{"id":177,"date":"2016-05-09T10:28:24","date_gmt":"2016-05-09T08:28:24","guid":{"rendered":"http:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=177"},"modified":"2016-05-09T10:28:24","modified_gmt":"2016-05-09T08:28:24","slug":"georges-canguilhem-la-decadencia-de-la-idea-de-progreso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=177","title":{"rendered":"Georges Canguilhem \/ La decadencia de la idea de Progreso"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" src=\"http:\/\/2.bp.blogspot.com\/-3nh0ilqwRcw\/Tuj3N7MwLdI\/AAAAAAAAARk\/6aG24dkMAGw\/s1600\/canguilhem_g_2.jpg\" height=\"400\" width=\"391\" \/><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\n\u201cSi existe algo m\u00e1s desgarrador que un cuerpo agonizante a falta de pan, es un alma que muere por hambre de luz. En su conjunto, el progreso tiende del lado de la soluci\u00f3n. Cualquier d\u00eda quedaremos estupefactos [\u2026]. Nos equivocar\u00edamos si dud\u00e1ramos de esa bendita soluci\u00f3n [\u2026]. Nosotros que creemos, \u00bfqu\u00e9 podemos temer? Existen tantos reflujos de ideas como reflujos fluviales [\u2026] \u00a1y uno puede esperar cualquier cosa de este misterioso poder del progreso que, un buen d\u00eda, hace confrontar Oriente y Occidente en el fondo de un sepulcro y hace dialogar a los imames con Bonaparte en el interior de la gran pir\u00e1mide!\u201d<sup><small>1<\/small><\/sup>. Victor Hugo, en 1862, puso al servicio de una idea laica un vocabulario religioso. En lo que los Fil\u00f3sofos del siglo XVIII consideraban una ley de la historia de la humanidad, \u00e9l ley\u00f3 una profec\u00eda. \u00bfPodemos decir que se trata de un desv\u00edo de sentido y de alcance? De hecho, cuando se le reconoce a Turgot el m\u00e9rito de haber sido el primero, en 1750, en forma de <i>Cuadro filos\u00f3fico<\/i> los progresos del esp\u00edritu humano \u2014ya celebrados por Pascal, Bacon, Fontenelle\u2014, se ignora o se olvida que Turgot dio este Discurso en calidad de maestro elegido por la Sorbona y que con su proyecto, ofrecido en el <i>Plan de Dos Discursos sobre la Historia Universal<\/i>, pretend\u00eda reescribir el <i>Discurso<\/i> de Bossuet. \u201cEl g\u00e9nero humano, considerado desde su origen, aparece a los ojos del fil\u00f3sofo como un todo inmenso que tiene \u00e9l mismo, como cada individuo, su infancia y sus progresos [\u2026] la masa total del g\u00e9nero humano [\u2026] siempre avanza, aunque a pasos lentos, hacia una perfecci\u00f3n mayor\u201d. Fundamentar el progreso en la perfectibilidad indefinida del g\u00e9nero humano, \u00bfno es tambi\u00e9n profetizar? Incluso Kant as\u00ed lo admite. En la Segunda Secci\u00f3n del <i>Conflicto de las Facultades<\/i> (1798), ante la cuesti\u00f3n \u201c\u00bfEl g\u00e9nero humano est\u00e1 en constante progreso hacia mejor?\u201d, esboza en el \u00a7 VII, una \u201cHistoria prof\u00e9tica de la humanidad\u201d. Pero esta profec\u00eda se fortalece con una experiencia reciente de car\u00e1cter colectivo: el surgimiento del \u201cinter\u00e9s universal\u201d en los ideales propulsivos de la Revoluci\u00f3n Francesa. En esto se manifiesta (<i>\u00f6ffentlich verr\u00e4t<\/i>) una disposici\u00f3n moral, causa permanente de progreso, que ya no conocer\u00e1 ninguna regresi\u00f3n total (<i>nicht mehr g\u00e4nzlich r\u00fcckg\u00e4ngig<\/i>)<sup><small>2<\/small><\/sup>. Y si no se juzga la confrontaci\u00f3n Hugo-Kant como totalmente fantasiosa, \u00bfpor qu\u00e9 no prolongarla destacando que la irreversibilidad del progreso hist\u00f3rico est\u00e1 relacionada por Hugo con la irreversibilidad del curso de un r\u00edo al que Kant hab\u00eda invocado en la Segunda Analog\u00eda de la Anal\u00edtica trascendental, para dar a entender lo que \u00e9l denominaba la sucesi\u00f3n objetiva de los fen\u00f3menos, es decir, el orden irreversible de la causalidad?<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nSin embargo, para la constituci\u00f3n del curso y del sentido de la historia de los hombres, no es correcto considerar el progreso como an\u00e1logo a la idea de causalidad en una ciencia de la naturaleza. El progreso, seg\u00fan Kant, no es convocado a funcionar como una categor\u00eda. Es una Idea apta para ordenar una diversidad emp\u00edrica: su funci\u00f3n es la de un \u201chilo conductor\u201d (<i>Leitfaden<\/i>). En la disertaci\u00f3n <i>Idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita<\/i> (1784), la idea es la de que existe un designio de la naturaleza, manifestado por la persistencia de un \u201cgermen de luz\u201d a lo largo de las turbulencias de la historia. Ese hilo conductor es un <i>a priori<\/i> cuya independencia con respecto a los acontecimientos pasados y presentes aparece mucho m\u00e1s marcado cuando, en un escrito del mismo a\u00f1o, <i>Respuesta a la pregunta: \u00bfQu\u00e9 es la Ilustraci\u00f3n?<\/i>, llama raz\u00f3n y libertad a los g\u00e9rmenes desarrollados de la naturaleza humana<sup><small>3<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\n\u00bfSer\u00eda, pues, la falta de reflexi\u00f3n cr\u00edtica la que se hubiera tomado como motor de la historia cuando no es sino su hilo conductor? Los fil\u00f3sofos franceses del siglo XVIII, fundadores de la teor\u00eda del progreso, lo constituyeron como resultado de toda clase de progresos efectivos<sup><small>4<\/small><\/sup> y como anticipaci\u00f3n prospectiva de todos los progresos posibles. Ahora bien, entre los progresos posibles, Condorcet, en las \u00faltimas p\u00e1ginas de su <i>Bosquejo de un cuadro hist\u00f3rico de los progresos del esp\u00edritu humano<\/i>, menciona uno particularmente importante, por ser la condici\u00f3n de posibilidad de perpetuaci\u00f3n indefinida de los dem\u00e1s: es el incremento de la duraci\u00f3n media de la vida humana y, por lo tanto, el desarrollo asegurado por la herencia, por las capacidades f\u00edsicas, intelectuales y morales. Debemos admitir que esta duraci\u00f3n media de la vida podr\u00eda acrecentarse incesantemente, \u201csi las revoluciones f\u00edsicas no se opusieran a ello\u201d. El <i>Bosquejo<\/i> de Condorcet fue publicado en el A\u00f1o III (1795). As\u00ed pues, no es inveros\u00edmil que Kant haya podido sacar recursos de \u00e9l, antes de escribir tambi\u00e9n \u00e9l, en 1798 en <i>El conflicto de las Facultades<\/i>, que la irreversibilidad del progreso \u2014basada en la memoria colectiva de acontecimientos reveladores para la humanidad de su capacidad de progreso\u2014, no est\u00e1 sometida m\u00e1s que a una condici\u00f3n restrictiva, a saber, que una revoluci\u00f3n natural no aniquile el g\u00e9nero humano y no haga \u201centrar en escena a otras criaturas\u201d.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nLa paradoja, tanto en Kant como en Condorcet, est\u00e1 en que el progreso indefinido de los progresos humanos est\u00e9 subordinado a una ley de constancia cosmol\u00f3gica. Condorcet es muy expl\u00edcito. Al comienzo del <i>Bosquejo<\/i> une los avances de la perfectibilidad con la duraci\u00f3n del globo terrestre donde la naturaleza ha situado a los hombres. La marcha del progreso nunca ser\u00e1 retr\u00f3grada \u201cmientras la Tierra, al menos, ocupe el mismo lugar en el sistema del universo y mientras las leyes generales de este sistema no produzcan sobre este globo ni un trastorno general ni unos cambios que ya no permitieran a la especie humana conservarse en \u00e9l ni desplegar las mismas facultades\u2026\u201d. As\u00ed pues, son los <i>Principia<\/i> de Newton los que, antes de la <i>Exposition<\/i> de Laplace, aparecen como garantes de la verdad del <i>Bosquejo<\/i>. Quiz\u00e1 no se haya subrayado suficientemente que la astronom\u00eda sirvi\u00f3 a la causa del progreso en el siglo XVIII, y menos por su historia que por su contenido reciente. Es porque la cosmolog\u00eda newtoniana le parec\u00eda definitiva que Condorcet la confi\u00f3 la misi\u00f3n de garantizar la perfectibilidad indefinida del hombre. Y el d\u00eda en que Augusto Comte, reconociendo en Condorcet a su genial precursor, demuestre que el progreso no es m\u00e1s que el desarrollo del orden, lo har\u00e1 subordinando, a su vez, el devenir hist\u00f3rico a la estabilidad c\u00f3smica<sup><small>5<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEsta preocupaci\u00f3n por mantener la confianza en el progreso gracias a una certidumbre extra\u00edda de las leyes de la astronom\u00eda, \u00bfno nos autoriza a asimilar la idea del progreso en el siglo XVIII a un principio de conservaci\u00f3n an\u00e1logo a los que enunciaron los cient\u00edficos de los siglos XVII y XVIII: principio de conservaci\u00f3n de lo natural perfectible del hombre?