{"id":103,"date":"2016-04-23T21:26:28","date_gmt":"2016-04-23T19:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=103"},"modified":"2016-04-23T21:26:28","modified_gmt":"2016-04-23T19:26:28","slug":"roger-caillois-adentramiento-de-lo-sagrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/artilleriainmanente.noblogs.org\/?p=103","title":{"rendered":"Roger Caillois \/ Adentramiento de lo sagrado"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/3.bp.blogspot.com\/-x7X0wMRP-kI\/TXGtH2lYmPI\/AAAAAAAAPvQ\/RzfDOeKF30M\/s400\/Roger+Caillois.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"400\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\">Desde que la civilizaci\u00f3n da los primeros pasos, desde que se inicia la divisi\u00f3n del trabajo, y m\u00e1s a\u00fan con el nacimiento de la ciudad y del Estado, las fiestas pierden su importancia. Presentan, cada vez menos, la amplitud, el car\u00e1cter <i>total<\/i> que hac\u00edan de las antiguas expansiones una interrupci\u00f3n absoluta del funcionamiento de las instituciones, una puesta en entredicho del orden universal. Una sociedad m\u00e1s compleja no soporta ya tal soluci\u00f3n de continuidad en sus engranajes. Por eso se asiste entonces al abandono progresivo de las alternativas de las fases de aton\u00eda y paroxismo, de dispersi\u00f3n y de concentraci\u00f3n, de actividad reglamentada o desencadenada, que marca el desarrollo en el tiempo de una vida colectiva menos diferenciada. Se puede interrumpir el trabajo privado, pero los servicios p\u00fablicos no soportan la menor interrupci\u00f3n. Ya no se estila el desorden general: a lo sumo se tolera un simulacro. La existencia social, en conjunto, tiende a la uniformidad, y disciplina cada vez m\u00e1s estrictamente y de modo regular sus crecidas y sus estiajes. Las m\u00faltiples exigencias de la vida profana soportan cada vez menos que todos reserven simult\u00e1neamente a lo sagrado los mismos instantes. Por eso lo sagrado se fracciona, se convierte en asunto de un grupo especializado que celebra sus ritos en la soledad, que sigue siendo durante mucho tiempo oficial u oficioso, y cuyo divorcio con el cuerpo del Estado consagrar\u00e1 tarde o temprano la separaci\u00f3n de lo espiritual y lo temporal. Entonces la Iglesia ya no coincide con la ciudad, las fronteras religiosas con las fronteras nacionales. Pronto la religi\u00f3n se adhiere al hombre y no a la colectividad: es universalista, pero tambi\u00e9n, de modo correlativo, personalista. Tiende a aislar al individuo para situarlo s\u00f3lo frente a un dios al que conoce menos por sus ritos que mediante una efusi\u00f3n \u00edntima de creatura a creador. Lo sagrado se hace \u00edntimo y s\u00f3lo interesa al alma. Se ve aumentar la importancia de la m\u00edstica y disminuir la del culto. Todo criterio exterior parece insuficiente desde el momento en que lo sagrado tiende menos a ser una manifestaci\u00f3n objetiva que una pura actitud de conciencia, menos una ceremonia que una conducta profunda. En esas condiciones, se emplea con raz\u00f3n la palabra sagrado fuera del terreno propiamente religioso para designar aquello a lo que cada uno <i>consagra<\/i> lo mejor de su ser, lo que cada uno considera como valor supremo, lo que venera y a lo que <i>sacrificar\u00eda<\/i> incluso su existencia. \u00c9sa es, en efecto, la piedra de toque decisiva que, en cada caso de incredulidad, permite establecer la divisi\u00f3n entre lo sagrado y lo profano. Entonces es sagrado el ser, la cosa o la noci\u00f3n por la cual el hombre interrumpe toda su conducta, lo que no consiente en discutir, ni permite que sea objeto de burlas ni bromas, lo que no renegar\u00eda ni traicionar\u00eda a ning\u00fan precio: para el apasionado es la mujer a quien ama; para el artista o el sabio, la obra que persiguen; para el avaro, el oro que acumula; para el patriota, el bien del Estado, la salvaci\u00f3n del pa\u00eds, la defensa del territorio, para el revolucionario, la victoria de la causa. Es absolutamente imposible distinguir, de otro modo que no sea por su aplicaci\u00f3n, esas actitudes de la del creyente frente a su fe: exigen la misma abnegaci\u00f3n, suponen el mismo compromiso incondicional de la persona, el mismo ascetismo, igual esp\u00edritu de sacrificio. Sin duda conviene atribuirles valores diferentes, pero \u00e9ste es otro problema. Basta observar que implican el reconocimiento de un elemento sagrado, rodeado de fervor y devoci\u00f3n, del que se elude hablar, y que se esfuerza uno en disimular, por miedo a exponerlo a cualquier sacrilegio (injuria, burla o simple actitud cr\u00edtica) por parte de indiferentes o de enemigos que no sentir\u00edan hacia ello el menor respeto. La presencia de semejante elemento exige cierto n\u00famero de renunciamientos en el desarrollo habitual de la existencia, y en caso de crisis se le hace anticipadamente el sacrificio de la vida. Entonces todo lo dem\u00e1s se considera como profano, se usa de ello sin excesivos escr\u00fapulos, se le valora, se le juzga, se le pone en duda y se le trata como medio, nunca como fin. Algunos lo subordinan todo a la conservaci\u00f3n de su vida y de sus bienes, y parece as\u00ed que lo consideran todo como profano, tom\u00e1ndose con todo, en la medida de su poder, las mayores libertades. Los gobierna el inter\u00e9s o el placer del momento. Resulta evidente que, para ellos solos, no existe lo sagrado bajo ninguna forma.<\/div>\n<div style=\"line-height: 150%;text-align: justify;text-indent: 0.5cm\"><\/div>\n<hr style=\"height: 1px\" align=\"left\" width=\"15%\" \/>\n<div style=\"line-height: 120%;text-align: justify;text-indent: 0.6cm\"><small>Par\u00e1grafo de <i>El hombre y lo sagrado<\/i>, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, pp. 151-3.<\/small><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Desde que la civilizaci\u00f3n da los primeros pasos, desde que se inicia la divisi\u00f3n del trabajo, y m\u00e1s a\u00fan con el nacimiento de la ciudad y del Estado, las fiestas pierden su importancia. 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