{"id":1034,"date":"2019-05-24T17:35:56","date_gmt":"2019-05-24T22:35:56","guid":{"rendered":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1034"},"modified":"2019-05-24T17:49:29","modified_gmt":"2019-05-24T22:49:29","slug":"jardin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=1034","title":{"rendered":"Marcello Tar\u00ec \/ El para\u00edso y nosotros. Sobre El Reino y el Jard\u00edn de Giorgio Agamben"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-1035\" src=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2019\/05\/Il-Regno-e-il-Giardino-616x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"474\" height=\"788\" srcset=\"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2019\/05\/Il-Regno-e-il-Giardino-616x1024.jpg 616w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2019\/05\/Il-Regno-e-il-Giardino-181x300.jpg 181w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2019\/05\/Il-Regno-e-il-Giardino-768x1276.jpg 768w, https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/files\/2019\/05\/Il-Regno-e-il-Giardino.jpg 1535w\" sizes=\"auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\"><strong>Giorgio Agamben public\u00f3 recientemente un nuevo libro que se titular\u00e1 en castellano <em>El Reino y el Jard\u00edn<\/em> (<a href=\"http:\/\/neripozza.it\/libri\/il-regno-e-il-giardino\"><em>Il Regno e il Giardino<\/em>, Neri Pozza, 2019<\/a>), raz\u00f3n por la cual Marcello Tar\u00ec escribi\u00f3 la siguiente rese\u00f1a \u2014el 10 de mayo de 2019 en el sitio de <a href=\"https:\/\/quieora.ink\/?p=3025\"><em>Qui e ora<\/em><\/a>\u2014 de algunas de las tesis que contiene. Pr\u00f3ximamente publicaremos la traducci\u00f3n de algunas secciones del libro.<\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: right;margin-left: 50%\"><small><em>Ille enim actus est pure naturalis, sicut comedere et bibere<\/em><\/small><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">En uno de sus aforismos terriblemente ir\u00f3nicos, Kafka escribi\u00f3 una vez:<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;margin-left: 5%\"><small>La expulsi\u00f3n del para\u00edso es eterna en su parte esencial: as\u00ed, la expulsi\u00f3n del para\u00edso es definitiva, la vida en el mundo, inevitable, pero la eternidad de ese hecho (o, expresado temporalmente, la eterna repetici\u00f3n de ese hecho) hace posible sin embargo que no s\u00f3lo hayamos podido quedarnos todo el tiempo en el para\u00edso, sino que de hecho estemos all\u00ed todo el tiempo, sin que importe que aqu\u00ed lo sepamos o no.<\/small><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify\">El problema teol\u00f3gico-pol\u00edtico que Giorgio Agamben afronta en su \u00faltimo libro, <em>El Reino y el Jard\u00edn <\/em>(Neri Pozza, 2019), puede leerse tambi\u00e9n como un sustancioso comentario a esta sentencia kafkiana. El jard\u00edn del t\u00edtulo no es otro, ciertamente, que aquel del Ed\u00e9n: pero \u00bfes precisamente ese jard\u00edn, como pensaba Kafka, el para\u00edso? \u00bfY es cierto que ha estado siempre aqu\u00ed, sobre la tierra? En efecto, \u00e9stas son algunas de las preguntas a las que se busca dar respuesta en el libro. Sin embargo, su tema principal no es ni aquel de c\u00f3mo es o deber\u00eda ser este jard\u00edn ni una descripci\u00f3n del reino por venir, sino que, al modo de una especie de panfleto her\u00e9tico, gira sobre la cuesti\u00f3n del pecado, por el cual el hombre y la mujer fueron expulsados del para\u00edso, y por consiguiente sobre si el jard\u00edn se ha perdido para siempre o, en cambio, es siempre <em>posible y por tanto real<\/em> y, finalmente, sobre