introducir el psicoan\u00e1lisis en los grupos militantes revolucio\u00adnarios? 3\u00b0) \u00bfC\u00f3mo concebir y formar grupos terap\u00e9uticos espec\u00edficos, cuya influencia afectar\u00eda a los grupos pol\u00edticos y a las estructuras psiqui\u00e1tricas y psicoanal\u00edticas? Respecto de estas tres clases de problemas, Guattari presenta en este libro algunos art\u00edculos, de 1955 a 1970, que indican una evo\u00adluci\u00f3n con dos grandes hitos: las esperanzas y desilusiones posteriores a la Liberaci\u00f3n, y las esperanzas y desilusiones posteriores a Mayo del 68; y, en\u00adtre ambos, la labor de zapa que preludi\u00f3 Mayo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn cuanto al primer problema, se ver\u00e1 que Guattari tuvo muy pronto la impresi\u00f3n de que el inconsciente se relaciona directamente con todo un campo social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico, mucho m\u00e1s que con las coordenadas m\u00edticas y familiares invocadas tradicionalmente por el psicoan\u00e1lisis. Se tra\u00adta de la libido como tal, como esencia del deseo y la sexualidad, que ocu\u00adpa y desocupa los flujos de todo tipo que recorren el campo social, que los interrumpe, los bloquea, impulsa sus fugas y sus retenciones. Sin duda, no act\u00faa de forma manifiesta, al modo de los intereses objetivos de la con\u00adciencia y de los encadenamientos de la causalidad hist\u00f3rica, pero desplie\u00adga un deseo latente coextensivo al campo social que comporta rupturas de la causalidad, emergencias de singularidades, puntos de detenci\u00f3n y de fuga. 1936 no es solamente un acontecimiento de la conciencia hist\u00f3rica, sino tambi\u00e9n un complejo del inconsciente. Nuestros amores, nuestras opciones sexuales, no derivan tanto de unos m\u00edticos Pap\u00e1-y-Mam\u00e1 como de lo real-social, son interferencias y efectos de flujos cargados de libido. \u00bfCon qui\u00e9n no jugamos al amor y la muerte? Guattari puede, por tanto, reprochar al psi\u00adcoan\u00e1lisis su modo de eludir sistem\u00e1ticamente todos los contenidos socio-pol\u00ediicos del inconsciente, que no obstante determinan realmente los objetos del deseo. El psicoan\u00e1lisis, dice, parte de una suerte de narcisismo absoluto (<i>Das Ding<\/i>) y culmina en un ideal de adaptaci\u00f3n social que llama cura\u00adci\u00f3n; pero este trayecto deja siempre en la sombra una constelaci\u00f3n social singular que, sin embargo, habr\u00eda que explorar en lugar de sacrificarla a la invenci\u00f3n de un inconsciente simb\u00f3lico abstracto. Das Ding no es el hori\u00adzonte recurrente que funda ilusoriamente una personalidad individual, sino un cuerpo social que sirve de base a potencialidades latentes (\u00bfpor qu\u00e9 se dan aqu\u00ed locos y all\u00e1 revolucionarios?). M\u00e1s que el padre, la madre o la abue\u00adla, importan todos esos personajes que habitan las preguntas fundamenta\u00adles de la sociedad como lucha de clases de nuestro tiempo. M\u00e1s que contar c\u00f3mo un buen d\u00eda la sociedad griega, gracias a Edipo, \u00abvir\u00f3 la dermorreacci\u00f3n\u00bb, importa la enorme <i>Spaltung<\/i> que hoy atraviesa el mundo comunista. \u00bfC\u00f3mo olvidar el papel desempe\u00f1ado por el Estado en todas las trampas en las que la libido se encuentra atrapada, reducida a ocupar las im\u00e1genes intimistas de la familia? \u00bfC\u00f3mo creer que el complejo de castraci\u00f3n pueda encontrar alguna vez una soluci\u00f3n satisfactoria mientras la sociedad le otorgue una funci\u00f3n inconsciente de regulaci\u00f3n y represi\u00f3n social? En suma, la relaci\u00f3n social no constituye nunca un m\u00e1s all\u00e1 ni un despu\u00e9s de los problemas in\u00addividuales y familiares. Es incluso curioso hasta qu\u00e9 punto los contenidos sociales, econ\u00f3micos y pol\u00edticos de la libido se muestran tanto mejor cuan\u00addo nos hallamos ante s\u00edndromes en su aspecto m\u00e1s des-socializado, como en el caso de la psicosis. \u00abM\u00e1s all\u00e1 del Yo, el sujeto se encuentra abierto por los cuatro costados al universo hist\u00f3rico, el delirante rompe a hablar len\u00adguas extranjeras, alucina la historia, y los conflictos de clase o las guerras se convierten en instrumentos de su expresi\u00f3n m\u00e1s propia [&#8230;] la distinci\u00f3n entre la vida privada y los diversos niveles de la vida social no tiene ya sen\u00adtido.