<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nDe hecho, examinando \u00fanicamente en Condorcet \u2014al t\u00e9rmino de un siglo de efervescencia intelectual\u2014 cu\u00e1les son los elementos y los argumentos de la perfectibilidad indefinida del hombre, nos damos cuenta de su localizaci\u00f3n y su fecha. Bien se trate de la formaci\u00f3n de ideas y de reglas de la raz\u00f3n, bien del estadio infantil de la inteligencia y de la pedagog\u00eda, de la estructura de las ciencias y de su historia, de la aplicaci\u00f3n de las ciencias, de las matem\u00e1ticas en particular, a la pr\u00e1ctica de las artes incluyendo la medicina y la pol\u00edtica, de la producci\u00f3n de bienes de consumo, de los derechos y libertades de los ciudadanos, se plantea una misma cuesti\u00f3n. \u00bfNo es una forma hist\u00f3rica de cultura la que se ha reflejado, como en un espejo, con sus propias luces, la que se ha contemplado ella misma, con su lugar y con su rango en los <i>Cuadros<\/i> hist\u00f3ricos, y la que ha cre\u00eddo descubrir en ese redoble no un acabamiento sino una b\u00fasqueda ordenada como los movimientos de los astros? Si esto es as\u00ed, la asimilaci\u00f3n de la idea de progreso a un principio de conservaci\u00f3n permitir\u00eda explicar su decadencia de otra forma que por un retorno imprevisto de irracionalidad.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAntes de que el llamado principio Carnot-Clausius hubiera identificado el cambio en un sistema cerrado con una degradaci\u00f3n energ\u00e9tica, antes de que fil\u00f3sofos y literatos hubiera anexionado, con miras a un triste vaticinio, los conceptos fundamentales de la termodin\u00e1mica a una decepci\u00f3n escandalosa en el orden pol\u00edtico y social, las esperanzas globalmente reunidas en la creencia en el progreso, encontraron sus causas y sus razones en una nueva configuraci\u00f3n sociot\u00e9cnica y cultural. La novedad consist\u00eda en una invenci\u00f3n de alcance irreductible a la de un mero desarrollo: la m\u00e1quina de vapor de Watt, destronada a principios del siglo XIX por la m\u00e1quina de vapor de Woolf. M\u00e1quina inventada y mejorada en su rendimiento antes y sin la teor\u00eda que hace inteligible su funcionamiento. M\u00e1quina que, aceptando y apelando al maquinismo, iba a mostrar al Progreso rostros de ni\u00f1os trabajando quince horas al d\u00eda en las hilander\u00edas o en las minas<sup><small>6<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nNo se pretende que Victor Hugo habr\u00eda basado su fe en la irreversibilidad del progreso sobre una insensibilidad ante la esclavitud econ\u00f3mica. Pero aun siendo un contempor\u00e1neo de la elaboraci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, sigue tratando las cuestiones sociales como los fil\u00f3sofos del siglo XVIII. El motor de la historia es la luz. El progreso es la iluminaci\u00f3n de las tinieblas. Ahora bien, en el siglo XIX, el fen\u00f3meno f\u00edsico simb\u00f3lico del progreso en la historia no es ya la luz sino el calor. Pero, a diferencia de la luz cuya emisi\u00f3n continua se tom\u00f3 como garant\u00eda para la estabilidad del sistema solar, el calor, producido como instrumento industrial, depende de los yacimientos no renovables de ciertos combustibles terrestres. Simult\u00e1neamente, Renan y Cournot fueron escrupulosos con este agotamiento ineluctable de un poder multiplicador de las fuerzas productivas<sup><small>7<\/small><\/sup>. Sin duda Friedrich Engels merece celebridad por haber escrito que, en su \u00e9poca, la historia de la humanidad se situaba entre dos descubrimientos: el fuego, transformaci\u00f3n del movimiento mec\u00e1nico en calor, y la m\u00e1quina de vapor, transformaci\u00f3n del calor en movimiento mec\u00e1nico<sup><small>8<\/small><\/sup>. Pero, a\u00fan seducido por una explicaci\u00f3n racionalista del progreso t\u00e9cnico, Engels no distingue entre la invenci\u00f3n t\u00e9cnica que precede a un saber que desarrollar\u00e1 su eficacia comprendi\u00e9ndola y la invenci\u00f3n que procede de un saber de la que ella misma es su aplicaci\u00f3n. Como si la m\u00e1quina de vapor y ese nuevo motor revolucionario que es la m\u00e1quina de Gramme (1869) no fueran invenciones premeditadas no te\u00f3ricamente. \u00danicamente el siguiente motor revolucionario, el Diesel, existe en potencia desde 1878, en las investigaciones seguidas en la Universidad de Munich sobre la mejora del rendimiento de las m\u00e1quinas t\u00e9rmicas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nPor lo tanto conviene volver a investigar qu\u00e9 refutaciones han podido ser infligidas por la historia a la afirmaci\u00f3n optimista de la racionalidad progresiva de su curso, es decir, procede volver a examinar si los argumentos avanzados en las ideolog\u00edas de los siglos XVIII y XIX, como pruebas para el pasado y como esperanzas para el futuro, han sido o no ratificados tras el avance en el tiempo, a partir del momento de su formulaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn lo que ata\u00f1e a un cambio cualitativo de la condici\u00f3n humana, a la vez en el espacio de subsistencia de los agrupamientos sociales y en el tiempo de la creaci\u00f3n de sus reg\u00edmenes, el examen debe concernir al origen, a la ley de sucesi\u00f3n de estados, a los instrumentos y procedimientos de difusi\u00f3n, a la trayectoria y la direcci\u00f3n del movimiento, a los obst\u00e1culos y los riesgos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>1. El origen<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn la teor\u00eda del progreso seg\u00fan Turgot y Condorcet, y tal como August Comte la sistematiz\u00f3 formulando las tres leyes de los tres estadios<sup><small>9<\/small><\/sup>, los t\u00e9rminos de progreso, de perfeccionamiento y de desarrollo son intercambiables. Pero es el t\u00e9rmino <i>desarrollo<\/i> el que impone su significaci\u00f3n fundamental: manifestaci\u00f3n sucesiva de potencialidades contenidas en un germen de organismo. Por este hecho, el origen no es, no puede ser, objeto de experiencia. Pero s\u00ed puede ser, y es, concebido sobre el modelo de la infancia. El progreso es el paso de la infancia a la edad adulta, de la debilidad y de la ignorancia a la madurez y al saber. Pascal dec\u00eda de los ni\u00f1os que su crecimiento en edad no abol\u00eda su debilidad inicial<sup><small>10<\/small><\/sup>. Bossuet, desde la cima de su serenidad dogm\u00e1tica, escribi\u00f3 que \u201cla infancia es la vida de un animal\u201d<sup><small>11<\/small><\/sup>. Por el contrario, en la <i>Enciclopedia<\/i> el ni\u00f1o tiene el poder de alcanzar hacia los ocho a\u00f1os la edad de la raz\u00f3n. Seg\u00fan ese modelo, el progreso es el rechazo de las ni\u00f1er\u00edas de la especie, de los prejuicios, del reconocimiento de los errores. Contra la voluntad de Rousseau y su <i>Emilio<\/i>, el ni\u00f1o no se remite al adulto sino para ser elevado por la educaci\u00f3n de su estado inicial de incorrecci\u00f3n. Incorrecto no significa incorregible. Puede ser encauzado por sus relaciones con las cosas y con los adultos, y por lo tanto ser capaz, bajo los efectos acumulados de sus relaciones, de un perfeccionamiento indefinido.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEsta imagen del progreso de la especie humana, extra\u00edda de teor\u00edas seculares sobre el acceso del ni\u00f1o a la responsabilidad razonada, se fortaleci\u00f3 en el siglo XIX dado el inter\u00e9s concedido a cuestiones de la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica. Se pudo concebir \u2014y Haeckel, entre otros, no se ha privado de ello\u2014 que el desarrollo ps\u00edquico del ni\u00f1o era la recapitulaci\u00f3n de la evoluci\u00f3n filogen\u00e9tica anterior y en consecuencia la reproducci\u00f3n de un progreso.