si el reino pertenece a una dimensi\u00f3n ultraterrena y ultrahist\u00f3rica o est\u00e1 aqu\u00ed, <em>entre nosotros<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Aparentemente son cuestiones lejanas, a veces se tiene la impresi\u00f3n de leer un tratado escrito por un antiguo hereje, pero si solamente hacemos el esfuerzo, y no es dif\u00edcil, de comprender c\u00f3mo y cu\u00e1nto Occidente nunca dej\u00f3 de pensar la pol\u00edtica sin tener como referencia la teolog\u00eda judeo-cristiana, entonces sabremos reconocer la actualidad de discutir hoy sobre el para\u00edso y sobre el infierno, sobre el pecado y sobre la gracia, en una palabra, sobre la pol\u00edtica del Reino y la posibilidad de una vida beata.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">No es ciertamente la primera vez que Agamben se ocupa del Reino, quiz\u00e1 nunca se haya ocupado de otra cosa, y lo ha hecho tambi\u00e9n en sus libros m\u00e1s recientes. Sin embargo, en este libro lo retoma y lleva a su cumplimiento precisamente los motivos de una reflexi\u00f3n que se remonta a hace casi treinta a\u00f1os, contenida en uno de sus ensayos con el t\u00edtulo \u00abDesapropiada manera\u00bb, dedicado al poeta Giorgio Caproni, que luego pasar\u00e1 a componer uno de los cap\u00edtulos del volumen <em>El final del poema<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">De este modo, con un gesto \u00abfuera del tiempo\u00bb, Agamben indica en toda su evidencia el v\u00ednculo que desde siempre \u00e9l sostiene que existe entre poes\u00eda y filosof\u00eda, demostrando as\u00ed, una vez m\u00e1s, dos cosas. La primera es que la manera en que la academia escinde el pensamiento en tantas disciplinas, a su vez escindidas en diversas microespecializaciones, no tiene ninguna legitimidad, y que la \u00fanica y verdadera disciplina del pensamiento libre es precisamente aquella que en cada ocasi\u00f3n es capaz de no separar la poes\u00eda, la pol\u00edtica, la filosof\u00eda, el arte, en una palabra, el pensamiento de la vida misma. La segunda es que el m\u00e9todo utilizado por \u00e9l, la arqueolog\u00eda filos\u00f3fica, es v\u00e1lido tambi\u00e9n para el propio pensamiento, no en el sentido de que \u00e9ste siempre deba volver a alg\u00fan pasado originario, sino porque un pensamiento verdadero no tiene un curso lineal-progresivo, sino que avanza y se retira, se interrumpe y reinicia. Como Agamben escribe al final de aquel viejo ensayo, refiri\u00e9ndose a la obra de Caproni, pero que vale para su misma obra: \u00abS\u00f3lo podemos decir que algo acaba para siempre y algo se inicia, y que lo que comienza, comienza solamente en lo que acaba\u00bb. \u00c9ste es el motivo por el que un pensamiento fuerte no tiene fin \u2014ya sea en el sentido temporal como en el sentido de meta\u2014 y es una potencia siempre a punto de acabar y de comenzar. Incluso tan s\u00f3lo \u00e9stos ya ser\u00edan motivos suficientes para apreciar esta nueva avanzada con la mirada vuelta hacia atr\u00e1s que es <em>El Reino y el Jard\u00edn<\/em>.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Pero lleguemos a su contenido. En el ensayo sobre Caproni, la cuesti\u00f3n est\u00e1 ya integralmente presentada en sus l\u00edneas fundamentales y arranca con una nota del poeta que termina con estas palabras: \u00abTodos recibimos como regalo algo precioso, que luego perdemos irrevocablemente. (La Bestia es el Mal. La <em>res amissa<\/em> [la cosa perdida] es el Bien)\u00bb. Agamben escribe que en una entrevista Caproni explica que este bien puede ser expresado como <em>Gracia admisible<\/em> [<em>Grazia