\u00bb (Comp\u00e1rese con Freud, que s\u00f3lo retiene de la guerra un instinto de muerte indeterminado y un choque no cualificado, un exceso de excitaci\u00f3n de tipo \u00abbum-bum\u00bb.) Restituirle al inconsciente sus perspectivas hist\u00f3ricas sobre el fondo de la inquietud y lo desconocido implica una subversi\u00f3n del psicoan\u00e1lisis, y sin duda un redescubrimiento de la psicosis bajo los oro\u00adpeles de la neurosis. Pues el psicoan\u00e1lisis ha unido sus esfuerzos a los de la psiquiatr\u00eda m\u00e1s tradicional para acallar la voz de los locos que nos ha\u00adblan esencialmente de pol\u00edtica, de econom\u00eda, de orden y de revoluci\u00f3n. En un reciente art\u00edculo, Marcel Jaeger muestra que \u00ablas conversaciones de los locos no presentan s\u00f3lo el espesor de sus des\u00f3rdenes ps\u00edquicos individua\u00adles, el discurso de la locura se articula con otro discurso, el de la historia pol\u00edtica, social, religiosa, que habla en cada uno de ellos. [&#8230;] En ciertos ca\u00adsos, la utilizaci\u00f3n de conceptos pol\u00edticos provoca un estado de crisis en el enfermo, como si sacase a la luz el nudo de las contradicciones en las cua\u00adles el loco est\u00e1 atrapado. [&#8230;] No hay lugar del campo social, incluido el ma\u00adnicomio, en donde no se escriba la historia del movimiento obrero\u00bb.<small><sup>1<\/sup><\/small> Estas formulas expresan la misma orientaci\u00f3n que los trabajos de Guattari desde sus primeros art\u00edculos, la misma empresa de re-evaluaci\u00f3n de la psicosis.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nVemos cu\u00e1l es su diferencia con respecto a Reich: no hay una econom\u00eda libidinal que vendr\u00eda a prolongar la econom\u00eda pol\u00edtica por otros medios, no hay una represi\u00f3n sexual que interiorice la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica y la sumisi\u00f3n pol\u00edtica, sino que el deseo como libido est\u00e1 siempre ya en todas partes, la sexualidad recorre y acompa\u00f1a todo el campo social, coincidiendo con los flujos que circulan por sus objetos, las personas y los s\u00edmbolos de un grupo, de los cuales dependen su configuraci\u00f3n y su propia constituci\u00f3n. Ese es justamente el car\u00e1cter latente de la sexualidad del deseo, que solo se hace manifiesto en las elecciones de objetos sexuales y de s\u00edmbolos (es demasiado obvio que los s\u00edmbolos son conscientemente sexuales). Por tanto, la econom\u00eda pol\u00edtica en cuanto tal, en cuanto econom\u00eda de flujos, es inconscientemente libidinal: no hay dos econom\u00edas, no es que el deseo o la libido sean \u00fanicamente la subjetividad de la econom\u00eda pol\u00edtica: \u00abLo econ\u00f3mico es, a fin de cuentas, el resorte mismo de la subjetividad\u00bb. Esto es lo que expresa la noci\u00f3n de instituci\u00f3n, que se define por una subjetividad de los fluidos y de su interrupci\u00f3n en las formas objetivas de un grupo. Las dualidades de lo objetivo y lo subjetivo, de la infraestructura y la superestructura, de la producci\u00f3n y la ideolog\u00eda, se desvanecen para ser sustituidas por la complementariedad estricta del sujeto deseante de la instituci\u00f3n y el objeto institucional (habr\u00eda que comparar estos an\u00e1lisis institucionales de Guattari con los que hac\u00eda Cardan, en la misma \u00e9poca, en <i>Socialisme ou Barbarie<\/i>, y que se asimilaron bajo la misma y amarga cr\u00edtica de los trotskistas).<small><sup>2<\/sup><\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEl segundo problema, \u00ab\u00bftiene sentido \u2014y c\u00f3mo\u2014 introducir el psicoan\u00e1lisis en los grupos pol\u00edticos?\u00bb, excluye evidentemente toda idea de \u00abaplicaci\u00f3n\u00bb del psicoan\u00e1lisis a los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos y sociales. En este tipo de aplicaciones, con Edipo a la cabeza, el psicoan\u00e1lisis ha acumulado suficientes rid\u00edculos. El problema es completamente distinto: la situaci\u00f3n que hace del capitalismo aquello que la revoluci\u00f3n debe destruir, pero que tambi\u00e9n ha hecho de la revoluci\u00f3n rusa, de su historia posterior, de la organizaci\u00f3n de los partidos comunistas y de los sindicatos nacionales otras tantas instancias incapaces de llevar a cabo tal destrucci\u00f3n. A este respecto, el car\u00e1cter propio del capitalismo, que se presenta como una contradicci\u00f3n entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n, consiste en lo siguiente: el proceso de reproducci\u00f3n del capital, del cual depende el r\u00e9gimen de las fuerzas productivas, es en s\u00ed mismo un fen\u00f3meno internacional que implica la divisi\u00f3n mundial del trabajo, pero el capitalismo no puede, sin embargo, romper con los marcos nacionales en el interior de los cuales desarrolla sus relaciones de producci\u00f3n, ni con el Estado como&nbsp; instrumento de revalorizaci\u00f3n del capital.