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nPero inversamente se pudo mantener, en la misma \u00e9poca, que la prolongaci\u00f3n del estadio biol\u00f3gico de la infancia, caracter\u00edstico de la especie humana, desempe\u00f1aba un papel positivo en su evoluci\u00f3n. \u201cEs la infancia la que hace del hombre lo que es\u201d dec\u00eda John Fiske<sup><small>12<\/small><\/sup>. El psicoan\u00e1lisis aport\u00f3 un refuerzo inesperado a esta proposici\u00f3n. La figura del adulto deja de ser considerada como la imagen impulsora del desarrollo infantil. Todo lo contrario, es para el ni\u00f1o, en situaci\u00f3n de dependencia inicial, la causa de los conflictos interiorizados como complejos que persisten en el inconsciente. El adulto ha aprendido que su infancia no puede ser definitivamente abolida, y la abundancia de teor\u00edas pedag\u00f3gicas no directivas, no represivas, a menudo lo han hecho receptivo a la idea de que el polimorfismo de las posibilidades del ni\u00f1o es un dep\u00f3sito de valores. El sentido del progreso se ha invertido. En la fuente, en la aurora se encuentra si no la perfecci\u00f3n, al menos la riqueza.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAs\u00ed pues es normal que una nueva representaci\u00f3n de la infancia suscite un nuevo modelo del origen. Incluso si no la ha inspirado directamente, permite comprender que Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch haya podido asimilar progreso a decadencia. Devuelto a su estado originario, el desv\u00edo progresivo resulta ser decadencia y la prueba de ello es que engendra, a la larga, nostalgia por el origen perdido y deseo de una regeneraci\u00f3n por medio de la ingenuidad. \u201cLa degeneraci\u00f3n es una enfermedad del progreso\u201d<sup><small>13<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>2. La ley de sucesi\u00f3n de estados<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn general se admite que cierta concepci\u00f3n de la historia de las ciencias en el siglo XVIII sostiene la teor\u00eda del progreso, desde Turgot hasta Auguste Comte. Condorcet defiende la utilidad de la historia de las ciencias \u201cante todo en aras de que se conozca mejor la marcha del esp\u00edritu humano\u201d<sup><small>14<\/small><\/sup>. Seg\u00fan Condorcet, como seg\u00fan Fontenelle, todos los dem\u00e1s progresos, t\u00e9cnico, pol\u00edtico, moral, est\u00e1n supeditados a los progresos de las ciencias matem\u00e1ticas y astron\u00f3micas; Montucla, Bailly, Bossut, Saverien, tienen en com\u00fan su certidumbre en la continuidad rectil\u00ednea de las adquisiciones del saber. Incluso la constataci\u00f3n de dos tipos de lo que hoy llamamos normalidad cient\u00edfica o paradigma, en matem\u00e1ticas (Descartes \u2014 Newton, Leibniz), en mec\u00e1nica (Descartes \u2014 Leibniz), en cosmolog\u00eda (Descartes \u2014 Newton), no consigue debilitar la confianza en la identidad de la raz\u00f3n consigo misma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn la Alemania de la misma \u00e9poca se escribe la historia de la filosof\u00eda como una historia del progreso. Lucien Braun, en su importante estudio sobre este per\u00edodo<sup><small>15<\/small><\/sup>, ha insistido en la importancia que los autores alemanes han atribuido a descomponer el concepto de progreso en los de objetivo, v\u00ednculo, sujeto. La iron\u00eda de esta historia est\u00e1 en lo que Kant confirm\u00f3 con respecto a la ciencia, como se aprecia en el prefacio de la segunda edici\u00f3n de la <i>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/i>, la concepci\u00f3n del progreso lineal acumulativo elaborado por la <i>Aufkl\u00e4rung<\/i> europea, mientras que su revoluci\u00f3n llamada copernicana en filosof\u00eda, su filosof\u00eda cr\u00edtica, iba a provocar una crisis en la problem\u00e1tica de la historia de la filosof\u00eda<sup><small>16<\/small><\/sup>. El progreso de la raz\u00f3n en la historia deb\u00eda convertirse, en adelante y para siempre, en la raz\u00f3n transparente para s\u00ed misma, id\u00e9ntica a s\u00ed misma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nPero resulta todav\u00eda m\u00e1s ir\u00f3nico que la historia de la ciencia fuera a destruir la imagen lineal del progreso cient\u00edfico mediante el replanteamiento de esa propiedad postulada para la l\u00ednea recta de no admitir m\u00e1s que una paralela trazada por cualquier punto fuera de ella. Dado que las simulaciones de revoluci\u00f3n en geometr\u00eda euclidiana, ensayadas por Saccheri y Lambert, fueron ignoradas por sus contempor\u00e1neos matem\u00e1ticos, los fil\u00f3sofos del siglo XVIII desconoc\u00edan la idea, hoy banal, de la fecundidad te\u00f3rica del No. Todav\u00eda m\u00e1s que la geometr\u00eda no euclidiana, la mec\u00e1nica no newtoniana ha contribuido a introducir en la historia de las ciencias la idea de rectificaci\u00f3n dial\u00e9ctica. El progreso continuo es un concepto de epistemolog\u00eda conservadora. Quien anuncia el progreso hace del hoy un ma\u00f1ana. Ahora bien, solamente es ma\u00f1ana cuando podremos hablar del d\u00eda anterior. En cuanto a la crisis de las nociones fundamentales de la geometr\u00eda y del an\u00e1lisis, a principios del siglo XIX, y la utilizaci\u00f3n de los n\u00fameros complejos y de las series infinitas, Jean Cavaill\u00e8s escribi\u00f3: \u201cLos resultados obtenidos gracias a los nuevos instrumentos son los que llevan a transformar todo el sistema matem\u00e1tico: modelos no euclidianos y geometr\u00eda proyectiva construidos con la ayuda de los n\u00fameros complejos, teor\u00edas de las funciones arbitrarias representadas por series trigonom\u00e9tricas\u2026 las matem\u00e1ticas reales iniciales son \u00fanicamente ya un caso particular, situado en el seno de las nuevas matem\u00e1ticas y explicado por ellas mismas\u201d<sup><small>17<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>3. Instrumentos y procedimientos de difusi\u00f3n<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nHabiendo dividido su recorrido hist\u00f3rico en \u00c9pocas, Condorcet situ\u00f3 en la tercera dos acontecimientos de gran alcance hist\u00f3rico: el apego del hombre al suelo en el modo de vida agr\u00edcola, y la invenci\u00f3n de la escritura alfab\u00e9tica. Se trata de dos condiciones del progreso acumulativo. Sin la primera, no existe sociedad estabilizada y organizada, y por lo tanto no tiene cabida la exigencia permanente de comunicaci\u00f3n. Sin la segunda, carecer\u00eda de medios. Sin comunicaci\u00f3n no habr\u00eda capitalizaci\u00f3n alguna de la experiencia ni enriquecimiento del saber.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEs en la s\u00e9ptima y en la octava \u00c9pocas donde Condorcet sit\u00faa dos progresos t\u00e9cnicos de efectos inmediatamente pol\u00edticos: la artiller\u00eda y la imprenta. Aqu\u00ed no es m\u00e1s que el imitador de Bacon quien, mencionando tambi\u00e9n la br\u00fajula magn\u00e9tica, calific\u00f3 esas invenciones como recientes y de origen oscuro<sup><small>18<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nF\u00e1cilmente comprendemos que en el Siglo de las Luces la invenci\u00f3n y la extensi\u00f3n de la imprenta, la multiplicaci\u00f3n de los libros y la aparici\u00f3n de los peri\u00f3dicos hayan sido considerados como promotores, a pesar del obst\u00e1culo de la censura, de la difusi\u00f3n de la ense\u00f1anza, de la informaci\u00f3n p\u00fablica, del ejercicio de la raz\u00f3n. Era inconcebible en aquella \u00e9poca que en alg\u00fan momento se acabara cuestionando la invenci\u00f3n del alfabeto y de los caracteres tipogr\u00e1ficos como poder de emancipaci\u00f3n cultural. Sin embargo es eso lo que suscit\u00f3 la invenci\u00f3n y la difusi\u00f3n de los <i>mass media<\/i> modernos, radio y televisi\u00f3n. Al igual que Rousseau en el <i>Ensayo sobre el origen de las lenguas<\/i> denunciaba en la escritura un instrumento de los hombres, destructor de toda forma de convivencia, Marshall McLuhan ha podido deplorar en <i>La galaxia Gutenberg<\/i> (1962) que el hombre intelectualmente alimentado por los libros est\u00e9 a punto de convertirse en un enfermo ps\u00edquico. Los progresos t\u00e9cnicos en los medios de comunicaci\u00f3n mediante la imagen y el sonido son la condici\u00f3n de un trastocamiento del sentido del progreso, de la restauraci\u00f3n de valores afectivos ligados a unas estructuras sociales tradicionales<sup><small>19<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEsta degradaci\u00f3n de efectos inicialmente esperados, por nuevas invenciones t\u00e9cnicas, se manifiesta a\u00fan m\u00e1s en el caso de los armamentos que en el de los medios de comunicaci\u00f3n. Condorcet defiende la artiller\u00eda, en el pasado, como causa de la destrucci\u00f3n de la feudalidad; en el futuro, como una incitaci\u00f3n para la reducci\u00f3n de los conflictos que se han vuelto m\u00e1s mort\u00edferos. Sobre la invenci\u00f3n de la artiller\u00eda y sus efectos, Condorcet