amissibile<\/em>], es decir, como algo que puede perderse. Y es aqu\u00ed donde el fil\u00f3sofo introduce su reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-pol\u00edtica, porque este tema de la gracia admisible es aquel que Agust\u00edn us\u00f3 en la disputa que lo opone a Pelagio. \u00c9ste fue un te\u00f3logo del siglo IV que fue condenado por herej\u00eda porque sosten\u00eda que, dado que la naturaleza humana es ella misma obra de la gracia divina, entonces siempre existe para el hombre la posibilidad de no pecar. Agust\u00edn, y despu\u00e9s la instituci\u00f3n eclesial, obviamente no pod\u00edan tolerar esta posici\u00f3n, que en la pr\u00e1ctica hubiera significado destituir la Iglesia, porque en el caso de que la naturaleza humana no fuese siempre ya irremediablemente corrupta, en tal caso no habr\u00eda necesidad de los sacramentos que solamente la Iglesia puede prodigar y, todav\u00eda m\u00e1s, el hombre ser\u00eda <em>de verdad<\/em> libre. Y es precisamente para (volver a) partir de este problema teol\u00f3gico y pol\u00edtico que <em>El Reino y el Jard\u00edn<\/em> traza su camino.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">El problema pol\u00edtico que deriva de esta disputa se dice enseguida: la instituci\u00f3n de la Iglesia, como cualquier otra instituci\u00f3n, tiene por cometido separar lo que est\u00e1 <em>naturalmente<\/em> unido y unir <em>artificialmente<\/em> lo que est\u00e1 separado, con lo que el jard\u00edn, preparado por Dios para la morada beata de los hombres y de las mujeres, fue separado del reino y declarado perdido para siempre, inhabitable por la eternidad, mientras que el reino mismo era aplazado a un futuro ultraterreno. No es complicado ver c\u00f3mo despu\u00e9s este dispositivo funcion\u00f3 en la historia, es decir, en las luchas seculares: el comunismo es siempre puesto por sus sacerdotes en un lejan\u00edsimo futuro que ser\u00e1 posible alcanzar s\u00f3lo a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de una instituci\u00f3n, como el partido, el estado o cualquier otra figura de la separaci\u00f3n entre las que se sit\u00faan tambi\u00e9n los \u00abcolectivos\u00bb y las diversas organizaciones pol\u00edticas supuestas del movimiento que, tambi\u00e9n ellas, piensan casi invariablemente la pol\u00edtica como una sucesi\u00f3n de escisiones entre un afuera y un adentro, un externo y un interno, y especialmente como una m\u00e1quina productiva de acciones que deben realizar alg\u00fan objetivo. El dogma pol\u00edtico de la modernidad se resuelve en el hecho de que el pueblo, las masas o la clase, siendo tambi\u00e9n sujetos divididos, no pueden acceder aut\u00f3nomamente al reino de la libertad y, por tanto, la revoluci\u00f3n debe ser gobernada, como afirman los agustinianos Negri y Hardt en una de sus enc\u00edclicas.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Por otra parte, el inter\u00e9s que tiene para nosotros hoy una discusi\u00f3n semejante se enuncia en las primeras p\u00e1ginas de <em>El Reino y el Jard\u00edn<\/em>: \u00abAun cuando, como ha sucedido muchas veces, grupos de hombres han buscado obtener la inspiraci\u00f3n para un modelo de comunidad decididamente heterodoxa, la estrategia dominante ha velado siempre por neutralizar sus implicaciones pol\u00edticas\u00bb. No son pocos los que, incluso en a\u00f1os recientes, han tratado de dar vida a estas comunidades heterodoxas e invariablemente ha sucedido que todas han fracasado sin que se comprenda bien el motivo. No es dif\u00edcil, en cambio, comprender los motivos del desacuerdo en el debate teol\u00f3gico del primer cristianismo.