<small><sup>*<\/sup><\/small> El internacionalismo del capital se materializa, pues, en estructuras estatales y nacionales que, al mismo tiempo que lo frenan, lo realizan, y que desempe\u00f1an el papel de arca\u00edsmos con una funci\u00f3n actual. El capitalismo monopolista de Estado, lejos de ser un dato \u00faltimo, es el resultado de un compromiso. En esta \u00abexpropiaci\u00f3n de los capitalistas en el seno del capital\u00bb, la burgues\u00eda mantiene su plena dominaci\u00f3n del aparato de Estado, pero esforz\u00e1ndose cada vez m\u00e1s por institucionalizar e integrar a la clase obrera, de manera que las luchas de clase se hallan descentradas con respecto a los lugares y factores de decisi\u00f3n reales, que remiten a la econom\u00eda capitalista internacional y desbordan con mucho a los Estados. En virtud del mismo principio, \u00absolamente una peque\u00f1a esfera de la producci\u00f3n se inserta en el proceso mundial de reproducci\u00f3n del capital\u00bb, mientras que el resto est\u00e1n sometidas, en los Estados del tercer mundo, a relaciones precapitalistas (arca\u00edsmos actuales de un segundo tipo).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn esta situaci\u00f3n, se constata la complicidad de los partidos comunistas nacionales, que procuran la integraci\u00f3n del proletariado en el Estado, hasta el punto de que \u00ablos particularismos nacionales de la burgues\u00eda son, en buena medida, el resultado de los particularismos nacionales del proletariado mismo, y la divisi\u00f3n interior de la burgues\u00eda expresa la divisi\u00f3n del proletariado\u00bb. Por otra parte, incluso si se afirma la necesidad de luchas revolucionarias en el tercer mundo, estas luchas sirven de moneda de cambio de las negociaciones, y subrayan la misma renuncia a una estrategia internacional y a un desarrollo de la lucha de clases en los pa\u00edses capitalistas. \u00bfPuede todo reducirse a la consigna: defensa de las fuerzas productivas nacionales por parte de la clase obrera, lucha contra los monopolios y conquista del aparato del Estado?<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEl origen de esta situaci\u00f3n se encuentra en lo que Guattari denomina \u00abel gran corte leninista\u00bb de 1917, que fija, para bien y para mal, las grandes actitudes, los enunciados principales, las iniciativas y los estereotipos, las fantas\u00edas y las interpretaciones del movimiento revolucionario. Este corte se presenta como la posibilidad de realizar una verdadera ruptura de la causalidad hist\u00f3rica, \u00abinterpretando\u00bb la desbandada militar, econ\u00f3mica, pol\u00edtica y social como una victoria de las masas. En lugar de la necesidad de la sagrada uni\u00f3n del centro-derecha, surgi\u00f3 la posibilidad de la revoluci\u00f3n socialista. Pero esta posibilidad no fue asumida m\u00e1s que convirtiendo el partido, que hab\u00eda sido una modesta formaci\u00f3n clandestina, en embri\u00f3n de un aparato de Estado capaz de dirigirlo todo, adoptando una vocaci\u00f3n mesi\u00e1nica y sustituyendo a las masas. De ello se siguen dos consecuencias de mayor o menor alcance. En la medida en que el nuevo Estado se enfrent\u00f3 a los Estados capitalistas, mantuvo con ellos unas relaciones de fuerza cuyo ideal era una suerte de <i>statu quo<\/i> lo que hab\u00eda sido la t\u00e1ctica leninista en la fase de la NEP se transform\u00f3 en la ideolog\u00eda de la coexistencia pac\u00edfica y de la rivalidad econ\u00f3mica. Esta idea de rivalidad fue ruinosa para el movimiento revolucionario. Por otra parte, en cuanto que el nuevo Estado se hizo cargo del internacionalismo proletario, no pudo desarrollar la econom\u00eda socialista m\u00e1s que en funci\u00f3n de los datos del mercado mundial y con objetivos similares a los del capital internacional, aceptando de buen grado la integraci\u00f3n de los partidos comunistas locales en las relaciones de producci\u00f3n capitalistas, siempre en nombre de la defensa, por parte de la clase obrera, de las fuerzas productivas nacionales. En definitiva, no es exacto decir, como los tecn\u00f3cratas, que las dos clases de reg\u00edmenes y de Estados convergen en su evoluci\u00f3n, pero tampoco lo es afirmar, como Trotski, la existencia de un Estado proletario sano que habr\u00eda sido pervertido por la burocracia y que podr\u00eda ser salvado mediante una simple revoluci\u00f3n pol\u00edtica. En la forma en que el Estado-partido <i>respond\u00eda<\/i> a los Estados-ciudad del capitalismo, incluso mediante relaciones de hostilidad y contraposici\u00f3n, ya todo estaba decidido y traicionado. Lo prueba la debilidad de la creaci\u00f3n institucional rusa en todos los dominios, a partir de la precoz liquidaci\u00f3n de los Soviets (por ejemplo: al importar f\u00e1bricas de autom\u00f3viles completamente montadas se importan tambi\u00e9n un tipo de relaciones humanas, de funciones tecnol\u00f3gicas, de separaci\u00f3n entre trabajo intelectual y trabajo manual y un modo de consumo profundamente extra\u00f1os al socialismo).