se sit\u00faa en una larga lista de autores preocupados por ese tema. Citemos entre otros a Montesquieu<sup><small>20<\/small><\/sup>, Mercier<sup><small>21<\/small><\/sup>, Balzac incluso, por unas palabras en <i>El gabinete de los antiguos<\/i>; Michelet, que celebra, en la <i>Introducci\u00f3n a la Historia Universal<\/i>, la liberaci\u00f3n del pueblo por la \u201cbala aplanadora\u201d; Renan, que prev\u00e9 el riesgo de dominio universal de un pueblo mediante la aplicaci\u00f3n de la ciencia al armamento<sup><small>22<\/small><\/sup>; Ren\u00e9 Berthelot, para quien \u201cel mundo moderno se fecha en la artiller\u00eda\u201d<sup><small>23<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nSabemos qu\u00e9 destino le ha concedido la historia al lugar com\u00fan progresista seg\u00fan el cual el temor generalizado a los efectos del armamento cient\u00edficamente revolucionario forzar\u00eda a las naciones a la rivalidad en el terreno del poder econ\u00f3mico. Mejor que muchos otros, Raymond Aron, en <i>Las guerras en cadena<\/i><sup><small>24<\/small><\/sup>, ha sabido explicar, mediante lo que \u00e9l ha llamado \u201cla sorpresa t\u00e9cnica\u201d \u2014es decir, la dimensi\u00f3n del poder del fuego\u2014, la extensi\u00f3n y la amplificaci\u00f3n apasionada de la Primera Guerra Mundial. Los efectos destructivos de medios hiperb\u00f3licos con respecto a sus metas iniciales han pesado en la elaboraci\u00f3n de un tratado de paz generador de una segunda guerra mundial en la que la sorpresa t\u00e9cnica estall\u00f3 en Hiroshima.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAs\u00ed, la experiencia adquirida en la imprevisibilidad de los efectos pol\u00edticos y sociales de una invenci\u00f3n t\u00e9cnica, que trascienden a los que se derivaban de invenciones anteriores en una misma familia tecnol\u00f3gica, autoriza a mantener la noci\u00f3n aroniana de sorpresa t\u00e9cnica como un hom\u00f3logo, en historia pol\u00edtica y social, a la noci\u00f3n bachelardiana de ruptura epistemol\u00f3gica en historia de las ciencias.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>4. La trayectoria y la direcci\u00f3n del movimiento<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEl progreso de la humanizaci\u00f3n del hombre gracias a los efectos t\u00e9cnicos, pol\u00edticos, culturales de su desarrollo debe estar vinculado, en \u00faltima instancia, a una humanidad considerada como especie fijada a la superficie del globo terrestre. En el pr\u00f3logo del <i>Bosquejo<\/i>, Condorcet se esmera en mostrar mediante qu\u00e9 ensanchamiento continuo de los grupos sociales podr\u00eda aplicarse finalmente el motivo del progreso a todos como si fuese un \u00fanico pueblo. De hecho, determinar el o los focos originarios, la o las direcciones de los procesos de difusi\u00f3n, es esbozar una historia geogr\u00e1fica, equivale a trazar una historia geogr\u00e1fica, a dibujar un mapa del progreso, una relaci\u00f3n de los puntos de paso y los itinerarios de transmisi\u00f3n de lo que hoy podemos llamar informaci\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nCondorcet acepta despu\u00e9s, y mucho antes que otros, calcar la trayectoria real del progreso sobre la trayectoria aparente del Sol, de Oriente a Occidente. Sit\u00faa en el encuentro de Asia con \u00c1frica la invenci\u00f3n, en cierto modo absoluta, sobre la que reposa el progreso, como hecho y como idea normativa de la historia: la escritura alfab\u00e9tica. Ordena desde el Este hacia el Oeste los centros de difusi\u00f3n<sup><small>25<\/small><\/sup>, los lugares de renacimiento luego de los retornos de la barbarie. De este modo se sit\u00faan Atenas, Italia, Par\u00eds, la Espa\u00f1a musulmana, Inglaterra, los Estados Unidos de Am\u00e9rica. Am\u00e9rica, nuevo occidente, que descubrir\u00e1 a su vez un Oeste. Ahora bien, como si el curso del progreso, llegado al Extremo Oriente, no pudiera interrumpirse, he aqu\u00ed que se va a propagar, esta vez de Occidente a Oriente, una nueva figura del progreso, la del pueblo que elabora una Constituci\u00f3n garantizando la libertad de los individuos y la igualdad de sus derechos. La Revoluci\u00f3n progresa del Oeste al Este, de Am\u00e9rica a Europa, empezando por Francia. Condorcet esboza lo que podemos llamar una ley de radicalizaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n, creciente del Oeste al Este<sup><small>26<\/small><\/sup>. Como si desplaz\u00e1ndose hacia el Oriente la revoluci\u00f3n deviniera necesariamente m\u00e1s completa, teniendo que vencer, en las sociedades a las que trastorna, los efectos de su mayor retraso para entrar en la v\u00eda del progreso. La violencia es tanto m\u00e1s grande cuanto que la naturaleza del poder es m\u00e1s antigua, es decir, menos occidental en el fondo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEl trazado de este itinerario geogr\u00e1fico de la Ilustraci\u00f3n, imagen de la historia del progreso, sobrevivi\u00f3 por mucho tiempo a los que lo concibieron<sup><small>27<\/small><\/sup>. Hemos visto que Victor Hugo defend\u00eda el progreso como poder misterioso que re\u00fane a Oriente y a Occidente en las Pir\u00e1mides. Proudhon que resum\u00eda muy bien esta teor\u00eda se burlaba de ella<sup><small>28<\/small><\/sup>. Sin duda es Nietzsche el que le ha asestado los golpes m\u00e1s duros, particularmente en <i>La voluntad del poder<\/i>: \u201cEl siglo XIX no significa ning\u00fan progreso con respecto del siglo XVI; y el esp\u00edritu alem\u00e1n de 1888 es un paso atr\u00e1s con respecto del esp\u00edritu alem\u00e1n de 1788 [\u2026] La humanidad no avanza, ni siquiera existe ya\u2026 El hombre no ha hecho progresos con respecto al animal; el hombre civilizado d\u00e9bil es un aborto al lado del \u00e1rabe o del corso; el chino es un tipo m\u00e1s logrado, es decir, m\u00e1s duradero, que el europeo\u201d<sup><small>29<\/small><\/sup>. Es por esto que Bernard Pautrat precisamente pudo calificar como \u201cretorno al Este\u201d al pensamiento del eterno retorno que obsesiona a Zaratustra<sup><small>30<\/small><\/sup>. Dando a la obra que public\u00f3 hacia el fin de la primera guerra mundial el t\u00edtulo <i>La decadencia de Occidente<\/i>, Oswald Spengler pudo creer que acababa de desacreditar la imagen de un progreso de las luces que los fil\u00f3sofos del XVIII hab\u00edan fortificado con un pr\u00e9stamo de la historia de la astronom\u00eda.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>5. Los obst\u00e1culos y los riesgos<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nLa esperanza de una persecuci\u00f3n del progreso en el futuro se ve acompa\u00f1ada, en Condorcet, por una inquieta interrogaci\u00f3n. Si los progresos de los conocimientos, de las artes, de la industria conllevan, como podr\u00edamos esperar, progresos del bienestar, \u00bfel aumento del n\u00famero de seres humanos no vendr\u00e1, en cambio, a limitar e incluso a oponerse a los progresos que lo han hecho posible? Condorcet considera que el desfase entre el crecimiento demogr\u00e1fico y el aumento de medios de subsistencia podr\u00eda atenuarse por medio de los progresos de la raz\u00f3n en lo que concierne a la procreaci\u00f3n, digamos m\u00e1s bien mediante la regulaci\u00f3n de los nacimientos<sup><small>31<\/small><\/sup>. Inversamente, el arte de prolongar la vida humana ata\u00f1e a la medicina.