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">O, como sostiene Agust\u00edn, el pecado, en este sentido original, ha escindido la naturaleza humana de una vez por todas, que as\u00ed ser\u00e1 toda, hasta el fin de los tiempos, culpable y en falta y, por lo tanto, incluso el para\u00edso lo ser\u00e1, escindido entre un jard\u00edn perdido desde siempre y un reino imposible de experimentar en esta vida, o bien, como sosten\u00eda ya Ambrosio, Pelagio o despu\u00e9s muchas sectas milenaristas, la naturaleza del hombre, pese a que pod\u00eda pecar, nunca hab\u00eda sido separada y, por tanto, no lo hab\u00eda sido tampoco el para\u00edso, por lo que jard\u00edn y reino coinciden siempre as\u00ed como la naturaleza humana y la gracia lo hacen en una forma-de-vida.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Como bien observaba Kafka diciendo que es muy probable que, incluso habiendo sido expulsados, no hayamos salido nunca del para\u00edso y que <em>solamente<\/em> no lo sepamos, el problema de la humanidad, el verdadero estado de pecado en el que est\u00e1 inmersa, afirmaba, consiste en su inconsciencia y que es esta inconsciencia lo que le ha permitido devastar el jard\u00edn y devastarse a s\u00ed misma. Encontramos aqu\u00ed completamente ya presente la llamada cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">A su vez, Agamben, comentando a Pelagio, escribe que \u00abel pecado no es de hecho una sustancia que se pueda transmitir, sino que consiste solamente en gestos y obras\u00bb. A partir de esta afirmaci\u00f3n, que es la que el fil\u00f3sofo acoge, comprendemos mejor por qu\u00e9 Agamben insiste tanto en la inoperosidad y por qu\u00e9 ha ocupado gran parte de los libros de los \u00faltimos veinte a\u00f1os con la cr\u00edtica del paradigma de la acci\u00f3n, cuya \u00abculpa\u00bb es aquella de resultar constantemente escindida en medios y fines. Cada vez que individualmente repetimos este g\u00e9nero de acci\u00f3n, cada vez que consentimos a que aquella escisi\u00f3n se repita en cada campo de la vida y que as\u00ed la determine, cada uno de nosotros es expulsado del para\u00edso y cada vez que esto es hecho masivamente tenemos la certeza de que en vez del reino de la libertad tendremos aquel de la opresi\u00f3n. La inoperosidad, por tanto, es aquella operaci\u00f3n que, mientras desactiva cada obra separada en s\u00ed misma, libera a los hombres restituy\u00e9ndolos a su naturaleza indivisa.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Agamben dedica una glosa importante al concepto de <em>masa<\/em> en cuanto paradigma teol\u00f3gico-pol\u00edtico, mostrando el origen agustiniano del significado de la palabra que despu\u00e9s pasar\u00eda en la modernidad a designar al sujeto soberano en lugar del pueblo. Pero precisamente en cuanto <em>masa condenada<\/em> siempre, no puede acceder aut\u00f3nomamente a su liberaci\u00f3n, sino que debe confiarse a la mediaci\u00f3n de alguna instituci\u00f3n que la gobierne. El cometido de la instituci\u00f3n es ocultar la autonom\u00eda tanto de los singulares como del pueblo y, por tanto, la situaci\u00f3n de la que habla Kafka, a saber, que el para\u00edso siempre ha estado <em>aqu\u00ed<\/em> y que <em>nosotros<\/em> somos sus habitantes \u2014 si tan s\u00f3lo fu\u00e9semos conscientes. Cada destituci\u00f3n singular, en este sentido, libera un fragmento de autonom\u00eda, es decir, de para\u00edso. Y es como si el gesto supremo de la destituci\u00f3n pudiera rasgar el pesado tel\u00f3n que impide admirar en su integridad el jard\u00edn en el cual, sin embargo, vivimos.