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nTodo este an\u00e1lisis adquiere sentido en funci\u00f3n de la distinci\u00f3n propuesta por Guattari entre <i>grupos sometidos<\/i> y <i>grupos-sujetos<\/i>. Los grupos sometidos lo son tanto por los amos de los que se dotan o que aceptan como por sus masas; la jerarqu\u00eda, la organizaci\u00f3n vertical o piramidal que les caracteriza est\u00e1 hecha para conjurar toda inscripci\u00f3n posible de sinsentido, de muerte o de explosi\u00f3n, para impedir el desarrollo de cortes creadores, para asegurar mecanismos de autoconservaci\u00f3n fundados en la exclusi\u00f3n de los dem\u00e1s grupos; su centralismo opera mediante estructuraci\u00f3n, totalizaci\u00f3n y unificaci\u00f3n, sustituyendo las condiciones de una verdadera \u00abenunciaci\u00f3n\u00bb colectiva por una composici\u00f3n de enunciados estereotipados .separados tanto de lo real como de la subjetividad (y ah\u00ed es donde se producen los fen\u00f3menos imaginarios de edipizaci\u00f3n, de super-yoizaci\u00f3n y de castraci\u00f3n de grupo). Los grupos-sujetos, al contrario, se definen por coeficientes de <i>transversalidad<\/i> que conjuran las totalidades y las jerarqu\u00edas: son agentes de enunciaci\u00f3n, soportes de deseo, elementos de creaci\u00f3n institucional; a trav\u00e9s de su pr\u00e1ctica no cesan de confrontarse con los l\u00edmites de su propio sinsentido, de su propia muerte o su propia ruptura. E incluso no se trata tanto de dos clases de grupos como de dos vertientes de la instituci\u00f3n, ya que un grupo-sujeto siempre corre peligro de dejarse someter, en una crispacion paranoica por la que desea a toda costa mantenerse y eternizarse como sujeto; y a la inversa, \u00abun partido anta\u00f1o revolucionario y hoy m\u00e1s o menos sometido al orden dominante puede a\u00fan ocupar a los ojos de las masas el lugar vac\u00edo del sujeto de la historia, convertirse a su pesar en portavoz de un discurso que no es el suyo, aunque lo traicione cuando las relaciones de fuerza comporten un retorno a la normalidad: no por ello dejar\u00e1 de conservar, de forma involuntaria, una potencialidad de corte subjetivo que podr\u00e1 revelarse en un cambio de contexto\u00bb (ejemplo extremo de como los peores arca\u00edsmos pueden llegar a ser revolucionarios: los vascos, los cat\u00f3licos irlandeses, etc\u00e9tera).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nCiertamente, si el problema de las funciones de grupo no se plantea desde el principio, enseguida ser\u00e1 demasiado tarde para hacerlo. \u00bfCu\u00e1ntos grup\u00fasculos que no alojan sino a unas masas fantasmales tienen ya una estructura de sometimiento, con su direcci\u00f3n, su correa de transmisi\u00f3n y su base, que reproducen en el vac\u00edo los errores y perversiones que combaten? La experiencia de Guattari ha atravesado el trotskismo, el entrismo, la oposicion izquierda (la <i>Voie Communiste<\/i>), el movimiento del 22 de marzo. A lo largo de este camino, el problema sigue siendo el del deseo o el de la subjetividad inconsciente: \u00bfc\u00f3mo un grupo puede ser portador de su propio deseo, ponerlo en conexi\u00f3n con los deseos de otros grupos y con los deseos de las masas, c\u00f3mo puede producir los enunciados creadores correspientes y constituir las condiciones, no de su unificaci\u00f3n, sino de una multiplicaci\u00f3n propicia a los enunciados de ruptura? La ignorancia y la represion de los fen\u00f3menos de deseo inspiran las estructuras de sometimiento y burocratizaci\u00f3n, el estilo militante hecho de ese amor rencoroso que decide favor de cierto n\u00famero de enunciados dominantes y excluyentes. La manera constante en que los grupos revolucionarios han traicionado su labor es bien conocida. Proceden por separaci\u00f3n, imposici\u00f3n y selecci\u00f3n residual separaci\u00f3n de una vanguardia a la que se supone el saber; imposici\u00f3n de un proletariado bien disciplinado, organizado, jerarquizado; residuo de un sub-proletariado