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn resumen, la filosof\u00eda del siglo XVIII no ignora el problema de la escasez de recursos con respecto a la cantidad de los sujetos con necesidades, y ve la soluci\u00f3n de esto en el control de la cuant\u00eda de vida humana, en el arte de convertir los elementos en sustancias adecuadas a nuestro uso. Condorcet es consciente, como tantos otros economistas de su siglo, de los problemas de subsistencia planteados por la transformaci\u00f3n de las sociedades agr\u00edcolas en sociedades industriales. Pero, en su \u00e9poca, nadie podr\u00eda imaginar lo que la gran industria iba a consumir en materias primas minerales. Ya hemos hecho referencia a las inquietudes de Renan y de Cournot. La pregunta se ha hecho popular r\u00e1pidamente. P\u00e9cuchet, que ve el futuro de la humanidad muy oscuro, anuncia \u201cel fin del mundo por falta de calor\u201d. A lo que Bouvard, que ve la humanidad con optimismo, replica: \u201cIremos hasta los astros, y cuando la Tierra est\u00e9 desgastada, la humanidad se mudar\u00e1 a las estrellas\u201d. As\u00ed es como Gustave Flaubert presenta, hacia 1875, la partici\u00f3n del siglo XIX entre sus dudas y sus esperanzas<sup><small>32<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: center\">\n<big>* * *<\/big><\/div>\n<p><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAlgunos meses antes de su muerte, Georges Dum\u00e9zil confes\u00f3: \u201cHubiera querido ser un hombre del siglo XVIII, pero disponiendo adem\u00e1s de ese sentimiento de lo ef\u00edmero, de lo inaccesible, del que aquellos hombres carecieron. Me hubiera gustado ser un D\u2019Alembert o un Montesquieu que hubiera le\u00eddo a Darwin y a Bopp\u201d<sup><small>33<\/small><\/sup>. Darwin, es decir, el hombre que introdujo al actor vivo de la historia humana en la historia de la Vida. Bopp, es decir, el hombre que hizo del Lenguaje un objeto del saber y no su instrumento, quien lo descubri\u00f3 como depositario de las tradiciones y memoria de las formas de vida colectiva. Bien es cierto que anta\u00f1o los te\u00f3ricos del Progreso pensaron el devenir hist\u00f3rico a partir de un cierto aspecto de identidad, reconstituyendo, con medios en s\u00ed mismos extra\u00f1os a cualquier historicidad, la superaci\u00f3n de los or\u00edgenes y el florecimiento de sus posibilidades. Esta idea encontr\u00f3 sus l\u00edmites de validez en la fragilidad de sus modelos y en el fracaso de la mayor\u00eda de sus anticipaciones.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn el siglo XX comprendemos por qu\u00e9 el siglo XIX fue, de hecho, el juez cr\u00edtico del siglo XVIII, aunque pensara seguir sus pasos. Hoy conocemos, mejor que en el siglo XIX, la importancia de lo que la ciencia f\u00edsica de la \u00e9poca hubo de reconocer: junto a los principios de conservaci\u00f3n, existe un principio de desigualdad o de degradaci\u00f3n, que rige las transformaciones irreversibles. Un sistema material aislado, de estructura singular, es un sistema inestable cuya evoluci\u00f3n conduce necesariamente a una estructura m\u00e1s estable, es decir, m\u00e1s probable. Igualmente, un mensaje significativo es portador de una informaci\u00f3n que puede disminuir en el transcurso de una comunicaci\u00f3n sin poder incrementar nunca. En el siglo XVIII, no se era capaz de formar la idea de que la transmisi\u00f3n del saber conlleva, por el solo hecho de su transmisi\u00f3n, un riesgo que la met\u00e1fora de la iluminaci\u00f3n no estaba preparada para comprender: el de la alteraci\u00f3n. Para la luz no existe el \u201cruido\u201d.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nLa cuesti\u00f3n f\u00edsica propia del siglo XIX, la equivalencia cuantitativa pero no cualitativa del trabajo mec\u00e1nico y del calor, se encuentra de cierta manera calcada por un problema de econom\u00eda pol\u00edtica y de justicia social: la no equivalencia de la cantidad de trabajo \u00fatil y de su remuneraci\u00f3n en valor econ\u00f3mico en la sociedad capitalista. El socialismo de pretensiones cient\u00edficas se asigna como tarea la soluci\u00f3n de este problema. Es entonces cuando aparece la diferencia entre los efectos reales de la utilizaci\u00f3n industrial del calor y los supuestos efectos de la propagaci\u00f3n pedag\u00f3gica de la luz. Para la filosof\u00eda del progreso, la raz\u00f3n disipa los prejuicios y las injusticias como el sol las tinieblas. Pero, para el socialismo dial\u00e9ctico, la indignaci\u00f3n de la condici\u00f3n obrera no forma parte, como la oscuridad, del orden de la privaci\u00f3n. Es el efecto de una expoliaci\u00f3n. La correcci\u00f3n no consiste en recubrir lo que falta, sino en conquistar aquello de lo uno est\u00e1 frustrado. El progreso s\u00f3lo ser\u00e1 efectivo para todos despu\u00e9s de una segunda revoluci\u00f3n, la verdadera, aquella que sustituir\u00e1 unas anticipaciones idealistas por una teor\u00eda materialista de la historia.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nPero \u201cla fuerza motriz del fuego\u201d no rechaz\u00f3 la virtud progresista, simbolizada por la luz, por el mero hecho de sus consecuencias indirectas de orden socio-econ\u00f3mico. Contribuy\u00f3 a la decadencia de la idea de progreso por medio de la importaci\u00f3n en filosof\u00eda de conceptos elaborados por los fundadores de la termodin\u00e1mica. Fue William Thomson (Lord Kelvin) quien en 1852 enunci\u00f3, despu\u00e9s de Clausius, el principio de disipaci\u00f3n o de degradaci\u00f3n de la energ\u00eda, esto es, el hecho de que una parte de la energ\u00eda interna de un sistema no se puede transformar en energ\u00eda mec\u00e1nica. R\u00e1pidamente se percibi\u00f3 la muerte a partir del horizonte de la degradaci\u00f3n energ\u00e9tica. Un f\u00edsico alem\u00e1n, Wilhelm Ostwald (1853-1892), se esmer\u00f3 en basar una teor\u00eda de valores sobre el segundo principio de la termodin\u00e1mica<sup><small>34<\/small><\/sup>. Como \u00e9l estableci\u00f3 que el rendimiento de una m\u00e1quina es la relaci\u00f3n entre el efecto \u00fatil y la cantidad de energ\u00eda proporcionada, la valoraci\u00f3n de las diversas actividades humanas puede basarse en un c\u00e1lculo an\u00e1logo. De ah\u00ed la exhortaci\u00f3n a no derrochar energ\u00eda, a utilizarla lo m\u00e1s estrictamente posible. No ha faltado reconocer ah\u00ed cierta relaci\u00f3n con el famoso principio de econom\u00eda de pensamiento celebrado por Richard Avenarius y Ernst Mach, directores de conciencia del C\u00edrculo de Viena.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nDesde entonces, la historia de la utilizaci\u00f3n de la energ\u00eda ha sido conmocionado por el descubrimiento del n\u00facleo at\u00f3mico y la invenci\u00f3n de la energ\u00eda nuclear. Si se puede hablar con rigor de progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico, nada ha cambiado, no obstante, en la relaci\u00f3n de las actividades humanas con el desgaste de sus medios. La energ\u00eda nuclear liberada es utilizada en forma de energ\u00eda t\u00e9rmica. Bajo la tensi\u00f3n del crecimiento de la entrop\u00eda, la unidad de la energ\u00eda de masa y de la energ\u00eda de radiaci\u00f3n electromagn\u00e9tica ha fijado en adelante la unidad del calor y de la luz. Pero el hecho de que la primera aplicaci\u00f3n de la f\u00edsica nuclear haya sido la bomba A, la energ\u00eda nuclear, con todo fuente de vida para la superficie terrestre, evoca el rostro terror\u00edfico de la muerte.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nSi existen pocos P\u00e9cuchets hoy en d\u00eda que teman el fin del mundo por cese cal\u00f3rico, por el contrario, son numerosos los que se creen sepultados bajo la acumulaci\u00f3n de residuos del progreso. Gracias a la utilizaci\u00f3n de algunos conceptos prestados por una ciencia situada en primer plano, la ecolog\u00eda, ellos elaboran una teor\u00eda pseudo-filos\u00f3fica de retorno a la simplicidad natural de la vida. La naturaleza es taquillera. El concepto de \u201csalvaje\u201d es revalorizado, en reacci\u00f3n a las teor\u00edas evolucionistas que han pasado a una nueva \u00e9poca como ciencias humanas. Muchos contestatarios del progreso, hoy comprometidos por su apolog\u00eda desde la llamada sociedad de consumo, creen haber realizado una conversi\u00f3n jansenista reencontrando un tema rom\u00e1ntico querido por el pensamiento alem\u00e1n: la nostalgia de la Reserva original de autenticidad donde los seres descansan protegidos de la alteraci\u00f3n, de la degeneraci\u00f3n. La Reserva donde todo es preservado. Este tema, la historia lo ha demostrado, a menudo esconde, bajo el encanto del arca\u00edsmo, el v\u00e9rtigo del nihilismo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nNo obstante, existe un rechazo al evolucionismo y a la concepci\u00f3n lineal del progreso que podemos considerar preservado de cualquier tentaci\u00f3n de ingenuidad retr\u00f3grada. Consiste en comparar la historia de diversas sociedades, o bien de diversos estados de una misma sociedad, bajo diversas relaciones y conforme a diversos criterios. \u00c9sta es la posici\u00f3n defendida por Claude L\u00e9vi-Strauss en numerosos trabajos, pero expuesta con un vigor particular en dos peque\u00f1os textos, <i>Raza e historia<\/i> y <i>Di\u00f3genes dormido<\/i><sup><small>35<\/small><\/sup>. Las sociedades llamadas primitivas no representan etapas superadas por el progreso de las sociedades llamadas civilizadas, sino otras soluciones de problemas an\u00e1logos cuyo valor no puede ser estimado con patrones tomados del exterior. Quien compara conjuntos estructurados de comportamientos culturales se ve conducido a dividir su apreciaci\u00f3n, a notar un progreso en una direcci\u00f3n, un estancamiento o un retroceso hacia otro. El relativismo del etn\u00f3logo engendra una tolerancia cultural que no favorec\u00eda la teor\u00eda unilineal del progreso. \u201cLos zelotes del progreso se exponen a ignorar, por el poco caso que hacen de ellas, las inmensas riquezas acumuladas por la humanidad a uno y otro lado del estrecho surco sobre el que tienen fijos los ojos; sobreestimando la importancia de esfuerzos pasados, menosprecian todos aquellos que nos quedan por cumplir\u201d<sup><small>36<\/small><\/sup>. Pero estos esfuerzos, estos gastos de energ\u00eda, precipitan la disgregaci\u00f3n de un orden original. La civilizaci\u00f3n, tomada en su conjunto, es un mecanismo de complejidad prodigiosa cuya funci\u00f3n consiste en incrementar la entrop\u00eda<sup><small>37<\/small><\/sup>. En un cierto sentido, las sociedades fr\u00edas, de historia repetitiva, son agentes menores de decadencia que las sociedades calientes, de historia acumulativa, cuya actividad supone desigualdades de considerable nivel.