{"id":1931,"date":"2020-10-20T08:58:43","date_gmt":"2020-10-20T13:58:43","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1931"},"modified":"2020-10-20T09:00:43","modified_gmt":"2020-10-20T14:00:43","slug":"simone-weil-fragmento-sobre-la-guerra-revolucionaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1931","title":{"rendered":"Simone Weil \/ Fragmento sobre la guerra revolucionaria"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\"><strong>Este fragmento, que data de finales de 1933, fue publicado en el segundo tomo, \u00abPolitique\u00bb, de la recopilaci\u00f3n de <em>\u00c9crits historiques et politiques<\/em>, a cargo de la editorial francesa Gallimard en 1960.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify\">Todas [estas cuestiones] se reducen a la cuesti\u00f3n del valor revolucionario de la guerra. La leyenda de 1793 ha creado sobre este punto, en todo el movimiento obrero, un peligroso equ\u00edvoco y que a\u00fan persiste.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;margin-bottom: 0em;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">La guerra de 1792 no fue una guerra revolucionaria. No se trataba de una defensa armada de la rep\u00fablica francesa contra los reyes, sino, al menos al principio, de una maniobra de la corte y de los Girondinos para quebrar la revoluci\u00f3n, maniobra a la que Robespierre, en su magn\u00edfico discurso contra la declaraci\u00f3n de la guerra, trat\u00f3 en vano de oponerse. Es cierto que la guerra misma, por sus propias exigencias, expuls\u00f3 a los Girondinos del gobierno y puso a los Montagnards en su lugar; sin embargo, la maniobra de los Girondinos, en lo esencial, fue un \u00e9xito. Porque Robespierre y sus amigos, aunque ocupaban puestos responsables del Estado, no pod\u00edan conseguir nada, ni de la democracia pol\u00edtica ni de las transformaciones sociales que ten\u00edan a sus ojos con el \u00fanico prop\u00f3sito de darlas al pueblo franc\u00e9s. Ni siquiera pudieron oponerse a la corrupci\u00f3n que finalmente los destruy\u00f3. De hecho, a trav\u00e9s de la brutal centralizaci\u00f3n y el terror sin sentido que la guerra hizo indispensables, s\u00f3lo allanaron el camino para la dictadura militar. Robespierre se dio cuenta de ello con la asombrosa lucidez que lo hizo grande, y lo dijo, no sin amargura, en el famoso discurso que precedi\u00f3 inmediatamente a su muerte. En cuanto a las consecuencias de esta guerra en el extranjero, evidentemente contribuy\u00f3 a la destrucci\u00f3n de la antigua estructura feudal de algunos pa\u00edses, pero por otra parte, tan pronto como, por un desarrollo ineludible, se dirigi\u00f3 hacia la conquista, debilit\u00f3 singularmente la fuerza propagand\u00edstica de las ideas revolucionarias francesas, de acuerdo con las famosas palabras de Robespierre: \u00abNo nos gustan los misioneros armados\u00bb. No es sin raz\u00f3n que Robespierre fue acusado de ver las victorias de los ej\u00e9rcitos franceses sin placer. Fue la guerra que, para usar la expresi\u00f3n de Marx, sustituy\u00f3 Libertad, Igualdad, Fraternidad por Infanter\u00eda, Caballer\u00eda, Artiller\u00eda.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Adem\u00e1s, incluso la guerra de intervenci\u00f3n, en Rusia, una guerra verdaderamente defensiva, y cuyos combatientes merecen nuestra admiraci\u00f3n, fue un obst\u00e1culo insuperable para el desarrollo de la revoluci\u00f3n rusa. Fue esta guerra la que impuso a una revoluci\u00f3n cuyo programa era la abolici\u00f3n del ej\u00e9rcito, la polic\u00eda y la burocracia permanentes un ej\u00e9rcito rojo cuyos cuadros estaban formados por oficiales zaristas, una polic\u00eda que pronto iba a golpear a los comunistas con m\u00e1s fuerza que a los contrarrevolucionarios, un aparato burocr\u00e1tico sin equivalente en el resto del mundo. Todos estos aparatos tuvieron que responder a necesidades temporales; pero sobrevivieron fatalmente a estas necesidades. En general, la guerra siempre fortalece el poder central a expensas del pueblo; como escribi\u00f3 Saint-Just: \u00abS\u00f3lo los que est\u00e1n en las batallas las ganan, y s\u00f3lo los poderosos se benefician de ellas\u00bb. La Comuna de Par\u00eds fue una excepci\u00f3n; pero tambi\u00e9n fue derrotada. La guerra es inconcebible sin una organizaci\u00f3n opresiva, sin un poder absoluto de los que dirigen, constituidos en un aparato distinto, sobre los que ejecutan. En este sentido, si admitimos, junto con Marx y Lenin, que la revoluci\u00f3n hoy en d\u00eda consiste sobre todo en la ruptura inmediata y definitiva del aparato estatal, la guerra, incluso hecha por los revolucionarios para defender la revoluci\u00f3n que han hecho, constituye un factor contrarrevolucionario. M\u00e1s a\u00fan, cuando la guerra es dirigida por una clase opresora, la adhesi\u00f3n de los oprimidos a la guerra constituye una abdicaci\u00f3n completa en las manos del aparato estatal que los aplasta. Esto es lo que ocurri\u00f3 en 1914; y en esta vergonzosa traici\u00f3n debemos reconocer que Engels tiene su parte de responsabilidad.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este fragmento, que data de finales de 1933, fue publicado en el segundo tomo, \u00abPolitique\u00bb, de la recopilaci\u00f3n de \u00c9crits historiques et politiques, a cargo de la editorial francesa Gallimard en 1960. &nbsp; Todas [estas cuestiones] se reducen a la cuesti\u00f3n del valor revolucionario de la guerra. 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