que se presenta como grupo que hay que excluir o reeducar. Pero esta divisi\u00f3n tripartita reproduce exactamente las divisiones que la burgues\u00eda ha introducido en el proletariado, y sobre las que ha basado su poder en el marco de las relaciones de producci\u00f3n capitalistas. Preten\u00adder volverlas contra la burgues\u00eda es una lucha perdida de antemano. La ta\u00adrea revolucionaria es la supresi\u00f3n del proletariado en cuanto tal, es decir, de las distinciones correspondientes entre vanguardia y proletariado, pro\u00adletariado y lumpenproletariado, la lucha efectiva contra toda operaci\u00f3n de separaci\u00f3n, de imposici\u00f3n y de selecci\u00f3n residual, para dar lugar, al con\u00adtrario, a posiciones subjetivas y singulares capaces de comunicarse trans-versalmente (<i>Cfr<\/i>. el texto de Guattari <i>El estudiante, el loco y el katangue\u00f1o<\/i>).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nHonra a Guattari el haber mostrado que el problema no es en absoluto buscar una alternativa entre el espontane\u00edsmo y el centralismo, entre la gue\u00adrrilla y la guerra generalizada. De nada sirve hacerse lenguas de un cierto derecho a la espontaneidad en los comienzos para reclamar la exigencia de centralizaci\u00f3n en una segunda fase: la teor\u00eda de las etapas ha sido ruinosa para todo movimiento revolucionario. Hay que ser, desde el principio, m\u00e1s centralista que los centralistas. Es evidente que una m\u00e1quina revoluciona\u00adria no puede conformarse con luchas puntuales y locales: debe ser al mis\u00admo tiempo hiper-deseante e hiper-centralizada. El problema es el de la unificaci\u00f3n que ha de lograr transversalmente, a trav\u00e9s de una multiplicidad y no verticalmente y sofocando esa multiplicidad propia del deseo. Ello sig\u00adnifica, en primer lugar, que la unificaci\u00f3n ha de ser la de <i>una m\u00e1quina de guerra, no la de un aparato de Estado <\/i>(el Ej\u00e9rcito Rojo deja de ser una m\u00e1\u00adquina de guerra en la medida en que se convierte en un engranaje m\u00e1s o menos decisivo de un aparato de Estado). En segundo lugar, la unificaci\u00f3n debe realizarse mediante el <i>an\u00e1lisis<\/i>, debe desempe\u00f1ar <i>el papel de anali\u00adzador<\/i> con respecto al deseo de grupo y de masas, y no el de una s\u00edntesis que proceda por racionalizaci\u00f3n, totalizaci\u00f3n, exclusi\u00f3n, etc\u00e9tera Distinci\u00f3n entre una m\u00e1quina de guerra y un aparato de Estado, entre el an\u00e1lisis o el analizador de deseo y las s\u00edntesis seudo-racionales y cient\u00edficas, he ah\u00ed las dos grandes l\u00edneas que aporta el libro de Guattari, y que se\u00f1alan para \u00e9l la tarea te\u00f3rica que actualmente habr\u00eda que desarrollar.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nCon respecto a esto \u00faltimo, no se trata en verdad de una \u00abaplicaci\u00f3n\u00bb del psicoan\u00e1lisis a los fen\u00f3menos grupales; tampoco de crear un grupo tera\u00adp\u00e9utico que se ocupar\u00eda de \u00abtratar\u00bb a las masas; se trata de construir en el grupo las condiciones de un an\u00e1lisis del deseo, ejercido sobre s\u00ed mismo y sobre los dem\u00e1s; se trata de seguir los flujos que constituyen las l\u00edneas de fuga de la sociedad capitalista, operando rupturas, imponiendo cortes en el seno mismo del determinismo social y de la causalidad hist\u00f3rica: sacar a la luz los agentes colectivos de enunciaci\u00f3n capaces de formar los nuevos enunciados de deseo; no constituir una vanguardia, sino grupos adyacen\u00adtes a los procesos sociales, dedicados \u00fanicamente a hacer avanzar una cier\u00adta verdad por caminos que jam\u00e1s seguir\u00eda ordinariamente; en suma, una subjetividad revolucionaria con respecto a la cual ya no tenga sentido pre\u00adguntarse qu\u00e9 es primero, si las determinaciones pol\u00edticas, las econ\u00f3micas o las libidinales, puesto que atraviesa todos esos \u00f3rdenes tradicionalmente separados; alcanzar este punto de <i>ruptura<\/i> en el cual, precisamente, la econom\u00eda pol\u00edtica y la econom\u00eda libidinal <i>no son m\u00e1s que una sola y la misma<\/i>. El inconsciente no es otra cosa que este orden de la subjetividad de grupo que introduce m\u00e1quinas explosivas en las estructuras llamadas significantes y en las cadenas causales, y que las fuerza a abrirse para liberar sus potencialidades ocultas como una realidad futura bajo el efecto de la ruptura. El movimiento del 22 de marzo sigue siendo ejemplar a este respecto, pues aunque fuera insuficiente como m\u00e1quina de