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nClaude L\u00e9vi-Strauss supo poner en claro la paradoja de lo \u201ccivilizado\u201d criticando como \u00e9l la ideolog\u00eda progresista de su sociedad de origen, haciendo hincapi\u00e9 en que esta sociedad se ha interesado por el estudio de sociedades inferiores a partir del mismo momento en que se precipitaba su desaparici\u00f3n en nombre del progreso<sup><small>38<\/small><\/sup>. Con ese mismo estado de \u00e1nimo ha reaccionado violentamente ante ciertas afirmaciones de Sartre en <i>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/i><sup><small>39<\/small><\/sup>. Sartre retom\u00f3, exponi\u00e9ndolos a su manera, algunos temas de la filosof\u00eda inspirada por la energ\u00e9tica del siglo XIX: la escasez y la inercia. \u201cUn hombre es un organismo pr\u00e1ctico que vive con una multiplicidad de semejantes en un campo de escasez\u201d<sup><small>40<\/small><\/sup>. La escasez de los recursos en el campo pr\u00e1ctico-inerte en el que se ejerce la actividad de los hombres, sean recursos naturales o m\u00e1quinas, obliga al hombre a experimentar, en el trabajo, los efectos del gasto de energ\u00eda<sup><small>41<\/small><\/sup>. Ahora bien, entre las sociedades en las que la escasez funda la posibilidad de la historia, pero no su realidad, encontramos lugares atrasados, donde los hombres \u201craqu\u00edticos\u201d viven en una tierra descuidada, grupos estabilizados en la repetici\u00f3n, cuya historia legendaria es la negaci\u00f3n de la historia<sup><small>42<\/small><\/sup>. L\u00e9vi-Strauss no pod\u00eda aceptar que se desacreditara a las sociedades fr\u00edas por el arca\u00edsmo de sus medios de producci\u00f3n, es decir, por la sobriedad de sus gastos energ\u00e9ticos. La aceptaci\u00f3n de la paz en el equilibrio, la inercia, y finalmente la muerte, es el rechazo premeditado de cualquier cultura que pretenda detener el criterio permiti\u00e9ndole juzgar su propio progreso y el retraso de los otros<sup><small>43<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn su <i>Cr\u00edtica<\/i>, Sartre escribi\u00f3 que el marxismo es la Historia tomando consciencia de s\u00ed misma<sup><small>44<\/small><\/sup>. Podemos entender esta proposici\u00f3n de otra manera a la suya. El marxismo se vanagloria de haber descubierto las condiciones pr\u00e1cticas de realizaci\u00f3n del progreso en la cr\u00edtica de la alienaci\u00f3n que obligar\u00eda al pensamiento burgu\u00e9s a creer que aqu\u00e9lla hab\u00eda formulado su ley. El an\u00e1lisis revolucionario de las consecuencias econ\u00f3micas y sociales del maquinismo capitalista no ha conseguido reunir las conclusiones del an\u00e1lisis de los f\u00edsicos y de los fil\u00f3sofos relativas a la energ\u00eda y a la entrop\u00eda. Afirm\u00e1ndose en su funci\u00f3n cultural de anticipaci\u00f3n milenarista, la idea de progreso convertida en dial\u00e9ctica es mantenida por el militantismo. En adelante, el progreso consiste, para los marxistas, en convertir a la concepci\u00f3n revolucionaria del progreso a las sociedades que fueron abandonadas a su primitivismo, cuando no estaban colonizadas, es decir, explotadas en nombre de la civilizaci\u00f3n. La nueva idea \u201cpr\u00e1ctica\u201d del progreso se afirma en los hechos, se produce en la historia, y curiosamente se propaga de nuevo seg\u00fan la trayectoria del Este hacia el Oeste. El Sol progresista se levanta siempre por el Oriente, se desplaza de Mosc\u00fa hacia Cuba. Pero entre los que le observaban, algunos se preguntan si el veh\u00edculo de esta versi\u00f3n marxista del progreso es en s\u00ed mismo un producto conforme al aut\u00e9ntico proyecto marxista de construcci\u00f3n del veh\u00edculo. Podemos recordar aqu\u00ed que Jean Hyppolite titul\u00f3 <i>Hegel en el Oeste<\/i> un art\u00edculo en el que insist\u00eda en la importancia de los escritos de juventud de Marx, de sus deudas con Hegel, de su meditaci\u00f3n existencial sobre la alienaci\u00f3n<sup><small>45<\/small><\/sup>. \u00bfPor qu\u00e9 no un \u201cMarx en el Oeste\u201d, no totalmente id\u00e9ntico al del Este? J\u00fcrgen Habermas se plante\u00f3 una cuesti\u00f3n an\u00e1loga, cuando se pregunt\u00f3 c\u00f3mo aplicar a las instituciones sociales, hasta hoy mal reguladas, un poder de dominio comparable al que la ciencia permite ejercer sobre las t\u00e9cnicas<sup><small>46<\/small><\/sup>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nAunque a veces tengamos la tentaci\u00f3n de amalgamar la ense\u00f1anza de Marx y la de Freud, parece que no podemos extraer las mismas conclusiones de <i>El manifiesto comunista<\/i> y de <i>El malestar en la cultura<\/i>. De acuerdo con el primero, se anuncia la muerte para una clase social que engendra ella misma sus propios sepultureros. De acuerdo con el segundo, es la humanidad su propio sepulturero en la medida en que el instinto de muerte se pone manos a la obra en los comportamientos agresivos destructores de la vida en com\u00fan. Freud incorpor\u00f3 a su teor\u00eda de las pulsiones conceptos tomados de la energ\u00e9tica del siglo XIX. Jacques Lacan en su seminario de 1959-1960, dedic\u00f3 mucho tiempo al estudio de la pulsi\u00f3n de muerte y no dej\u00f3 de insistir en su asimilaci\u00f3n a un sistema material tendiente al retorno del equilibrio<sup><small>47<\/small><\/sup>. Posteriormente, Jean Laplanche se\u00f1al\u00f3 la fuente de esa idea en las ense\u00f1anzas de Helmholtz<sup><small>48<\/small><\/sup>. De lo que se trata aqu\u00ed no es de intentar exponer el lugar y el papel de la pulsi\u00f3n de la muerte en el psicoan\u00e1lisis. Pero s\u00ed solamente de proseguir hasta nuestros d\u00edas el examen de las condiciones en las que una idea ha perdido su prestigio y su papel.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.8cm\">\nEn 1929, Freud declaraba al final de <i>El malestar en la cultura<\/i>: \u201cLa cuesti\u00f3n de la suerte de la especie humana me parece que se plantea as\u00ed: \u00bfel progreso de la civilizaci\u00f3n podr\u00e1, y en qu\u00e9 medida, dominar las perturbaciones aportadas a la vida en com\u00fan por las pulsiones humanas de agresi\u00f3n y de autodestrucci\u00f3n?\u201d<sup><small>49<\/small><\/sup>. En 1938, antes de dejar Viena para ir a Londres, \u00e9l escrib\u00eda en la primera Observaci\u00f3n preeliminar al ensayo <i>Mois\u00e9s y la religi\u00f3n monote\u00edsta<\/i>: \u201cVivimos en un tiempo particularmente curioso. Descubrimos con sorpresa que el progreso ha firmado un pacto con la barbarie\u201d<sup><small>50<\/small><\/sup>. A los ejemplos aludidos por Freud, el lector de cierta edad puede hoy a\u00f1adir algunos otros.<\/div>\n<hr align=\"left\" style=\"height: 1px\" width=\"15%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>*<\/sup><\/small> \u00abLa d\u00e9cadence de l&#8217;id\u00e9e de Progr\u00e8s\u201d, <i>Revue de M\u00e9taphysique et de Morale<\/i>, 92e Ann\u00e9e, No. 4, Philosophie fran\u00e7aise, 1987. Retomo la traducci\u00f3n publicada por la Revista de la Asociaci\u00f3n Espa\u00f1ola de Neuropsiquiatr\u00eda publicada en 2009, con correcciones y otras modificaciones.