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Agamben dedica un cap\u00edtulo a la manera en que, en la Edad Media, Escoto Eri\u00fagena dio una respuesta a la cuesti\u00f3n teol\u00f3gica del para\u00edso completamente opuesta a la agustiniana. Aqu\u00ed, a diferencia de Kafka, se dice que el para\u00edso, por supuesto, siempre ha estado aqu\u00ed, pero, a diferencia de Agust\u00edn, no es necesario pensarlo de una manera literal sino aleg\u00f3rica. De esta manera, el para\u00edso ser\u00eda en realidad la naturaleza humana misma y, por lo tanto, si ha habido pecado, sucedi\u00f3 fuera de ella. Ciertamente, la variante m\u00e1s notable con respecto a la narraci\u00f3n de Kafka reside en el hecho de que Eri\u00fagena sostiene que en realidad el ser humano nunca ha vivido en el para\u00edso ed\u00e9nico y que todo lo que narra el G\u00e9nesis, incluido el pecado, ocurri\u00f3 <em>fuera<\/em> del para\u00edso, cuando, en suma, ya hab\u00eda salido, pero precisamente por esto resta la promesa eterna de la destinaci\u00f3n de la naturaleza humana: \u00abel origen es la meta\u00bb. Por otra parte, Eri\u00fagena afirma que la naturaleza tanto material como espiritual del hombre no es diferente de la animal, destronando as\u00ed al hombre del puesto m\u00e1s alto en la jerarqu\u00eda que siempre ha cumplido en la cultura occidental, sino que existe una \u00fanica naturaleza, una \u00fanica sustancia para decirlo con Spinoza, y que \u00e9sta est\u00e1 en Dios como Dios est\u00e1 en ella. En definitiva, el pecado es aquello que aleja al hombre de su naturaleza, mientras que el bien es lo que lo reclama a su verdadera morada.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Luego de esto, el pasaje ulterior y definitivo que Agamben lleva a cabo para refutar todo agustinismo se cumple a trav\u00e9s del an\u00e1lisis de la obra de Dante Alighieri. En efecto, ya en el ensayo sobre Caproni, para responder a la pregunta \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 nos importa la filosof\u00eda?\u00bb, el fil\u00f3sofo convocaba a Dante a testimoniar del hecho de que nos importa no porque se identifique con la vida biogr\u00e1fica o psicol\u00f3gica del sujeto que la hace y ni siquiera porque se a\u00edsle de ella, sino porque permite su desubjetivaci\u00f3n a trav\u00e9s de la lengua y con ello el poeta \u00abgenera la vida en la palabra\u00bb. Con lo que poes\u00eda y vida coinciden en una lengua sin sujeto que permite una nueva \u00abmutaci\u00f3n antropol\u00f3gica\u00bb. Y esta mutaci\u00f3n es exactamente aquello en lo que deber\u00eda consistir una verdadera pol\u00edtica, la cual comienza siempre a trav\u00e9s de nuestra vida misma: \u00bfqui\u00e9n entre nosotros, para decirlo con Caproni, no vive con la sensaci\u00f3n de haber perdido un bien, alguna forma de gracia, algo de <em>incalculable<\/em>? La existencia, a veces, parece solamente consistir en la b\u00fasqueda de ese bien que con toda probabilidad hemos perdido para siempre. Pero el bien reside quiz\u00e1s en la b\u00fasqueda misma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">En <em>El Reino y el Jard\u00edn<\/em> se muestra c\u00f3mo Dante indic\u00f3 una soluci\u00f3n al problema del pecado y del para\u00edso completamente her\u00e9tica con respecto a la opini\u00f3n ortodoxa de Tom\u00e1s de Aquino, una soluci\u00f3n que es tanto individual como colectiva, es decir, completamente pol\u00edtica. En efecto, Dante sostiene que el para\u00edso terrestre no es sino una figura aleg\u00f3rica de la beatitud humana o, en sus palabras, \u00abcivil\u00bb. La beatitud es por tanto el ejercicio de la propia virtud, la cual se vincula al amor \u2014al \u00abuso de la cosa amada\u00bb\u2014 y, por tanto, en la coincidencia entre virtud, intelecto y amor est\u00e1 la clave de la felicidad terrena del g\u00e9nero humano. A\u00fan m\u00e1s, para Dante la venida de Cristo ha sido suficiente para restaurar la integridad de la naturaleza humana, la redenci\u00f3n ya ha tenido lugar y, por tanto, ya no habr\u00eda necesidad de los sacramentos administrados por la Iglesia. Una vez m\u00e1s, Agamben usa pues a Dante para especificar que \u00abson las acciones humanas, y no la naturaleza\u00bb, al contrario de lo que dicen siempre los te\u00f3logos, lo que provoca la infelicidad del hombre: \u00abel para\u00edso terrestre de Dante es la negaci\u00f3n del para\u00edso de los te\u00f3logos\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Los te\u00f3logos, de hecho, no s\u00f3lo han separado la naturaleza humana de la gracia, sino tambi\u00e9n el jard\u00edn del reino, y este \u00faltimo es a menudo descrito como algo que ser\u00e1 instaurado s\u00f3lo despu\u00e9s del fin de los tiempos, la ciudad celeste de Agust\u00edn precisamente, y si, en el l\u00edmite, se puede hablar del reino sobre la tierra s\u00f3lo puede hacerse refiri\u00e9ndose a la Iglesia. Es m\u00e1s, en muchos te\u00f3logos se encuentra que hasta a este reino paradis\u00edaco ultrahist\u00f3rico le har\u00e1 falta un gobierno, alguien que comande y alguien que ejecute, gobernantes y s\u00fabditos, aunque incluso no haya propiedad privada. Lo que no puede dejar de recordar la aventura del socialismo realizado \u2014 cosa sobre la que el mismo Agamben se detiene. Pero finalmente, el fil\u00f3sofo, en una vertiginosa recapitulaci\u00f3n de la tradici\u00f3n apocal\u00edptica, del juda\u00edsmo a Walter Benjamin pasando por alg\u00fan Padre de la Iglesia y las sectas milenaristas, afirma algunas verdades simples: el reino es <em>necesario<\/em> a los hombres para reencontrar sobre la tierra la felicidad perdida; el reino del que se habla en los Evangelios es <em>terreno<\/em> y est\u00e1 siempre presente entre nosotros, <em>aqu\u00ed y ahora<\/em>; en la historia est\u00e1n presentes dos ritmos temporales, el mesi\u00e1nico y el cronol\u00f3gico, pero el primero nunca puede ser inscrito en el segundo, incluso si est\u00e1 \u00abcerca\u00bb.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">He aqu\u00ed otro aforismo de Kafka concerniente al para\u00edso: \u00abFuimos creados para vivir en el para\u00edso, el para\u00edso estaba creado para estar a nuestro servicio. Nuestro destino ha sufrido un cambio, no as\u00ed el del para\u00edso\u00bb. Nuestro destino ha sufrido un cambio por las instituciones, por un Gobierno de los hombres y de las cosas que no quiere terminar y que contin\u00faa con este fin enga\u00f1ando a los hombres difiriendo indefinidamente el reino y, por tanto, el \u00abpara\u00edso en la tierra\u00bb. Pero \u00e9ste, el para\u00edso, est\u00e1 siempre aqu\u00ed y espera solamente ser habitado. De este modo, el reino est\u00e1 entre nosotros, pero para permitirle advenir es necesario quitar los obst\u00e1culos que nos impiden verlo. Es por esto que la destituci\u00f3n de todo Gobierno es <em>necesaria<\/em>.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Giorgio Agamben public\u00f3 recientemente un nuevo libro que se titular\u00e1 en castellano El Reino y el Jard\u00edn (Il Regno e il Giardino, Neri Pozza, 2019), raz\u00f3n por la cual Marcello Tar\u00ec escribi\u00f3 la siguiente rese\u00f1a \u2014el 10 de mayo de 2019 en el sitio de Qui e ora\u2014 de algunas de las tesis que contiene. 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