guerra, al menos funcion\u00f3 admirablemente como grupo anal\u00edtico y deseante que, no conforme con mantener su discurso al modo de una asociaci\u00f3n genuinamente libre, \u00abse constituy\u00f3 como analizador de una masa considerable de estudiantes y de trabajadores j\u00f3venes\u00bb sin pretensi\u00f3n de vanguardia o hegemon\u00eda, como un simple soporte que permite la transferencia o el levantamiento de las inhibiciones. Este tipo de an\u00e1lisis en acto, en el cual el an\u00e1lisis y el deseo est\u00e1n finalmente del mismo lado, en el cual el deseo mismo dirige el an\u00e1lisis, es el que caracteriza a los grupos-sujetos, mientras que los grupos sometidos contin\u00faan viviendo bajo las leyes de una simple \u00abaplicaci\u00f3n\u00bb del psicoanalisis en un medio estanco (la familia como continuaci\u00f3n del Estado por otros medios). El car\u00e1cter econ\u00f3mico y pol\u00edtico de la libido en cuanto tal, el car\u00e1cter libidinal y sexual del campo pol\u00edtico-econ\u00f3mico, toda esta <i>deriva de la historia<\/i> s\u00f3lo puede descubrirse en el medio abierto por los grupos sujetos, all\u00ed donde se erige una verdad. Pues \u00abla verdad no es la teor\u00eda ni la organizaci\u00f3n\u00bb, no es la estructura ni el significante sino m\u00e1s bien la maquina de guerra y su sinsentido. \u00abCuando la verdad surge es cuando la teoria y la organizaci\u00f3n dejan de fastidiar. La autocr\u00edtica tienen que hacerla siempre la teor\u00eda y la organizaci\u00f3n, nunca el deseo.\u00bb<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEsta transformaci\u00f3n del psicoan\u00e1lisis en esquizo-an\u00e1lisis implica una evaluaci\u00f3n de la especificidad de la locura. Y \u00e9ste es uno de los puntos en los que m\u00e1s insiste Guattari, uni\u00e9ndose a Foucault cuando \u00e9ste anunciaba que no es la locura lo que va a desaparecer a favor de las enfermedades mentales positivamente determinadas, tratadas, as\u00e9pticas, sino al contrario desaparecer\u00e1n las enfermedades mentales en beneficio de algo que aun no hemos comprendido de la locura.<small><sup>3<\/sup><\/small> Pues los verdaderos problemas residen en la psicosis (no en las neurosis de aplicaci\u00f3n). Siempre es agradable suscitar las burlas de los positivistas: Guattari no deja de reclamar los derechos de un punto de vista metaf\u00edsico o trascendental, que consiste en purgar la locura de la enfermedad mental y no al rev\u00e9s: \u00ab\u00bfLlegar\u00e1 un d\u00eda en que se estudiar\u00e1n con la misma seriedad y el mismo rigor las definiciones de Dios del presidente Schreber o de Antonin Artaud que las de Descartes o Malebranche? \u00bfSeguiremos durante mucho tiempo perpetuando la escisi\u00f3n entre aquello que ser\u00eda objeto de una cr\u00edtica te\u00f3rica pura y la actividad anal\u00edtica conreta de las ciencias humanas?\u00bb. (Y hemos de comprender que las definiciones delirantes son, de hecho, m\u00e1s serias y rigurosas que las definiciones racionales-enfermizas mediante las que los grupos sometidos se remiten a Dios bajo la especie de la raz\u00f3n.) Precisamente el an\u00e1lisis institucional le reprocha a la antipsiquiatr\u00eda, no solamente su rechazo de la farmacolog\u00eda, no solamente el negar a la instituci\u00f3n toda posici\u00f3n revolucionaria, sino sobre todo el de confundir finalmente la alienaci\u00f3n mental con la alienaci\u00f3n social, suprimiendo as\u00ed la especificidad de la locura. \u00abCon las mejores intenciones del mundo, morales y pol\u00edticas, se llega a negar al loco el derecho a estar loco, y el <i>es culpa de la sociedad<\/i> puede ocultar una forma de reprimir toda desviaci\u00f3n. La negaci\u00f3n de la instituci\u00f3n se convertir\u00eda entonces en denegaci\u00f3n del hecho singular de la alienaci\u00f3n mental.\u00bb No es que haya que sostener una suerte de generalidad de la locura, ni invocar una unidad m\u00edstica del revolucionario y el loco: aunque sin duda es in\u00fatil intentar escapar a una cr\u00edtica que de todas formas se har\u00e1. Pero hay que decir que no es que haya que reducir la locura al orden de la generalidad sino lo contrario: el mundo moderno o el conjunto del campo social han de interpretarse <i>tambi\u00e9n<\/i> en funci\u00f3n de la singularidad del loco en su propia posicion subjetiva. Los militantes revolucionarios no pueden dejar de sentirse concernidos por la delincuencia, la desviaci\u00f3n y la locura, y no como educadores o reformadores, sino como quienes no pueden leer m\u00e1s que en espejos el rostro de su propia diferencia. As\u00ed lo prueba