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>1<\/sup><\/small> <i>Les Miserables<\/i>, 4a parte, libro 7, cap. 4: las dos obligaciones son: vigilar y esperar. Ser\u00e1 menos extra\u00f1o ver citado a Victor Hugo a prop\u00f3sito de una cuesti\u00f3n filos\u00f3fica si nos referimos a Charles Renouvier, <i>Victor Hugo le philosophe<\/i> (1900) y <i>Victor Hugo le po\u00e8te<\/i> (1893), cap\u00edtulo XIV. Las mismas cualidades han sido reconocidas recientemente a Hugo por Jean Maurel, <i>Victor Hugo philosophe<\/i>, Par\u00eds, P.U.F., 1985.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>2<\/sup><\/small> En uno de sus cursos en 1983, Michel Foucault, interpretando el texto de Kant, <i>Was ist Aufkl\u00e4rung?<\/i>, se apoy\u00f3 en este pasaje del <i>Conflicto de las Facultades<\/i> para demostrar que Kant dio menos importancia a la Revoluci\u00f3n en s\u00ed misma que a la disposici\u00f3n moral virtual revelada por el entusiasmo general por la Revoluci\u00f3n. Este curso de Foucault fue publicado en el <i>Magazine litt\u00e9raire<\/i>, n.\u00ba 207, mayo, 1984. Nietzsche, por el contrario, vio en el mismo argumento de Kant un \u00edndice certero de su imbecilidad: \u00a1<i>\u201cKant wurde Idiot<\/i>\u201d! En un pasaje anterior, escribi\u00f3 que \u201cel progreso no es m\u00e1s que una idea moderna, es decir, una idea falsa\u201d, <i>El Anticristo<\/i> 11 y 4; trad. Henri Albert, pp. 254-245, del <i>Cr\u00e9puscule des Idoles<\/i>, Par\u00eds, Mercure de France.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>3 <\/sup><\/small>Es imposible no recordar aqu\u00ed el bello art\u00edculo de Alexis Philonenko, \u201cLa idea de progreso de Kant\u201d (<i>Revue de m\u00e9taphysique et de morale<\/i>, oct.-dic. 1974).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>4<\/sup><\/small> Progreso del saber (determinaci\u00f3n de la forma de la tierra), del artesanado (relojes, medidas de longitud), de la medicina y (inoculaci\u00f3n preventiva de la viruela), de la ciencia jur\u00eddica (Beccaria y la reforma del derecho penal), etc.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>5<\/sup><\/small> \u201c[\u2026] la concepci\u00f3n cient\u00edfica del desarrollo social, considerada en el conjunto de su duraci\u00f3n cualquiera, era esencialmente imposible mientras que la estabilidad fundamental de nuestra constituci\u00f3n astron\u00f3mica [\u2026] no fuera convenientemente demostrada tras la aplicaci\u00f3n general de la ley de gravitaci\u00f3n, ya que la continuidad de esta evoluci\u00f3n exige primeramente, entre algunos l\u00edmites, una cierta estabilidad\u201d. <i>Cours de philosophie positive<\/i>, lecci\u00f3n 49.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>6<\/sup><\/small> K. Marx, <i>Le Capital<\/i>, trad. Molitor, Par\u00eds, Costes, 1928, t. III, pp. 182-183, t. IV, p. 267.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>7<\/sup><\/small> a) E. Renan, <i>Dialogues philosophiques<\/i>: 2.\u00ba Di\u00e1logo, \u201cProbabilidades\u201d, p. 67: \u201cLas fuerzas de la tierra son finitas. Est\u00e1 claro que si la teor\u00eda mec\u00e1nica del calor no ha llegado antes de quinientos o seiscientos a\u00f1os a encontrar algunas maneras de suplir al carb\u00f3n de la tierra, la humanidad entrar\u00e1 en una especie de mediocridad de la que no tendr\u00e1 el medio de salir\u201d. (Escrito en 1871).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small>b) A. Cournot, <i>Considerations sur la marche des ide\u00e9s et des \u00e9v\u00e9nements dans les Temps modernes<\/i>, 1872. \u201cDe rey de la Creaci\u00f3n que era o que cre\u00eda ser, el hombre ha subido o descendido (como guste entenderlo) al papel de concesionario de un planeta. Sondeando la extensi\u00f3n y el espesor de esas capas f\u00f3siles cuya acumulaci\u00f3n ha exigido tantos millones de siglos, que tantas revoluciones han trastornado antes de la aparici\u00f3n del hombre sobre la tierra y que su actividad industriosa devora tan r\u00e1pidamente hoy, ha podido a la vez retroceder a un pasado indefinido los primeros indicios de sus destinatarios providenciales, y por otro lado sentir que el futuro ha medido no ya solamente a los individuos, sino a las naciones en otro sentido que nadie cre\u00eda anta\u00f1o. Ten\u00eda que hacer valer un dominio, ten\u00eda que explotar una mina\u201d. Par\u00eds, Boivin, 1934, t. II, pp. 203-204.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>8<\/sup><\/small> <i>M. E. D\u00fchring bouleverse la science<\/i>, 1878, trad. Bracke-Besrousseaux, Par\u00eds, Costes, 1931, pp. 171- 172.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>9<\/sup><\/small> <i>Syst\u00e8me de politique positive<\/i>, Par\u00eds, Cr\u00e8s, t. III, p. 63-73. La sucesi\u00f3n de los tres estados: teol\u00f3gico, metaf\u00edsico, positivo, se descompone en tres leyes de sucesi\u00f3n: para la inteligencia, ficci\u00f3n, abstracci\u00f3n, demostraci\u00f3n; para la acci\u00f3n, conquista (militar), defensa (feudal), trabajo (industrial); para el sentimiento, c\u00edvico, colectivo, universal.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>10<\/sup><\/small> <i>Pens\u00e9es<\/i>, ed. L. Brunschvicg, secci\u00f3n II, n.\u00ba 88.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>11<\/sup><\/small> Citado por D. Teysseire, <i>P\u00e9diatrie des Lumi\u00e8res<\/i>, Par\u00eds, Vrin, 1982, pp. 25 y 28.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>12<\/sup><\/small> <i>The meaning of infancy<\/i>, 1871. Cf. Canguilhem, Lapassade, Piquemal, Ulmann, <i>Du d\u00e9veloppement \u00e0 l\u2019evolution au XIX si\u00e8cle<\/i>, en <i>Thal\u00e8s<\/i>, 1962, Par\u00eds, reed. P.U.F., 1985, pp. 44-51.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>13<\/sup><\/small> <i>L\u2019aust\u00e9rit\u00e9 et la vie morale<\/i>, Par\u00eds, Flammarion, 1956, p. 40. Cf. pp. 39-49.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>14<\/sup><\/small> <i>\u00c9loge des Acad\u00e9miciens de l\u2019Acad\u00e9mie Royale des Sciences morts depuis 1666 jusqu\u2019en 1699<\/i>. Par\u00eds, 1773, p. 9.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>15<\/sup><\/small> <i>Histoire de l\u2019histoire de la philosophie<\/i>, Par\u00eds, Ophrys, 1973.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>16<\/sup><\/small> <i>Ibid.<\/i>, pp. 205-224.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>17<\/sup><\/small> <i>M\u00e9thode axiomatique et formalisme<\/i>, Par\u00eds, Hermann, 1938, pp. 45-46.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>18<\/sup><\/small> <i>Novum Organum<\/i>, libro I, prop. 129. El m\u00e1s reciente comentarista del origen de esas invenciones en la civilizaci\u00f3n china, Joseph Needham, atrae la atenci\u00f3n sobre el hecho de que, siendo revolucionarias en Europa, de ninguna manera han alterado la estructura \u201cfeudal burocr\u00e1tica\u201d de la sociedad china: \u201cScience et Soci\u00e9t\u00e9 \u00e0 l\u2019Est et \u00e0 l\u2019Ouest\u201d, en <i>La Science chinoise et l\u2019Occident<\/i>, Par\u00eds, Le Seuil, 1973.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>19<\/sup><\/small> En su libro, <i>Condorcet, l\u2019instruction publique et la naissance du citoyen<\/i>, Par\u00eds, Le Sycomore, 1984, Catherine Kintzler cita ese prop\u00f3sito de un rector de la Academia de la Educaci\u00f3n Nacional: \u201cLa escuela no est\u00e1 hecha para la cultura [\u2026]. La era de Gutenberg se cerr\u00f3. La cultura del a\u00f1o 2000 radicar\u00e1 indiscutiblemente sobre otros criterios culturales, en buena parte los de la imagen y el sonido [\u2026]. Nos dirigimos hacia una cultura de la oralidad, regresamos a nuestras fuentes, y estoy convencido de que en una renovaci\u00f3n del sistema educativo, esta dimensi\u00f3n debe ser tomada por la cintura\u201d, p. 301, nota 26.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>20<\/sup><\/small> <i>Lettres persanes<\/i>, CV y CVI.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>21<\/sup><\/small> <i>Notions claires sur les gouvernements<\/i> (Amsterdam, 1787): I, p. 48.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>22<\/sup><\/small> <i>Dialogues philosophiques<\/i>, Par\u00eds, Calmann- Levy, 7 ed. 1914, p. 81 y pp. 105-109.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>23<\/sup><\/small> <i>La sagesse de Shakespeare et de Goethe<\/i>, Par\u00eds, Gallimard, 1930, pp. 98-102.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>24<\/sup><\/small> Cap. I, \u201cLa surprise technique\u201d, Par\u00eds, Gallimard, 1951.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>25<\/sup><\/small> Jerusal\u00e9n y Palestina no caben en este Cuadro. Condorcet s\u00f3lo ve tinieblas en la religi\u00f3n cristiana. \u00abEl desprecio hacia las ciencias humanas era uno de los primeros rasgos del cristianismo\u201d.