este fragmento de dialogo con Jean Oury al comienzo de esta compilaci\u00f3n: \u00abHay algo que deber\u00eda definir a un grupo de militantes en el dominio psiqui\u00e1trico: el estar comprometidos en la lucha social, pero tambi\u00e9n el estar lo suficientente locos como para tener la posibilidad de estar con los locos; aunque muchas personas en el marco pol\u00edtico que son incapaces de formar parte de este grupo [&#8230;]\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nLa aportaci\u00f3n caracter\u00edstica de Guattari a la psicoterapia institucional consiste en cierto n\u00famero de nociones cuya formaci\u00f3n puede seguirse en estas paginas: la distinci\u00f3n de las dos clases de grupos, la oposici\u00f3n entre las fantas\u00edas grupales y las individuales, la concepci\u00f3n de la transversalidad. Estas nociones tienen una orientaci\u00f3n pr\u00e1ctica muy precisa: introducir en la instituci\u00f3n una funci\u00f3n pol\u00edtica militante, constituir una suerte de \u00abmonstruo\u00bb que ya no es el psicoan\u00e1lisis, ni la pr\u00e1ctica hospitalaria, y menos a\u00fan la din\u00e1mica de grupo, y que se ha de aplicar sin restricciones: al hospital, a la escuela, en la militancia; una m\u00e1quina para producir y enunciar el deseo. Por este motivo, Guattari reclama el nombre de \u00aban\u00e1lisis institucional\u00bb m\u00e1s que el de \u00abpsicoterapia institucional\u00bb. En el movimiento institucional, tal y como aparece con Tosquelles y Jean Oury, se anunciaba realmente una tercera edad de la psiquiatr\u00eda: la instituci\u00f3n como modelo, m\u00e1s all\u00e1 de la ley y del contrato. El viejo manicomio estaba regido por la ley represiva, en la medida en que los locos eran considerados \u00abineptos\u00bb y, por ello, excluidos de las relaciones contractuales que ligan a las personas presuntamente razonables; la innovaci\u00f3n freudiana consisti\u00f3 en mostrar que, en las familias burguesas y fuera de las fronteras de los manicomios, un amplio grupo de personas llamadas neur\u00f3ticas pod\u00edan formar parte de un contrato particular que, con medios originales, las reconduc\u00eda a las normas de la medicina tradicional (el contrato psicoanal\u00edtico como caso particular de la relaci\u00f3n contractual de la medicina liberal). El abandono de la hipnosis fue una fase decisiva en esta v\u00eda. No creemos que se haya analizado hasta ahora el papel y los efectos de este modelo de contrato al cual est\u00e1 adherido el psicoan\u00e1lisis, una de cuyas principales consecuencias fue hacer que la psicosis se convirtiera en el horizonte del psicoan\u00e1lisis como fuente genuina de su material cl\u00ednico y, sin embargo, fuera excluida del campo contractual. No hay que extra\u00f1arse de que la psicoterapia institucional, como lo prueban muchos de los textos que siguen, implique en sus principales propuestas una cr\u00edtica del contrato llamado liberal tanto como de la ley represiva, que pretend\u00eda sustituir por el modelo de la instituci\u00f3n. Esta cr\u00edtica ten\u00eda que ampliarse en direcciones muy variadas, puesto que la organizaci\u00f3n piramidal de los grupos, su sometimiento o su divisi\u00f3n jer\u00e1rquica del trabajo se apoyan en relaciones contractuales tanto como en estructuras legalistas. En el primer texto de esta compilaci\u00f3n, acerca de las relaciones enfermeros-m\u00e9dicos, Oury interviene para decir: \u00abHay un racionalismo de la sociedad que es m\u00e1s bien una racionalizaci\u00f3n de la mala fe, de la canallada. Lo que se ve desde dentro son las relaciones con los locos en los contactos cotidianos <i>a condici\u00f3n de romper cierto \u201ccontrato\u201d con lo tradicional<\/i>. En cierto sentido, puede decirse que saber lo que es estar en contacto con los locos es, al mismo tiempo, ser progresista. [&#8230;] Es evidente que los propios t\u00e9rminos \u00abenfermero-m\u00e9dico\u00bb pertenecen a ese contrato que se ha dicho que hab\u00eda que romper\u00bb. Hay, en la psicoterapia institucional, una especie de inspiraci\u00f3n al estilo de un Saint-Just psiquiatra, en la medida en que Saint-Just defin\u00eda el r\u00e9gimen republicano como \u00abmuchas instituciones y pocas leyes\u00bb (y tambi\u00e9n pocas relaciones contractuales). La psicoterapia institucional fragua su dif\u00edcil camino entre la antipsiquiatr\u00eda, que tiende a retornar a formas contractuales desesperadas (<i>Cfr<\/i>. una reciente entrevista de Laing), y la psiquiatr\u00eda sectorial, con su control de ba\u00adrrio y su triangulaci\u00f3n planificada, que se arriesga a hacer buenos los ma\u00adnicomios que se cerraron anta\u00f1o (\u00a1los buenos tiempos!).