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>26<\/sup><\/small> \u00abEn Francia&#8230; la Revoluci\u00f3n deb\u00eda abarcar a toda la econom\u00eda de la sociedad, cambiar todas las relaciones sociales y penetrar hasta en los \u00faltimos eslabones de la cadena pol\u00edtica\u201d.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>27<\/sup><\/small> Hegel tom\u00f3 por su cuenta la idea seg\u00fan la cual \u00abla historia universal va del Este al Oeste\u201d en los \u00faltimos cap\u00edtulos de <i>La Raison dans l\u2019Histoire<\/i>, trad. fr. de K. Papaioannou, Plon, col. 10\/18, 1965.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>28<\/sup><\/small> \u00abHemos imaginado el progreso o la virtualidad social como un fluido recorriendo cada raza a su alrededor, yendo de Oriente a Occidente, al rev\u00e9s del sol: de los indios a los bactrenios, de los bactrenios a los asirios, de \u00e9stos a los griegos, de los griegos a los romanos, luego a los celtas y finalmente a los americanos. Nodier exclamar\u00eda al final de su vida: \u00abAm\u00e9rica ya est\u00e1 vieja. \u00a1Vamos a China! \u00a1Todo esto no crea ni un minuto de discusi\u00f3n y no es m\u00e1s que habladur\u00eda que la solemnidad alemana de los Hegel y otros no haya sido m\u00e1s profunda y verdadera!\u201d, carta del 27 de septiembre de 1853 a M. X&#8230; en <i>Lettres choisies et annot\u00e9es<\/i> por Daniel Hal\u00e9vy y Louis Guilloux, Par\u00eds, Grasset, 1929.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>29<\/sup><\/small> <i>Op. cit.<\/i>, trad. G. Bianquis, Par\u00eds, Gallimard, 1937, II, p. 22.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>30<\/sup><\/small> <i>Versions du soleil. Figures et syst\u00e8me de Niestzsche<\/i>, Par\u00eds, Le Seuil, 1971, p. 329 ss.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>31<\/sup><\/small> Renan fue m\u00e1s audaz que Condorcet en cuanto a la anticipaci\u00f3n: \u00abLa generaci\u00f3n y la educaci\u00f3n del hombre se han hecho hasta aqu\u00ed casi por casualidad, ninguna ciencia ha penetrado en ellas [&#8230;]. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 sobre todo cuando el hombre est\u00e9 en posesi\u00f3n de la ley que determine el sexo del embri\u00f3n y pueda aplicarlo a su voluntad? Ahora bien, este descubrimiento es de los que se pueden considerar como susceptibles de ser realizados en un futuro pr\u00f3ximo\u201d. <i>Dialogues philosophiques<\/i>, cf. nota 7a, pp. 85-86.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>32<\/sup><\/small> <i>Bouvard et P\u00e9cuchet<\/i>, Par\u00eds, Bordas, 1947, pp. 270-271.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>33<\/sup><\/small> <i>Entretiens avec Didier Eribon<\/i>, Par\u00eds, Gallimard, 1987, p. 194.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>34<\/sup><\/small> <i>Die Philosophie der Werte<\/i> (1913).<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>35<\/sup><\/small> <i>Race et Histoire<\/i>, Par\u00eds, UNESCO, 1952, 2a ed., Par\u00eds, Gonthier, 1967; <i>Diog\u00e8ne couch\u00e9<\/i>, Par\u00eds, <i>Les Temps Modernes<\/i>, n.\u00ba 110, marzo 1955. En este art\u00edculo C. L\u00e9vi-Strauss retoma con br\u00edo los argumentos presentados en el folleto anterior, en respuesta a las cr\u00edticas de Roger Caillois en \u00abIllusions \u00e0 rebours\u201d, <i>La Nouvelle Revue Fran\u00e7aise<\/i>, 1955, n. 24 y n. 25.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>35<\/sup><\/small> <i>Tristes Tropiques<\/i>, Par\u00eds, Plon, 1955; reed. 10\/18, 1962, p. 354.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>36<\/sup><\/small> Lejos de que [&#8230;] el esfuerzo del hombre \u2014incluso condenado\u2014 est\u00e9 en oponerse en vano a un deterioro universal, \u00e9l mismo aparece como una m\u00e1quina posiblemente m\u00e1s perfeccionada que las otras, trabajando en la disgregaci\u00f3n de un orden original y precipitando una materia poderosamente organizada hacia una inercia cada vez nayor y que un d\u00eda ser\u00e1 definitiva\u201d, <i>ibid.<\/i>, p. 374.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>387<\/sup><\/small> \u00abUna justa apreciaci\u00f3n de las inmensas conquistas de Occidente no me impide darme cuenta de la extra\u00f1a paradoja que le ha hecho creer a los etn\u00f3grafos desde el mismo momento en el que decidieron la destrucci\u00f3n del objeto de los estudios que lo reconoc\u00edan; ni tampoco me impide tomar conciencia del papel de coartada que nos han obligado a desempe\u00f1ar. \u00bfSolamente como coartada? Quiz\u00e1s, tambi\u00e9n, sensata precauci\u00f3n de una civilizaci\u00f3n que nos escatima los cobayas y nos las prepara un momento antes de comerlas, a pesar de todo, con la esperanza de que nuestros m\u00e9todos puedan un d\u00eda ayudar a comprender las nuevas dificultades que vaya descubriendo en su seno\u201d, <i>Diog\u00e8ne couch\u00e9<\/i>, p. 214.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>39<\/sup><\/small> Par\u00eds, Gallimard, 1960. La cr\u00edtica de L\u00e9vi-Strauss se encuentra en el \u00faltimo cap\u00edtulo de <i>La Pens\u00e9e sauvage<\/i>, Par\u00eds, Plon, 1963.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>40<\/sup><\/small> <i>Op. cit.<\/i>, p. 688; cf. tambi\u00e9n p. 223.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>41<\/sup><\/small> \u00abTodo nace en esta l\u00ednea que separa y une a la vez las grandes fuerzas f\u00edsicas en el mundo de inercia y de exterioridad (en tanto que la naturaleza y la orientaci\u00f3n de las transformaciones energ\u00e9ticas que les caracterizan dan un cierto estatus de improbabilidad de la vida en general y singularmente a la vida humana) y los organismos pr\u00e1cticos (en tanto que su praxis preparada para resumirlas en su estructura de inercia, es decir, en su papel de transformadores de energ\u00eda)\u201d, <i>op. cit.<\/i>, p. 369.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>42<\/sup><\/small> <i>Op. cit.<\/i>, p. 203.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>43<\/sup><\/small> Raymond Aron coment\u00f3 la cr\u00edtica dirigida a Sartre por L\u00e9vi-Strauss en <i>Histoire et dialectique de la violence<\/i>, Par\u00eds, Gallimard, 1973.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>44<\/sup><\/small> <i>Op. cit.<\/i>, p. 134.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>45<\/sup><\/small> <i>Figures de la pens\u00e9e philosophique<\/i>, t. I, Par\u00eds, P.U.F., 1971, pp. 262-273.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>46<\/sup><\/small> \u00abMarx no [\u2026] previ\u00f3 que entre el control cient\u00edfico ejercido sobre las condiciones de existencia materiales y la formaci\u00f3n de la voluntad democr\u00e1tica a todos los niveles, pod\u00eda nacer un hiato \u2014 \u00e9sta es la raz\u00f3n filos\u00f3fica por la que los socialistas no cre\u00edan del todo en la posibilidad de un Estado autoritario garantizando la prosperidad, es decir, en que el bienestar de una sociedad est\u00e9 relativamente asegurado por el precio de la libertad pol\u00edtica\u201d, Progr\u00e8s technique et monde v\u00e9cu social en La technique et la science comme id\u00e9ologie, trad. del alem\u00e1n, Par\u00eds, Gallimard, 1973, p. 90.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>47<\/sup><\/small> <i>Le S\u00e9minaire, VII : l\u2019\u00e9thique de la psychanalyse<\/i>, Par\u00eds, Le Seuil, 1986, pp. 239-252.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>48<\/sup><\/small> <i>Vie et mort en psychanalyse<\/i>, Par\u00eds, Flammarion, 1970, p. 182 y pp. 202-203.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>46<\/sup><\/small> Par\u00eds, P.U.F., 1971, p. 107.<\/small><\/div>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.4cm\">\n<small><small><sup>47<\/sup><\/small> <i>L\u2019homme M\u00f6ise et la religion monoth\u00e9iste<\/i>, Par\u00eds, Gallimard, 1986, p. 131.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSi existe algo m\u00e1s desgarrador que un cuerpo agonizante a falta de pan, es un alma que muere por hambre de luz. En su conjunto, el progreso tiende del lado de la soluci\u00f3n. Cualquier d\u00eda quedaremos estupefactos [\u2026]. Nos equivocar\u00edamos si dud\u00e1ramos de esa bendita soluci\u00f3n [\u2026]. Nosotros que creemos, \u00bfqu\u00e9 podemos temer? 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