<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAqu\u00ed plantea Guattari sus propios problemas sobre la naturaleza de los grupos asistentes-asistidos capaces de constituir grupos-sujetos, es decir, de convertir la instituci\u00f3n en objeto de una verdadera creaci\u00f3n en la cual la lo\u00adcura y la revoluci\u00f3n, sin confundirse, se otorguen la una a la otra aquel \u00abros\u00adtro de su diferencia\u00bb en las posiciones singulares de una subjetividad deseante. Por ejemplo, el an\u00e1lisis de las UTB de La Borde, las unidades terap\u00e9uticas de base, en el texto <i>\u00bfD\u00f3nde comienza la psicoterapia de grupo?<\/i> \u00bfC\u00f3mo con\u00adjurar la sumisi\u00f3n en grupos que est\u00e1n ellos mismos sometidos, como aque\u00adllos en los que concurre el psicoan\u00e1lisis tradicional? Y las asociaciones psicoanal\u00edticas, \u00bfen qu\u00e9 vertiente de la instituci\u00f3n est\u00e1n, qu\u00e9 clase de gru\u00adpo forman? Gran parte del trabajo de Guattari antes de Mayo del 68 con\u00adsisti\u00f3 en conseguir \u00abque los propios enfermos se hagan cargo de su enfermedad, con el apoyo del conjunto del movimiento estudiantil\u00bb. Siempre ha habido en Guattari un cierto sue\u00f1o de sinsentido y de <i>palabra vac\u00eda<\/i>, institucional, contra la ley o el contrato de la palabra plena, un cierto derecho del <i>flujo-esquizo<\/i>, empe\u00f1ado en romper las divisiones y los estancamientos jer\u00e1rqui\u00adcos y seudo-funcionales: pedag\u00f3gicos, psiqui\u00e1tricos, anal\u00edticos, militantes. Todos los textos de esta compilaci\u00f3n son art\u00edculos circunstanciales. Est\u00e1n animados por una doble finalidad: la de su origen en tal o cual giro de la psicoterapia institucional, en tal o cual momento de la vida pol\u00edtica mili\u00adtante, en tal o cual aspecto de la Escuela Freudiana y de la ense\u00f1anza de Lacan, pero tambi\u00e9n la de su funci\u00f3n, la de su posible funcionamiento en circunstancias distintas de aquellas que fueron su origen. El libro debe con\u00adsiderarse como el montaje o la instalaci\u00f3n, aqu\u00ed y all\u00e1, de piezas y engra\u00adnajes de una m\u00e1quina. A veces se trata de peque\u00f1os engranajes, minuciosos pero desordenados, aunque perfectamente indispensables. M\u00e1quina de de\u00adseo, es decir, de guerra y de an\u00e1lisis. Por ello podemos destacar dos textos particularmente importantes: un texto te\u00f3rico en el cual el principio mismo de una m\u00e1quina se desembaraza de la hip\u00f3tesis de la estructura y se des\u00adhace de los v\u00ednculos estructurales (<i>M\u00e1quina y estructura<\/i>), y un texto-esquizo en donde las nociones de \u00abpunto signo\u00bb y \u00absigno-mancha\u00bb se liberan de la hipoteca del significante.<\/div>\n<hr align=\"left\" style=\"height: 1px\" width=\"15%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small>Prefacio a F\u00e9lix Guattari, <i>Psychanalyse et transversalit\u00e9<\/i>, Fran\u00e7ois Maspero, Par\u00eds, 1972, pp. I-XI (<i>Psicoan\u00e1lisis y transversalidad<\/i>, trad. cast. Fernando Hugo Azcurra, Buenos Aires, Siglo XXI, 1976, pp. 9-21).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>1<\/sup><\/small> Marcel Jaeger, \u00abL\u2019<i>Underground <\/i>de la folie\u00bb, en <i>Folie pour folie<\/i>, <i>Partisans<\/i>, febrero de 1972.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>2<\/sup><\/small> <i>Cahiers de la Verit\u00e9<\/i>, serie <i>Ciencias humanas y lucha de clases<\/i>, n\u00ba 1.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>*<\/sup><\/small> Deleuze a\u00f1ade, en una nota de su ejemplar personal: \u00abPor ejemplo, la pol\u00edtica econ\u00f3mica se decide como m\u00ednimo a escala europea, mientras que la pol\u00edtica social se deja al cuidado de cada Estado\u00bb.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>3<\/sup><\/small> Michel Foucault, <i>Histoire de la folie<\/i>, Gallimard, Par\u00eds, 1972, Ap\u00e9ndice I (<i>Historia de la locura en la \u00e9poca cl\u00e1sica<\/i>, trad. cast. Juan Jos\u00e9 Utrilla, M\u00e9xico, FCE, 1967, 2 vols.).<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces, el militante pol\u00edtico y el psicoanalista se dan en la misma persona y, en lugar de permanecer estancos, no dejan de mezclarse, de interferirse, de comunicarse e intercambiarse. Es un acontecimiento bastante infrecuente desde Reich. Pierre-F\u00e9lix Guattari no se ha preocupado apenas por los problemas de la unidad del Yo. 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